Los personajes utilizados en este fanfic son propiedad de Rick Riordan.

Narración.

—Dialogo

—Aclaraciones—.

(Intervenciones en la narración).

"Pensamientos o frases que se dijeron".

Aclaraciones y Advertencias: Los personajes no me pertenecen. OC. OCC. Una historia random con sus debidos momentos serios.

Summary: Nico estaba teniendo una mañana relativamente normal hasta que Will vino diciendo que se iba a casa. Jamás se le pasó por la cabeza que terminaría viajando con él a California para ser su soporte emocional y, ¿quizá algo más? Lo cierto es que Lou y Cecil no iban a pasar la oportunidad de hacer de celestinos y ganarles unas cuantas dracmas a medio campamento.


Nico II
Dude, los dragones no pueden sonreír


Nico arribó al árbol de Thalía faltando quince minutos para las ocho de la mañana. Habría llegado incluso más temprano si no se hubiera entretenido con otra cosa: una nota a cierto hijo de Júpiter para que no armara un drama de telenovela al enterarse de su partida, la cual decía «Antes de que te pongas a emular al dios del teatro ―y no, no hablo de Baco―, te aviso que no me fui a ningún retiro emo. Volveré. Nico». Porque luego de maldecir, sonrojarse hasta las orejas por el ridículo que hizo e ir a ponerse un par de pantalones, no había prácticamente nada que hacer tras empacar para el repentino viaje. Nico no tenía mucha ropa que digamos y tampoco es que fuera por descuidado, él simplemente sabía que viajar ligero era lo más acertado para un semidiós.

Llevaba colgada su espada en su lugar habitual y en su espalda cargaba una mochila relativamente pequeña de color negro que Reyna le había regalado. «Para cuando te la des de nómada y no tengas a nadie que te salve el trasero en las cercanías, guarda ahí lo que necesites», palabras textuales de la Pretor.

Se sentó lo más alejado posible de la Atenea Pártenos y el Vellocino de Oro, aunque de todas formas Peleo bufó al sentir su "Peste Mortal" ―derechos de autor a Cecil, pese a que el título fuera una obvia parodia de un libro perteneciente a la saga de The Maze Runner y no un insulto hacia los mortales o a los muertos. El italiano lo ignoró. Peleo era inteligente y sabía distinguir enemigos de aliados, además de estar domesticado y ser apegado a los campistas. El dragón no lo atacaría a menos que se acercara hacia los objetos que custodiaba, no en vano Nico llevaba cuatro meses ininterrumpidos en el Campamento Mestizo; seguía dando cierta grima a las criaturas mágicas y animales del campamento ―excepto a la Señorita O'Leary, por razones más que evidentes―, pero en general estos ya se habían acostumbrado a su presencia.

Mirando desde la cima de la colina observó cómo de a poco todo el valle iba despertando, desde las dríades del bosque hasta las náyades del lago con el sol ―que para variar no lucía como un maserati― asomándose por el Este. Nico tuvo la misma impresión del lugar que hace años atrás: la imagen estaba como para volverla postal.

Dado que le sobraba tiempo, empezó a analizar algunas cosas.

Se preguntó si Bianca estaría feliz donde quiera que estuviese ―si es que había renacido inmediatamente―, y si le contentaría saber que por fin había encontrado un hogar en ese lugar que fue el último sitio que compartieron como hermanos, lo cual era bastante probable. Nico ya no se encontraba siempre de mal humor y amargado con él mismo, ahora tenía personas que lo aceptaban y lo ayudaron a aceptarse. Encontró algo que a los hijos de Hades comúnmente les falta: paz consigo mismo. Ya no se sentía marginado ni como la tercera rueda, probablemente porque había dejado de repeler a todo el que intentaba acercársele.

No significa que no lo haya intentado, sin embargo.

Dos meses atrás, cuando los estragos de la segunda Gigantomaquia estaban empezado a pasar a segundo plano en la mente de todo el Campamento Mestizo, Di Angelo había comenzado a guardar distancias otra vez de los campistas; faltó a los entrenamientos, se saltó comidas y prácticamente no salió de la cabaña de su padre. Creía que era cuestión de tiempo para que sucediera exactamente lo mismo que tras la última Titanomaquia y empezó a aislarse para acostumbrarse al sentimiento de estar solo, pero estuvo completamente equivocado. No pudo enclaustrarse en su cabaña más de dos días por que entre Jason, Will, Lou y Cecil le derribaron la puerta; en realidad fue solamente Jason, pero los otros lo flanquearon como si Nico tuviera madera de acróbata y fuera a saltar sobre el hijo de Júpiter para escapar de su propia cabina.

Recibió el regaño de su vida por preocuparlos, ignorarlos, no pasarse por la enfermería y la amenaza de llamar a Reyna y Hazel si seguía con esos "retiros emo". Adivinen quién dijo qué.

Cuando el italiano exasperado preguntó por qué demonios se tomaban la molestia de perseguirlo con tanto afán, se sorprendió con la respuesta:

Porque somos tus amigos, Di Angelo ―dijo el hijo de Apolo con cierta indignación―. Y eso significa que no importa cuán arisco te portes…

No nos vamos a alejar ―siguió el romano―. En realidad, eso probablemente nos hará insistirte más.

Así que ya sabes ―terminó Lou―. Ahora deja de comportarte como un niño y muévete, Hécate y Hades nos vamos a aliar con Atenea para la Captura de la Bandera.

¡¿Qué?! ―aulló Cecil― ¡Es mentira, Lou! ¡Hades y Hermes se aliaron con la cabaña de Zeus!

¡El único mentiroso eres tú!

Hey, tranquilos. No peleen ―intervino el sanador.

¡Claro! ―el hijo de Hermes fingió enojo― ¡Tú calmadito porque Apolo está del lado de Atenea!

Entonces Nico hizo algo que ninguno de los presentes había presenciado antes, rió. Rió porque reconocía haberse comportado como un idiota. Rió porque sabía que los chicos del Argo II ya no eran lo más cercano a amigos que había tenido en su vida. Rió porque las personas frente a él eran sus amigos, amigos que Nico había hecho sin darse cuenta o siquiera desearlo; porque no eran los amigos o conocidos de Percy que al principio se veían obligados a interactuar con él por obra de desafortunadas circunstancias, sino personas que estaban dispuestas a lidiar con el temperamento particular del hijo de Hades y a preocuparse por él porque les nacía hacerlo.

Dieron las ocho antes de darse cuenta, probablemente obra del TDAH o porque estaba demasiado perdido en sus pensamientos. Nico veía a varios semidioses marchando hacia el pabellón, pero ningún chico de Apolo. Aunado a eso, Will no daba señales de aparecer todavía y él rubio ciertamente no podía usar la excusa de haberse quedado dormido.

Empezó a preocuparse a medida que transcurrieron los minutos. ¿Y si la Cabaña de Apolo lo estaba convenciendo de quedarse?

―Deja de pensar idioteces ―dijo para sí. Tenía que tenerle algo de fe a Solace, después de todo él era cualquier cosa menos cobarde.

Un sonido similar a un gorjeo rasposo y grave lo hizo voltear.

―¿Y tú qué miras? ―gruñó a Peleo, cuyos ojos estaban fijos en el semidiós al mismo tiempo que sus dientes se asomaban ligeramente de su boca. Nico estaba seguro de que el condenado dragón se estaba burlando de él a su modo, porque de ninguna forma el reptil le estaría sonriendo con simpatía.

Para empezar, los dragones no sonreían.

―¡Nico!

Entonces vio al hijo de Apolo en el valle corriendo hacia la colina, no muy lejos venía Argos a paso tranquilo con las llaves de su camioneta tintineando.

―Llegas tarde, Solace ―le dijo al sanador mientras se incorporaba, Will jadeó un poco antes de recuperar el aliento.

―Ya sé, lo siento ―se disculpó―. Mi cabaña quería asegurarse de que llevara todo lo que podría necesitar ―palpó el bolso deportivo Adidas que colgaba a su costado derecho para hacer énfasis de su punto.

El italiano arqueó una ceja.

―Creí que intentarían detenerte.

―Yo también ―pasó la diestra por su cabello rubio, ademán que Nico sabía el chico usaba cuando estaba nervioso, frustrado o intentando sopesar algo―. Pero al parecer están contentos de tomarse unas vacaciones de mí, según Austin.

Dudaba que eso fuera posible. Si había una cabaña con un sentido de la hermandad fuerte al punto de parecer una fraternidad universitaria súper elitista, esa era la de los hijos de Apolo; no por nada el dios del sol era conocido por ser un total y molesto sobreprotector con Artemisa.

Probablemente la Cabaña 7 comprendía, al igual que ellos, que Will tenía que hacer esto.

En ese momento la creación de Hera pasó junto a los semidioses, asintiéndoles a modo de saludo.

―Hola Argos, perdona molestarte tan temprano ―a Nico le simpatizaba el encargado de seguridad del campamento. Argos nunca lo había mirado extraño a pesar de tener muchos pares de ojos para hacerlo.

Éste negó con la cabeza, supusieron que diciendo «no hay problema» y siguió de largo. Simpático el hombre.

―¿Listo? ―preguntó a Will.

―No ―admitió. Estaba tan tieso que Di Angelo creyó que apenas parpadease, ¡pum! Habría una estatua Solace donde el sanador solía estar―. Es la primera vez que salgo del campamento por asuntos no bélicos.

―Suerte para ti que soy un trotamundos.

El hijo de Apolo rió.

―Gracias, necesitaba eso ―entonces giró hacia el valle, como si esperara que sucediera algo.

―¿Qué tanto…?

Y entonces lo notó.

Lou Ellen y Cecil corrían como maniáticos rumbo a la Colina Mestiza.

―¡No nos dejen! ―gritó el hijo de Hermes, mochila en mano y sacándole la delantera a la semidiosa por unos cuantos metros. Ventajas de ser vástago del tipo con zapatos alados.

―¡Es tu culpa Cecil, te dije que te dieras prisa! ¡Esto me pasa por esperarte!

―¡Culpa a Travis, Connor y la gelatina Jell-O!

―¡Eres de la cabaña de Hermes! ―chillaba la hija de Hécate― ¡¿Realmente creías que no te iba a pasar nada cuando necesitabas un viaje sin contratiempos?!

―¡No planeo contestar eso! ―dijo Cecil― ¡Es más, me niego a hablar hasta que me consigan un representante de la Cabaña 6, Cabaña 16 o Cabaña 17!

Nico estuvo tentado a girarse hacia Will y pedir explicaciones, pero estas sobraban. Era obvio que sus amigos los acompañarían en la travesía. «Will también los necesita, no te creas especial Di Angelo», se dijo a sí mismo.

Se las arregló para mantener un semblante estoico y no lucir como si acara de tragarse jugo de limón puro. No es como si le desagradara la compañía de esos dos, Lou y Cecil eran buenos amigos después de todo; simplemente el italiano se hizo ideas erróneas y ahora debía enfrentar las consecuencias.

―Pensé que no vendrían ―suspiró el líder de la cabaña 7.

―Hermano ―sonrió Cecil, sin lucir cansado en lo más mínimo―. Somos el Team Onagro, en las buenas y las malas. BFF. ¡Pura dinamita, bro! Obvio no te fallaríamos ―luego miró al hijo de Hades y asintió como si se hubieran visto hace cinco minutos. «¿Qué hay?» decía con su relajado lenguaje corporal.

―Sí ―Nico juró que la hija de Hécate también lo miró antes de sonreír―. En las buenas y en las malas, Will.

Entonces el hijo de Apolo pareció rejuvenecer un par de años.

―Son los mejores.

Al otro lado de la Colina Mestiza, Argos los esperaba en la carretera. El claxon de su camioneta los hizo ponerse en marcha.

Nico miró al campamento una última vez antes de partir.


Continuará


Nota de la Autora:

¡Volví rápido! Sí, ya sé que está corto, pero a medida que avance la historia los capítulos se harán más largos. Por ahora, disfruten estos pequeños caps. Porque mientras más largos se vuelvan más me tardaré en subir continuación.

En el próximo capítulo analizaremos la perspectiva de Will y llegarán a California, lo juro.

| Aclaraciones |

Peste Mortal: la parodia, tal como explica Nico, pertenece a un libro de la saga Maze Runner. Más específicamente al tercero, llamado La Cura Mortal. Es un chiste que salió cuando el título me hizo pensar en Nico, ya que su debut es en el tercer libro de la saga PJ.

¡Gracias por los reviews!

See ya.