DISCLAIMER: Los personajes no me pertenecen, son de Hajime Isayama.
ADVERTENCIAS: AU, yaoi, Riren, palabras altisonantes, agresiones, violaciones, lemon, Ooc (quizás).
El turco se había aferrado tan fuertemente a su cuello que no pudo prepararle un baño, así que le pidió a Armin que lo hiciera lo más rápido que pudiera, con agua tibia y pusiera varias barras de jabón.
El muchacho había dejado de llorar, pero respiraba a bocanadas, sin levantar su rostro, temblando en sus brazos.
Le gritó a Kirschtein que mandara a dormir a todas las tropas, que si escuchaba otro ruido iba a matar al hijo de puta que lo hiciera.
Diez minutos después, el rubio salió del baño instalado, diciendo que el agua ya estaba lo suficientemente tibia como para bañar al chico, por lo que le mandó a buscar una toalla mientras ingresaba al cuarto.
—Hey —murmuró, llamando su atención. Con timidez, el castaño levantó su cabeza—. Voy a quitarte la sábana, ¿me entiendes?
Le tironeó de la tela, pero el turco se tensó de inmediato, aferrándose a ella, volviendo a temblar sin control. Frunciendo el ceño, lo intentó otra vez, sin embargo, el chico nuevamente se negó a soltar la sábana e incluso escondió su cabeza bajo ella, mordiendo con fuerza sus labios.
Levi no lo iba a admitir en voz alta, pero aquella acción hizo que su corazón se estrujara por la ternura.
Con lentitud, entonces, comenzó a bajar al chico.
Cuando el agua humedeció la tela y tocó su trasero, el mocoso gritó, sorprendido.
Quiso reír al ver sus grandes y luminosos ojos dorados, su expresión atónita viendo la bañera. Eso, hasta que en un torpe, pero entendible inglés, dijo:
—¿Una bañera? ¿Puedo… puedo bañarme?
Levi sintió su estómago pesado.
Sin decir nada, metió su cuerpo en el agua, dejando que sus brazos se mojaran, sintiendo como de a poco el muchacho se relajaba, pero todavía aferrándose a la sábana.
—¿Desde cuándo… no te bañas? —preguntó en voz baja pero audible.
Eren no contestó enseguida, agarró una barra de jabón y la miró, sus ojos brillando.
—Cuatro años.
Sus manos temblaron.
Armin, en ese momento, llegó a la habitación llevando una toalla, una camisa ancha y unos pantalones de pijama. Los tuvo que haber sacado del depósito.
—¿Cómo te llamas? —le preguntó entonces Armin al turco, sonriendo amablemente.
Eren lo miró, y se estremeció por dentro. Ese chico se parecía demasiado a Historia. Recordó los gritos, los llantos, su cuerpo muerto, y volvió a estremecerse en el interior.
Desvió la vista, perturbado, queriendo hundirse bajo el agua sucia, que segundos antes era transparente y ahora estaba de un feo color café. Pudo ver, incluso, la sangre que salía flotando a la superficie.
Tragó saliva.
—E-Eren —masculló.
Levi miró al rubio, y suspiró.
—Quédate con él, Arlet. Ya hice suficiente.
Mientras se ponía de pie, las manos del castaño soltaron la sábana y lo agarraron del brazo con fuerza.
—No, por favor —lloriqueó Eren.
Levi tironeó, pero el chico se aferró con más fuerza, todavía balbuceando torpes palabras, sin soltarse ni un poco.
Con un suspiro de hastío, se puso de cuclillas al lado de la bañera. Lenta y tímidamente, Eren lo soltó, ruborizándose por la vergüenza.
—No se preocupe, capitán —Armin, sin dejar su sonrisa, dejó la toalla en una silla—, el pijama quedará en su habitación. Si ocurre algo, le avisaré enseguida.
Gruñó en asentimiento, frotando el puente de su nariz con dos dedos, y le ordenó que llevara algo para comer, cerrando sus ojos por un momento.
Eren sintió que había irritado a ese hombre. Y no quería hacer eso. Lo que menos quería era molestarlo, no luego de haber sido salvado por él y dejarle tomar un baño. Además, le daba miedo. Y por lo poco que había entendido, ese hombre debía ser el que poseía el alto más cargo del lugar. Así que si podía seducirlo y convencerlo de ser su amante…
Lo miró de reojo, mientras frotaba el jabón contra sus brazos con suavidad. Era guapo, mucho, con esa piel pálida, esos fríos ojos grises y pequeños, ese corte de cabello, rapado en la nuca y los lados pero largo más adelante, esa fina y delgada nariz, con esa expresión de fastidio. Y a pesar de tener esa cara de pocos amigos, era amable a su rara manera. Lo había ayudado. Se había quedado con él. Había sido más amable que todos esos otros soldados juntos.
Mordió su labio inferior.
Debía convertirse en su amante si quería sobrevivir. Pero no quería que lo volvieran a tocar de esa forma.
—¿Cómo… cómo se llama? —preguntó en voz baja, nerviosa.
Levi miró el agua sucia, e hizo una mueca. Aun así, arremangó su camisa sin decir nada.
Le quitó el jabón de las manos, y le tomó del brazo, comenzando a frotarlo por todas partes.
—Levi.
—Levi.
En sus labios, su nombre sonó como si lo saboreara. Como si lo ronroneara. Como si lo deseara.
Se tensó, sintiendo sus pantalones repentinamente ajustados.
Se movió, rodeando la bañera para que el chico quedara de espaldas hacia él. Le vio la espalda, notando las cicatrices, para luego seguir frotando el jabón allí.
Eren igual estaba tenso, sintiendo esas manos ajenas tocando su cuerpo. No debía sentirse así, ¿cuántos hombres ya lo habían tocado de esa forma? Pero aún no se acostumbraba. Aún le asustaba.
De pronto, tibia agua cayó sobre su cabeza y chilló.
Las suaves manos de Levi lo sostuvieron.
—Tranquilo —susurró contra su oído, mandando escalofríos por su espina dorsal—, es solo agua. No te haré… daño.
Eren, es solo agua, había dicho su mamá cuando se dieron la última ducha –sin saber que lo era–, un poco de agua no te hará daño.
Sus ojos se llenaron de lágrimas, sintiendo el jabón frotándose contra su cuerpo.
Su mamá había olido a flores de campo, a primavera. Eren quería oler de esa forma. No quería oler nunca más como… como a encierro. Como a un muñeco desechado. Como a alguien olvidado.
—De pie —suspiró Levi.
No dudó en obedecer. Si lo complacía, si lo tenía contento, no volvería a tocarlo un ejército.
Apretó sus dientes al sentir las manos de Levi acariciando sus piernas, su trasero, tocando su zona delantera. No quería parecer una chiquilla asustada, malagradecida. Pero no pudo evitar gemir de dolor cuando el capitán separó sus nalgas, revelando su maltratado y dolorido ano. Todavía salía sangre y semen.
Con una suavidad increíble que casi lo desestabilizó, Levi comenzó a limpiarlo ahí también, procurando que no le doliera mucho.
Quiso llorar otra vez ante aquella acción.
Pero solo tensó su mandíbula, forzándose a ser fuerte.
Luego de varios minutos, Levi le echó otra cubeta de agua tibia –casi fría, pero no le importó– quitándole el jabón, y lo envolvió en la toalla, para luego tomarlo en brazos y llevarlo a su pieza directamente.
Eren quería decirle que podía caminar, pero todos esos mimos lo estaban haciendo sentir un niño pequeño otra vez. No sé sentía como un niño pequeño desde que entró a Auschwitz, cayó al suelo mientras cargaba un bloque de concreto y dos oficiales nazis le sacaron la mierda, a sus cortos trece años.
Su mamá le había limpiado el rostro y quitado la sangre con tanta suavidad como ese hombre estaba haciendo ahora.
Vio el sofá, pensando en que pasaría la noche allí, sin embargo, Levi lo recostó en su cama.
Contempló el objeto, poniendo esa expresión de sorpresa otra vez.
—Cama —murmuró entre dientes.
No hizo falta que Levi preguntara para saber que también llevaba sin dormir en una cama cuatro años. En los campos de concentración, con suerte tenían pedazos de tablas con un poco de paja encima, y al salir, estuvo vagando de un lado a otro, durmiendo sobre el duro suelo la mayoría de las veces.
Levi vendó las heridas en sus pies mientras el muchacho comía el pan que Armin les había dejado, para luego ponerle el pijama, y arroparlo con las sábanas. Inmediatamente, el chico cerró sus ojos.
Soltó otro suspiro, listo para irse a dormir al sofá, pero entonces, Eren lo volvió a tomar del brazo. Sus ojos dorados parecían iluminar la habitación, haciéndolo sentir aturdido e incluso confundido.
—Conmigo. Aquí —susurró palmeando el lado vacío de la cama.
Levi enarcó una ceja, pero no dijo nada, se quitó la camisa, los pantalones, y se acostó silenciosamente.
Se tensó al sentir el frío cuerpo del chico a su lado.
Sin embargo, sus miembros no pudieron evitar relajarse inconscientemente cuando Eren se acurrucó contra él, abrazándolo por la cintura con un poco de miedo, pegando ambos cuerpos.
—Gracias, Levi —otra vez ahí, saboreando su nombre, como si lo disfrutara—, gracias.
Levi solo le acarició la nuca, cerrando sus ojos y dejando que el sueño lo invadiera, aquel cuerpo sin separarse de él en toda la noche.
Levi despertó al sentir una caricia como una pluma en su mejilla.
Se removió, sintiendo un cálido cuerpo a su lado, y recordó todo lo ocurrido la noche anterior. Los gritos. El chico. El abrazo. El chico. La bañera. Eren. Su cuerpo. Eren. La cama. Eren. Eren.
—Levi.
Tocaron a la puerta y Armin se asomó tímidamente.
—Son las nueve de la mañana, capitán —dijo en ruso, viendo al azabache—, las tropas están listas para seguir con las excavaciones.
—Estoy en media hora fuera —contestó con monotonía.
Armin asintió antes de salir de la habitación.
Sin mirar al mocoso, se sentó en la cama frotando sus ojos. De alguna extraña manera, había dormido bastante bien en la noche.
Frunció el ceño, sabiendo que eso sería cosa de una vez. Ese muchacho debía irse.
Sintió que alguien lo miraba, y se giró.
Eren ocultó su rostro bajo la sábana, pero Levi alcanzó a ver su expresión ruborizada.
Ese tierno calor que sintió la noche anterior con las inocentes acciones del castaño volvió a asentarse en su cuerpo.
Pudo entender porque esos hombres se habían encaprichado con él. El mocoso exhalaba una inocencia que seducía a corromperlo completamente.
—¿Ocurre algo? —preguntó buscando su camisa.
—¿Vas… se va? —murmuró el chico asomando solo sus ojos, con expresión temerosa.
Levi ladeó la cabeza, dispuesto a decirle que tenía que marcharse, buscar otro lugar donde quedarse, que lo que hizo no se repetiría nunca más.
—Volveré a medio día —se encontró diciendo, para su sorpresa—. No salgas de la habitación. Diré que te suban algo para comer.
Eren solo asintió con rapidez, sin perder el rubor.
Levi procedió a ponerse los pantalones y las botas, sin dejar de sentir los ojos dorados del chico encima, y mientras ataba un pañuelo blanco a su cuello, volvió a sentarse en la cama para acariciarle el desordenado cabello al muchacho.
El chico, lentamente, se sentó con una expresión temerosa. Se observaron un momento, sin decir nada.
Eren se movió y le dio un suave beso en los labios. Inocente. Tierno. Pequeño.
Al alejarse, el castaño sonrió de lado.
—Vuelva pronto —susurró con la voz temblando.
Levi no dijo nada, solo volvió a acariciarle el cabello y salió de la habitación.
Cuando quedó solo, el chico se permitió soltar el aire que estuvo conteniendo, sintiendo como tiritaba descontroladamente. Se había metido a la jaula del lobo, pero por muy extraño que pudiera parecer, no estaba asustado de eso. Y aquello lo aterraba demasiado.
Se puso de pie e hizo una mueca, sintiendo un escozor en los pies debido a sus heridas. El día anterior se enterró un vidrio, y Annie tuvo que quitárselo mientras Mikasa y Sasha sostenían sus pies para que no los moviera.
Su cadera igual dolía. Pero ya se estaba acostumbrando a ese dolor.
Asomó un poco su cabeza por la ventana, viendo a los soldados desfilar hacia fuera, con palas, carretillas y picotas, conversando animadamente entre sí. No vio a Levi por ningún lado, por lo que mordió su labio inferior.
Podría intentar huir. Abrir la puerta y rogar que el pasillo estuviera vacío, pero sabía que no lo iba a estar. Siempre dejaban cerca de diez guardias vigilando el edificio, junto con las amantes de los soldados.
Además, ¿a dónde iba a ir? No tenía dinero. No tenía ropa. No tenía comida. No tenía ni siquiera zapatos.
No tenía familia.
Su madre había muerto; su padre… bueno, debía estar más que muerto.
Se recordó a sus trece años, despidiendo a su padre mientras el hombre viajaba al campo de batalla como médico, a la ya muy conocida Operación Barbarroja(1) que terminó en una masacre alemana. Dos meses luego de su partida, Carla y Eren fueron enviados a Auschwitz.
No volvió a saber nada más de su padre ni le interesaba averiguar qué había pasado. Prefería mantenerse en la ignorancia.
Caminó al escritorio, tratando de borrar los recuerdos de los días en que fue feliz. Lo hacían sentir extraño y nostálgico, como si todos esos recuerdos no hubieran sido más que sueños que nunca vivió.
Cuando se apoyó en la mesa, abrieron la puerta y la miró, sobresaltado.
El rubio del día anterior lo miró con expresión amable.
—Hola, te traje comida —dijo en inglés, levantando el jarrón con agua y el pedazo de pan y queso.
Sus tripas gruñeron.
Se quedó quieto mientras el rubio cerraba la puerta.
—¿Dormiste bien? —preguntó el rubio—. Oh, disculpa. Mi nombre es Armin.
—Armin —repitió el castaño recibiendo el pan. Lo miró, y ante la atónita mirada del ojiazul, lo partió en dos, ofreciéndole la mitad—, toma.
El rubio sintió como se enternecía por ello. Un chico que había salido de Auschwitz, que había pasado hambre, frío, que vagó por una ciudad destruida durante meses, que fue violado por soldados indiferentemente, le estaba ofreciendo la mitad de su pan sin dudarlo.
—No, está bien —trató de tocarlo, pero el chico retrocedió con una expresión temerosa—. Está bien, Eren. Todo es tuyo. Yo ya comí.
—¿Seguro?
—Sí, ven y siéntate —Armin le señaló el sofá y Eren, a paso tambaleante, fue a sentarse.
—Tú eres el amante de Annie —señaló el castaño partiendo el queso para echarlo al pan.
Armin asintió con una sonrisa, sin dejar de mirarlo. Eren se relajó al ver aquella expresión: a lo largo de todos esos años, había aprendido a identificar muy bien las sonrisas y las muecas de los demás, tratando de avecinar lo que se venía con cada una.
—¿El capitán Levi se portó bien contigo? —preguntó Armin.
Eren se encogió de hombros, bebiendo agua antes de morder el pan con hambre, soltando un pequeño gemido de placer por ello.
—Me da miedo —soltó con la boca llena de comida antes de hacer un gesto de horror por lo recién dicho.
Armin simplemente dejó salir una risita baja, sin lucir molesto por las palabras del muchacho.
—Está bien, a todo el mundo le da miedo al principio —Armin lo miró con los ojos brillando—. Pero es una buena persona. Nos prometió devolvernos vivos a casa, y hasta el momento, lo ha cumplido.
—Casa —fue lo único que repitió Eren sonriendo tristemente.
A estas alturas, su hogar debía estar destruido. Arrasado. Desaparecido.
No tenía ningún lugar al que ir. Solo le quedaba entregarse a su terrible destino.
—El capitán no te hará daño —Armin ahora lo observó con seriedad—. Solo… solo has lo que te ordene.
—¿Y si… si me empieza a tocar? —el castaño boqueó, comenzando a temblar.
—Oh —el soldado apoyó una mejilla en su barbilla, pensativo—. El capitán no es de esos hombres. Además, tengo entendido que–
Fue interrumpido cuando tocaron la puerta, Mikasa asomándose y quedándose quieta al ver al castaño en la habitación del capitán.
—Eren —una expresión de alivio y sospecha invadió su rostro—, pensé que… que quizás… ¿estás bien? ¿No necesitas que te ayude en algo?
El muchacho supo que Mikasa quería curarle alguna herida que pudiera tener, en especial en… ese sector.
Se ruborizó, pensando en que las veces que Mikasa le sanó –dentro de lo que pudo–, fue cuando estaba desmayado.
—No, yo… —tragó saliva, cohibido—, él y yo… el capitán…
—Todo está bien, Mikasa —Armin se puso de pie—, ¿ocurre algo?
—Oh, sí. El capitán mandó a decir que quería que organizaras un plan de limpieza en el sector oeste para comenzar mañana con los trabajos.
—Claro, claro —Armin recogió la bandeja, y miró a Eren—. ¿Te dijo algo sobre salir?
Eren negó con la cabeza.
—Dijo que me quedara aquí.
—Ah, bien —Mikasa salió y el rubio puso una expresión pensativa—. ¿Quieres que te traiga algo para leer? ¿Sabes leer?
El castaño frunció el ceño, ofendido.
—Por supuesto que sé.
Armin se rió.
—Sí, claro. Traeré algo para que leas.
Y sin decir nada más, el soldado se marchó, dejándolo solo y sumido en confusos pensamientos.
Eren estaba aburrido.
Rodó en la cama, cerrando el libro y frunciendo el ceño.
No sabía qué hora eran, pero estaba seguro que la hora de almuerzo ya había pasado. Y Levi no había llegado.
Armin le llevó un par de libros junto con un plato de legumbres de almuerzo, diciendo que el capitán sufrió de un retraso, pero que esperaba volver pronto, y no había regresado desde entonces. Estaba seguro que de eso pasaron ya varias horas.
¡Incluso ordenó un poco la habitación, por petición de Armin, que le dijo que el capitán odiaba ver todo sucio!
Hizo un puchero, poniéndose de pie, y caminó hasta el escritorio.
Quizás Levi podía tener algo que lo entretuviera, como papel y tinta. Le gustaba dibujar, siempre que pudo lo había hecho, incluso aunque no tuviera los materiales para hacerlo, limitándose a hacer rayados en tierra, arena o nieve.
La tinta estaba en el escritorio, pero los papeles… bueno, pensó que quizás el capitán no iba a molestarse si le quitaba algunos papeles. Ahora bien, ¿dónde estaban?
Revisó los cajones, hasta que en el último encontró lo que buscaba, encima de ellos una pequeña cajita.
Mordió su labio inferior, sintiendo la curiosidad instalándose en su cuerpo por saber qué había allí.
Si veía y no tocaba nada, no era malo, ¿cierto?
Abrió la cajita y se quedó congelado.
Había un anillo de oro.
Cerró la caja con fuerza, dejándola donde la encontró, sintiendo su corazón latiendo rápidamente.
Levi estaba comprometido.
O casado.
Cualquiera de las dos opciones no era alentadora.
No supo por qué, pero se sintió herido. Traicionado. Y no debía sentirse así por nada del mundo.
Levi y él no eran nada. Lo único que podían ser era amantes. Y eso no le gustaba, lo hacía sentir extrañamente enfermo.
Mordió su labio inferior y tragó saliva.
Todo el calor tierno que había sentido cuando sus pensamientos se dirigían al azabache desapareció, reemplazado por un frío dañino que lo hizo respirar aceleradamente.
Si Levi estaba comprometido, o casado, ¿tenía oportunidad alguna con él?
Desechó su pensamiento, esa no era la pregunta correcta. Ellos dos no tenían una oportunidad. Los dos eran hombres, en primer lugar, y esos soldados solo lo tocaban por la falta de mujeres que pudieran violar. Además, tenía claro que lo violaban no por placer sexual, sino para humillar al enemigo. Aunque la guerra había acabado. Pero, después de todo, seguían siendo enemigos.
La verdadera pregunta era si podría convertirse en su amante para sobrevivir, si Levi le permitiría convertirse en su compañía sexual, considerando que tenía ya a alguien a su lado.
Pero Levi podía estar necesitado. Quizás llevaba meses sin ver su prometida o esposa, y necesitaba de alguien que le aliviara. Eren podía cumplir esa función. Incluso, si quería… podía…
Iba a hacer lo necesario para sobrevivir. Incluso si eso significaba convertirse en el amante de un hombre casado.
Incluso si eso significaba humillarse.
Incluso si eso significaba terminar con un corazón roto.
Apretó sus labios, negando con la cabeza, sintiéndose estúpido por el último pensamiento. ¿Corazón roto? Él no amaba a Levi. Sentía aprecio por lo que hizo, pero más allá de eso…
Estaba divagando demasiado, debía simplemente aceptar su terrible destino si quería vivir, si quería salir adelante, solo aguantar hasta que los rusos se devolvieran a su país.
Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos chillidos.
Escuchó gritos desde el otro lado de la puerta.
Una discusión.
Y luego, la puerta fue abierta de golpe.
Dos soldados rusos entraron, viéndolo inmediatamente.
Se puso de pie y retrocedió, pero los hombres no dudaron en caminar hacia él y tomarlo del brazo, tirándolo al pasillo.
—¿Qué… qué ocurre? —dijo en un balbuceo, notando, entonces, a Armin contra la pared, un soldado tomándolo por el cuello, sosteniéndolo para que no se siguiera moviendo.
—Otpusti yego! On prinadlezhit k Kapitanu Levi! —gritaba Armin entrecortadamente.
Uno de los hombres le contestó mientras los otros tomaban del cabello al chico, arrastrándolo por los pasillos.
Eren les gritó que se detuvieran. Que lo dejaran ponerse en pie. Que podía caminar. Pero no hicieron caso de él, lo siguieron arrastrando como si nada, haciendo que los pantalones comenzaran a romperse, que sus manos se rasparan.
Podía seguir escuchando las protestas de Armin.
Cuando llegó al salón, comprendió lo que ocurría.
El grupo de guardia eran unos diez hombres. Diez hombres con los que convivió los primeros días desde que el Ejército Rojo llegó. Diez hombres que fueron los primeros en violarlo.
Y le sonreían. Le sonreían con burla, enojo y placer.
Se retorció, gritando, aunque en el proceso se arrancara cabellos. No le importaba. Lo único que le importaba era huir.
El soldado que lo sostenía lo golpeó en la mejilla con su puño y Eren quedó aturdido. Escupió sangre.
Otro soldado le rompió el pantalón mientras un tercero le tomó la cabeza y la frotó contra su entrepierna, diciendo algo en ruso.
Lo pusieron de rodillas y le levantaron la cadera.
Eren rompió a llorar.
Sintió algo contra su trasero.
Apretó sus manos en puños, sin dejar de retorcerse y gritar que se alejaran.
—¿Qué mierda está pasando aquí?
Todos se detuvieron y miraron a la puerta, alejándose del chico.
El capitán Levi contemplaba la escena con los ojos entrecerrados, con fría furia exhalando de su cuerpo.
Eren levantó la vista, sus ojos llorosos, y el azabache lo miró suavizando su expresión inmediatamente.
—Eren, ven aquí —dijo volviendo a mirar a los soldados.
No lo dudó ni un poco. Gateando –a pesar de que sabía que debía verse penoso, desastroso, patético– fue lo más rápido que pudo hacia Levi, abrazándolo por las rodillas, boqueando por el terror de lo que estuvieron a punto de hacerle. Otra vez.
Sintió la tibia mano de Levi acariciándole el cabello y se aferró más a él.
El ya conocido calor que conocía y que al parecer aparecía cuando Levi estaba con él inundó su cuerpo, haciéndolo sentir a salvo y alejado de todo peligro.
—¿Quién mierda les dio el permiso para, en primer lugar, agredir a uno de los mejores estrategas del ejército, y en segundo lugar, tocar lo que es mío?
Los soldados se miraron entre sí, con expresiones de terror en sus rostros, temblando, pálidos, sintiendo cómo iban a morir en cualquier momento.
—Oh, y por supuesto, ¿quiénes fueron los imbéciles que entraron a mi habitación?
Nadie contestó.
Levi estrechó sus ojos.
—Erd, Gunther —gruñó, y dos soldados aparecieron—. Lleven a Eren a mi habitación. De ahora en adelante, ustedes lo van a proteger. Nadie que no tenga mi autorización se le acercará. ¿Entendido?
—Sí, capitán —dijeron los dos hombres al unísono.
—Mocoso, vete con ellos —ordenó tranquilo, el chico levantando la vista—. Iré contigo en un par de minutos. Primero debo encargarme de unas… basuras.
El castaño asintió, y quiso ponerse de pie, marcharse lo más pronto de allí, pero entonces reparó en que estaba desnudo desde la cintura para bajo, por lo que enrojeció de vergüenza y no se movió. Sabía que todo ese ejército ya lo había visto desnudo, pero no le quitaba la humillación que sentía el que lo vieran.
Uno de los soldados del capitán, uno moreno con cabello castaño, se quitó la chaqueta y lo abrigó con ella, cubriéndolo con suavidad. Le quedaba enorme, y por lo tanto, cubría algo. No mucho, pero era algo.
Se puso de pie y siguió al moreno que caminaba por delante. El rubio con una pequeña barba fue detrás, y Eren no se volteó a ver.
No se volteó a ver cuando escuchó como Levi tronaba los huesos de sus manos ni cuando les ordenó algo a los soldados de su compañía.
No le importaba lo que hiciera con los hombres que lo habían tocado. Solo sintió alivio, una especie de alivio relajante –e incluso alegría–, y continuó caminando, rogando a los cielos que Levi los destrozara con sus propias manos y los matara.
Que los matara lenta y dolorosamente a todos, uno por uno.
Siguió caminando y no se giró ni siquiera cuando los gritos comenzaron.
(1) Operación Barbarroja: La Operación Barbarroja fue un plan estratégico que Alemania llevó a cabo en 1941 para conquistar Rusia que empezó en junio. Al principio, Alemania pudo derrotar en las batallas al Ejército Rojo, avanzando hasta importantes ciudades como Kiev y países como Ucrania y Crimea, pero la llegada del invierno -junto con otros factores- arruinó los planes alemanes, además de la organización del Ejército Rojo, derrotando a finales del mismo año a los invasores en la conocida Batalla de Moscú.
Ando sin tiempo para contestar reviews, pero primero que todo, ¡muchas gracias a toda la gente que leyó! ¡No creía que fuera a tener tanta aceptación, y por eso me sorprendió la cantidad de reviews con el primer capítulo! Así que muchas, muchas gracias a todas/os, ¡me hicieron muy feliz! Por eso decidí traerles el segundo capítulo (?) :v
Pronto van a tener el amado lemon Riren, se los prometo~
ASDFGHJKLÑ, espero traerles el próximo capítulo dentro de una semana o menos, mi carrera de estudio se fue a paro estudiantil, así que ando con tiempo xD
Muchas gracias especial a YenAcker (no te preocupes, pienso seguir actualiando UP los domingos :3), a AstridHatakeAckermanJaeger, a Akire, a Lluery, a Hbl, a KathKolmer, a MikanChan2000, a Bossenbroek (veremos lo de los pocos capítulos, en una de esas quien sabe, lo alargo un poco más ¬u¬), a guest, a Monse-Uchiha, a Sweetvioleth, a luciakkss, a Emilda (¡gracias por contarme tu anécdota, sé muy bien de lo que hablas! Por si acaso, soy chilena, sospecho que tú igual xD Y gracias por seguir la historia, guapa), y a Solenaru.
De verdad, muchísimas gracias, los/as amo montones *besos y abrazos*
Nos vemos~
