Capítulo 2: Una isla sin hombres

Cuando los Mugiwaras se adentran en la isla, pueden observar un pequeño pueblo con varias tiendas y casas. Todas las casas estaban construidas en madera y eran bien pequeñas. A lo lejos se podía observar una posada de dos niveles y una fuente de agua en el medio del pueblo. En la fuente había una estatua de un hombre fuerte con una pala, esta estatua tenía una inscripción: ´´El gran tesoro, está más allá de lo que puedas imaginar``.

Mientras todos se adentraban en el pueblo, se sentía la suave brisa del mar rozando sus mejillas y el olor a tierra mojada se percibía en toda las isla. Los niños jugaban a los alrededores, las mujeres estaban sacando agua de los pozos y los animales jugaban junto con los pequeños.

El ambiente se percibía como una ciudad bastante tranquila. Lo que más sorprendía era aquella campana que estaba a lo lejos. Una campana que estaba en la cumbre de la biblioteca, de color dorado que brillaba junto con el resplandor del sol.

— ¡Que linda ciudad! –espero que podamos equiparnos bien aquí –exclama Nami —Chicos nos dividimos aquí y nos reunimos en 3 horas en aquella posada al lado de la fuente. Tal vez ahí podamos pasar la noche, mientras tanto yo investigaré. Sanji acompaña a Zoro y busquen comida.

— ¿Y el Sake? –pregunta Zoro interrumpiéndola.

—Sí, y el Sake –contesta Nami cerca de perder la paciencia —Luffy ve con chopper y busquen donde puedan vender cola para el barco. Usopp tú vendrás conmigo, necesito que me ayudes a cargar ropa.

— ¿Que? –exclama Usopp —Pero ¿por qué no vas con Robin? Un momento, ¿y Robin?

Ni siquiera se habían dado cuenta de que Robin había desaparecido de repente. Como ya la conocían, seguro se había ido a explorar en la isla y se reuniría con ellos en el punto de encuentro. Aunque no podían evitar estar un poco preocupados.

Todos los Mugiwaras se separan para explorar la isla y buscar lo que Nami les había encargado. Nami encuentra varias tiendas en las que puede comprar ropa a buen precio, pero aun así les hace bajar los precios hasta hacer que sean casi gratis. Por otro lado, Luffy y Chopper en vez de buscar la cola para el barco, perdían el tiempo viendo las baratijas de una tienda y los juguetes que vendían.

Mientras tanto Sanji y Zoro.

— ¿Por qué rayos me tienen que poner contigo? Solo lo hago porque Nami-San me lo pidió. Pero jamás elegiría estar contigo, estúpido Marimo –expresa Sanji mientras mira con ira al espadachín.

—Sigue hablando porquerías cocinero inútil, solo vine por el sake –le contesta.

— ¿Sake es los único que sabes decir? Ya me harté. Hay que separarse, mira aquella tienda a tu derecha que dice Sake en el letrero, compra algo y espérame allí –exclama Sanji.

— ¡Bien! –le responde.

— ¿Adónde rayos vas? –pregunta Sanji al ver a Zoro que continua siguiéndolo.

—Te dije que a comprar sake –contesta.

—Y yo te dije que es en aquella dirección estúpido espadachín –gritó Sanji apuntándole a Zoro al lado contrario que él había tomado.

Mientras Zoro continua buscando el Sake por todas las tiendas menos la que Sanji le apuntó; el cocinero está buscando los mejores pescados y la mejor carne en una pequeña tienda del pueblo.

Después de un largo rato, Sanji ya ha almacenado en bolsas todo lo que desea comprar y procede a dirigirse a la posada.

Acordado el tiempo en el que se juntarían, Sanji se reúne junto con Nami y Usopp en la posada al frente de la fuente, en el centro de la ciudad. Era una casa bastante grande y de dos niveles, que tenía un bar y restaurante en la entrada. Ellos toman asiento mientras esperan a los demás.

—No puedo creer que dejaras que Zoro se perdiera –exclama Usopp mientras señala a Sanji.

—El marimo no me quiso escuchar y tomó su propio camino, ¿Qué quieres que haga? –contesta Sanji.

—Ya llegamos chicos y miren a quien nos encontramos de camino –exclama Chopper entrando a la posada mientras acompaña a Zoro y a Luffy.

—No encontré Sake –exclama Zoro.

— ¡Es que no piensas en más nada! –le grita Usopp —En fin, tenemos que esperar a Robin, es la última que falta. Mientras tanto déjame pedir algo de comer y un par de habitaciones.

— ¡Buena idea! Déjame hacerlo yo –exclama Nami mientras se acerca al mostrador para hablar con la señora de la recepción.

—Bienvenidos, teníamos mucho tiempo que no teníamos visitas. Mi nombre es Sanae, soy la dueña de esta posada –exclama la señora que aunque es la dueña del local, parece bastante joven.

—Encantada Sanae, me llamo Nami. Queríamos reservar un par de habitaciones, somos 7 en total. Una para damas y otra para los monos salvajes que andan conmigo –conversa Nami con Sanae.

—Hey, hey, ¿a quién llamas mono? –contesta Chopper, siendo el menos indicado para contestar esa expresión.

—Y comida Nami, me muero de hambre –expresa Luffy.

—Y Sake –exclama Zoro.

—Luffy, te dije que compraran cola para el barco y tú y chopper decidieron comprar juguetes. ¿Qué pensará Franky cuando se entere? –exclama Nami.

De repente una chica abre la puerta y lentamente entra a la posada. Era una chica hermosa de tez blanca y cabellos castaños. Sus ojos eran azules y ella tenía baja estatura y un cuerpo delgado pero delicado. Su nombre es Jenny, la hija de Sanae.

—Llegas tarde querida, necesito ayuda. Tendremos unos huéspedes esta noche –le comenta Sanae.

—Está bien mamá, disculpa la demora –le contesta.

—Saluda a los invitados –exclama Sanae.

—Hola, soy Jenny –le contesta haciendo una breve reverencia —Es un gusto tenerlos de huéspedes, permítanme un momento mientras les traigo buena comida y unas copas de sake.

—Sanae-san quiero preguntarle algo que me ha intrigado mucho –pregunta Nami. Cuando recibió la afirmación de Sanae para preguntarle entonces Nami prosiguió diciendo: —Visité muchas tiendas en las 3 horas que estuvimos en la ciudad antes de entrar a la posada. Pero me inquieta que, durante todo este tiempo, no he visto ningún hombre. Todas las tiendas están siendo atendidas por mujeres y a veces niños. Pero no he visto a ningún hombre ni siquiera de lejos.

—Yo había notado lo m0ismo –exclamá Usopp — ¿Es esta una isla solo de mujeres como la de Amazon Lilly en donde estuvo Luffy? Aunque, hay niños varones que aún no son adultos.

—Bueno, tarde o temprano tendría que responderte a tu pregunta. Lo que pasa es que... -le explicaba Sanae a Usopp cuando de repente, la gran campana al final de la isla empezó a sonar y a producir un fuerte sonido de anuncio.

—Rápido, cierren las ventanas –grita Jenny quien se acerca corriendo desde la cocina — ¡Aseguren las puertas y las ventanas!

En ese momento los Mugiwaras se dan cuenta que hay algo mal con esta isla pues, todos afuera comenzaron a refugiarse en sus casas y a cerrar la ventanas. Las ventanas eran de vidrio y las puertas tenían unas ranuras bien pequeñas, haciendo imposible que entre hasta el mismo aire.

—Esperen todavía hay una de nosotros que está afuera –exclamó Sanji mientras escucha que alguien tocaba la puerta.

De repente, utilizando el poder de su fruta, esta persona atraviesa la puerta que impedía el acceso a la posada. Una vez entra, esta cae al suelo. Estaba tosiendo contantemente hasta un estornudo de sangre salió de su nariz haciendo que esta se desmaye.

— ¡ROBIN! –gritaron todos asombrados mientras observan a su Nakama caer al suelo.

—Rápido, desocupa una cama. Yo buscaré unas toallas –le ordena Sanae a su hija.

Entonces, cargan a Robin y la recuestan en la cama de la habitación. Chopper se queda a su lado analizándola mientras que Nami se encarga de colocarle toallas mojadas en la frente.

— ¿Qué habrá ocurrido? –exclama Nami.

—No lo sé, pero parece síntomas de envenenamiento. No parece ser muy grave pues al parecer solo se expuso por unos instantes. Tengo el tratamiento para que mejore pero no comprendo cómo fue que ocurrió esto –exclama Chopper mientras se encarga de administrarle una medicina a la inconsciente Robin.

—Tanuki-kun, ¿tiene un tratamiento en contra de la radiación? –pregunta Jenny.

— ¡No soy Tanuki! –Exclama Chopper irritado—Un momento, ¿Radiación? ¿Ya conocen esta enfermedad?

—Esta es la razón por la que todos los días cerramos las ventanas a esta hora. A partir de las 6 de la tarde, nadie en el pueblo debe estar afuera o sino estarán expuestos a esta enfermedad –exclama Jenny.

—Jenny-chan, no tienes que estar comentando eso –le susurra su madre al oído.

—Mamá, ellos tienen derecho de saberlo. Tal vez nos puedan ayudar –exclama Jenny.

Una vez Robin entra en una condición más estable, Chopper decide que lo mejor es dejarla descansar y esperar a que la medicina haga su trabajo. Así que, todos abandonan la habitación y se reúnen en la sala principal de la posada para comer algo.

Una vez en la sala Jenny procede a contarle una historia a los Mugiwaras que les hará cambiar completamente su manera de pensar sobre esta isla.

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