NADA DE ESTO ME PERTENECE, ES DE NICK, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO HISTORIAS.
Hola de nuevo! Me alegro mucho poder saludarlos pronto. No puedo asegurar que todas las actualizaciones sean así de rápidas, pero por el momento y la emoción, lo fueron :)
Muchas gracias por todas las alertas, los favoritos y los comentarios que me han dejado ¡Es tan motivador ver que les gusta el proyecto! No tienen idea la sensación tan especial que te recorre por el estómago cuando abres tu correo y ves todas esas alertas... es simple y sencillamente maravilloso ¡Gracias!
Comentarios:
Nieve Taisho: ¡Que bueno que te ha gustado! :D Del mismo modo, espero que este capítulo te siga gustando. Actualicé rápido solamente por ti xD
CaFanel: muchas gracias, lo sé, el capítulo anterior y aun éste capítulo será triste. Los demás tendrán algo más de acción y romance.
paulishottitanesca: (primero, perdón por poner tu nombre sin los puntos, pero no sé porqué el editor me borra todo el nombre cuando quiero actualizarlo) ¡Muchas gracias! de igual manera, te deseo lo mejor.
KIrA-ChAn-ItZeL-SaMa HoShI KoU: espero que siga siendo interesante toda la historia :P
Kaxiribra: Muchísimas gracias por leer no solo éste ficm si no otros míos y opinar tan bien de mis escritos. Es bueno saber que disfrutas todo lo que hago precisamente para eso, tu deleite. Espero encuentres éste capítulo igual de agradable.
ADVERTENCIA.-Muerte de un personaje. Capítulo triste.
Capitulo 2.
La Carta de Aang.
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Korra entró en su recámara con la luna llena alumbrando toda la habitación. Bastó agitar un poco la mano para que las veladores de prendieran. Aunque hubiera electricidad en el Templo, las velas seguían presentes en zonas y habitaciones especiales donde los recintos eran considerados tan sagrados que la sola idea de modernizarlos escandalizaba a los Monjes y Acólitos.
Ella lo aceptaba así. Desde el encuentro con Aang cuando le devolvió sus poderes, que se conectó al fin con su parte espiritual, podía entender muchas más cosas que antes. Comprendía, por ejemplo, todos los rituales de los Maestros Aire. Su Aire-Control, bajo enseñanzas de Tenzin, se volvió más fluido, más natural y más poderoso.
Sentía ahora las palpitaciones de todos los seres vivos. Aún de los inanimados. De repente, animales, plantas, estrellas, luna y océanos respiraban en armonía al unísono. Todo conectado. Todo enredado en fibras demasiado fuertes y a la vez hermosas, que se balanceaban entre ellas por fuerzas superiores.
Y ella era la suprema de todas esas fuerzas. La Justicia y el Equilibrio encarnados en persona. Ella era el Espíritu Avatar, destinado a que toda la armonía del mundo mantuviera su curso y así, los humanos, desarrollarse en paz.
Nunca antes estuvo tan afín con su misión de ser el Avatar. De niña, la pasión y el asombro de poder dominar a su voluntad los elementos desató la competencia y carácter más dinámico de su persona. Ella los dominaba a la perfección, el agua, el fuego y la tierra. Como decía Katara, era bastante fuerte en espíritu, no así en espiritualidad.
No entendió esa frase a los catorce años. Ahora, a punto de cumplir los dieciocho, sí.
Amón, con sus deseos, había forzado a que la joven Avatar saliera del lugar donde estuvo recluida para su entrenamiento toda la juventud. Su ansia de libertad y deseo de conocerlo todo dominó su misión los primeros días que estuvo en Ciudad República. Al volverse las cosas cada vez más desesperadas, no pudo hacer menos que recriminarse a sí misma para actuar con mayor madurez.
Pero ¿Qué madurez? Era una chica. De diecisiete años. La respuesta sonaba simple: la madurez de los Avatares anteriores ¿Y cómo podría contactarse con ellos? Korra jamás dominó una sola ventisca de viento porque para dominar el aire, primero hay que dominar el espíritu. Y ella no podía encontrar dentro de sí su verdadera esencia. Ella aún no dominaba la parte espiritual de su naturaleza, ni la conocía siquiera.
Katara no se preocupó por eso. Recordando a su difundo marido, que a los doce años tenía la vitalidad espiritual más desarrollada que jamás vio en otra persona alrededor del mundo, comprendió que la nueva Avatar chocara con esa parte que su antecesor manifestó plenamente desarrollada. Korra debería aprender lo que Aang dominó casi desde su nacimiento. Pues a Korra se le hizo demasiado fácil dominar el cuerpo que Aang tardó años entrenando en preparar.
Y Tenzin fue educado desde su juventud, que ya era Maestro, a enseñarle todos esos misterios a Korra. Katara confiaba plenamente en su hijo menor, que de todos era el que más aspectos y cualidades heredó de su esposo. Era casi como verlo, aunque no del todo. Tenía también rasgos de ella ¿Y cómo no si era su madre?
Cuando Korra entró en contacto con su espíritu, entrando en el Estado Avatar, pudo sentirlo. Ese intenso poder recorrer su cuerpo, las almas y las habilidades de todas sus vidas pasadas regresando para tomar posesión de un alma en común. La sabiduría milenaria, los recuerdos ancestrales y el poder insuperable de todos los elementos sometidos a dos simples manos, creadas desde los inicios para forjar con esas habilidades el destino y la paz del mundo.
Todavía le costaba mucho meditar seriamente, hablar con Aang era algo que no conseguía de una forma sencilla, solo una vez pudo contactarlo en todo ese tiempo y fue tras una tarde entera de privaciones para que pudiera, al fin, centrar su mente. Ni qué hablar del Mundo Espiritual. Ella estaba consciente que cruzar a él representaba, en esa etapa de su vida, un sueño guajiro.
Pero mantenía sus esperanzas, porque cada vez que sentía los rayos del sol, o que escuchaba la caída de una cascada, podía sentir las vibraciones y la energía de todos los seres vivos. Sus amigos, ahora más importantes para ella, se habían transformado en pilares que la sostenían. Y Ciudad República, hermosa y majestuosa, se alzaba frente a ella reclamando seguir protegida por su persona.
Korra miró las llamas tiritar en las veladores blancas, colocadas en un buró al lado de su cama. La habitación estaba escasamente iluminada, pero veía bien, con todo. Recordaba aún los sucesos ocurridos pocos minutos atrás, cuando la Maestra Katara, luciendo la más alegre y melancólica sonrisa, entregó todos esos obsequios.
¿Qué estaba pasando? Korra conocía muy bien a la maestra, por todos esos años que estuvieron juntas. Pero la joven Avatar no sabía que ella compartía con Aang más cosas que el dominio de los cuatro elementos y el deber de mantener la paz. El Espíritu Avatar, que rencarnaba constantemente, llevaba consigo las emociones más intensas de los cuerpos que habitó.
Y la emoción más intensa de todas era el amor. Tanto a la persona amada como a las amistades. No por nada Gyatso, de los mejores amigos de Roku, fue un consuelo, padre y confidente de Aang. Era la amistad, que trascendía la muerte.
Del mismo modo, el nivel de empatía y de cariño que Korra le profesaba a la maestra agua tenía mucho más que ver con conocerla de toda la vida. Era parte de esos sentimientos que heredó gracias a Aang. Como el afecto casi inmediato que sintió por Tenzin y los hijos de él con Pema. Como la empatía instantánea hacia Bumi. Hacia Kya.
Korra sabía que Katara les ocultó algo, pero no quiso pensar más en eso. En sus morenas manos sostenía la cajita de madera donde estaban los pergaminos que Aang le escribió antes de morir. Claro que fue una sorpresa recibirlos. Jamás se espero algo como eso, pero le reconfortaba. Al parecer, Aang ya sabía lo mucho que le costaría comunicarse con él en el Mundo Espiritual.
La caja temblaba en sus manos. Korra estaba ansiosa por saber qué estaba escrito en ella. Pero tenía que esperar. La paciencia, que Tenzin mucho batalló y seguía batallando en desarrollarle, clamaba por ser usada en ésta ocasión. Una voz en la parte posterior de su mente exigiéndole que leyera hasta después, al día siguiente, cuando más la necesitaría.
Korra había aprendido a creer más en su instinto que nunca antes. Y fue por eso que dejó la cajita en el buró, contemplándola brillar bajo la luz de la vela, y apagó el fuego. Todavía se colaban rayos blancos de la luna a través de la ventana; la Maestra Agua sentía sus poderes acrecentar solo con la presencia de ese astro.
Cerró los ojos, dejándose caer en la cama. La sensación de que algo estaba mal inundándola de pies a cabeza. Pero antes de que pudiera hacer algo… nada.
-o-
Era de esas mañanas en que con solo respirar el aire y sentir el rededor, sabías que determinaría un cambio crucial en tu vida ¿Positivo o negativo? Eso se tendría que ver conforme el sol avanzara en su jornada diaria atravesando el cielo azul.
Mako miró a su hermano dormir en la cama, mientras él, vestido y sentado, veía el amanecer por la ventana y pensaba en qué diantres estaría pasando. Se puso de pie, caminando hacia la salida. Miró nuevamente a Boilin roncar y tras asegurarse de que estaba a salvo—un hábito que no había pensado quitarse hasta ahora—se fue.
Caminó por los pasillos hacia el balcón más cercano. No estaba nada lejos, doblando el pasillo, tres pasos y listo. Era amplio y tenía la vista panorámica más cercana y majestuosa de la estatua en honor al Avatar Aang. Se veía alta, imponente, de un perfil que exigía respeto.
"La gente suele subestimar a nuestro padre" había dicho Bumi el día anterior, como so quisiera demostrarlo más allá de mencionarlo "No solo era el Avatar, era un ser humano"
De alguna manera, no le costaba creerlo. Derrotar a Amón supuso un estallido popular a favor de Korra. La adoraban y no cesaban de alabar a su nueva Avatar, tan bella y especial; tan poderosa y audaz. Pero ¿Qué había de esa chica apasionada y juguetona con la que paseaba, en el crepúsculo?
—Majestuoso ¿Eh?—le interrumpió una voz femenina y familiar a sus espaldas, mientras escuchaba los pasos acercándose hasta él.
—Asami—respondió, a modo de saludo, dedicándole una sonrisa de buenos días—¿Has dormido bien?
Pero ella no lo miraba. Tenía su vista perdida en la estatua del Avatar Aang, como si su mente volara a unos recuerdos que, claro, Mako no podía presenciar. Los brazos cruzados a la altura del pecho, de pie firme y casi altanera, su negra y espesa melena caía encima de sus hombros realzando las estilizadas facciones de su rostro. Toda una belleza.
Pero no para él.
Fue un poco difícil al principio, pero más para él que para ella. Asami había comprendido muy pronto que los sentimientos de Mako por Korra eran demasiado intensos para seguir lidiando contra ellos. Y ella quería un hombre para ella sola, no que luchara constantemente contra sí mismo por quererla. Lo que tuvieron al principio, fue hermoso, y atesoraría siempre esos recuerdos.
Por eso no hizo mohín alguno cuando supo la relación entre Mako y Korra. Ella habló seriamente, con los dos. A Mako le dijo que siguiera adelante, pues ella también lo haría, y que como amigos podrían ser incluso más unidos que antes. A Korra, que siempre la estimaría como una gran amiga y que cuidara de él. Eso fue todo, y por su buena y amable actitud, poco más de una semana fue necesaria para que la tensión desapareciera.
Aunque, a veces, Mako se encontraba tenso con ella. Sobre todo cuando los dos estaban solos o cuando estaban con Korra, sin nadie alrededor. Entendía al fin porqué Tenzin se ponía tan nervioso cuando Lin y Pema estaban en una misma habitación, con él, y nadie más.
—De niña mamá y papá me llevaban a la Isla casi todas las semanas—dijo Asami con nostalgia—Veíamos la historia del Avatar Aang y me daban ganas de llorar solamente de saber que estaba parada en un monumento dedicado a un hombre ejemplar. Mamá lo conoció, me contaba siempre lo atento, lo bueno y piadoso que era. Me instaba a ser como él.
Bajó la mirada, tratando de ocultar las lágrimas.
—Cuando ella murió, papá no me volvió a traer jamás. Comprendí que era doloroso para él. Ahora, que veo en lo que se ha convertido, me da miedo… volverme así.
—No—replicó Mako de inmediato, acercándose a ella—Jamás. Tu nunca serás como ese monstruo.
—¡Pero soy su hija!—reclamó Asami, encarándolo con perlitas brillosas en sus mejillas y los ojos reluciendo acuosos—¡Su sangre corre por mis venas! Yo… yo…
Mako la abrazó, dejándola llorar sobre su pecho. Asami se desahogó lentamente, abrazándose a él con fuerza. Era un sentimiento que había estado ocultando, pero debía salir. Como todo. El corazón nunca resiste demasiadas emociones negativas.
—La sangre de tu madre también corre por tus venas—le dijo Mako, al sentirla más calmada—Y ella estaría orgullosa de ver lo que eres. Escogiste el bien desde el principio Asami, sé que siempre lo harás.
Aún mantenía sus dos manos cerca de ella, rozando su cintura. Asami tenía una mano sobre el pecho de Mako y la otra, cayendo descuidadamente a un costado. Miró los ojos dorados de aquel Maestro Fuego y pudo leer en ellos comprensión. La suficiente para sentirse segura de sus palabras, de que eran verdad.
Fue cuando los dos oyeron la puerta corrediza, que conectaba el balcón con la casa, abrirse rápidamente. Korra estaba de pie, mirándolos entristecida, las mejillas empapadas en lágrimas y los ojos carentes de cualquier brillo. El porte distinguido desapareció para mostrarla abatida, por una pena que se entremezclaba con la rabia más intensa de todas.
Mako y Asami se tensaron, separándose inmediatamente como si solo tocarse pudiera quemarlos. La miraron suplicantes.
—Korra, por favor, esto no…
Pero ella no dejó que Mako continuara hablando, por que su voz, potente y cargada de pesar, los mató con tres simples palabras:
—Katara ha muerto.
-o-
La habitación de Katara tenía las puertas completamente abiertas. El cuerpo moreno y viejo reposaba calmado boca arriba en la cama, cubierto con sábanas blancas. Tenzin la encontró así, extrañado de que su madre no se levantara al alba como todos los días. Y de cierta forma, no le sorpendió.
Ni a él ni a sus hermanos. Conocían demasiado bien a Katara para saber que tanto regalo la noche anterior solo podía significar algo mayor ¿Qué significaba? Pues bien. Ahora lo sabían. Kya, Bumi y Tenzin estaban de pie mirando la cama donde su madre yacía ya difunta. Tenían expresiones tristes y resignadas.
Pema llegó tras dejar a sus hijos con acólitos, no quería que vieran a su abuela en ese estado. Abrazó inmediatamente a Tenzin, y sollozó por la suegra más dulce y bondadosa que nunca nadie podría tener. Fue en ese preciso momento que Korra entró, acompañada de sus amigos.
Todos estaban consternados. Mako y Boilin se miraban sin saber qué hacer. Algo estaba roto en el interior de Korra. Ella lloraba y sollozaba por esa mujer que tanto quería; estaban sorprendidos de ver a los tres hijos de pie aún sosteniéndose, sin dejarse llevar plenamente por la desolación. Tenzin, al fin, dio un paso para cubrir el rostro de su madre con las sábanas y así, velando el cuerpo, rezó en voz baja.
Solamente Kya y Bumi conocían el rezo, y lo repitieron al mismo tiempo. Los tres hermanos cargaron con sumo respeto el cuerpo de su madre para llevarlo a la sala de embalsamado. Debía ser dignamente enterrado.
Pema estaba mirando la cama, pasó sus manos por los pliegues formados sobre el colchón, algo cálido a pesar de todo.
—¿Está bien?—preguntó Mako, dando un paso hacia Pema—Se ve tan abatida…
—Mako—le reprendió Asami. No era el momento.
—Yo estoy bien—se apresuró a decir la mujer—Es solo que… bueno. Katara fue tan buena conmigo, casi como una madre.
—De cierta forma, lo fue para todos—habló Korra al fin—Ella era tan maternal…
Pema inmediatamente abrazó a Korra, viendo cómo lloraba desconsolada. Mako se sentía impotente ¿Cómo podría ayudarla en ese estado? Jamás la vio así. Ni cuando perdió sus poderes por obra de Amón. Ahora estaba tan deprimida, tan desecha.
—Tranquila Korra. Ella ya está en un lugar mejor.
¡Malditos sentimientos heredados! El vínculo que tenía a Korra tan unida a Katara lloraba y clamaba por la presencia de la anciana. Pero una extraña sensación de paz apareció en su corazón arrasando con tanta tristeza. No la comprendió de lleno. Pero se sintió mejor. Como si tuviera la certeza de que todo saldría bien.
—Si, lo estará—Mako se acercó un poco. No sabía que hacer, pero dejarla sola no era una opción.
Korra se sintió más tranquila con todos sus seres queridos alrededor. Y sonrió entre tanta tristeza.
-o-
Fue un funeral de lo más lúgubre.
Korra nunca había estado en un funeral con anterioridad. Ver el ataúd, azul, decorado y rodeado de flores, donde estaba el cuerpo de Katara, fue un golpe directo al corazón. En toda la velada no soltó nunca la mano de Mako, abrazándose a él varias veces, tratando de mantenerse en la realidad, no escapar del presente.
Era el monumento en honor al Avatar Aang. Bajo las construcciones, había un altar enorme donde estaba enterrado el cuerpo del difunto Maestro Aire. Katara estaba siendo velada en una sala anexa, para después ser enterrada al lado de su marido.
Había todo tipo de personas. Todos llevaban ropas negras, velos y miradas desoladas. Tenzin con Pema y sus hijos. El esposo de Kya, que había viajado, con los hijos y nietos de la misma. La esposa de Bumi con su único hijo. Los cuatro sobrinos de Katara, hijos de Sokka. Y más "sobrinos". Lin, Iroh, los hermanos de Iroh así como sus padres. Había bastantes personas que la conocieron y demostraban sus condolencias. Todos parecían llorarle a una madre.
La presencia del Señor de Fuego Zuko no fue una sorpresa. El hombre, ya anciano y caminando con algo de cansancio, sin que por eso perdiera gracia o grandeza, colocó una mano sobre el ataúd. Lloraba silenciosamente. Era su amiga. Una de sus mejores amigas. Aquella que en Ba Sing Se terminó de cambiar su corazón. De esas entrañables con quien siempre puedes llevar una buena charla.
Ahora él era el último. Y algunas miradas se dirigían a Zuko con aquel respeto. Una generación entera, respetada, digan y admirada, que ya había pasado al más allá. En los aires que recorrían el lugar y por las sensaciones, Zuko pudo adivinar cuánto tiempo le quedaba. Sonrió con nostalgia; Aang siempre se salía con la suya.
Hubo despedidas, rezos y cantos. Se narró la historia de aquella mujer, heroína que a los catorce años detuvo la guerra con el Avatar y sus demás amigos. La mejor curandera, una gran maestra agua, tierna y maternal, que podía transformarse en una fiera cuando alguien atacaba lo que amaba.
Una esposa dulce, una madre admirable, un personaje que estaba en los libros de historia. Y que lo estaría para la eternidad.
Tenzin dio un paso para hablar.
—Mis hermanos como yo hemos sentido la ausencia de nuestra madre con mucho dolor—dijo, la voz algo ronca—Pero nos alegramos. Porque nosotros que la conocimos más íntimamente, podemos asegurarles que ahora está más feliz y más plena, en el otro mundo, con nuestro padre.
Bajo la mirada. Kya habló en ésta ocasión.
—Fuimos afortunados en muchas cosas, y parte de ellas fue poder contemplar cómo nuestros padres se profesaban un amor tierno y sincero.—hizo una pausa, controlando un sollozo—Y aunque me desgarre saberlos lejos, no me dejo llevar por un dolor que ellos nunca aprobarían.
—Fueron, son y serán felices—Bumi señaló el retrato donde estaba Katara con Aang—No tenemos nada más que decir, salvo que respeten su recuerdo.
El ataúd descendió entonces a la cripta donde estaban los restos de Aang. Mientras escuchaba cómo la tierra golpeaba aquella madera, sepultándola, Korra iba sintiendo más pulsadas en su corazón. No llegaba a entender por que sentía tanto dolor, pero tampoco buscó comprenderlo.
-o-
Korra estaba en su habitación con la caja de cartas enfrente de ella. Por alguna razón, justo en éste momento, le pareció oportuno leerlas. Abrió la cajita, encontró varios pergaminos que tenían números escritos en sus seños. Sacó el número 1 y lo abrió.
La letra pulcra y limpia apareció frente a ella.
Avatar Korra:
No tendré el placer de conocerte hasta mucho tiempo después. Por ahora, visiones sobre tu persona me han instando a escribirte. Toda mi vida he preparado las cosas para después de mi muerte, creando organismos que mantengan la paz mientras tu entrenamiento elemental y espiritual concluye.
Tengo entendido que tendrás grandes problemas para contactarte con el Mundo Espiritual. Eres una persona buena y competitiva con un sentido vago de la decisión y la justicia. No te lo tomes a mal, puedo ver que eres joven.
Por eso he preparado un viaje especial donde aprendas toda la espiritualidad posible. Un dominio elemental más profundo y puedas contactarte contigo misma. Por favor, he preparado todo, solamente necesito que llames a ese radar de aventura que tienes y te pongas a viajar por todas partes.
Para este punto, estás en Ciudad República. Lamento decirte que no es la única ciudad del mundo que te necesita. Ha llegado el momento de que cumplas como Avatar que eres, pero en vista de que contactarte conmigo te es difícil, te ayudaré por medio de éstas cartas.
Te deseo mucha suerte.
Por medio de ésta carta, te pido de favor que vayas a la ciudad de Omashu. Mi hijo Bumi te dará asilo y protección. Deberás no solo conocer la ciudad, si no recorrer las cadenas montañosas que la rodean y, sobre todo, acudir al Paso de los Dos Enamorados.
No leas la carta número 2 hasta que hayas cruzado el Paso de los Dos Enamorados. Ahí aprenderás grandes cosas; y tú sabrás cuando las hayas entendido.
Saludos.
Posdata.-No te preocupes por mi esposa. Ella está ahora más que bien conmigo. Y te manda saludos.
Las manos le comenzaron a temblar a la nueva Avatar ¿Qué?
¡Esto es todo por ahora!
En la serie nunca mencionan si Zuko está vivo o muerto. Para mi conveniencia, lo he mantenido vivo. Será parte importante en el fic más adelante; no me maten, por favor, me pareció demasiado cruel que Katara (con fuerte trauma al abandono, soledad y muerte) estuviera viva 17 años después de morir Aang. Al fin están juntos ¿No creen? y los veremos más adelante...xD
Espero les haya gustado. Gracias por leer!
chao!
