No dejo de pensar en ti
Ya de regreso en el castillo, Regina se sorprendió pensando en la misteriosa muchacha, llevaba una hora escuchando a su madre parlotear por haber llegado tarde, pero ella solo escuchaba "blablablá", ya que sus pensamientos estaban bien lejos de allí.
«¿Me estás escuchando, Regina?» solo oyó la última parte
«Sí, madre, ya entendí. ¡No se volverá a repetir!»
«¡Pues espero que así sea! Una princesa no debería volver tan tarde a casa. ¡Qué absurdo!» dijo Cora nerviosa. Regina apenas escuchaba lo que su madre decía, y ya iba subiendo las escaleras en dirección a su habitación.
«Y nada de cenar hoy, te vas derecha a la cama» dijo Cora estresada
No era un problema para la morena, ya que ni hambre tenía, solo ansiedad de que llegara el día siguiente y cabalgar de nuevo con la esperanza de encontrar y espiar a la bella rubia.
«Henry, no sé cómo puede ser tan obstinada…probablemente lo sacó de tu familia» dijo Cora a su marido
«Realmente, ella me recuerda a alguien cuando era más joven, Cora» dijo Henry tranquilo
«Eso no interesa, ella no es hija de un molinero, es MI hija y una verdadera princesa…¡haré que se comporte como tal!» dijo Cora y enseguida desapareció en una nube azul oscuro.
Mientras, Regina daba vueltas en la cama, intentando alejar sus pensamientos del día que había pasado…Recordó cómo la rubia era cariñosa y atenta con su caballo, encontró eso encantador ya que ella era igual con el suyo. Después de muchas vueltas, al final se quedó dormida.
«Regina, desp…» dijo Cora entrando en el cuarto y abriendo la puerta con cierto ímpetu, pero al abrirla se quedó sin habla. Regina ya estaba de pie con uno de sus vestidos, peinando sus negros cabellos.
«Regina, ¿acaso te caíste del caballo ayer y te golpeaste la cabeza?»
«No, mamá, ya tengo 21 años y creo que soy lo suficientemente adulta para despertarme sola» disfrazó la verdad Regina, pues no conseguiría decirle otra mentira de lo ansiosa que estaba.
«Pues bien, baja pronto, el desayuno está en la mesa» dijo Cora saliendo de allí, un poco desconfiada, ya que siempre había tenido que despertar a la hija, pero enseguida se encogió de hombros.
Tan pronto como terminó de arreglarse, Regina bajó y desayunaron tranquilamente como todos los días, después Cora llamó a la hija que la acompañó hasta una de las grandes puertas del castillo.
«Regina, hoy vamos a empezar tus lecciones …»
«De magia…ya lo sé» dijo Regina pensando que sabía la respuesta.
«¿Quién dijo que yo solo sé enseñar magia, querida?» dijo Cora abriendo la puerta y dejando a Regina con la boca abierta.
«Vaya, mamá…nunca había visto esta parte del castillo…¡es tan grande y bonito!»
«Este es el salón principal de baile, ciertamente nunca te había traído porque nunca hemos tenido uno. ¡Ahora te voy a enseñar a caminar, a hablar y bailar como una Real princesa!» dijo Cora moviendo las manos y cambiando el vestido de Regina por otro más hermoso y con más vuelo.
«Mamá…es hermoso…pero a mi gusta mi manera de caminar, de hablar y de bailar, si eso importa»
«Regina, sinceramente caminas como un muchacho y hablas de manera muy enrollada, y bailar…digamos que bailar no es estar zapateando y moviendo los brazos. Ahora, ¡ponte recta! Una dama nunca esta inclinada» y Regina obedeció «Ahora habla con cordialidad»
«Hola, soy Regina»
«No, no, no…se dice: Hola, mi nombre es Princesa Regina» dijo Cora inclinándose hacia ella, para ejemplificárselo «Arggg…¡como si no te hubiera enseñado buenos modales, Regina! Ahora haz lo mismo» Después de mucho tiempo y falta de paciencia de Cora, Regina consiguió hablar y caminar como su madre le ordenaba, pero no le gustaba ni un poco, prefería sus propios modos, pero tenía que obedecer a su madre.
«Muy bien, querida…tras muchas explicaciones, lo has conseguido, ¡de ahora en adelante sería apropiado que te comportaras así! Mañana te voy a enseñar a bailar el vals como una princesa. La semana que viene recibiremos la visita de otro reino»
«Está bien, mamá. ¿Me puedo ir ya?»
«¡Sí, ahora ya puedes!» Y Cora movió los dedos y cambió el vestido de Regina por el que llevaba anteriormente.
«Ah…y…¿quién viene a visitarnos, mamá?» preguntó Regina, curiosa
«Snow White, Príncipe Charming y sus hijos, ellos vendrán a pactar una tregua entre nuestros reinos» Y tras escuchar eso, Regina salió corriendo, no le importaba mucho quién eran los invitados, solo quería ir derecho a los establos.
Al llegar allí, sacó a Flecha del box, monto en él, ya con sus ropas de montar, y se dirigió hacia el bosque. Al llegar cerca del riachuelo, desmontó del caballo, bebió un poco de agua, y le dio a Flecha, como siempre hacía.
Se sentó allí y se quedó esperando por alguna señal en los arbustos, esperó, esperó…entonces se levantó y se dirigió al mismo lugar en el que había visto a la rubia el día anterior. Llegó cerca de las hojas, agachada, temiendo que, si la rubia estaba ahí, la viera. Apartando las hojas, solo vio un caballo, pero no cualquier caballo, el mismo caballo blanco y hermoso de la rubia, parado allí y solo frente a un árbol.
Esperó hasta ver si la muchacha aparecía a buscar su caballo, pero no vio a nadie…entonces salió de donde estaba y se dirigió hasta el caballo despacio, mirando hacia los lados, desconfiada. El caballo, en cuando la vio, se asustó, pero Regina acercó su mano a él, lentamente, y le acarició las crines color de nieve.
«Shhh, calma, muchacho, ¡está todo bien! Eres muy bonito, ¿lo sabías?»
Él aceptó la caricia y pareció contentarse ante el piropo, y al verlo Regina sonrió bobamente, el caballo parecía encantado ante el cariño. Regina no percibió que había una rubia extremadamente ensimismada por ella detrás de los arbustos, observándola. Ahora la situación era al revés, Regina oyó un ruido proveniente de los arbustos, se asustó y se fue apresuradamente de allí, corriendo hacia Flecha y salió cabalgando de nuevo, pensando si era la rubia la que la había visto.
"¿Cómo puedo ser tan miedosa?" Pensó Regina "¿Habrá sido ella? ¡Cómo me gustaría que hubiese sido ella! ¡Mañana no voy a huir! ¡No seré miedosa!"
Pensó, y regresó con esos pensamientos al castillo. Tras dejar el lugar donde había dejado su caballo como anzuelo para ver a la muchacha morena, la rubia también pensaba, mientras regresa a casa, "¡Mañana volveré otra vez!" con la esperanza de ver de nuevo a la misteriosa muchacha que también la había dejado obnubilada.
