~Vampire Knight/Fruits Basket: Zero Kiryuu/Rin Souma.
~Tema: 'Todos somos humanos, todos estamos igual de desprotegidos ante las fauces del dolor'.
~Drabble: 02/15.
Natsuki Takaya © Matsuri Hino ©. Tabla (Citas de Desdren Files) mundo caótico ©.
Extensión: 712 palabras.
Humanité de mot
agonisant.
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─Ni te atrevas ─le amenaza ella tan fervientemente que Zero no puede evitar suavizar la mirada.
Porque le ha sorprendido; sus palabras son de una persona madura, una que ha sufrido los crudos embates de las olas no corresponden a la idea que tenía de ella, en absoluto. Puede observar como ella pasa la mano por las puntas de su cabello como añorando algo que no está ahí en ese momento, como buscando algo que no tiene.
Él da un paso hacia ella, Rin no retrocede pero sí lo mira fijamente.
Zero no duda ni un instante que es el caballo del zodiaco, por supuesto que lo sabe, conoce las condiciones frágiles de los nuevos humanos que han ingresado a la Academia Cross porque es su deber protegerlos; pese a que sean menos vulnerables que los otros no dejan de ser posibles víctimas de los vampiros y las debilidades del cazador. Aun así el último Kiryuu lo huele en el aire, en la esencia de sus extrañas auras, huele la maldición que llevan los Souma a cuestas y entiende; muy en el fondo se identifica con ellos porque él también fue víctima de un hechizo que hace que su hermano menor yazca en su interior.
Rin levanta la barbilla enfrentándolo; Zero se atrevido a retarla al escaparse de los dormitorios y ella no tiene ganas de regresar pese a lo 'peligroso' que pueda ser, es valiente y sabe cómo defenderse el tiempo suficiente para lograr escapar.
El cazador la ve de pie ante él, su cabello oscuro ─y corto─ contrastando con la luna de su rostro; dispuesta a no ceder terreno, ansiando la libertad que necesita desde su nacimiento, buscando con los ojos miel una vía de escape, una que le permita correr desbocada por un tiempo hasta que pueda relajarse y escuchar sus pensamientos tranquilamente.
─El hecho de que sufras… ─comienza ella con una suavidad inusitada, sus ojos son profundos y Zero sabe que puede ver a través de él─, no te da derecho cazador. Soy como tú.
Zero siente el impulso de llevarse la mano a la garganta en un vano intento por controlar el dolor pero se contiene, con voz dura e inflexible le ordena mientras sus ojos se oscurecen.
─Vuelve a tu dormitorio.
─También reniego de mí misma ¿no entiendes? ─le grita desesperada haciendo ademanes con las manos─. La única razón por la que vine aquí fue para proteger a alguien y he fallado.
Silencio.
─No puedes. No tú. ─Rin solloza, avanza un paso más pero la figura de Zero no se mueve, inclusive su mirada está por encima de la cabeza pelinegra─. No acapares el dolor…
─Somos iguales ─le dice ella cuando está a un palmo de él. Tan cerca que él siente el calor desprendiéndose de su cuerpo, siente su corazón y la tibia sangre recorriéndole las venas aunque ella tenga la cara tan pálida como un cadáver.
Zero cerró los ojos antes de permitirse perder el control un poco.
─ ¡¿Acaso quieres morir? ─La tomó por el cuello, y definitivamente fue peor, porque ahora podía sentir el flujo de su sangre y se le hacía agua la boca, se sintió asqueado de sí mismo y golpeó fuertemente el piso con un pie.
Rin tenía los brazos colgados a ambos lados de su cuerpo, con el semblante inexpresivo y los ojos tinturados en agonía… pero no decía nada. Observaba los ojos del guardián nocturno, rojo brillante, sentía el peligro aflorar con su sentido común y la necesidad de escape era inminente pero no podía moverse; contuvo el aire, temía que la más mínima respiración pudiera despertar a la bestia que dormitaba allí dentro.
Cuando en los ojos de Zero se desvaneció el rojo y quedó solamente el lila, ella habló. Mojándose los labios y alegrándose que él no apretara.
─No podemos protegernos ante el dolor sólo ceder a él.
Fue tal la resignación que escuchó en esas palabras que la soltó, olvidándose de ser delicado, de que había medio metro de espacio entre sus pies y el suelo. Rin cayó con un golpe sordo pero no se levantó simplemente observó como el cazador y guardián daba media vuelta y desaparecía entre la neblina de la noche, dejándole la salida al pueblo despejada y el corazón encogido.
