Slayers Men In Black
Capítulo 2 – La novata
- ¿¡CÓMO!? – gritó el jefe de los Men Slayers In Black.
- Pues eso mismo, señor Zel - Filia hizo una pausa tras suspirar – Que el idiota de Zeros se lo ha contado a su compañera, según lo que hemos obtenido de la cámara en su móvil, es más... ¡incluso la dejó usar su pistola!
- ¿Por qué ha hecho semejante tontería¡Quiero una explicación!
- Estaba borracho – fue la única explicación que Filia le dio a su jefe.
- ¡Maldita sea! – maldijo Zel.
Silfild se despertó con un dolor de cabeza insoportable en la cama de Zeros, él estaba en el sofá durmiendo.
- He soñado que... los Men In Black existían y Zeros era uno de ellos... – rió divertida – que borrachos estábamos.
Pero Silfild vio la pistola en el suelo, y los calzoncillos desperdigados, al fondo del cajón estaba el móvil, y en el suelo el supuesto uniforme.
Miró la pared para comprobar que sólo había sido una broma pero el agujero estaba ahí.
- ¿¡Era verdad!? – gritó fuera de sí.
El móvil comenzó a vibrar, Silfild se levantó a cogerlo.
- ¿Diga?
- ¿Agente Zeros¿Qué tontería ha hecho usted¡Ha desvelado a una chica el secreto de los S.M.I.B¿EN QUE PENSABAS IDIOTA¡El jefe esta muy enfadado! – gritó una mujer encolerizada al otro lado del aparato – Espero que podamos desmemorizarla, aunque si ya sabe demasiado sobre nosotros...no hay más remedio que...¿Zeros¿Me escuchas¿Agente Zeros?
- Erm... soy su compañera de piso... – contestó Silfild riendo.
Cuando Silfild pronunció estas palabras Filia se quedó sin habla y colgó el teléfono.
Silfild se dispuso a recoger el cuarto de Zeros y el salón mientras le daba vueltas al misterioso asunto.
Alguien aporreó la puerta y Zeros se despertó, abrió la puerta y se encontró a...
- ¡AGENTE R.I¿Qué haces aquí? – de repente aquella sensación de miedo que inspiraba la cara de la agente, lo despertó por completo.
- Mazoku irresponsable... cuando Filia se enteró del asunto le dio un ataque nervioso, se transformó en la base y hubo que reducirla con calmantes, – le riñó la agente - pero el jefe quiere ver a la muchacha en cuestión.
La agente R.I no pareció (por una vez en su vida) enfadarse por aquella metedura de pata, pero sin previo aviso se labnzó sobre el pobre agente inmovilizándolo, y tratando de estrangularlo.
- ¡¡Agh¡¡Te vas a enterar idiota!! – de repente lo soltó y se frotó las manos, volvió a recuperar la calma, aunque la sonrisa diabólica en su rostro no se había ido – Necesitaba desahogarme…
- ¿Qué ha pasado? –preguntó Zeros sin recordar lo que hizo la noche anterior.
Silfild se asomó a la puerta y Rina la cogió del brazo, también hizo lo mismo con Zeros y apretó el botón de su pulsera- reloj.
En ese instante aparecieron en un gran salón muy concurrido con secretarias de allá para acá informando a la gente; algunos eran hombres lobos, otros fantasmas, también había dragones, hechiceros y demonios.
- ¿Qué es esto? – preguntó Silfild, una chica rubia se acercó a ellos y le dirigió a Zeros una mirada penetrante.
- Al menos podías haberte dignado a quitarte el pijama – replicó la chica rubia.
Zeros enrojeció un poco al darse cuenta del estado de su pijama, tenia los botones desabrochados, los pantalones tan bajados que se le veían la gomilla de los calzoncillos, llevabas unas zapatillas rosas con dos ponpones muy grandes (que eran evidentemente de Silfild).
Silfild en cambio llevaba una bata rosa encima de su pijama con unas zapatillas a cuadros(que eran las de Zeros por cierto) y no tenía un aspecto tan ridículo.
La agente R.I se despidió con un gesto de la mano y Zeros le replicó a la chica:
- Mira Filia, metete en tus asuntos.
- Os llevaré ante Zelgadis, que por cierto esta muy enfadado... – añadió llevándolos por corredores de piedra – ahora recibirás la bronca que llevas ganándote a pulso desde hace tiempo...
Pasaron a una sala fría y oscura y Silfild se llevó un gran susto al ver la quimera Zel, que vestía un elegante esmoquin blanco, cuando vió a Zeros en semejantes pintas le cayó una gota de sudor por la frente.
- ¿Qué es usted? – preguntó Silfild educadamente.
- ¿Qué importa? Una criatura mágica, en recepción has visto unas cuantas¿no?- respondió Zelgadis.
- Pero ninguna tan cerca – Silfild comenzó a tocar el pelo de aquella persona (o monstruo según se viese) tan curiosa.
- ¡Dejame en paz! – gritó malhumorado y apartando de un manotazo la mano de Silfild.
- Si estas compartiendo piso con un demonio... que ha causado un gran problema – continuo Filia mirando al demonio con "algo" de rencor.
Silfild miró a Zeros que se encogió de hombros.
- ¿Qué he hecho? – seguía sin comprender a que venían esas broncas.
- Principalmente, has contado a una humana el secreto de nuestra organización, las has dejado usar la pistola, has hecho que me diese un ataque de nervios… - enumeró Filia con desprecio hacia el demonio.
- ¿Cuándo he hecho yo eso? – preguntó Zeros algo harto de que dijesen que había hecho cosas que no hizo.
- Anoche…estábamos algo indispuestos… - comentó Silfild algo abochornada.
- ¡Mazoku,basura borrachuza¡Eso es lo que es este tipo! – señaló Filia fuera de sí, de haber podido dar un puñetazo al mazoku lo hubiera echo peor no quería perder la dignidad ante su jefe.
- ¡Es cierto! – de la celebración del comienzo de las vacaciones de verano, Zeros recordó que comenzó a ver una película…y un montón de botellas de cerveza junto al sofá…
- Estás ante una dragona, y la agente R.I sabe hacer magia... – explicó Zelgadis, haciendo caso omiso a Filia – aunque los humanos no los apreciéis hay muchas criaturas mágicas en la tierra, y humanos que dominan la magia a la perfección…
- ¡Que guai! – exclamó Silfild entusiasmada - ¿Cree que yo también...?
- En realidad todos podemos hacer magia, pero para ejecutarla hay que estimularla y someterse a unos entrenamientos... – formuló Filia.
- Que son los que imparte la agente R.I a los novatos – concluyó Zeros.
- Pero... ¿qué es esta asociación¿para qué es?
- Veras – Zelgadis se levantó del sillón y comenzó a pasear por la habitación – S.M.I.B son las siglas de Slayers Men In Black, de la cual yo soy el jefe y Zeros es un agente, en este mundo de moderna tecnología no hay sitio para los dragones y mazokus, y mucho menos para la magia, pero debe existir, nosotros protegemos a las criaturas mágicas y la encubrimos. Puede que la mitad de la gente de tu ciudad sean magos, dragones...
- No comprendo... ¿por qué los ocultáis?
- Imagina que dejásemos a los dragones ir a sus anchas sin apariencia humanas, la gente los cazaría y se extinguirían, por no hablar de los destrozos que causarían. Si la gente se enterase de que los demonios se alimentan de sus emociones negativas los exterminarían. Y si mostrásemos la magia, le darían el mal uso que le dan a su tecnología. – aclaró Zel.
- Cada vez que un dragón nace viene aquí y nosotros le damos papeles y una apariencia humana, cada vez que un mazoku viene del plano astral hasta aquí hacemos lo mismo, también evitamos posibles enfrentamientos entre nosotros – prosiguió Zeros.
- Si alguna criatura está herida, viene aquí con sólo pronunciar una palabra clave y nuestro equipo de enfermeras los cuidan – ultimó Filia.
- Y queremos que seas un miembro más... por lo del incidente y porque hemos detectado bastante magia en ti... estás cualificada. – le ofreció Zelgadis.
- Acepto – dijo Silfild entusiasmada.
- ¿Zeros tendrá un castigo? – preguntó Filia ansiosa por escuchar un "sí" - ¿Una suspensión de sueldo tal vez?
- No lo creo necesario…el incidente no ha ido a más y además tenemos otro miembro en los Slayers Men In Black – a Filia se le cayó el alma a los pies y sintió que la furia la llenaba de pues a cabeza ante la actitud de su jefe - ¡bienvenida jovencita, espero que seas una buena agente! – Zelgadis estrechó la mano de Silfild que sonreía aún sin creerlo.
- Bien, ahora os llevaré con la agente R.I pero pasaros por la enfermería a hacer el análisis médico – tras decir esto con rabia contenida, Filia nos acompañó hasta la enfermería donde había todo tipo de criaturas mágicas enfermas.
Una chica que vestía un uniforme de enfermera los acompañó hasta la sala de análisis, Filia se fue a recepción tras lanzar una mirada rencorosa al demonio que sonreía burlonamente, al ver que no le había caído ni un castigo. Cuando entraron en aquella sala de color negro que estaba iluminada en el centro por algo.
- Ella es Ameria – presentó Zeros – si en las misiones te hieren tienes que acudir a ella.
- ¡Encantada¡Te ayudaré en lo que quieras! – dijo Ameria.
- Gracias – le respondió Silfild amablemente.
En medio de la sala había una gran llama blanca.
- Entra en ella – pidió la enfermera – tranquila no te quemará.
Silfild metió primero una mano, daba una sensación de calidez pero no quemaba.
Ameria sacó un bloc de notas y un bolígrafo.
- Es humana... pesa cincuenta y cinco kilos y mide 165 centímetros... nivel de magia diez, lo normal, nivel de magia útil siete... no está mal – a medida que iba diciendo anotaba – fuerza cincuenta, cociente intelectual 120... nivel de anticuerpos, plaquetas y glóbulos normal, no ha tenido enfermedades... – dejo de anotar - ¡Perfecto!¡ya puedes salir!
A Silfild le costó salir de la agradable llama, era muy agradable. Le recordaba a las noches de Invierno lluviosas en las que se tapaba con una manta en la litera de arriba mientras hablaba con Zeros, que dormía en la cama de abajo.
- ¿Cómo lo has hecho Ameria? – preguntó Silfild maravillada.
- Un conjuro – le respondió Zeros.
Ameria asintió y les guió hasta un gran patio, allí les esperaba la agente R.I.
- Ten cuidado... es una maestra exigente – recomendó Ameria a Silfild deseando que la agente no fuese muy dura.
- No será para tanto – contestó Silfild con despreocupación – pero, gracias.
- Si es para tanto – le cortó Zeros.
Silfild tragó saliva.
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