Muchas gracias a todos los que han leido esta historia. Gracias dobles a quienes han dejado comentario y especiales a quien la ha subido a su alerta :D

Espero que este capítulo les agrade, de nuevo, gracias por leer.

GreenEyesSpn: Muchas gracias por tu comentario, me gustó mucho. Sí, la historia continua, espero que este capítulo te agrade.

Vismur: Gracias por tu comentario, gracias por ser mi fan :D Espero que te guste este capítulo también.

Hasta pronto...

Normal: Reencuentro

La vida de Sam Winchester es normal, cada día es una repetición del anterior. Se levanta temprano, su madre lo recibe con una sonrisa, se sienta a desayunar, su hermano suele bajar corriendo pues se quedó dormido, su padre lee el periódico en la mesa antes de irse al taller. Irán a tomar el camión escolar, su madre los despedirá desde la puerta.

Su casa es normal, tiene césped enfrente, una cerca blanca. Su hermano es un obsesionado por los videojuegos, no hace actividad física alguna, por eso está algo rellenito, sus calificaciones son excelentes y dice que estudiará para ser dibujante de cómics, robótica o algo relacionado con los videojuegos.

Sam mira a su hermano. Dean come gustosamente un emparedado, busca algo que debería estar ahí, un encanto especial, ese aire hermoso y peligroso, un brillo diferente en aquellos ojos verdes, una expresión distinta en aquellas pecas. Algo diferente. Hay cuatro años de diferencia, Sam tiene 9 mientras Dean 13, tal vez sea esa brecha la cual los ha separado, no son muy afines.

Las meditaciones de Sam son interrumpidas por la voz de su padre, cuando dice:

— Se les pasará el camión. —

Ambos hermanos toman sus bolsas de almuerzo, dan un beso a su madre y salen. El camión se detiene, ambos suben. Dean camina hacia el centro, donde están sus amigos, igual de obsesionados con la ciencia ficción. Sam se queda enfrente, a la vista del conductor para evitar que lo molesten los otros chicos. El hecho de ser muy inteligente no le ha redituado tener amigos, lo tachan de bicho raro, sólo le hablan para quitarle el dinero del almuerzo, golpearlo o pedirle que les haga la tarea. Suspira al desear tener un amigo con quién hablar. Los murmullos son más exacerbados esta mañana, intenta escuchar con atención, logra captar:

—… Van a llegar dos chicos nuevos.

—… Dicen que son hermanos.

—… Uno entrará a preescolar.

— Escuché que el mayor golpeó a un maestro.

— Yo que fue a la correccional y se escapó para cuidar a su hermano enfermo.

—… me dijeron que golpeó a un equipo de béisbol porque miraron feo a su hermano.

— No, yo escuché que se enfrentó a un universitario, porque hizo llorar a su hermano y lo mandó al hospital.

— Debe ser un chico malo…

— ¡Si! —

El camión se detiene, los alumnos comienzan a bajar. Sam se encamina hacia su casillero, mientras sigue escuchando los chismes. Una sensación lo obliga a voltear a la puerta, donde lo ve, un chico de cabello rubio oscuro, ojos verdes, pecas, delgado, con la mochila colgado de su brazo izquierdo, lleva una playera, jeans y tenis, junto a él camina muy de cerca un niño como de cinco años, con una pequeña mochila tras la espalda, el cual mira horrorizado a todos los que se han prado a mirarlos, lleva una camisa a cuadros, pantalones cafés y zapatos.

Los estudiantes ven a los recién llegados, el niño mayor parece lucirse, camina con firmeza, sus pasos tienen un aire socarrón. Sam cruza su mirada con la de ese chico, ahí encuentra algo muy familiar, además de ese aire encantador y peligroso. Sam lo sigue con la vista, al igual que los demás en la escuela, hasta que la campana suena.

Sam siente que este día no será tan rutinario. Llega a su salón, toma asiento al final del salón, pues los puestos están por apellido. Su mesa es la única que tiene otro asiento, todas las demás están completas, no por ser el último sino que nadie quiere sentarse a su lado.

El maestro entra, lleva los exámenes de matemáticas, todos los alumnos dan un abucheo general menos Sam. El profesor da los buenos días, les desea suerte, está por dar un aviso cuando alguien toca la puerta, abre al dejar ver al chico nuevo. El muchacho entra, observa las caras de todos en el salón, estudia el lugar, sus ojos verdes parecen implacables y calculadores. El maestro dice:

— Clase esté es su nuevo compañero, llegó aquí al cambiarse de escuela. Su nombre es Dean Miguel Weeson Smith. ¿Quieres decir algo chico?

— Si no se meten conmigo yo no me meteré con ustedes… — Hay silencio. — ¡Ah! Hola, gusto en conocerlos. — El maestro sale de su estupor al sentir la mirada fija de Dean:

— Toma asiento junto a Samuel Winchester. —

Dean camina hacia Sam, toma asiento, le dirige una tenue mirada a su compañero al regresar la vista alrededor. Sam, por otro lado, siente algo en su interior, algo le grita que ese chico es a quién ha estado buscando, con el hecho de tenerlo a un lado se siente seguro, es como si lo conociera.

El maestro saca de sus pensamientos a Sam, cuando la hoja blanca es puesta sobre el escritorio, escucha la voz del hombre:

— Dean, si lo deseas puedes tomar el examen la próxima semana cuando te pongas al corriente. — Dean dice con seguridad:

— ¿Para qué esperar la próxima semana si podemos acabar con esto ahora? — El maestro dice con una sonrisa:

— Te crees un chico rudo. — Dean se señal al decir:

— No me creo, lo soy. Señor. —

El maestro deja el examen a Dean, siempre se ha divertido con los bravucones que suelen reprobar y llorar para pasar. El profesor sigue adelante.

Sam da una mirada disimulada a Dean, no para copiar, sino para verlo, parece tan desinhibido, garabatea algo con velocidad en la hoja, por un momento cree que puede estar poniendo burlas en el examen, así que regresa a su trabajo.

Sam observa el examen, lo resolverá perfecto, pero se le dificulta un poco. Minutos después Dean se levanta, deja la hoja sobre la mesa al preguntar al maestro:

— ¿Puedo salir? —

El maestro abre la boca para negar el permiso, cuando alguien toca la puerta, se levanta para ir a abrir, antes de que toque la manija algo entra a toda velocidad gritando:

— ¡Deeeeeeeeeeeee! —

Dean siente el pequeño cuerpo agarrarse con fuerza a él, le sonríe con ternura, acaricia aquellos cabellos suaves al decirle con calma:

— Ya iba para allá Sammy… — Termina con una sonrisa.

Sam siente algo brincar en su estómago, su corazón dar un vuelco, observa la escena, le parece tan familiar pero algo está mal. Ese desconocido, ese niño no debería estar entre los brazos de Dean.

Dean toma a su hermano en brazos, el cual oculta su rostro en el pecho de Dean. El chico toma su mochila al ponerla en su hombro, se encamina a la puerta entre las miradas estupefactas de todos. El silencio se rompe cuando el niño acusa a su maestra al señalarla:

— Ella se poltó feo conmigo… — El niño hace un puchero. — Me asutó mucho y me obligó hace algo que no quelía.

— ¿Quieres ir a almorzar? — El niño asiente. — Ahí podrás decirme por qué es tan mala tu maestra. — El niño vuelve a asentir.

Los dos salen del salón dejando a todos desconcertados, la maestra de preescolar se disculpa con su colega al ir tras los chicos. El maestro cierra la puerta, aplaude al pedir que todos regresen al examen.

La maestra se pone a la par de los niños, le pide al mayor:

— Necesito que Sam regrese al salón. — El pequeño niega:

— ¡No! — La maestra pide:

— Por favor. — Dean mira a su hermano al pedir:

— ¿Qué cosa terrible hizo para que no la quieras cerca? —

Dean se detiene mientras su hermano le dice al oído, el asiente, frunce el ceño, es como si el pequeño le estuviera dando testimonio de algo muy serio. Al terminar de escuchar abraza al niño, le dice con paciencia:

— Sammy tienes que perdonar, los adultos suelen ser malos e insensibles con los niños. Suelen decir cosas que hieren. — El niño ve a su hermano. — Sin embargo pueden ser buenos, como el tío Bobby, la tía Karen, el pastor Jim o papá. A mí también me dejaron solo en el frente, es algo que hacen en TODAS, TODAS, las escuelas el primer día. — El niño asiente. — Si quieres puedo pasar contigo al frente, así nos presentamos los dos, ¿si?… —

El hermano pequeño abraza con fuerza a su hermano al sonreírle. Se encaminan al salón. Dean le dice a la maestra:

— Usted y yo tenemos que hablar seriamente. — La mujer asiente totalmente confundida.

Los chicos entran al salón de preescolar, la maestra le da las gracias a su asistente. Dean baja a su hermano, el cual mira a los niños de nuevo, toma con fuerza la mano de su hermano al decir:

— Este es mi hermano pequeño, se llama Sam Luciel Weeson Smith. Pueden decirle Sam o Lu. Es un poco tímido. — El niño sonríe al decir:

— Él es Dean, mi mano GRANDE. — Levanta los brazos con alegría. — Le gusta el pie de manzana.

— A Sam le gusta que le lean. — Los niños levantan sus manos, uno pregunta:

— ¿Tú le lees?

— Sí, cada noche. — Una niña rubia pregunta:

— ¿Y su mamá? — Sam toma con mayor fuerza la mano de Dean.

— Es un ángel en el cielo. — Dean apunta al techo, se inclina como si fuera a decirles un secreto a los niños. — Como está en el cielo, en ocasiones no podemos escuchar su voz por el ruido de los carros. Por eso yo le leo a Sam y a mamá, porque ella puede escucharnos sin importar la distancia, porque es un ángel. —

Los niños abren sus bocas con sorpresa. Un niño gatea hasta quedar cerca de Dean, le dice:

— Mi mami es un ángel también… ¿Nos lees? — Dean sonríe, señala a los niños al decirles:

— Si se están todos sentados en silencio leeré. —

Los niños permanecen en sus lugares, Dean se sienta en la alfombra, Sam se acomoda junto a él. Saca de su mochila una estrellita amarilla de peluche, la cual le da a su hermanito, después toma un libro ilustrado, lo abre al comenzar a leer:

— Hubo una vez, en tierras lejanas, un caballero valiente, el cual rescataba princesas y luchaba contra dragones… —

La maestra observa a los niños permanecer tranquilos, en silencio, escuchando atentos, hasta que la voz suave de Dean comienza a adormecerlos. Poco a poco dejan de estar sentados, para recostarse al seguir escuchando. Ella se siente abochornada porque un niño de nueve maneja mejor su grupo. Cuando todos se han quedado dormidos, Dean acomoda a Sammy, le da un beso en la frente al desearle dulces sueños.

Dean se aproxima a la maestra, la mira con fijeza, su mirada ha vuelto a ser dura, sin concesiones, le dice:

— No le gusta hablar de mamá. Ella murió cuando él era muy pequeño. Tampoco le agrada quedarse solo al frente. Si tiene una pesadilla no lo toque, simplemente llámeme yo me encargaré. No le de muchos dulces. Si se siente incomodo llorará, no tema es posible que esté fingiendo, si se pone pesado llámeme. Vendré por él a la hora del recreo. — Ella asiente, al decir con sinceridad:

— Gracias. — Mira el libro que tiene Dean en sus manos. — ¿Cómo se llama la historia? — Sonríe. — Me gustaría tener una copia. — Dean le responde:

— No lo venden en las librerías. Si me disculpa tengo clases. —

Dean sale del salón dejando desconcertada a la maestra. Mira su horario, le toca educación física, suspira con exasperación. No tiene uniforme, no piensa comprarlo no se quedará mucho tiempo.

Sam suspira con exasperación, mira su casillero, sigue teniendo esa sensación extraña, además está en los vestidores donde suele ser el blanco de alguna broma. Ve a Dean entrar, se dirige directamente a él.

Dean toma la muñeca de un chico un poco más alto, le da una sonrisa encantadora, toma el bote que estaba por vaciar sobre Sam y deja caer el contenido sobre el bromista. El muchacho sale corriendo, se rasca al intentar quitar la horrible sensación en su piel. El Winchester voltea, encuentra una sonrisa radiante de Dean, quien le pregunta:

— Samuel, ¿cierto? — Sam asiente al decir:

— Gracias… Todos me dicen Sam. — Dean comenta:

— No fue nada, sólo sería molesto tener un compañero de banco lleno de polvo picapica, no te fijes. —

Sam intenta decir algo más pero Dean ya se ha marchado. Se siente algo decepcionado, no comprende por qué necesita con desesperación escuchar la voz de Dean, sentir esa seguridad que le da. Sentirse así, sin saber por qué, le hace pensar que está loco.

Camina algo cabizbajo a la clase, el maestro es un sargento, se ensaña con los que considera débiles y él está en la lista negra. Todos los alumnos están formados en línea, el docente pasa lista, se detiene frente a Dean al preguntarle:

— ¿Y tú uniforme muchacho? — Dean dice:

— No lo tengo. — Da una sonrisa socarrona. — No me quedaré mucho en esta escuela.

— Eres un listillo. — Dean sigue mirándolo retadoramente. — Muéstrame lo que sabes muchacho. —

El maestro señala una cuerda que pende del techo. Dean camina hacia ella, toma impulso al comenzar a subir con presteza, en segundos ha llegado arriba. Todos observan con la boca abierta. El niño se desliza al descender al final con suavidad. El maestro aplaude al resto del grupo al decir:

— Jugaremos quemados hoy. —

Se pusieron en dos bandos. El maestro también participaría de manera "imparcial" atacando a los débiles. Sam suspiro al ver que Dean había quedado a su lado. Las pelotas comenzaron a ir y venir, pronto vio que ninguna lo tocaba, Dean tomaba todas antes de que lo golpearan y las devolvía con el doble de fuerza. Todo parecía un juego de niños, incluso Sam se divertía por primera vez en la clase, hasta que el maestro lanza una pelota directamente a la cabeza de Sam.

Sam ve venir la pelota cuando está muy cerca, casi puede sentir el golpe, pero Dean se interpone, toma la pelota entre sus manos. Toma impulso para regresarla, cuando el grito de una pequeña voz lo detiene:

— ¡DEEEEE! —

Dean voltea, mira a su hermano parado junto a la maestra. La mujer mira con desaprobación al maestro, pues vio la acción, aclara su garganta al decir:

— La chicharra sonó hace cinco minutos. — El profesor aplaude al decir:

— Todos al vestidor. —

Sam camina junto a Dean, le susurra en un tono familiar, como si se conocieran desde siempre:

— Gracias. — Dean dice:

— No fue nada. — Su momento se interrumpe por una vocecita:

— Deeeeeeeeee… —

Dean se aleja de Sam, quien lo ve aproximarse a aquel niño. Sam siente algo en su estómago parecido a la envidia. Los ve hablarse con tanta afinidad, sonríen, el pequeño parece reprender por algo a Dean. Sam realmente le gustaría tener una relación así con su hermano.

Sam llega a los vestidores, se cambia al seguir pensando en cómo Dean se lleva con su hermano, le parece algo tan familiar, como si debiera ser él quien tuviera eso. Sin embargo, él y su hermano son tan diferentes. Su hermano Dean, puede pasar todo el día sentado en un sillón jugando, habla con sus amigos, se ríe con ellos, sin embargo comparte poco con Sam. Ama a su hermano, por ser parte de su familia, se repite a menudo que no puedes elegir a los miembros de tu familia, pero su hermano no pareciera serlo la mayoría del tiempo.

Sam sale de los vestidores, se encuentra junto a la puerta a Dean junto a su hermano, los cuales parecen esperarlo. Los mira con sorpresa, Dean habla:

— Sammy, este chico se llama Samuel, pero le dicen Sam. — El niño ve con el ceño fruncido a su hermano, no parece estar de acuerdo. — Samuel este es mi hermano pequeño, se llama Sam, le dicen Sam y puedes llamarle Sam. — El niño dice al agarrarse con mayor fuerza a su hermano:

— De dice a mi Sammy, tú no. — Dean sonríe, revuelve el cabello de su hermano pequeño al decirle:

— Sammy, Sam lo entiende es el chico inteligente del salón. — El niño le dice a Sam sin dejar de verlo:

— De inteligente… —

Sam comprende que el pequeñito le está presumiendo a Dean. Dean parece no darse cuenta, sólo rueda los ojos al decir:

— ¿Podemos ir a comer? — Sam sonríe al decir:

— Vamos… —

Camina por el pasillo, no tarda en ver a los matones de la escuela dirigirse hacia ellos. Son chicos grandes, fornidos, en total seis. Uno rubio, les dirige una mirada despectiva, mientras Sam no sabe si correr e intentar escapar o entregar su dinero, da una mirada a Dean quien encara con esa mirada peligrosa a los chicos. Escucha a Emil decir:

— ¿Eres el nuevo? Pareces otro enano. — Su pandilla se ríe. Dean se dirige a su hermano al ignorar a los idiotas:

— Sammy ves a estos estúpidos. — El niño asiente. — Te encontrarás a muchos en la vida, se creen lo máximo por creerse fuertes. Siempre encáralos y si es necesario patéales el trasero. — Emil intenta tomar a Dean por la camisa, pero encuentra un golpe en la nariz, que lo hace caer sentado llorando. — Es normal tener miedo, pero no dejes que te domine. —

Los amigos de Emil se lanzan contra Dean, quien los esquiva al hacer que se golpeen entre ellos. Mira a su hermano al decirle con una sonrisa:

— Suelen ser muy tontos. — Sammy cuestiona:

— ¿Tolls?

— Sí, cómo los Trolls pero sus golpes duelen menos. —

Dean y su hermano pasan junto a los chicos que están en el piso quejándose. Sam los observa, esos hermanos, esa relación que le parece tan familiar. Sale de su estupor para seguirlos. Sam los escucha reír y conversar, a pesar de las palabras erróneas del pequeño se entiende a la perfección.

La cafetería está llena, no parece haber mesas, Sam ve a su hermano sentado junto al resto de sus amigos, sabe que deben estar discutiendo sobre por qué el Halcón Milenario es mejor que algo. Las pláticas se detienen y sabe por qué, por Dean y su pequeño hermano.

Dean mira la cafetería, a cada persona, el lugar. Sammy interrumpe su concentración al pedir:

— Pudín. — Dean sonríe con ternura al asentir, le pregunta a su compañero:

— Tú quieres algo. — Sam niega:

— Tengo mi almuerzo.

— Bien. — Dice Dean al alejarse, sin embargo jamás pierde de vista a su hermanito. Sam escucha la voz del niño decir:

— Dean es mi helmano no tuyo. Es mío. — Sam le da una sonrisa al decirle al niño:

— Lo sé, yo tengo un hermano también. — Señala a su hermano quien está hablando algo con sus amigos. — Está allá, se llama Dean también. — El niño mira a los dos Dean, a su hermano y el hermano de Sam, repite al menos cuatro ocasiones.

— Me gusta mi Dean. — Sam le dice:

— No intento quitarte a tu hermano. —

El niño asiente, cuando llega Dean con tres pudines, además de un emparedado y jugo los cuales entrega a Sam. Sam lo acepta al cuestionar:

— ¿Y esto? — Dean señala:

— No veo bolsa de almuerzo en tus manos. —

Sam mira sus manos, olvidó su almuerzo en su mochila, agradece el gesto. Caminan al patio, se acomodan bajo un árbol. Sammy se pone muy cerca de Dean, por si no le quedó claro a Sam. Sam no puede evitar dejar escapar una risita.

Dean saca de su mochila dos emparedados, dos jugos y una manzana. Entrega uno a su Sammy, el cual lo toma, lo mira y después a su hermano, quien pregunta:

— ¿Qué pasa Sammy? — Sammy le susurra al oído a Dean. — Si querías que le quitara la corteza debiste decirme. — Dean saca una navaja de su bolsillo, una bonita y reluciente navaja, con la cual corta los bordes del pan, entrega el emparedado de vuelta al niño que le regala una sonrisa.

Sam recuerda algo, puede escucharlo en su cabeza:

"Yo no tuve a una mamá que le quitara la corteza a mi pan Dean…"

La tristeza la invade, de nuevo ese sentimiento de perdida, tiene ganas de llorar y gritar, entonces escucha la voz de Dean, la cual le trae al presente:

— ¿Te pasa algo? — Sammy le dice a su hermano:

— ¿Tal vez quiere un abrazo? — Dean mira a su hermanito al decirle:

— No lo creo. —

Sam recuerda otra cosa:

"Dean no me abraces, no somos chicas…"

Sam se sorprende cuando siente una mano tomar la suya, entonces ve aquellos ojos verdes mirarlo, en ese momento siente como si nadie pudiera dañarlo, de nuevo esa seguridad tan familiar. Escucha esa voz consoladora:

— No sé que te pasa amigo, pero todo estará bien. — La voz del niño interrumpe de nuevo el momento:

— De, lee a Sam. —

Dean suelta la mano de Sam. Sam siente como si cayera en el vacío. Ve a Dean revolver el cabello de aquel otro niño, al decirle con una sonrisa amable:

— Tal vez él no quiera. — Le explica con calma al niño. — Sammy, las cosas que te hacen feliz no hacen feliz a todos. —

Sammy se abraza del cuello de su hermano al decir:

— ¡De me hace feliz!

— Tú me haces feliz Sammy. — El niño da un chillido feliz, cuando los brazos de Dean lo envuelven con dulzura.

Sam no puede soportarlo, voltea a otro lado, de nuevo tiene esa disyuntiva, salir corriendo, alejarse o quedarse sintiendo seguro, pero viendo al niño presumirle lo maravilloso que es Dean. De pronto llegan un grupo de niños, los cuales dicen:

— Vamos Lu. — Sammy mira a su hermano, quien asiente, da un último abrazo para ir a jugar con los otros niños.

Dean mira a su hermano alejarse al jugar con los otros pequeños, cuando Sammy está lejos le dice a Sam:

— Discúlpalo, él cree que tú quieres quitarme de su lado. — Dean le da una sonrisa encantadora a Sam al ladear un poco su cabeza. — ¿Lo crees? Él cree que tú estás celoso de él, porque quieres que yo sea tu hermano. Cuando lo escuché quise reír tanto, Sammy puede ser muy imaginativo. — Sam asiente al darle una sonrisa nerviosa a Dean:

— Sí. — Dean pregunta:

— Sam, ¿no te parece raro? — Sam mira a Dean, quien ha abrazado sus rodillas, sin dejar de ver a su hermano Sammy.

— ¿Qué?

— Tú me pareces muy familiar, como si fueras mi primo incluso hermano. Olvídalo es tonto… — Sam intenta decir algo, cuando Sammy vuelve a interrumpir, llega gritando:

— ¡DEEEEEEE!

Sammy se cuelga del cuello de su hermano, le da una mirada fija a Sam, antes de decirle a su hermano:

— La pelota… — Dean deja escapar una queja:

— Sammy no he comido mi emparedado. — El niño mira a Dean, le regala esos grandes ojos de perrito, sabe que así ganará. Dean suspira al decir. — ¿Dónde cayó?

Sammy señala un árbol grande, Dean guarda el almuerzo en la mochila, la coloca sobre su hombro, se levanta al tomar la mano de su hermano. Le dice a Sam antes de alejarse:

— Nos vemos en clases. —

Sam se queda ahí, mirando a aquel par de hermanos alejarse, sonríe al ir agarrados de la mano. Se pregunta qué pasa con él. A diferencia de Dean, quien pareciera estar dispuesto a adoptarlo en su familia, Sam siente que ese Dean debería ser su hermano, no el que tiene ahora, se siente tan mal de pensarlo, tanto que se pregunta si es un monstruo.

Observa a los niños jugar con Dean a la pelota, lo disfruta, es como si conociera algo nuevo de aquel chico nuevo. Los minutos pasan hasta que la chicharra suena. Sam se levanta, da una última mirada a aquel Dean, el cuál da un abrazo fuerte a otro Sam.

Sam por primera vez en mucho tiempo, no es el primero en estar dentro del salón, tampoco sus compañeros le dirigen miradas llenas de desdén sino de curiosidad. Dean entra unos segundos antes de la maestra de Historia.

La maestra les da los buenos días, también la bienvenida al nuevo alumno, después inicia su clase. Sam toma nota de todo lo relevante, da miradas a Dean, lo ve garabatear algo en su cuaderno con distracción, algo le dicen que no son notas.

La maestra nota que el nuevo alumno no parece interesado en la clase, se acomoda los lentes al decir:

— Dean, el hecho que seas nuevo no te dará privilegios. — Dean le regala una sonrisa encantadora. — ¿Qué me puedes decir del tema que tratamos?

— No tenemos que debatir sobre que hubiera pasado en la segunda guerra mundial, si los aliados no hubieran ganado. No comprendo el punto de pensar en lo que hubiera pasado o cómo se hubiera escrito la historia. Las personas no pueden viajar al pasado a cambiarlo. Es mejor analizar cómo pasó, qué llevó a ello y seguir adelante. —

La maestra evita abrir la boca, había propuesto a sus alumnos pensar en cómo se escribiría la historia, si los alemanes hubieran ganado la guerra. Esperaba incentivar un debate, hacer que sus alumnos mostraran lo que han aprendido, pero esa respuesta seria, determinante no la esperó de ninguno, tampoco de Sam Winchester quien siempre está dispuesto a imaginar diferentes escenarios.

Sam aprovecha que Dean mira a la maestra para ver lo que su compañero dibuja, se trata de una trampa para demonios, recuerda haber visto algo parecido en algún lugar pero no recuerda dónde.

La clase sigue tranquila, Sam pone atención mientras Dean parece encontrar mayor diversión en observar todo y nada. Las clases pasan, al sonar el final de la jornada, Sam por costumbre permanece en su asiento, para esperar a que todos se marchen, pero una mano se posa en su hombro, mira a quien está a su lado, se encuentra con aquellos ojos verdes tan familiares.

— Vamos amigo. —

Sam le sonríe, se levanta para marcharse junto a su nuevo compañero. Dean se aleja cuando ve a alguien parado en la puerta. Sam escucha aquella vocecita, la cual le pone los nervios de punta:

— DEEEEEEEEEE… —

Dean se aproxima al pequeño Sammy con una sonrisa, el niño se arroja a los brazos de su hermano. El mayor mira a la maestra, la cual se va corriendo llorando. Dean mira Sammy, le pregunta con seriedad:

— ¿Qué le hiciste a la maestra Sam? — El niño hace un puchero al reclamar al borde del llanto:

— Tú me dices Sam, tú enojado.

— No estoy enojado, sólo no puedo permitir que le hagas daño a las personas Sammy.

— Ella es mala. —

El niño comienza a llorar. Dean lo abraza al decirle:

— No puedo permitir que camines por ahí lastimando, castigando y haciendo daño a las personas, sin importar lo malas que son contigo. La venganza sólo va a destruirte. Nosotros hacemos lo correcto, ¿entiendes Sammy? — El niño asiente. — Nosotros perdonamos. — El pequeño asiente de nuevo al susurrar:

— Lo siento. — Dean se separa, toma su mano al decirle:

— Vamos a disculparnos con la maestra. — Mira a Sam, le regala una sonrisa al decirle:

— Hasta mañana Sam. —

Los dos hermanos salen del salón, dejan sólo a Sam. Una idea pasa por su mente al quedarse en el salón vacío:

"Siempre haciendo lo correcto."

Sam pone su mochila tras su espalda, sale del salón, su madre llegará a recogerlo junto a su hermano en pocos minutos. Camina por los pasillos, la escuela casi está sola. Todo parece tranquilo, cuando alguien lo agarra por atrás y lo pone contra un casillero, se encuentra con Emil, quien tiene una venda en la nariz. El muchacho se burla:

— ¿Dónde está tu nuevo amigo? — Alguien jala y golpea en el estómago al chico mayor, Sam escucha esa voz tan familiar:

— ¿Me buscabas? — Emil dice con un murmullo:

— Hijo de perra. — Una vocecita interviene:

— Tú no hablas mal de mami. —

El pequeño Sammy da un puñetazo en las partes sensibles del bravucón al dejarlo en el piso. Dean mira a su hermanito, le muestra la palma, ambos chocan sus manos, entonces el mayor felicita:

— Eso fue excelente. —

Escuchan unos pasos, una mujer con tacones de aproxima, Dean grita:

— ¡Corran! — Sam se hecha a correr, Dean también, pero se detiene para regresar por Sammy, quien se quedó dándole una patada adicional a Emil.

Los tres salen corriendo de la escuela, bajan las escaleras de prisa, se detienen a tomar aire, entonces ríen. Jamás Sam había sentido su adrenalina correr así, le parece genial este día tan fuera de lo normal. Escuchan el claxon, Sam voltea para ver el auto de su papá, el Impala. Mira a Dean al sugerir:

— Podemos llevarlos. — Dean niega:

— Gracias, Sammy y yo iremos a ver a nuestro tío Bobby al parque. — Sam luce decepcionado. — Hasta mañana Sam.

— Mañana. —

Los hermanos se alejan de Sam. El chico se aproxima al auto de su papá, su hermano ya está arriba, jugando como siempre. No se pierde la mirada de su padre, el cual sigue a los dos hermanos.

— ¿Cómo te fue hoy Sam?

— Bien papá. — Dean deja el juego, mira a su hermano al cuestionar con interés:

— ¿Eres amigo del chico nuevo?

— Vamos en el mismo salón. — Dean dice con una sonrisa:

— Escuché que golpeó a Emil y sus amigos… por cierto, ¿es cierto que se escapó de la cárcel para ir a cuidar a su hermano?

— No sé.

— Es una gran coincidencia, él se llama Dean y su hermanito Sam. —

John escucha todo con atención, mientras sigue observando a aquel par de hermanos. Lo siente en su corazón, lo sabe, aquel Dean es su hijo soldado, quien dio todo y más por su familia; sin embargo, ese nuevo hermanito no le agrada, es como si algo tenebroso estuviera dentro de aquel niño, algo que le da escalofrío incluso de verlo de lejos. Se limita a decir:

— Es bueno que tengas amigos Sam. Sería bueno que lo invites a casa un día de estos. ¿Bien? — Sam sonríe al decir:

— Lo haré. —

John va por donde los niños se han ido, los ve dar vuelta en la esquina, pero cuando llega ahí ellos no están, no hay donde esconderse, pero han desaparecido. Traga saliva al recordar lo que Dean le dijo:

"…No necesitan que los cuide. Lamento no haberlo hecho mejor, realmente lo siento…"

Todos estos años no ha estado de acuerdo con Dean, siempre lo han necesitado, él que los mantuvo juntos, quien los cuidó, quien limpiaba el desastre de ambos. Su hijo soldado abrazó a su madre, cuando ellos pelearon, le dijo: "Aún te ama…" Su hijo actual miró a su mamá al preguntarle: "¿Por qué lloras?"

Cuando Sam tenía tres años, Mary salió, dejando a los chicos en casa, John estaba viendo la televisión, Dean en su cuarto, Sam entró a la cocina, puso una silla, quiso tomar el tarro de las galletas y cayó de espaldas. Tuvo que llevarlo al hospital. Mientras esperaban le reclamó a Dean:

"¿Por qué no lo cuidaste?" Dean miró fijamente a su padre al decir:

"Es tú responsabilidad no mía papá. Tú eres el papá no yo." El chico volvió su atención a su historieta.

John sintió un golpe horrible en el estómago, porque el otro Dean, hubiera cuidado a Sam, si algo malo le hubiera pasado hubiera cargado con la culpa, John podría reclamarle y Dean agacharía la cabeza al decir con vergüenza que lo sentía. Se habría disculpado con Sam, al prometer ser mejor, protegerlo mejor, le hubiera dado palabras de consuelo, le habría cantado y leído. Se habría disculpado con John, hubiera aceptado el castigo y se habría castigado a si mismo

Su hijo soldado es leal, servicial, solidario, capaz de morir por proteger a su familia; su hijo actual no es ninguna de esas cosas. Le ha obligado a ser el padre, pues no le brindará apoyo alguno. John mira a los chicos y no sabe si lo está haciendo bien, pero está seguro que Dean hizo un mejor trabajo que el que hace él ahora. No ha cumplido bien la petición de Dean, no ha cuidado bien a Sam.

Sabe que es egoísta, pero hora que lo ha perdido puede ver la verdad, eso le rompe el corazón. Necesita a Dean, hay ocasiones en que se siente solo cuando Mary se marcha, cuando ella no está cerca le hace falta su hijo soldado.

.