DISCLAIMER. Como ya he dicho, no soy Stephenie Meyer ni estos son mis personajes.

La calma y la felicidad de los días siguientes, compensaban con mucho el sufrimiento sentido. Las semanas pasaban rápidamente cuando Bella estaba allí para reír y hacer soñar.

-Vas a llegar tarde.-dijo Bella justo delante de dos grandes ojos, sintiendo los brazos de Jacob rodeándola y apretándola contra si cuerpo.

-No, no. Me da tiempo.

-Deberías estar de camino desde hace 15 minutos.

-No es nada que un poco de velocidad no pueda arreglar.

Bella se encogió por dentro, recordando los momentos en que sentía aquel vértigo intensísimo sobre la espalda de Edward.

Toda la energía que podía haber sentido aquella mañana se desvaneció para siempre con el simple recuerdo de su piel. Bella apoyó la cabeza sobre los hombros de Jake, que no pudo hacer menos que preguntarse dónde se habría marchado el brillo de la mirada de su novia. Supuso que andaría corriendo tras el ser que menos se lo merecía, y al que odiaba cada día más.

La noche anterior había estado leyendo alguno de los relatos de su novia. No tenía su permiso explícito, pero Bella tampoco le había prohibido leerlos. Encontrarse con ellos fue algo casual, pues él nunca hubiera rebuscado entre los documentos del ordenador de la chica. Simplemente pasaba por delante de la puerta de su estudio, cuando le llamó el ruido de aquel trasto, que ya estaba más que anticuado. Jacob siempre insistía en que deberían comprar otro, ya que Bella lo usaba continuamente en su trabajo. No es que necesitara una potencia grandísima para ello, ya que sólo utilizaba Word, e Internet, pero aquel trasto se colgaba demasiado a menudo dejando mal guardados sus documentos, y haciéndola perder días de trabajo. Bella escribía artículos para un periódico local. Se dedicaba a la sección cultural y a menudo hacía críticas literarias. Le pagaban no mucho por palabra, y su espacio era más bien reducido, así que la chica se veía obligada a dar clases particulares a niños de secundaria.

El caso era que, al notar que el ordenador estaba encendido, Jake pensó que habría vuelto a colgarse, por lo que decidió acercarse y apagarlo. Movió el ratón con insistencia ya que el ahorro de energía de la pantalla no parecía darse por aludido con sólo pequeñas sacudidas. Un poco después la luz cegó sus ojos y cuando se hubo acostumbrado pudo distinguir un documento abierto. Comenzó a leerlo, porque pensó que sería a cerca de la última película que habían estrenado en la cuidad, y que habían ido a ver el fin de semana anterior. Aquello era sin duda una de las ventajas del trabajo de su novia, las posibilidades de ocio eran impresionantes e impresionantemente baratas. Pero nada de lo que encontró allí tenía que ver con ninguna película u obra de teatro vista, y sin embargo le resultaba terriblemente familiar, tanto que llegó a clavarse las uñas en las palmas de las manos, si no hubiera entrado en fase sin lugar a dudas. Y quizá la mesa y el viejo ordenador no hubieran sobrevivido a aquello.

Sintió que se ahogaba en la habitación, que empezó a volvérsele minúscula y angosta. Cuanto más intentaba controlarse era peor, porque adquiría ligera conciencia que ni dejaba de leer una y otra línea. Cada cual más devastadora que la anterior, ejerciendo especial fuerza sobre su odio una descripción. Una preciosa de la que sólo hubiera sido capaz Bella. Una que presentaba a un muchacho con un candor y una inocencia que sabía que el real no poseía. En verdad Jacob Black, no había tardado ni un instante en reconocer a Edward en aquellas líneas, a pesar de que no había llegado a conocerle demasiado.

"Hasta el sol deseaba contactar contra su piel, porque después de ello podía viajar en todas direcciones adoptando suaves trayectorias que le iluminaban por completo. Su piel beige potenciaba su aspecto angelical. Sus dulces ojos y su pelo se movían por sí mismos sobre la escala de colores, cada uno en su tono y su cadencia particular. Si bien en su cuerpo predominaba todo lo frío, éstos últimos refulgían con colores cálidos y reflejos perfectos, que escapaban en envidiable oblicuidad. Se movían por el aire lentamente, lamentando alejarse de su amada fuente. A cualquiera le hubiera gustado ser algún matiz de dorado para vivir en sus ojos, aunque sólo fuera unos instantes. O incluso algún negro para esconderse en sus sombras o entre sus pestañas.

A pesar de ello, siempre se movía en ambientes más oscuros. Paseaba por la noche, haciéndose invisible y negando al mundo la posibilidad de contemplarle. Comportándose como si no fuera lo más bello del mundo y escondiéndose de serlo."

Los siguientes párrafos dibujaban a un ser atormentado y confuso. Uno que se arrastraba en su propia melancolía.

Según leía, Jacob podía sentir como su sangre debocada iba relajándose, dejando de palpitar en sus sienes y tras sus párpados. La razón era simple. Quizá aquel personaje se pareciera físicamente a Edward, quizá fuese de su imagen perfecta de la que Bella fuera incapaz de librarse. Pero aquello que Bella describía no era Edward, ya que él nunca había demostrado tener un corazón, ni con sangre ni sin ella, como para sentir la angustia y la melancolía de las que la autora le dotaba, reflejando sin duda alguna sus propios sentimientos. Que escritos desgarraban casi tanto como cuando vestían la cara de Bella. Sus gestos y sus manos.

Las que ahora se movían entre su pelo, acercándole hacia ella. Con el color de sus labios deseando el contacto de los del chico, aunque los suyos no fueran ni perfectos ni fríos.