2- Malos pensamientos

El reloj sonó a las seis en punto de la mañana y me dio tanta rabia que lo cogí y lo estampé contra la pared.

"Cabrón! Qué haces?" exclamó Cartman desde la habitación de al lado por culpa del ruido.

Había despertado al gordo. Qué grandiiiiiisima pena me daba….

Sin contestarle me levanté y me dirigí al baño arrastrando los pies. El reflejo que me devolvió el espejo me asustó un poco. Parecía que estaba muerto.

Tardé como veinte minutos en arreglarme y por fin salía a la fría mañana, que me atizó una buena bofetada en la cara.

El apartamento de Butters no estaba cerca del nuestro, así que me tocó buscar un autobús mientras bostezaba. Aunque era quien siempre madrugaba más para ir a trabajar, no me acostumbraba a ello, pero en fin… Si quería permanecer en Denver tenía que trabajar. Las facturas y el alquiler no se pagaban solas por desgracia y la facultad de Medicina era excesivamente cara. Yo todavía no había entrado, pero mi plan para aquel año era ahorrar todo lo que pudiese y poder estudiar, igual que el resto de mis amigos.

Pero de momento me tocaba ir de trabajo en trabajo, aguantando a jefes idiotas y sueldos mínimos…

El autobús se detuvo en mi parada y subí de un salto. En la primera fila de asientos había una chica joven que leía un libro y sonreí con malicia. Fingí que rebuscaba en mi bolsillo.

"Mierda. Mierdamierdamierda…" murmuré. Ella levantó la vista de su libro y me miró. Al momento se removió inquieta y se retiró el pelo de la cara con coquetería.

"Eh…Perdona…Estás bien?" preguntó. Solté un suspiro y miré de reojo al conductor.

"Se me ha olvidado la cartera del dinero." Mentí.

"Oh…No te preocupes. Yo te pagaré el billete." Se ofreció al momento. Bajó de su sitio con un movimiento seductor y la miré sonriendo.

"Eres un ángel. Muchas gracias, te debo una." Ella me miró mientras pagaba mi billete.

"Si quieres puedes pagármelo esta noche. No tengo ningún plan." Sonrió. Tuve que reconocer que era buena en el asunto, pero después de un largo día pintando la casa de Butters lo que menos me apetecería sería meter a una chica en mi cama y hacer ejercicio. Por un momento me sentí viejo… Cielos, en tiempos de instituto era capaz de montármelo con dos o tres en un mismo día… ¿Qué me estaba pasando?

"Esta noche me es imposible, pero te lo puedo pagar ahora."

Sin más, la cogí de la cintura y la bese juguetonamente en la mejilla. Debía estar muy desesperada, porque sin saber siquiera mi nombre se agarró a mí y me devolvió el beso con pasión. ¿Sería virgen? Mierda…A lo mejor sí tenia que pedirle su número de teléfono…

Al rato llegué a mi destino y bajé del autobús. Me despedí de la chica con una sonrisa que ella me devolvió soñadora y me encaminé hacia el apartamento de Butters mientras me encendía un cigarro.

El portón del edificio estaba abierto, así que miré el número de puerta que llevaba apuntado y subí al trote por las escaleras, mucho más despierto y activo que antes. Alcé la mano para tocar al timbre, pero antes de ello la puerta se abrió.

"Uhoh…Kenny!" saludó Butters con alegría. "Te estaba esperando!"

"Me gusta que me reciban así." Bromeé con una sonrisa traviesa mientras pasaba. "Tu padre me dijo que no tenía que traer nada…"

"No, la pintura y los rodillos los compraron ellos."

Eché un vistazo a la casa mientras él me explicaba lo que tenía que hacer. Era más pequeña que la nuestra, pero aun así grande para una sola persona. Al momento recordé lo que contó Kyle.

"Vives solo?" pregunté sabiendo la respuesta. Butters se removió algo incómodo.

"Sí…" murmuró sonrojándose ligeramente. "E-es raro?"

"Bueno…Tú siempre has sido raro." Bromeé. Él sonrió y después arrugó la nariz al fijarse en mi cigarro."Oh, lo siento. Te molesta el humo?"

"No, no, tranquilo!" dijo al momento.

Como sabía que Butters era de los que no decían la verdad en aquellas ocasiones lo apagué contra la pared que tenía que pintar. Él se sobresaltó un poco, pero al ver que me agachaba a abrir el enorme bote de pintura y cogía el rodillo se tranquilizó.

"Si tienes algo que hacer puedes ir." Dije.

"No, bueno…Puedo ayudarte…" murmuró temeroso. Sonreí para mí mismo. Estaba poco acostumbrado a tanta buena voluntad y Leopold siempre tenia de sobra.

"No pienso permitir que me ayudes. Es temprano aun, por qué no vuelves a la cama?" sugerí. Él se sonrojó un poco.

"No! No voy a dejarte solo! Si no quieres que te ayude, al menos deja que te haga compañía!" insistió.

Solté una pequeña risa y finalmente me encogí de hombros.

"Vale, como quieras."

….

Y así pasamos la mañana, hablando mientras yo pintaba la primera habitación. Acostumbrado a vivir con Cartman y la parejita "feliz", no recordaba lo que era mantener una conversación normal con alguien. El gordo solo sabía discutir de política o programas de televisión. Kyle siempre estaba regañándome por algo como si fuese mi madre y Stan…Bueno…Stanley y yo solíamos recordar nuestras viejas batallitas cuando fumábamos en la terraza, pero él cada día estaba más raro.

Sin embargo con Butters fue distinto. Como llevábamos un tiempo sin vernos no dejó de preguntarme cosas sobre mi familia o mis amigos. Se sorprendió cuando le dije que no había entrado en la universidad, pero supuse que fue simple cortesía. Al fin y al cabo todo South Park apostaba en contra de aquella idea…

"Y el año que viene entrarás?" quiso saber.

"Si puedo permitírmelo, sí." Paré un segundo para secarme el sudor de la frente con un pañuelo y él al momento me alargó un bote de coca-cola. "Gracias." Le sonreí.

"Qué quieres estudiar, Kenny?" quiso saber. Como todos los muebles estaban cubiertos con tela y apartados en un rincón, se sentó en el suelo. Me hacía gracia aquello porque parecía más pequeño que de costumbre.

"Pues me gustaría entrar en la facultad de Medicina." Confesé algo incómodo, pensando que se reiría de mi.

"Wo! Eso es fantástico! Yo también estoy en Medicina!" exclamó lleno de felicidad. Alcé una ceja y me removí inquieto.

"De verdad crees que puedo conseguirlo? El examen de acceso es…"

"El examen no es nada, ya lo veras! Seguro que lo consigues!"

Se le veía tan convencido de ello y feliz que me pareció adorable y no pude evitar sonrojarme un poco al ver como confiaba en mí. Giré la cara para no reír delante de él y bebí de la coca-cola para después volver al trabajo.

"No sabía que querías ser médico, Leopold." Murmuré. Sabía que se sonrojaría si le llamaba así y no me decepcionó.

"Eh…Bueno… En realidad, quiero ser farmacéutico. He cogido las asignaturas de Farmacia." Lo dijo con cierto nerviosismo que me hizo preguntarme qué estaría pasando por aquella cabecita. Y de repente, sin venir al caso, dejó la mirada perdida y calló. Nunca había visto a Butters tan decaído como en aquel momento, ni siquiera cuando se declaró a Clyde en el instituto y él le rechazó.

"Seguro que tú lo consigues." Fue lo único que se me ocurrió añadir. Él me sonrió un poco, pero no añadió nada más. Me sentí culpable sin saber porqué y sentí la necesidad de animarle. "Oye, quieres que vayamos a comer a mi casa? Seguro que Kyle y Stan se alegran de verte." No había necesidad de mentir respecto a Cartman. Todos sabíamos que él no se alegraría.

Y cuando Butters volvió a sonreírme, esta vez de verdad, sentí un extraño presentimiento.

"Claro que quiero! Eso seria genial!"

…..

Cuando entramos en casa y el pequeño rubio se abalanzó sobre mis amigos entendí lo solo que debía sentirse en aquel apartamento. Kyle me lanzó una mirada interrogativa mientras Butters le abrazaba y simplemente me encogí de hombros.

"Veo que te has traído un regalito de tu nuevo trabajo." Me sonrió Stan con malicia.

Oh, Marsh…Como me habrías defraudado si hubieses mantenido tu linda boca cerrada.

"Que no se crea el ladrón que todos son de su misma condición." Le contesté con sorna. Él soltó una carcajada y se marchó a la habitación.

"Oh, Dios…Qué hace él aquí?"

Butters y yo nos giramos al mismo tiempo para encontrarnos con Cartman, que acababa de salir de la cocina.

"Oh! Hola, Eric!" saludó mi pobre invitado sin notar la mirada arrogante de él. "Kenny me ha invitado!"

"Vaaaaya, que amable es nuestro Kinny!" rodó los ojos Cartman. Butters parpadeó confuso y yo le rodeé los hombros con un brazo, haciéndole enrojecer.

"Pues sí, lo he invitado. Y como también es mi casa, si te molesta te aguantas." Sonreí. El gordo me lanzó una mirada de odio y se dejó caer en el sofá. Kyle me sonrió un poco y entró en la cocina. "Qué quieres comer?" le pregunté a Butters sin soltarlo.

"Eh…No-no lo se. Lo que quieras preparar." Contestó con nerviosismo.

"Kinny cocina los mejores macarrones gratinados de la historia." Dejó caer Cartman con voz melosa. Le lancé una mirada asesina, pero ya era demasiado tarde.

"Me encantaría probarlos!" se emocionó Butters. Suspiré resignado y le solté.

"Macarrones, entonces."

Cuando entré en la cocina Kyle estaba de pie mirando a la nada con una botella de cerveza en la mano, moviendo un pie nerviosamente.

"Kyle…" murmuré quitándole la botella. "Es apenas mediodía. No querrás emborracharte ya, verdad?"

"No! Yo..!" el pelirrojo se pasó una mano por el pelo y suspiró. "Estoy un poco preocupado. Esta noche tengo una cita." Ah!

"No creo que sea algo malo." Bromeé. Él me miró con odio.

"Los tíos como tú o Stanley no podéis entenderlo, pero algunos buscamos relaciones serias y duraderas." espetó. Auch.

"Va todo bien?" preguntó Butters asomando la cabeza por la puerta. Kyle le sonrió y salió al salón y yo suspiré y empecé a preparar la comida.

…..

A Butters le encantó comer en compañía, aunque por suerte no conseguía comprender el mal rollo que reinaba entre mis compañeros de piso. Stanley y Kyle se lanzaban frases envenenadas a cada momento. Después, cuando Butters y yo fregábamos los platos, se tumbaron juntos y abrazados en el sofá. Y Kyle decía que no podía entenderle? Jesucristo, claro que no podía. La relación entre aquellos dos era demasiado enfermiza para mí.

Pero como Stan me dejó su coche para volver a casa de Butters, mantuve la boca cerrada.

"Vas a hacer algo esta noche, Kenny?" me preguntó Butters cuando ya estaba anocheciendo y yo limpiaba el rodillo de la pintura. Le miré sin entender.

"No, la verdad es que no tengo ningún plan." Reconocí a mi pesar. Él parecía nervioso y alcé una ceja.

"Si quieres, podemos ver una película o algo..." murmuró. Sonreí un poco.

"Creía que tus padres querían que vivieses solo para evitar esas cosas." Dejé caer. Al momento él se alteró.

"Co-como sabes eso?" quiso saber con cierto enfado. Me mordí la lengua por haber sido tan rápido al hablar.

"Bueno, es lo que he oído por ahí." Mentí. Él rodó los ojos y salió de la habitación que estaba pintando.

"Vamos, Butters. Solo era una broma!" le seguí.

"No es una broma, Kenny. Es la verdad." Dijo él con voz amarga. "Tú no conoces a mis padres."

"Bueno, sé que son unos hijos de puta." Me encogí de hombros. Él paró en seco y me miró alterado, pero noté que intentaba ocultar una sonrisa. "Venga, olvida lo que he dicho." Le animé poniéndole una mano en el hombro. "Mañana tengo que volver al trabajo y no quiero que hayan malos rollos entre mi cliente y yo." Bromeé. Por fin rió con ganas, pero después hubo un silencio incómodo.

"No…no me has contestado a lo de antes…" empezó.

Cierto. No lo había hecho. Pero es que su propuesta tenía el mismo encanto que una piedra para mí. Ver una película con un antiguo compañero de instituto? Para eso me quedaba en casa con Stan y Cartman y al menos podíamos jugar a la Xbox o algo. Siendo como eran los padres de Butters, estaba seguro de que él no tenía allí consolas.

"Lo siento, Leopold, pero estoy bastante cansado." Mentí. "Otro día, vale?"

No sabía por qué, pero rechazarle en aquel momento me dio una sensación de desasosiego tan grande que me hizo arrepentirme.

"Oh…Bueno, lo entiendo." Asintió con la cabeza gacha y algo rojo. Maldito Butters, por qué hacía parecer el momento como si fuese un rechazo de una declaración de amor? Eso me hacía sentir incluso peor.

"Además, no prefieres quedar con tu novia? O…novio?" aventuré. Él rió un poco con nerviosismo.

"No tengo novio, Kenny" reconoció. Y no pude evitar darme cuenta de que dijo 'novio'. Oh, Dios… Butters era gay. Probablemente sus padres no lo sabían y encima le habían dejado una casa para él solo.

Una parte de mi cabeza replanteó que quizás debía quedarme y enseñarle a ese pequeño lo que era el sexo si se mezclaba con tequila, pero la parte más sensata me gritó que me diese una ducha fría. Y aunque me jodiese, esa parte tenía razón. De verdad era necesario que fastidiase una posible amistad así? Además, era Butters. Nunca se fijaría en un perdedor como yo…

Me sorprendí a mí mismo con aquel último pensamiento. Mierda, sonaba tan…¿cursi? Ñoño? Era tan parecido a una novela rosa que incluso me enfadó.

"Será mejor que me vaya." Dije, odiándome a mí mismo al notar el nerviosismo en la voz como si fuese una puta colegiala. "Buenas noches, Leopold"

"Adiós." Sonrió él sin más.

Antes de que mi lado pervertido se arrepintiese y volviese atrás, salí a toda prisa de la casa.

"Hey." Saludó Stan cuando entré. Estaba en su habitación con la puerta abierta y tirado en la cama leyendo una revista de animales. La escena habría sido más sexy si estuviese con una revista de música, o de motos, etc. Pero la perdición de Stanley eran los animales. Por algo estaba estudiando Veterinaria.

"Hola. Y los otros?" pregunté mientras me quitaba el abrigo.

"Cartman está en la ducha y Kyle ya se ha ido con su querido Mark." Mi amigo rodó los ojos y no pude evitar reír un poco.

"Sabes que es el Karma, verdad? Has pasado una juventud de rollos de una noche y de infidelidades a tus novias. Ahora te toca a ti sufrir un poco." Dije con malicia, apoyándome en el umbral de su puerta.

"Si, bueno… Tú siempre venias conmigo, así que si voy al infierno te arrastraré también." Comentó. Pasó un par de páginas. "Oye, estaba pensando comprarme una mascota nueva."

"Otro perro gay como el que se te murió?" alcé una ceja. Él me miró dolido, otra cosa que me hizo reír como antes. Cuando las chicas le dejaban no rechistaba, pero cuando le hablabas de su perro lloriqueaba como un bebé.

"Pues sí. Quería un perro."

"Cartman no va a querer. Los perros son un coñazo. Tienes que enseñarles y sacarlos a pasear. Y estas estudiando una carrera, recuerdas? No podrás cuidarlo."

"Pues cogeré un gato." Se encogió de hombros, volviendo a su lectura.

Rodé sobre mis propios talones mientras sonreía y me marché a mi habitación. No sabía qué mosca le había picado ahora con lo de la mascota, pero estaba seguro de que tenia que ver con Kyle.

Y Kyle…

Se presentó en casa a las once, una hora de chiste para tratarse de un sábado por la noche. Y al parecer venía cabreado.

"Eh, Kahl…" empezó Cartman con sorna.

"No vengo con ganas de gilipolleces, Cartman! Así que si tienes alguna idiotez que decirme te la guardas para mañana. Estoy hasta los cojones de todo!" el portazo que dio cuando se encerró en su habitación fue épico. Por un momento pensé que nos tocaría pagar alguna reforma en la casa.

Stan se levantó del sofá al momento, dispuesto a meterse en el papel de mejor amigo una vez más y con una sonrisa en la cara que no predecía nada bueno. Se acercó a la puerta de Kyle y tocó un par de veces.

"Kyle?" murmuró. "Puedo pasar?"

Pasaron unos segundos tensos y la puerta se abrió. Asomándome desde el salón solo logré distinguir la cara triste del pelirrojo mientras se lanzaba al pecho de Marsh a llorar y la cara sonriente de Stan cuando lo arrastró hacia el interior de la habitación y cerró detrás de él.

Miré a Cartman, que estaba mirando hacia la habitación con cierto resentimiento y luego se puso a hacer zapping en los canales del televisor.

"Te odio, Kinny" masculló.

Alcé una ceja.

Aquellos tres desquiciados eran los que iban a la universidad mientras yo no podía.

Mierda, el mundo estaba muy mal repartido…

…..

Sí lo está, Kenny U.U

Gracias por los comentarios en el primer capítulo. Siempre animan mucho a seguir adelante con la historia^^

En el siguiente volveremos con Stan :3

Chau!

South Park pertenece a Matt Stone y Trey Parker y el 14x8 está a la vuelta de la esquina ya!