- ¡Tú! – gritó Tai con rabia.

Era Mimi. La joven intentó sonreir, pero Tai la empujó hasta la pared y la cogió del cuello, sin llegar a estrangularla pero sí impidiendo que se moviera.

- No esperaba otro recibimiento.

- ¡¿Qué coño haces aquí, puta?

- Tai, he venido a decirtelo, pero así es un poco incomodo.

Tai pegó un puñetazo en la pared, a escasos centímetros de Mimi.

- No empieces a bromear, Mimi. No tengo ganas de tonterías.

- ¡Está bien, está bien, lo siento! ¡No debí irme así, pero no pude hacer otra cosa!

Tai dudó un momento antes de soltarla.

- ¿Es que te amenazaron con la muerte si no me dejabas?

- No, precisamente… no era "si no te dejaba".

- ¿Como es eso?

- Verás… - Mimi empezó a temblar.

- No finjas.

- ¡No finjo, gilipollas! Esto es difícil…

Se sentó antes de hablar.

- Si te acuerd… - vio la cara de Tai, así que cambió la frase – hace meses, cuando empezamos a salir, y nos pasábamos el día en la cama… y la noche, y la tarde y…

- ¡Al grano! dijo Tai, dando otro puñetazo, esta vez en la mesa.

- Bueno, había pocas veces que no estábamos juntos. Yo en esos momentos, iba al Casino. No era un Casino legal, era un negocio personal de una mafia…

- ¿Por qué ibas allí?

- ¡Tenía un problema, ¿vale? ¡Me encantaba jugar! Y bueno, llegó un momento en el que empecé a acumular deudas con esa gente. Y tras un tiempo, decidieron que irían a buscarte si no les pagaba. Son gente que no se anda con rodeos… así que esa noche, decidí agredirte y salir corriendo del país. Así la gente sabría la noticia, y no irían a por ti. Llevo meses viajando por Francia, que fue el primer destino que se me ocurrió.

Tai se rió.

- ¿Qué película me estás contando? Creo que ya la he visto.

- Va totalmente en serio. Tenía una deuda muy gorda, y ellos siempre atacan a las personas que rodea a su deudor, ya que si me retenían a mi, no podría pagarles. Hace un par de meses, logré reunir el dinero y se lo di.

- ¿Y vuelves ahora?

- Ese dinero se lo debo a otra persona. Tuve que recurrir a mis… encantos personales para que me lo dejara.

Tai no cedió con lo que Mimi le contaba.

- ¿Y por qué no me pediste a mi el dinero?

- Pues mira, antes de dejarte, porque no me sentiría a gusto si me dieras dinero cuando nos estabamos acostando. Y con el tipo este, como que se que no estás por la labor.

- Desde luego. ¿Y qué haces aquí entonces? No pienso perdonarte.

- No, no venía para eso. He venido solo para contartelo, antes de volver a escapar.

- ¿Escapar?

- Mañana, mi cara va a ser expuesta en los telediarios con el cartel de "Se Busca". Me acosté con un político de cierto renombre para pagar la deuda… y ahora quiere que vuelva con él. Aunque van a decir que le debo pasta, a él le interesa… otra cosa.

Empezó a llorar. Se notaba que había sufrido durante ese tiempo. Pero Tai seguía sin ceder en su juego.

- ¿Y cómo has sobrevivido?

Aún llorando, Mimi dijo:

- Trabajando de incógnito. Nombres falsos, y poco tiempo en cada sitio – se levantó -. Pensé en ir al Digimundo, pero no tenía ganas de cruzarme contigo después de aquello… Tai, de verdad, lo siento…

Se acercó a él, con lágrimas en los ojos, y buscó la mirada de Tai, pero dejó de mirarle al ver unos ojos fríos.

- No me creo nada de lo que me estás contando.

- Lo supuse. En fin, solo era para que lo supieras… ahora me voy.

- ¿Dónde, si se puede saber esta vez?

- No se…

Tai cogió a Mimi, cogió unas llaves, y salió con ella. La hizo subir en el coche, y condujo durante cinco minutos, hasta llegar a un bloque de pisos. La hizo bajarse, y subieron a uno de los pisos. Tai abrió la puerta, y la ordenó entrar.

- ¿Dónde estamos?

- La casa de Matt. Se fue de vacaciones. Vuelve en una semana. Instálate aquí.

- Tai, gracias, yo…

- Cállate. Si te estoy dejando que de quedes aquí no es por que te perdone, sino porque quiero conocer la verdadera historia. Sólo eso. Volveré por la mañana.

- Supongo que vas a cerrar, ¿no?

- Sí. Tienes luz, agua, electricidad y alimento. Adios.

Tai salió de la casa. Dio una vuelta con la llave, pero, por algún motivo, no estaba cómodo, de forma que quitó la vuelta. Si Mimi quería irse, que lo hiciera. Fue a su coche, y volvió a casa. ¿Por qué? ¿Por qué había vuelto en ese momento?

Mimi fue hacia la puerta, giró y abrió.

- Tai…

Volvió a cerrarla, y se fue a dar una ducha. Necesitaba despejarse. Al salir, fue directamente al sofá, ya que no quería entrar en el dormitorio de Matt, e intentó dormirse. Sin embargo, no lo logró. A cada rato le venía la cara de Tai cuando la había visto… esa expresión de incredulidad, que al momento fue de odio… empezó a llorar en silencio.

- Tai… no… no puedo contartelo…

Mientras, T.K. seguía esperando, confiando, en recibir una llamada de Davis, pero esta no llegaba. En ese momento, escuchó el ruido de una moto. Se asomó a la ventana, y ahí estaba Davis, bajando se la moto. Abrió la pueta, y decidió esperar.

Davis subió las escaleras despacio. Al ver una luz, se sorprendió. Miró, y vio que T.K. le esperaba.

- Vaya…

Davis subió, y T.K. le indicó que entrase dentro.

- ¿Qué es lo que quieres? – dijo T.K.

- Disculparme. No debí comportarme así…

- En eso estamos de acuerdo. ¿Algo más?

- Sí… verás, T.K., yo siempre he sido heterosexual, hasta que… bueno, hasta hace nada. Y no tendría problema, pero claro, eres la persona con la que hace poco "competía" por una chica.

- Para mi también es raro, Davis. Sin embargo, no me verás intentando esconderlo, o evitando que pasemos la noche juntos.

- Por algo he venido. ¿no?

T.K. asintió.

- Sí, pero normalmente para eso necesitas un empujón.

- Fue Kari. Sabe lo nuestro.

- ¿Se lo has…?

- No, joder, no. Nos vio. Y vino para hablar conmigo, y me convenció para que viniera a hablar contigo.

- Vale, ¿algo más?

- No… ya hemos hablado, y estoy dispuesto a que se lo contemos mañana al grupo… bueno, a los que podamos reunir.

T.K. sonrió, abrazó a Davis y le besó.

- ¡Ay, por fin!

- Bueno, pues lo dicho. Yo ahora… me voy a ir…

- No… - dijo T.K. – vamos al sofá. Hay una película que quiero ver, y en compañía.

Volvió a besar a Davis, que empezó a calentarse.

- Pues… no me está apeteciendo ver una película precisamente – dijo con una sonrisa pícara.

- ¿Ah, no? – dijo T.K. en el mismo tono.

- No… prefiero algo… más íntimo.

Deslizó su mano bajo el pantalón de T.K.

- ¡Eyeyey! ¡Cuidadito!

- No me vengas ahora con esas.

Entraron en la habitación y…

* AL DIA SIGUIENTE *

Davis se despertó. Estaba abrazado a T.K., que había cogido el "miembro". Verlo hizo que empezara a excitarse, así que intentó levantarse, pero al moverse, despertó al rubio.

- Buenos días – dijo T.K., y besó a Davis.

- Hola.

- ¿Has pasado buena noche?

- Por la parte que me toca, sí. ¿Y tú?

- Superior – dijo el rubio besándole el cuello.

- ¡T.K., quieto!

- ¡Ah, ya veo! – dijo T.K. mirando hacia abajo -. ¿Quiere un poco de marcha?

- T.K., por favor, quieto o no respondo…

- Déjame a mi…

Al mismo tiempo, Tai estaba desayunando a toda prisa. En ese momento, Kari entró en casa.

- A buenas horas.

- Lo se… me voy a echar un sueño, que nadie llame…

Entró en su cuarto sin decir nada más.

- Esta chica… vaya forma de comportarse.

Cogió el coche, y fue a casa de Matt. Abrió la puerta, entró y vio que Mimi estaba totalmente desnuda en el sofá.

- Vaya apaños… ¡tú, despierta! ¡EH!

Mimi abrió los ojos y vio a Tai.

- Buenos días.

- Según para quien. Vamos, vístete.

- ¿Por qué?

- ¿Pretendes que hablemos mientras estás así?

- Tai, nos hemos visto así muchas veces… una más…

- Como veas – dijo Tai.

Se sentó. Mimi se levantó y se sirvió un vaso de zumo.

- Sinceramente, pensé que intentarías escapar.

- Se que dejaste la puerta abierta, pero no podía irme. Querías que hoy estuviera aquí, y una vez puedo traicionar a una persona… dos, no. Y menos a ti.

Tai sacudió la cabeza.

- No intentes conmoverme. Sólo dime porqué te fuiste. No me interesa el Casino.

- Bueno, admito que lo del Casino es falso. Pero la realidad es peor. Colaboraba con esa gente, sin saber a que se dedicaban. El mismo día que les pillé, tuve que huir. Fui a nuestra cita, pero había poco tiempo… ¿por qué duraste más esa vez?

Tai la miró con odio.

- ¿Vas a decirme la historia, o a interrogarme sobre lo que tardo en echar un polvo?

- Bueno, tenía pensado irme al día siguiente, pero me entró pánico. Pensé que podían entrar donde estábamos, así que te golpeé para irme.

- Y supongo que te siguen buscando.

- No. Sólo uno de ellos, porque tengo una deuda con ella.

- ¿Deuda?

- Si, llegó un momento en que me acorraló. Cogí una pistola, y… bueno, la herida hizo que decidiera perseguirme.

En ese momento, Tai se dio cuenta:

- ¿Ella?

- Sí, ella. Tenían una mujer en la banda. Más peligrosa que su jefe. Dimitió para poder ir a por mi.

Tai no estaba convencido.

- Me cuesta creer esta historia.

- Lo sabía – dijo Mimi, apenada -. Por cierto, estando tal como estamos, quiero pedirte… un favor…

Tai se rió.

- Me agredes, me engañas, y me pides un favor… ¿no crees que estás abusando?

- Lo imaginaba. En fin, me visto y me voy. Ya te he hecho perder bastante el tiempo.

- ¿Y de qué favor se trata?

- Necesito refugio, como es lógico.

- Y anoche pensabas irte sin más…

- Porque sabía que no me ibas a dejar en la calle.

Tai cerró los ojos. Siempre había sido demasiado bueno… y al final le iba a pasar factura.

- No necesito que sea gran cosa. Con poder beber y comer una vez al día, me basta.

Tai siguió pensando. ¿Dónde podía esconder a Mimi?

- Sólo se me ocurre que te quedes oculta en el cuarto de mis padres, y cuando vuelvan, buscarte otro lugar.

Mimi se levantó y abrazó a Tai con lágrimas en los ojos.

- Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias, gracias…

- ¡Quita!

Tai la apartó, aunque eso no evitó que Mimi siguiera contenta.

- Supongo que no quieres que los demás sepan que has vuelto, ¿no?

- Sería lo mejor. Y también te pido que no te metas en mi problema con esa zorra.

- No entiendo porqué.

- Es personal. No quiero que nadie se interponga.

Recogieron lo poco que Mimi había manchado, y se fueron a casa de Tai. Éste subió antes que Mimi, para asegurarse de que la caa estaría vacía. Vio a su hermana a punto de irse.

- ¿Vas a salir?

- Sí, a casa de Davis.

- Ten cuidado.

- Siempre lo tengo.

Esperó un par de minutos para que Kari se alejara de la casa, y luego bajó para que Mimi subiera. Una vez la instaló, dijo:

- ¿Y vas a estar todo el rato con esa ropa de vaquera?

- No tengo otro remedio. No puedo dejar que mis padres me vean.

Tai sacó una llave de su bolsillo.

- Iré a casa de tus padres y te cojeré algo de ropa entonces. Sin embargo, quiero que me prometas dos cosas.

- Lo que sea.

- Uno, que vas a terminar con esto lo antes posible.

- Prometido. ¿Y dos?

- Que cuando acabes vas a desaparecer de mi vida para siempre.

Eso fue un golpe bajo para Mimi, pero, con tranquilidad, dijo:

- Prometido.

- De acuerdo. No hagas ruido mientras estés aquí.

Tai salió de la habitación, y una vez más, sacó el coche.

Poco después, Kari llegaba a casa de T.K., al no haber recibido respuesta de la casa de Davis. No sabía con lo que se iba a encontrar.

Davis suspiró cuando "terminó" el juego.

- Joder…

- ¿Qué te ha parecido? – preguntó T.K. con una sonrisa.

- No… me hagas… hablar… tengo que… recuperarme – jadeó Davis.

- En fin, vamos a desayunar.

Se levantaron y fueron a la cocina. Pero cuando se sentaron en el salón.

- ¡Knock, knock, knock-knock! ¡PAM!

Kari abrió la puerta. Siempre usaba esa "clave" para que T.K. supiera que era ella quien entraba. Pasó directamente al salón, y pilló a T.K. y Davis, totalmente desnudos, a punto de desayunar.

- Sí que aprovechasteis bien la noche.