Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Una Razón


II


—Sígueme —dijo el príncipe antes de continuar caminando.

Bulma fue a su lado, ignorando la regla que señalaba jamás ir a la par con el rey, la reina o el príncipe. Como señal de respeto siempre debían ser tres pasos más atrás, de lo contrario, las consecuencias ya eran sabidas por todos, pero la científica lo olvidó por completo, después de todo no era su costumbre caminar con la monarquía de Vegetasei, además estaba un poco nerviosa, ya que el hombre no decía una sola palabra y continuaba caminando por el laboratorio.

Ella no sabía a dónde la llevaba y las palabras de Milk hicieron eco en su cabeza. Definitivamente él quería algo más de ella, por eso ese súbito interés. El joven príncipe jamás había asomado la nariz en los más de tres años que llevaba trabajando en el laboratorio y ahora, de un día para otro, comenzó a frecuentarlo y además mostró interés en aprobar proyectos y financiamientos. Él quería sexo, y conocido era que si el príncipe deseaba algo, el príncipe lo obtenía, por eso no entendía por qué tomarse tanto trabajo en conseguir algo cuando solo debía ordenar a los guardias llevarla a su habitación y ahí, hacer lo que quisiera con ella. No pudo evitar estremecerse ante aquel pensamiento; el hombre estaba muy guapo y pese a la armadura se podía ver que tenía un cuerpo perfecto de guerrero, pero ella no desearía ser tratada así. Ya bastante tenía con que se minimizara por el hecho de ser mujer y débil, sería horrible ahora ser tratada como prostituta y ser violentada de tan horrenda forma.

Toda esta situación la hizo recordar su vida en la Tierra. Había tenido un par de novios estables con los cuales disfrutó del sexo, pero jamás tuvo parejas esporádicas. Se le presentó la oportunidad varias veces, sin embargo, estaba tan concentrada en el trabajo que nunca se concretó nada. En este planeta nunca había intimado con nadie, ni siquiera se había dado la ocasión de entablar una relación con alguien. Había tenido varios pretendientes, pero solo les coqueteó para obtener algo y hasta ahí había llegado el asunto. Le daba miedo y aveces asco que uno de esos simios salvajes intentara tocarla; le daba la impresión que no eran asiduos al aseo personal y que podrían matarla si se les pasaba la mano. No lograba entender cómo Milk pudo terminar con un saiyajin tan desagradable. Definitivamente esa mujer estaba enamorada de él para aún aceptarlo en la casa, darle comida y hacerle un espacio en su cama cuando el muy bravucón se dignaba a aparecer.

Ya que seguían caminando y él sin decir una sola palabra, Bulma comenzó a hablar sobre su propuesta de mejora, mientras observaba con detención las grandes bodegas que poseía el laboratorio y ella no había tenido la oportunidad de frecuentar con la regularidad que hubiese deseado. El viejo cara de sapo le daba los mejores trabajos a quienes le caía en gracia, y por supuesto, Bulma ni de broma encajaba en ese selecto grupo. Le fascinó ver las naves esféricas personales de distintos tamaños, habían otras que le recordaban mucho las de su planeta natal y esas servían para un gran grupo de personas. Seguramente las naves de la realeza se encontraba en otro galpón, ya que eran gigantescas, con habitaciones, salones y todas las comodidades que necesitaba un rey que se jactaba de ser un guerrero duro y macho que podía vivir bajo cualquier condición adversa. Ese discurso falso también lo escuchó muy seguido en su planeta.

A esta hora debería haber gente trabajando, pero por orden de ella, todos habían desalojado el lugar; era increíble, no pensaba que podía ser tan grande y contar con tanta tecnología, aunque muchos de los aparatos que habían para trabajar habían sido invención de ella. A veces se distraía en la contemplación de los artefactos y naves, pero su discurso continuaba intacto, aunque sus ojos no dejaban de brillar cuando pensó que estos cuatro años hubieran pasado más rápido trabajando en este lugar, e incluso podría haber sido menos tiempo, ya que hubiera aprovechado la ocasión para robar una nave y huir. Jamás había dado las indicaciones para la construcción de las capsulas, era el as bajo la manga que la ayudaría en su propósito, pero estaba tan limitada que no había sido capaz de robar las piezas necesarias para su construcción, pero si el trato con el príncipe funcionaba, tendría de todo a su alcance.

—… Y esa sería la primera parte de la remodelación. Para comenzar con la construcción en masa, necesitamos un lugar adaptado para eso. —Calló cuando se detuvieron frente a una gran puerta reforzada de metal. Bulma nunca había llegado tan lejos, y no tenía idea qué seguía después de esto.

Vegeta apretó los seis números de la clave que activa la puerta y abre automáticamente. Curiosa, Bulma observó las naves al interior de la gran y amplia bodega. Caminó cuando vio al príncipe entrar y por un momento todos los miedos sobre las dobles intenciones del hombre pasaron a segundo plano. Jamás había visto naves así de modernas, e incluso las típicas esféricas lucían actualizadas y alteradas. En ese momento pensó en su padre —algo que trataba evitar para que la pena no atacara—. Definitivamente estaría maravillado de ver tal tecnología y trataría de conseguir los planos para ver su funcionamiento interior, y ni hablar de su terrible preocupación de que las naves contasen con sistemas de sonido de buena calidad; casi podía verlo recorrer todo el lugar con sus herramientas, tomando notas y hablando en voz alta sobre las posibles mejoras, mientras su madre lo seguía con una bandeja llena de cosas deliciosas para comer. Extrañaba tanto su hogar y a sus padres, pero el sonido de la puerta reforzada cerrarse la sacó de sus pensamientos y estuvo a punto de continuar con su monologo cuando el hombre abrió la boca primero.

—Si eres tan buena como has intentado hacérmelo creer durante las reuniones que hemos tenido, esta tarea será fácil para ti.

—¿Tarea? —Se mordió la lengua para no responder su comentario—. ¿Esta reunión no era para hablar sobre mi propuesta? —Se acercó a él y a la nave esférica que contaba con el logo de la familia real.

—Olvida eso, muchacha. Ahora quiero que trabajes en esto, después habrá tiempo para lo otro.

"Mi nombre es Bulma" pensó la científica. De estar en la Tierra, ella ya lo hubiera dejado callado y hubiera obligado a aprender su nombre.

—¿Qué es lo que pasa con la nave?

—Necesito hacer un viaje urgente y esta es la nave más veloz que hay en el planeta, pero no es suficiente.

—¿Para cuando lo necesita? —preguntó sin quitarle la vista a la nave. Nunca había trabajado directamente en una de ellas, pero si en los modelos más antiguos, lo que se supone no sería difícil cumplir su requerimiento.

—Para ahora —respondió atento a su reacción. Quería comprobar con sus propios ojos qué tan buena era.

—Está bien —dijo sin mayor problema. Lo primero que hizo fue ir a una repisa metálica en busca de las herramientas que necesitaría para trabajar, también tomó un piso para no tener que arrodillarse en el frío suelo y arruinar la mejor ropa que tenía. Se sintió una tonta al haberse arreglado tanto para terminar modificando una nave, pero bueno, adoraba ponerse faldas cortas y zapatos altos y en Vegetasei nunca se daban oportunidades para eso.

Vegeta no se movió de su lugar, atento a los movimientos de la mujer, de paso no perdió la oportunidad de observar su cuerpo y escote, una de las razones de porque decidió acercarse a ella en un primer momento, pero luego de comprobar lo inteligente que era decidió usarla para sus intereses personales, después tomaría una decisión al respecto. Acostumbrado a tener lo que siempre quería de mujeres sumisas que estaban para complacerlo, le llamó poderosamente la atención el carácter de la mujer, quien pese a tener evidentemente miedo de él, no se mostraba minimizada como debía ser, y se notaba con facilidad que se contenía para no hablarle como realmente deseaba, y eso le gustó. Era difícil encontrar a alguien que se parara con carácter delante de él y además con un cuerpo de su gusto e inteligente, por lo que decidió que se tomaría su tiempo con ella, y en el caso que se aburriera, olvidaría el tema, pero hasta ahora iba bastante bien.

Bulma puso el piso en el lugar indicado y se sentó frente la maquina para abrir la tapa que protegía la parte externa de los circuitos, y tal como lo pensaba, eran muy parecidos a los modelos anteriores. Más que nada el cambio que le habían hecho a las naves era una cuestión exterior, de la carrocería y eso corroboraba su pensamiento que todos eran unos inútiles: los científicos por no pedir mayor presupuesto para trabajar y el rey por no interesarse en mejorar lo que lo ayuda a surcar las estrellas para ir de planeta en planeta conquistándolos.

Se tomó unos minutos para alterar los cables. Se paró más de una vez para buscar la herramienta que necesitaba, siempre observando de reojo al príncipe que no le quitaba la vista de encima. Ya la tenía más que nerviosa, era un hombre sumamente guapo y por lo que había conversado con él, se dio cuenta que también bastante inteligente, algo que no ocurría mucho en un planeta como este. No pudo evitar no sentirse atraída y curiosa de conocerlo un poco más, pero para eso tenía que haber comunicación y al parecer no era muy dado a eso, pero ella sí, así que comenzaría a hablar.

—¿Esto es una prueba, verdad?

—¿Cómo dices? —Estaba tan concentrado mirándola y observando lo que hacía en su nave que fue tomado por sorpresa.

—Esto, es una prueba. No va a aprobar nada de lo que he dicho hasta que pruebe que sé de lo que hablo.

—Así es, no me gusta perder el tiempo.

—No lo perderá conmigo, se lo aseguro. —Luego de decir eso se mordió la lengua. No había pensado en sus palabras y eso sonaba a una gran insinuación.

—Eso yo lo decidiré a su debido tiempo.

Justo en ese momento Bulma terminó su trabajo, pero se tomó su tiempo para esperar que el rojo de sus mejillas se disipara. No sabía si era por los años sin una pareja, pero sentía que cada palabra que salía de su boca, tenía un doble significado. Mientras atornillaba la tapa metálica, se maldijo por fijar su atención en el príncipe del planeta que la tenía prisionera, ella siempre aspirando a lo mejor no pudo sentirse atraída a un soldado común.

Se puso de pie y apretó el botón que abría la compuerta de la nave, se quitó la bata blanca y dejó sobre el banco antes de sentarse en el cómodo asiento.

—Está casi listo, solo tengo que comprobarlo en la computadora —dijo apretando los botones del computador interior, con una sola mano, como toda una experta que se sabía de memoria el abecedario y palabras saiyajin—. La nave no quedará para siempre tan rápida como la acabo de dejar, pero creo que será suficiente para lo que quiere. —Inconscientemente trató de hacerse hacia atrás cuando vio a Vegeta asomarse en la nave, pero el asiento se lo impidió.

El hombre apoyó una mano en la parte exterior superior de la nave y se agachó un poco para entrar parte del cuerpo y observar en su interior.

—¿Por cuanto tiempo? —preguntó mirándola a los ojos.

—El viaje de ida y regreso, su majestad. —Juntó las rodillas para cubrirse. Había estado tan concentrada en su trabajo que olvidó vestía una falda corta.

—No eres tan buena como te jactas, entonces.

—¿Lo quería para ahora, verdad? —Se sentó derecho e hizo la cara un poco hacia adelante para enfrentarlo con sutileza. Tenía tantas ganas de gritarle para que dejara de menospreciarla, pero debía contar hasta un millón y comportarse. Además parecía que lo estaba haciendo a propósito para ver hasta dónde era capaz de llegar—. Ya hice lo que quería. Alteré los datos de la computadora para que le pidiera más potencia al motor. Si llega a sobrecargarlo podría explotar con usted en su interior y no creo que eso sea de su agrado. Cuando regrese podré trabajar en la nave como corresponde. ¿Ya puedo retirarme?

Vegeta aprovechó que ella se le acercó y tomó de la mandíbula para acercarla un poco más a su rostro y mirarla mejor. No ejerció demasiada fuerza, paro sí la suficiente para que no pudiera liberarse, cosa que por supuesto no intentó.

—Eres bastante insolente, terrícola. Al parecer nadie se ha encargado de educarte durante el tiempo que has estado en este planeta. —Pasó su pulgar enguantado por su labio inferior, y dejó escapar una sonrisa de lado cuando la notó con el ceño fruncido, evidentemente enojada.

—Ya fui educada en la Tierra, su majestad. Muy bien educada, pero es difícil guardar compostura en un planeta hostil, especialmente si estoy en contra de mi voluntad.

—Ese fue tu destino, muchacha, ya deberías aceptarlo. —La soltó por completo y alejó de la nave. Bulma aprovechó para ponerse de pie y tomar su bata blanca.

—Es muy fácil decirlo para usted que es libre. Yo no voy a descansar hasta conseguir lo que quiero.

—Ya puedes retirarte, terrícola —dijo con un tono más serio, como si ya no estuviera disfrutando la situación y conversación—. Te mandaré a llamar cuando te necesite, mientras tanto puedes seguir en tu puesto de trabajo en el laboratorio.

—¿Pero y la propuesta? Ni siquiera terminé de decirle todo lo que tenía en mente —habló con rapidez y sorprendida. Si no tenía acceso completo al laboratorio jamás conseguiría las piezas para construir las cápsulas y nunca robaría una nave para escapar, o partes de éstas para construirse una.

—Eso lo hablaremos después. Una vez que vuelva de mi viaje te comunicaré mi decisión sobre ti.

—¿Sobre mi? Pero estamos hablando de la…

—Ya puedes retirarte, esclava. —La interrumpió, haciendo énfasis en esa última palabra.

Ni siquiera se molestó en hacerle una reverencia. Apretó el botón para que la gran puerta reforzada se abriera y salió del lugar a paso decidido. Y si Vegeta no le dijo nada por su falta de educación, fue porque estaba atento observando su nave.


Una semana después.

Después de ducharse, Bulma se tendió sobre la cama. Había traído una bandeja con la cena para el cuarto porque no le apetecía ver a Kakarotto y mucho menos compartir a la mesa con él. Esperaba que para mañana ya no estuviera, pero claro, la casa era de él y podía quedarse en ella cuanto quisiera, además gracias a su protección nadie iba a molestar a dos humanas solas, pero no por eso compartiría con él.

Cada día que pasaba sentía que su desagrado hacia los saiyajin crecía y más se enojaba consigo al no poder sacarse al estúpido príncipe de la cabeza. Estaba segura que había llegado bien a su destino, no tenía dudas de la calidad de su trabajo, pero se preguntaba si ya había regresado. No había pasado por el laboratorio y de alguna extraña forma lo extrañaba. Su trabajo era demasiado tedioso y él le había agregado ese sabor de novedad que necesitaba hace mucho tiempo, pero esta semana había sido la peor de todas, ya que el estúpido de su jefe no podía hacer nada contra ella por temor al príncipe, pero sí se había encargado de darle trabajo más aburrido y ahora ni siquiera las charlas/discusiones con Milk y los ratos de estudio con Gohan sentado cerca de sus piernas servían para distraerla.

Se tendió boca arriba y observó el techo. Aún recordaba como se le aceleró el corazón cuando estaba en la nave y él la tomó de la mandíbula. Estaba tan enojada que podría haberlo golpeado, pero ahora con la cabeza más calmada sentía que no hubiese sido mala idea intentar besarlo. Estaban tan cerca y solos que nadie podría haberlos interrumpido. A ella le gustaba y a él también, eso era obvio, no podía negar como la miraba y el condenado debía estar acostumbrado a que las mujeres se le acercaran, tal vez por eso no hacía nada a la espera que ella se entregara. El poder en todo sentido llamaba la atención, ya bien lo sabía ella que fue la mujer más poderosa de su planeta, pero ahora se veía reducida a una simple esclava que fantaseaba con el príncipe saiyajin. Rió en su interior, recordando esos cuentos infantiles que su madre le leía cuando niña, antes de dormir. Ella siempre soñó en casarse con un príncipe, pero jamás pensó que fantasearía con uno bajo estas circunstancias. Y por supuesto no se imaginada casada con él, eran otras situaciones que corrían por su cabeza y dejaban sus mejillas calientes. Habían pasado muchos años desde la última vez que estuvo con alguien y si antes lo extrañaba, ahora por culpa de él, los instintos primitivos salían a flote.

Frunció el ceño y volvió a sentarse, quería seguir dibujando el plano para la nave que tenía en mente; esta debía ser capaz de pasar por los radares para cuando escapase del planeta, no podía ser muy grande, pero con el espacio suficiente para ella, Milk y Gohan, además de comida y agua. Tenía cientos de planes, no solo el A y B, en caso de no poder construirla, robaría una y después vería como escaparía. Miles de ideas en las que debería estar trabajando para llevarlas a cabo en lugar de volverse una descarada pensando en un hombre que quizás no volvería a ver.

—Sí, ya comportate y ponte a trabajar. Ya no lo verás. —Se puso de pie para sacar sus papeles escondidos debajo de una tabla floja, bajo su cama, pero antes que eso sucediera, escuchó que golpeaban a la puerta.

Se puso un abrigo sobre el pijama y bajó enseguida, no era común que alguien llamase a la puerta y en especial tan tarde en la noche. Al llegar a la pequeña sala encontró a Milk mirando la puerta, pensando en abrir o no, mientras Gohan dormía en el sillón sin darse cuenta lo que sucedía.

—¿Dónde está Kakarotto? —preguntó en voz baja para no despertar al niño.

—Salió hace unos minutos, pero dijo que volvería —respondió Milk.

Definitivamente quien volvió a golpear no se trataba de Kakarotto, él siempre entraba sin preguntar, pero por el golpe en la puerta de madera se notaba que era alguien fuerte y grande.

—Voy a abrir. —Milk se acercó a la puerta, decidida y recordando que ella sabía defenderse, aunque esperaba que si se trataban de problemas, Kakarotto llegase pronto para ayudarlas.

—Ten cuidado —dijo Bulma, permaneciendo detrás del sillón.

Milk entreabrió la puerta para asomarse y ver quién llamaba tan tarde. Ya antes habían mal interpretado que dos mujeres jóvenes y bellas vivieran solas en una casa y en varias ocasiones debieron echar a los saiyajin borrachos que iban en busca de sexo, pero en esta ocasión no se trataba de eso.

—Raditz. —Abrió la puerta totalmente para dejar pasar al hombre.

Bulma lo quedó mirando sin entender, aunque obviamente Milk lo conocía, así que se calmó.

—Buenas noches, Milk. —Saludó el grandote. Pese a ser tarde aún vestía su armadura.

—Bulma, él es el hermano de Kakarotto. Trabaja en palacio, por eso nunca lo habías visto, casi no tiene tiempo para venir a visitarnos.

—Pues esta no es hora de venir a nuestra casa. Además tu hermano no está —dijo enojada y cruzándose de brazos. No le importaba si era el mismísimo príncipe que tocaba a la puerta, ya no era hora de visitas.

—¿Usted es Bulma? —consultó Raditz mirando a la joven. Esa pregunta sorprendió a las dos mujeres.

—Sí, yo soy. ¿Que es lo que quieres? —musitó desconfiada.

—Vengo por ordenes del príncipe. Me ha ordenado escoltarla hasta su presencia.

Ninguna de las dos mujeres pudieron ocultar la sorpresa. Y ella que pensaba que no lo vería por un buen tiempo.

—¿Y que pasa si no quiero ir? —Fue lo primero que se le ocurrió preguntar.

—Se me ordenó llevarla con él, tengo que cumplir la orden del príncipe. —Pese a ser tan grande, no hablaba con volumen de voz muy fuerte, tal vez porque no era necesario para intimidar o porque Gohan estaba durmiendo a menos de dos metros de él.

—¿Y qué es lo que quiere el príncipe? —Ahora fue Milk quien interrogó a Raditz. Su lado materno afloró para cuidar a Bulma, después de todo ya eran más de dos años viviendo juntas.

—El príncipe no va a explicarme que quiere con ella. Yo simplemente cumplo sin preguntar, Milk.

—Entonces tengo que ir sí o sí… ¿Puedo al menos cambiarme de ropa? No quiero ir con pijama.

—Está bien, pero le agradecería que sea rápido. Al príncipe no le gusta esperar.

—Me lo imagino. —Fue directo al su cuarto al segundo piso.

—¿Quieres algo para beber? Tu hermano ya debe estar por llegar, sería lindo que lo vieras.

—Gracias, Milk, pero no. Aún estoy trabajando.

—Nada que no. Solo será un jugo, acá no tenemos bebidas alcohólicas.

Los dos se sonrieron.

Mientras tanto, arriba, Bulma abrió su pequeño ropero y más que nunca lo odió. Todas las mañanas lo odiaba un poco cuando no tenía mucho de donde escoger, en comparación al que tenía en su hogar en la Tierra y que casi podía considerarse como una pequeña casa, de hecho su antiguo ropero era más grande que la cabaña donde vivía. Observó su falda y tacones y descartó por completo la idea de volver a usarlos, además hacía frío y si el hombre la llevaba a otro galpón a trabajar terminaría resfriada y no podía darse esos lujos. Terminó optando por un pantalón ajustado, botas, la camiseta menos usada que tenía y un abrigo largo para protegerla del maldito clima del planeta. Por supuesto, antes de bajar, se peino, maquilló y perfumó, no demasiado, ya no emplearía tanto tiempo de su vida en arreglarse para él como lo hizo cuando se supone que escucharía su proyecto para la mejora de las naves. Él no se merecía verla tan linda y arreglada.

Cuando bajó, encontró a Milk y Raditz conversando, sentados a la mesa de la cocina y se sorprendió en ver a la mujer tan a gusto y ese gigante con una sonrisa en sus labios después de haberlo conocido tan serio.

—Siento interrumpir, pero como dijiste que al príncipe no le gusta esperar, pero puedes volver a esta casa cuando quieras para terminar ese jugo —dijo con una sonrisa pícara, que Milk le respondió arrugando la frente y el hombre poniéndose de pie.

El viaje fue callado y aburrido. Bulma trató de sacarle información a Raditz para saber más del príncipe o para cortar el silencio, pero el saiyajin solo respondía con monosílabos. En un momento él quiso tomarla en brazos para llegar en menos tiempo, pero Bulma se rehusó por completo. El saiyajin debió conformarse llevarla en un raro aparato que se deslizaba a ras del suelo y por supuesto no era tan veloz como él podría serlo. La pobre humana se abrazó a si misma y deseó haberse puesto más ropa, ya que el maldito transporte de carga no tenía paredes ni techo, solo un asiento y barandas no muy altas que no servían para afirmarse. Ya antes había visto de estos transportes que se conducían de pie, con el volante por delante y generalmente los usaban en el laboratorio para llevar cosas pesadas. Malditos los saiyajin que podían volar y por eso no inventaron los aerocoches, motos o cualquier otro medio de transporte.

Pese a lo malo del viaje, pensó que al menos tendría la oportunidad de observar el palacio desde más cerca y por dentro, pero su desilusión fue grande cuando Raditz dirigió el transportador hacia el costado opuesto. Un patio grande sin mucha gracia que estaba lleno de habitaciones. Antes de poder preguntar qué eran, Raditz se detuvo y le indicó que bajara. Bulma debió seguirlo en silencio hasta uno de esos cuartos y entró como le indicó con la mano. Pensó que entraría detrás de ella, pero cerró la puerta y dejó sola. Bulma observó la gran habitación y supo enseguida de qué se trataba.

—Aquí es donde entrenan —susurró para sí misma.

—Así es, aunque con el tiempo se ha vuelto bastante obsoleto —respondió Vegeta.

Bulma miró hacia donde escuchó la voz de Vegeta. El hombre apareció entre las sombras, venía de otro cuarto lucía diferente, pero la escasa luz no dejaba vislumbrar qué.

—¿Se encuentra bien, señor? —consultó curiosa.

—Necesito que idees una forma de poder optimizar este cuarto de entrenamiento para potenciar mi poder. —Evadió completamente su pregunta con otra. Se movió un poco para mirar por una ventana y en ese momento la luz del exterior lo iluminó y Bulma pudo ver que tenía.

—Está muy herido —exclamó asustada. No le gustaba ver sangre ni heridas.

Tenía la misma armadura que lo vio la última vez, pero la capa ya no existía, la hombrera izquierda tampoco y se notaba que ese brazo había sufrido mucho, ya no tenía la ropa azul, se podía ver piel con sangre y un par de cortes profundos, pero que seguramente dejaron de sangrar cuando ésta se secó. Estaba despeinado, con la cara un poco sucia de tierra y sangre y la ropa en sus rodillas también estaba rasgada. Lo blanco de sus guantes y botas había pasado totalmente a la historia. Parece que el príncipe había mandado por ella antes que él mismo hubiese llegado a su planeta y no había tenido tiempo de nada.

—¿No debería ir a un tanque de recuperación? Debe haber alguno por aquí cerca, ¿no?

—No voy a usar los tanques para heridas menores —dijo mirándola. Pese a las heridas se lograba apreciar en él una leve sonrisa. Estaba de buen humor.

—¿Ganó?

—Por supuesto —respondió lleno de orgullo, caminando a otro extremo de la habitación.

—Entonces no me gustaría ver cómo quedó el otro.

—Ya no hay nada que ver del otro. Sus extremidades quedaron repartidas por todo el planeta…

—¡Vaya! —exclamó nerviosa. Eso era algo que no le agradaba en una conversación, especialmente porque le recordaba de lo que eran capaces—. ¡Qué bien! —agregó fingiendo entusiasmo pésimamente.

—Y eso fue gracias a ti por haber modificado la nave. —Se quitó la armadura solo con la mano derecha; el brazo izquierdo lo tenía como muerto.

—Me alegra haber contribuido en… en eso… —No quería imaginar y menos escuchar más detalles. Jamás lograría entender con la naturalidad que hablaban de muerte.

—La nave funcionó perfectamente, hasta que llegué acá comenzó a salir humo del motor. —Con la mano derecha se tocó el hombro izquierdo, palpando los huesos y buscando el que no estaba en su lugar.

—Es por eso que le dije que solo serviría un par de viajes. Si la vuelve a usar como está modificada, explotará en cualquier momento.

No le respondió. Se movió el hombro con fuerza e hizo sonar los huesos hasta que el hombro estuviese en su lugar. Bulma hizo una mueca de desagrado ante el sonido, que el hombre no notó por estar ocupado recuperando la movilidad de su brazo y mano izquierda.

—Respecto a tu pedido. Daré la aprobación para la primera etapa del proyecto.

—¡¿Verdad?! Eso es maravilloso —exclamó llena de felicidad—. Le prometo que no se…

—No te apresures. El encargado de llevar acabo los cambios será el jefe de laboratorio.

—¡Eso no puede ser! ¡Ese incompetente no sabe hacer nada bien!

—No, pero sabe seguir ordenes y tú te encargaras de eso.

—No entiendo. —Se tomó unos segundos para calmarse—. ¿Estaré o no a cargo del proyecto que yo hice?

—Dejarás todo encargado, pero lo verás desde afuera.

—No entiendo, ¿entonces qué voy hacer?

—Ya te lo dije. Quiero que adecues esta habitación para poder entrenar.

—¡Pero puedo hacer ambas cosas!

—Antes de marcharme te dije que cuando regresara tomaría una decisión respecto a ti.

—¿Y que ha decidido, su majestad? —preguntó enojada, cruzada de brazos.

Vegeta estaba de tan buen humor que le causó gracia su actitud.

—He decidido quedarme contigo.

—¡¿Qué?!

—A partir de hoy eres de mi propiedad —respondió mirándola a los ojos y con una sonrisa de lado.


Continuará...


¡Hola a todos! Estoy muy contenta por la recepción que ha tenido este fic, así que como agradecimiento, terminé el capítulo dos antes de lo esperado.

Bueno, no tengo mucho que decir, salvo que estoy disfrutando demasiado esta historia y tal vez se alargue un poquito.

Pese a que tengo más tiempo libre, me concentraré solo en Una Razón y en El Legado (pretendo actualizarlo la próxima semana) en cuanto a Fragmentos, ese descansará un poco, ya que "Una Razón" nació gracias a una de las imagenes del reto de Kuri Kousin, pero decidí publicarla como historia independiente, en lugar que dentro de Fragmentos como ocurrió con la historia Hasta el fin del mundo.

Agradezco todas las visitas, follow, favs y rws, me dejaron muy contenta y ojala les siga gustando la historia. Ya pronto se viene lo bueno XD jajajaja.

Con cariño,

Dev.

16/06/2016.