CAPITULO 2.- EMPATE

Estaba realmente cansado, si hubiera sabido que investigar a aquel sujeto sería tan agotador habría sucumbido de inmediato ante la idea, pero ya era demasiado tarde para arrepentirse así que arrojó las sábanas a un lado y se preparó para el colegio…

-Esto es estúpido- Exclamó en voz alta, al momento que se preparaba para bañarse, siendo interrumpido por el toque de la puerta que le indicó que alguien deseaba entrar, quién mas podía ser sino el…

-Buenos días Nicolás- Saludó Sebastián cuándo el niño le indicó que podía pasar.

-Buenos días- Contestó amablemente ocultando la mirada, no era bueno que viese el increíble deseo que tenía por matarlo por lo que continuó fingiendo

-¿Cómo te sientes hoy?- Cuestionó el adulto observándole con la misma delicadeza que a un gatito bajo la lluvia.

Si había preguntas estúpidas esa encabezaba la lista, era mas que obvio que no estaba en mal estado…de acuerdo la primera vez no le pareció tan molesta, pero tras haberla escuchado una semana de boca de la misma persona y dar la misma falsa respuesta, estaba mas que fastidiado.

-Muy bien, gracias.

-Si necesitas algo no dudes en decírmelo- Agregó como todos los días, abandonando la recamara que a Ciel le había sido asignada.

-Por supuesto.

Se duchó, vistió y bajó a la primera planta donde le sirvieron el desayuno...no hubo postre, como todos los días sin importar cuánto protesto no le dieron su tan apreciado postre ya que Sebastián consideraba que era inapropiado comerlo en el desayuno; finalmente desistió y abordó el auto que afuera le esperaba…

"Odió la escuela" Pensó lanzando un largo suspiro imaginando a los idiotas…es decir sus compañeros que tendría que volver a ver…

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Sebastián entró a su oficina, rodeado de personas que no paraban de parlotear sobre los reportes financieros, estados de resultados y un sinfín de cosas a las que ni siquiera le prestaba atención; tomó asiento en el cómodo sillón de piel y guardó silencio intentando mantener la calma.

-Dejen todo eso ahí- Dijó en voz alta, con una mirada que mas de un trabajador juraría oscureció la habitación- Yo me encargaré de ello- Agregó sonriéndoles y ya fuera por simple precaución o verdadero temor, todos se apresuraron a colocar la enorme cantidad de papeles en el escritorio, dejándole trabajar en silencio y sin mas al ver que nadie rompería su paz empezó…

-Puedes traerme un café- Pidió a través del teléfono a su secretaria cuándo hubó terminado, recargándose en el respaldo de la silla y revisando su celular, se detuvó justo en el número de su pequeño inquilino donde su nombre aparecía: Nicolas Eisterly.

No le gustaba, ese niño no le agradaba, todo el tiempo se mostraba tenso y nervioso como si temiera que lo fuera a regañar por algo o lo descubriera, por otro lado jamás mostraba sus ojos, los mantenía ocultos debajo de aquellas gorras, temía el contacto visual pero seguía sin descubrir la razón exacta del porque. Le había investigado en cierta medida, no sabía mucho sobre el, pero si lo suficiente como para saber que no era mas que un chico promedio: en realidad no era el sobrino directo de Madame Red, solo el hijo de una pareja de clase media con la que la mujer tenía una estrecha amistad que estaba a punto de divorciarse y preferían alejar a su hijo de todo el proceso legal, altas notas en la escuela pero nada que lo expusiera como un superdotado, deficiencias en deportes ya que padecía un asma severa y…era todo, nada espectacular sobre el chiquillo mas allá de su físico, cabía mencionar se podía decir era precioso. No es que el fuera un pervertido que se fijará en pequeños niños, pero por alguna razón había quedado prendado de ese chico, sino fuera por la inseguridad que sentía cuándo estaba a su lado seguramente casi le hubiera tomado aprecio…

La torpe secretaria entró con el café en manos derramando gran parte del contenido en el camino.

-Lo lamento Señor- Se disculpó haciendo repetidas reverencias a Sebastián, quién pareció observarle con lástima y enojo a la vez- Lo siento mucho Señor. ¡Soy una Secretaria tan torpe!- Y como era usual comenzó a llorar con desesperación.

-Gracias por todo Maylene, puedes retirarte- Ordenó tomando lo que quedaba de contenido y entre quejidos y gimoteos la mujer se marchó, recordándole una vez mas que las cosas no siempre son lo que parecen y ella era el vivo ejemplo de ello; por otro lado Nicolás solo era un niño, no había razón para ponerse paranoico.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

-¿En que año comenzó la segunda Guerra Mundial?- Le preguntó el maestro a Ciel, escudriñando al niño quién le miraba como si quisiera asesinarlo.- Señor Esiterly, he hecho una pregunta- Sentenció una vez mas indignado ante la mirada del muchacho.- ¿Cuándo inició la Segunda Guerra Mundial?- Repitió una vez mas con aquel tono que solo usaba las personas que se creían "todopoderosas".

-No lo se Señor- Admitió bajando la mirada, algo avergonzado.

-Señorita Elizabeth ¿puede usted decírmelo?- Le preguntó a una niña rubia sentada al lado de Ciel.

-En 1939- Respondió rápidamente la aludida.

-Muy bien- Y el hombre prosiguió con la clase, no sin antes citar a Ciel más tarde para una evaluación diagnóstica.

El pequeño apretó su chaqueta con fuerza, furioso contra el profesor, pero aún mas molesto consigo por no conocer la respuesta a una pregunta tan poca práctica, ¿Cómo si le importará conocer quién demonios y porque inició esa estúpida Guerra? Solo habían sido unos imbéciles con complejo de dios que se creían tan poderosos como para matar a miles de personas, ellas estaban muerta y jamás resucitarían y, por alguna maldita razón la historia se volvería a repetir hasta que no hubiera personas que asesinar u hombres egoístas que se creyeran dioses…conocerlo no le servía de nada; además no había ido a clases desde los 4 años, en realidad nunca en la vida había asistido a clases, recordaba que de niño sus padres le contrataban tutores particulares para que le enseñarán en casa y, por supuesto que esos datos no eran el tipo de cosas que se le enseñaban a un niño de tal edad...

Por un instante la idea de acabar con el profesor le pareció atractiva, pero asesinar personas no era como decidir el tipo de ropa que usaría, tenía un objetivo y para cumplir con este primero tenía que terminar con sus deberes.

-Señor Eisterly pasé a resolver esta ecuación

Demonios, por momentos la idea le pareció mas tentadora que nunca.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Sebastián cogió el examen de Nicolás sin evitar lanzar una mueca de repulsión, un cero no era una nota que le arrancará precisamente una sonrisa.

Escuchó en silencio el parloteo incesante del Profesor respecto a las deficiencias que tenía el niño, inclusó sugirió por un instante que quizás podría padecer algún retraso mental…realmente tuvo que controlarse para no lanzar una carcajada ahí mismo, sin lugar a dudas ese era el tipo de profesores que solo medía a sus alumnos por la capacidad de retener información, sin necesidad de comprenderla.

-Tomaré medidas, se lo aseguro- Concluyó disculpándose por retirarse tan pronto, tomando el examen entre las manos.

Fuera del ostentoso edificio que era una de las escuelas particulares más prestigiosas y porque no decirlo costosas del país, se encontró a Nicolás conversando con una chica rubia o al menos eso quería creer, ya que el niño se limitaba a verle con expresión aburrida sin dirigirle siquiera la vista; si un mocoso con aquella mirada tan astuta tenía retraso mental entonces él ni siquiera sabía leer.

-¿Entonces te puedo ayudar después de clases a estudiar?- Escuchó decir a la niña cuándo llego hasta el par.

-El joven estará encantado de recibir sus visitas- Contestó por el chico- ¿No es así Nicolás?

-Por supuesto- Accedió de mala gana olvidando por completo que tenía un papel que representar.

-Espero nos disculpe Señorita, pero tenemos que marcharnos- Y tomando a Ciel de la mano, lo subió hasta la limusina ordenándole al chofer que arrancará.

-Jamás debes de ser grosero con una señorita, nunca sabes cuándo la vas a necesitar.- Aconsejó al chiquillo que se había sentado hasta la esquina, alejándose lo mas posible de el.

-Comprendo- Nuevamente reconoció esa actitud sumisa pero entonces, ¿Dónde había quedado la mirada fiera de instantes atrás?

-Vine para llevarte a comer un helado y me encuentro con esto- Le mostró el examen.

-Lamento no ser bueno para la escuela- Admitió con pesadumbre mirando por la ventana.

-¿Quieres ir a comer ese helado?

-Prefiero irme a casa- Respondió con voz cansada.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Había revisado casi todos los cuartos de la enorme mansión, algunos tenían códigos de seguridad, otros estaban cerrados con llave y también existían los que simplemente se podía abrir girando la manija.

"En esta casa no hay nada…absolutamente nada" Pensó mordiéndose el labio inferior con desesperación, "Quizás todo le guarde en su computadora, esa que siempre carga consigo, pero entonces como voy a llegar hasta ella" Sopesó sus opciones, no tenía tiempo ni derecho temer ser descubierto, lo haría, robaría los datos y después acabaría con el…

El momento de que Nicolás Easterly se marchará y Ciel Phantomhive llegará a reemplazarlo había llegado.

Regresó a su habitación, dirigiéndose directamente hacia el escritorio donde en un portalápices descansaban un par de lapiceros de diversos colores, cogió uno de color negro y sacó cuidadosamente el tubo que contenía la tinta, le observó viendo que de lejos parecía inofensivo…pero con una dosis pequeña aquel tipo llamado Sebastián estaría muerto, esta vez no sería un infarto sino algo así como una apoplejía, no podría caminar, ni moverse, ni hablar…si era un hombre con suerte ni siquiera podría respirar, pero lo mas seguro es que viese el como su Imperio financiero se derrumbaba y los inversionistas se peleaban como perros por los restos que quedarán.

Por un momento sintió lástima, algo semejante a la culpa pero ya era demasiado tarde como para tener remordimientos de conciencia, un cadáver más que añadir a su lista no incrementaría de alguna manera su eterna estancia en el infierno, estaba consciente de que era un hombre bueno y lo injusta que sería su muerte, pero la vida no era justa, al menos no lo había sido con él y sus padres.

Se asomó por la ventana observando el como las rosas ya habían florecido mostrando todo su esplendor, se parecían a las que un día engalanaron su jardín, pocas veces las había visto de cerca, pero su madre siempre le llevaba a su habitación un ramo a diario…

-Son tan bellas como ella- Confesó metiendo el lapicero dentro de su bolsillo, daría cualquier cosa con tal de ver nuevamente su sonrisa; una lágrima le escurrió por la mejilla siendo apartada de inmediato, no tenía tiempo para auto compadecerse a si mismo, ellos no estaban mas con el y nada arreglaría recordándoles.

BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO- BLANCO Y NEGRO

Sebastián apagó las luces de su oficina, en la oscuridad de la misma escuchó el sonido de un disparo.

-Maylene- Llamó a la Secretaria tomando su maletín sin expresión alguna- haz que se encarguen del cadáver como es debido, últimamente caen como moscas, es el tercero de este mes.

-Si Señor- Respondió la chica ocultando entre sus faldas una pistola y colocándose nuevamente los lentes, realizó una pequeña reverencia en despedida a su jefe.

El hombre bajo por el elevador pensando en los atentados contra su vida, lo sabía…era joven, apuesto, rico y sobretodo sin herederos, lo extraño sería que no intentarán matarle, pero en ocasiones se preguntaba cuándo conseguirían eliminarlo completamente del camino, sería divertido, algo digno de admirar, pero no por ello dejaba de preguntarse quién tendría la capacidad de conseguirlo.

Sus pensamientos ocuparon su mente la mayor parte del trayecto, apenas notó cuándo finalmente llegó a casa

-Gracias Bard- Le agradeció al portero entrando a la misma, una sirvienta acudió a recibirle y le notificó que el Joven Nicolás ya le esperaba en el comedor.

Acudió de inmediato hallándose con el niño, cuyos ojos brillaban mas que nunca, era la primer vez que le esperaba para cenar, ya que generalmente cuándo llegaba lo encontraba sumido en profundos sueños.

-Buenas noches- Saludó el pequeño, dándole un sorbo al vaso de agua que le habían ofrecido, el comedor era enorme pero yacía sentado al lado derecho de Sebastián que ocupaba el frente.

-Buenas noches- Respondió esperando a que le sirvieran la cena: sopa de espinacas como entrada, pollo con arroz campestre a la Francesa como plato fuerte y pie de limón como postre.

Conversarón un largo rato, Sebastián escuchó la sonrisa cantarina de su invitado, se deleitó con la dulce voz matizada de amargura y se regocijó en la manera con que el chiquillo cambiaba sus facciones; si solo fuese un poco mayor habría disfrutado mas de el, pero la edad se lo impedía.

-Al fin te muestras Ciel Phantomhive- Proclamó arrancando un gesto de angustia del menor, lo tenía atrapado y justo donde lo quería.

Ciel chasqueó los dientes molesto, pero recobró pronto la compostura, el pánico le haría perder aquel juego.

-¿Cómo lo has descubierto?- Cuestionó haciendo alusión a que los registros eran perfectos, legalmente y por unos días el había sido Nicolás Eisterly, había nacido en Londres Inglaterra y sus padres Clara y Anthony estaban en trámites para completar el divorcio.

-Tengo mis medios.

-¿Y que piensas hacer? Matarme y lanzar mi cadáver a un río cercano- La ironía le divertía porque en aquella frase había algo de cierto.

-Me temo que no, pero quiero respuestas y tú me las debes de dar.

-Ahora viene la parte de amenazas e insultos, ¿Podemos saltarla por esta vez? No me place discutir con alguien que tiene pocos minutos de vida o al menos de existencia digna.

-He tomado el antídoto- Declaró Sebastián mostrándole un frasco vacío, pero en lugar de recibir una expresión de pavor del menor una sonora carcajada llenó la habitación, Ciel, Ciel reía y mucho…

-Ese antídoto no sirve para todos los venenos que uso, al menos no para que el que usé en tu vino blanco- Explicó poniéndose de pie con gesto desafiante- ya se me hacía extraño que tras pasar tanto tiempo no dieras muestras de dolor, pero pronto pasará y no me quedará mas que agradecerte las atenciones brindadas a mi persona…claro esta que en tu funeral.

La idea de que aquel pequeño niño se estuviera burlando de el realmente le enfureció, lo tomó de la playera con violencia y le arrojó por el suelo mandándole lejos.

-¡Si yo muero, tu te irás conmigo!- Sentencio observando en los ojos del pequeño un temor propio no solo de los infantes, sino que también de los humanos- ¡Y te prometo que no será una muerte agradable…!- Si, había descubierto que Nicolás…es decir Ciel le temía a la muerte, tanto como cualquier otro hombre, mujer o niño, incluyéndolo y como tal estaba dispuesto a no terminar tres metros bajo tierra…

-Tú no ganarás- Sentenció Ciel levantándose del suelo con esfuerzo- Ni yo tampoco. Declarémosle como un empate y vayamos juntos al infierno.- Y sonrió arrojandóse el cabello que le escurría por el frente hacia atrás, para mostrarle no solo con la mirada, sino con toda su expresión corporal que el no le temía a nada, mas que a perder…

CONTINUARÁ…

Este fic será actualizado cada sábado, una vez a la semana.

Por alguna extraña y retorcida razón se ha mezclado con la fantasía por lo que las cosas puedes tomar un rumbo raro, solo les pido que tengan paciencia ya que las cosas se irán desarrollando con el tiempo, aunque ahora puedan parecer realmente lentas.

Y muchas gracias por sus comentarios, me animan muchísimo…besos, bye.

Un especial agradecimiento a Koroshi Death, gracias por todo niña.

Gracias por leer…

Cualquier duda, estaré encantada de responderles.