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MADERA DURA SE ROMPE VOLANDO
El día en que hablé por primera vez con él entre después a la sala común como si me hubieran dado el Premio Anual, me sentía extrañamente dichosa, muy dueña de mi misma, mucho más liviana de lo que ya soy y con enormes aires de superioridad. Y, claro está, todo se fue al mismísimo trasto cuando vi la montaña gigantesca de deberes que Leanne tenía preparada para mí, con su dichosa obsesión de ser mi recordadora personal.
- ¿Dónde andabas?- preguntó.
- Estaba paseando, y le pedí la prueba a Wood- expliqué lo más serena posible, lanzando una mirada hosca a mis deberes.
- ¿Y qué ha dicho?
- Qué si, el jueves a las cinco me va a dar audiencia- murmuré.
- Entonces prepárate, dicen que ese chico es una bestia- exclamó Leanne.
Yo la miré con las cejas alzadas. Normalmente, el vocabulario de mi amiga es muy concreto y siempre que sale con alguna nueva palabra, fruto de varias horas de inventiva, me explica muy claramente qué significa. Y yo, no podía menos que recordar que alguna vez había aparecido con su aire patéticamente solemne y dicho: Bestia, dícese de aquel varón que posee un gran potencial a la hora de las relaciones íntimas. ¿Qué acaso estaba loca mi amiga? No quería imaginármelo haciendo eso, era simplemente demasiado perturbador, mi mente pequeñita no quería llegar a eso. Pero al parecer, Leanne lo había dicho sin segundas lecturas pues entendió mi rostro.
- Me refería a que dicen que es muy exigente con sus jugadores- dijo.
- ¿Ese es el otro término de bestia?
- Exacto, ahora, debo terminar esta cosa o McGonagall me degollará.
Agotada sicológicamente, solo atiné a hacer mi típica revisión de la sala común con la mirada. Los gemelos Weasley estaban haciendo escándalo cerca de la chimenea. Ellos van un año arriba mío y son lo más chistoso que hay, me cuesta imaginarme a uno sin el otro. Sin embargo en esta ocasión mis ojos pasaron de ellos y fueron a dar a un rincón donde Oliver Wood conversaba con una muchacha de su clase. Era bonita, tenía el pelo castaño a la altura de la cintura, largo y recogido en una elegante coleta, y sonreía amablemente. Intenté no hacer más lío del asunto, era normal que él conversara con una compañera, más si era guapa y de su edad. Lo raro habría sido que se fijara en alguien como yo, a quien no conoce, que no es un primor y que tiene unos tres años menos. Aun así me subió la moral observar que él la trataba con absoluta amabilidad pero no parecía animado, pero… ¿cómo imaginarse a Oliver animado por una mujer? Su gran pasión siempre ha sido la escoba. Su cabeza y su corazón simplemente son una madera muy dura de entrar.
Después de haber logrado pedirle la prueba, nuevamente pude comprender lo macabro y lo mucho que nos odia el tiempo. La semana llegó y pasó volando hasta toparse con el jueves, que se alargó de manera lenta y dolorosa hasta las cinco de la tarde, hora en la que yo estaba entrando al campo de Quidditch con mi escoba en la mano y la frente en alto. Esta vez, para no parecer la desquiciada del otro día, me hice mis dos trenzas habituales y me puse unos guantes que mi madre me había regalado para la última Navidad. De no haber sido por mi escaso porte, habría parecido una decidida, ruda y aguerrida jugadora de las ligas mayores.
Oliver estaba agachado junto a la caja de los balones y rebuscaba entre medio de ellos. Por supuesto, no me oyó, primero porque nunca hago mucho ruido, y segundo porque, como ya he dicho, es un despistado. Llevaba la túnica escarlata de Gryffindor con el nombre Wood bordado con letras doradas atrás y su pelo estaba muy desordenado. Y aunque no se dio cuenta de que yo estaba ahí sí lo hizo cuando otra persona, considerablemente más ruidosa que yo, entró al campo de Quidditch.
- ¿Cuál es tu diagnóstico clínico, Oliver? Llevamos como dos semanas en clases y ya nos quieres poner a entrenar- Esa voz solamente podía significar gemelos Weasley, Fred o George, o quizás los dos.
Me di vuelta antes de poder ver qué él lo hacía y vi como venían entrando los gemelos, Angelina Johnson y Alicia Spinnet. Los cuatro dirigieron su vista hacia mí y solamente Angelina corrió a saludarme con entusiasmo. Los otros solo presentaron cierto nivel escaso de curiosidad que no pasó de las miradas por el hombro y solo se acercaron a Oliver, que, por lo que vi de rabillo, los estaba esperando.
- ¡Excelente¿Ya diste la prueba?- me preguntó Angelina. Yo negué con la cabeza un poco perpleja- ¡Entonces te podré ver, fantástico!
Acto seguido camino con su estilo de siempre hacia donde estaban los gemelos y Spinnet, mientras yo me quedaba como grogui mirándolos a todos. Finalmente, él me vio, por segunda vez, y se acercó a mí con el entusiasmo Quidditch saliéndose por los ojos pero con un semblante serio y resuelto. Se paró en secó al ponerse enfrente mío y me miró agachando la cabeza.
- Muy bien, viniste. Te haré una prueba en compañía de Angelina y Alicia y luego una tratando de anotar en los postes conmigo defendiendo- me dijo.
- Bien¿ahora mismo o tengo que esperar a que entrenen?- Porque a mí no me importa verte jugar un par de horas, puedo esperar tranquilamente observando como atajas todo con tus manos.
- Ahora
La última palabra quedó resonando en mi cabeza, y al igual que como cuando me atreví a hablarle, mi cuerpo reaccionó solo. Rápidamente me di cuenta que estaba flotando en el aire sobre mi escoba y que daba vueltas con distracción por el campo de Quidditch. Y abajo, cinco siluetas me estaban observando con detención, así que traté de no prestar mucha atención, antes de que me fuera al suelo o chocara con algún poste. Solo estaba calentando un poco.
Después de mi subieron Angelina y Alicia, y comenzamos a pasarnos la quaffle con entusiasmo y rapidez. La prueba, en definitiva, no fue la gran demostración de lo buena que soy yo para el quidditch, no hice grandes piruetas ni nada por el estilo, y cuando baje de vuelta al campo Oliver tampoco vino corriendo hacia mí y me agarró en volandas para decirme si quería ser su diosa del Quidditch. Mucho menos me dio el beso que mi "sí" habría ameritado. Caminando después de una hora hacia al castillo me puse a reír como una obsesiva cuando me di cuenta de lo ansiosa que había estado por eso, tanto que hasta me había relajado al máximo en la prueba.
Cuando llegué al Gran Comedor Leanne me estaba esperando con semblante ansioso y lo único que atine a hacer, aun cuando venía de excelente humor, fue levantar mi pulgar derecho en señal positiva. Mi amiga golpeó con su puño en la mesa a modo de celebración, espantando a unas chiquillas de primer año que huyeron poniéndole caras molestas a Leanne.
- Lo sabía- aseguró.
- Claro, Wood me dijo que la idea era formar un buen grupo con las otras cazadoras y que vamos a practicar dos veces por semana. Además necesitamos un buscador porque Charlie Weasley, ya sabes, se ha ido- expliqué.
- ¿Todo eso te dijo?- Yo enrojecí.
- Bueno, no particularmente a mí, a todo el equipo- murmuré ella. Maldita Leanne que venía a romper mi burbuja.
De hecho, pensé, Oliver poco me había dirigido la mirada o la palabra más que para decirme que "estás dentro" o que tendría que esforzarme mucho por el equipo de Gryffindor. Mantenía una fría distancia con todos sus jugadores, aunque solo desde el punto de vista profesional porque yo varias veces le había visto hablar de manera amistosa con los otros, aun cuando el Quidditch también debía estar en sus temas de conversación.
Volvimos a la torre de Gryffindor hablando de otras idioteces, y al llegar, luego de sentarme a hacer unos deberes, aparecieron los gemelos Weasley seguidos de una risueña y asombrada Angelina. Su dirección era específicamente yo. Tanto Fred como George se sentaron al otro lado de la mesa que ocupaba con mis apuntes y libros, además de la cabeza ligeramente roncadora de Leanne, y me miraron con la cara contenta y una sonrisa un poco alarmante. No me gustó ni un poco la forma en que me miraban, todos. Incluso Angelina me parecía ahora la más terrible de las amenazas, incluso aunque me estuviera sonriendo.
- Te toca tu iniciación- afirmó uno.
- ¿Iniciación?- pregunté con un hilo de voz demasiado revelador de mi temor.
- Sí, es una larga tradición del equipo de Gryffindor…- dijo el otro, Fred, creo.
- Que acabamos de inventar- finalizó George con una sonrisita.
- Ah… vale, bueno, chicos, estoy muy cansada y me gustaría irme a dormir, ya ven, así que será para otro…ah¡bájenme, George o Fred, seas quien seas!
Cualquiera de los dos idiotas que me estuviera rió levemente. Me encontraba agarrada por la cintura sobre el hombro de uno de ellos siendo arrastrada irremediablemente a otro sector de la sala común, que estaba demasiado abandonada, para mí desazón. Lo único que podía ver era la cara mitad culpable y mitad risueña de Angelina, que me observaba desde detrás de Fred, quien luego descubrí que era mi verdadero captor. No me importaba cual fuera la iniciación, nunca había temido mucho al dolor, físicamente hablando, solo quería que terminara ya.
Bajé al vestíbulo a la mañana siguiente con cierto aire de incertidumbre, temerosa del pobre alumno de Gryffindor que fuera a ser objeto de la broma que los gemelos me habían obligado a poner en un bolso. Era algo bastante macabro, esperar a que un bolso estallara de manera repentina y saber que yo era la causante de la tragedia. Y a pesar de eso, el gen Weasley que todos tenemos ronroneaba alegremente dentro de mi pecho, orgulloso. Leanne estaba cada vez más perpleja con mi constante estado de ánimo. Solo anoche, antes de que se quedara dormida, yo era la criatura más feliz del universo.
Un estruendo a la entrada del Gran Comedor hizo que mi amiga tirara una enorme cucharada de ganchas fuera del tazón, provocando la risita odiosa de las dos chicas del día anterior. Inmediatamente yo giré mi cabeza para saber cual era el punto de conflicto de la explosión y algo se removió en mí.
Tomé como notas mentales asesinar a los gemelos Weasley y cavar un gran agujero a las orillas del bosque prohibido para evitar el odio inmenso que de seguro Oliver Wood sentiría hacia mí cuando a alguien se le cayera la olla y destapara que era yo la causante de su desgracia. Específicamente, la desgracia de su bolso. No temía por mi lugar en el equipo, sí por su antipatía, que podía hacerme tan infeliz como si me sacara de una patada del equipo. Vi como Fred Weasley pasaba a su lado y le explicaba algo con la sonrisa que tendría el ganador del premio del Profeta. La cara de Oliver pasó de la frustración, a la tensión y luego, al alivio. ¿Qué rayos le había dicho Fred narizota metiche Weasley?
Antes de que yo pudiera darme cuenta me di cuenta de que Oliver venía directamente hacia mí, o al lugar vacío que se encontraba a mí lado en la mesa. Un temblor se extendió a lo largo de mi cuerpo, culminando cuando él se sentó con aire ausente y resignado junto a mí. Mi cara de seguro era un poema, sentía mi mandíbula desencajada y mis ojos abiertos, además de mi boca ligeramente abierta. Él, en cambio, mantenía su cara de niño bueno con la resignación pegada con goma a la cara.
Se sentó y apoyó su cara en su mano derecha con la cabeza ligeramente agachada, pero sus ojos fijos en mí, con gesto bastante indiferente. Suspiró largo y profundo. Luego, me sonrió, abierta y cariñosamente. Como un hermano.
- No es tu culpa- afirmó- Solo procura no volver a dinamitar mi bolso. Esos de los gemelos lo hicieron a propósito, sabían que tenía doce nuevas técnicas para practicar. En fin…
Me sonrió de nuevo y después perdió sus pensamientos en sus tostadas de desayuno. Yo respiré hondo y finalmente sonreí imperceptiblemente, incluso para Leanne, que no entendía nada. Entonces, y solo entonces, comprendí que, contrario a todo lo que había pensado, él si tenía una disposición amistosa hacia mí, solo que los gemelos lo había empujado a fomentarla rápidamente, gracias a su bolso. De seguro había formas más complicadas de ganarse la simpatía de Oliver Wood pero volando, como había hecho yo, era la más rápida. Madera dura se rompe volando, Katie.
Hola! Quiero agradecerles porque, como dije a alguno de ustedes, sé que este tipo de personajes no son de lo más cotizados a la hora de hacer fics, pero con saber que a una persona le gusta, seré feliz de por vida. Muchas gracias por sus comentarios, de verdad. Y bueno, acá está el segundo capítulo, solo espero que les guste. Un beso.
