CAPITULO II: DON
No se lo podía creer. ¡Lo habían llevado a comisaría y lo habían metido en una celda!
-Soy menor de edad. No pueden encerrarme de esta forma – argumentaba Harry, pero no obtenía la menor respuesta.
-Míralo por el lado bueno – le susurraba la voz embriagante y seductora de Lara, su compañera de celda, y la chica que le había invitado a la fiesta -, al menos ahora estamos solos tú y yo.
Y así era. Harry dudaba que sus tíos fueran a mover un dedo para sacarlo de allí, así que calculaba que se quedaría allí como máximo dos días, tal vez menos. Hasta que se cansaran de tener que alimentarlos por nada, y los echaran de allí.
Por su parte, Lara era mayor de edad. Podía beber todo lo que quisiera, y estar en todas las fiestas que quisiera, pero ella misma se había declarado culpable por el hecho de haber llevado a Harry a la fiesta, así que se había decidido que los dos saldrían juntos, cuando alguien fuera a recoger al chico.
De pronto, la chica le obligó a dar la vuelta y rodeó su cuello con las manos, acercándose a él y pegándose todo lo que le fue posible, siendo posible para Harry apreciar su figura y sus sugerentes formas de forma perfecta.
Y entonces, se besaron. El uno al otro, con pasión y un poco de violencia. Ambos deseaban darse aquel beso desde el momento en que se conocieron. El día anterior. Parecía que había pasado mucho tiempo.
Harry perdió entonces la noción del tiempo, separando sus labios de los de la chica solo cada vez que tuviera la urgente necesidad de respirar. El sabor de los labios de Lara era una extraña pero agradable mezcla entre salado y dulce, que le hacía desear seguir besándolos por siempre.
Y cuando ella le apartó con suavidad, apunto estuvo de volver a lanzarse, sin pensar en las consecuencias.
-Potter, han venido a por ti – sonó una voz a su espalda. Harry se giró sorprendido. Estaba seguro de que los Dursley no harían nada por él.
-¿Quién? - se interesó el joven mago, pero el policía ya había agarrado el cuello de su camisa y lo arrastraba fuera de la celda.
-¡Hey, guardia! - llamó entonces Lara -. ¿Y yo qué?
-Tú te quedas ahí – respondió el policía – hasta que alguien venga a buscarte.
-Pero... yo no tengo a nadie... - dijo, acabando lo último casi como un susurro, arrastrando las palabras.
Harry le guiñó un ojo mientras era empujado lejos de la celda. Se las arreglaría para sacarla de allí fuera como fuera.
Se sorprendió al ver a Steven recostado contra la pared de la comisaría, y su sorpresa fue mayor cuando el chico se acercó a él.
-Muy bien, ahora que eres libre tengo que hablar contigo – le dijo con brusquedad, agarrándolo por la manga de la camisa y guiándole fuera del edificio. Después, serpentearon por las calles de Privet Drive hasta llegar al número dieciocho.
Steven se apresuró a llamar al timbre, y fue Marta la que abrió la puerta y les dijo que pasaran.
-Lo primero que quiero saber es por qué me habéis sacado de allí – exigió saber Harry mientras entraba en la casa. Su mente estaba demasiado nublada como para poder fijarse en algo, y simplemente se sentó en una silla que tenía a su espalda.
Entrelazó los dedos de las manos y apoyó los codos sobre los muslos, esperando respuestas. Su mirada denotaba impaciencia.
-Te dije que era yo el que tenía que hablar contigo, así que seré yo el que haga las preguntas – Steven dejó que sus piernas se doblaran, pero debajo de él no había ninguna silla. Harry se preguntó si solamente quería hacer el ridículo, pero cuando de pronto su cuerpo reposaba sentado sobre una silla de madera, no pudo más que entornar .los ojos.
-¿Qué has…? – intentó preguntar, pero fue interrumpido.
-Todo a su debido momento – replicó Steven, mientras Marta se sentaba en el suelo, con las piernas cruzadas, como si estuviera meditando. Sin embargo, su mirada estaba fija en él, taladrándole. Parecía como si pudiera ver cada rincón de su alma y leer en él como de un libro abierto. Los dos chicos cruzaron sus miradas.
-Lo primero que queremos saber es por qué te habían llevado a la comisaría – dijo de pronto Marta, interrumpiendo bruscamente la tensión que aumentaba progresivamente.
-¿Y por qué queréis saberlo?
-Ya te lo he dicho, Harry, todo a su debido momento – replicó Steven con una extraña sonrisa que no hacía más que irritarle.
-Estaba… en una fiesta. Me detuvieron por estar en posesión de bebidas alcohólicas siendo menor de edad – dijo finalmente.
-¡¿Cómo se te ocurre…?! ¡¿Te das cuenta de que solo tienes quince años?! – le reprochó Marta, perdiendo la paciencia durante unos instantes.
-Ni siquiera bebí – contestó Harry a la defensiva -. Solo estaba allí por una amiga.
-¿La misma que estaba contigo en la comisaría por proporcionarte la bebida? – preguntó Steven agresivamente.
-La misma a la que tengo que sacar de allí. Sí, esa – respondió Harry con tranquilidad. Debía permanecer tranquilo, con la mente fría, y contestar a todo lo que le preguntaran. Después, podría pensar en como sacar a Lara de allí.
Últimamente, su personalidad cambiaba fugazmente. A ratos era el Harry serio de siempre, otras veces el despreocupado de la noche anterior, y no sabía exactamente cual era en esos momentos.
Por un lado, tenía que imponerse su lado serio si quería elaborar un plan para sacar de allí a Lara, pero también tenía que olvidarse por un momento de las consecuencias que podría tener sus decisiones y simplemente sacarla de allí.
-Muy bien. Siguiente pregunta, y con ésta todo se pone interesante – advirtió Steven -. ¿Qué eres?
La pregunta le pilló desprevenido. Un mago, quiso decir, pero no lo dijo.
-Una persona, como tú, o como Marta – respondió, mintiendo todo lo bien que sabía.
-Vamos, Harry, no nos mintamos mutuamente. Los tres que estamos aquí sabemos lo que somos, y tú no eres una persona corriente – al parecer la mentira no había funcionado.
-Creo que no te sigo… - intentó desviarle, pero el chico seguía insistiendo.
-Muy bien. Vete a tu casa, coge tu varita y vuelve aquí dentro de media hora. Si no estás, iremos a buscarte, y eso no te gustará – la amenaza surtió efecto. Harry se levantó con brusquedad y salió corriendo de la casa.
Recorría las calles de Privet Drive lo más rápido que sus piernas le permitían. Necesitaba coger su varita, y rápido.
Aquellos dos chicos ni siquiera parecían magos, solo gente que sabía cosas que no debería saber, así que a Harry no le sería difícil derrotarlos.
Llegó al número cuatro casi sin aliento. El barrio era enorme, y cada casa bastante grande, así que era una gran distancia por recorrer, que no obstante, andando nunca cansaba.
Llamó dos veces a la puerta, con impaciencia, y cuando su tía se dignó a abrirle, pasó corriendo dentro, ignorando los gritos de amenazas de Vernon Dursley. Subió las escaleras rápidamente, entró en su habitación y buscó la varita. El orden no era su fuerte, y tuvo que rebuscar entre montones de ropa y libros tirados por el suelo, hasta que por fin la encontró. Se la guardó en el bolsillo del pantalón derecho y volvió a bajar las escaleras, pero bloqueándole el paso se encontraban los tres Dursley.
-Muy bien, jovencito, tú y yo vamos a hablar – su tío no estaba en buena forma física, pero tenía bastante fuerza, y cuando le agarró del brazo y tiró, Harry sintió como sus pies se elevaban momentáneamente del suelo.
Intentó soltarse como fuera. De pronto, las palabras que le habían dicho Steven y María acudieron a su cabeza.
-¡Suéltame! ¡Te digo que me sueltes! – ordenaba Harry.
-No estás en condiciones de ordenarme nada, chico – replicó Vernon Dursley.
Si no estás, iremos a buscarte, y eso no te gustará. ¿Acaso pensaban que podían derrotarle? Al parecer tenían algún as en la manga que él desconocía, y estaba asustado.
Acabó dando una parata en la axila de su tío, alzando la pierna bastante más alto de lo que nunca había necesitado, y cuando el hombre lo soltó, echó a correr.
-¡No volverás a entrar en esta casa! – fue el grito de Petunia cuando ya estaba corriendo en la calle.
Necesitaba llegar a tiempo, como fuera. Había perdido mucho tiempo buscándola, y otro tanto intentando liberarse de Vernon mientras le arrastraba por el pasillo en dirección al salón.
-¿Crees que vendrá? – preguntó Marta con curiosidad, caminando de un lado a otro con impaciencia.
-Más le vale. Vamos a arriesgarnos y a liberarlo, poniendo en peligro nuestra propia vida – respondió su hermano con la misma impasibilidad como si le estuviera diciendo que uno más uno son dos.
-Destrozará la casa – apuntó Marta.
-La arreglaré – replicó Steven -. Esto es más importante.
-Bueno, ¿y a qué tanta prisa? Ayer mismo te daba miedo hacerlo – preguntó ella con curiosidad.
-Otra vez con lo mismo. No me puedo creer que no lo notes. Una guerra se avecina, y tenemos que hacerle frente. La guerra entre Voldemort y Harry será un juego de niños comparado con lo que se avecina, y cuanto más poder tengamos, mejor – explicó Steven -. Con nuestro poder actual, cualquiera de los doce de Krint nos destrozaría en menos de un minuto a los dos a la vez.
-¿Significa eso que no iremos a Hogwarts en Septiembre? – preguntó Marta, desilusionada.
-No, todo lo contrario. Debemos ir a Hogwarts, allí tendremos espacio para desarrollar este don que se nos ha sido entregado, y además poder combinarlo con la magia con varita. Eso aumentaría disparatadamente nuestras posibilidades de sobrevivir, porque ahora mismo nuestro conocimiento de hechizos es pésimo.
Al fin estaba allí. Había tardado veinticinco minutos, pero había llegado a tiempo. Llamó varias veces hasta que le abrieron, y entró jadeando.
-Muy bien, Harry. Te voy a explicar lo que vamos a hacer – le dijo Steven con tranquilidad -. Marta te va a atacar, y tú vas a tener que intentar defenderte sin usar la varita.
-¿Y cómo se supone que voy a hacer eso? – preguntó Harry.
-Instinto – fue la única respuesta que obtuvo -. Buena suerte.
-Espera, espera – los frenó Harry -. ¿Para qué me habéis mandado a por mi varita si no la voy a utilizar?
-Es por si se nos va la mano. Para que tengas algo que defenderte en caso de que estés a punto de morir – explicó Marta, y de pronto una pelota de béisbol volaba hacia él a una velocidad aterradoramente vertiginosa.
Harry no tuvo más remedio que esquivarla saltando hacia la derecha, pero tropezó y cayó al suelo. Y cuando quiso darse cuenta de lo que pasaba, se encontraba sentado en una silla, y ésta a su vez elevada en el aire.
Un vaso se acercaba peligrosamente hacia él, y el joven mago se vio obligado a saltar hacia el suelo mientras el cristal se estrellaba contra el respaldo de la silla.
Pero antes de que sus pies entraran en contacto con el suelo, un cuchillo se dirigía hacia él, y cayendo en el aire le resultaría imposible esquivarlo.
Buscó su varita con creciente desesperación en el bolsillo derecho, y al no encontrarla se dispuso a mirar en el izquierdo, pero ya era demasiado tarde. La hoja se hundió en su hombro y la sangre empezó a brotar de la herida mientras caía sobre el suelo.
-¡¿Pero a vosotros qué os pasa?! – se quejó, con la mano taponando la herida para intentar que la sangre no fluyera más, tras haber extraído el cuchillo -. ¡¿Acaso queréis matarme?!
-Marta, te has contenido. No tengas miedo de lo que le pueda pasar; y la próxima vez no desvíes la trayectoria del cuchillo – reprochó Steven a su hermana, ignorando las quejas de Harry.
-Lo lamento, Harry. Pero tienes que tener en cuenta que la próxima vez, confiar ciegamente en tu varita será tu perdición – le aconsejó Marta, haciendo caso omiso a su hermano.
La chica se acercó a él lentamente y con paso firme, y después colocó su mano en la herida del hombro de Harry, tras haber apartado previamente la mano del joven.
Una ligera sacudida azotó su espina dorsal en cuanto notó la calidez de la mano de Marta. ¿Era aquello normal? Horas antes estaba seguro de estar enamorado de Lara, y ahora no sabía que le ocurría con aquella chica.
Pero cuando su hombro fue sanado, Marta se levantó con brusquedad.
-¡Vamos! ¡En pie! Aún no he acabado contigo – dijo con arrogancia, y devorando con aquellas palabras todo rastro de amabilidad.
Hola gente! Aquí estoy yo, con el segundo capítulo de esta historia. La verdad es que en los próximos dos o tres capítulos, el tema de la personalidad de Harry será aparcada y hablaré sobre estos extraños poderes que tienen Marta y Steven. En el próximo capítulo va a contener mucha información acerca de lo que pueden hacer los hermanos, además de una pagina de acción más o menos.
Con respecto a los reviews, que muchísimas gracias por ellos y espero que sigáis dejando, paso a contestar:
danny1989: Bueno, esta forma de ser de Harry estar á reñida con la otra forma de ser de Harry, y habrá momentos con el Harry sensato y serio que se ha visto en los libros y otros con un Harry despreocupado que no se preocupa absolutamente por nada. Sin embargo, aún hay mucho por definir, y a la historia aún le quedan muchos capítulos y muchas página, y espero que tú disfrutes leyéndolas tanto como yo escribiéndolas.
pirata-29: Me encanta que te encante. Me alegro en serio de que lo consideres uno de los mejores fics de Harry Potter, y te aseguro que aún queda mucho por mejorar. ¿Quién sabe? Tal vez esta historia llegue a ser algo.
johnblackpotter: Muchas gracias por todos los comentarios positivos, y además por ser el primero en dejar review. Y ojalá que no sea el último. Este comienzo no es ni una décima parte de lo que se avecina, así que esperoq ue te siga gustando como hasta ahora.
Bueno, hasta el próximo capítulo. Yo me retiro, que aquí en España ya es un poquito tarde. Pero no os quepa duda de que volveré.
