Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephanie Meyer y a la Saga Crepúsculo.
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Antes de comenzar daros MILES DE GRACIAS a todas las que habéis dado a seguir la historia, o la habéis dado a favoritos, y por supuesto muchas gracias a aquellas que habéis dedicado un ratito para dejar un comentario. Sois amor.
Ahora sí, os dejo un nuevo capítulo, espero que os guste ;)
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RECONTRANDÓNOS
EPOV
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La noche se había complicado. Desde las diez de la noche que había ingresado Charlie hasta ahora había sido un pequeño caos. Siempre teniendo en cuenta que hablamos de un pueblo del tamaño de Forks, claro está.
La operación de Charlie y su estabilización nos habían llevado más tiempo de lo esperado. Un accidente de coche nos había tenido entretenidos durante un buen rato. Aunque no había ningún paciente grave ni con problemas coronarios me había ofrecido voluntario para echar una mano. Todo era útil para sacar de mi mente que en unas horas vería a Bella. Cualquier cosa. Mejor no pensar en eso o le acabaría poniendo los puntos de sutura a esta adolescente, que me estaba haciendo ojitos de manera nada sutil, en su pelo en vez de su ceja.
Eran las cinco de la mañana y me dirigía a la zona de cuidados intensivos para revisar a Charlie. Las otras veces que había ido todo seguía estable e indicaba que la evolución sería buena. Me alegraba mucho. Charlie significaba mucho para mí y mi familia.
Iba revisando mi teléfono, esperando un mensaje que sabía que nunca llegaría. Seguramente Bella estuviese ahora mismo sobrevolando el océano sin ninguna red para enviarme un mensaje… aunque no es como si lo fuera a enviar realmente.
-Así que todo está estable, cariño. Se recuperará y con una vida saludable, los controles médicos y algún que otro consejo más de Edward todo estará bien. – la voz de Carlise salía de la habitación de Charlie.
No me lo podía creer cuando la vi al lado de la cama de Charlie. ¿Cómo diablos había llegado tan rápido desde Londres? Sólo habían pasado unas horas.
Seguía igual que hace diez años. Preciosa, con su melena castaña y el mismo cuerpo pequeño. Aunque su cuerpo había cambiado, supongo que es normal ahora tiene veintinueve años, su esencia seguía siendo la misma, incluso me atrevería a decir que seguía usando el mismo perfume. Solo quería que se diera la vuelta y verle ese rostro que tanto había echado de menos.
-¿Estás seguro, Carlise? Hay tantos cables aquí y tantas máquinas y tantos pitidos que… yo… -le preguntó, prácticamente sollozando, Bella a mi padre.
Bella odiaba los hospitales, le tenía pánico incluso a las tiritas, así que esta situación para ella debería estar siendo una pesadilla en toda regla. Solo quería abrazarla y que escondiera su cara en mi pecho mientras le masajeaba la nuca para que se relajara, como tanto le gustaba hacer cuando veíamos películas de miedo o cuando algo la ponía triste. Era natural, prácticamente innato en nosotros, o al menos lo era hace muchos años atrás, encontrar apoyo el uno en el otro. Seguramente, si ahora lo intentara me golpearía…fuerte. Emmet la había enseñado bien a defenderse de indeseables.
-Todas estas máquinas son muy imponentes, pero no te asustes, Charlie es valiente y ha luchado por sobrevivir. Se estabilizará y saldrá de ésta.- Dije sin poderme aguantar más. Entré a la habitación haciéndome notar tanto para ella como para papá.
-Edward – noté que susurraba aún de espaldas.
Al fin se giró y pude ver su cara. Era exactamente igual como la recordaba, aunque surcada por la preocupación.
Estaba tan cerca que solo quería abrazarla.
De repente noté unos brazos a mí alrededor, y su cabeza apoyada en mi pecho. Bella había salido en un impulso de los brazos de mi padre a los míos. La tenía en mis brazos nuevamente y mi cabeza estúpida me había hecho perderme el momento. Cuando fui a cerrar mis brazos a su alrededor Bella ya estaba huyendo. Se apartó demasiado rápido, tanto tiempo esperando para algo tan efímero, ni siquiera pude reconocer su perfume. En cuanto levantó su cara del suelo, ésta era una máscara fría como el hielo.
-Gracias, Edward. Por salvar a papá. – me dijo acercándose nuevamente a la cama de Charlie. – Carlise ya me ha puesto al día, no lo he dejado tranquilo hasta que me ha dejado entrar a ver a papá, pero ya me voy. Volveré a las ocho en punto de la mañana en horario de visitas, sé que no debería estar aquí. – me dijo mientras cogía su bolso y chaqueta de los pies de la cama y salía de la habitación. No sin antes darle un beso a Charlie con mucho cuidado de no tocar nada.
Cuando pasó por mi lado, y sin poder evitarlo, la cogí del brazo – Bella espera.
Se apartó bruscamente y me miró fijamente a los ojos – En serio Edward, te agradezco lo que has hecho por papá pero no estamos en horarios de visitas y no quiero meteros en problemas. Además, necesito descansar. Adiós. – Y se fue.
Así de simple. Diez años esperando para que en menos de diez minutos se haya vuelto a ir.
-Iré con ella – me contestó papá – Tu madre la ha convencido para que pasé estas horas, antes de volver por la mañana en casa…después solo ella sabrá que hará – me dijo con una sonrisa en la cara. La primera sonrisa, aunque leve, que le veía a papá en las últimas horas.
Sabía que tanto él como mamá necesitaban a Bella a su lado, también. Y aunque fuera por poco tiempo, y bajo estas circunstancias, estaban contentos de tenerla aquí.
-Papá… ¿cómo ha llegado tan pronto? – Necesitaba tener toda la información, solo quería saberlo todo de ella de nuevo y ahora mismo no entendía nada.
- Estaba en Los Ángeles negociando con una productora de cine la adaptación de una de sus novelas – me explicó mi padre mirándome con tristeza. Sabía que quería estar conmigo en estos momentos, pero Bella los necesitaba más.
- Ve con ella y asegúrate que descanse. Dile que si hay algún cambio en Charlie os avisaré que intente dormir algo. – le contesté preocupado por Bella.
Sabía que no me dejaría cuidarla como siempre había hecho, así que solo intentaba asegurarme de alguien lo haría, aunque teniendo en cuenta que iba a estar con mamá era una preocupación absurda.
Papá cabeceó en forma afirmativa y salió detrás de Bella.
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Habían pasado dos horas desde mi encuentro con Bella y no me lo había podido sacar de la cabeza. Volver a verla, a escuchar su voz, oler su perfume, incluso tenerla brevemente en mis brazos me habían hecho sentir vivo de nuevo.
Llevaba un buen rato en la sala de descanso, con un café en mis manos y pensando en ella. En todos estos años había aprendido a bloquearla de mi mente. Cada vez que un pensamiento, recuerdo sobre ella se colaba en mi cabeza traicionera lo bloqueaba, porque si no lo hacía me convertía en un ser inservible durante un buen rato. Pero ahora no podía, tantos años de práctica tirados por el retrete. Mi memoria había abierto la compuerta a los recuerdos.
Recordaba ese sábado de Julio a la perfección. Hipermemoria.
Cuando me levanté el sábado después de una borrachera clandestina, ya que aunque Rose, Emmet y yo sí teníamos edad para beber los demás no, no encontré a Bella por ningún lado. Al principio pensé que estaría en la ducha pero no se sentía nada. Solo silencio. Quién me iba a decir a mí que después de tantos años el recuerdo que me quedaría de la ruidosa ciudad de Las Vegas sería, precisamente, el del silencio más devastador de mi corta vida.
Mis neuronas se activaron y mi cuerpo se tensó. Algo no iba bien, nada bien. Al enderezarme en la cama solo vi mi móvil y algo brillante al lado, en la mesita de noche que quedaba justo en la otra banda de la cama. ¿¡La cama?! ¡Ohhh dios mío! Llegaron a mi mente imágenes de la noche anterior de Bella y yo desnudos, en la cama. Haciendo el amor. Esto comenzaba a ponerse cada vez peor.
Me estiré y vi que al lado de mi teléfono había una nota. La abrí y de ella cayó una alianza. ¡Mierda! Cientos de imágenes venían a mi mente. Bella y yo en una capilla, junto a unos desconocidos y un hombre vestido de Elvis. Casándonos. Miré mi mano y corroboré que había una alianza igual en mi dedo anular. ¡Simplemente perfecto! Me había casado con Bella, por la pinta de las sabanas hecho el amor con ella y ahora…
Tenía miedo de leer la nota.
Pánico.
Cogí aire y leí lo que decía.
"Edward, he tenido que volver a Forks por una urgencia con la universidad. Lo siento. Discúlpame con los demás y pasarlo bien lo que queda de fin de semana.
Sobre lo de ayer… ya sabes lo que dicen… "Lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas." Nosotros no seremos una excepción.
Adiós,
Bella."
Pestañeé y volví a la realidad. Seguía en la sala de descanso con el café intacto.
Aún recuerdo esa carta, palabra por palabra. Me hacía tanto daño recordarla como cuando la leí por primera vez. Conocía a Bella perfectamente y sabía que no era una simple carta. Que era algo más, que algo se había roto y no sabía del todo por qué. Efectivamente, a las pocas horas descubrí que no era una simple carta sino una despedida. Nuestra boda no fue lo único que se quedó en Las Vegas, también lo hizo nuestra amistad.
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Tres horas desde el encuentro con Bella. Eran las ocho de la mañana y yo estaba a nada de irme a casa a descansar, si es que mi cerebro decidía darme una tregua para dormir.
Sólo me quedaba informar a los familiares de mis pacientes de cuidados intensivos, vamos… sólo me quedaba volver a hablar con Bella. Si es que me dejaba, seguramente preferiría hablar con Carlise que conmigo. Una pena para su carácter escurridizo que fuera yo el médico de su padre. Se iba a tener que aguantar, no iba a renunciar a tener ningún tipo de conversación con ella, aunque le tuviera que recitar las constantes de Charlie en verso, hablaría con ella.
Cuando llegué a la sala no estaba, ya sabía que no la encontraría allí, seguramente ya estuviese dentro con papá, así que me apresuré a llegar a las habitaciones. Eran habitaciones completamente diferentes a las de plantas, eran salas acristaladas que nos permitían tener vigilados a los pacientes, con multitud de máquinas que cortaban el silencio predominante. Cuando giré hacía el cubículo de Charlie vi a Bella, pero estaba sola. Me extrañó.
-Buenos días – dije desde la puerta.
-Hola. – me dijo girándose y regalándome un sucedáneo de sonrisa. Me sorprendió. – Sigue conectado a todas las máquinas. – me fije entonces que sus ojos tenían lágrimas y unas grandes ojeras.
No era de extrañar, tal y como había imaginado la situación la estaba superando. Bella odiaba los hospitales y si a eso le sumas la preocupación por Charlie debía estar al borde del colapso.
-Si… Solo hace tres horas que viniste, necesita algo más de tiempo- le dije sonriéndole un poco y acercándome a ella. No se apartaba. Supongo que era una buena señal – ¿Quieres hablar fuera? Dudo que estés escuchando algo de lo que te estoy diciendo ahora mismo, solo estás intentando no desmayarte cada vez que suena una máquina – le dije cogiéndole la mano que ella tenía sobre la de Charlie.
Me volvió a sorprender que no hiciese ningún esfuerzo por evitarlo. Tendría las defensas bajo mínimo.
-Edward… - se giró completamente hacía mí y sin más me abrazó. Igual que había hecho horas antes, pero esta vez sí reaccioné y la envolví en mis brazos.
No tenía intención de soltarla nunca… Esta vez no iba a ser un abrazo tan fugaz como el de anoche, estaba más que prevenido con ella.
Ella lo necesitaba y yo también.
Noté como se tensaba para justo después comenzar a temblar en mis brazos. Estaba llorando incontrolablemente. Librando tensiones, supongo. La dejé que se desahogara. Estuvo un rato así hasta que se calmó y levantó la cabeza. Intenté no llevar mis manos a su nuca ni acariciarla mucho, no quería que se volviese a separar de mí antes de tiempo.
Aún no me creía que la tuviese tan cerca. En mis brazos.
Contemplar su rostro tan cerca me tenía maravillado. No llevaba una sola gota de maquillaje, no es que lo necesitara… sus ojos tan grandes y expresivos y sus mejillas eternamente sonrojadas eran más que suficiente. Incluso con todo el cansancio y preocupación que transmitía su rostro, no podría dejar de admirarla.
-Lo siento, todo esto me ha superado. – me dijo separándose de mi mientras se secaba las lágrimas.
La dejé separarse aunque era la última cosa que quería en estos momentos. No quería forzar demasiado sus límites. No suele reaccionar bien a la presión. A las pruebas me remito…Tanta contención me estaba matando.
- Vamos… Te invito a un café – vi que estaba recelosa de dejar a Charlie, y venir conmigo. – Él estará bien, además sabes que no puedes estar mucho rato aquí. Las visitas son cortas. A partir de esta tarde le irán quitando la anestesia para ver cómo reacciona y valoraremos subirlo a planta.
Vi como se lo pensaba, la conocía bien y si fuera por ella se quedaría junto a Charlie todo el día, a pesar de su miedo a los hospitales, a pesar de no haber dormido nada en las últimas horas. Así era Bella siempre sacrificándose por los demás. A pesar de eso, se acercó a Charlie, buscó un lado en el que no hubiese ningún tubo y le dio un beso, como ya había hecho la noche anterior, para seguidamente girarse hacía mí.
Seguía en estupefacto. Llevaba unas horas en un estado de continua sorpresa.
-Está bien, te sigo.
Ella misma se sorprendió cuando salió esa frase de sus labios. "Te sigo" era nuestra clave, acostumbrábamos a discutir mucho, a no tener el mismo punto de vista sobre las cosas, pero al final del día siempre estábamos el uno para el otro. "Te sigo" era como decir "no estoy de acuerdo con lo que has decidido pero siempre voy a estar a tu lado". Un siempre que resultó ser bastante breve…
Llegamos a la cafetería del hospital caminando en silencio. Era pronto y no había mucha gente aún, pero escogí la mesa más alejada de todo el salón.
-Sé sincero ¿está bien papá? – me dijo nada más sentarnos, no se había quitado ni la fina chaqueta que traía, que si no recuerdo mal era de mamá.
-Está bien dentro de lo que cabe, le ha dado un ataque al corazón y se le tiene que dar la trascendencia que tiene. – le expliqué mirándola a los ojos. Ella cabeceó seria, apoyándose en la mesa, completamente concentrada en mis palabras – Eso no quiere decir que no vaya a recuperar la normalidad. Vida sana, deporte moderado y adaptado a su nueva situación de salud, medicación y Charlie no tendrá más problemas.
-Haces que suene fácil… pero ya sabes cómo es Charlie, lo más sano que come es lasaña congelada – dijo con fastidio Bella. Ahora, ligeramente más calmada.
- Aprenderá. – le dije con una sonrisa.
Bella estaba pensativa. Se apoyó en el respaldo de su silla alejándose de mí. Necesitaba cada milímetro de cercanía suyo, pero ella seguía manteniendo una separación de seguridad totalmente frustrante. Tantos años sin verla y ahora que está aquí respirando el mismo aire que yo la noto tan lejos…
-Hablé con él hace unos días y me dijo que sus controles médicos estaban bien. Se los hizo hace poco, unos meses diría…- Si había una palabra que definiera a Bella, esa era perseverante, sabía que su mente buscaba una explicación a todo continuamente.
- No le des más vueltas, Bella. Lo importante es que ahora Charlie está bien y se va a recuperar. – me regaló una sonrisa de lado, sabía que la había pillado analizando la situación más de la cuenta. Siempre hacía lo mismo.
- Me calmaré cuando lo vea despierto – sentenció Bella suspirando. Se tiró hacía adelante cogiendo una de mis manos, que quedaban encima de la mesa. – Gracias Edward. No me cansaré de decírtelo. Has salvado a papá, es todo lo que me queda y no sé qué haría sin él. – me dijo sinceramente.
- Es mi trabajo, además, sabes que Charlie, también es importante para mi… para todos nosotros. Y Bella – esperé hasta que me miró a los ojos, sabiendo que tenía toda su atención – Charlie no es lo único que tienes, lo sabes.
- Edward… - comenzó a decir mientras negaba con la cabeza e intentaba soltarse de mi agarre.
-¡Bella! – sentimos que Emmet chillaba desde la otra punta de la cafetería, haciendo que Bella soltara mis manos definitivamente. Oportuno como siempre.
Emmet venía acompañado de Rose y Esme. Se sentaron con nosotros después que Rose y él abrazaran y besaran a Bella. Bueno, mi hermano casi la ahoga con su abrazo. Estaban muy contentos de verla de nuevo.
-Carlise ya nos ha dicho que Charlie está mejor y que está tarde o mañana, seguramente, le retiren la anestesia. ¡Es genial enana! – Le dijo Emmet a Bella, mientras que Rose la mantenía abrazada desde la silla que quedaba justo a su lado. Estaba comenzando a ponerme celoso de mi propia cuñada ¿De ella no se pensaba separar?
- Sí, parece que todo se quedará en un susto. – le contestó Bella algo más tranquila.
- Cariño ¿Por qué no vamos a casa y descansas? – le dijo mamá a Bella, como siempre preocupada por ella – Llevas horas sin dormir y vas a necesitar fuerzas cuando tu padre despierte.
- Esme tiene razón deberías descansar, Charlie está cuidado. Además si hay algo que debas saber Carlise nos avisará. – añadió Rose. – Ve con Esme, nosotros dos vendremos a la visita del mediodía, no te quiero ver el pelo por aquí hasta esta tarde.
Rose y Bella siempre habían tenido muy buena relación, para ella también había sido especialmente duro estar tan separada de Bella durante tanto tiempo. Había tenido varias discusiones con Jasper por ese tema, no entendía porque ella también estaba en el grupo de "los pringados que no tenemos contacto con Bella". Rose siempre tan contundente y descriptiva. Y eso Emmet y ella aún recibían mails más extensos y, algo, más frecuentes que yo.
Pero volviendo al presente, tenían razón. Bella necesitaba dormir, descansar. Se la veía agotada, sus ojeras eran pronunciadas y la fragilidad que desprendía era tal que solo querías abrazarla y cuidar de ella. Aunque eso significaba volverla apartar de mi lado. No estaba preparado, aunque supongo que esta vez no iría a ningún lado en las próximas horas.
-No me voy a poder negar ¿no? – dijo Bella con una sonrisa de resignación.
- No, y no obligues a detenerte. – dijo Emmet con una sonrisa. –
-Está bien… - acabó claudicando Bella.
Se levantó y se dirigió hacia la salida de la cafetería acompañada de mamá y Rose. Las seguimos Emmet y yo de cerca.
-La enana está de vuelta- me dijo mi hermano dándome un golpe en la espalda que casi me disloca un brazo.
Así era Emmet, no podía controlarse cuando algo le sobrepasaba. Y si Rose estaba contenta de ver a Bella él parecía flotar aunque se contenía, supongo en parte por la preocupación por Charlie.
Antes de separarnos por el pasillo, ya que yo iba en otra dirección para cambiar mi uniforme, Bella me sorprendió y cuando Esme se despidió de mi se acercó.
-Edward… – otra vez esa palabra odiosa, eché una mirada a Emmet para que no nos interrumpiera esta vez – Supongo que nos veremos en otro momento, pero… Gracias de nuevo.
-No dudes que nos veremos Bella. Hasta luego – le dije sonriendo.
Y dedicándome una última mirada cansada se fue.
Aunque esta vez no iba a ser una despedida permanente. Los dos necesitábamos descansar, pero la conversación seguía pendiente y no se iba a ir de Forks sin tenerla. Y a poder ser no se iba a volver a ir a Forks.
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NA:
No soy médico, así que pido disculpas por si alguna cosita, de las poca que se mencionan, está equivocada o algo. Si es así no dudéis en corregirme y sin ningún problema lo cambiaré.
No olvidéis que cualquier cosa me la podéis dejar en reviews.
Saludos y nos leemos en el próximo ;)
