Bueno, aquí está el segundo cap
Disclaimer: ninguno de los personajes me pertenece, sino a nuestra Stephenie Meyer
Lágrimas de Odio
Mejor que el mismo Cielo
La historia de Jane y Alec
Nunca pensé que algo como esto me pasaría, pensé que mi vida no podría ser peor, aunque no del todo empeoro, solo fue inesperado
Así era todos los días, la misma rutina; trabajábamos desde el amanecer hasta el anochecer. No me quejo, era mejor que estar en esa maldita casa, ese era el único beneficio.
Recuerdo el deleite de la sonrisa que se formaba en mi rostro cada vez que escuchaba el canto de las aves, en cambio Alec prefería solo hacer su trabajo sin meterse en problemas, siempre a mi lado, protegiéndome, acompañándome y alejándome de cualquier peligro. Con él me sentía segura.
Caminaba por el campo junto a Alec en busca de los demás campesinos; pronto nos acercamos al bosque, tal vez demasiado. Era una mañana muy oscura y la neblina sesgaba nuestros frágiles ojos.
-Jane… -una voz oscura y seductora me llamó de entre los árboles. Al instante me voltee, nada se encontraba ahí.
-Jane… -llamó de nuevo; voltee bruscamente y atraje la atención de Alec, que se volvió hacia mí con una mirada de confusión.
-¿Qué pasa Jane?
-Nada. Fingí mi mirada hacia los árboles sin poder ver lo que esperaba detrás de ellos.
Llegamos a la casa justo a tiempo, no habría problemas esta noche. Alec se adelantó y la abrió para mí, la cual nos abrió paso con un crujido.
Mi madre estaba sentada en la silla de al lado de la pequeña mesa redonda situada en el centro de lo que se podría llamar una cocina, levantó su cabeza y nos miró con esa cara cansada que siempre tenía, eso significaba algo malo. Nuestro "padre", como se hacía llamar, había salido a tomar; por alguna razón cada vez que salía mi madre se ponía así, no entendía por qué no estaba feliz. Cada noche al regresar se escuchaban unos gritos horribles.
Esa noche no pude dormir, tenía… miedo, un miedo irracional por lo que había pasado en la mañana; esas voces me seguían por cada rincón de la oscuridad, llamándome; a veces despertaba a Alec y él se quedaba conmigo mirando más allá de la ventana frente a nosotros escuchando los gritos de mi desesperada madre, lo que lo hacía aún más aterrador.
Entonces llegó esa noche… la noche que me llevaría a convertirme en lo que soy ahora. Yacía sola en el suelo mirando la oscuridad y escuchando como las sombras pronunciaban lentamente mi nombre. Escuchaba una risa y los gritos y las voces y unos ojos mirándome, quemándome con su miedo, disfrutándolo…
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