¡Hola a todos! Muchas gracias por los reviews. Aquí les dejo una nueva entrega. Aclaro de inmediato de que en un principio la introducción y el primer capítulo eran uno solo, pero decidí separarlos porque era muy largo xD
1.
Malos presagios.
La gente se paseaba como un torrente interminable por las calles del centro. Sakura trató de levantar la cabeza entre la multitud. Naruto y Sai se habían vuelto a perder. Uno había caminado hacía la derecha, exigiendo ir a comer algo, y el otro, que seguramente ni se había fijado que sus compañeros se habían detenido, lo más probable era que se había dejado llevar por la corriente humana sin rumbo fijo.
Así que allí habían dejado a Sakura, de puntillas, tratando de divisar antes que todo una mata de cabello rubio entre la multitud. En ocasiones como aquellas, siempre funcionaba. Un cabello como el que tenía Naruto resaltaba a todas luces. A Sai lo ubicaba después, pues una cabeza negra era más difícil de diferenciar que una rubia entre la gente.
Pero a Sakura ya no le estaba haciendo gracia aquello. Si bien, no era la primera vez que se separaban en la hora pic de la tarde en pleno centro de la ciudad, no solía pasar mucho tiempo antes de que volvieran a reencontrarse. Naruto siempre se negaba a dejarla sola, y Sai decía que era muy aburrido caminar sin compañía. Pero ya había pasado demasiado tiempo, y a medida que pasaba, Sakura comenzaba a sentirse enferma. Apenas pudo oírse la maldición que brotó de sus labios, mientras se daba vuelta una y otra vez sobre su eje, tratando de ubicar a sus amigos. ¿Demonios, de donde había salido tanta gente de repente?
En un momento le pareció ver una mano alzándose sobre la muchedumbre indiferente, como tratando de captar su atención. Pero para cuando Sakura logró mirar en aquella dirección, la señal simplemente desapareció. Sólo podía oír las voces de la gente, que conversaban entre ellas, difusas.
Sakura frunció el cejo, comenzando a preocuparse. Vamos, que no tenía por qué sentirse así. Estaba pensando que siempre podía volver a casa sola y encontrar a sus resbaladizos compañeros allí y darles una tunda, cuando entonces ocurrió…
Ocurrió que Sakura no recordaba donde quedaba su casa.
Frunció el cejo, alarmada. Trató de recordar la calle, las casas que rodeaban su hogar, algún punto de referencia, pero nada, no lo recordaba ¡No sabía donde quedaba su propia casa!
Como acto inconsciente, miró a la gente que pasaba a su alrededor, con la intención de pedir guía a alguno que la pudiera encaminar en la dirección correcta. Y entonces se dio cuenta que la gente pasaba de ella, indiferente a su presencia. Se movían, caminaban y miraban en una dirección fija, sin si quiera reparar en ella, como si fuera un poste de luz más de la calle adoquinada. ¿Qué demonios estaba sucediendo?
Sakura giró sobre sus talones rápidamente. Algo había llamado su atención. Una presencia entre las mil que la rodeaban. Entonces se dio cuenta que alguien aparte de ella estaba detenida, alguien que resaltaba como una negra piedra de onyx entre muchos blancos mármoles.
Sakura abrió sus ojos de par en par, al toparse con los ojos de un enorme animal que la miraba desde la otra calle. Ni si quiera se preguntó cómo era que la gente podía pasar sin si quiera reparar en un animal tan grande como ése, sentado entre ellos, en medio de la ciudad. Tampoco reparó en su pelaje negro y espeso, ni en sus patas poderosas, ni en su enorme tamaño, demasiado grande para ser un perro. Sakura sólo veía sus ojos, aquellos ojos afilados y rojos, fijos en ella.
Entonces, supo que debía salir de allí.
Pero antes de que pensara en retroceder, o siquiera pensar en escapar, Sakura observó, horrorizada, que el animal se ponía en posición de ataque y, con un rugido espantoso, se abalanzaba contra ella. Lo último que sintió, fueron los colmillos, gruesos y puntiagudos clavarse en su garganta…
– ¡No!
Lo primero que vio, fue el cuadro que le había regalado Sai en su cumpleaños, colgado de la pared. A su lado, el segundero del reloj que le había regalado Naruto, repiqueteaba suavemente sobre su mesita de noche, en medio del silencio de su cuarto.
Sakura se llevó inconscientemente una mano a la garganta. Aún tenía la horrible sensación de aquellos gigantescos colmillos clavándose en su carne, desgarrándole el pescuezo. Miró el reloj. Eran un cuarto para las tres de la mañana. Pésima hora para despertar, pensó mientras se llevaba la mano a la frente para quitarse un leve sudorcillo. Se incorporó, cerrando los ojos. Su corazón latía furiosamente dentro de su pecho, prueba suficiente de la reciente pesadilla que había tenido.
Sakura pensó que ahora que se había despertado en tal estado, le costaría un mundo volver a dormir. Además, las imágenes de el sueño aún revoloteaban en su mente, haciéndola sentir enferma. ¿Qué clase de pesadilla había sido aquella? Hace mucho que no soñaba con nada. Ella no era mujer de soñar. No al menos desde los doce años.
Se volvió a acomodar en la cama, respirando hondo, sintiendo que su corazón poco a poco volvía a su ritmo normal, mientras miraba el techo blanco de su habitación.
Sólo había dos cosas que hacer en casos como este. Una, era bajar, dirigirse a la cocina, y tomar un vaso de leche tibia para que le volviera a bajar el sueño. Habría sido una buena opción si no fuese porque Naruto olvidó comprar leche ésa mañana. Así que no le quedaba más que allegarse a la segunda opción.
Sakura acomodó bien su cabeza en la almohada para prepararse. Esperar al sueño podía demorar poco, o una noche entera.
…
Contra todo pronóstico, Sakura logró por poco conseguir un pasaje en el bus del viernes a las tres de la tarde. Era el único cupo que quedaba de todo un fin de semana y, para alegría de ella, le había tocado ventana. Siempre le había gustado ir a la ventana, sobretodo porque el paisaje empezando de la estación de bus hasta la casa de la señora Haruno era sencillamente imperdible.
Naruto, en tanto, en cuanto se enteró de lo que quería decir la taza trizada, de primeras buenas se lo había tomado en broma, diciendo que eso era de supersticiosos. Luego su actitud cambió a una ligeramente irritada, sobretodo para con Sai, reprochándole el tirarle mala suerte al viaje de Sakura y ser un pájaro de mal agüero. Finalmente, ya para la mañana del viernes, Naruto estaba completamente paranoico.
–Sakura, por favor, por favor –le rogaba, mientras ella tomaba una tostada –No viajes este fin de semana por favor, te lo ruego. ¡Haré lo que quieras, ordenaré tu cuarto durante un mes si quieres! –ofreció, esperanzado.
–Estás loco si crees que te dejaré meterte a mi pieza, Naruto –rezongó ella, agarrando la mermelada de frambuesa.
– ¡Bueno, ya, no limpieza de cuarto! –corrigió él blandiendo sus palillos – ¿Entonces qué? Dime qué cosa, lo que sea, haré lo que pidas. Pero, por favor, no viajes.
Sakura le sonrió, sin saber si agradecerle por su preocupación, o darle una colleja de muerte. De veras que estaba poniéndola de los nervios. Miró de reojo a Sai, quien le había explicado a Naruto lo que significaba una taza rota con tono irreverente. Sakura le riñó por eso, pero él había objetado que ella ya sabía cómo era Naruto, que cuando quería saber algo, lo averiguaría a toda costa, y como no quería tenerlo colgado de él todo el fin de semana, era mejor prevenir. Aunque aquello significara sacrificar la tranquilidad mental de Sakura.
Quizá Sai también se merecía una colleja igual o más fuerte de la que se merecía Naruto.
–Naruto, ya basta –trató de tranquilizarlo. A ver si de pasada podía tranquilizarse ella también –No seas paranoico, el que se quiebre una taza no quiere decir que me vaya a morir o algo así. Además, tú mismo dijiste que eso de las supersticiones eran patrañas ¿o es que acaso ya no lo recuerdas?
– ¡Claro que lo recuerdo! –contestó Naruto –Pero eso fue antes de que Sai reprobara ayer su examen. A él también se le trizó la taza y mira lo que pasó.
–Eso no es gran cosa –intervino Sai afablemente, mientras tomaba su té –Eso ya era un hecho, se quebrara la taza o no.
– ¿Entonces para qué brindaste por eso?
Sai se encogió de hombros.
–No lo sé. Supongo que la esperanza es lo último que muere ¿no?
Naruto se revolvió el cabello frenéticamente, y luego se enderezo, obligándose a entrar en calma. Se dirigió nuevamente a Sakura.
–De acuerdo. Olvida las tazas –respiró hondo –quizá eran de mala calidad después de todo, y más que mal, nos costó menos que un set de platos de cartón. Pero¿y que hay de mi instinto? realmente tengo un mal presentimiento. El clima es malísimo allá, y queda tan, pero tan lejos y…
–Sólo son seis horas de viaje, Naruto –lo interrumpió Sakura con los ojos en blanco – Y el vivir allá durante, no sé…– hizo como que contaba con los dedos –TODA mi vida, quizá… ¿no crees que algo debo saber como para manejarme allí? Y déjame decirte una cosa más, señor Instinto, que la última vez que seguí tus predicciones, me perdí un concierto orquestal con la entrada a mitad de precio.
–Bueno, nadie es perfecto –se excusó el rubio, rascándose la nuca. –hasta los mejores cometen errores.
–Sí, claro. Díselo a Shino que me consiguió la entrada y que ahora no me hará más el favor.
–Shino tiene cara de traficante –comentó Naruto, apelando en su defensa –con ésos lentes oscuros y ese traje de abrigo largo ¿no te parece sospechoso?
Sakura cerró los ojos haciendo acopio de su paciencia, que no era mucha. Sí que la terminaría por enfermar. Y lo peor es que ella ya había estado pensando toda la noche anterior tratando de auto convencerse que la taza quebrada de Sai y su inminente fracaso en su examen de ayer, sólo eran una coincidencia, algo que debía pasar. Recordó de golpe el sueño con aquel gigantesco lobo con un escalofrío.
No estaba asustada, sólo estaba algo sensible. Sí, eso.
Y Naruto, con su perorata de presagio de muerte no la ayudaba ni en lo más mínimo a mejorar su estado.
Por otro lado, había encontrado a Sai mirándola de reojo varías veces. Se preguntó si estaría preocupado aunque fuera un poco de ella. Más que mal, fue él el primero en dar la señal de alarma, aunque hubiera sido de una manera muy poco sutil, como todas las cosas que hacía.
La respuesta la supo ésa tarde, antes de subir al bus. Naruto aún estaba rogándole que se quedara, que aún podía desistir, mientras mascullaba cosas como que la señora Haruno podía vivir un fin de semana más sin su hija y que tendría que considerar seriamente en cambiarse de ciudad.
Sai la ayudó a cargar su maleta, y cuando ya tenía el ticket en la mano, se le acercó y le dijo:
–No fue mi intención.
– ¿Qué?
–Que no fue mi intención amargarte el viaje –dijo él dándole el ticket. Sonrió mirando de soslayo a Naruto que discutía algo con un hombre –Debí suponerlo.
–Oh, no. No te preocupes, querido. –dijo Sakura ácidamente –No ha sido nada. No sólo no he podido dormir bien las últimas dos noches, si no que por culpa de tu pequeña creencia, Naruto está al borde del colapso nervioso porque cree que me va a comer el yeti o algo así allá en las montañas ¡Y lo peor de todo es que yo también estoy comenzando a creerlo!
– ¿Hablas en serio?
– No, pero comenzar a temer salir al patio de la casa de mi madre es un indicio ¿no? –Sakura se dirigió a una máquina de soda, seguida de Sai que comenzaba a reírse con aquella insultante risita discreta muy suya –Ahora ¿me harías el favor de decirme cómo esperabas que reaccionara ante un "mal presagio"?
Sai acentuó su sonrisa.
–Pues muy mal. Ésa era la gracia.
Sakura lo miró de hito en hito, sin comprender. Pero antes de que pudiera decir algo, una voz la interrumpió.
–Esta chica de aquí ¡Esta! La de cabello rosa ¿cuántas chicas de cabello rosa conoce como para confundirla con alguien más, eh? –Naruto se había aparecido por arte de magia delante de ella arrastrando con él a un hombre bajito que miraba al joven rubio con expresión confundida. A juzgar por cómo movía los brazos y apuntaba a Sakura, Naruto intentaba enseñarla al hombre quien parecía ser, por su credencial y el uniforme que vestía, un empleado de la línea de buses.
– ¿Naruto qué diantres estás haciendo?
– ¡Sakura! Este es el chofer del bus, él se encargará expresamente de vigilarte y que nada te pase hasta que llegues a tu casa sana y sa…
– ¡Naruto, ya basta! –exclamó Sakura, sintiéndose enrojecer de vergüenza –Este viaje lo he hecho al menos mil veces desde que nos conocemos! Déjate de hacer tonterías!
Pero Naruto pareció pasar de ella olímpicamente, como quien ignora las protestas de una niñita malcriada.
–Señor, usted solo vigílela. –pidió – Le aseguro que será bien recompensado. No, no le pagaré ¿Pero no sería recompensa suficiente el saber que una vida ha llegado sana y salva a casa? En caso contrario, si no le parece recompensa suficiente lo entenderé. –añadió sonriendo de aquella manera tan siniestra que le salía algunas veces, y susurró –Sólo limítese a llevarla sabiendo de que si no llega sana y salva, lo perseguiré hasta encontrarlo, y entonces le destrozaré la cara de un solo golpe antes de hacerlo morir lenta y dolorosamente hasta que vea el fuego…
– ¡Naruto!
–… de los siete infiernos, y entonces desearás con toda tu alma el nunca haberme conocido, porque yo… soy elKyuubi, el demonio de las nueve colas que hará de tu vida un infierno… –El joven acercó su rostro macabramente sonriente al del pobre hombre que intentaba tragar y tragar saliva sin éxito – ¿Ha entendido usted bien?
–S-sí, señor –tartamudeó el hombre, acobardado por la inquietante mirada del rubio –Pe-pero creo que eso debe decírselo al chofer ¡y-yo solo me encargo de las maletas!
Naruto se lo quedó mirando.
– ¡Pues exijo la presencia del chofer de bus AHORA! –exclamó, y lo arrastró de vuelta por donde habían venido en busca de la pobre alma que conduciría el bus –Haberlo dicho antes, hombre ¡Ahora tendré que repetirlo todo de nuevo!
– ¡Naruto, deja en paz a ése pobre hombre! –le ordenó Sakura. – ¡Y deja de andar diciendo eso del Kyuubi, que te creerán loco! –Pero Naruto ya se desaparecía junto con el susodicho por entremedio de la multitud de pasajeros que esperaban en sus andenes. –Ufff… –la chica resopló y miró a Sai – ¿Sabes? Estoy pensando seriamente en maquinar un plan para hacerlo volver con Hinata. Este chico definitivamente no nació para estar solo.
Sai sonrió.
–Sólo se preocupa de ti. Ya sabes, como tu madre.
–Genial. Necesitaré otros diecisiete años entender eso. –respondió Sakura, mientras un hombre anunciaba la salida del bus, antes de que Naruto apareciera tras él y lo obligara a escuchar su estremecedora amenaza.
–Y con ella ya es más que suficiente. Gracias –agregó echándose su mochila de la suerte al hombro, dirigiéndose hacia donde estaba Naruto que ahora agarraba por las solapas al chofer que lo miraba perdido. De verdad le recordaba a su madre.
Diez minutos después, Naruto abrazaba a Sakura con tal efusividad que la joven no pudo hacer otra cosa más que rogar a que sus pulmones volvieran a funcionar normalmente después de eso.
–Sakura, Sakura, Sakura. Cuídate mucho, de veras. Te estaremos esperando.
Luego, Sai se le acercó y le dio un golpecito en la frente.
–Disfruta tu viaje, frentuda. Y no hagas caso de la taza. Ahora que te vas, ya no tiene sentido.
Sakura se lo quedó mirando.
–Oye, a qué te refieres con eso.
–A que no te asustó lo suficiente como para no viajar –explicó Sai tranquilamente –La gracia era que te quedaras. Pero, en fin…
–Oye, oye ¿estás diciendo que tu planeaste lo de la taza? –preguntó Naruto, quién no podía aceptar haber sido engañado. Pero Sai simplemente sonrió. –Das miedo ¿sabías?
Sakura no dijo nada al respecto. ¿Sai no quería que se fuera? No pudo evitar sonreír, a pesar de que luego les dijo que si no fuera porque el bus la iba a dejar abajo, golpearía a Naruto por paranoico y a Sai por… bueno, por avivar la llama.
– ¡Nos vemos el martes! –le gritó Naruto – ¡Te vendremos a recoger! ¡Y no te preocupes por Sai, me las va a pagar! –agregó, dándole un empujón en la espalda a Sai, que se tambaleó un poco.
Sakura sonrió. Subió al bus, buscó su asiento, y una vez en él, saludó con la mano desde su ventana. Naruto y Sai alzaron también sus manos, devolviéndole el saludo. El bus comenzó a moverse, saliendo del andén. Cuando dobló, listo para salir de la estación, las figuras de Naruto y Sai desaparecieron.
Sólo en ése momento Sakura se permitió suspirar. Se apoyó en el respaldo, con una sonrisa casi boba en los labios. Por unos segundos, sintió el deseo de detener el bus y bajar par irse de vuelta donde sus compañeros. Pero la idea se desvaneció por completo cuando el paisaje que le mostraba la ventana cambiaba de edificios de cemento a una larga autopista, indicándole que ya comenzaba a salir de la ciudad.
Pasó los brazos por entre las correas de su mochila, y la aferró contra su pecho. Sentía un extraño cosquilleo en el estómago. Adoraba a sus amigos. Pero debía admitir que siempre había tenido una extraña inclinación hacia Sai. No era que fuera mejor que Naruto, o que lo quisiera más que a él. Sólo… sólo era un sentimiento diferente.
Sakura miró al cielo. Estaba de un azul claro intenso, y el sol brillaba tras el techo del bus. Adentro, nadie hablaba, a pesar de que el vehículo iba con la capacidad completa. En el par de asientos que estaba al lado izquierdo del de donde estaba ella, viajaba una mujer que llevaba a un pequeño bebé en brazos que dormía tranquilamente entre sus mantitas. La madre le susurraba un canción desconocida que relajaba a Sakura, quién apoyó la cabeza en el vidrio. El suave traqueteo del bus era silencioso, los autos de la pista contraria pasaban zumbando a su lado, lanzando destellos.
Era un buen día. No podía negarlo.
A su lado, su compañero de viaje se acomodó en su asiento. Sakura lo miró distraídamente. Era un hombre anciano, de mirada dorada y de espesas cejas blancas. Cuando intercambiaron la mirada, él le sonrió, afable.
–Hace un buen día ¿no lo cree, señorita? –Sakura asintió, devolviéndole la sonrisa –En días como estos me gusta salir a caminar. Pero me insistieron en hacer este viaje ¿Ve a la mujer que va con su bebé? Son mi hija y mi nieto. Vamos a reunirnos con mi yerno en Tsubaki y de ahí seguiremos el viaje hasta su casa de campo.
–Ya veo. Los alrededores de Tsubaki son imperdibles –opinó Sakura – ¿Es primera vez que va para allá? –el anciano asintió –Entonces créame que el viaje es bien merecido. Yo también voy para allá a ver a mi madre. Ella vive allí.
– ¿En serio? Vaya, vaya. La verdad es que no veo por qué no deba creerte. Todos los que estamos aquí nos dirigimos hacia Tsubaki o sus alrededores, y a juzgar por la cantidad de pasajeros, es un lugar bastante popular. –sonrió el anciano, acomodando un bolsito que llevaba en su regazo.
–Lo es –dijo Sakura, volviendo su vista a la ventana. Ahora el paisaje había cambiado completamente. La autopista comenzaba a alzarse, poniéndose a la altura de las grandes copas de los árboles que rodeaban el pavimento.
–Usted tiene muy buenos amigos en la ciudad ¿no? –preguntó el hombre tras un prolongado silencio. Sakura lo miró y asintió. – ¿Los dos muchachos de la estación?
Sakura volvió a asentir, mirándolo sorprendida.
–Claro –murmuró el anciano con una sonrisa de satisfacción ––Los lazos. La amistad. A ésa edad todo es amor.
–Ni que lo diga –comentó Sakura irreflexivamente –Por culpa de ellos casi decido no viajar. Todo porque a uno de ellos se le ocurrió sugestionarme utilizando a mi otro compañero para que desistiera de dejarlos este fin de semana largo.
– ¿Sugestionarla con malos presagios? Sus amigos deben quererla mucho –se rió el anciano.
Eso creo, pensó Sakura mientras sonreía. Volvió su vista hacia la ventana nuevamente y apoyando su cabeza en el vidrio. Decidió que le llevaría un regalo a Sai por intentar sabotear su viaje. Y le llevaría otro a Naruto por simplemente ser Naruto. Sakura cerró los ojos, sintiendo que un intenso relajo la invadía. Se preguntó si la habrían acompañado a casa de su madre si se los habría pedido. Lo más probable es que le hubieran contestado que sí. Lástima que a su madre no le gustaban los extraños, aunque Sakura todo el tiempo le hablaba de ellos. A todo esto ¿Cómo estaría su madre? Sólo esperaba que la recibiera con aquella tarta de damasco que tanto le gustaba.
Aún faltaba mucho camino para llegar a la estación de Tsubaki, pero ya para la primera hora de viaje, Sakura Haruno ya se había quedado dormida, sin sospechar que no volvería a despertar, si no hasta cinco días después.
Ésa noche, Sakura no llegaría a probar la torta de damasco con la que la señora Haruno estaba esperándola. De hecho, el bus no llegaría a la estación de buses nunca más. El chofer de seguro estaría metido en un serio problema con cierto chico rubio que lo amenazó de muerte si su amiga no llegaba sana y salva a su destino.
Lo malo, era que el cuerpo del chofer nunca aparecería para responder por sus actos.
Sé que no ha aparecido Itachi aún ¡pero está apunto a apunto! Y con respecto a Sasuke, muchos me han preguntado si aparecerá. En mi opinión, un fic en donde aparezca Itachi, debe aparecer su hermano, o un fic donde aparezca su hermano ¡debe aparecer Itachi! xD Asi que, no duden de que Sasuke aparecerá. De hecho, es un personaje escencial en la trama... ¡vale! Me callo ¬¬
Bueno ¿Basura o tiene futuro?
¡Reviews y que viva la libre expresión! xD
