One-Shot con personajes elegidos por: CarXx
Disfruten!
Queonda.
—¡Qué triste!— exclamó Bulma al ver el cuerpo de Raditz sin vida. Las lágrimas por la pérdida de su mejor amigo ya habían caído ácidas por sus mejillas de porcelana, pero la suerte ya estaba echada. No había nada que su mente brillante pudiera hacer por él ahora.
El viento corría cálido esa tarde, pero nadie parecía más que triste por los acontecimientos que ese día habían sucedido. Aunque el pesar era grande, sabían que Goku haría algo más allá de sus propias ideas y estaban por demás seguros de que esa no había sido la última vez lo que verían en sus vidas. Sólo quedaba esperar pacientemente a que él regresara y devolviera la felicidad a sus vidas. No se preocupó por Milk— bueno, quizás sí un poco. Pero ahora tenía unas ideas más revolucionarias en mente.
Le habían surgido con sólo mirar al joven de cabello extenso recostado sobre su pecho con los ojos pálidos y su boca cubierta en líquido rojo. Su pobre ser ahora descansaba en el limbo de los demonios, pero su cuerpo estaba allí, como basura fuera de la casa esperando a que pase el recolector por la mañana.
Ella se arrodilló hasta estar a la altura del joven y lo observó desde cerca, notando algunos rasgos faciales comunes en el rostro de su ahora difunto amigo Goku. Acarició la mandíbula fuerte, siguiendo la forma craneana. Era similar a la humana, aunque más dura y resistente.
Le pidió a Krilin que metiera el cuerpo inerte en la nave. No fue el único que la miró con desconcierto e incluso algo de asco. Aun así, movieron el cuerpo hasta el baúl y con el menor respeto posible lograron que entrara. Aunque todos se extrañaron, compartiendo miradas de confusión, ninguno se atrevió a preguntar qué era lo que tenía planeado hacer. Ella sólo saludó fervientemente y, aún con la sombra del luto sobre sus hombros, subió a su nave y desapareció en el cielo despejado. Lo que pasaría con el resto de sus amigos, lo ignoraba. Sabía que todo esto era sólo el comienzo de algo más grande.
Aterrizó en el patio de su casa, su madre y el Dr. Briefs la esperaban con paciencia y algunos aperitivos. Ella descendió de la nave y saludó a sus padres. La Sra. Briefs marchó hacia el interior de la casa para preparar una deliciosa merienda de media tarde, mientras que su querido esposo y su hijo se ocupaban de otro de sus detalles científicos que estaban fuera de su interés.
Bulma abrió la cajuela y, como si fuera escena de una película de Tarantino, observaron hacia adentro con interés. El Doctor acomodó sus anteojos y acercó su rostro para poder examinarlo mejor. Sacó un guante de látex de su bolsillo izquierdo y, una vez colocado en su mano derecha, procedió a tocar el extraño apéndice peludo que salía de la base de la columna vertebral.
—Esto es algo fascinante, Bulma.— dijo aún con cierta sorpresa— Tiene características humanas e incluso animales. Podría ser el eslabón perdido, o tal vez una raza superior.
Bulma se irguió con orgullo –Y será todo nuestro descubrimiento. Yo me ocuparé de la parte técnica— tomó el rastreador verde que se enganchaba detrás de la oreja de ese sujeto— Tengo un interés en este aparato de aquí, podría servir para cosas inimaginables. Tú haces la parte biológica.
—Por supuesto, querida.— Bulma le dio un beso en la mejilla a su padre y caminó hasta su estudio.
Esa misma noche, el Dr. Briefs finalizó con los detalles previos a lo que sería una disección de una especie extraña. Le había llevado todo el día encontrar los exámenes médicos de Son Goku y las herramientas necesarias para poder hacer la adecuadas incisiones. Ahora, la luna en su máximo punto sobre el cielo, él recorría su laboratorio con una extraña mezcla de sulfatos en una probeta. En una placa metálica en el centro de la habitación, el cuerpo de Raditz descansaba desnudo, en una posición recta, sus ojos cerrados y su cabello recostado a uno de los lados de la camilla. El agujero que tenía en la parte inferior de su torso estaba suturado para que no perdiera sangre durante el proceso. El Doctor tomó asiento en una silla giratoria, se colocó los guantes y se acercó a la mesa.
Guiado por una radiografía de partes blandas y un escalpelo, comenzó a hacer su trabajo. Se sentía algo incómodo; jamás había trabajado con humanos, y esto era lo más cercano que se había encontrado a uno en toda su vida. Mientras hacía su trabajo, no podía evitar sentir que el sujeto abría los ojos y observaba cada uno de sus movimientos. Casi podía sentir los ojos penetrantes y asesinos criticándolo por jugar con su cuerpo. Incluso a veces levantaba la vista para mirar su rostro, pero aún seguía allí, muerto.
Tama no se atrevía a acercarse. Permanecía lejos, en una de las sillas de escritorio, hecho una bola negra y peluda, durmiendo en silencio. Apenas el doctor se había acercado al cuerpo, el pequeño gato había tenido los vellos del cuerpo erizados. Arañó el hombro de su dueño y salió disparado hasta otro rincón. Él mismo no podía creer lo que había visto, ya que ese pequeño felino era puro amor, no le temía a nada.
"No es que sea escéptico" comenzó a pensar el jefe de la Corporación Cápsula, "pero los alienígenas no tienen espíritus." Aunque en estas instancias, ni él podía creerse.
El vacío de la noche y los sonidos del exterior lo habían hecho saltar de su asiento repetidas veces, pero ya había avanzado considerablemente. Sacó fotos, hizo anotaciones, y cerró el torso del joven luchador. Se movió, aun sentado sobre su silla, hasta el rostro del joven, y con un marcador trazó una línea de puntos sobre la amplia frente de ese ser desconocido. Mientras lo hacía, con la otra mano sentía los rasgos faciales del occiso. Siguió la forma de su mandíbula, luego sintió los pómulos del hombre. Su piel era tosca, seca en la mayor parte de la cara pero húmeda— y seguramente cálida cuando vivo— en los labios. El Dr. Briefs dejó el marcador a un lado y tomó el escalpelo. Se detuvo a mirarlo, recorrió con sus ojos sus facciones.
Era muy masculino. Cejas espesas, ojos simétricos y nariz curvada. Quizás una barba encajaría en su rostro, aunque no una muy abundante. Imaginó que el joven seguramente poseía ojos color azabache, y una sonrisa que helaría la sangre de cualquier mortal. No tomó en cuenta el tiempo que estaba perdiendo observando al extraterrestre, pero lentamente comenzó a bajar sus herramientas de trabajo.
Intentó imaginarlo en vida. Con una postura erguida y amenazante, y movimientos precisos aunque a veces algo torpes, probablemente era un guerrero de alta calaña, de mirada sombría y una risa sonora. Casi podía oírlo reír en sus oídos, como un sonido hipnotizante y contagioso, incluso sentía ganas de reírse.
Le echó un rápido vistazo al reloj y casi cayó de su silla al ver la hora. ¡Las dos y media de la madrugada! Se preguntó desde hacía cuánto tiempo que estaba observando a ese hombre. Al volver su vista al rostro sin vida, volvió a entrar un trance. Tenía algo en su ser que hacía que mirarlo fuera un goce. Algo atractivo, podría ser. Se acomodó los anteojos con un dedo y acercó su rostro al de Raditz, su tez seca y resquebrajada por la vida misma ahora tan cerca de las narices del doctor. ¿Qué tenía ese chico que le hacía querer observarlo tanto?
Su respiración comenzó a agitarse, una fuerza mayor a la suya lo mantenía arraigado en esa posición, sin querer alejarse o acercarse del rostro alienígeno.
—Querido, ¿Ya acabaste?— interrumpió una sonriente Sra. Briefs vestida en un ceñido pijama rosado. Si antes no se había caído de la silla, esta vez el Doctor terminó de bruces en el suelo. Tama saltó de la silla y corrió por la puerta ahora abierta, cruzando entre las largas piernas de la mujer.
—Por supuesto, querida— le respondió con la voz algo entrecortada.
Se levantó y guardó todo en su lugar. Colocó el cuerpo sin vida en una cámara refrigerante. Apagó las luces y cerró la puerta de su estudio con cerrojo, no sin antes echarle un último vistazo al extraterrestre.
No podía esperar a volver por la mañana para seguir observándolo y sentir ese extraño y por demás perturbador cosquilleo en su estómago, resultado de una mezcla de temor fatal y atracción total.
Personajes: Raditz y Dr. Briefs.
Próxima: Bardock.
