Había pasado un mes desde que Haruka había sido encerrada allí. En su día Michiru le extrajo la bala y curó sus heridas hasta que le desapareció la fiebre, pero eso solo le dieron 4 días de calma, pues al quinto día comenzaron los interrogatorios. Estos solían variar en la duración pero el hecho de que Haruka no soltase prenda y que no mostrase claros signos de dolor durante las primeras torturas hizo que los gánsters empezasen a perder la paciencia. Aún no habían utilizado métodos más persuasivos pero de seguir así no tardarían mucho en hacerlo. Mientras tanto, Michiru se encargaba de curar su maltrecho cuerpo después de esas sesiones.
Haruka había aprendido a apreciar los cuidados de la peliverde, si bien sabía que estos eran envenenados, pues solo servían para prolongar su tortura en vistas de tener más tiempo de que la rubia se rindiese y acabase hablando. A pesar de ello su necesidad de cariño le forzaba a refugiarse en esos momentos con ella, de manera que aprendió a disfrutar de su compañía aunque ésta nunca contuviese conversación. Haruka había intentando en más de una ocasión establecer una charla con ella pero nunca obtuvo más de dos palabras en un tono inalterado. Sin embargo, estaba convencida de que la chica le miraba con intriga, aunque estando en el estado que estaba bien podía ser fruto de su imaginación, pero al menos era un incentivo para seguir intentando luchar por sus palabras.
- ¿Cuánto tiempo ha pasado?
- Un mes – Michiru contestaba sin levantar la vista del vendaje que le estaba poniendo.
- Ya estamos en invierno.
- Sí.
- ¿Sabes si hoy hace sol?
Michiru se detuvo durante un segundo al oír esa pregunta, era cuanto menos curioso que se interesase por un hecho así en vez de lloriquear como hacían otros, suplicando que les ayudase a escapar. Después de ese segundo prosiguió con el vendaje.
- Ya he terminado – Y acto seguido se puso en pie y se dispuso a salir de allí.
- ¡Espera! Hace bastante frío, ¿no crees que podrías darme una manta?
Michiru no contestó, simplemente abandonó el cuarto dejando a Haruka con gesto de rendición. Acabaría enloqueciendo como siguiese teniendo como únicas conversaciones las preguntas del interrogatorio con aquel maldito rubio y sus bobos secuaces. El tiempo que llevaba aquí le bastaba para comprender que el rubio era alguien importante y tuvo la mala suerte de agredirle a él cuando intentó defenderse la noche que la secuestraron…
- Hora de nuestra reunión – el rubio la sacó de sus pensamientos.
Aquella sonrisa burlona la sacaba de quicio pero no quería dejarle disfrutar de esa victoria. El rostro de la rubia dejó de mostrar emociones.
- Señor, seguimos sin saber nada de Haruka…
- No podemos seguir negando la verdad, está claro que la tienen ellos – el jefe de la mafia airesa se mostraba fuertemente disgustado.
- ¿Cree que hablará, señor?
- Haruka sabe lo que le conviene…Lleva un mes allí y no ha pasado nada. Pero no hemos encontrado su cadáver así que no podemos fiarnos. Si se la hubiesen cargado ya nos la habrían devuelto como señal de advertencia. La falta de noticias solo puede significar que aún confían en conseguir lo que buscan.
- ¿Y no podría ser que simplemente haya huido sin decirnos nada?
- Es una posibilidad, pero no hay duda de su extremada eficiencia.
- No podemos decir lo mismo de su vínculo a la mafia, señor. Todos sabemos que está aquí para poder vivir.
- No soy estúpido, conozco a mi equipo, y por ese mismo motivo sé que ese no es su estilo. La tienen, sé que la tienen, y debemos prepararnos, tal vez sea el momento de romper la tregua e iniciar la guerra.
Su subordinado escuchaba atento sus palabras. Él confiaba en que Haruka se hubiese ido, empezar una batalla suponía bajas, muchas bajas, y ninguna victoria asegurada. Por el bien del bando más valía que la rubia hubiese huido del país o que en un par de días apareciese su cuerpo.
- ¡Maldita zorra! ¿Cuánto tiempo vas a hacernos perder? ¿Acaso te gusta sufrir?, ¿es eso? ¿te va el sado? – Haruka le devolvió una mirada de asco pero de su boca no salió ni una sola palabra - ¡Contéstame cuando te hable! – Un duro golpe acompañó las palabras del rubio. Otra vez iban a terminar sin sacar nada nuevo. La paciencia del jefe no duraría mucho…
- Mira, bonita, esto no es una película, no vas a poder salir de aquí a no ser que nos digas lo que queremos escuchar. Si lo haces nos aseguraremos de que puedas salir del país antes de iniciar ningún movimiento para que estés a salvo, ¿qué dices? – esta vez hablaba uno de sus bobalicones acompañantes. Este no había estado la noche que la capturaron pero eran todos iguales. Se creían que ella se iba a tragar sus estúpidas mentiras. No, nadie salía con vida de allí, y que se atreviesen a tomarla por tonta ya era lo único que le faltaba. No pudo reprimir su acción y sabía que se iba a arrepentir, y mucho, de no haberse contenido: le escupió en la cara.
Las reacciones de los mafiosos no se hicieron esperar y descargaron toda su frustración por no ser capaces de obtener resultados con la excusa de aquel estúpido gesto de la muchacha. La tortura ya no era un mero trabajo, era una necesidad.
Haruka despertó con dolores en todas partes. Se encontraba un poco desorientada, no recordaba haberse desmayado. Intentó levantarse pero su cuerpo no tardó en mostrarle que eso era un error. Tuvo que volver a tumbarse, y al palpar con la mano notó algo que le hizo mirar, despertando su primera sonrisa desde que se encontraba reclusa. Quién le iba a decir un mes antes que una manta le haría tan feliz.
