.. Título: Desde mi cielo ..
.. Capítulo II ..
.. Autora: Annie-chan Diethel ..
- Alter fic: From my Sky por Kuroiku -
.. Summary: Esta es la historia de un amor que, de tan grande, se convierte en el más cruel de los infiernos. ¿Hasta dónde serías capaz de llegar por amor? ..
.. Disclaimer: Nada, hasta que la autora no suelte los derechos, sigue sin pertenecerme nada. Pero me consuela saber que a ti tampoco.
.. Notas de Autora (importante): Mil años después del primer capítulo, ambos fics vuelven a la carga. Nuestro objetivo es actualizar cada semana (sí, en serio). Espero que aún quede alguien vivo por aquí con ganas de leer.
Alphonse, la persona por la que ansiaba volver desesperadamente a casa, la que había mantenido mi cordura desde el recuerdo durante la cruenta guerra, estaba ante mí.
Y sin embargo, no sentí la alegría que pensé.
Sentí su mirada posarse en la silla de ruedas en la que estaba sentado, en mis disfuncionales piernas. Sentí la pena y la derrota conquistando su ser. Ni siquiera le miré, no fue necesario.
Durante las noches terribles que pasé escondiéndome de las bombas y las balas, me aferré a la vida pensando en el reencuentro. En él, me imaginaba recorriendo el prado en el que se encontraba nuestra casa. Imaginaba que, los últimos metros, corría hacia allí lleno de euforia para lanzarme a los brazos de Al, para anclarme a él y declararle al mundo que nadie volvería a arrancarme de su lado.
Ahora ni siquiera podía ponerme en pie.
El denso y horrible silencio fue roto por la dulce voz de Al.
- Hola, Edward.
Hubo al menos un millón de cosas de esas dos simples palabras que desataron las alarmas en mi cerebro. En primer lugar, las pronunció desde el lugar seguro que representaba la puerta. Conociéndolo, se habría lanzado a mis brazos y hubiese cubierto cada centímetro de mi rostro de besos. Hubiese llorado de alegría, hubiese clavado los dedos en mi espalda en un gesto desesperado para que no me separase de él de nuevo.
Pero se quedó allí.
Y me llamó "Edward". No niichan. No Edo. Nada familiar.
Le puso nombre a su pesadilla.
Por fin, se acercó a mí. Pero yo sabía que el abismo que había entre los dos debido a mi inmovilidad, esa distancia insalvable, jamás se acortaría. Y si se acercaba, me rompería porque su proximidad me daría la razón.
- No te acerques.
Y él se detuvo. Le miré y su expresión era de perplejidad. Entonces recordé a mi pequeño hermano, tan frágil. ¿Hasta cuándo seguiría traicionándolo, hiriéndolo? Estoy seguro de que su corazón se hubiese roto en ese momento por mi rechazo, si no lo hubiese hecho ya minutos antes al cruzar el umbral.
La teniente Hawkeye consideró que debía romper aquella tensión y se llevó a Alphonse. Le contaría todo lo que ya me habían contado a mí, y todo lo que nadie tuvo que contarme porque estuve allí. Y esperé que la teniente no ahondase en detalles, que protegiese la inocencia que, si acaso, quedaba en él.
Cuando me quedé solo, miré hacia abajo. Maldije aquella bala del infierno que había truncado mi movilidad. ¿Cuántos kilómetros había caminado? ¿Cuántas veces correr había significado la diferencia entre vivir y morir? Ni siquiera podía usar automails.
Cuanto más lo pensaba, más ganas tenía de llorar. ¿Para esto había sobrevivido? ¿Para ser una persona inútil que necesitaba ayuda para las cosas más simples? ¿Para condenar la vida de su hermano y la suya propia a la desgracia? ¿Para tener que revolcarse diariamente en la compasión de los demás?
Prefería estar muerto.
Y, como no era así, la ira lo invadía.
Se sumió en sus pensamientos, de forma que cuanto más pensaba en ello, más furioso se ponía. Se odiaba a sí mimo por acabar así. La alquimia no podía arreglar esto, ni la medicina. ¿Cómo iba a vivir ahora? ¿Qué iba a ser de él?
Y entonces, Al volvió. Sus ojos estaban rojizos de contener el llanto. Trató de acercarse, pero yo no podía soportarlo. Si se acercaba, me derrumbaría y debería admitir que mi vida, nuestra vida, ya jamás sería igual. Así que, sin pensar, le grité violentamente que se alejara de mí.
Pero él no se detuvo. Se dirigió hacia mí con una determinación más mía que suya. Se acercó tanto que pude sentir el calor de su respiración sobre mi rostro. Y me sentí completamente indefenso.
- ¡Sí me acerco! –rugió él, imitando mi tono de voz, haciéndome estremecer - ¿Y sabes por qué me acerco? ¡Porque puedo! Porque ahora mismo podría estar reconociendo tu cadáver y sin embargo estás aquí, y puedo acercarme, hablarte y abrazarte. ¡Entiéndelo!
Y sucedió. Me derrumbé.
No me había parado a pensar en lo importante que era para Alphonse que yo regresara. Yo deseaba estar muerto, pero para él esto era casi una bendición. Y me di cuenta de que tenía razón: debía estar agradecido por volver a ver sus ojos de nuevo.
Pero eso no borraba la realidad cruda del esquema.
- Soy una carga, Alphonse... ¿No lo ves?
- Carga era pensar cada día que no volvería a verte.
- ¡Soy un inútil, no puedo hacer nada de cintura para abajo!
Vivimos desahogadamente como para permitirnos adaptar tu nueva vida para que cuentes con toda la autonomía que sea posible.
Pude ver en su rostro angelical que hablaba en serio. Que su alma tenía paz por el simple hecho de que yo estaba de vuelta.
- ¡Pero...! – quise protestar, pero no me lo permitió.
- Pero... ¿Nos vamos a casa? – pronunció con tranquilidad.
Mi mente seguía formulando protestas, pero todas pasaron a segundo plano.
Estaba de vuelta. Y Al estaba conmigo. Quizá la vida no había sido tan perra conmigo. Me había dado la oportunidad de tener una vida junto a él.
Le abracé con todas las fuerzas que me quedaban, y sólo entonces me di cuenta de que aquello era lo que debía haber hecho desde el principio. Ningún lugar del mundo da esa sensación de refugio que suponen los brazos de Alphonse. Había extrañado cada segundo de mi viaje su calor, su olor, su tacto… No iba a permitir que mi desgracia me hiciese olvidar todo aquello. No iba a perder un segundo más sin nuestro verdadero reencuentro.
Él me devolvió el abrazo, y por fin sentí que estaba en casa.
- Será difícil – pronuncié.
- ¿Acaso algo no lo ha sido en nuestra vida? – respondió, y sonreí ligeramente a sentir su cuerpo pegarse más al mío.
No, nunca lo fue. Desde que mamá murió, nuestra vida ha sido una dura prueba tras otra, siempre sumidos en un caos cada vez mayor. Y ésta sólo sería una prueba más.
Y la superaríamos.
Juntos.
- Nos vamos a casa – dije.
Y él sonrió, antes de situarse detrás de la silla y comenzar a empujarla, rumbo a nuestro incierto futuro.
Nos leemos en el siguiente capítulo (y en el fic hermano a este). Reviews onegai!
Annie-chan Diethel
