PARTE II – AL CALOR DE LA BATALLA
"...ven te contare algo..."
El Almirante Fujitora encomendó al capitán de un pequeño barco de transporte de la Marina que trasladara discrecionalmente a un puñado de prisioneros hasta Impel Dawn, ordenandole que llegara lo más rápido posible y de forma inadvertida, inclusive los lineamientos del operativo disponían que ningún Marino de alto rango debía ir en la nave que transportaba a Syra Feuer, para no levantar sospechas de algún pirata.
Fue toda una fatalidad que aquel pequeño barco se saliera ligeramente de curso debido a la ineptitud del inexperimentado y recien asendido capitán, que sin darse cuenta provocó que la nave entrara en la ruta de navegación de los Nuevos Piratas Gyojin.
De haber estado presente el Almirante, muchas vidas se habrian salvado.
La luna brillaba radiante encima de un cielo despejado, en medio del mar solo se divisaba el pequeño y solitario barco de transporte envuelto en llamas que, como la luz de un faro, iluminaba el camino del viajero sin rumbo. Gotas de sangre se mezclaban con el agua salada mientras los cadáveres de los reclutas de la Marina se consumían al calor del fuego.
En el barco de los Nuevos Piratas Gyojin, unos pocos sobrevivientes eran conducidos en fila a través un pasillo oscuro, la humedad se sentía en la piel y los prisioneros, como muertos en vida, habían perdido el brillo en sus ojos.
Hody Jones les sentenció al decirles que unicamente tenian dos opciones: o trabajaban para él o pasarian el resto de su vida como esclavos.
Casi todos los prisioneros de la Marina que sobrevivieron al ataque del barco de transporte aceptaron unirse a Hody Jones, exceptuando una chica conocida entre los piratas como Pólvora Rosa Syra, usuaria de la "Kayaku- Kayaku no Mi", quien sabía que esos tipos eran auténticos criminales con sed de venganza, seres llenos de odio que emanaba desde sus entrañas. Así que, por más aterradoras que fueron las amenazas de Hody Jones y dolorosa la tortura a la que la sometieron, para Syra la decisión era muy clara... jamás se uniría a esa tripulación.
Los días transcurrían lentamente en la celda del distrito Gyojin, una parte de la isla donde vivian los desterrados. Cada segundo Syra sentía desvanecer aun mas sus fuerzas, su cara contra el suelo húmedo y las ratas husmeando y robándole la comida no era el mejor de los escenarios para morir, parecía no haber esperanza, tan solo cerraba sus ojos para recordar el cielo azul, la brisa del mar acariciando su cara y a sus nakamas yendo de un lado a otro,pero especialmente veía a su capitán extendiendo el brazo, recitando esas dulces palabras... la propuesta más feliz en la vida de Syra: "¿quieres unirte a mi banda?"... era el punto álgido de sus recuerdos, estaba en paz y lista para abandonar éste mundo.
Hasta que un día, en su celda los charcos de agua se agitaron mientras del techo caían hilos de tierra con cada nuevo estruendo, era como un temblor. De pronto se escucharon muchos gritos, era la euforia de los prisioneros siendo liberados.
Unos dedos cálidos revisaron el pulso de Syra, las esposas se abrieron y solo entonces la pirata abrió un poco los ojos. Había visto esa cabellera negra en un cartel, ¿podía ser cierto?, era la niña demonio, la mismísima Nico Robin, miembro de los Mugiwara rescatando a los prisioneros.
La cabeza de Syra daba vueltas cuando abrió los ojos una vez más. Se miró las manos y movió las muñecas para sentir la agradable sensación de ser libre, al parecer alguien le había quitado los grilletes de Kairoseki.
Era evidente que ya no estaba en su celda, ¿pero entonces qué lugar era ese?, a su alrededor veía una habitación en calma, y su cuerpo reposaba sobre una cama cálida y confortable. Entonces recordó los dedos cálidos de Nico Robin, y lo supo, la niña demonio le había salvado de su encierro.
La ya libertada pirata, se quitó las sabanas de encima y caminó por los pasillos del barco durante un momento esperando encontrarse con alguien, pero el lugar estaba desierto. De pronto, el suelo de madera comenzó a temblar, como si aquel terremoto aun hiciera vibrar la tierra. Pronto se daría cuenta que el estruendo no era obra de la naturaleza, sino de una batalla enorme.
Syra continuó su andar apoyándose contra la pared pues aun se sentía algo débil, y no tardo en darse cuenta que se encontraba en un peculiar barco, luego, siguiendo su olfato, llegó hasta la cocina, donde abrió el refrigerador para devorar lo que pudo sin preocuparse demasiado por el sabor o la textura.
Sin las esposas de Kairoseki sus fuerzas regresaban, así luego de un breve reposo, corrió tan rápido como pudo hasta una ventana, para ver una escena impactante: Cientos de Gyojin armados peleando contra nueve piratas, la realeza encadenada en la plaza principal y la población en derredor del gran cráter, no había duda, era la tripulación de un pirata legendario, Monkey D. Luffy, los rumores sobre su muerte eran falsos.
Por un momento pensó en aprovechar la conmoción para escapar; pero no pudo, su corazón era demasiado noble como para olvidar la generosidad de Robin, aun cuando sus fuerzas no estuvieran totalmente recuperadas, estada decidida a ayudarlos.
Busco alguna pistola pero al no encontrar ninguna, corrió deprisa hasta la cabeza de león del Thousand Sunny, para dar un gran salto hasta el campo de batalla, fue entonces que Chopper la vio un tanto agitada, y dando bocanadas de aire.
-¡Oye! –gritó Chopper –no debes salir de cama, tus heridas son muy graves.
Aquel rostro de mapache poco familiar no fue impedimento para que Syra arrebatara un fusil de chispa a un Gyojin que se encontraba desmayado en el suelo junto a miles de cuerpos inmóviles, sin una sola herida, pero con los ojos vacios, expresiones temerosas, helados ante la presencia de la voluntad de un conquistador, no había duda, esos tritones fueron derrotados por un hombre con Haki del Rey, Mugiwara no Luffy.
¿Quieres saber sobre los vientos del destino?, eh aquí un claro ejemplo, hasta hace poco Syra navegaba por el Grand Line con su amada tripulación que no existía mas, y ahora, en la cumbre del mundo, le llamaba aquel escenario casi apocalíptico: explosiones, un cybord lanzando rayos más potentes que los de los famosos pacifistas, el ex Shichibukai Jinbei peleando cuerpo a cuerpo con un monstruo gigante, ¡ZLAZZ!, el filo de espadas agitándose a velocidades sobrehumanas, el cazador de piratas Roronoa Zoro creando torbellinos que cortaban todo a su paso, la gata ladrona invocando tormentas y en el cielo el hombre legendario peleando contra Hody Jones, mientras un arca gigante caía del cielo amenazando con destruirlo todo.
Las piernas le temblaban, aquello era sobrecogedor, pero no se comparaba con la idea de ver a un Almirante de la Marina destruir todo cuanto amas. Apretó con fuerza la empuñadura de su pistola, metió la mano en el bolsillo de sus pantalones cortos y saco una manopla con broches dorados que permitian unir la empuñadura de un fusil de chispa con la manopla. Su modo de combate era así: al enfrentar a un gyojin cuerpo a cuerpo, metía los dedos en la manopla, entonces el cañón de la pistola apuntaba hacia atrás y la empuñadura quedaba de frente cubriendo sus nudillos, de este modo golpeaba al enemigo como si la empuñadura de su fusil fuese una manopla, y en ocasiones tomaba el arma normalmente para jalar el gatillo. Era un doble modo de combate que requería extrema rapidez y habilidad. Además, como era una mujer munición gracias a su fruta del diablo, no tenia que recargar las armas de fuego.
Syra había desarrollado un mínimo del haki de armadura, era el único que podía utilizar, pero le venía muy bien para combatir contra usuarios de fruta del diablo. Y así comenzó su lucha, golpeando tritones a su paso, cuando derroto a diez disparó para derribar al onceavo.
- ¿Qué rayos crees que haces niña?- dijo Zoro.
- Por favor, permite que les ayude -Contestó Syra llena de determinación.
Zoro sabía que esa chica era un pirata con solo verla a los ojos, aquel marrón cristalino que vacilaba pero se mantenía en pie mediante pura voluntad la delataba; ella sentía la enorme fuerza de Zoro como una potencia que la haría estamparse contra el suelo, y él lo sabía, pero allí estaba ella, firme, decidida, mirándole de frente.
- Si quieres pelear contra ellos en ese estado, yo no te lo impediré -dijo el segundo al mando con fría rigidez y gran autoridad.
La batalla estaba a punto de llegar a su fin, el campo envuelto en llamas esperaba la caída de Noa, el barco gigante que pronto lo desaparecería todo, entre la conmoción nadie notaba a una débil joven que había llegado al límite de sus fuerzas, sentía que su cuerpo se desplomaba lentamente, y un tritón rabioso de venganza la atacaría por la espalda, pero antes de que éste cumpliera su cometido, un hombre bajó desde el cielo como caminando con chorros de aire, una pierna envuelta en llamas y una furia que no soportaba que golpeasen a una mujer, era Sanji mandando a volar al Gyojin con su diable jambe.
Sanji cogió a Syra en brazos, pero al sentir su piel suave, percibir el aroma de su hermoso cabello castaño y ver ese adorable rostro, paso lo inevitable… una hemorragia nasal.
** Espero que te hayas divertido, ¿qué os ha parecido? n_n
