Velos de Alegría
Por: J.K. Bleu
CONSENTIR
¿Acaso no volverían los viejos tiempos? No, todo había cambiado, desde que entró aquella mocosa, insufrible e inmadura, absolutamente todo había cambiado. Mi tiempo se veía sometido a ella, siempre. Si no tengo que correr a buscar kimonos, es cuidarla ¡Cuando hay cientos de guardías en este palacio! ¡Por qué yo!
Rin se hallaba recogiendo flores en los jardines del palacio, se sentía tan felíz en aquel mágico lugar. Recordó cuando llegó al palacio, los jardines, acompañados de prados majestuosos y pequeños bosques, era hermoso, pero no había tantas flores. Desde que inició su estadía, dedicó cierto tiempo en plantar junto con Naoko flores de todos los colores, formas y olores, cortesía de su amo.
Rin estaba recogiendo unas flores para su habitación, bueno… la habitación de su principe. Aunque algo fastidiaba aquel precioso panorama primaveral, los constantes regaños de Jaken.
- Abuelo Jaken, ¿qué sucede? ¿ahora hablas solo? –Preguntó Rin con voz cantarina. Jaken abrió sus ojos enormes y amarillentos increiblemente, tratando se asustar a la tierna humana que se hallaba en frente de él.
- ¡Niña insolente! ¿cómo te atreves? –Rin hizo una pausa en su labor y fijó la vista en el sapo.
- ¿Por qué ese humor, Abuelo Jaken? Deberías estar contento, ¡saldremos! –Rin, con la felicidad brotando por cada uno de sus poros, juntó sus manitas rosadas y dio aplausos
- Ese es exactamente el problema, mi amo perderá el tiempo contigo en este viaje, le distraerás –Reclamó Jaken
- No lo haré, y tampoco permitiré que me deje a tu cuidado al menos que sea estrictamente necesario, además, sabes que puedo cuidarme sola–Rin se irguió orgullosa, sus experiencias de hace unos meses le probaron que ya es oficialmente una sacerdotisa.
- ¡Bah! Tonterías, no sabes cuidarte sola, para nada
- ¿Ah, no? ¡Quién fue la que le salvó de aquellos youkais! ¡Yo! ¡Puedo cuidarme sola! ¡Soy una sacerdotisa!
- ¿Enserio? Oh, y… ¿Dónde está aquel traje rojo y blanco que usan aquellas brujas? –Rin estaba roja como un tomate, su expresión amenazaba con explotar, odiaba que Jaken la menospreciara, empequeñeciendo su poder. Y ese poder no era asombroso, pero lo suficiente para enorgullecerse.
Jaken empezó a enúmerar aquellas veces que cometió errores, cuando su amo la salvaba, y como ella terminaba disculpandose por su torpeza.
Rin, con los humos en la cabeza, cogió unas piedritas a su costado y se las lanzó a Jaken, con una impotencia enorme, volvió a coger más piedritas para luego lanzarlas contra aquel viejo verde, que gritaba lo débil y torpe que era. Pero la gota que derramó el vaso…
- …¡INCLUSO SESSHOMARU-SAMA TE CONSIDERA DEBIL! ¡POR ESO ME DEJA A TU CUIDADO! ¡ERES DEBIL Y TORPE! –Rin dejó de bombardear al lacayo, aquellas piedritas que apretaban sus dedos las dejó caer al suelo verde, las lágrimas brotaron de sus ojos achocolatados, mientras que se incorporaba y se adentraba al castillo corriendo, buscando consuelo en la soledad, sin aquellos regaños, que en su interior, creían que eran verdad.
…
Sesshomaru se hallaba oculto entre unos árboles a cierta distancia de Rin y Jaken, observando. Pretendía acercarse a Rin y hacerle compañía como solía hacerlo todas las tardes, pero ahora se encontraba con Jaken, y una conversación que surgía entre ellos dos le había llamado la atención.
- No lo haré, y tampoco permitiré que me deje a tu cuidado al menos que sea estrictamente necesario, además, sabes que puedo cuidarme sola –Sesshomaru se sintió orgulloso de su princesa, Rin era muy testaruda, pero no le gustaba depender de nadie, lo cual era un rasgo de fuerza que el daiyoukai apreciaba mucho de ella.
La conversación de aquellos dos empezó a tornarse discusión, para después convertirse en una lucha de Rin contra Jaken.
Sesshomaru apretó los puños a sus costados, odiaba aquella actitud de Jaken con su princesa. Sabía que la apreciaba, pero en ocasiones la insultaba de tal manera que provocaba cortar su cuello con Bakusaiga.
Los ojos del daiyoukai se abrieron como platos al contemplar como Rin lanzaba piedritas a Jaken, se sentía orgulloso e impresionado a la vez.
- …¡INCLUSO SESSHOMARU-SAMA TE CONSIDERA DEBIL! ¡POR ESO ME DEJA A TU CUIDADO! ¡ERES DEBIL Y TORPE! –Sesshomaru, como si le hubieran incrustado una daga en el corazón, observó como aquella impotencia de su princesa pabasa a convertirse en tristeza, acompañada de lágrimas que salían a cantaros por sus hermosos ojos.
¡LO MATARIA!
Rin dejó caer aquellas piedras al suelo para correr hacia el castillo.
No era cierto aquello. El consideraba a Rin muy fuerte y decidida, era todo lo que él no era, e incluso era fuerte en aquello que tampoco él no era.
Y aquel poder espiritual era de mucha utilidad, sino hubiera sido por aquel poder, Rin no sería inmortal ahora.
Sesshomaru salió del escondite de aquellos árboles para acercarse a paso lento al castillo, pero tomó un pequeño desvío, se acercó a su lacayo y lo pateó, provocando que éste volara por los aires, posiblemente aterrizando a metros de allí.
Retomó su camino dirigiendose hacía el castillo, abriendose paso por aquellos pasillos, en dirección hacia sus aposentos.
…
- ¡Bien hecho! Jaken es un idiota –Naoko alzó en alto el cuchillo que llevaba en su mano, con maldad burlona en sus ojos dorados
- Yo también me alegro, pero es indebido reírse del mal ajeno –Dijo Suzume
- Eres tan dulce Suzume. Pero siendo mayor que yo, estas tan equivocada –Se rió Naoko
- Naoko, basta. Como sea, espero que el amo esté consolando a Rin, aquello la molestó notablemente
- Por supuesto. Es normal que Jaken siempre refunfuñe y le diga insolente y blabla, pero lo que lastimó a Rin fue que le dijera que para Sesshomaru-sama fuera débil y torpe
- Lo sé, –Suzume soltó un suspiro, dejando entrever el estrés- Sesshomaru-sama es muy importante para ella, aunque no me creí nada de eso
- ¡Yo tampoco! Se que el amo piensa que ella es fuerte, y lo es
- Bueno, olvidemos esto. No debemos cuchichear aquello que no es nuestro asunto, mi querida Rin estará bien. Ahora debemos preparar todo para su viaje, empezemos
- Bien
Ambas youkais volvieron a picar patatas, riendose en internamente al recordar aquella impresionante patada del amo hacia su lacayo. ¡Inolvidable!
…
La brisa primaveral junto con los rayos débiles del atardecer se adentraban por los ventanales de la enorme habitación, enmarcando la silueta de la princesa en el futón.
Rin aún no dejaba de llorar, aquella molestia había sido reemplazada por un profundo dolor. Una vocecita en su interior, aquella positiva y cantarina le decía que todo aquello era mentira, que su principe la consideraba fuerte y que ella superaba en demacía cualquier youkai.
Recordó aquella youkai que había visitado a Sesshomaru hace unos días, Kumiko Rokuro, era extranjera, y dotada con una belleza inmensa. Era rubia, ojos rojos, piel ligeramente bronceada y un cuerpo curvado.
Rin caminaba al lado de su principe por los jardines, disfrutando de aquel paisaje primaveral que empezaba a surgir, la vegetación a su alrededor empezaba a florecer, mientras que ésta se encontraba cubierta por copitos centellantes de hielo.
- Sesshomaru-sama, que hermoso –El daiyoukai se detuvo, a su vez deteniendo a Rin debido a que ésta tenía un brazo enroscado en el del youkai.
- ¿Qué sucede, Sesshomaru-sama? –Sesshomaru aspiró levemente, y enfocó la mirada en un muro del castillo. A Rin le costó un poco visualizar aquella sombra, pero no tardó mucho, porque ésta empezaba a salir a la lúz, mostrandose ante éstos dos.
- Sesshomaru, querido –La mujer se acercó hasta ambos y le dedicó una sonrisa frívola a Rin- Así que los rumores son ciertos –La youkai soltó un suspiro y enfocó su vista en la del daiyoukai. Rin se estremeció, sentía que sobraba en aquella conversación de uno. Rin trató –disimuladamente- de soltarse del agarre de su amo, pero él no la dejó.
- ¿Humana, huh? Tengo que admitirlo, es preciosa –Aquellas palabras sonaron desagradables en el daiyoukai y la humana, como si fueran un insulto o burla.
- ¿Qué es todo esto, Kumiko? –Habló por fin Sesshomaru, viendo fijamente a la youkai con una expresión nada amistosa, incluso en él.
- No es de caballeros esto, Sesshomaru. Deberías…-Kumiko hizo un gesto con la mano, mostrando que la humana se retirara. La paciencia de Sesshomaru llegó hasta allí, por lo que incitó a que Rin continuase caminando junto a él, dejando a la youkai con la palabra en la boca a sus espaldas- Sesshomaru, te veré en tu biblioteca en diez minutos –Kumiko se encaminó hasta la biblioteca del daiyoukai, ingnorando por completo aquel gruñido que éste le había lanzado.
El daiyoukai y la humana se adentraron a los pasillos del castillo, y cuando se hallaron lo suficientemente ocultos
- Sesshomaru-sama, etto… no se moleste, yo puedo volver… -Rin se vio interrumpida cuando unos brazos la apretaron y unos labios tibios y duros como el mármol besaron los suyos.
Aquel beso no fue apasionado ni largo, fue tierno y entrecortado. Sesshomaru introducía levemente su lengua en la cavidad de aquellos labios que él tanto amaba, ella le recibía más que gustosa, dichosa. Rin no pudo rodear su cuello con sus brazos, ya que éstos se hallaban en el pecho musculoso de su principe, agradeció que no llevara la armadura ese día, habría sido incómodo.
- Lo amo –Dijo Rin entre los labios del youkai, él recibió aquellas dos palabras como si fueran un antídoto ante su mal genio por aquella molesta visita, y como una caricia que alimentaba aquel amor que sentía por ella.
Ambos se separaron –con gran dificultad- y se miraron fijamente.
- Te veré en nuestros aposentos, esperame ahí –Sesshomaru se giró y se encaminó hasta su biblioteca
Rin, con pasos saltarines, se dirigió hasta la habitación de su principe y ella, con el corazón latiendo como nunca.
…
Sesshomaru abrió las enormes puertas de su biblioteca privada, y encontró la youkai alcón sentada en la alfombra blanca de centro.
- Mi querido –Dijo Kumiko, levantando la cabeza y dejando que su cabellera dorada callese por toda su espalda.
El daiyoukai se encaminó hasta su escritorio, rodeando a la youkai sin dedicarle una mirada, lo cual la molestó enormemente. Sesshomaru se sentó en aquel enorme sillón y arqueó una ceja, esperando que la youkai hablara.
- ¿No quieres darme una bienvenida?, cierto. Olvidé que estás casado –Kumiko pronunció la última palabra con sarcásmo en su voz, logrando molestar al daiyoukai
- ¿Qué es lo que quieres? –Preguntó con un tono pasivo, ¡qué!, pensó Kumiko.
- Vengo de parte de tu madre, para que recapacites –Kumiko se acercó al inuyoukai, pero éste se levantó dirigiendose hasta las puertas
- ¡Sesshomaru! –Llamó Kumiko
El lord se detuvo en frente de las puertas, esperando a que hablara la youkai. Estaba arto, había jurado escuchar de sus fuentes que aquella repulsiva mujer había muerto, pero al parecer no era cierto.
- Sabes que te deseo, no me interesa si ya marcaste a otra mujer, aunque no vale porque es una maldita humana –Sesshomaru alargó su mano e intentó cortar el cuello de la youkai con su látigo venenoso, pero ésta evadió el ataque.
- Sesshomaru, recapacita. Soy poderosa y heredera. Además, no entiendo, me desnudé en frente de tí hace ochenta siglos, y no te inmutaste en lo absoluto, solamente dijiste "el sexo son asuntos banales", y mirate ahora, ¡acostandote con una asquerosa humana!
Ese fue el último comentario que Sesshomaru soportaría, porque inmediatamente se giró y tomó el cuello de Kumiko y lo apretó, no la estranguló, pero lo suficiente para hacerla suplicar perdón. Sesshomaru soltó su cuello y se dirigió de nuevo a las puertas para luego salir por ellas.
- Te dejaré pasar esto, Sesshomaru. Pero no te dejaré escapar esta vez de mí, si una humana pudo, yo también
…
Rin se hallaba en los aposentos de su principe, como había prometido, esperaba a su amo, con una sonrisa embozada por su tierna boca, estaba sentada en uns cojínes al lado de un enorme ventanal, admirando la hermosa vista.
- Rin
- Sesshomaru-sama, ha vuelto –Dijo Rin, Sesshomaru se conmovió, ella utilizó aquel tono, aquel infantil, tierno y dulce tono.
Sesshomaru se acercó hasta su princesa, la cual aún estaba sentada. Esperó a que su amo se acercara completamente, éste la alzó en sus brazos y presionó sus labios contra los de ella.
El youkai depositó con delicadeza a Rin en el mullido futón, los cabellos negros de ella se esparcían por la enorme sábana blanca, sus labios rosados embozaban una sonrisa timida, sus mejillas estaban enrojecidas, y su cuerpo se curvaba sensualmente, insinuandose.
Sesshomaru enfocó la vista en el kimono de su princesa, ese día llevaba uno rosado con detalles blancos, se veía tan adorable y hermosa. Removió la parte alta, descubriendo sus hombros, pero él quería más, así que se dispuso a remover totalmente la parte alta, sus ojos se entrecerraron, la vista era maravillosa, sus hombros, sus tiernos y rosados pechos, su estómago, que menuda era, tan pequeña y frágil. Se recostó al lado de ella, y con su mano derecha se dispuso a palmear aquella tierna carne. Empezó por cuello, descendiendo por su hombro izquierdo para deslizar su mano entre sus pechos hasta llegar a su estómago. Rin trataba de controlar su respiración, su corazón amenazaba con salirse de su pecho. Su espalda se arqueó ante el contacto de aquella tibia mano en su pecho derecho. Sesshomaru, primero lo toco por encima, presionandolo levemente, luego lo delineó para después tocar aquella punta rosada fresa con su garra. Los pechos de Rin no eran para nada pequeños, eran grandes, pero no excesivamente, eran blanquecinos tapeados con tonos rosados, y su punta era de un color fresa. Luego de mimar aquel posó su mano en el izquierdo, utilizando las mismas cariñosas atenciones, porque Rin merecía eso. A los de su especie, de hecho, a todos, era absurdo satisfacer a la embra, ya que solo era apareamiento. Pero él había cambiado, y aunque hace unos meses creyó que se había debilitado, fue todo lo contrario, había renacido en cada aspecto y se había vuelto más poderoso en cuerpo y alma. Acariciar aquel cuerpo era lo mejor que concebía él, además de besarlo y lamerlo.
Y aquel camino que había iniciado con su mano, posteriormente lo delineó con su lengua. Cuando llegó hasta sus pechos, se incorporó hasta quedar encima de ella, con ambas manos, juntó aquellos pechos, presionandolos contra su rostro, y moviendolos contra éste. Aquello era el cielo, tener a Rin de aquella manera no se comparaba con nada, absolutamentee nada. Rin había posado sus manos en la cabeza del youkai, incitandolo a presionar más. El, con los pechos presionados en su rostro, sacó la lengua, era hora de catarlos. Su lengua lisa recorrió cada parte de aquellos pechos, saboreandolos y mordiendolos delicadamente, provocando que leves gémidos salieran de los labios de Rin.
Aquellos instantes se dedicaron a eso, consentir a Rin. Sesshomaru dejó a un lado sus necesidades y se concentró únicamente en aquello, pensó que Rin se sentiría lástimada después de haber presenciado aquella conversación con Kumiko, ella merecía ser mimada después de eso.
…
Rin se limpió las lágrimas ante aquel recuerdo, como él la había tocado aquel día, como besaba su cuerpo con tanto aplomo y dulzura. El era perfecto en todos los sentidos, y ella era digna de él, estaba segura de eso. No era débil para nada.
- Rin
- Sesshomaru-sama, ¡hola! –Rin saltó del futón hacía los brazos del daiyoukai, los cuales la apretaron posesivamente.
- Como lo extrañé, ¿Cuándo partiremos, ahora, más tarde…? Estoy tan ansiosa… -Ese parloteo cantarino duró más, pero él se había apoderado de los labios de la humana con una dulzura y pasión deliciosa.
Definitivamente el viaje se retrasaría, pero ella valía la pena. Recordando que hace unos momentos el estúpido de su lacayo la había ofendido, pensó que tendría que mimarla, como se merecía, y con aquellos tiernos tratos, inició su labor.
AUTORA
Hellou, espero que les haya gustado.
Leí sus maravillosos reviews, ¡Gracias! Me disculpo por unos errores de ortografía y de coherencia en el cap anterior, no me di cuenta hasta que lo leí ya subido, y volver a subirlo... bueno ya se imaginarán.
Para que no quede nada suelto, en los próximos caps aparecerá de nuevo Kumiko, el kimono rojo, y las primeras visitas de Inuyasha y Kagome con sus hijos.
Otra cosita más, los hijos de Inuyasha y Kagome en cada fic son Etsu y Ryo, y son gemelos, en mi primer fic Pétalos de Cristal, aparece Ume, eso lo agregué, pero ella no nacerá después de unos años más. Ya que quiero que cada cosa tenga su secuencia, y los de Sessh y Rin, bueno... emergerán en otro fic, el cual estará entrelazado con este. Aquí solo leeran experiencias divertidas, INTERMINABLES.
Cualquier idea que se les ocurra ¡por favor! Mencionenla, me gustaría poner más comedia, los próximos caps son Melodías y Obsequio Eterno.
DISCLAIMER
Inuyasha © Rumiko Takahashi
