Contenido: Basado en el juego de Ib. Un poco de drama, angst, misterio, etc.
Pareja: Ninguna. Sin publicación a Amor-yaoi.
Disclaimer:
Hikari: ¡Hola, gente! El día de hoy me presento con el segundo capítulo de este nuevo fanfic, el cual me costó mucho más trabajo que el primero, es aquí donde las cosas comienzan a ponerse más y más interesantes. Voy al grano: la obra original no me pertenece todo es gracias a Fujio Akatsuka quien es el creador original de nuestros amados sextillizos. También el fic está basado en el juego de Ib que tampoco me pertenece y cuyo autor original es Kouri. Solo he escrito esto con fines de ocio y diversión. ¡Disfrútenlo!
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Lo que creían que iba a ser un espacio lleno de agua y olas, era en realidad una serie de escaleras que conectaban a una sala oscura subterránea, que estaba decorada con dos cuadros, parecidos a los que se encontraban en la superficie.
-Esto me da un mal presentimiento- Choromatsu, sin quejarse pero sin soltar la mano de su hermano, decidió comenzar a caminar. Las paredes ya no tenían cuadros, la palabra "vengan" se encontraba impregnada con pintura fresca, guiándolos a caminar más rápido para evitar los escalofríos que les provocaban leerlas.
-¿Rosas?- Osomatsu alcanzó a ver, sobre una pequeña mesita un gran florero, de hecho demasiado grande para solamente dos flores que se encontraban dentro, una color rojo carmín y la otra verde esmeralda. Cada uno tomo una, mirándola con detenimiento- Algo me dice que debemos llevárnosla…
Un extraño ruido se escuchó, provenía de lo que fuese que estuviera detrás de la puerta azul que estaba justo alado del mueblecito, algo parecido a… ¿un grito?
-The beautiful picture…oh the beuatiful picture- la puerta se abrió precipitadamente, dejando salir a un Karamatsu completamente aterrado, quien tenía una rosa color azul en su mano derecha
-¿¡Ka….Karamatsu?!- Karamatsu, quien cerró rápidamente la habitación de donde había salido, se percató de la presencia de sus dos hermanos y, casi al instante, sus ojos se llenaron de lagrimas de alivio- ¡Brothers!- se lanzó hacia sus brazos, haciendo que el primer y tercer hijo cayeran al suelo con su hermano encima- ¡Qué bueno que los encuentro!
-¿Que está sucediendo, Karamatsu?- Osomatsu se reincorporó, aun teniendo sobre su pecho a su chillón hermano.
Cuando cuatro de los seis hermanos habían decidido subir primero al piso superior, los menores dejaron atrás al segundo hijo, con el pretexto de que si eran vistos junto con él, ahuyentarían a las demás personas, ya que Karamatsu era demasiado doloroso con tan solo ser visto. Un poco deprimido, Karamatsu paseaba solo por la sala, deteniéndose varios minutos en algunas pinturas, fingiendo interés para atraer chicas, lo cual resultó como un completo fracaso.
Fue entonces que encontró la pintura de más de un metro de largo, misma que habían visto Choromatsu y Osomatsu, y que a partir de ahí, fue cuando las luces parpadearon y la gente parecía haberse esfumado en el aire. Karamatsu repitió una experiencia similar a la que habían tenido sus dos hermanos, y poco antes de encontrarlos, vio aquel jarrón con tres flores, de donde solamente había tomado una antes de cruzar la puerta azul, donde había encontrado un escalofriante cuadro y una pequeña llave azul.
-Es extraño no habernos visto, nos ocurrió algo muy similar- Osomatsu comenzó a retomar el camino de regreso, ahora la palabra "vengan" que estaba antes en las paredes, había sido sustituida por "ladrones", poniéndolos aun más nerviosos.
-¡Las escaleras no están!- Choromatsu comenzaba a gritar un tanto desesperado- ¿¡Cómo se supone que regresemos si las escaleras se han ido?!
-Tranquilo Choromatsu.- intentaba calmar el mayor- Tal vez haya una salida en alguna otra parte- Karamatsu pasó su brazo sobre los hombros del tercero, también intentando calmarlo. Los tres caminaron un poco mas antes de encontrar la puerta que se abría con la llavecita azul que había encontrado Karamatsu.
La sala a la que habían llegado era tan tenebrosa como la anterior, manos tan negras como el carbón salían de los muros, matando casi del susto a los tres hermanos, quienes solo se guiaban de su instinto para poder seguir avanzando, aun si eso implicaba cruzar por un endeble cuadro para llegar a otra habitación.
-¡Tú puedes, Cacamatsu!- echaban ánimos burlescos a un temeroso Karamatsu que terminaba de cruzar por encima del cuadro. Solo uno podía pasar así que le habían encomendado la misión al segundo hermano de ir a revisar la otra parte de la habitación.
-N-no se vayan a ir, brothers- a pesar de que intentaba mostrar una sonrisa, el miedo en su rostro estaba impregnado, sus hermanos solo levantaron su pulgar, cosa que, en lugar de brindarle confianza lo llenó mas de inseguridades. Una vez que cruzó la puerta de color verde observó una pequeña salita y, entre la alfombra, el resplandor de una llavecita le llamó la atención.
-Tal vez sea la llave de la otra puerta- se decía para si Karamatsu, quien no se esperaba que el maniquí (que no tenia cabeza y que estaba enfrente suyo) comenzara a temblar. En cuestión de segundos parecía como si el artefacto cobrara vida, por cada paso que daba Karamatsu retrocedía, sin palabras y casi muerto de miedo.
-¿D-d-dama?- el maniquí dio un salto rápido, intentando alcanzar a Karamatsu, quien por suerte logró esquivarlo mientras gritaba como niñita. Guardó la llave en su sudadera y comenzó a correr, pasando la puerta donde se supone que estaban sus hermanos, quienes se sorprendieron al ver a su hermano siendo perseguido por un objeto inanimado. Un segundo más que Karamatsu hubiese tardado en cruzar el ya roto cuadro, y no hubiera podido contarlo.
-¡Ya no iré solo otra vez!- se quejaba Karamatsu cuando regresaban a la anterior puerta cerrada.
-Será mejor que no nos separemos- le dio la razón Osomatsu, simplemente para que dejara de quejarse. Unos metros después, los tres hermanos pudieron llegar a otra salita la cual…
-Jajaja, esta sala seguro que le gustaría a Ichimatsu- Osomatsu se pasaba su dedo por debajo de su nariz, intentando aligerar la situación en la que se encontraban.
-Cállate, solo logras que me ponga más nervioso- Choromatsu inspeccionaba con la mirada la salita, la cual parecía ser el rostro de un gato o algún otro felino. A comparación con las anteriores esta resultaba ser bastante estrecha, los tres hermanos fueron juntos a la puerta del lado derecho. Dentro parecía que era un pequeño almacén, con cajas, esculturas, maniquís (que asustaron a Karamatsu mas de lo debido) y otras cosas de arte se encontraban apiladas por ahí.
-¿Que se supone que estamos buscando?- preguntaba el mayor.
-Cualquier cosa que nos ayude a salir de aquí- Choromatsu inspeccionaba otra caja, pero fue un sonido inusual lo que hizo detenerse, al parecer ninguno de sus hermanos se había percatado, por lo que volteó nervioso buscando cualquier indicio de movimiento.
-¿Que sucede, Choro…?- Karamatsu se calló al ver como una escultura parecía querer moverse, Osomatsu también volteó y apreció lo mismo. Cuando la escultura comenzó a moverse más rápido los tres intentaron correr a todas direcciones para huir, pero Choromatsu tropezó con algunas cajas, quedándose completamente arrinconado.
-¡No te preocupes brother! ¡Iré a rescatarte!- gritaba Karamatsu mientras, al contrario de lo que decía, iba a esconderse detrás de una caja junto a su hermano mayor.
-¡Ya cállate, Cacamatsu!- gritó aterrado el tercero. Afortunadamente, antes de que pudiese comenzar a rezar, la escultura pareció atorarse en un pequeño agujero del suelo, cayendo y destrozándose, dejando ver que en su interior guardaba un pedazo de madera.
-Larguémonos de aquí- aun con sus piernas temblorosas por el miedo, Choromatsu tomó aquel artefacto y salió del cuarto, siendo seguido por sus hermanos.
En la siguiente habitación, una silueta oscura y traviesa les invitó a encontrarla, cuando lo lograron, otro pedazo de madera cayó de una pintura. Ambas piezas coincidían.
Con un poco de obviedad, los hermanos pudieron seguir su camino cuando la pieza fue colocada en un agujero en forma de pez que se encontraba en la pared. Sabían desde aquel momento que no verían de nuevo a los amigos de Ichimatsu de la misma forma, no después de oír el maullido tétrico de un gato cuando el camino se abrió ante ellos.
No importa cuánto avanzaran, para los hermanos Matsuno cada nueva sala era más perturbadora que la anterior, en esta, después de que cierto cuadro les escupiera pintura, una nota les advirtiera cuidado con los labios y otra mano saliera del borde de la pared, los tres se encontraban ante un acertijo bastante complicado. En la "sala de los mentirosos" se encontraban ciertas inscripciones grabadas debajo de cada cuadro, al parecer solamente una de ellas era verdadera para encontrar….bueno en realidad ni siquiera sabían qué es lo que debían encontrar.
-Choromatsu, contamos contigo- cada hermano poso una de sus manos en cada hombro del menor, quien quedó sorprendido por ello.
-¡¿Por qué tengo que descifrar esto yo?!- preguntó alterado, después de haber sido casi asesinado por una escultura móvil, no quería involucrarse en algún otro lío de esa horrenda galería.
-Porque eres el más listo aquí, Choromatsu- Osomatsu hizo un leve puchero, como si su explicación fuese obvia. Ante el cumplido, Choromatsu no le quedo otro remedio que fruncir el ceño y esforzarse. En realidad no eran tan complicado, después de unos cuantos minutos creía tener la respuesta…el problema era llevarlo a la práctica.
-Ni loco seré yo el que entre ahí- Choromatsu, a pesar de estar 99% seguro de estar en lo correcto, no quería volver a exponerse, por lo que fue ahora el turno de Osomatsu de entrar y jalar una pequeña bolsita que estaba en el suelo, de acuerdo a la localización que Choromatsu le había indicado.
Nada malo salió de ahí, más que un simple numero, el cual les ayudaría a resolver la contraseña de la siguiente puerta, utilizando nuevamente la inteligencia del tercer hermano. No es que fuese un genio, pero era el que había sacado mejores notas cuando aun eran estudiantes.
Dentro de dicha salita, los tres hermanos consiguieron otra pieza de madera, aunque en esta ocasión tenia la forma de una manzana. Cuando salieron, los tres evitaron mirar hacia arriba, aquel pasillo con los muñequitos colgando de cabeza…les daba bastante mala espina.
El pobre de Karamatsu, al perder en piedra, papel o tijeras, nuevamente había sido el elegido para acercarse a las cosas grotescas del lugar. Intentando disminuir los temblores de su mano y no dar una vista patética de sí mismo a sus queridos hermanos, acercó la manzana de madera al par de labios, los cuales podían articular oraciones con una voz gruesa y que difícilmente se le entendía. Cuando la boca terminó de comer la manzana, invitó al trío de hermano a pasar por su boca.
Después de sobrevivir al pasillo donde casi los mataba una guillotina, los tres hermanos comenzaban a cuestionarse acerca del verdadero problema en el que se estaban adentrando más y más, porque, en lugar de sentir que iban a la salida, sentían que estaban adentrándose a caminos sin retorno.
-¿Creen que los demás estén aquí dentro también?- preguntaba Choromatsu, viendo con desconfianza las paredes rojizas de la nueva sala
-Si no están aquí dentro, al menos están a salvo con nuestros padres- Osomatsu había contestado mientras veía sin interés los cuadros de las paredes- Por cierto, apenas me vengo dando cuenta pero… ¿no creen que estas rosas se marchitan muy rápido?
Cada quien seguía manteniendo una rosa en cada mano, de hecho de forma inconsciente se la habían estado trayendo con ellos, las flores, más marchitas de cómo originalmente las habían encontrado, tenían un aspecto pobre, tal vez tendrían que encontrar un poco de agua para que las pobres flores resistieran, aunque no es como si esas flores fuesen importantes ¿o sí?
-Al menos la tuya aun tiene pétalos suficientes- se quejaba Choromatsu cuando vio que su flor apenas le quedaban unos cuantos pétalos- a la mía se le han caído después de que ese asqueroso cuadro me escupiese encima- recordó el traumático accidente.
-No te preocupes my brother- continuo hablando Karamatsu- cuando tu flower termine marchitándose, yo puedo ofrecerte la mía- Choromatsu asintió poco convincente, al menos con aquellos comentarios dolorosos por parte de Karamatsu era posible aligerar el ambiente de la situación.
Una nueva puerta atravesaron, aunque las paredes de la nueva habitación seguían siendo de color rojizo esta era mas amplia que los kilométricos pasillos que dejaron atrás. Se separaron levemente para inspeccionar la habitación, aunque en realidad no era tan diferente a las tantas que ya habían pasado. Las esculturas exóticas y los cuadros sin sentido aun adornaban lo que, suponían aun seguía siendo la galería de arte.
-Oigan, miren esto- Osomatsu llamo a sus otros dos hermanos- creo que este no está tan mal- apuntó con la vista un cuadro de una mujer, el titulo la nombraba "la dama de rojo"- comparada con todas las que hemos visto, creo que la chica de este cuadro podría ser linda.
-Solamente le has prestado atención por la chica- los tres nuevamente se alejaban del susodicho cuadro, justo en el momento en que un ruido, parecido a un vidrio quebrándose, les llamara la atención por detrás. La chica que antes estaba pintada, salía desde el cuadro mientras se arrastraba por el suelo alfombrado, su cuerpo no era visible y en su lugar, arrastraba con pesadez el marco del cuadro. Los tres chicos gritaron antes de comenzar a correr, la mujer les perseguía en una persecución digna de cualquier película de terror.
-¡Abre la puerta, Karamatsu!- Karamatsu intentaba abrir una puerta color rojo, pero sin resultados ya que estaba cerrada con llave.
-¿¡Por qué esa manía de ponerle llave a todas las puertas de este lugar?!- los tres hermanos siguieron corriendo despavoridos por toda la sala. Afortunadamente, Choromatsu alcanzó a ver una pequeña llave donde había caído en primer lugar el cuadro, con la suerte que tenían esa llave abriría la puerta y podrían escapar de aquella abominación de mujer. Corrió rápidamente y, después de tomarla e incrustarla en la perilla, un pequeño "clic" le indicó que podrían entrar.
Cuando los tres entraron a un pequeño refugio, todavía alcanzaron a oír las uñas de la mujer incrustándose en la puerta desde el otro lado, aun intentando abrirla. Segundos después los sonidos cesaron, al parecer se había ido.
-Parece una biblioteca- mencionó Karamatsu una vez que todos estaban más calmados. Inspeccionaron rápidamente entre los libros, querían encontrar un mapa o alguna pista que les indicara como salir del lugar, pero en su lugar solamente encontraron un cuento infantil (ilustrado con crayones) un tanto sádico, un par de libros tan viejos que varias de sus palabras ya se encontraban ilegibles y un papel doblado con la oración "¿se están divirtiendo?" que prefirieron ignorar.
-My heart ya no aguantará mas esto- decía Karamatsu cuando salían por la otra puerta de la pequeña biblioteca. Ninguno de los hermanos creía que aquel día que comenzó como un paseo familiar normal terminaría como un relato de historia de terror.
Una vez en el pasillo, los tres hermanos vieron un jarrón, muy parecido al que habían encontrado en el primer pasillo, justo donde habían tomado las rosas.
-Supongo que no pasa nada por intentarlo- Osomatsu fue el primero en dejar su flor en el jarrón, incitando a sus hermanos a hacer lo mismo, lo siguiente que vieron…bueno en realidad ya nada les sorprendía después de todas las cosas extrañas que les habían pasado. Las tres flores, en tan solo cuestión de segundos, se revitalizaron, los pétalos perdidos anteriormente volvieron a nacer y, de alguna forma, los tres recobraron las energías que el largo camino los había hecho perder.
-Ok…- Choromatsu se dio un vistazo rápido, las heridas que tenía hasta hace un momento habían desaparecido- Esto es bastante extraño…
-Supongo que no debemos darle tanta importancia- los tres levantaron sus hombros y coincidieron con el comentario. Si se cuestionaban todo lo que estaba pasando, perderían demasiado tiempo en encontrarle lógica a los sucesos y nunca podrían salir de ahí.
Los ninis retomaron su camino hacia la derecha, un poco más motivados por recuperar fuerzas. Cuando Osomatsu abrió la puerta se detuvo en el lumbral debido a lo que veía dentro del pasillo.
-¿Que sucede?- preguntó Karamatsu antes de ver también el interior, su reacción fue la misma que la de Osomatsu. A partir de la puerta se alcanzaban a ver pequeñas gotitas rojizas, las cuales poco a poco se convertían en charcos cada vez más grandes, creando un camino en donde lo último que veían era…
-¡Ichimatsu!- gritaron los tres hermanos al ver hecho un ovillo en el suelo al cuarto hijo de la familia Matsuno. ¿Pero qué rayos había ocurrido ahí? ¿Sus demás hermanos también estaban atrapados en aquella galería?
Cuando se acercaron lo suficiente a su hermano, notaron las graves heridas en el cuerpo de este, quien al parecer estaba inconsciente y…agonizando.
-Ichimatsu, ¡hey!, ¿qué ha ocurrido?- Osomatsu tomó entre sus brazos a su hermano, quien no podía contestar y solamente soltaba quejidos de dolor- esto es grave…- murmuró con gran seriedad al verlo.
-¿Qué es eso?- Choromatsu señaló con el dedo índice la mano de Ichimatsu, en donde el menor tenía una pequeña llave, tal vez de alguna otra puerta- Osomatsu-niisan, tú quédate con Ichimatsu, nosotros dos buscaremos la puerta que abre esta llave, tal vez ahí encontremos algo para ayudarlo.
-Buena idea- Karamatsu asintió estando de acuerdo. Ambos vieron la mirada indecisa de Osomatsu, hasta hace poco todos habían dicho que lo mejor sería no separarse, pero por la naturaleza de la situación, Ichimatsu no aguantaría demasiado si lo movían de un lugar para otro. Finalmente accedió y ambos hermanos salieron en dirección contraria.
El pasillo se extendía aun varios metros más donde, siendo ya común, había una puerta mas esperándolos. Cuando entraron alcanzaron a ver unas cuantas esculturas y cuadros pero lo que les llamó la atención fueron los diversos pétalos morados esparcidos y que conducían a una habitación más pequeña.
Karamatsu giró la perilla y, al ver que estaba cerrada, le pidió la llave a Choromatsu, efectivamente lograba abrirla. Asomó cuidadosamente su cabeza antes de entrar, buena decisión, ya que adentro alcanzó a ver a una mujer, justo como la del cuadro que los había perseguido, pero esta vez vestida de color azul, y entre sus manos, devorándola, se encontraba…
-Una flor morada- susurró para sí mismo antes de que la mujer del cuadro volteará a verlo y, por la sorpresa, cerrara la puerta antes de entrar.
-¿Qué pasa, Karamatsu-niisan? ¿Qué hay adentro?- preguntaba asustado y curioso Choromatsu, viendo como su hermano tenia abiertos sus ojos como nunca, señal de que acababa de comprender algo.
-Las flores- comenzó a hablar- Creo que de alguna forma estamos conectados a ellas, justo como lo que estaba escrito…- Karamatsu volteo a ver unos pedazos de papel que se encontraban clavados de forma abrupta a la pared- Si algo le pasa a las flores nosotros también lo sentiremos, es por ello que cuando las pusimos en agua pudimos recobrar nuestra energía.
Choromatsu escuchaba atentamente a su hermano y de hecho, le pareció asombroso que descubriera aquello. Eso quería decir que si la flor llegaba a marchitarse…ellos ¿morirían?
-La dama del cuadro de allí dentro tiene una flor- Choromatsu vio fijamente a los ojos a Karamatsu- una flor morada- Choromatsu se petrificó al oír aquello, si resultaban ciertas sus suposiciones, ellos tendrían que llamar la atención de aquel monstro y recuperar la flor para salvar a Ichimatsu.
-¿Cuál es el plan, Karamatsu-niisan?- se sonrieron con complicidad, tendrían que arriesgarse para salvar a uno de sus hermanos menores.
Con sus corazones palpitándoles fuerte y rápidamente en sus pechos, entraron de un solo movimiento a la sala, Karamatsu fue la carnada para atraer a la mujer, mientras que Choromatsu se encargaba de recuperar la rosa. Ambos salieron un poco heridos pero finalmente lograron su objetivo, aunque casi se les sale el corazón cuando el cuadro rompió la ventana para perseguirlos, por lo que ambos huyeron despavoridos hacia la puerta. Justo como la anterior, alcanzaron a oír sus uñas enterradas en la madera y poco después, el silencio.
-N-No puedo creer que haya funcionado- Choromatsu dejó deslizar su espalda por la puerta, intentando recuperar el aliento después de aquella carrera.
-Lo bueno es que logramos recuperar la flor- Karamatsu se secaba el sudor de la frente con su antebrazo- Hay que darnos prisa.
Ambos se acercaron nuevamente al jarrón donde vieron nuevamente aquella revitalización de la flor, volvía a tener todos sus pétalos y a ser hermosa como originalmente debía estar. Con paso apresurado volvieron a pasar por la puerta donde vieron que Osomatsu aun sostenía entre sus brazos a Ichimatsu, aun dormido pero sin ningún rastro de heridas.
-¿¡Como lo hicieron, chicos?!- preguntó Osomatsu un poco alterado, y con este grito Ichimatsu comenzó a removerse, abriendo levemente sus párpados.
-¿D-donde…?- Ichimatsu se reincorporó y, después de tallar sus ojos, vio a sus tres hermanos mayores- ¿pero qué rayos hacen aquí?
A todos sin excepción se les llenaron los ojos de lagrimitas de felicidad y alivio al ver a su hermano completamente sano, por lo que no dudaron ni dos segundos en abalanzarse contra el pobre y abrazarlo.
-¡No vuelvas a preocupar a tus onichan de esa forma!- lloriqueaba como un niño el hermano mayor. Ichimatsu no comprendía del todo, hasta que recordó cómo es que había llegado hasta ese punto… ¿que no se supone que estaba mal herido? Ichimatsu se dejo mimar unos breves segundos hasta que pudo dedicarles una mirada confusa a sus hermanos.
-Karamatsu-niisan fue el que descubrió la forma para salvarte- dijo sonriente Choromatsu mientras se ponía de pie- Al parecer estamos conectados con estas flores así que debemos ser cuidadosos- Ichimatsu vio con cierto desagrado la pose "cool" de su hermano al oír como le daban todo el crédito…de entre tantas personas, ¿por qué exactamente él tenía que salvarlo?
-Gracias…-dijo en apenas un murmulló mientras desviaba la mirada. Al oírlo, el rostro de Karamatsu se iluminó, nunca creyó que llegaría el día en que su hermano, aquel que juraba odiarlo, le agradeciera por algo.
-You're welcome, bro…- y antes de que acabara con su frase en un horroroso inglés, Ichimatsu le calló la boca con un golpe en la cara, pero bueno, esa actitud ya era normal entre ambos hermanos.
-Por cierto Ichimatsu- llamó la atención Choromatsu- ¿cómo es que llegaste hasta aquí?
Según Ichimatsu, después de haber abandonado al segundo hermano solo en la galería, los tres menores habían decidido recorrer el resto de la sala. No habían encontrado nada relevante hasta que vieron aquella pintura que sus demás hermanos también habían visto. Cuando los tres hermanos estaban observándola, los focos del lugar parpadearon y las personas de todo el lugar habían simplemente desaparecido. El resto de la historia era muy similar a todo lo que ellos habían pasado, pero en el caso de los tres menores, en algún momento se había separado accidentalmente, dejando a Ichimatsu completamente solo y desprotegido.
-Esa mujer tomó mi flor y caí inocente poco después- concluyó Ichimatsu. Los tres mayores suspiraron al mismo tiempo, todo aquello comenzaba a ser cada vez más problemático, antes tenían la esperanza de que sus hermanos estuviesen a salvo afuera pero ahora que había escuchado todo ello, tenían el deber de encontrarlos y salir todos juntos.
-Es extraño que nos sucediera lo mismo a todos a pesar de estar separados- Choromatsu posó su mano debajo de la barbilla, analizando la situación- A todos nos ocurrió lo mismo cuando vimos aquel cuadro pero a pesar de ello nunca nos cruzamos los unos con los otros hasta que estuvimos aquí dentro, eso no tiene sentido.
-Bueno, el que la galería este lleno de maniquís que se mueven y cuadros homicidas tampoco tiene mucho sentido- dijo burlesco Osomatsu, haciendo que Choromatsu lo viese con cierta molestia.
-De todas maneras- prosiguió el otaku- es probable de que si encontramos aquel cuadro que vimos en la galería podamos salir de aquí.
-¿Estás seguro de ello?- preguntó esta vez Karamatsu.
-Es lo único que se me ocurre.
-Aunque primero debemos encontrarnos con Jyushimatsu y Todomatsu- terminó de hablar Ichimatsu. Todos asintieron ante lo dicho, les gustara o no, al parecer aun les guardaba un largo camino por delante.
Los cuatro siguieron caminando, y a pesar de que ya eran cuatro personas y no solamente tres, no podían evitar sentir aquella sensación de estar continuamente observados por detrás, era una sensación completamente desagradable. Cuando el kilométrico pasillo terminó un maniquí interfería en la siguiente puerta.
-No se preocupen brothers yo me encargaré de…- Karamatsu estaba tomando posición para mover aquella figura que hasta hace poco aun no aguantaba ver, tal vez quería lucirse ante Ichimatsu para volver a oír un agradecimiento de su parte, lo que no se esperaba es que el mismo Ichimatsu fuese le que patearía de forma brusca el maniquí, destruyéndolo en el acto y dejando libre el camino
-Cállate, Cacamatsu- decía mientras guardaba sus manos en los bolsillos y abría su puerta, dejando completamente en blanco al pobre segundo hermano.
Todos seguían su camino, encontrando a su paso una nueva habitación, esta vez con paredes color gris que, les daba escalofríos, especialmente al ver que en la entrada dos manos se mantenían en constante movimiento.
-Después de salir de aquí, mi percepción de arte será completamente distinta- decía Choromatsu, asqueado de ver como aquellas manos se retorcían
-No seas dramático- contestó Osomatsu, quien prefirió no ver las esculturas y seguir por el camino.
La habitación, además de lo que ya era común, en uno de sus pasillos estaba repleta de ojos, si, espeluznantes y asquerosos ojos que les daba la sensación de que en cualquier momento fijarían su mirada en ellos y saltarían a atacarlos, afortunadamente ese suceso nunca llegó. La habitación estaba dividida en diferentes secciones, demasiadas si pretendían revisar una por una, es por ello que otra vez dividieron.
El primero en irse fue Osomatsu, quien aleatoriamente escogió la que podría ser la peor habitación. En ella un confuso laberinto se abría ante él, lo peor de todo es que los maniquís zombies (como él los había decidido llamar) se encontraban por todas partes, si se descuidaba aunque fuese un poco, esto podría terminar mal…muy mal.
Con precaución y jugándose la vida de por medio (varios pétalos de su rosa roja habían caído) logró llegar al que supuso que era el objetivo de la habitación, un pequeño interruptor en una de las paredes. Cuando se produjo un sonido Osomatsu aprovechó para escapar de aquella habitación.
Mientras tanto, Choromatsu había terminado en una habitación que en realidad era un puzzle para llegar a una pequeña botellita. Por la distancia no sabía qué era lo que contenía pero supuso que bueno, por algo una botellita estaría en medio de un laberinto de bancos…si, por algo sería.
-¿Por qué tengo que ser yo el que resuelve estas cosas?- se dijo a si mismo mientras analizaba cada uno de los caminos posibles. No fue uno, dos, ni tres intentos los que tuvo que realizar Choromatsu para resolverlo, de hecho el reto era más complicado de lo que creía así que le tomó varios minutos más de lo que esperaba.
Y mientras el tercer hermano se encargaba de torturarse con puzzles, Ichimatsu inspeccionaba una habitación del fondo, no había más que tontas esculturas, poco a poco se iba cansando de solo verlas, entendía que estaban atrapados en una galería, pero creía que esto ya se había convertido en una exageración.
El segundo hermano era el que estaba cuidando e inspeccionando las pinturas del pasillo, en realidad no había mucho que ver pero tenía que ser cuidadoso en cada detalle si es que querían salir rápido de aquel lugar.
Con la cooperación de todos, fue posible seguir cada pista impuesta en la habitación, desde descubrir un pasillo secreto que contenía una gema, hasta conseguir un ramo de flores, perfectas para el gran apetito de cierto cuadro terrorífico que se encontraba en una de las esquinas de la habitación.
Una vez que lograron salir de esa extensa y muy agotadora sala, todos sintieron escalofríos cuando llegaron a la otra. Un extenso pasillo lleno de caras bastante feas y horrorosas se extendía por varios metros, por el único camino que tenían para seguir avanzando.
-A ti que no te gustaban los maniquís sin cabeza- decía burlonamente Ichimatsu, refiriéndose al hermano de sudadera azul- creo que encontramos una solución ¿no es así?- Ichimatsu se rió con burla al ver el horror en cara de Karamatsu, sin estar contento ante su broma de mal gusto.
-En realidad- contestó con voz temblorosa- nada de esta galería termina por gustarme.
Los cuatro hermanos cruzaron dicho pasillo a la mayor velocidad que pudieron, encontrándose con otro interminable laberinto, con la peculiaridad de que en esta ocasión, los cuadros de esas horrorosas mujeres que se arrastraban eran el principal decorativo en las paredes. No faltaba una que les saltara encima y casi les matara (no solamente del susto) y los hiciera correr como niñitas.
-Odio que cada dos por tres estén cerradas- se quejaba Choromatsu mientras intentaba abrir sin éxito una de las tantas puertas. Cuando llegaron a dos de ellas en el centro, un código extraño requería saber el número exacto de cuadros en aquella habitación. Alguno de ellos tendría que ir a contarlo, si iban todos estaba el riesgo de que uno quedara atrás y fuese atrapado por esa loca del cuadro, así que en un justo e igualitario juego de piedra, papel o tijeras…
-¡No! ¡Ya no quiero ir! ¡Yo siempre soy el que le ha tocado estas cosas!- se quejaba Karamatsu mientras intentaba no soltar las lagrimitas de sus ojos. Ese día ya había sido eterno, no quería volver a ser perseguido por cosas tenebrosas, ¡no quería!
-No seas miedoso, Cacamatsu- se quejaba Ichimatsu, quien rebosaba de alegría por haber ganado en el juego.
-Yo iré, Karamatsu- el hermano mayor daba un paso adelante mientras repetía su hábito de pasar su índice por debajo de su nariz, queriendo demostrar confianza. Karamatsu, un poco aliviado estuvo a punto de asentir pero, al ver las heridas de su hermano mayor ocasionadas por la anterior sala…lo hizo dudar un poco.
No podía simplemente mandar a su hermano mal herido a contar los cuadros, vaya…al parecer tendría que hacerlo si o si.
-Ya voy yo- Karamatsu aun con unos pocos temblores en las rodillas comenzó a correr a lo largo de la sala, contando cada uno de los cuadros, afortunadamente no se presentó ninguna sorpresa, por lo que pudo regresar sano y salvo. La siguiente puerta fue más fácil de descifrar gracias a Ichimatsu, quien casualmente había escrito un número que vio en una de las pinturas del fondo. Al salir de esta, la cabeza blanca y pálida (justamente igual a las muchas otras que vieron en el pasillo anterior) los sorprendió…eso, no estaba ahí antes, ¿o sí?
-Rayos, comienzan a desesperarme- murmuró Ichimatsu, viendo con rencor aquella cabecita tétrica, los demás hermanos decidieron seguir, teniendo que jalar a Ichimatsu para que dejase de ver al objeto. Una vez que lograron entrar a otra habitación lo único que encontrar allí dentro fue…un espejo.
-Tsk, ¿tanto alboroto solo para llegar aquí? Presiento que alguien está divirtiéndose con nosotros- se quejaba por milésima vez Osomatsu, a quien ya se le había revitalizado su rosa roja, por lo que su humor pudo regresar al de siempre
-No podemos mover el espejo, está incrustado a la pared- lo ignoraba Choromatsu, quien buscaba más pistas dentro de la habitación. Todos se acercaron al espejo y miraron su propio reflejo. No había nada inusual, sus caras eran las mismas de siempre, entre ellos similares pero nacidos sextillizos, aun cuando no sabían el paradero de dos de ellos.
Un fuerte ruido atrajo su atención, cuando miraron atrás, otra cabeza se encontraba dentro de la habitación, justo por delante de la puerta.
-Eso… ¿no estaba aquí, cierto?- Karamatsu se acomodaba los lentes de sol para ver mejor, pero definitivamente esas cosas comenzaban a infundirle un fuerte sentimiento de desconfianza.
-Solo ignórenla, especialmente tu Ichimatsu- decía Choromatsu al ver el entrecejo fruncido de Ichimatsu al volverse a topar con una. Los cuatro volvieron a ver su reflejo pero algo había cambiado…
-¡WAAAH!- expresaron todos al mismo tiempo, aquella cabeza se encontraba justo detrás de ellos, justo en el hombro de Karamatsu quien hasta cayó al suelo por el tremendo susto.
-¡Estúpida cosa!- Ichimatsu sin poder controlar sus impulsos, pateo fuertemente la cabeza, quebrándola en el acto, haciéndola casi irreconocible y viendo sus pedazos esparcidos en la alfombra.
-¡Oi, Ichimatsu!- Choromatsu detuvo sus replicas cuando vio la seña de Osomatsu para que retrocediera, lo echo, echo estaba, además, como si no hubiera tantas de esas cosas allá afuera.
-Ichimatsu, intenta evitar quebrar cosas, nos irá muy mal si nos la cobran, recuerda que somos ninis y no hay dinero- Ichimatsu desvió la mirada mientras metía sus manos en la sudadera. Fue un poco infantil al romper esa cosa, pero no podían culparlo, esa galería era lo más raro que hubiese visto en toda su vida.
Con un poco de incomodidad, los cuatro hermanos partieron una vez a inspeccionar la habitación, de alguna manera parecía como si más mujeres de los cuadros fuesen saliéndose de ellos y comenzaran a arrastrarse, si se tardaban mucho más tiempo en aquella sala…podría haber problemas.
Con precaución, todos llegaron a una de las últimas habitaciones de ese lugar. Un sillón blanco, varios muebles y bancos se encontraban ahí dentro pero, lo que a cada uno de ellos les llamó la atención y les robó el aire de sus pulmones fue…
-Ellos dos son…-Karamatsu intentaba articular palabras, no podía apartar la mirada de aquel gran cuadro colgado en la pared, ¿era verdad lo que estaban viendo?
-Mamá y Papá…- terminó por decir Choromatsu, quien se encontraba en el mismo estado que su hermano. El cuadro del fondo, el único de hecho, mostraba una pintura empolvada y grande, pero lo mas perturbador de esta era que mostraba entre los colores pincelados a las dos figuras paternas, el señor y la señora Matsuno se encontraban retratados de frente. ¿Eso quería decir que ellos también estaban encerrados en aquel lugar?
-No…-el cuerpo de Ichimatsu comenzaba a temblar de forma visible, además de que Choromatsu llevaba a su boca sus manos que igualmente estaban temblorosas. Osomatsu y Karamatsu, a pesar de estar también sorprendidos, decidieron que lo mejor sería salir de aquel lugar cuanto antes. Karamatsu intentó abrir la puerta pero esta…
-Está cerrada- todos voltearon a verlo, Karamatsu intentaba jalar la perilla con todas sus fuerzas, pero era imposible, pronto, ruidos como golpes y rasguños comenzaron oírse desde afuera y, en cuestión de segundos, las mujeres de los cuadros derrumbaron parte de la pared para ingresar, fueron en total tres mujeres las que lograron ingresar y arrinconar a los hermanos.
-¡Corran!- gritó Osomatsu, quien no perdió el tiempo y empujó a sus hermanos a la salida, sin importarle quedar hasta el final y casi ser derribado por una de las damas.
-¡Osomatsu-niisan!- gritaron los tres hermanos al ver que este se paraba con dificultad y los seguía- no miren atrás- Karamatsu siguió corriendo y, de una u otra manera, una de las puertas que anteriormente se encontraba cerrada ahora estaba levemente abierta y, sin dudarlo tomó la mano de sus hermanos menores para comenzar a correr más rápido.
Los cuatro lograron ingresar a un nuevo pasillo, donde Osomatsu, quien fue el último en entrar, logró cerrar la puerta antes de que las damas los fuesen a perseguir.
-Estamos vivos…-respiraba con dificultad Karamatsu mientras se sentaba en el suelo, tomando con dificultad aire. Sus hermanos terminaron también arrodillándose para regular sus pobres corazones que amenazaban por salir disparados de sus pechos.
-¿Están…bien?- preguntaba Osomatsu, mientras se acostaba por completo sobre la alfombra.
-Ellos estaban…-comenzaba a susurrar Ichimatsu, el pobre también estaba cansado por la carrera pero, aquel cuadro que estaba en la otra habitación, ese donde estaban sus padres, no podía quitárselo de la mente. Probablemente debido al shock y el agotamiento, Ichimatsu cayó inconsciente sobre el suelo.
-¡Ichimatsu!- Karamatsu atendía al hermano menor, preocupado por su colapso tan repentino. Pero Ichimatsu no era el único que aun no podía quitarse aquella imagen del pensamiento, Choromatsu, quien se había esforzado para mantenerse apacible…con aquello sentía que se iba a derrumbar en cualquier momento.
-No puedo…- Choromatsu susurró antes de caer también ante las penumbras de la inconsciencia.
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Hikari: Y ¿Qué tal ha quedado? Puede que les haya aburrido un poco pero he intentado meterle el toque Matsuno a la historia (bulliyng a Karamatsu, plz). Decidí dejarle los puzzles complicados a Choromatsu ya que es el mar racional del grupo (aunque sabemos que todos los sextillizos son unos patanes de primera). Este capítulo ha quedado así, pero en mi opinión los demás tienen una mejor calidad y trama. Espero que se queden para continuar con los siguientes (creo que serán en total cuatro capítulos). Pueden dejar sus comentarios y críticas constructivas en la cajita de reviews (no por facebook, profavor). ¡Los leeré el siguiente viernes! ¡Bye bye-perowna!
