FIC BETEADO POR: Day'Cullen-Vulturi
BELLA
La vida sin el dinero aparenta no ser nada, con el dinero podemos hacer y tenerlo absolutamente todo, el dinero es cuestión de sobrevivencia y poder.
El mundo y su alrededor, al igual que las personas, viven dependiendo de él. Por la falta de dinero mueren personas diariamente…
Como viven los niños y personas de Somalia, en África…
El dinero incluso ha sido motivo a lo largo de toda nuestra historia una de las causas principales por las que distintas guerras se han iniciado…
El dinero involucra: poder, ambición, armas, drogas, política, corrupción, etc.
Alrededor del mundo han muerto personas de bajos recursos, las cuales por falta de dinero mueren de hambre o porque tienen alguna enfermedad terminal y no pueden costear los gastos de medicamentos caros.
Así murió ella: mi madre, mí amada René.
La dulce estrella que alumbraba mi camino y el de mis hermanos, ella se fue dejándonos para siempre vacíos, aquel hueco profundo desde el fondo de mi corazón jamás sanaría, lo sabía, pero tenía que vivir con ello todos los días de mi vida.
Ahora lo único que podía hacer era cerrar los ojos y recordar su bello rostro, su espléndida sonrisa maternal, su melodiosa voz, la cual ya se encontraba quebrada —por tanto sufrimiento que le ocasionaba aquel maldito cáncer—, ella diciéndome: "todo va a estar bien hija mía"
No era justo.
Nada ni nadie en esta vida se había portado justo con nosotros…
A veces me preguntaba porque la vida me había arrebatado lo que yo más quería…
¿Por qué?, ¿Por qué se la había llevado a ella?, ¿Por qué no mató a ese desgraciado que nos abandonó cuando más lo necesitamos, prefiriendo el alcohol por encima de nuestra familia? ¿Por qué?
Suspiré.
Ya que de cierta forma él ya estaba muerto, o al menos para mí lo estaba.
Charlie regresó años después de la muerte de Reneé, arrepentido y suplicándonos piedad a mi hermana Alice y a mí, la cual por supuesto no le concedimos. El día que Charlie volvió gracias a Dios mi hermano Jonathan no estaba, porque de ser así podía asegurar que Charlie no hubiese vuelto con vida a su destino.
Aquel cuento de que estaba arrepentido y en terapia de rehabilitación, no se lo creímos…
¡No éramos estúpidas! ¡El jamás dejaría el maldito alcohol! ¡Moriría solo como un vil perro y nadie lo enterraría, se lo merecía!
Cuando Reneé enfermo de cáncer, mis hermanos y yo éramos muy pequeños aún, yo era la mediana de ellos, Jonathan y Alice los menores y el bastardo de Emmett el mayor, por supuesto.
Éste último huyó a la edad de diecisiete años con Rosalie, su novia de toda la vida.
Esto terminó decepcionándome por completo, matando aquella tierna y dulce persona que había dentro de mí, ahora lo único que albergaba en mi corazón era: dolor, rencor y odio, el cual jamás desaparecería de mí nunca, jamás…
Capitulo 1:
(NARRA BELLA)
La vida es injusta, tanto así que pareciera que en ocasiones huye de nosotros.
La felicidad no existe, o al menos, solo es temporal, al igual que la vida…
¿La vida?
La vida solo es una bandeja, o la tomas o la dejas y definitivamente me es indiferente el tomarla o dejarla.
No tengo mucho por que vivir, lo único que me mantiene en pie son ellos: mis pequeños, mis niños…
Bueno aquel par, ya no son tan niños, ahora son todos unos jóvenes hechos y derechos, a quienes he criado con todo el esfuerzo del mundo, y con todas las fuerzas permitidas que mis cortos veinte años me han proporcionado.
Por ellos he hecho y estoy segura que haría lo que fuera, ellos son mi vida, mi universo entero, y sin ellos a mi lado estoy segura de que jamás podría estar en pie.
Ellos son el sentido por el cual luché día a día, y el único motivo por el que no me suicidé aquella noche de verano en la que mamá murió….
Suspiré tristemente, al recordarme junto al lecho de mi madre, aquella escena la tenía como si se tratase de una fotografía plasmada en mi mente, la cual jamás se borraría; aquella fría y oscura noche del 18 de agosto en la que mi madre Reneé dejó de existir en este mundo… ella muriendo en su fe.
Recuerdo que jamás hubo esperanzas, el médico nunca nos hizo ilusionarnos con el hecho de que mi madre se salvara, siempre fue sincero y nos habló con la verdad, lo cual, aún le agradezco desde el fondo de mi alma negra; sí, mi negra alma, porque mi alma era oscura, yo no soy buena, soy mala y sé que estoy mal; pero aquella Bella, dulce, tierna e inocente que todos conocieron y que mi madre crió, murió aquella noche… aquella noche en la que decidí venderme para darle de comer a mi madre y a mis pequeños hermanos…
Inicio Flash-Back.
Me encontraba junto al lecho de mi madre, la cual agonizaba…
Hacía aproximadamente tres meses desde que el médico le había detectado cáncer en los huesos a mi madre, aquella enfermedad era incurable, y quizá solo sí se sometía a quimioterapias y tratamientos carísimos que ni en sueños podríamos costear, su muerte sería menos dolorosa…
Me dolía el alma….quería hacer algo, actuar de cierta forma y evitar que muriera.
Pero no podía… no podía hacer nada al respecto, lo único que podía hacer era orar y suplicarle a Dios para que me dejara a mi mamita por más tiempo, por mas meses, quizá por años…
Me ahogaba en mis lagrimas, y en mi soledad le gritaba a la vida lo injusta que era al querer llevársela.
Pero no podía seguir así… aquello era demasiado dañino para Reneé, el verme de esa manera la hacía sentirse peor, y yo no estaba para complicarle las cosas, yo estaba para apoyarla hasta el fin, para demostrarle todo mi amor y cariño, y ser buena hija, además de que mis hermanos estaban de por medio, yo estaba sola, lo sabía.
Charlie en una de sus tantas borracheras se había perdido desde hace ya un mes, lo cual nos extrañó, ya que el mayor tiempo que se había perdido era una semana, y entonces le creímos muerto…
Emmett había ido a la secundaria, y mis hermanitos se encontraban en la habitación de junto, hoy es uno de esos días en lo que falté a clases, porque se me hizo imposible llevarles al colegio; tenía que cuidar a mi mamá, y por eso mismo yo había decidido dejar el colegio.
Emmett no había llevado a mis hermanos a la escuela por las diferencias de horarios, él entraba antes.
Estaba desesperada, mamá cada día empeoraba y nuestros ahorros se habían acabado, el último centavo que tenía se lo había dado a Emmett para que más tarde nos trajera pan y leche, ya que eso era lo único que podíamos costear…
—Hija —me llamó mi madre, sacándome de mis profundos pensamientos, tomando mi mano dulcemente y dedicándome una tierna mirada.
—Dime madre —atendí su llamado, mientras depositaba un casto beso en su frente.
—Ve a descansar un poco por favor —respondió en un susurro, mientras se acurrucaba en su suave y cálida frazada. Yo fruncí el seño.
— ¡No madre! —Respondí sobresaltada —, tú necesitas que te cuide y no te dejare, no, no lo hare —me negué rotundamente, ella negó con la cabeza frustrada y suspiró cansadamente.
—Por favor —pidió casi sin habla en una súplica, ¿por qué hacía aquello?, descansar era lo menos que yo quería, lo que quería era verle feliz, sana e integra; ella suspiró y tomó aire como si quisiese decir o dar un largo discurso, a mi madre últimamente hasta hablar se le dificultaba—. Te notas cansada Bell, por favor anda a descansar, yo estaré bien, no me pasara nada si me dejas sola unos minutos, además de que ya has hecho y sacrificado bastante —yo suspiré frustrada y asentí, ella me sonrió débilmente y yo besé el dorso de su mano.
—Muy bien —acepté rendida—. Veo que lo necia jamás se te quitara —argumenté con una sonrisa, la cual me devolvió —, iré, pero solo si prometes hablarme de inmediato si necesitas algo —indiqué, ella asintió.
Me despedí de ella, y salí de la habitación completamente refunfuñada, pasé por la habitación de mis hermanos y miré como mi pequeña duende Alice que tenía once años de edad se encontraba muy entretenida con mi hermano Jonathan de trece, jugando a las escondidas.
Sonreí.
Y después de echar una última ojeada, me dirigí a la sala donde tomaría una pequeña siesta…y entonces otro problema se me vino a la mente: El alquiler….
Hoy se vencía el contrato y estaba segura que el señor Mc Adams no nos esperaría ni un mes más. Y entonces con aquello en mi mente, decidí salir a la calle en busca de trabajo.
Me dirigí al cuarto donde se encontraban mis hermanos y le hice ademan a Jonathan, para que se acercara, ya que le daría algunas indicaciones.
— ¿Qué hacen pequeños? —pregunté casualmente, con la mayor naturaleza del mundo.
—Estamos jugando Bells —respondió él con una sonrisa, la cual desapareció de su rostro al mirarme, traté, con todas mis fuerzas, que mi rostro no se descompusiera; sin embargo, me fue imposible; siempre se me dificultaba mentir, y Jonathan a pesar de ser muy pequeño, era demasiado persuasivo e inteligente, el mejor de su clase, y la verdad era una pena que estuviese faltando tanto a clases, tenía que hacer algo al respecto, si no la pobreza nos consumiría—. ¿Qué ha ocurrido Bella, mamá está bien? —preguntó sobresaltado, yo asentí y el suspiro aliviado—. ¿Entonces qué ocurre? —volvió a preguntar.
—Nada…es solo que… —dudé en decir.
— ¿Es solo qué, qué Bella? ¡Habla! —Exigió.
—Tengo que salir Jonathan, no podemos seguir así, necesito conseguir un empleo, nos hace falta el dinero —indiqué, el bufó.
— ¿Empleo? ¿Estás loca? —Preguntó incrédulo.
—Sí —respondí encogiéndome de hombros—. ¿Qué tiene? —pregunté sería.
— ¿Cómo que, qué tiene? ¡Tienes quince años Bella! —exclamó aturdido.
— ¿Y eso qué tiene que ver? —Pregunté rodando los ojos.
—Vaya si que te ha afectado no ir a la escuela Bella, ¿en qué mundo o planeta vives? ¿En donde carajos piensas que te van a dar empleo? ¡Ni siquiera tienes tu identificación de mayoría de edad! Y…. —trató de seguir con su discurso, pero yo le interrumpí.
—Ya, ya, ya entendí —respondí fríamente—. Pero tengo que intentarlo, si me quedo aquí estancada moriremos de hambre Jon, mamá…. —expliqué, y no me di cuenta cuando gran número de lágrimas comenzaron a humedecer mis mejillas, cuando pude reaccionar me encontraba echa un mar de lagrimas, mi hermano se acercó a mí y me abrazó.
—Tranquila Bell —susurro a mi oído—, entiendo cómo te sientes, pero por más que quieras no puedes hacer mucho, Emmett podría ayudar más si se lo propone, pero no es así, a él lo único que le interesa es salir con la rubia de su novia, a veces siento que es lo único que le importa —manifestó con furia, yo negué con la cabeza.
—No Jonathan, por favor no digas eso, Emmett tiene que ir al colegio y sí le preocupamos —aclaré, pero el negó en desacuerdo.
—Lo que dices no es verdad, pero no quiero pelear —finalizó, mientras soltaba un suspiro.
—Bueno, pero tengo que ir Jonathan —volví al tema principal—, y necesito que tú me ayudes a cuidar a Alice, por favor no dejes que se acerque a las barras de jabón ya sabes que se las come y al rato le darán nauseas —le recordé, el asintió y yo lo besé en la frente —. Cuídense por favor y ninguna palabra a mamá, Emmett llegará en unas horas con leche y pan.
—Muy bien —respondió él—, mientras tanto mantendré entretenida al duende.
Una vez que le di las últimas indicaciones a mi hermano salí de mi casa con un único propósito conseguir dinero, costara lo que me costara.
Después de horas vagando por las calles de Nueva York, me detuve en el parque del centro de la ciudad y decidí descansar y reposar mis pies, aunque sea por un par de minutos.
Me sentía agotada tanto físicamente como mentalmente, estaba completamente angustiada, había caminado sin parar desde que había salido de mi casa y ¡Nada!, nadie me quería contratar, ni siquiera de limpia pisos, lo que significaba que no llevaría dinero a casa…
Después de que transcurrieron aproximadamente quince minutos decidí que era hora de ir a casa.
Suspire tristemente.
No había cumplido mi cometido, pero no me rendiría, caminaría una cuadra más antes de que anocheciera, ya que la tarde había caído y el sol no tardaría en ocultarse.
Cuando decidí levantarme de aquella banca, detrás de mí, sentí como una fuerte y enorme mano me tomaba por los hombros, lo que provoco que me sobresaltara.
Rápidamente me giré para así mirar de quien se trataba y quedé sorprendida con lo que mis ojos se encontraron…
Un chico misterioso y alto de un elegante traje negro, de tez en extremo blanca, ojos verdes casi hipnotizadores y cuerpo fornido, me veía con una sonrisa, que parecía maliciosa y a la vez inquietante, él me sostenía aún firmemente por los hombros.
Me asusté.
— ¡Suéltame! —Grite—. ¿Qué quiere? ¡Suélteme, por favor! —Él bufó.
—No te voy a soltar —indicó firme, yo lo miré suplicante —, tranquilízate, yo te puedo ayudar —me dijo y entonces traté de tranquilizarme, y casi lo logro—. Te he estado observando todas estas horas y me he dado cuenta que necesitas dinero ¿no es así? —Preguntó con una sonrisa, por lo que yo asentí energéticamente—. Lo sabía —añadió satisfecho—, yo te puedo ayudar… pero a cambio me tienes que entregar algo —indicó con voz ronca.
—Lo que sea —respondí sin pensar en las consecuencias que esto me conllevaría.
— ¿Estás segura de lo que acabas de decir? —cuestionó alzando una ceja, yo asentí sin pensarlo dos veces —. En ese caso, sígueme —indicó, yo hice lo que me dijo y entonces él me condujo hasta una lujosa camioneta negra y me hizo ademán para que me subiera en la parte trasera.
— ¿A dónde vamos? —pregunté, al notar cómo nos alejábamos hacía una carretera.
—A mi casa —respondió, después de eso no argumente palabra alguna.
No tenía idea quien era este tipo ni tampoco tenía idea de sus intenciones, sabía que quizá había tomado una mala decisión pero, ¿Qué más daba?
Yo estaba desesperada, y no planeaba seguir mucho tiempo de esta manera, necesitaba el maldito dinero y por el estaba dispuesta a hacer lo que fuera.
Después de aproximadamente diez minutos más de camino llegamos a lo que parecía una inmensa mansión, resguardada a su alrededor por más de veinte francotiradores.
Y ahí fue cuando me sobresalte más….
¡Tranquilízate Bella, estarás fuera de aquí en cuanto menos te lo imagines, y saldrás con los bolsillos de tus jeans llenos!
Me consolé a mí misma
Entramos al estacionamiento personal de este tipo, y me topé con un sinfín de autos lujosos, él me miro de reojo y sonrió, en realidad no tenía idea de que era lo que le causaba tanta gracia.
Abrió la puerta del auto para que me bajara y me tomó de la mano, acto por el que me sorprendí. Me dirigió hasta una enorme habitación que se encontraba en el segundo piso, después de subir las escaleras llegamos a la habitación y cerró la puerta, cuando me di cuenta de cuales habían sido las intenciones de este tipo desde el principio me aterré.
Sabía que había dicho que haría cualquier cosa por dinero, pero nunca me imaginé que algo como esto sería mi desdicha total.
En ese momento un indescriptible miedo invadió cada partícula de mi ser, pero el escuchar su voz y soportar la mirada con la que me vio recorriendo todo mi cuerpo, fue peor…
—Desvístete —ordenó autoritariamente.
En ese momento me tomo por la cintura, apoderándose de mis labios y obligándome a deshacerme de mi ropa.
-
Después de que salí de aquella escalofriante mansión donde había perdido "mi pureza", me odié, me odié con todas mis fuerzas… al igual que odié a aquel tipo, que se había aprovechado de mí.
Pero eso no importaba ahora… ahora lo que importaba era que mi mamá estaría muerta de la preocupación al igual que mis hermanos…
Aquel hombre me había dejado un poco lastimada en mi parte intima, me dolía muchísimo, Zamir había dicho que se llamada….y el muy sínico hasta su tarjeta me había dado como si yo fuese su prostituta privada.
$2000 dólares había costado mi virginidad…
Tomé un taxi y le indiqué mi dirección al conductor, no había llegado a la esquina, cuando escuche unos gritos desgarradores provenientes de mi casa.
Sin pensarlo dos veces le pagué al taxista sin esperar a que me devolviera el cambio y me adentré a mi casa.
Cuando llegué a mi casa, pude darme cuenta que se trataba de mi madre.
— ¿Qué ha pasado madre? —pregunté sobresaltada, al notar que mi madre no podía respirar, era como si el mismo oxigeno la estuviera ahogando, ella intentaba responder pero le era imposible.
—Es Emmett —exclamó la pequeña Alice en un sollozo.
— ¿Emmett? —pregunté confundida.
—Emmett se ha ido —informó Jonathan seriamente, mientras cerraba sus pequeños puños fuertemente; aquella noticia cayó como un frio balde de agua y me derrumbé en el piso—, hace unos minutos vino por sus maletas y se despidió de mamá, ella estaba muy alterada porque tu no regresabas pero su puso peor cuando llego Emmett.
Miré horrorizada a Jonathan por tal confesión y me acerqué a mi madre, quien parecía convulsionarse en su lecho.
—Madre…por favor —supliqué entre lágrimas mientras me aferraba a su pecho.
—Los amo… más que… a nada en… este mundo hijos….cuídense, mi Bell her-moo-sa, cuídate y… y cuida a tus hermanos, recuerden que… siempre estaré cerca… de sus corazones cuidándolos… y protegiéndolos —articuló mi madre con muchísimo esfuerzo, mientras que la encapuchada se la llevaba.
La habíamos perdido para siempre, y todo había sido por mi culpa y por la de Emmett.
Ahora ella se había ido…
Salí corriendo rápidamente, no me importó escuchar los sollozos de mis hermanos, lo único que me importaba en ese momento era acabar con el dolor, ya no tenía ningún sentido para seguir en este mundo… mi madre se había ido… el desgraciado que se hacía llamar nuestro padre nos abandonó al igual que el bastardo de Emmett.
Llegué donde el puente peatonal que en mi calle se encontraba y me coloqué en el barandal.
Esta era la única forma con la que acabaría con mi dolor…
Pero como si se tratase de una grabadora, las palabra de mi madre retumbaron en mi mente:
«Los amo más que a nada en este mundo hijos….cuídense, mi Bell hermosa, cuídate y cuida a tus hermanos, recuerden que siempre estaré cerca de sus corazones cuidándolos y protegiéndolos»
Esa había sido la última voluntad de mi mamá y la cumpliría.
Fin Flash-Back.
Durante cinco años había tratado con todas mis fuerzas cumplir la última voluntad de mi madre y sabía a la perfección que les estaba dando un muy mal ejemplo, el cual no merecían.
Jamás me perdonaría por aquello… pero las circunstancias lo ameritaban y teníamos que comer de alguna manera, fuera buena o fuera mala.
Habían transcurrido ya cinco años desde la muerte de mi madre y todo había sido muy duro, tanto así que cuando Charlie y Emmett nos abandonaron, el juez del estado de Nueva York ordenó que nos mandaran a un orfanato para que nos adoptaran, lo que significaba la separación de mis hermanos y yo.
Y como era de esperarse tuvimos que huir para que eso no ocurriera, quedándonos así, sin un hogar donde vivir y alguien que nos cuidara;
Emmett y yo siempre habíamos sido muy unidos, y yo le quería más a que a nadie, siempre fue mi ejemplo a seguir, pero cuando se fue, mató todo ese cariño, me decepcionó y al irse murió para mí como Charlie, ahora la única familia que me quedaba eran Alice y Jon.
Suspiré frustradamente al observar a mis dos hermanos dormir tan tranquilamente en sus alcobas. Ambos estaban muy cansados lo sabía, el día de ayer no había sido nada fácil, pero tenían que ir al instituto;
si algo no podía permitirme era el que ellos fuesen unos irresponsables y faltaran al colegio.
¡Uy si, cálmate mamá Bella, que buen ejemplo les das tu!... Pensé sarcásticamente mientras tomaba mi armónica y comenzaba a tocar una canción de cárcel.
Sonreí al mirar el rostro malhumorado de Jonathan, quien se acomodó nuevamente en la cama y se colocó una almohada en la cabeza, en el vago intento de evitar los empalagadores acordes de la armónica.
— ¡Es hora de ir a la escuela! —Canté como cantante de ópera mientras le hacía cosquillas a la pequeña Alice quien todos los días se levantaba con un muy buen humor, ella se despertó con carcajadas y depositó un tierno beso en mi frente, yo le sonreí—. ¡Jonathan, no me obligues a traer la trompeta! —le amenacé, él se levantó de sopetón con la almohada aún en la mano y se metió al baño.
— ¡uff, uff y recontra uff, que humor! —Exclamó Alice, mientras se dirigía a su armario—. ¡Ya cásate! —Le gritó.
—Con tal de alejarme de ti, haría lo que fuera duende —gritó Jonathan desde el baño, Alice hizo un puchero.
— ¡Ya basta los dos! —Les advertí—, mejor dense prisa o se les hará tarde —Alice asintió y se dirigió al otro cuarto de baño.
Los tres vivíamos en una modesta y pequeña casa cerca del colegio, la cual habíamos alquilado, era mucho más que obvio, que teníamos las posibilidades de vivir mejor, pero no, no podíamos darnos muchos lujos o seriamos muy obvios y nos encontrarían fácilmente.
Jonathan insistía en que nos marcháramos de Nueva York, pero no, yo no quería, esta ciudad había sido nuestro lugar de nacimiento, y donde nuestra madre nos había criado, se me hacía difícil tener que despedirme de mi ciudad, pero sabía a la perfección que con el golpe que daríamos esta noche mis hermanos y yo, tendríamos que mudarnos obligatoriamente de este país.
Jamás habíamos dado un golpe tan grande, exactamente era la tercera vez que lo hacíamos, la primera vez habíamos asaltado una joyería y la segunda un centro comercial de tamaño proporcionado, aquel botín lo habíamos cuidado como el más grande tesoro, tratando de que nos durara, pero el maldito dinero se nos estaba terminando y teníamos que conseguir más…
Después de prepararles el desayuno a mis hermanos, decidí llevarlos al colegio.
En el camino no dejaba de pensar en el siguiente golpe que daríamos… robaríamos un banco: El JP Morgan Chase & Co.
Para ser precisos, sería un fin de semana cargado de estrés, el día de ayer tuvimos que asaltar una pequeña tienda y la policía nos había detectado, huimos de la escena de robo, y logramos perderles el rastro, pero, ¿Qué pasaría si llegara el día en el que nos atraparan?
— ¿En qué tanto piensas Bells? —preguntó la cantarina voz de mi pequeña hermana, sacándome por completo de mis remotos pensamientos.
—En nada Alice —respondí con una sonrisa, ella no se trago mi respuesta así decidí que era mejor cambiar de tema—. Y cuéntame Jon, ¿Qué tal te va con esa chica, de la que me habló Alice? —cuestioné mientras alzaba una ceja insinuante a mi hermano, a través del retrovisor, Jonathan suspiró frustrado y rodó los ojos, mientras fulminaba con la mirada a la duende.
— ¿De qué chica hablas, Bell? — pregunto él desinteresado, mientras miraba por la ventana.
—Oh vamos a mí no me mientas —le indiqué sonriente, el negó con la cabeza.
—No sé de que hablas Bella, no hay ninguna chica por la cual tenga que contarte, no tengo novia, el profesor de historia es un idiota, ¿algo más que quieras saber? —exclamó desesperado, se había enojado… lo sabía.
—Ya, ya, no diré más nada —murmuré seriamente entre dientes sin mirar a ninguno de los dos, mientras aparcaba en el estacionamiento del instituto de mis hermanos—, vengo por ustedes a las 12pm, cuídense —me despedí.
Alice depositó un beso en mi mejilla y muy tranquilamente se dirigió a su salón de clases con sus típicos andares de bailarina.
Estaba a punto de arrancar, hasta que me percaté de que mi hermano aún no se marchaba a su clase.
— ¿Se te ha olvidado algo Jonathan? —pregunté seriamente, él se acerco a la ventilla del copiloto.
—Discúlpame Bella, no debí hablarte en ese modo —se disculpó mi hermano mientras hacía un puchero por el cual estaba segura que ninguna mujer podría resistirse, yo asentí y le sonreí —. ¿Me perdonas?
—Por supuesto, tonto —respondí—, discúlpame tú a mí también, no debí preguntarte nada, es solo que quise desviar la pregunta que Alice, me había hecho, la verdad estoy muy preocupada —expliqué sinceramente, él alzó una ceja, confundido.
—No debes de estarlo —respondió—. He calculado cada detalle perfectamente —me aseguró —. Ya no estés así —animó, yo asentí.
—Muy bien, ahora a clases muchachito —dije, mientras le hacía ademán de que se marchara, el sonrió.
—Ya es hora de que tú también asistas al instituto —rezongó antes de marcharse yo sonreí y negué con la cabeza.
Después de que miré desaparecer a mi hermano por el umbral de la puerta, aceleré el motor del Ferrari que tenía.
La regla había sido: "nada de lujos"
Lo decidimos cuando nos iniciamos en este negocio, pero era casi irresistible cumplirla, yo me había vuelto una obsesionada por los autos lujosos y la velocidad, además de que para huir necesitábamos velocidad, Alice se había vuelto loca por la moda y mi hermano Jonathan adicto a la tecnología.
Hoy sería una noche dura, "llena de trabajo" y tenía que relajarme, así que en estos momentos el lugar que iba más conmigo era el SPA.
N/A: Hola queridas lectoras y lectores, pues la verdad es que estoy muy feliz de que les haya agradado el prefacio de esta historia: D y a petición de ustedes les dejo este primer capítulo, por favor déjenme sus opiniones, críticas y comentarios que para mí son más que bienvenidos, porque me ayudan a mejor cada día. Les mando mil abrazos y besitos desde mi bello país México.
