Cap. 2: Desayuno

Las hojas se estrellaban con fuerza contra las ventanas del departamento dentro de éste no existía ningún otro sonido. Rarity y Spike desayunaban silenciosamente en la gran mesa del comedor, sumergidos cada uno en sus pensamientos. La incómoda situación no permitía que se miraran a los ojos, por más que ambos quisieran hacerlo.

Por esas casualidades y coincidencias de la vida, ambos suspiraron melancólicamente, logrando sorprender uno al otro. Ambos soltaron una pequeña risa y fijaron sus ojos finalmente.

- ¿Y ese suspiro, bonita? – preguntó Spike sin borrar su sonrisa.

- No creo que te interese… - Rarity desvió su mirada y la fijó en una de las ventanas. – Tampoco me llames "bonita", porque no tienes ningún derecho a llamarme así.

- ¿Y acaso anoche no tuve todos los derechos sobre ti? – Spike levantó una ceja y sonrió traviesamente.

- ¡Spike! – exclamó Rarity mientras volvía a mirarlo, esta vez sorprendida y molesta.

- ¿Qué? Si es verdad…

- ¡Pero no tienes que andar diciéndolo a los cuatro vientos!

- Geeez, tranquila, Rarity. Tampoco es que todo el mundo se vaya a enterar de lo que pasó…

- ¿Y si se te escapa mientras hablas con tus amigos? Oh… ¡No sé! ¿¡Y si simplemente alguien se entera! – Rarity enterró su rostro entre sus manos y suspiró pesadamente - ¿Qué es lo que he hecho?

El silencio se apoderaba una vez más del cuarto, mientras Spike miraba con preocupación y remordimiento a Rarity. ¿Por qué aceptó ir al departamento de ella, sabiendo que no debía? ¿Acaso no podía simplemente dejarla en paz para que fuera feliz? ¿No era eso lo que él quería? Que ella fuera feliz.

Spike se acercó hacia la mujer de morados cabellos y la abrazó. No sabía que más hacer, sino consolarla. Si debía desaparecer de su vida para hacerla feliz, lo haría. Sin importar nada, ni siquiera él.

Rarity levantó lentamente su cabeza y la apoyó en el brazo del joven. Una lágrima solitaria corrió por su rostro mientras volvía a suspirar. ¿Por qué a ella? De todas las mujeres del mundo, decidió amarla a ella. ¿Por qué? Una mujer casada durante cinco años con un diplomático, era su profesora, nueve años mayor que él y aún así, decidió amarla. Y no poder corresponderle el sentimiento por estar felizmente casada…

Rarity volvió a agachar su rostro y pensó: "¿Soy realmente feliz? ¿Esta es la vida que quiero? Un marido ausente, sueños frustrados, resignada en este lugar para siempre…"

- ¿Estás bien, bonita?

Rarity fijó su mirada unos breves segundos en los ojos preocupados del chico y luego sonrió.

- Estoy bien, Spike. Gracias por preocuparte de mí.

- Entonces, ¿por qué lloras? – preguntó el joven de cabello verde mientras secaba una lágrima que bajaba por la mejilla de la mujer.

Sus miradas no se despegaron en ningún momento. Ambos buscaban leer el pensamiento del otro, decirse mil cosas sin hablar, vivir en ese segundo para siempre.

- Tengo miedo de enamorarme, Spike. Mucho miedo… - susurró la mujer con tristeza. – No quiero, realmente no quiero…

- Podemos ser felices juntos, bonita. ¡Te juro que puedo hacer de ti la mujer más feliz del universo! Y-yo estoy dispuesto a todo por ti. ¡En serio!

- Spike, por favor. Ve a tu casa, duerme un poco. No debes estar aquí. – dijo Rarity mientras acariciaba tiernamente la mejilla del muchacho.

- Pero quiero estar aquí, contigo. Para siempre.

- Pero no podemos, Spike. – dijo la mujer con la voz cortada, mientras las lágrimas volvían a caer por su rostro. – No podemos… Por favor, vete. Necesito pensar.

Rarity se levantó del lugar en donde estaba y se dirigió a la puerta, para después abrirla, invitando, con un gesto, a que el joven se fuera. Spike se acercó apesadumbrado hacia el umbral y antes de salir por éste dijo:

- Al menos, dame una oportunidad para hacerte feliz.

Rarity abrió su boca para decir algo, pero antes de que pudiera, el chico la besó y se fue sin dejarle decir nada.

- Pelea, Spike. Por favor, por lo que más quieras. Pelea por mí.