Aclaraciones del capítulo:
South Park pertenece a Matt Stone y Trey Parker.
II
- Joder, esta helando aún más. Necesito un cigarrillo – se quejó el joven McCormick, sentado en una de las bancas del solitario parque de South Park, con las piernas entumecidas y las mejillas coloradas por el frío. Butters, a su lado, le sonrió inquieto.
- Oh… lo siento, Kenny, pero yo no tengo ninguno – se disculpó apurado, enterrando la punta de sus zapatos en un pequeño cúmulo de nieve. Kenny sonrió encogiéndose de hombros.
- Descuida, no esperaba que tuvieras uno – el chico se sonrojó levemente y luego asintió, frotándose las manos suavemente.
Kenny se puso en pie de un brinco, estiró sus brazos por arriba de la cabeza y luego se bajo la capucha. Se giró atraído por las vocecillas de un grupo de niños que jugaban futbol en una de las áreas más despejadas del parque, justo ahí donde varios años atrás, él y sus amigos solían hacer lo mismo.
Se volvió sonriente y miró a Butters quien le observaba desde su puesto en el banquillo, tiritando de frío; al momento, el joven Stock le devolvió la sonrisa, encantado.
Era un domingo por la tarde ya, hacía un frío del carajo y ahí estaba él, en el jodido parque del pueblo con el trasero congelado junto a la última persona con quien hubiera imaginado que terminaría pasando el día apenas esa misma mañana cuando salió de casa.
Luego de almorzar una hamburguesa y papas fritas en el McDonald´s local, comenzaron a caminar por las calles hablando de naderías y dejando pasar el tiempo a su conveniencia. Para Butters, terminar con esa improvisada cita significaba regresar a casa y pasar el resto del día solo en su habitación, así que emocionado, esperaba poder ser capaz de gastar su tiempo junto a Kenny.
Y aunque sus razones fueran totalmente diferentes, McCormick tampoco deseaba quedarse solo. Era esa la grandiosa oportunidad -que ciertamente no esperaba- para dejar de pensar en Kyle y las consecuencias de sus recientes actos.
Sin embargo, tampoco podía negar que lo estaba pasando realmente bien.
Butters era más que una simple distracción para él. Hablaba mucho y de todo; le había contado de sus cómics y videojuegos favoritos, de su última navidad en la que aún recibió algunos juguetes de parte de sus abuelos e incluso de la infinidad de castigos que le imponían sus padres, sorprendiéndole –y algunas veces, hasta divirtiéndole-, pues aunque sabía lo estrictos que eran los Stotch, nunca se imaginó lo ridículamente severos que podían llegar a ser.
Kenny no digo mucho, sin embargo le escuchó atento todo el tiempo, como buenos camaradas y sin dejarle saber del todo lo mucho que estaba disfrutando de su compañía. No había necesidad, Butters era completamente diferente de cualquiera de sus amigos, y eso le agradaba mucho.
Cuando la conversación giró en torno a esos días de la primara de South Park y la hecatombe que les tocaba vivir a diario, Kenny decidió intervenir un poco más en la conversación.
- Cartman es un cabrón – sentenció el joven con aversión, luego de escuchar una de las últimas anécdotas de Butters.
Siempre había estado al tanto de las jugarretas y el mal trato con que su amigo solía tratar al rubio -y a muchos más de sus compañeros- pero en definitiva, todo parecía diferente cuando lo escuchaba de la víctima. Incluso los abusos que Broflovski y él mismo llegaron a recibir en el pasado de parte del orondo muchacho, le resultaban niñerías.
Mientras él lo meditaba, Butters le sonrió, encogiéndose de hombros.
- Sí, bueno – concordó – Aunque algunas veces también puede ser divertido estar con él – contó riendo, sin darle demasiada importancia al asunto. Kenny le miró arqueando una ceja, sorprendido de que Butters ni siquiera se estuviera quejando.
- ¡Seguro! Cuando al gordo se le vuelven las tornas y termina jodido – replicó con sorna, haciendo gracia al rubio.
Por un momento se sitió un cretino; era cierto que nunca se metió con Butters o apoyó particularmente las jugarretas de Cartman, sin embargo, tampoco hizo nada por interferir por él cuando tuvo oportunidad. Pero qué remedio, él siempre había sido un chico reservado.
De pronto hubo un alboroto y ambos escucharon el ruido sordo de un balón aterrizando cerca de ellos.
- Hey, Kenny, ¿me lo lanzas, por favor? – Kenny se volvió reconociendo de inmediato la vocecilla infantil de Ike Broflovski.
De inmediato le miró a lo lejos con los brazos extendidos e instintivamente giró su cabeza de un lado a otro oteando el lugar en busca de su amigo, con el estómago revuelto y el corazón acelerado.
Sin embargo, rápidamente se dio cuenta de que Kyle no se encontraba allí, advirtiendo al mismo tiempo cómo volvía a respirar normalmente.
Ike volvió a llamarle y en ese momento calló en cuanta, sintiéndose completamente avergonzado de su reacción, demasiado cobarde y evidente. Se encaminó al balón cogiéndolo rápidamente, lanzándoselo después con un certero puntapié.
El chico le agradeció y se despidió de él abanicando sus brazos; Kenny hizo lo mismo antes de volverse a Butters, quien contemplaba la escena con una sonrisa pintada en la cara. Por un momento, la idea de que Butters hubiera sido capaz de leer sus pensamientos cruzó por su mente y avergonzado desvió su mirada, sintiendo las mejillas arder.
Sin embargo nada más errado que eso, y Kenny lo sabía, así que de inmediato despejó su cabeza, hinchándose de brío, resguardando sus manos entre los bolsillos de su abrigo después.
- Ese era el hermanito de Kyle ¿cierto? – inquirió de pronto. Kenny asintió distraído. Se dejó caer junto a Butters nuevamente y se mantuvo en silencio, pensativo, perdiendo la disposición de charlar nuevamente.
Butters, a su lado, comenzó a inquietarse, sintiéndose culpable ante la idea de haber dicho algo imprudente.
- Kenny – le llamó de pronto, armándose de valor – ¿No quieres hablar de Kyle? Me refiero a que ¿podría ser él con quien has peleado? – preguntó inocentemente, mirando a su amigo, quien permanecía en silencio sin regresarle la mirada.
Por un momento Kenny creyó en la posibilidad de haber quedado expuesto realmente, sin embargo, cuando se convenció de la ingenuidad de su amigo no supo si reír o agradecer a quien sea que fuera responsable de ello.
Ignorando su pregunta, se encogió de hombros, ocultando una sonrisa sardónica.
Butters le miraba acongojado e, intimidado, se acercó un poco más – Lo… lo siendo, Kenny. Estoy siendo molesto, ¿eh?- se disculpo torpemente, con una risilla floja – Lo siento, es sólo que creo que no deberías preocuparte demasiado. Me refiero a que si realmente es así, Kyle es un chico muy maduro. Estoy seguro que cualquiera que haya sido el problema, él no dejará que los superé y pronto lo olvidará todo.
Miró el rostro invariable de Kenny y se inquieto más, frotando sus nudillos fuertemente.
- No…no te preocupes, ¿vale? Digo, se habrán peleado antes ya y seguro lo arreglaron, ¿a que sí? – convino animado, intentando reconfortarle. Tímido, cogió el brazo de Kenny, arrepintiéndose apenas un segundo más tarde al vislumbrar el ceño fruncido del muchacho, alejándose rápidamente.
Kenny era consciente de las intenciones de Butters, sin embargo y aunque igual le escuchaba atentamente, no se molestaba siquiera en mirarle. No quería darle importancia.
Lo estaba pasando bien, ambos, además en ese momento lo último que le apetecía era pensar en Kyle, precisamente la persona que se suponía intentaba sacarse de la cabeza. ¡Para que arruinarlo, carajo! Además, no era como si estuviera esperando la oportunidad de ir y hablar con la primera persona que fuese amable con él sobre su desliz con Kyle. A él no le iban esas cosas.
Así que, en honor a la verdad, para Kenny, aquellas bienintencionadas palabras que salían de la boca de Butters en esos momentos, se le antojaban más bien como un arsenal de bofetadas a su psiquis.
Ambos se miraron brevemente; Butters un tanto sobrecogido mientras Kenny sólo esperaba sin intenciones de abrir la boca y deseando, interiormente, parar con el parloteo sin sentido del rubio.
El sonido de voces infantiles volvió a escucharse claramente distrayéndoles a ambos. McCormick suspiró ojeando la carilla inquieta de su amigo, haciéndole sentir patético, completamente avergonzado por el comportamiento quizás demasiado zafio que estaba tenido para con el rubio.
Butters definitivamente era un buen chico y él un cabrón.
- Está bien, Butters – agradeció torpemente, deseando dar por concluido ese tema. Butters le sonrió tímidamente y el hizo otro tanto, encogiéndose de hombros – Está bien, ¿vale?
El rubio asintió un poco más confiado.
- Kenny – le llamó y por alguna razón, eso lo alivió – Lo… lo siento. Sé que no sé nada de lo que haya pasado para que pelearan y también sé que soy muy torpe y que quizás debería sólo quedarme callado, pero… – Kenny le miró de soslayo, ceñudo, imbuido entre los pliegues de su abrigo.
- "Joder… Aquí viene otra vez"- se lamentaba, observándole.
- No estés más triste, ¿vale, Kenny? Es…es triste verte así – continuó Butters con la nobleza que le caracterizaba.
Kenny suspiró, reprimiendo una sonrisa mordaz.
- "¡Mierda! ¿Triste? ¿Es que luzco así de patético?" – se reprendía internamente, satírico.
Inquieto, se incorporó lentamente, suspirando en el proceso, mientras se cuestionaba qué decir. Miró a Butters y se encontró con sus ojos –aunque tímidos- fijos sobre él, impacientándole un poco.
- Está bien, Butters, sólo olvida esa mierda, ¿vale?- pidió, sintiéndose un gran tonto.
- Lo… lo siento, Kenny, no quería que…
- Lo sé Butters, lo sé – le interrumpió, sobresaltándole un poco – Y no es tu culpa, ¿bien? Nada de esto es culpa tuya, así que deja de disculparte, tonto – agregó por lo bajo con una sonrisa floja, intentando confortarle.
- Es… está bien – barbulló aliviado, consolándose con la idea de que Kenny no pareciera molesto con él. McCormick sonrió al escuchar eso último, sin poder evitar pensar en Butters justo como en un cachorro obediente; el educado niño de los Stotch.
- Joder, Butters – le dijo sonriendo, al tiempo que le pasaba una mano por la cabeza, desordenándole los cabellos suavemente. Butters enrojeció al momento algo intimidado, mas no dijo nada, dejándose hacer algo apenado por el trato infantil.
Kenny se sentó a su lado una vez más, echó su cabeza hacia atrás, inhalo hondo y luego, soltó todo el aire en un largo suspiro, como quien se prepara para hablar largo y tendido. Ladeó su cabeza observando a Butters y éste enseguida le sonrió, complaciéndole enormemente.
- Debe ser difícil para ti. Me refiero a estar mal con Kyle – musito intentando confortarle, alentado por el rostro sereno de Kenny.
El joven McCormick suspiró, negó levemente y una imperceptible sonrisa se dibujo en sus labios.
- No es… -comenzó distraído, como si estuviera pensando que decir – No es así, Butters.
El muchacho le miró intrigado, esperando que continuara.
- En realidad, no es que haya peleado con Kyle o algo… aunque, bueno… he hecho algo que lo ha molestado. Mucho – agregó mirando la expresa confusa en el rostro del rubio. Butters se enderezó un poco en su asiento y despegó los labios, a punto de hablar, sin embargo, Kenny le interrumpió antes de hacerlo.
- Le besé – confesó parco, tan sereno, que de no ser por el ligero temblor de sus voz, Butters hubiera pensado que le estaba jugando una broma. Se detuvo un momento observando la carilla descolocada de su amigo, intentando imaginar la retahíla de pensamientos que en ese momento cruzaban por la cabeza del rubio. Suspiro algo divertido, Butters era tan predecible, demasiado fácil de leer.
- El viernes, después de clases – continuó - Le había pedido a Kyle que me ayudara a estudiar algebra con el pretexto del examen de la próxima semana y como siempre, él dijo sí sin pensárselo. Así que luego de clases fuimos a su casa; cuando se trata de estudiar siempre debe ser en casa de Kyle, cosas de él, supongo – contaba distraídamente – Como sea, estuvimos en su habitación "estudiando" un rato y…- se detuvo un momento y miró a Butters fijamente, solo para comprobar que el chico le escuchaba atentamente.
Sintió sus mejillas arder de a poco y al momento, desvió su mirada al firmamento nublo – Bueno… lo bese – terminó simple, encogiéndose de hombros – Sin pensarlo, realmente – agregó pensativo.
Hubo un silencio evidentemente incómodo y Kenny se exasperó.
-Es cierto – Habló de nuevo - Aunque no lo creas, no es como si hubiera estado pensando en besarlo desde un principio. Sólo quería pasar un tiempo a solas con Kyle. Sabía que ese día podríamos estar solos él y yo; Stan tenía una salida a Denver con sus padres y Cartman ni de coña estudia para un examen, así que estaríamos solos y… bueno, yo realmente disfrutaba quedarme a solas con Kyle – confesó algo cortado, reparando demasiado tarde en la sarta de cosas sin sentido que estaba diciendo; suspiro brevemente dándose por vencido – Kyle es un chico maravilloso, sabes. Yo… Bueno, me gusta mucho – confeso, mirándole sin temor o vergüenza.
Butters enrojeció al sentir la mirada tranquila de Kenny sobre él. Estaba sorprendido, mucho y por alguna extraña razón, comenzó a sentirse un gran tonto. Era un sentimiento inquietante e incómodo a la vez, no por Kenny o por el hecho de saber que gustaba de otro chico. Era fútil, pueril. Se trataba del beso, el acto en sí.
Había sido un discreto interlocutor mientras Kenny hablaba, observándole fijamente, sorprendiéndose y conmoviéndose a por igual. Sin embargo, no podía comprenderlo del todo.
Porque Kenny decía que Kyle era maravilloso, pero en la mente inocente del joven Stotch, Kenny lo era aún más.
Levantó la vista del suelo, observando al chico en cuestión a su lado.
Por un momento pensó en Kyle e ineludiblemente, por su mente cruzó la inverosímil imagen de ese beso. ¿Cómo habrá sido?
Sintió el rostro caliente y miró al rubio detenidamente, como si fuera inevitable apartar sus ojos. Kenny era un chico genial, de muchas maneras. Que le estuviera contando aquello era algo casi irreal.
Por otra parte estaba Kyle. Broflovski definitivamente era un joven especial, siempre lo había pensado; ahora estaba seguro de ello.
¡Así de importante era Kyle para Kenny! Eso, en definitiva, no podía ser tan malo, nada malo.
Por supuesto, tampoco se suponía que debería lastimar a Kenny.
Miró el perfil afilado de McCormick que parecía entretenido oteando el cúmulo de nubes espesas que cubrían el cielo de South Park como si la vida se le fuera en ello. Parecía sereno, como si nada hubiera pasado. Era el mismo Kenny de siempre, amable y tranquilo y se alegró de poder estar junto a él en ese momento.
- ¿Se lo has dicho? – preguntó de pronto, haciéndose de la atención del rubio al instante.
- ¿Qué? – musitó algo descolocado, tomado por sorpresa.
- Que… que te gusta, Kenny ¿Se lo has dicho? – repitió, sonrojado, arrepintiéndose de haber preguntado. Kenny desvió la mirada, pensativo.
- No – respondió – No se lo dije – continuó encogiéndose de hombros ante la mirada curiosa de Butters – No pude. Ni siquiera tuve tiempo de pensar en eso. Butters pareció meditarlo un poco, angustiado. Deseaba poder decir algo más agradable a Kenny, algo que le confortara y le hiciera sentir bien, sin embargo, le parecía la cosa más difícil del mundo; se sentía torpe. Realmente, si Kenny pudiera saber cómo le hacía sentir, seguramente le invadiría la culpable y al mismo tiempo se maravillaría con la nobleza de los sentimientos de Butters.
Pero ni uno ni otro tenían superpoderes para poder leer en la mente de su compañero, así que tenían que conformarse con hacerse compañía y un lío la cabeza.
- Yo… creo que deberías decírselo – sugirió algo inseguro, temiendo ser imprudente, aunque en realidad no lo era, por el contrario, Kenny estaba sorprendido –y agradecido- por la reacción amable y fiable del rubio -aunque ignoraba lo que acontecía en la cabeza del rubio-, pues en honor a la verdad y conociendo a Butters, esperaba escuchar más de su perorata gentil.
Cuando dejó de oír la vocecilla suave de Butters suspiró.
- No lo creo, Butters – afirmó, con una sonrisa poco convincente.
Por un momento, sin embargo, lo metido un poco. ¿Las cosas hubieran resultado diferentes si se lo hubiera dicho antes? Quizá. Sin embargo, ahora nunca lo sabría, pues todo estaba hecho. De la mejor o peor manera.
- Kyle debe odiarme ahora mismo – aseguró, algo dolido y sintiéndose exasperado.
- Ah… No, yo no creo que te odie – se apresuró a responder el rubio. Kenny le miró, arqueando las cejas levemente. Una ráfaga de viento les golpeó suavemente, agitando sus abrigos, desordenando sus cabellos y despejando sus ideas oportunamente.
- Estaba realmente molesto – contó, seguido de un suspiro – Me dijo… me gritó que era un jodido imbécil, un enfermo sin escrúpulos que había llegado demasiado lejos mientras se limpiaba los labios, asqueado – Butters enmudeció, tan sorprendido como angustiado; eso no coincidía para nada con la imagen que había aparecido en su cabeza hacía apenas unos momentos. El rostro de Kenny se entristeció de a poco, y aunque intentaba ocultarlo, Butters pudo darse cuenta.
- Soy un hijo de puta – barbulló al final, percatándose -demasiado tarde y avergonzado- de lo despreciable que podía parecer ahora mismo frente a Butters.
- No… no digas eso, Kenny. No es tu culpa que haya pasado – le escuchó decir muy cerca suyo ni bien terminaba de concebir esa idea. Se volvió y le vio sonreír torpemente, aligerándole el pecho. Hizo lo mismo soltando un suspiro.
- No lo sé, tal vez sí que lo es. Después de todo, soy un cabrón retorcido. Incluso lo dijo él – respondió, algo sardónico, intentando restarle importancia. Butters no lo comprendía, pero le dolía y se sorprendió sintiéndose mal por el joven McCormick de una manera inquietante.
- Eso no es cierto, Kenny…
- Hey, está bien, rubiales – le interrumpió - Quita esa cara, ¿vale? No te va – le dijo al final, juguetón. Butters sonrió levemente y Kenny pareció satisfecho, golpeándole en el hombro levemente con su cuerpo.
Quería parar, quería verle sonreír de nuevo y olvidarse completamente del desliz que había tenido con Kyle.
Butters sonrió un poco más animado con las mejillas ruborizadas y Kenny no supo si era por el aire frío o por la emoción.
- Soy un tonto – le dijo, mirándole tímido – Pareciera que soy yo quien lo está pasando mal, ¿a que sí? – inquirió.
Kenny rió, le miró componiendo una mueca y negó con la cabeza.
- Nadie lo está pasando mal. De hecho, yo lo estoy pasando muy bien – aseguró, recargando su hombro en el de Butters.
El rubio compuso su mejor sonrisa, sin intenciones de ocultar la emoción y alegría que eso le había hecho sentir.
- Si, yo también – murmuró, emocionado, sintiendo el tacto tibio del cuerpo de Kenny en su hombro.
Ambos quedaron en silencio luego de eso, sin embargo, no fue incómodo de ninguna manera.
Kenny parecía imbuido en sus pensamientos, inquietando a Butters que, a su lado, podía percatarse de las efímeras sonrisas que de cuando en cuando se dibujaban en sus labios.
Ansioso y más curioso que nunca, se preguntaba qué estaría pensando Kenny.
Él mismo tenía muchas cosas en su cabeza en esos momentos; emociones encontradas, sentimientos nuevos y esa excitante sensación como de quién ha recibido una gran noticia.
Se dejó llevar y antes de darse cuanta se hizo un hilo de pensamientos que empezaban con Kenny y terminaban con la evocación de un beso. Su cara se puso roja y sus manos se volvieran más inquietas que nunca, sin embargo, parecía inevitable dejar de pensarlo, pues ahora mismo, toda su mente estaba llena de pensamientos de Kenny.
Un suspiro a su lado rompió con su retahíla de pensamientos y una vez más, se encontró con el rostro sereno de su amigo.
- Como sea – le oyó murmurar, con la mirada perdida al frente – No sé como mierdas terminamos hablando de esto, pero ya dejémoslo, ¿vale? Supongo que también pasará – resolvió sereno, soltando un suspiro nuevamente.
- Vale – acordó sonriéndole. Kenny se relajó deseando con más fuerza hacerse de un cigarrillo, fijó en Butters y sus facciones infantiles.
- ¡Oh, cierto, Kenny! Si quieres yo puedo ayudarte a estudiar para el examen de algebra – propuso feliz. Kenny le miró curvando una ceja y luego sonrió, despreocupado.
- Joder, Butters, me importa una mierda el jodido examen, solo se trató de una excusa para estar con Kyle – declaró sinvergüenza. Butters se sonrojó, le miró en silencio asintiendo con timidez.
- Lo sé, pero bueno... igual tendremos el examen, así que tenemos que estudiar, ¿cierto? – Kenny le miró de reojo componiendo un mohín furibundo, nada entusiasmado con la idea aunque igual, divertido con el argumento del rubio.
Se mordió el labio sin ganas y luego simplemente se encogió de hombros. Butters sonrió.
- Podemos estudiar juntos, además creo que se me da muy fácil el algebra, Kenny – ofreció emocionado y sincero. Kenny suspiró, regresando una sonrisilla a su compañero, antes de revolverle el cabello descuidadamente.
- Vale, vale – aceptó sin mucho ánimo, mas si muy divertido. Tratar con Butters era fácil y e inexpertamente divertido. Podría ser interesante.
Le miró sonreír todo sonrojado y no pudo evitar hacer lo mismo algo más divertido que el otro con todo aquello e incluso, en un momento se sorprendió pensando que era algo lindo.
Sin embargo, más allá de su posible recién atracción hacía los chicos –cosa que Kenny comenzaba a dudar-, por mucho, Leopold "Butters" Stotch, era ciertamente un chico muy mono, sumado a todos sus encantos –los mismo que le habían costado mucho abusos por parte de los chicos más cretinos - y su inocente manera de ser. Lo era y mucho.
Y resultaba gracioso e incluso algo irónico; Kenny conocía a Butters de toda la vida y si bien nunca fueron precisamente muy cercanos, tampoco era como que le desagrada o por el estilo; para Kenny, quizá Butters simplemente era ese chico inocentón y algo torpe del pueblo. Y sin embargo, ahí estaba, sentado junto a él, hablando como nunca lo habían hecho en todo ese tiempo, sincerándose con él como nunca lo hiciera con ninguno de sus amigos, convirtiéndole –de alguna manera- en su cómplice, como buenos camaradas.
Apenas descubriendo en el otro una sincera y balsámica amistad.
Kenny McCormick sonrió, sorprendiéndose con ese último pensamiento.
Se volvió mirando al joven quien distraído, solo atinó a regresarle la sonrisa.
- Hey, Butters, supongo que debo agradecerte por todo lo de hoy, amigo – comenzó, tomando al otro por sorpresa – Debió haber sido muy raro e incómodo escuchar toda esta mierda, eh – bromeó despreocupado divertido con la expresión inocentona en el rostro de su amigo.
- Ah, no… no fue para nada así – intentó persuadirlo, negando efusivamente con la cabeza.
- Jodido rubiales – le reprendió sin mucho ánimo haciéndole reír por el apelativo simple que le había dado.
- Tu también lo eres – recordó sonriente. Kenny hizo una mueca.
- Si, pero a ti te va mejor – convino restándole importancia, haciéndole reír.
- Oye, Kenny… yo también, bueno yo también quiero agradecerte – murmuró de pronto, y aunque parecía algo tímido, no dejó de sonreír – Has confiado en mí y yo… yo realmente disfrute pasar el día contigo – continuó sonrojándose mucho.
Kenny se sorprendió un poco por un momento, mas rápidamente comprendió que Butters debía sentirse igual que él.
- Si. Hoy ha sido agradable – convino con su amigo, quien de inmediato extendió su sonrisa aún más.
- Si, mucho – Kenny sonrió observando el comportamiento casi infantil de Butters y no pudo evitar preguntarse cómo era posible que el chico siguiera siendo tan cándido. Sin embargo, sabía que eso mismo era una de las cosas que hacía tan especial a Butters.
- "Adorable" – pensó con cierto afecto. De pronto Kyle apareció en su mente, dolorosamente nítido. Su sonrisa bonita, sus labios delgados, los rizos bermejos de su cabello, sus ojos exóticos. Carajo ¡Kyle era un jodido poema!
Uno que no le era propio y jamás lo seria. Porque Kyle no solo era "adorable" si no también un cabrón que no dudaría en partirle el culo si volvía a acercársele con esa mierda en la cabeza. ¡Y sabía que no bromeaba!
La risa de Butters le distrajo saludablemente y se topó con la cara risueña de su amigo. Le miró fijamente, como si fuera la primera vez que le veía. Sus ojos, el perfil corto y afilado, la boca pequeña y pueril y pensó, con sorpresa, que después de todo, Butters si que había cambiado.
Al momento y por alguna razón, no pudo evitar compararle con Kyle. No podían ser más diferentes, era absurdo el siquiera pensar en una comparación, en todos los sentidos. Sin embargo, de entre el mundo de diferencias que existían entre Butters y su amigo, por alguna razón -quizá porque se encontraba precisamente en ese lugar-, Kenny se detuvo a pensar en el hecho de que Kyle ni siquiera soportaría estar ahí fuera, sentado en medio del jodido frío solo para complacerle. Nunca.
No obstante, habría que aceptar que conversar en el parque un gélido domingo por la tarde resultaba sin duda, mucho más razonable que dejarse besar por otro tipo en la boca.
Suspiro, hastiado de esa maraña de ideas pesimistas y se concentró en rubio.
- Butters – llamó luego de un momento, algo indeciso. Al final, había terminado con un montón de cosas en la cabeza, entre deducciones y pensamientos nada asertivos.
- ¿Si?- respondió el joven, atento completamente.
- Tú… bueno ¿Qué harías si estuvieras en el lugar de Kyle? – inquirió de pronto, mirando al joven Stotch fija e insistentemente. No sabía por qué lo había preguntado, quizá era la pieza restante de esa comparación absurda.
Al momento la sonrisilla desapareció del rostro de Butters mientras su rostro se encendía de a poco. Desvió la mirada pensativo frotando sus manos ansioso, una vez más. Luego se volvió y miró a Kenny.
- Te… te refieres a…- Kenny asintió en silenció sin dejarle terminar, mientras Butters se mordía los labios inquieto.
McCormick sonrió un poco divertido, otro tanto impaciente. Sabía que probablemente Butters hiciera eso, no obstante, hubiera preferido que respondiera.
- Está bien, Butters, no importa – convino, intentando olvidarse del asunto – Fue tonto de mi parte.
Butters le miró en silenció, pensativo. El ojiazul le dio un golpecito en el hombro con su cuerpo, riendo por lo bajo.
- No, está bien, Kenny – dijo, serio – Es solo que… bueno, no creo… ¡Oh, cielos! Es sólo que realmente no sé que debería hacer si alguien me besara – confesó completamente sonrojado, mirando a su amigo a la cara. Sin embargo, aquello no resultó más tranquilizante, pues los ojos de Kenny estaban muy abiertos y toda su expresión era de sorpresa.
- Oh, cielos – barbullo completamente avergonzado, desviando sus ojos de un lado a otro mientras frotaba sus nudillos fuertemente. Kenny que había comprendido todo rápidamente, se sintió de pronto un cabrón por poner a Butters en tal situación, sin embargo, tampoco podía negar que todo eso le resultaba tan entretenido como interesante.
- Ya – musitó, tratando de restarle importancia. Escuchó al rubio balbucear naderías haciéndole mucha gracia – Hey, Butters, que no pasa nada, amigo.
Butters le miró, rojo hasta las orejas y no precisamente por el frio. Kenny le sonrió y como pudo, le regreso una sonrisilla tímida.
Definitivamente, Butters cada vez resultaba más interesante y en realidad, si lo pensaba bien, no era de sorprender que el joven Stotch no haya dado o recibido su primer beso. Algo que bien podía resultar tan adorable como patético.
Y es que era un niño bueno, educado y estudioso y, hasta donde él sabía, los niños buenos, educados y estudiosos no eran precisamente los más populares con el sexo opuesto.
Se detuvo a pensarlo un momento y no le tomó mucho darse cuenta que, siguiendo esa regla, no hacía falta hacer memoria para intentar recordar la lista de chicas con las que Butters hubiera salido antes, porque sencillamente, no había una.
Miró al joven a su lado, jugueteando con sus manos algo torpe y sin atreverse a mirarle aun. La inexistente vida amorosa del chico ya se la figuraba, sin embargo, nunca se detuvo a pensar que eso fuera algo pudiera preocuparle. ¡Carajo! No podían ser más diferentes, pues mientras él había salido con casi todas las chicas del pueblo, Butters ni siquiera había recibido su primer beso.
Sonrió demasiado cínico con ese último pensamiento.
- Llevas ventaja, sabes – le dijo, juguetón. Butters le miró aún tímido – ¿Nunca te ha gustado alguien? – preguntó, reparando en el color de las mejillas de Butters.
- Bueno… eso… si, supongo. Pero nada especial – contó, encogiéndose de hombros. Kenny sonrió quizá más conmovido que divertido con la respuesta de su amigo y por un instante, imaginó con horror esa misma escena de encontrarse Cartman ahí en ese momento.
- Ya – dijo, impasible – Supongo que tienes razón. Después de todo, se supone que el primer beso es especial y eso – concluyó despreocupado, haciéndose de la atención de Butters al instante.
- ¿El…el tuyo lo fue? – preguntó tímido, alentando a Kenny a continuar.
- Eso creo – respondió luego de meditarlo un poco, componiendo un mohín al final. Butters sonrió, intentando cubrirse los labios con su mano y Kenny le dio un suave golpe en el pie con el suyo.
- Sabes, Kenny, en realidad no es como si me preocupara mucho acerca de eso – contó, más relajado. Kenny le miró curvando una ceja, algo socarrón – ¡Es cierto! – replicó con una sonrisa.
- Está bien tomarse tu tiempo. Una vez que comienzas a salir con una chica, te vuelves completamente adicto a ellas, de verdad, aunque pudiera parecer contradictorio si soy yo quien te lo dice, pero te aseguro que lo es, así que mejor que te lo tomes con calma, rubiales. No quiero que luego vengan a mí lloriqueando – bromeó haciéndole reír.
- No lo creo – dijo entre risas y Kenny aguzó la vista.
- ¿Por qué estas tan seguro?
Butters le sonrió, encogiéndose de hombros.
- Porque no tengo a nadie que me guste, Kenny – respondió simple, como si de una verdad universal se tratara. Él rubio sonrió con malicia.
- Eso es lo de menos – soltó pícaro, intentando persuadir a Butters quien de pronto parecía algo embrollado – Venga, Butters, no me digas que nunca has sentido curiosidad por saber cómo es besar a una chica – inquirió travieso, intimidando al joven Stotch quien de inmediato se sonrojo fuertemente.
- Ah… bueno, yo no sé… quizás un poco – murmuró por lo bajo, totalmente avergonzado. Miró a Kenny y la sonrisa en su rostro –enigmática e incitante- aumentó más su inquietud.
Definitivamente Kenny debía pensar que era un completo idiota.
Sin embargo, hacer pasar a Butters por idiota no era precisamente lo que McCormick tenía en mente en esos momentos. El rubio, fortuitamente le resultaba muy mono. Y que se jodiera quien fuera capaz de negarlo.
Recordó de pronto el beso que le había dado a Kyle hacía apenas un par de días; ese imprevisto, torpe y fugaz beso. Recordó también la efímera y excitante sensación del contacto de los labios de Kyle sobre los suyos. Porque sí, podría haber sido un beso mal ejecutado pero a Kenny McCormick le había encantado.
El mejor de todos los que había recibido en su precoz adolescencia.
Miró a Butters brevemente antes de desviar la vista, sintiendo de pronto el rostro caliente.
Por un momento –y por primera vez desde la tarde que dejara la casa de los Broflovski, avergonzado- deseo poder ser capaz de ver al Kyle y hablarle. Hablarle como siempre lo había hecho, tenerle cerca y dejarse embrujar por ese encanto suyo tan maravilloso. Y para qué negarlo, deseaba con locura poder besarle una vez más.
Un largo suspiró salió de sus labios y Butters, aún algo avergonzado, le miró inquieto. Kenny hizo lo mismo, dedicándole una mirada flemática y poco emotiva. Las mejillas de Butters conservaban algo del rubor efusivo de antes y sus ojos –bonitos y brillosos- le miraban con timidez.
- Uh… ¿Crees que soy tonto? – murmuró algo cortado, sintiendo el examen descarado de los ojos azules. Kenny negó con la cabeza, acostumbrado al auto saboteo del rubio.
- No lo eres. Está bien – respondió parco. Butters le sonrió aliviado, aunque igualmente tímido. Le vio morderse el labio inferior de una forma muy infantil y no pudo evitar sonreír por ello. Butters era lindo, un chico tan agradable hasta el punto de llegar a ser tierno.
Definitivamente, si tuviera que besar a otro chico o más bien, si hubiera otro chico a quien quisiera besar, sin duda alguna, ese sería Butters.
Le miró pensativo mientras el otro permanecía en silencio ajeno completamente a sus pensamientos. Cosas como "cómo sería besar a Butters" ó "qué haría si le besara" "se sentiría bien" pululaban en la mente de un intrépido Kenny, como bichitos molestos causándole una terrible comezón.
Tragó la saliva espesa que se había acumulado en su boca y sintió vértigo en el estómago. De pronto, el sentido común parecía haber perdido toda relevancia.
- Butters – le llamó haciéndose de la atención del joven.
- ¿Si? – Kenny se acercó a él, mirándole de frente.
- ¿Quieres…? – Comenzó inseguro – ¿Te gustaría intentarlo? – preguntó inesperadamente, sin demasiado entusiasmo pero tampoco con indiferencia. Una emoción extraña le invadió el cuerpo de pronto y ansioso, espero por la reacción del otro que nunca llegó.
Butters estaba tan asustado como perplejo y por un segundo sintió miedo de ser burlado.
- Me refiero a un beso – siguió Kenny, inclinándose un poco sobre él, siendo testigo esta vez de cómo iba cambiando el color de las mejillas de Butters.
- ¿Un… beso? – repitió, sin salir de la sorpresa, preguntándose cómo es que habían terminado liados con algo como un beso.
- Si. Ya sabes, uno real – le dijo y su voz sonó sincera.
Los ojos de Butters iban de un lado a otro, incapaz de sostener la mirada clara de Kenny y sus manos estaban completamente inquietas. Kenny lucía tan impasible como siempre. Si lo pensaba bien, era demasiado injusto que sólo él tuviera que sentirse tan inquieto.
- Kenny… tu… ¿Estás hablando enserio? – inquirió con un hilo de voz, mirando al rubio cada vez más cerca de él.
McCormick asintió levemente, se encogió de hombros y compuso una sonrisa ansiosa. Quizás –sólo quizás-, comenzaba a sentirse nervioso también.
- Si – respondió sincero. Butters enrojeció más si se podía y él sintió la respiración pesada – Bueno, sí. Pero sólo si tu estas bien con eso – terminó mirándole fijo, esperando su reacción.
Kenny hablaba en serio y eso, lejos de aliviarlo, parecía que solo empeoraba su situación aun más. Qué debía hacer.
Hubiera querido tener una respuesta para ello, pero su cabecilla se llenó de todo tipo de pensamientos inseguros, siendo –increíblemente- el perder la amistad de Kenny el que más le asustaba. Porque existía una posibilidad de que – y sobre todo si Kenny estaba siendo serio- se molestara si él se negaba.
En un momento, la imagen de Kyle cruzó fugazmente por su cabeza y se sorprendió pensando que a él no le molestaría besar a Kenny, sobre todo si así podían seguir siendo amigos.
- Butters – le llamó Kenny, alarmándolo al momento y si no fuera porque en esos momento no pensaba con claridad, podría asegurar que el ojiazul lucía impaciente.
- Bueno, yo…- Kenny se acercó, alentado por la carilla insegura de Butters.
Intentó apartarse pero Kenny se acercó otro poco más, acorralándolo entre el respaldo del asiento y su cuerpo. Kenny suspiro suavemente contra su rostro y automáticamente sus ojos azules se fijaron en los labios de Butters.
- Ken… Kenny – balbuceó el rubio, tembloroso, sintiendo la respiración tibia de su amigo en las mejillas y los latidos de su propio corazón desbocados.
- Está bien, Butters – susurró Kenny, demasiado imbuido en ello como para reacción.
De pronto, la idea de besar a Butters parecía demasiado excitante y ahora que le tenía así de cerca, percatándose del temblor de sus labios y la respiración entrecortada, se sentía completamente cautivado como para dejarle ir.
Después de todo seguía siendo un hijo de puta oportunista y un pervertido además y Butters, demasiado lindo.
Sin pensarlo más, se inclinó un poco más sobre Butters cortando la pequeña distancia que les separaba; le vio cerrar los ojos fuertemente y suspirar entrecortado antes de finalmente apretar sus labios contra los del rubio.
Estaba temblando de pies a cabeza y Kenny podía sentirlo. Se separó un poco y observó el rostro contrario, completamente sonrojado; Butters aún no habría los ojos y mantenía la boca cerrada.
Había sido un beso casto e inocente, y sin embargo, a Kenny le había gustado, mucho.
Sus labios se curvaron en una pequeña sonrisa, tragó grueso y suavemente cogió ambas manos de Butters, separándolas y manteniéndolas a los costados de ambos.
- Butters – le llamó rozando peligrosamente otra vez sus labios. El chico abrió los ojos de a poco sólo para encontrarse con los azules de McCormick fijos sobre él – Hey, separa tus labios un poco – le susurró antes de volver a besarle suavemente.
Butters volvió a cerrar sus ojos sintiendo la boca de Kenny sobre la suya nuevamente, enrojeciendo hasta las orejas. De pronto, todo su cuerpo se había vuelto tibio y su estómago hacía cosquillas.
Lentamente separó sus labios dejándose llevar por los contrarios. Kenny había liberado una de las muñecas y su mano fue a dar en la mejilla izquierda del rubio, tomando mayor control de la caricia.
Sus dientes chocaron un par de veces mientras se acostumbraban al tacto del otro; la boca experta de Kenny succionaba con suavidad de los labios de Butters mientras éste intentaba seguirle el ritmo torpemente. Seductor, jugueteó con la boca del inocente chico que parecía incapaz de respirar. Era suave, tibia y había algo demasiado adorable en el hecho de saber que él era el primero en besarle.
Suavemente se separó fijo en la forma de los labios que acaba de besar, aun temblorosos y algo enrojecidos por la caricia. Butters seguía con los ojos cerrados y respiraba silenciosa pero torpemente.
Le soltó el rostro y de a poco, el chico volvió a abrir sus ojos. Kenny le miraba y estaba aún muy cerca de él y sin remedio, le regreso la mirada con el rostro enrojecido y una expresión aletargada.
McCormick le sonrió y se irguió completamente liberándole, sintiendo una excitación tonta. Le miró y Butters hizo lo mismo. Ambos estaban sonrojados aunque Kenny parecía más sereno, sin embargo, el ritmo acelerado de su corazón y ese conocido frenesí que exhalaba su cuerpo, era suficiente indicio para el joven McCormick de lo mucho que lo había disfrutado.
Quizás menos que besar a Kyle y completamente diferente pero, se había sentido bastante bien.
Sonrió con ese último pensamiento y se volvió observando a Butters, enmudecido a su lado.
- ¿Cómo… cómo ha estado? – preguntó algo cortado, sintiéndose extrañamente ridículo con ello y al mismo tiempo agradecido de que Butters no fuera tan intrépido como para preguntarle lo mismo, pues incluso él seguía aturdido.
Butters le miró inquieto y definitivamente mucho más sobrecogido que él.
- No… no lo sé- balbuceo avergonzado, encogiéndose de hombros, sin nada mejor que decir.
El ojiazul se sintió algo decepcionado pues hubiera preferido escuchar un "genial" o por el estilo, sin embargo, aquello también le resulto de alguna manera encantador. Justo el tipo de cosa que se podría esperarse de Butters.
Se levando de su asiento resintiendo de inmediato el viento frío del ambiente, enfriándole el cuerpo y las ideas al mismo tiempo. Miró a Butters desde su puesto en la banca aún con esa misma expresión atolondrada en la cara.
Sonrió levemente acercándose a él.
- Estuvo bien, Butters – le dijo. El chico le miró boquiabierto y ruborizado. Kenny rió y le cogió de la mano tirando de ella para levantarle. Pillado por sorpresa, termino en un segundo parado junto a él – Hey, quita ya esa cara, amigo, haces que me sienta como un hijo de puta – chanceó desordenándole los cabellos y aunque le sorprendió ensimismado, también logró hacerlo reír un poco.
- Vale – murmuró por lo bajo, abrazándose a sí mismo pues igual que Kenny, sentía el aire pesado y frío colándose por debajo de su abrigo.
Aún no terminaba de comprender que era todo lo que acababa de suceder. Era un sentimiento completamente nuevo e inquietante, pero extrañamente agradable. Por momentos todo parecía irreal, la nieve, los arboles, sus manos, la presencia de Kenny. Era como si el viento le picara las costillas. Su cuerpo aún sentía un hormigueo agradable y su corazón marchaba desesperado en su pecho.
Cerró los ojos por un momento y cuando los abrió Kenny seguía a su lado. No estaba molesto y tenía una sonrisa burlesca pintada en la cara y aunque sintió mucha vergüenza también se alegro de saber que podrían seguir siendo amigos. Sonrió emocionado con ese último pensamiento, observando el rostro sereno de Kenny.
- No estuvo nada mal – volvió a repetir el joven McCormick, lanzando una piedrilla a lo lejos. Butters se sonrojó y se colocó a su lado.
- Hey, mira, los chicos ya han dejado de jugar – indicó, observando el campo vacío.
- Si. Parece que comenzará a nevar en cualquier momento, después de todo – indicó mirando el oscuro cielos de South Park. Butters le imitó, tambaleándose un poco.
- Deberíamos irnos nosotros también. Ya es tarde y me estoy congelando, joder – dijo frotando sus manos una contra la otra. El otro sonrió, haciendo lo mismo.
- Lo sé, yo también– convino, sonriéndole. Kenny le imitó, empujándole cariñosamente con su cuerpo antes de comenzar a andar. Ambos conservando la celeridad de sus corazones y los sentidos exaltados.
Se detuvieron frente a la casa de los Stotch, siendo la primera que quedaba en su camino.
La caminata les había relajado y ambos volvieron a sentirse completamente cómodos con el otro avivando ese sentimiento grato.
- Nos vemos mañana – Le había dicho Butters como despedida en el último momento y él, con una sonrisilla en la cara partió.
Kenny McCormick se encaminó a casa recorriendo las mismas calles que ese mañana; cruzó la calle frente a la tienda de antigüedades y dobló la esquina donde se había topado con el grupo de señoritas. No se encontró con nadie esta vez y tampoco pensó en ello. Comenzó a nevar antes de llegar a su hogar y aunque aún le restaba camino, no le importaba. Se sentía optimista.
Y es que podría estar enamorado de su mejor amigo y haber arruinado su relación; podría ser que era un jodido marica y podría ser que al llegar a casa sus padres estuvieran discutiendo y ni siquiera hubiera algo para cenar.
Pero al carajo; mañana sería otro día.
¡Hola!
Siento mucho haberme tomado tanto tiempo para actualizar, pero lo cierto es que antes me fue imposible, lidiando con la escuela y mis examenes finales. En fin. A los que lograron leer hasta el final sin aburrirse, ¡muchas gracias!
Gracias por leer y por escribir, es realmente gratificante recibir sus comentarios.
Saludos y hasta la próxima semana.
