DISCLAIMER: Shaman King no me pertenece, ya lo saben, es de Hiroyuki Takei.

N.d.A: Un beso grande a todos los que siguen mis otros fics de otros anime's y por favor téngame paciencia porque espero acabar con esos fics, y seguir con el resto con tranquilidad. ¿ok? Si pueden darme una manito, se los agradeceré. Onegai.

Glosario:

- Futon: es la cama de los japoneses, se trata de un edredón que se guarda en amarios especialmente dispuestos para ellos, y que se saca durante la noche, pero en el día se doblan cuidadosamente y se guardan allí. ^_^

"Cadenas de amor"

Por Sumire-chan

Capítulo 2: "Descubriendo cambios"

La joven ainu descubrió su estado y volvió rápidamente al agua, sonrojándose profundamente, maldiciendo su suerte por dentro. Por un momento, había pensado que se trataba de un sueño, que Len estaba frente a ella como en sus fantasías por la noche, recordando lo vivido en Fumbari, y que venía a decirle cuanto la amaba, ella se cobijaba en sus brazos y él se hacía dueño de su primer beso. Pero todo eso se borró rápidamente, Len Tao no la amaba, ella lo había escuchado y eso era otra cosa para agregar en su lista de problemas y llantos.

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Pilika estaba limpiando la sala por orden de Anna, habían estado celebrando, nuevamente, la condecoración de Yoh como Shaman King, y todo estaba patas para arriba en la pensión. Su hermano estaba ebrio tirado boca abajo sobre su futón roncando sonoramente, Tamao lavaba una gran cantidad de platos, Yoh estaba viendo la televisión junto con Anna en su habitación, procurando no hacer mucho ruido, y Len estaba sobre el sofá junto a ella, sentado, aparentando dormir.

- Len, levanta los pies, por favor - pidió ella con la escoba en mano.

- ugh... niña molesta... - se quejó.

- escúchame, tengo que barrer - fue su excusa - Anna me lo mandó, así que si tienes alguna queja vé y dísela a ella, está en su cuarto viendo la televisión.

Ella sabía que nadie se atrevería a interrumpirla cuando estaba frente a su querido aparato y con Yoh, eran sus pocos momentos de intimidad, además, ellos festejaban a su modo el triunfo del menor de los Asakura.

- está bien - bufó - eres una niña muy insoportable, así como eres nadie se querrá casar contigo.

- si es alguien como tu prefiero quedarme soltera de por vida - comentó ácidamente barriendo donde quería - además, no es algo de tu importancia.

- por supuesto que no, a mí no me interesa nada sobre ti.

Y se fue. Ese comentario realmente le había dolido, dejó la escoba a un lado y se sentó en el sillón sumiéndose en sus pensamientos mientras oía al shaman chino entrar a la cocina y abrir la heladera, en busca de su leche seguramente.

- ¿Se encuentra bien, joven Len? - escuchó a Tamao preguntar.

- sí, sólo que esa chica mimada me ha quitado mi poco sueño - comentó aparentemente enojado.

- oh... era eso... sabe... dicen que los que se pelean se aman... no vaya a resultar que sus conflictos son por algo más.

- ¿yo? ¿Enamorarme de esa chiquilla? Ja, ja, ja, jamás.

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Al día siguiente, ella y su hermano estaban partiendo nuevamente a Hokkaido, por un tiempo ella había pensado, se había ilusionado, conque Len sí sentía algo por ella, y el descubrirlo de esa manera era un golpe que no había podido superar, por eso había insistido en regresar a su hogar. Con sus recuerdos del shaman chino en su mente le había costado bastante, todo en su corazón le hacía recordarlo, al entrar en su cuarto también, llevaba consigo el hermoso y gigantesco oso de felpa que él había ganado para ella en una feria a la que habían ido todos. Ella guardaba de ese día no sólo el muñeco si no también un par de fotos que había tomado, eran varias y un tesoro, especialmente las de él.

Despertó de sus pensamientos, cuando Tao volteó sintiendo la sangre subiéndole al rostro.

- quédate así - le ordenó - que quiero ponerme la ropa.

Se acercó nadando hasta la orilla, estiró una mano para tomar sus vestimentas y rápidamente dejó su estado de desnudez, colocándose sus abrigadas telas, sin dejar de mirar al shaman. Él parecía bastante descubierto con un traje chino de tiras entrelazadas sin mangas y unos pantalones negros ajustados que jamás parecía sacarse, atados a su cuerpo por una cinta blanca. Llevaba sus típicos brazaletes y su remera dejaba ver un poco de su tersa piel, el vientre totalmente liso. Tragó saliva varias veces sintiendo como quemaba el líquido al deslizarse por su garganta.

- ¿Porqué estas aquí? - le preguntó vestida finalmente - ya puedes voltear.

- Se levantó de pronto una ventisca y quise llegar a un lugar seguro, porque ya me había alejado bastante de tu casa, este me pareció el mejor sitio - mintió. En realidad, él no quería seguridad, la quería a ella.

- B-bueno, tengo que salir a ver - se alejó de su lado y el sintió como su corazón se normalizaba pero aún así un inmenso vacío se profundizaba en su interior.

Por un lado, el tenerla cerca le parecía aterrador porque tenía ese deseo de besarla, de acercarla a él y que ella aparentase amarlo por lo menos, para que su alma se contentase con escuchar su nombre pronunciado por ella, y sabía que todo eso era imposible, así dolía más. Y por el otro, el no tenerla le hacía arder el pecho en llamas, sólo quería buscarla para encontrarla y verla, simplemente verla y que luego le ocurriera todo aquello. Quizás era muy contradictorio de su parte el desear dos cosas totalmente opuestas, pero eso demostraba que su amor era mucho más intenso de lo que había llegado a pensar, que no era sólo una atracción a una mujer aparentemente frágil pero segura, apasionada, era que amaba todas esas cualidades de ella.

La vió alejarse, su cabello celeste húmedo caía en sus espaldas mojando sus ropas, era posible, que produciéndole frío, tocaba sus mejillas mojándola tenuemente y le daban un aspecto mucho más bello. Sus ropas estaban mojadas también, apegándose a su cuerpo pequeño, que había cambiado demasiado en esos años, mucho más desarrollado. Ella podría coger un resfriado si seguía con esas vestimentas mojadas, pero tampoco accedería a marcharse con la tormenta que se había acercado, aunque su salud dependiese de ello.

- es cierto - aceptó regresando - se acerca una peligrosa tormenta, lo mejor es permanecer aquí hasta que pase.

- perdón - dijo quedamente Tao.

- ¿cómo?

- siento haber llegado así, no sabía que estabas aquí.

- no te preocupes - sonrió - has cambiado Len Tao, el shaman que yo conocía no pediría perdón aunque se estuviese retorciendo de dolor.

- todos cambiamos.

Los dos se acercaron a la orilla del agua que emanaba una profunda calidez, se sentaron el uno frente al otro, rompiendo las barreras que se habían empeñado en construir alrededor de sus corazones.

- tu también has cambiado - le comentó - ya no eres la niña que conocí, ni muchos menos... tan obstinada como antes, estás mucho peor.

Ambos rieron.

- es posible, me han sucedido muchas cosas como para hacerme cambiar, el carácter de cada uno se forja dependiendo las situaciones que afronta. - explicó la ainu con sabiduría - pero tú... ¿porqué has cambiado tanto?

- perdí muchas cosas... - confesó bajando la vista y viendo como el agua termal corría levemente - "principalmente a ti" - pensó - ... mi madre murió también, yo pensé que no dolería tanto cuando llegase el momento. Porque te juro que llegué a pensarlo, sin embargo, sí dolió. Mi hermana se fue de casa, ella y Lee Bruce Long están viviendo en un departamento.

- ¿de verdad? ¡No puedo creerlo!

- yo tampoco, ella parece feliz pero mi padre le ha desconocido totalmente por casarce con su propio espíritu acompañante - miró al cielo con desgano - no creo que fuera lo más correcto, pero él pensó que estaba obligándola a volver. Eso no pasó y quedó desconocida. Pero sabes... es feliz, ama a Bruce Long y creo que se necesitan mutuamente.

Pilika lo miró comprensiva, realmente ese no era el Len de antes, había cambiado, la muerte de Ran Tao debió afectarle como a ella, y también la lejanía y desconocimiento de su hermana, que ya no estaba junto a él como antes. Entristeció un poco, pero él no tenía que sufrir como ella, porque su amor no había sido correspondido y luego sus padres habían muerto frente a sus ojos.

- ¿y tu? ¿porqué has cambiado tu carácter?

- bueno, ya te conté que mis padres han fallecido, frente a mis ojos por tratar de protegernos a mi hermano y a mí de una tormenta de nieve, él estaba inconsciente porque había usado mucho su posesión de objetos para escapar, así que no vió nada. Mejor así.

- se hubiese vuelto loco - comentó.

- sí, habría sido duro para él. - aceptó con dolor - mi hermano es un ser bastante frágil, aunque intente hacerse el duro - le explicó - "Así... igual que tú, que te escondes bajo la frialdad pero tienes un corazón bajo esa mata de seriedad, de ese me enamoré, de ese Len... aunque... intente negarlo" - pensó sintiendo las mejillas calientes.

- Pilika...

- ¿qué?

- siento mucho como te he tratado - se arrepentía a cada momento - cuando estabas en Fumbari también. Sé que suena ridículo, porque han pasado años de eso, pero realmente no debí portarme así contigo.

¿Ridículo? Si le parecía la cosa más dulce y aliviante que le habían dicho en años. Después de todo, era posible que él no quisiera dañarla aquella noche, y que todo lo que había escuchado había sido un malentendido. Sonrió ampliamente, aún tenía una oportunidad.

- ya ha pasado, Len - comentó sin darle importancia aparentemente.

- ¿Porqué ya no sonríes como antes? - le preguntó bruscamente, sacando las palabras del fondo de su corazón.

- ¿Qué?

- Antes sonreías siempre, no dejabas de lado tu felicidad, creo que todos han notado tu cambio, Tamao especialmente porque si no me equivoco es tu mejor amiga - comentó como sabiendo mucho.

- como ya te dije... todos cambiamos.

Y sólo para él le sonrió, haciendo que Tao se sintiera el hombre más afortunado del mundo.

- ven, quiero mostrarte algo.

Como un acto de reflejo, tomó la mano del shaman y lo condujo por entre los árboles verdes suaves, que les rozaban con sus ramas gruesas, podía verse la luz del sol penetrando por entre ellos, proveniente del otro lado del bosque, tiñendo todo de un rojizo matizado en anaranjado que daba a las hojas verdes otro color.

Le llevó hasta el final de bosque donde descubrió que la formación se encontraba en una montaña, de la cual se podía bajar por una ladera, llegando a una plantación de arroz, un campo sembrado con otras legumbres, y un gran pastizal con flores y un arroyo que corría libremente mucho más allá, llegando a quien sabe dónde, pero que seguramente se unía a las aguas de la cascada. A Len le pareció un poco improbable, ya que si las aguas eran así de calientes los aldeanos no podrían utilizarlas en caso de sequía y esas tierras no eran muy lluviosas en apariencia.

- es la tribu vecina - le explicó Pilika señalándole un conjunto de casas de maderas bien construidas y aglomeradas alrededores de unos caminos - son personas muy amables, lo sé porque he tratado con varias, pero no nos permiten entablar conversaciones con ellos.

- ¿porqué?

- porque aún no tenemos la edad, mi hermano sí y es muy amigos de los chicos que vienen de vez en cuando al pueblo, pero yo no puedo porque sólo tengo 19 años, cuando llegue a los 20 podré.

- son costumbres extrañas.

- sí, lo sé - dijo mirando los campos - aunque nos permiten caminar por sus tierras, como ellos lo hacen por las nuestras, sé ir por allá durante las mañanas, los pastizales son campos inmensos con flores de diversos tipos y he comenzado a estudiarlas junto con Koloro. - le contó - bueno, vamos, se hará de noche y no podemos pasarla aquí, las ventiscas si llegan hasta el bosque cuando el sol se oculta.

- está bien.

La ainu se adelantó observando la situación, mientras el shaman observaba por última vez la cascada y la maravillosa vista que era para sus ojos dorados.

- oye, ¿podremos volver por aquí mañana?

- claro, si me acompañas en mi paseo matutino te enseñaré un atajo que llega directo hasta casa, porque aunque lo tomaremos ahora, no creo que se vea mucho, ya comienza a oscurecer- le explicó subiéndose a su snowboard - ¿listo?

- vamos ya, Hoto-Hoto va a matarme.

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Precisamente, el ainu regresaba a la casa con Tamao bastante feliz caminando a su lado, el cielo comenzaba a teñirse de un azulado oscuro y pronto terminaría de anochecer por completo.

- oi, tiene razón, joven Horo es hermoso ver desde aquí las estrellas - comentó ella parándose bruscamente y observando las pocas luces que comenzaban a aparecer lentamente - ¡estoy ansiosa por ver la lluvia de estrellas! ¿A qué hora dijo que era?

- por favor, Tamao, ya te dije... soy Horo nada más y deja de llamarme de usted - se quejó exasperado - faltan unas horas, tenemos tiempo de cenar.

Entraron en la casita donde Anna e Yoh bebían tranquilamente un té.

- ¡Hola's! - saludó contento el ainu - oigan, ¿no se aburrieron todo el día aquí?

- ¿y quién te dijo que estuvimos todo el día aquí? - le preguntó Anna sonriéndole heladamente.

A pesar de todo, la itako se había soltado mucho en esos tiempos, Yoh iba logrando todo poco a poco, siempre brindándole todo su amor, su carácter ácido se iba ablandando aunque siempre le gustaba lanzarle a alguien uno que otro comentario gélido, porque adoraba esa expresión de fuera de lugar que ponían.

- ¿ah no se quedaron aquí? - contestó Horo evadiendo las palabras de Anna - ¿Por donde anduvieron?

- Yoh estuvo entrenando un poco más allá por las montañas - comentó la itako sirviendo un poco más de té en una taza y dándosela a Tamao que se sentó a su lado, luego acercó la tetera hacia el shaman norteño - y luego anduvimos por el pueblo, la gente nos ha atendido muy bien.

- sí, Annita y yo estuvimos viendo que tienen tiendas mágicas - aseguró Asakura - y muchas cosas para ser un pueblo alejado en las montañas.

- ah en eso no te equivocas, no sé cuál es la razón, pero estamos muy avanzados en lo que respecta a las demás tribus - explicó - ¿y mi hermana?

- ni ella ni Len han regresado - le comentó Yoh.

- ¿qué? Pero si ella sabe que cuando cae la noche tiene que regresar porque es muy peligroso, niña arriesgada.

Tamao le siguió hacia la cocina mientras él continuaba sus protestas porque su hermana nunca recordaba sus consejos ni le hacía caso en lo que él le decía, ella sólo sonreía, asombrada de que no se preocupara porque estaba con el 'chinito aprovechado' como él solía llamarle cuando eran niños y lo veía cerca de su hermana menor. Realmente, Horo Horo no era el mismo de hacia años.

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Pilika y Len condujeron sus tablas hacia la misma colina por la que el chino se había lastimado, y agradeció por dentro el haberse herido aquella mañana, si no jamás hubiese recibido los cuidados de la norteña.

- sólo... ten cuidado - le pidió ella deslizándose suavemente, él la imitó.

Ella le sonrió al verlo junto a ella cuando se detuvieron frente a la casa, habían llegado bastante bien después de todo y su conocimiento de las montañas por fin había dado fruto, se había desenvuelto bastante bien para llegar a su hogar, conocía cada recoveco entre las colinas y cada piedra que podía dificultarle el paso.

- cuando hayamos cenado te voy a volver a curar la herida - le avisó tocándose su propia frente con el dedo índice - para que no se infecte.

- bien, ahora entremos, quiero recibir cuando antes los reclamos de tu hermano.

La ainu rió y abrió la puerta lentamente, esperando escuchar...

- ¡¡Al fin llegas!! - exclamó el norteño con enfado y cierto sarcasmo en su voz - pensé que te quedarías por siempre en ese refugio extraño que tienes.

- ¡no es extraño! Y tampoco de tu incumbencia... - le aspetó mientras colgaba su saco en un perchero de madera de detrás de la puerta y tomaba el de Len que se acercaba a la mesa sigilosamente, intentando en vano pasar inadvertido, estaba claro que lo vería.

- pero hermana - protestó bajando los decibeles de su voz - sabes bien que cuando cae la noche es difícil volver a casa, y mucho más es peligroso, porque cualquier cosa puede salir de la oscuridad y atacarte.

- ¡nada nos atacó! Ni lo ha hecho nunca cuando he llegado de noche a casa.

- cuando algo te pasé ya te acordarás de mí - masculló él entrando en la cocina - ¡ya vamos a cenar!

- ¿otra vez dejaste que Tamao hiciera la cena? - le preguntó la ainu llevando sus manos a su cintura.

- yo me ofrecí, Pilika - le explicó la pelirosada y dejó varios platos sobre la mesa - vamos, debe estar muy rico, Horo consiguió una carne muy buena cuando estábamos de paseo y además la fruta es fresquísima.

- ¿es una receta nueva? - preguntó Pilika probando una salsa.

- sí, la encontré en un libro viejo.

- luego me la pasas...

La cena transcurrió, para variar, bastante normal, incluso Horo pensó que había regresado a la época en que ellos vivían en la pensión, las típicas peleas con Len Tao para lograr la mejor porción de comida, Yoh comiéndosela mientras ellos luchaban y su hermana tratando de controlarlos a ambos. Anna sólo les observaba y comía pacíficamente, quizás algo malo le sucedía mientras, Tamao sonreía ante sus locuras.

Anna estaba mucho más callada de lo normal, generalmente solía golpearles por esas ocurrencias. Cuando devoraron la mayor parte de la comida y quedaron satisfechos con ella, las tres mujeres comenzaron a levantar la mesa, así estar listas para ver la dichosa lluvia de estrellas. Así, Pilika aprovechó para interrogar a la itako.

- ¿te encuentras bien, Anna? - preguntó secando un plato cuidadosamente.

- sí, sólo que... - dudó, ¿estaría bien decirlo? - estoy preocupada.

- ¿Porqué? ¿Ha pasado algo malo?

- es por el compromiso, ¿no es así? - intervino Tamao sin voltearlas a ver, siguiendo con su tarea de lavar los platos.

- sí, se acerca la fecha para casarnos.

- ¡¿de verdad?! - exclamó la ainu - no me digas que no amas a Yoh y estás arrepentida de ser su prometida.

- ¡No! - negó en el acto - no es eso, yo sí amo a Yoh y quiero casarme con él, pero aún así... tengo miedo, de no ser lo que él espera. Tamao no podrá vivir con nosotros siempre, ella también hará su vida y yo tendré que ser una ama de casa.

- oh... era eso.

Las dudas de la itako parecían bastantes simples, pero al contemplarlas a fondo, era seguro que eran dudas muy convincentes, el casarce no era una decisión para tomar de un momento a otro, cuando los involucrados eran niños. Ya, que no lo eran, se veía desde un distinto punto de vista.

- yo creo que deberíamos hablar con Yoh -comentó Pilika - ah! ¿Puedo pedirte un favor?

- sí, claro...

- es que yo quería que...

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Yoh extendió una mano para que Horo subiese al techo junto a él, Len ya se las había ingeniado para sentarse sobre una manta que sorpresivamente había encontrado arriba, seguramente era de la ainu. La estiró un poco más, de modo que estuvieran todos sobre ella. Luego bajarían junto a las muchachas pero la quietud y tranquilidad que les embriagaba allí arriba eran sentimientos que no querían cambiar por nada.

- ¡¡chicas apúrense!! - gritó el ainu peliazulado bajando nuevamente, y asomándose por la puerta principal - va a suceder y ustedes estarán acá cuchicheando.

- ay, ya cállate hermano - le regañó Pilika empujándolo para unirse al resto.

Sus ojos azulados claros se fijaron en la inmensidad de la bóveda negra, era casi un azulado intenso muy oscuro y las estrellas, luces brillantes desperdigadas por toda ella. Era un espectáculo que no dejaba de sorprenderla, a pesar de que lo observaba todas las noches, solitariamente. Ahora, tenía más personas con las cuales mirarla.

Anna y Tamao salieron segundos después, más abrigadas de lo que ya estaban.

- sabes, Pili - dijo con dulzura la pelirosada sin que nadie la escuchara, acariciaba la bufanda con cariño - jamás te lo dije, pero gracias por este obsequio, me gusta mucho.

- no hace falta - aseguró la ainu sentándose sobre la nieve mojada.

- vas a mojarte - le advirtió una voz a su lado, era el chino.

Ellos estaban a punto de comenzar una conversación, momento que aprovechó Tamao para alejarse un poco y sentarse sobre un tronco viejo sin rastro de nieve, apenas unos leves tintes blancos. Lo sacudió un poco y respiró profundamente observando el cielo sentada desde allí.

De pronto, como si fueran fuegos artificiales, pero esta vez, naturales, comenzaron a caer las estrellas en una dirección desconocida. Las chicas cerraron sus ojos, fieles a la creencia de pedir un deseo y ellos simplemente las miraron, atentos a ver si podían descubrir sus pensamientos, quizás ellos mismos podrían cumplir sus necesidades.

- ¡es hermoso! - exclamó la pelirosada saliendo de su mente - oh Horo, tenías razón.

- sí, me alegro haber estado navegando en Internet.

- yo también.

Definitivamente, el espectáculo que daban los hombres en época de festividades no se comparaba con la tibieza y la belleza de los juegos de la naturaleza. Era simplemente una sensación maravillosa las que los incitaba cuando esos tipos de espectáculos sucedían.

Segundos después, acabó. Anna e Yoh entraron en la casa, parecía que la rubia no se sentía del todo bien.

- ¿Qué pasa Annita? - preguntó preocupado.

- a mí nada, ¿a ti?

- tampoco, pero te veo angustiada, ¿hay algo que te intriga o...? ¿te sientes mal?

- no, Yoh, sólo quiero dormir - le cortó caminando en dirección al cuarto.

- pronto estará bien - aseguró Tamao siguiéndola, a su lado Horo también había ingresado en la casa, comenzaba a tener frío y sueño, además aunque le molestaba dejar a su hermana sola con el chino, prefería hacerlo, quizás ellos tenían que conversar.

- Tamao está muy cambiada, ¿no lo crees? - le preguntó el shaman King al ainu.

- si, ha cambiado mucho, pero sabes... no me desagradan esas nuevas reacciones que muestra, es más... me gustan - confesó horo con cierta pena - pero, ¿qué le pasó a Anna?

- no lo sé, no quiere decirme... pero te aseguro que voy a averiguarlo.

Fin del capítulo

Uya, ¿Qué les parece este Yoh? ¿no es divino? Jajaja. Bueno, espero que les guste el fic, y que me sigan dejando sus reviews, en este caso tengo 3 hermosos mensajes:

Keiko-sk: ya me esperaba tu review, amiga, graaaaaacias. Lo sigo gracias, y espero seguir contando con tu apoyo en ambos fics de Shaman King.

Emi Tachibana: gracias, cuñadita, en realidad, cometí el error de subirlo cuando tengo tantos fics, pero no me aguanté la tentación XP. Además, me encantó como fue quedando cuado lo comencé a hacer una noche en que no podía dormir. En fin, espero que te guste y me dejes tus comentarios y como todos, tus críticas constructivas, y bueh! Te veo por MSN. Ja ne.

Indhira Morillo: me alegro que te guste tanto ^_^ espero que no te defraude e intentaré actualizarlo lo más rápido, es que v_v tengo muchos fics... no puedo con todos. ¡¡Un beso!! JA NE.

¡¡Eso es todo amigos!! ^____^

Sumire-chan J

Naitemo iiyo donna kanashimimo tsubasa ni kawarunosa sono mune de