Capitulo 2.-
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La secundaria.
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Si, él era un chico de secundaria. Ese horrendo lugar donde no eres lo suficientemente adulto como para ir a fiestas, pero tampoco tan pequeño como para que tu madre te recoja de la escuela. Ciertamente, estos eran los años más relajados en la vida de un estudiante japonés, donde nada era tan complicado ni tan difícil, los profesores no eran ni tan exigentes ni tan relajados.
Ser un alumno de tercero de secundaria significa estar en el medio de nada, para su desgracia.
Se levantó esa mañana gracias a los gritos del pequeño niño en disfraz de vaca que siempre era el primero en crear bullicio en su hogar, y en cualquier otro lugar de hecho. Sacudió su cabello mientras caminaba en dirección al baño para, como siempre, encontrarlo ocupado por la bella peli-rosa que disfrutaba de tomarse su tiempo al entrar al tocador, por lo que solo se limitó a suspirar desganadamente en el trayecto de vuelta a su cuarto, lugar donde tuvo que preparase rápidamente si es que no quería llegar tarde. El asesino no le permitiría algo como eso.
Luego desayunó fugazmente, introduciendo dentro de su boca una tostada a medio preparar y succionando un vaso de jugo sin revolver, logrando que escupiera un poco. Nada del otro mundo, o por lo menos no era nada que no le pasara al menos dos veces por semana. Ya acabadas las risas de sus familiares -si es que se le pueden llamar así-, tomó el bolso entre sus manos y lo colgó sobre su hombro izquierdo para comenzar su nuevo día escolar.
Caminó por las calles silenciosas de Namimori en dirección a su secundaria. Era un lindo día de otoño, las hojas caían tranquilamente al son del aire caprichoso de esa mañana tan común, conduciéndole también a él a su suplicio semanal. Algo cotidiano se había convertido ir acompañado simplemente de la soledad incomoda a estas horas, ya que sus amigos habían estado pasando de él últimamente, obligándole a ir con el asesino en su hombro y un silencio que era casi cortable con tijeras. Si, a ese nivel.
El pequeño de fedora solo se limitaba a observarle todo el trayecto, leyendo sus pensamientos de forma minuciosa e imposible de percibir. El castaño solo miraba al frente atemorizado, apresurando su paso cada segundo en plan de finalizar su tortura lo más pronto que se le fuese posible. Para su suerte, no tardó más de diez minutos en arribar a la institución, entrando como cohete a esta misma para recostarse perezosamente sobre su banco antes de que llegara el maestro. Como todos los días, sus amigos llegaban jadeando solo un par de segundos antes que el docente, quien comenzó de inmediato a reprochar la incapacidad y falta de actitud de los alumnos, alardeando de sus calificaciones a la corta edad de quince años de forma poco mezquina.
Y, como era costumbre, su temperamental amigo se retiraba del salón por su cuenta, maldiciendo entre dientes en su idioma oriundo justo momentos antes que la clase comenzaba a reír y a mofarse del desautorizado maestro. Él solo se restringía a conectar miradas con el alto pelinegro, quien le miraba agraciado, dándole la razón al rebelde italiano que era el responsable de esas tan malas influencias sobre el inocente e ignorante deportista.
Risas burdas y sin fundamento, rabietas de pre-adolescentes, profesores al borde del colapso mental y situaciones únicas e inservibles para un futuro. El contrario estaba dándole entender con la mirada lo obvio.
Eso era la secundaria después de todo, aunque él aún no lo entienda en lo absoluto.
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Todos los derechos reservados a Akira Amano, auspiciadores y Staff. Personajes de su propiedad. Relato hecho sin fines de lucro, solo por mi propio deleite y diversión.
¡Yo!
¡Actualización! Me prometí a mi misma subir un capitulo por semana y, por primera vez en toda mi carrera como escritora, lo he cumplido diligentemente. Es un gran logro.
No hay nada más que decir realmente. Agradezco de antemano cada muestra de aprecio que le den a mi historia, significan bastante más de lo que parece y con esto termino mi nota de autora. Hasta el otro Miercolés -eso espero-.
¡By-e!
