Capítulo 1: Kaoru.
Kaoru miro a todos lados mientras avanzaba por aquel hermoso vestíbulo. A ambos lados se abrían dos hermosas escaleras de mármol negro con una puerta gigantesca entre ellas que daba a otra sala en la misma planta. La luz de la luna iluminaba perfectamente la estancia.
-nunca había visto nada igual – susurro la muchacha.
Era como en las películas de época, recibidores amplios, escaleras anchas y pomposas, vidrieras hechas por los artesanos europeos más exquisitos. Lo que primero le llamo la atención a Kaoru fue lo pulcro del lugar, parecía recién limpiado, no había rastro de polvo en los muebles y el suelo de madera oscura relucía a la luz de la luna que entraba por las impolutas vidrieras de la mansión, nada acorde con la fachada externa de la mansión que parecía abandonada desde hacía muchísimos años.
Estaba clarísimo que allí, vivía alguien. La joven fijó su vista hacia una gran puerta de madera con adornos dorados situada a su izquierda, era toda una autentica obra de arte de la artesanía. Parecía dar a otra gran sala importante. Anduvo hasta ella, respiró hondo esperando encontrarse con el dueño del lugar y pedirle ayuda. Al abrir la puerta fue recibida por una gran oscuridad. Tomo su celular y puso la luz del flash a modo de linterna. Parecía una sala de invitados, una gran chimenea de mármol blanco al fondo totalmente apagada, un gran sofá de terciopelo rojo a la izquierda de la chimenea. A la derecha una barra de bar de madera de roble, que a Kaoru le recordó al de aquella película llamada el resplandor, pero solo que más pequeño y con menos botellas, en la misma barra del bar había colocado al final de ella una gramola muy antigua. No sabía quién vivía allí pero su gusto era exquisito: Whiskies escoceses de importación, ginebras y vinos españoles y franceses era lo que más abundaban en la vidriera del bar. Seguidamente del bar se encontraba un gran piano de cola negro con detalles cavados en papel de oro, parecía muy antiguo pero muy bien cuidado. Encima del piano un candelabro con tres velas a medio gastar.
Kaoru recordó que llevaba un mechero en su bolsito de cuero, ella no fumaba pero esa noche tenía pensado ligar con algún hombre y ofrecer fuego siempre era una buena excusa para iniciar conversación, encendió las velas y tomo el candelabro de plata, la luz de las velas le apaciguaban un poco el alma. Se fijó en el suelo, una mullida moqueta color granate se extendía bajo sus pies, seguro sería una gozada sentarse en ella al lado del fuego leyendo un buen libro.
Entonces el ruido de una puerta chirriante y un portazo que sonó en la planta de arriba la alertaron, el dueño estaba en la segunda planta. Salió de aquella habitación y se dirigió a las escaleras de mármol.
-¿hola? ¿Hay alguien?
Al llegar arriba de las escaleras, miro a la derecha y a su izquierda, a ambos lados había dos pasillos enormes llenos de puertas, pero era imposible que no la hubiera escuchado, su voz y sus pasos era lo único que retumbaba en esas frías paredes ¿sería sordo? Un ruido de una puerta la alarmó, vio por el pasillo de la izquierda como una puerta se abría y cerraba violentamente una y otra vez. Kaoru con el corazón en vilo se dirigió a la habitación, ahora es cuando tendría que salir por patas de aquella casa, siempre se quejaba de lo tontas que eran las protagonistas de las películas de terror que siempre inspeccionaban los ruidos más terroríficos en vez de salir corriendo. Ahora era ella una de esas idiotas, pero el lobo que había fuera le recordaba que no tenía opción, tenía que pedir ayuda para ir en busca de Misao.
Al llegar la altura de la puerta, la puerta seguía moviéndose violentamente, Kaoru la sujetó y pudo notar que el pestillo estaba roto, y al abrir la puerta noto el viento de la noche en su cara, la ventana estaba abierta y era el aire lo que empujaba la puerta, se rio de su absurdo miedo.
Aquel cuarto era un baño, un baño de los antiguos con una bañera de esas que solo se veían en la películas de época con cuatro patas, con adornos en cobre, el piso de mármol y un brasero antiguo al lado para calentar la habitación, se preguntó si todavía funcionaba y giró el grifo asombrándose de que saliera agua limpia por ella. Metió la mano bajo el chorro de agua, quería limpiarse un poco la cara y se volvió a asombrar cuando noto que el agua salía caliente. Sintió su cuerpo entibiarse de nuevo y fue consciente entonces del frio que sentía en los huesos. Observó el espejo del tocador que se iba empañando lentamente, se acercó al espejo para verse, estaba hecha un desastre, con un poco de agua se quitó los últimos restos de maquillaje que por el sudor de la carrera ya había prácticamente desaparecido. Volvió a abrir su bolsito bandolera y sacó un peine pequeño para arreglarse aquel desastre, había estado casi dos horas alisándose el cabello para nada. Cuando fue a dar el segundo pase con el peine el sonido del piano la detuvo.
No podía ser, no se había cruzado con nadie por los pasillos ni había escuchado las pisadas bajando escaleras, ni tampoco había escuchado aquella enorme puerta de la sala del bar abrirse.
Volvió a salir al pasillo y caminó lentamente hacia las escaleras de mármol para observar la puerta de roble abierta de par en par y el delicioso sonido de aquel majestuoso piano de cola. Era una melodía triste que podía encogerte el corazón, Kaoru bajó solo un escalón cuando escuchó la voz más hermosa que había oído nunca, una voz masculina, suave y muy muy sensual y a la vez llena de pena y tristeza, Kaoru no tardo en apreciar que estaba cantando en un inglés impoluto ¿sería extranjero?
Sunday is gloomy, my hours are slumberless
Dearest, the shadows I live with are numberless
Little white flowers will never awaken you
Not where the black coach of sorrow has taken you
Angels have no thought of ever returning you
Would they be angry if I thought of joining you?
Gloomy Sunday…
Kaoru empezó a bajar las escaleras poco a poco intentando hacer el menor ruido posible. La música del piano se tornaba cada vez más agobiante y triste. El corazón de la chica empezaba a bombear tan rápido y fuerte que notaba los latidos en su cerebro. Sentía miedo.
Gloomiest Sunday, with shadows I spend it all
My heart and I have decided to end it all
Soon there'll be candles
and prayers that are said, I know
But let them not weep,
let them know that I'm glad to go
Kaoru se detuvo al llevar ante la puerta tomo aire antes de entrar. Lo primero que vio y le llamo la atención fue que la chimenea que antes estaba totalmente apagada, ahora tenía una gran llama en el interior que iluminaba la sala. Miro a su derecha y en el piano, sentado de espaldas a la puerta, había una persona, con el cabello largo muy largo, si no fuera por su voz hubiera jurado que era una mujer. Lo llevaba suelto, de un color rojo blanquecino, parecían canas, ¿sería una persona mayor? Kaoru siguió con la exploración y vio que este vestía con una yukata negra, un negro impoluto, con un kaku obi morado oscuro.
Death is no dream, for in death I'm caressing you
With the last breath of my soul I'll be blessing you…
Kaoru ya no soportaba más aquella canción tan siniestra y triste. Decidió interrumpirle.
-disculpe señor…
Las manos de aquel tipo golpearon las teclas violentamente ensordeciendo la canción, estuvo unos instantes quieto como mirando un punto fijo del piano, después se levantó del asiento y con suma parsimonia, como si tuviera todo el tiempo del mundo, se giró para mirar a la intrusa de su hogar.
Sus ojos se encontraron, a Kaoru le parecieron los ojos más bonitos que habían visto, ojos violetas. Pero hasta ahí. Esos ojos no tenían expresión alguna, ojos vacíos sin sentimientos, su tez era blanca sin ningún color que mostrara calor en ese cuerpo. Una horrible cicatriz en forma de cruz en su mejilla izquierda le restaba perfección a su bello rostro, era delgado pero por la abertura de su yukata Kaoru diviso un poderoso pectoral musculoso.
-My Lady es de mala educación interrumpir una actuación. -Dijo en un perfecto japonés, la verdad es que parecía japonés tal vez había vivido en el extranjero.
-y no sabe cuánto lo siento, pero señor necesito su ayuda con urgencia.
-oh, para vosotros todo es urgente.
Kaoru no supo muy bien a que se refería con ''vosotros'' le vio dirigirse al bar donde tenía una copa de vino ya servido en una elegante copa y una botella de vino de color verde sin etiqueta alguna que dijera la procedencia de la bebida, le vio sorber de la copa y Kaoru frunció el ceño, ese vino tenía un color muy raro y denso. Vio como el hombre miró a alguna parte de la pared justo detrás de Kaoru la cual se volteó esperándose encontrar con alguien más, pero en la pared solo se reflejaban por las llamas de la chimenea la sombra de ella y la de él.
El tipo fijo su vista en ella que la recorrió con la mirada de arriba abajo.
-¿va usted vestida así siempre? – volvió a tomar otro sorbo.
Kaoru se sonrojo.
-no, iba de camino a una fiesta de disfraces cuando….
-¿y de qué se supone va vestida? – dijo el hombre interrumpiendo a Kaoru.
-de Van Helsing.
El hombre hizo una extraña mueca de asombro para luego echarse a reír, era una risa fría y déspota.
-¿de Van Helsing? ¿Sabrá usted, quien es Van Helsing?- dijo burlándose de ella mientras se llenaba la copa de aquel denso vino.
-claro que sí, un cazador de vampiros. – dijo Kaoru furiosa.
- no solo un cazador de vampiros – dijo negando con un dedo- era médico, uno muy bueno y era viejo, no… una muchachita pechugona que enseñaba más de la cuenta.
Eso era el colmo, ese tipo era un snob insufrible y un mal educado.
-aunque sinceramente prefiero encontrarme con usted antes que con él. Al menos podría divertirme un poco.
-vale se acabó, no tengo porque aguantar sus impertinencias, solo vine a pedir ayuda pero está visto que es usted una mala persona.
Dicho esto Kaoru salió de la habitación dirigiéndose a la puerta de salida, no sin antes escuchar como aquel tipo discutía consigo mismo.
''no voy a ir a disculparme, ve tu si quieres estúpido. Tú la has traído aquí''
Vale, no solo era un grosero, también estaba loco. Al llegar al pomo de la puerta descubrió que la puerta estaba cerrada con llave, ella había entrado sin problemas ¿y ahora estaba cerrada? Giró sobre sí misma y observo al hombre del piano que había salido de la estancia y ahora la contemplaba con los brazos cruzados.
-no puede salir, un amigo nos pidió un favor, hasta que amanezca es usted mi invitada.
-¿su invitada? ¿Quién le ha pedido ese favor?
- por favor señorita Kamiya ya es suficiente con un idiota que me haga doler la cabeza con reclamos, asique por favor ahórreme la jaqueca.
-¿cómo sabe mi nombre? – dijo asustada apoyándose en la puerta.
-ya se lo he dicho… mire, relájese ¿quiere? No me moleste y yo no la molestare se lo prometo, puede andar por cualquier sitio de la mansión, considérela su hogar esta noche, a la mañana será libre.
Kaoru observó aquel tipo, parecía cansado… es más juraría que parecía… viejo, su aspecto era de un joven de su edad. Pero si le mirabas a los ojos… parecían tener años y años de vida, sabiduría, dolor, tristeza y sinceridad. No supo por qué, pero Kaoru sintió que le decía la verdad.
-está bien, pero mi amiga esta… ella se cayó al rio y…
-su amiga está bien cuidada, se lo aseguro. Solo confié en mí. Seguro que ya está con esa persona.
Dicho esto aquel hombre se giró y volvió a entrar al cuarto del piano seguido de la mujer.
-¿puedo sentarme junto al fuego? – pregunto la chica.
-lo que usted quiera mientras no me moleste.
El hombre retornó al piano y entonó la sonata claro de luna.
Kaoru se sentó en el lado del sofá rojo más cercano a las llamas para entrar en calor. Suspiró cansada. Se retiró el bolsito y lo dejo a su lado, lo abrió y volvió a sacar su teléfono, seguía fuera de servicio. Fue a la galería de imágenes y amplio una foto de hacía tres semanas, la foto mostraba a Kaoru abrazada a un joven sonriente: Enishi, su ex novio. Hacia una semana la había abandonado por otra chica. Le había destrozado el corazón saber que le era infiel, cuando fue a reclamarle él no se lo negó en ningún momento. Aquel maldito le había causado mucho dolor. Suspiró y decidió eliminar la imagen. Siguió viendo imágenes y borrando todas en las que Enishi aparecía.
''ya sé que My lady esta triste, déjame'' escuchó Kaoru susurrar al pianista, en serio le estaba dando miedo el pelirrojo, parecía mirar en dirección a su sombra mientras seguía entonando a Beethoven. Volvió a concentrarse en su teléfono pero de vez en cuando miraba de reojo al hombre. Entonces vio algo que la dejó horrorizada e incapaz de articular ningún movimiento.
La sombra de aquel tipo había parado de tocar el piano y ahora se rascaba la nuca, mientras el hombre en ningún momento había despegado sus manos de las teclas ¿Cómo era eso posible? ¿No era eso una sombra? un terror que jamás había experimentado la abarcó todo el cuerpo. No, habrá sido su imaginación que le jugó una mala pasada, eso era imposible. Tal vez era por la luz de las llamas que no paraban de bailar lo que había ocasionado esa ilusión. Se aburrió del teléfono, busco en el bolso de nuevo y sacó un espejito de mano, se miró la cara, estaba horrible, después se miró la herida de su hombro, podía volver al baño de la planta de arriba y curarse, sería mucho mejor que seguir escuchando esa música que deprimía a los muertos.
Se levantó, tomo sus cosas y se dirigió al vestíbulo principal. El piano dejo de sonar.
-¿dónde va My lady?
-al baño, si no le importa.
El hombre volvió a tocar el piano, como si no le importara nada más. Kaoru frunció el ceño y salió de la habitación con su bolsito en las manos. Las luces ahora de toda la casa estaban encendidas. Cuando salió el piano paró y comenzó de nuevo a tocar, esta vez: Alessa's Harmony.
Kaoru frunció el ceño, el tipo lo hacía adrede se reía de ella. A ella siempre le habían asustado las películas de terror y los videojuegos, o cualquier cosa que tuviera que ver con lo paranormal. Era horrible subir por esas escaleras a oscuras con esa música de fondo.
Decidió subir de dos en dos los escalones, y cuando subió corrió hacia el baño como una loca, escuchó de fondo la risa divertida de aquel tipo de la planta de abajo. Se encerró en el cuarto de baño poniendo un mueblecito pequeño en la puerta rota. Se giró a mirar la bañera y vio que el brasero estaba encendido ¿Quién? ¿Cuándo? Tal vez ya estaba encendido cuando subió al primera vez y no se dio cuenta… abrió el mueblecito de madera blanca de al lado del espejo y vio unas cuantas gasitas pero nada de medicinas ni nada que se le pareciera. Kaoru encendió el grifo mojo una gasita y se limpió lentamente al retirar la sangre se alivió al comprobar que era mucho menos de lo que ella suponía, no iba a dejar cicatriz. Buscó un sitio para tirar la toallita con sangre pero no encontró lugar, alguien llamó a la puerta, su corazón se paró unos segundos.
-My lady… ¿se encuentra bien?
Kaoru se alejó de la puerta, era la voz del pianista pero… el piano de abajo no había dejado de sonar ni un minuto ¿Cómo era posible? ¿Había otra persona? ¿Con la misma voz?
-sí, si estoy bien no se preocupe.
-siento el comportamiento de antes… a veces soy algo… complicado… espero que no me odie.
-n-no, claro que no le odio…
-ah, cuanto me alegro. ¿Quiere que le traiga algo? ¿Quiere darse un baño? Puedo traerle ropa limpia si quiere… ¿o quizás tenga hambre?
Kaoru no pudo más y abrió la puerta de golpe, ¿qué era lo que pasaba en esa casa? Al abrir la puerta nadie había allí, no había nadie detrás de la puerta. ¿Con quién había hablado? El piano sonaba con ímpetu en la sala de música, Kaoru volvió a cerrar la puerta y se agachó abrazando sus rodillas y empezó a llorar apoyada en la bañera, tenía miedo, mucho miedo, no quería salir de ese cuarto, no quería volver a la sala de música.
Estuvo un rato así, hasta que logro tranquilizarse, el tipo del piano le había dicho que podía dirigirse a cualquier lado de la mansión, bien, intentaría ver por donde salir sin ser vista.
Se incorporó y tomo su bolsito, entonces se percató de algo: la gasita manchada de sangre que había usado para limpiarse no estaba, miró por todos lados y se encogió de hombros, tal vez se le habría caído y se hubiera metido por el recoveco del mueble del lavabo.
Abrió la puerta y para su asombro el pianista estaba esperándola fuera.
Era él, pues la música del piano había desaparecido hacia unos minutos, la miraba con otra cara diferente, algo ¿avergonzado? No supo definir la expresión de ese hombre. Realmente era atractivo, con ese cabello largo echado hacia un lado cayéndole por el hombro derecho hacia delante, con la yukata negra medio abierta mostrando su torso bien formado…
-My Lady… - dijo, rompiendo los pensamientos de Kaoru.- he sido un grosero con usted, mis más sinceras disculpas.
-sí, eso ya me lo había dicho…
El hombre miró de soslayo a su sombra, no sabía por qué tenía ese hombre esa manía extraña de mirar su sombra.
-bueno… tal vez le apetezca bajar a la sala de música, beber algo y charlar… ¿conmigo?
Kaoru se sorprendió de sí misma al asentir automáticamente. Salió del cuarto de baño y siguió a su anfitrión por el pasillo, al llegar a las escaleras, él, bajó un par de peldaños y le tendió la mano, para ayudarla a abajar como todo un caballero.
Al tocarle pudo notar un frio intenso, estaba helado. Apartó la mano. El semblante del pianista se tornó sombrío.
-lo siento My Lady, mi temperatura corporal es algo… distinta a la de los demás…
-¿distinta? No había escuchado nunca de un calor corporal así…
-soy… un caso… único… bueno hay pocos como yo… - le vio titubear y dudar la explicación.
-señor…
-Kenshin… Himura Kenshin.
-Kenshin… no me tiene que dar explicaciones si no quiere. – Dijo Kaoru volviendo a aceptar su mano – todo será acostumbrarse.
Le vio sonreír, tenía una sonrisa encantadora.
-sí, todo es acostumbrarse My lady
Bajaron las escaleras y se dirigieron a la sala de música cuando un gran aullido que provenía del más profundo del bosque llamó la atención de los dos, Kaoru vio por las vidrieras como una bandada de pájaros alzó el vuelo.
-¡Misao!
La joven se acercó al ventanal y apoyo ambas manos en el frio cristal. Miro por todos lados no había ningún acceso al exterior por donde pudiera salir.
-My lady tranquilícese, su amiga está bien.
-¡no!
Kaoru se volvió a mirarle, él la miraba con la boca entre abierta.
-¡deje de mentir!
-My lady… -dijo Kenshin alzando la mano para tocarla.
Kaoru echo a correr hacia la puerta de salida pero al forcejear con el pomo vio que seguía cerrada, volvió a girarse y lo encaró.
-¡psicópata!
-no- negó el hombre con la cabeza.
Kaoru corrió escaleras arriba de nuevo, recordó la ventana abierta del baño y se dirigió hacia la puerta del excusado a toda velocidad: puerta cerrada. ¿Cómo? ¿Cuándo? La puerta estaba rota… corrió hacia las demás puertas: todas cerradas.
Siguió por el pasillo hasta que vio una escalera a la derecha en forma de caracol que subía a una de las torres de la mansión, no había salida, giró su cuerpo en dirección contraria y vio al pianista que la esperaba junto a las escaleras.
-My lady- la llamó.
Kaoru no dudo en subir las escaleras de la torre, tenía que salir de allí como diera lugar, las escaleras eran estrechas, tomo rápidamente su teléfono y volvió a usarlo de linterna, al llegar arriba descubrió que las escaleras daban a una habitación de piedra, que simplemente tenían un ventanal sin cristal que daba a un balcón y un espejo de cuerpo, bastante antiguo. El aire del exterior golpeo su rostro y Kaoru respiro hondo. Miró toda la estancia sin ver nada interesante, se acercó al espejo, tenía un marco dorado y exquisito, pareciera haber salido del mismísimo palacio de Versalles, era digno de una reina. Si era tan antiguo como parecía debía costar una fortuna. Kaoru volteo su cuerpo para seguir investigando y se dio de bruces con Kenshin.
-My lady…
Kaoru grito aterrorizada ¿Cómo? No le había visto subir las escaleras, no le vio detrás de ella en el espejo, el espejo… Kaoru volteo de nuevo al espejo y solo se veía así misma, volvió a mirar al recién llegado y aún seguía allí, volteo al espejo y solo estaba ella.
-puedo explicárselo si quiere…
-no se acerque a mí –dijo la joven avanzando hacia atrás. Eso no le podía estar pasando.
-My lady por favor, no voy hacerla daño, mucho menos ahora que sé la verdad.
-¿qué verdad? – decía Kaoru mientras seguía avanzando hacia atrás, hacia el balcón.
-si vos me dejarais explicarme…
Kaoru ya había salido al balcón con aquel tipo extraño siguiéndola despacio, Kaoru notó algo duro detrás, la barandilla de piedra daba por finalizada su huida. No tenía escapatoria.
-es peligro –dijo el hombre tendiéndole su mano blanca- por favor, tome mi mano y venga conmigo a charlar.
-no –dijo Kaoru apoyándose en la barandilla- no se acerque más por favor.
-My lady…
-¡deje de llamarme así! ¡Déjeme ir!
-no, no me pida eso, no ahora que la he encontrado al fin.
Kaoru no entendió sus palabras ni entendió ese repentino cambio de actitud para con ella. Había pasado de ser un grosero déspota a un caballero galante, no estaba dispuesta a seguirle el juego. Se apoyó aún más en la barandilla, cogería impulso, lo empujaría y correría otra vez a las escaleras para ir hacia el pasillo de la derecha que aún no había explorado.
Pero su plan no contaba con que la barandilla estaba muy estropeada, cedió detrás de la muchacha y Kaoru se precipito al vacío, vio la expresión de horror de aquel hombre que corrió hacia ella para intentar alcanzarla, Kaoru supo que ese era su final, ella no tendría agua para amortizar su caída como Misao. Iba a morir en aquel lugar.
-¡My Lady!
Kaoru cerró los ojos esperando el impacto contra el suelo, pero a escasos metros de llegar al suelo algo detuvo el macabro final, tardo un poco en querer abrir los ojos, sentía dos brazos fuertes que la sujetaban, y la inclinaban un poco para que su cabeza recostara en el pecho de su salvador. Kaoru abrió los ojos despacio para encontrarse con unos ojos color ámbar que la miraban preocupado, era un muchacho pelirrojo, el color era puro fuego, mucho más vibrante que el de Kenshin, tenía el cabello sujeto a una cola de caballo bien alta y muy bien peinada, vestía como un samurái y su rostro… era el rostro que ella antes había admirado por su belleza, pero esta vez no había ninguna marca en forma de cruz en su mejilla. Si no fuera por eso, hubiera sido exactamente igual al pianista. ¿Un hermano gemelo? La voz del hombro la sacó de sus pensamientos.
-Kaoru-dono… -dijo con un deje de preocupación.
Era la misma voz, la misma voz que la de su captor ¿Qué era todo aquello? Entonces todo se tornó negro. Kaoru se había desmayado.
Abrió los ojos lentamente y le costó enfocar la vista, se llevó la mano a la cabeza recordando lo que había ocurrido y se incorporó lentamente, miró a su alrededor. Se encontraba en una habitación, tumbada en una cama enorme, con un colchón mullido y bien arropada por varios cobertores, la habitación con mobiliario muy al estilo aristócrata del siglo XIX le recordaba a la habitación de una princesa, iluminando la estancia había un par de candelabros de pie con unos cirios grandes. Un escalofrío le recordó la espalda, parecía un velatorio.
Recordó entontes el rostro de su salvador, y el corazón le empezó a bombear rápido. Había sentido algo al verle, recordó una extraña sensación que el embargó al mirarle a los ojos, como por fin, se sentía segura en esos brazos, aquella tormenta de sensaciones fue el detonante a su desmayo. Se maldijo a sí misma, había estado no se sabía cuánto tiempo en manos de aquellos tipos totalmente a su merced, podían haberle hecho cualquier cosa.
Se destapó un poco y observo como su ropa estaba intacta, entonces noto algo extraño, su herida del hombro había desaparecido, se tocó donde antes había estado aquel raspón sangrante, ahora solo había piel lisa y sana. Era imposible. ¿Cuánto tiempo había estado inconsciente? Un terror indescriptible la embargó.
Alguien tocó a la puerta y sin esperar respuesta entró. Era Kenshin, llevaba una bandeja de plata en las manos, la miró a los ojos mientras la puerta se cerraba tras de sí.
-My Lady ¿Cómo se encuentra? Le he traído algo de comer, seguro estará hambrienta.
Kenshin no obtuvo respuesta alguna de parte de Kaoru, la cual se había vuelto a tapar con la sabana y lo miraba con cierto temor. El hombre le puso la bandeja en la mesita de al lado de la cama.
-¿y su hermano? – dijo la Chica, provocando que el hombre la mirara sorprendido, parecía no entender.
-¿hermano? Madame no tengo hermanos…
-¿Cómo qué no? Yo lo vi, era exactamente igual a ti pero sin esa cicatriz, y sus ojos…. –Kaoru se sonrojo al recordarlo- eran distintos.
Kenshin vio como las mejillas se entornaban de un color carmesí que la hacían ver más encantadora de lo que ya era.
-no, no tengo hermanos, lo que vio usted fue lo que yo una vez fui hace mucho tiempo.
Kaoru lo miraba sin comprender. El hombre dudo unos instantes en como proseguir sus explicaciones. Mientras lo pensaba levantó la campana de plata que guardaba el interior la cena de su invitada: una vichyssoise, algo de frutas de temporada y un vaso de vino tinto.
-luego si tiene más hambre, le traeré más cosas. Hacía tiempo que no cocinaba, había olvidado lo divertido que era.
Kaoru lo observaba con detenimiento hacía tiempo que se había dado cuenta que algo no andaba bien en ese tipo, su cuerpo, aunque lo movía ligero y sin problemas había algo extraño en él, podía ver perfectamente a través de su piel pálida las venas de su sistema nervioso.
-Kenshin – le llamó. Vio que el hombre dio un respingo al escucharla entonar su nombre y la miró. – siéntate. – le dijo haciendo sitio en la cama.
Vio al hombre dudar unos instantes y como movió sus manos abriéndolas y cerrándolas nervioso por su extraña petición. Pero obedeció. Se sentó a un lado de la cama como si fuera un niño obediente. Entonces Kenshin notó la mano cálida de la mujer posarse sobre su cuello. Kaoru abrió los ojos como platos.
-no puede ser…
El pelirrojo sonrió al comprender.
-si…- dijo el sin más.
-no tienes pulso…
-no.
Kaoru se levantó de la cama y se alejó de él.
-no, no puede ser.
-My lady… - dijo Kenshin levantándose y acercándose a ella. Kaoru no se movió del sitio.-no estoy vivo, pero tampoco estoy muerto… no del todo.-dijo posando sus frías y mortecinas manos en los hombros desnudos de la chica.
-¿Qué eres…?
-soy una criatura condenada a vagar por los siglos buscando a la persona que puede hacer latir mi corazón otra vez. Soy un condenado, pero además soy el eslabón más bajo de los de mi clase.
-¿eslabón más bajo?-dijo Kaoru sin comprender.
La joven entonces noto otras dos manos que venían desde su espalda, acariciando su cabello, giró su cabeza para encontrarse a sus espaldas al samurái de ojos ámbar. ¿Cuándo había entrado a la habitación? Ahora se encontraba entre los dos hombres como si se tratara de un emparedado, se sentía que la miraban como si fuera un manjar a degustar entre los dos. El samurái tomó un mechón de cabello de la joven y se lo llevó a la nariz pera oler su perfume. Kaoru se derritió ante el gesto al mismo tiempo que los dos hombres se juntaban más a ella. Ya ni el aire podía pasar entre ellos tres, Kaoru tembló.
Kenshin tomó la carita hermosa de aquella joven y la giró para que sus ojos violetas pudieran contemplar sus hermosos ojos azules.
-My lady…
Kaoru suspiró, algo en esos ojos violetas habían cambiado, eran poderosos e hipnóticos, Kaoru sin saber porque se dejaba hacer. Mientras el samurái a sus espaldas había bajado sus manos y ahora rozaba sus pechos sobre el cuero de su corsé negro. No podía luchar, no podía moverse, estaba clavada en el suelo mirando los ojos del pianista.
-My lady… dejé hace mucho tiempo de buscaros, estaba cansado, creí no encontraros nunca. Me condenaron por amar a una mujer que no era para mí. No soy como los demás de mi especie…
El Samurái joven desde atrás, tiró de golpe y hacia abajo el corsé de cuero dejando los pechos generosos de la chica a la vista de Kenshin el cual se relamió los labios y tomó un pezón rosado entre sus dedos. Kaoru suspiró cuando el samurái empezó a besarla el cuello.
-soy un ser doblemente castigado, maldecido con una existencia vacía, condenado a sentir en mis huesos el frio amargo paso de los años en soledad, hasta encontrar a la persona que una mi alma a mi cuerpo de nuevo, la parte que fui alguna vez, el hombre que nunca debí dejar de ser.
El pianista dejo de hablar y se llevó el pezón que estaba torturando con sus dedos fríos a la boca, Kaoru se retorció entre los dos hombres. Tenía enfrente a Kenshin devorándole los senos mientras que el otro… ''Kenshin'' que parecía más joven que el anterior torturándola el cuello mientras una de sus manos vagaba libremente por su vientre en dirección a su intimidad. Y no podía luchar contra ello.
El pianista alzo su mirada para observar el rostro de la joven que lo miraba con una sombra de miedo y deseo en los ojos. Kenshin absorbió el pecho izquierdo, lo soltó dejando que botara libre para luego volver a introducírselo en la boca. Sus manos ayudaron a su compañero que se dirigía a la intimidad de la muchacha bajando el mismo los leggins estrechos de la joven al mismo tiempo que baja también el tanga color rojo. Delicioso.
Kaoru obedecía muerta de placer, primero levantó una pierna y luego la otra para quitarse la prenda. El Samurái desde atrás por fin tuvo acceso a la zona que quería explorar con su mano, metió el dedo corazón entre los pliegues de los labios vaginales buscando su clítoris, lo encontró y empezó a mover la yema del dedo con movimientos circulares suavemente, acariciándolo, haciendo que la joven se retorciera apoyando su peso en él favoreciéndole el acceso a su intimidad. El samurái dirigió una sonrisa a su compañero, el cual se la devolvió y asintió.
-¿te gusta lo que te hace Battousai?
-Ba… Battousai… - dijo Kaoru repitiendo el nombre, al fin sabia como se llamaba el otro tipo. Aunque no le parecía un nombre, más bien un apodo. Al pronunciar ella ese nombre escucho una risita de satisfacción proveniente del samurái.
-él es lo que yo fui en su día. –dijo el pianista abandonando los pechos de la joven para acercar su cara a la suya. Le rozo los labios con los suyos. Tomó la barbilla de la joven y la forzó a abrir la boca.
-saca la lengua preciosa. – Kaoru obedeció- buena chica – dijo el tipo al mismo tiempo que sacaba su lengua para juntarla con la de la joven.
A Kaoru jamás la habían besado de ese modo, no era un beso de un amante recatado, era más bien de un hombre hambriento por una mujer. Después noto como el samurái colocado a su espalda la tomo de ambos muslos, y la sujetó en el aire abriéndole las piernas. Dejando su intimidad expuesta a su compañero.
Kenshin bajó con una sonrisa torcida en su rostro y se quedó a la altura de su intimidad, sopló su aliento frio sobre el clítoris de la chica, la cual ahogo un grito al sentir el frio.
-si decides quedarte, prometemos hacerte esto todas las noches… por toda la eternidad.-decía mientras metía uno de sus dedos en la vagina de la chica, metiendo y sacando. La chica empezó a moverse al ritmo que marcaba el pianista mientras era besada en la boca por Battousai.
Kaoru se volvió a estremecer cuando noto un segundo dedo penetrarla al mismo tiempo que la lengua fría de aquel siniestro tipo empezó a lamerle el clítoris de abajo arriba como si fuera un helado. Intento separar su boca de Battousai pero este no le dejó, gruño con cierto enojo y la chica dejó de luchar.
El clímax estaba muy cerca, tenía a dos hombres para ella sola, gemelos, torturándola eróticamente, iba a ser el juguete sexual de esos dos especímenes, no estaba mal ¿Qué diría Enishi al verla así? Sonrió con malicia al mismo tiempo que besaba a Battousai con más ímpetu.
Kaoru abandonó por fin la boca del pelirrojo joven y apoyo su cabeza en el hombro del joven, para gemir a gusto, iba a estallar pero no quería, era demasiado pronto.
-Kenshin… métemela…
El pianista se detuvo y la miró sorprendido, Battousai sonrió satisfecho.
-me estas pidiendo algo peligroso mi amor.
Kaoru lo miró sin comprender. Mientras Kenshin se incorporaba y acercaba su boca al cuello de la joven.
-si quieres que entre en ti –dijo mordisqueando su oreja – si quieres que me acueste contigo, tienes que darme algo a cambio…
-¿algo a cambio? –dijo Kaoru sin entender.
Kenshin volvió al cuello de la joven y lo lamió impetuoso, como si el cuello de Kaoru fuera ambrosia para él. Kaoru entonces lo entendió, siempre había tenido miedo a las historias que contaban en las fiestas de pijama sobre fantasmas, hombres lobo y vampiros. Un hombre que no tiene pulso, un hombre que no se refleja en los espejos… el mismo hombre que le estaba lamiendo el cuello preparándola para una mordida. Kaoru desvió su mirada a Battousai el cual no había dejado de observarla. Esos ojos ámbar que la llevaban a la locura y los ojos violetas hipnóticos de Kenshin… eran vampiros. Algo en ella estallo en su interior, el conjuro del vampiro se había roto. La cordura volvió a Kaoru que empujo con todas sus fuerzas al ser blanquecino y se zafó con violencia de ese tal Battousai.
-¡monstruos!-dijo Kaoru tapándose como podía los senos y su intimidad mientras retrocedía hacia la puerta.
El pianista volvió entonces a su semblante déspota y se colocó la Yukata.
-todavía no lo has entendido My lady. No somos monstruos, soy ''el monstruo''-dijo Kenshin para luego señalar a Battousai. – él y yo somos el mismo.
Dicho esto Battousai empezó a desvanecerse volviéndose casi trasparente, para luego volverse negro totalmente y volver a los pies de su amo, era la sombra de Kenshin.
Kaoru se cayó al suelo de la impresión que le dio contemplar aquella escena, y se echó a temblar.
Kenshin se dirigió a la cama para coger un cobertor, se lo echo por encima a la joven y se agachó junto a ella.
-voy a ser sincero contigo muchacha, me pidieron el favor de cuidar de ti, porque tu amiga Misao tiene un…. Enamorado un tanto especial.
Kaoru se cubrió con la manta y lo miró atónita ¿enamorado dice?
-Quería quedarse a solas con ella y tu… pues eras un daño colateral en sus planes, asique me pidió que cuidara de ti hasta que la noche acabase, para después, volvieras al pueblo cuando fuera menos peligroso para una muchacha en el bosque. Nunca me han gustado las personas, mucho menos las mujeres tan bonitas como tú. – Vio que la chica se sonrojaba - no me acerco porque no sirve de nada enamorarse de una humana si no es tu elegida.
-¿elegida? –dijo Kaoru apretando la manta contra si misma sin entender nada. Mientras Kenshin volvía a incorporarse y empezaba a andar por la habitación de un lado para otro pensando en las palabras que tenía que decir.
-mi último año de vida, fue durante el Bakumatsu- vio a la joven parpadear varias veces incrédula – yo era joven y creía que tenía la razón absoluta, y luchaba por una buena causa, me alisté al ishin shishi -pausó la charla y tendió su mano a Kaoru la cual la aceptó y se puso de pie usando la manta a modo de vestido, Kenshin volvió a caminar sobre la habitación y prosiguió el relato- me enamore, me enamore de la hija de un partidario al shogun llamada Tomoe, era la mujer más hermosa del mundo y era la belleza clásica de aquel entonces, callada, recatada… sumisa. –Paro su relato y observó a la muchacha que tenía en frente – nada que ver con las muchachas de ahora que van mostrando lo que tienen – vio que Kaoru se puso roja de la rabia mientras fruncía el ceño – en mi mente de adolescente me inventé una historia romántica con ella. Aunque nunca hablamos. Morí de celos al saber que la iban a casar con otro tipo. Akira Kiyosato fue mi sentencia al infierno. Al intentar matarlo para quedarme con Tomoe caí en una trampa, un centenar de hombres se abalanzaron sobre mí.
-¿centenar? ¿Tantos?
-digamos que… me tenían miedo, no me extraña mate a más de la mitad incluyendo a Kiyosato – dijo con sorna- me dieron por muerto-dijo mientras se deshacía de la parte de arriba de la yukata mostrando a Kaoru sus cicatrices que surcaban todo su musculoso torso, la muchacha se llevó la mano a la boca – fue una carnicería lo que hicieron conmigo pero… tuve la suerte… o más bien la desgracia de estar en el camino de mi Sire esa noche.
-¿Sire?
-Sire es el vampiro que convierte otro en vampiro. Sintió compasión de mí y me otorgó el regalo de la eternidad. Durante un año me estuvo instruyendo en las leyes y normas vampíricas, pero una noche me escapé. No aguantaba más sin ver a mi Tomoe, fui directo a ella, quedó blanca del susto al verme. Ingenuo de mí pensé que era por timidez. Le dije que había ido a por ella, tanto se asustó que decidió suicidarse delante de mí. Le ofrecí mi sangre para convertirla y que fuera mi compañera eterna. – Kenshin paro su relato.
-¿y? – animo Kaoru a proseguir el relato.
-me la escupió a la cara. Murió aborreciéndome, de ahí viene mi segunda maldición. Sire se enfadó tanto conmigo que separo mi alma de mi cuerpo, para que sintiera la angustia eterna del vacío. No siento, no noto el calor, no siento amor… por eso, me di por vencido de encontrar a la elegida.
-¿Qué es la elegida?
-todos los vampiros, tenemos una esposa destinada. Los vampiros no podemos convertir a mujeres en vampiros, por eso son pocas las vampiresas, solo podemos convertir a hombres. Pero hay una excepción: la elegida. Su sangre es diferente a las demás. La comida humana nos sabe asquerosa, a fango. Nuestro metabolismo solo puede ingerir líquidos por eso bebemos sangre entre otras cosas. Pero... la sangre de la elegida… sabe y huele a la comida favorita del vampiro en cuestión. Es una sangre poderosa que hace que el corazón lata y la sangre vuelva a circular por el cuerpo y podamos…
Kaoru lo miró sin entender arrugando la nariz hasta que lo entendió.
-¿no puedes tener relaciones sexuales con mujeres? – le vio asentir.
-no, no puedo. Se le llama la maldición de Lilith. Ella maldijo a los hombres de la especie. No podemos estar completos sin nuestra elegida, la que nos da calma en todos los aspectos. Por eso los vampiros sin alma solemos aparecer atacando a mujeres en los cuentos y películas. No es que seamos asesinos, simplemente buscamos a nuestra pareja. Los vampiros que si tienen alma las encuentran fácilmente, por los sentidos que ellas despiertan. Pero al no tener un alma… no siento nada, solo podría averiguarlo tomando sangre de todas las mujeres que se me cruzaran en el camino y eso llamaría la atención de los humanos y estaría rompiendo la primera norma de todo vampiro: ser discreto. Acabaría en un juicio vampírico, créeme eso sí que da miedo y seguramente acabaría sentenciado a la entrega del sol.
-¿entrega del sol? Quieres decir que si el sol te toca…
-sí.
Kaoru sintió mucha pena de aquel hombre… entonces recordó algo.
-espera… dijiste que si me quería acostar contigo tendría que darte algo y estuviste a punto de morderme el cuello ¿crees que yo puedo ser esa elegida tuya?
-no lo creo, lo afirmo- dijo sacando la gasita que había usado para limpiarse la herida.- mi sombra que es mi alma, me entrego la gasita que te había robado del baño, es más sensitivo que yo que soy solo el cuerpo. Probé tu sangre y note el primer latido de mi corazón desde hace casi ciento cincuenta años. Sabes a melocotón, llore al recordar ese delicioso sabor. Después cuando lamí tu herida para curártela mientras estabas inconsciente tuve una erección.
Kaoru se puso roja.
Fue placentero volver a sentirme hombre. Estuve a punto de violarte mientras estabas inconsciente pero mi alma, me detuvo.
La sombra volvió a salir del suelo y el joven Kenshin volvió a aparecer.
-Kaoru-dono, usted es la única que puede unirnos.
Kaoru negó varias veces y se dirigió a la puerta.
-lo siento, eso que me pides no puedo… - dijo saliendo por la puerta.
Enrollada con la manta en el cuerpo se dirigió a las escaleras, mientras las bajaba escucho gritar al vampiro.
-¡¿piensas condenarme a una eternidad de soledad?! ¡Kaoru vuelve aquí!
Kaoru corrió a la sala de música y se encerró en ella, al menos esa enorme puerta de roble se lo pondría difícil para pasar. Al girarse vio que en el sofá había una yukata blanca masculina se acercó a ella y la tomó. Sentía el calor volver a su cuerpo al estar de nuevo al lado de la chimenea. Se llevó la prenda a la nariz, olía a hombre. Olía a él… se quitó el corsé que llevaba desde hacía tiempo a modo solo de cinturón.
-si quiere puedo ayudarla… - escucho decir a sus espaldas. Al voltear vio a Battousai sonriéndola. Se tapó de nuevo con la manta– no me tenga miedo, yo no la quiero lastimar. Le preparé esa prenda después de que se desmayara para cuando despertara se pusiera más cómoda…
-pero el otro si, ¿verdad? El ''cuerpo'' si me quiere lastimar.-dijo cortando el parloteo del muchacho.
-no, tampoco, solo es que se siente desesperado. Ahora mismo está detrás de la puerta esperando a que usted quiera recibirlo. Entienda que sin mí, solo es un cuerpo lleno de angustia y vacío.
Kaoru tocó con su mano temblorosa la mejilla del chico y este suspiró ante el contacto y puso su mano masculina sobre la suya. Kaoru pudo notar los callos de las manos del joven por sujetar tanto la espada.
-¿Por qué puedo tocarte si eres un alma?
-solo tú puedes hacerlo, puedes verme tal como soy, pero no puedo permanecer mucho en estado físico, lo que hay detrás de la puerta es mi propio cuerpo reclamando por ti.
-os tengo miedo… - la chica se sinceró.
-lo sé, pero… por favor danos una oportunidad. Llevo solo mucho tiempo. Después de la muerte de Tomoe y de que mi Sire nos partiera en dos. Huimos de Japón y viajamos por toda Europa conociendo y aprendiendo nuevos idiomas y otras culturas, en Hungría conocí a Erzebeth una vampiresa centenaria la cual me enseño muchos trucos y a aprender a sobrellevar la soledad. Ella perdió a su pareja hacia mucho. Nos hicimos compañía mutuamente casi veinte años. Pero no podíamos estar juntos en un aspecto carnal. Ella podía estar con otros hombres, las elegidas cuando pierden a su pareja pueden volverse súcubos al ver que ya no tienen una atadura y pueden mantener relaciones sexuales con quienes quieran. Me volvía loco de la envidia cuando la oía gemir por el placer de estar con un hombre en la cama, mientras yo leía o intentaba leer a Allan Poe. Solo quiero que por un momento intentes ponerte en mi piel.
Kaoru dejó caer la manta al piso quedando totalmente desnuda ante él. El cual la miró con anhelo en sus ojos.
-¿esto es lo que quieres? Mi cuerpo y ya está.
-no, si… eres todo tú lo que deseo. No hay palabras para explicártelo.
Battousai tomó la yukata y la ayudo a ponérsela, después, le indicó el lugar donde había dejado unas sandalias que le estaban un poco grandes.
-en esta casa no hay nada femenino, lo siento.
-no lo tienes que jurar – dijo Kaoru con sorna. Aquel lugar necesitaba un toque femenino con urgencia.
-podías ayudarnos a darle otro toque… si te quedas…
-no puedo, tengo mi vida. Yo….
-está bien, lo entiendo. Te dejaremos sola entonces, me llevare mi cuerpo lejos de ti, descansa en esta estancia si quieres.
El corazón de Kaoru le golpeó fuerte en el pecho, se sentía abandonada al verle marchar desvaneciéndose, era más doloroso de lo que había sentido alguna vez. Tal vez lo que ese vampiro no supera es que la elegida también siente una extraña sensación al estar al lado de la pareja. Corrió hacia la puerta y en el vestíbulo ya no había nadie.
-¿Kenshin? ¿Kenshin dónde estás?
-¿My lady?
Kaoru volteo y Kenshin estaba detrás de ella donde justamente hacia un momento no había nadie.
-Kenshin quiero hablar contigo.
El vampiro asintió y pasaron a la sala de música, Kaoru se acercó a la barra del bar.
-¿en qué puedo servirla?
-como… ¿Cómo se hace? ¿Cómo se juntan un alma y un cuerpo?
Vio un deje de esperanza en sus ojos violetas.
-Tiene que ofrecerme su sangre, el corazón empezara a latir en mi cuerpo y mi alma regresara a mí.
¿Así de simple? – Le vio a asentir – sí, mi Sire me maldijo a vivir sin sentimientos, y solo puede ser roto el hechizo con sangre de la elegida, pero como al no tener alma encontrarla, se hace imposible… supongo que quería que me desesperara y acabara yendo matando jovencitas buscándote desesperado. Y que me condenaran a muerte. Pero opte por vivir encerrado aquí después de mis aventuras europeas. Alimenté la idea de que la mansión estaba embrujada, los niños ni nadie se acercan ya aquí. Luego conocí al señor del bosque y me hice amigo suyo, el tipo esta tan solo como yo…
-¿señor del bosque?
-ya lo conocerás, es un tipo bastante encantador cuando quiere pero… - Kenshin calló cuando la mano de Kaoru le condujo hacia el sofá y le indicó que se sentara a su lado.
La chica se abrió un poco la yukata dejando su cuello al desnudo, vio que el vampiro trago en seco.
-¿segura?
-solo un poco, rompamos el hechizo.
Kenshin se lamio los labios y se fue acercando abriendo la boca y mostrando sus afilados colmillos.
-¡espera!¿sabrás cuando parar?
Vio asentir al vampiro y acto seguido la mordió. Kaoru ahogo un gritito, no era de dolor era una sensación extraña, sentía una gran presión en su cuello y notaba la lengua de Kenshin lamer la sangre que se escurría para abajo. Entonces una luz tenue y azulada envolvió al vampiro la sombra de Kenshin fue absorbida por el cuerpo del vampiro el cual fue tomando color en la piel y su cabello fue tomando el rojo vibrante como lo fue cuando estaba vivo. Al separarse, Kaoru contempló un hombre nuevo: la madurez del hombre del piano, pero el color sano de piel de Battousai, y su cabello rojo fuego, un hombre maduro pero joven ahora la sonreía. No había rastro de sufrimiento en esos ojos violetas.
-Kaoru-dono… gracias. –dicho esto se volvió a sentar recostándose en el sofá aliviado.-mire, toque aquí.
La mano del hombre condujo la mano de la chica a su pecho, Kaoru noto un corazón latir debajo de la piel.
-late…
-sí, gracias a usted – dijo mientras la besaba en la mano.
Kaoru se removió algo inquieta. Aquel tipo era la mezcla justa de los dos que había conocido antes, ahora parecía más alegre y amable, era hermoso, guapo… era su tipo.
-¿Kenshin ahora puedes hacer vida normal?- le escucho reírse.
-no, sigo siendo un vampiro, el hombre que Seijuro Hiko convirtió. Vuelvo a ser yo mismo, pero sigo necesitando a alguien a mi lado, no quiero pasar la eternidad solo.
-oh… intentaras buscar… ¿a otra?
-¿Qué otra Kaoru-dono? Solo hay una elegida y esa eres tú, no pienso renunciar a ti.
Esas palabras hicieron feliz a Kaoru pero también la atemorizaron. Había salido hacia poco de una relación que ella creía que dudaría siempre, y ahora se encontraba que se estaba olvidándose completamente de Enishi. Volvió a removerse en el sofá.
-¿Qué ocurre Kaoru-dono?- el vampiro se acercó a la joven inclinándose hacia ella para olisquearla.
Kenshin cerró los ojos, si, era su esposa destinada, ahora que podía olerla, ahora que los sentidos del olfato y el tacto habían vuelto a su cuerpo, toda ella le pertenecía. Su cuerpo había estado ciego pero su alma reconocería a su media mitad de cualquier manera.
-entiendo – dijo Kenshin por fin.
El vampiro metió una de sus manos por la yukata de la joven y le tocó su parte intima, Kaoru avergonzada intento sacarle la mano. Pero no consiguió moverle ni un ápice, era muy fuerte. Sacó la mano y lamio la esencia de su joven amada.
-si… he sido malo… te deje al borde del orgasmo, ahora lo recuerdo. Soy un hombre malvado, perdóname.
Kaoru frunció el ceño, lo pervertido de aquel tipo no había cambiado, es más, se había multiplicado por dos. Veía como el vampiro seguía relamiéndose por su esencia. Después el hombre se inclinó sobre ella y le susurró al oído.
-¿quieres que vuelva a lamerte ahí abajo?
Kaoru se incorporó alejándose de él pero otra parte de ella le gritaba un ¡SI! En su interior que la asustó.
-te he dado mi sangre como un favor, no esperes más de mí.
Vio como el vampiro se levantaba y volvía a despojarse de su parte de arriba dejando sus pectorales libres y a la vista. Kaoru trago en seco cuando él, tomo de nuevo su mano y se la llevó al pecho.
-en serio ¿no quieres disfrutar de mí? ¿No te das cuenta Kaoru, que soy tu esclavo?
La atrajo con fuerza hacia él y sus manos la apretaron desde las nalgas para que no huyera de él, Kaoru gimió al notar el miembro erecto de su compañero. El sonrió y empezó a frotarse contra ella.
-me siento vivo de nuevo y esto, es gracias a ti.- dijo antes de robarla un beso.
Kaoru no pudo más y se dejó llevar por aquel calor que la consumía hasta los huesos, se sentía mareada tal vez por la pérdida de sangre, tal vez por el cumulo de emociones, tal vez por todo.
Fue ella misma la que se quitó la yukata enfrente de él y fue ella misma la que le ayudo a él a desvestirse. Las llamas de la chimenea eran las únicas testigos de aquella muestra de pasión entre dos personas que eran dos desconocidos entre ellos a penas hacia unas horas y que se habían encontrado para ser el bálsamo de cura del otro. Kenshin recorría con sus manos la frágil y bonita espalda de Kaoru, bajaba a veces las manos hasta las nalgas y las apretaba, mientras seguía sin abandonar los labios que lo estaban mortificando.
Kaoru recorrió los músculos del pecho y del abdomen, era delgado pero tenía una figura envidiable, era rudo, y se veía salvaje. Sus caderas escurridas apuntaban hacia el pecado, gemía cada vez que el movía las caderas para que sintiera como la tenia de dura.
-Kaoru… - gimió él antes de dejar su boca y bajar por su cuello y pecho sembrando besos abrasantes. Se colocó de rodillas ante ella.
Kaoru miró el techo ahogando un gemido cuando metió su lengua entre los pliegues de su vagina, coloco una mano en el cabello del pelirrojo y se lo enredó entre los dedos, esa lengua experta sabia como hacerla temblar del gusto. Kaoru cerró los ojos mientras escuchaba como la lengua chocaba con su carne, como succionaba, como la lamia… era una tortura.
Entonces recordó algo importante, y abrió los ojos para observarle, el vampiro concentrado en volverla loca estaba haciendo un gran esfuerzo, Kaoru miró como él se llevaba la mano de vez en cuando a su miembro erecto y se lo acariciaba, tenía que dolerle, ¿Cuántos años había dicho que había estado sin una mujer? No podía ser tan egoísta.
-levántate Kenshin –dijo apartándose de él.
-¿he hecho algo mal? – dijo Kenshin preocupado.
-he dicho que te levantes – dijo ayudándole a incorporarse para empujarlo y sentarlo sobre el sofá. Se colocó a su lado y lo beso mientras llevaba su mano derecha a la erección de Kenshin, el cual al notar la mano de la chica dio un respingo sorprendido.
-déjate hacer, vas a ver lo aburridas que son las chicas sumisas y calladas. –dijo mordiéndole los labios. El sonrió con malicia. Estaba celosa de lo que le había dicho de Tomoe.
Kenshin dejo la mente en blanco cuando su pareja empezó a masturbarle, echo la cabeza hacia atrás y se dejó hacer. Los movimientos de Kaoru lo estaban llevando a la locura, quería agarrarla e hincarse en ella. Las manos de Kaoru lo soltaron y el gruño como un animal herido.
Vio a Kaoru ponerse de pie y ponerse a horcajadas sobre él, se colocó el miembro en su entrada y empujo hacia abajo, vio como el vampiro enseñaba los dientes y colmillos gimiendo de gusto.
Kaoru subía y bajaba con un ritmo loco, mientras el vampiro le mordisqueaba y succionaba los pechos. Kenshin vibraba con los movimientos de aquella amazona pero quería más. Con una fuerza descomunal agarró a Kaoru sin salir de ella y la tumbó sobre la moqueta. Empezó a embestir con fuerza.
-mía…. Eres mía…. –dijo mientras sus ojos se volvían ámbar.
Kaoru se retorcía debajo de él, le agarró y le clavo las uñas en el trasero empujándolo más adentro de ella, quería sentirlo completo. Kenshin sonrió.
-¿te gusta sentirla entera? ¿Tanto te gusta mi polla?
Kaoru se moría de la vergüenza pero asintió mordiéndose los labios, ese sinvergüenza hacia que ella misma exigiera las cosas que jamás se le hubiera ocurrido hacer con sus anteriores parejas. Las embestidas fueron volviéndose más rápidas. Kaoru no veía nada más que a ese ser perfecto empujando hacia ella mientras su cabellera roja estaba totalmente enredada y despeinada. Entonces Kaoru gimió y se arqueó, se estaba corriendo. Kenshin noto las piernas de Kaoru temblar mientras su interior se contraía contra su pene, eso fue lo que le llevo al máximo. Se corrió dentro de ella y mientras lo hacia la besó con ansias buscando su lengua mientras le daba pequeñas embestidas para que terminara de salir todo el semen.
Se separó de ella y la contempló, tenía el cabello negro esparcido alrededor de su cabeza, sus ojos azules estaban vidriosos y nublados por el placer a la cual le había sometido. Sus pechos generosos subían y bajaban en compas con su respiración. Sonrió satisfecho, era la muchacha más bonita y más amable con la que había estado y era su elegida, su esposa destinada.
-My lady… quédate conmigo, te cuidare para toda la eternidad. Lo prometo.
Kaoru desvió la mirada, no sabía que decir después de haber echado el mejor polvo de su vida ¿gracias? Se quedaba corto, pero lo que él le pedía… era matrimonio. Pudo ver el semblante triste del vampiro que se levantaba del suelo.
-piénsatelo hoy, cuando caiga el sol vendré y te hare la misma pregunta.
-¿y si mi respuesta es no? – se atrevió a preguntar.
-entonces al día siguiente cuando se vaya el sol… te hare la misma pregunta.-dijo mientras se terminó de poner la yukata negra. Kaoru que también se estaba poniendo la Yukata blanca lo miró horrorizada.
-me dijiste que al salir el sol era libre.
-obvio que mentí para que te tranquilizaras, mi alma ya me estaba comiendo la cabeza mientras tocaba el piano de que tú eras la chica soñada tantas veces por las dos partes de mi ser. He probado tu sangre, he probado tu cuerpo. No pienso dejar que te alejes de mí. Para mi eres el tesoro más preciado que tengo.-dijo kenshin acercándose a ella y le beso la frente – va a salir el sol en apenas una hora y tengo que bajar al sótano a esconderme. Estoy deseando mostrarte mi cuarto. Si quieres puedes indagar el resto de la mansión, la puerta que hay detrás de una de las escaleras a la izquierda, es la cocina, ahí hay de todo para que te alimentes, también hay un televisor pequeño para que no te aburras mientras me esperas. Espérame aquí iré a por unas cuantas cosas que pueden interesarte.
El vampiro salió de la habitación de música dejando a una Kaoru pasmosa y asustada. Al recomponer la compostura salió al vestíbulo en su busca pero ya se había ido. Le había dicho claramente que era su rehén y que o lo aceptaba o lo aceptaba.
Se había dejado seducir por aquel tipo solitario, quería ser ella la que calmara su soledad pero no calculó el precio a pagar. Se llevó las manos a la cabeza totalmente desesperada.
-tengo que salir de aquí…
'ven'
Escuchó una voz extraña que venía desde detrás de la puerta grande que había en el vestíbulo entre las dos escaleras de mármol. Al abrirla descubrió la biblioteca. Antes todas las puertas estaban cerradas, pareciera que Kenshin al fin la dejaba realmente cotillear por todos los sitios de su hogar. De nuevo la voz profunda que le había parecido oír volvió a aparecer, Kaoru miró a todos lados pero no encontró a nadie.
'nunca más'
-¿nunca más? – Kaoru miró a su alrededor pero no había nadie.
'nunca más'
Entonces Kaoru recordó que Kenshin le había mencionado su gusto por Allan Poe, y todo aquello le recordaba al relato de El Cuervo, de ese mismo autor, buscó el libro por todos lados, cuando dio con él lo quitó de la estantería pero no pasó nada.
-¿es esto? – dijo sin saber muy bien a quien le hablaba mostrando el libro.
'nunca más' volvió a repetir aquella voz masculina
La chica abrió el libro buscando el relato. Cuando lo encontró leyó la última parte del cuento. Donde el cuervo se quedó parado para siempre en el busto de palas. Kaoru miró hacia la izquierda de una de las estanterías donde había busto pequeño de una diosa griega, le había llamado la atención al entrar, pues no había otro elemento de decoración en aquella sala. La joven movió el busto y se accionó un resorte, moviendo una de las estanterías. Al acercarse Kaoru pude ver una especie de cueva.
'huye' volvió a decir la voz.
La chica entro al pasadizo y la estantería volvió a su sitio. Antes de que se cerrara por completo pudo ver a un hombre de cabello negro largo con una capa blanca y roja que la miraba con una cara burlesca. Vagó por aquel oscuro lugar cerca de veinte minutos que se le hicieron eternos, se estaba arrepintiendo de aquella decisión, había olvidado su bolso con sus cosas incluido el teléfono. Al caminar un rato más, vio una luz al final del túnel. Estaba salvada. Salió al exterior de la mansión, al lado del puente de piedra por donde había caído Misao. La noche se estaba yendo y ella tenía que alejarse lo antes posible, aun podía Kenshin salir a la calle. Dio un paso hacia el puente de piedra cuando escucho un grito desgarrador dentro de la mansión. Era la voz de Kenshin.
-¡KAORU! – al son de ese grito Kaoru pudo ver como los cristales de la casa explotaron.
Kaoru cerró los ojos y echo a correr como una loca, atravesó árboles y charcos, vio a lo lejos el claro donde junto a Misao habían sido atacadas por aquel lobo negro. Estaba cerca del coche de su amiga. Cuando lo tuvo localizado aceleró la carrera, se metió dentro de él e intentó arrancarlo, las llaves seguían puestas en el contacto.
El motor sonó gripado en los dos primeros intentos.
-vamos… vamos…
Kaoru volvería al pueblo si ese puñetero auto conseguía arrancar y pediría ayuda a la policía para buscar a Misao. El coche por fin arrancó.
-¡Aleluya!
Entonces Kaoru diviso una figura cerca del coche: Misao
-¡Misao! – Dijo Kaoru saliendo del auto.- ¡creí que te había perdido para siempre!
Vio a su amiga echarse a llorar. Estaba medio desnuda con una camiseta negra de tirantes masculina y llena de barro hasta las cejas. Pobrecita.
-Kaoru, ¿Qué haces con una Yukata? ¿Y tú disfraz?
-¿y tú?.. ¿Por qué estas desnuda? ¿De quién es esa camiseta? ¿Y porque estas rebozada en barro?-dijo mientras veía a su amiga que parecía recordar algo
-súbete al auto Kaoru ya tendremos tiempo de explicaciones, tenemos que salir de aquí lo antes posible.
Ambas mujeres subieron al auto, esta vez conducía Kaoru que era la que llevaba calzado. Metió primera y le piso el acelerador a tope, saliendo el coche despedido, dio un giro brusco en dirección al pueblo.
El sol salió entre las montañas.
Ambas se mantuvieron en silencio durante el trayecto, dejaron el bosque atrás, mirando de vez en cuando a los árboles que ya estaban lejos esperando ver a alguien que nunca apareció. Ambas tenían mucho que contar pero ninguna de los dos admitiría jamás, que en ese bosque, ambas, dejaron abandonado su corazón.
¿FIN?
Si queréis una continuación, hacédmelo saber con vuestros reviews. gracias.
LadyMukuge.
