Disclaimer: Esta historia no es mía, es una traducción de Foundations of Hope. (fanfiction.net/s/4131632/1/Foundations_of_Hope) la escritora Lilac Moon: (fanfiction.net/u/107437/Lilac_Moon) /Todo Star Wars pertenece a George Lucas.
Capítulo 2: Escaping Tatooine.
Mientras conducían el speeder por el desierto, se vieron obligados a parar cuando vieron el transporte de los jawas en llamas. Las pequeñas y pobres criaturas habían sido asesinadas, y eso hizo que Anakin se preguntase, quien podía ser tan cruel.
- Seguro que fueron los moradores de las arenas – dijo mientras tiraba los restos de una de las criaturas en la hoguera en la que habían estado poniendo los cadáveres.
- Eso es lo quieren que pensemos – le dijo Yan.
- ¿Qué quieres decir? – preguntó Anakin mientras ponía las manos sobre los hombros de Beru. Ella no se había tomado muy bien el tener que ver los restos de ese cruel y violento acto. Los jawas eran molestos, pero también eran inofensivos y nunca le habían hecho daño a nadie.
- Los tiros son demasiado precisos. No podrían haber sido hechos por las armas de los Moradores de las arenas. Y las huellas están por todas partes. Los Moradores caminan en fila. No, esos tiros tan precisos solo los podría haber hecho un blaster de alto calibre, con la precisión que solo un Soldado de Asalto Imperial puede tener. – dijo Yan con tono grave.
- Pero, ¿Qué querrán los Soldados de Asalto de los droides? Y si mataron a los jawas para tenerlos, entonces… entonces puede que hayan ido a… a casa – dijo Anakin antes de correr hacia el speeder.
-¡No… espera, Anakin, es muy peligroso! – gritó Yan.
- Puede que no me gustasen. Puede que a veces incluso los odiase… pero tengo que ver si puedo ayudarlos – dijo Anakin. – Quédate aquí, Beru. Volveré.
- ¡Ten cuidado! – le gritó ella mientras él pisaba el acelerador a fondo y se marchaba.
El speeder aceleraba sobre el terreno arenoso y Anakin podía ver el humo negro que salía de la granja de Lars cada vez más cerca. Mientras se acercaba, se fijó en que la granja había sido destruida. Cerca de la casa, yacían los restos quemados de lo que una vez había sido una persona. No se molestó en buscar los cuerpos y apartó la mirada de esa espantosa escena. Rápidamente salió de la granja. Si la suerte estaba con él, entonces no volvería a poner un pié en ese planeta.
Regresó con una actitud solemne y Beru le abrazó fuertemente.
- No podrías haber hecho nada – dijo Yan.
- Lo sé… Supongo que me siento culpable – le respondió Anakin.
- ¿Por qué tendrías que sentirte culpable, Ani? Tú no los mataste. No fue tu culpa – dijo Beru.
- Tiene razón. Un Jedi siempre debe centrarse en el aquí y en el ahora – añadió Dooku.
- Lo sé. Supongo que me siento culpable porque no consigo sentir lástima por ellos. No estoy triste por su muerte. ¿En qué clase de persona me convierte eso? – se preguntó.
- Te hace humano. Fueron horribles contigo, Ani. Si quieres que te diga la verdad, yo tampoco me siento muy mal porque estén muertos. No éramos más que esclavos para ellos y ahora somos libres. Dejemos este maldito lugar atrás – dijo Beru. Anakin le dedicó una media sonrisa y se giró a Yan.
- No tenemos nada más que hacer aquí. Queremos irnos contigo y unirnos a la lucha contra el Imperio – dijo Anakin. Yan sonrió.
- Entonces has dado otro paso importante para convertirte en un Caballero Jedi. Mos Eisley será el mejor lugar para alquilar una nave. Sigamos nuestro camino – dijo Yan. Los tres, junto con los droides colocados en el speeder partieron hacia el puerto espacial. A Anakin Skywalker y a Beru Whitesun se les había acabado la estancia en Tatooine…
- El puerto espacial de Mos Eisley. No encontrarás un lugar más miserable y lleno de escoria y villanía. No os alejéis de mí, los lugares como este pueden ser peligrosos – advirtió Dooku mientras Anakin aminoraba la marcha del speeder. Su corazón se sacudió y se le hizo un nudo en la garganta cuando vio a varios Soldados de Asalto en un puesto de control en la entrada. Miró a Yan, el cual no parecía haberse inmutado.
- ¿Cuánto tiempo hace que tienen estos droides? – le preguntó uno a Anakin.
- Desde hace 3 o 4 estaciones – mintió.
- Necesitamos ver su identificación – ordenó el Soldado.
- No necesitáis ver su identificación – dijo Yan, con un movimiento de mano.
- No necesitamos ver su identificación – repitió el Soldado.
- Estos no son los droides que estáis buscando – dijo Yan.
- Estos no son los droides que estamos buscando – repitió él.
- Podemos seguir con nuestros asuntos – dijo Yan.
- Pueden seguir con sus asuntos – repitió.
- Continúen – dijo Yan.
- Continúen – dijo el Soldado apartándose para dejarlos pasar. Anakin y Beru le miraron asombrados.
- Pensé que estábamos perdidos, ¿Cómo nos han dejado pasar? – preguntó Anakin.
- La fuerza puede influir sobre los de mente débil. Con el tiempo aprenderás a hacerlo. – dijo Yan mientras se bajaban del speeder. Beru y Anakin le siguieron hasta la Cantina. – No os separéis de mi, este lugar puede ponerse difícil – les advirtió Yan cuando entraron. Sus oídos se vieron asaltados por la música a todo volumen y pudieron ver todo tipo de seres extraños.
- Eh… aquí no queremos cosas como esas – le dijo el barman a Anakin. Rápidamente se dio cuenta de que el hombre se refería a los droides.
- 3PO, puede que R2 y tu tengáis que esperarnos fuera – sugirió Anakin.
- Estoy completamente de acuerdo, señor – dijo 3PO mientras él y R2 salían. Anakin y Beru se acercaron a la barra mientras esperaban a Yan, el cual estaba preguntando quien ofrecía transporte para salir del planeta. Sin querer, Anakin rozó a un horrible alienígena haciendo que este gruñese. Entonces sintió un golpe en su hombro. Anakin se giró y vi que un humanoide estaba a punto de hablarle. Tenía la cara más deforme que Anakin había visto jamás.
- No le gustas – dijo el hombre. Anakin rodó los ojos.
- Lo siento – respondió.
- A mí tampoco me gustas. Me buscan en 12 sistemas, deberías preocuparte en vigilarte las espaldas – le amenazó. Ese hombre no asustaba en absoluto a Anakin.
- Tendré cuidado – le respondió. El horrible hombre le cogió del brazo.
- Vas a estar muerto –gritó. Anakin apretó los puños dispuesto a pegarle, cuando Yan intervino.
- No te ha hecho nada – dijo Yan. El hombre repugnante y su compañero alienígena sacaron sus blasters, pero Yan sacó su sable de luz azul y les cortó los brazos a los dos hombres. Apagó su espada y les indicó a Anakin y a Beru que le siguiesen. La conmoción pasó rápidamente y la Cantina volvió a la normalidad, como si no hubiese pasado nada. – Creo que he encontrado la nave perfecta para ir a Alderaan – dijo Dooku mientras los conducía a una mesa donde estaba sentado un hombre con un Wookie. Él hombre era de mediana edad, de unos treinta años, pelo castaño rojizo, bigote y barba bien recortada. Tenía los ojos color avellana y llevaba una túnica azul marino y un pantalón negro. Iba armado con una pistola en su cinturón, justo en la zona de su cadera.
- Soy Ben Kenobi. Chewie me ha dicho que estáis buscando a alguien que os lleve al sistema de Alderaan – dijo Ben.
- Si, siempre que sea una nave rápida – dijo Yan. Ben abrió los ojos asombrado.
- ¿Una nave rápida? ¿Nunca habéis oído hablar del Halcón Milenario? – preguntó.
- ¿Tendría que haberlo hecho? – preguntó Yan. Ben rodó los ojos.
- No importa, es lo suficientemente rápida para ti, viejo. ¿Cuál es la carga? – preguntó.
- Yo, el chico y la chica, dos droides… y ninguna pregunta – dijo Yan. Ben sonrió.
- ¿Problemas locales? – preguntó.
- Digamos que nos gustarían evitar enredos Imperiales – respondió Yan.
- Bueno, ese sí que es un problema, ¿no?. Y os costar diez mil… por adelantado – dijo Ben. Anakin abrió los ojos con asombro.
- ¡Diez mil! ¡Con eso casi podríamos comprarnos nuestra propia nave! – dijo Anakin.
- Si, pero ¿quién iba a pilotarla, chico? Dudo mucho que tú pudieses – le respondió Ben.
- Por supuesto que podría pilotarla. A puesto a que algún día podré demostrarte mis habilidades de pilotaje – dijo Anakin un poco molesto, sin embargo Yan le interrumpió.
- Podemos pagarte dos mil ahora y quince mil cuando lleguemos a Alderaan – dijo Yan. Ben alzó las cejas.
- Diecisiete… - dijo Ben pensativo. – Bueno, me parece que ya tenéis transporte. Saldremos cuando estéis listos. Docking Bay noventa y cuatro – dijo Ben. Yan asintió.
- Tal vez, su socio podría llevar a esos dos androides a la nave. Me gustaría hablar un momento con usted, si es posible – dijo Yan. Ben se encogió de hombros. Anakin y Beru, junto con los droides, siguieron a Chewie. Yan y Ben se miraron unos instantes.
- Ha pasado mucho tiempo… Obi-Wan – dijo Yan.
- Ese nombre… - empezó Ben.
- Lo sé… ya no tiene ningún significado para ti – le respondió.
- Ahora mi nombre es Ben. Obi-Wan está muerto.
- Es una lástima. Podría haber sido un buen Jedi. – dijo Yan. Ben lo miró.
- No me engañe, viejo. Antes de la purga yo ya estaba destinado a estar en los Agri-Corps por el resto de mi vida. Nadie me consideró nunca digno de ser su aprendiz – dijo Ben.
- Lo siento, Ben, eso no tendría que haber pasado – se disculpó Yan.
- Ese era él, ¿no? El niño que destruyó a los Jedi y la República – dijo Ben.
- ¡Anakin no destruyó ni a los Jedi ni la República! Era solo un bebé. No, fue la codicia de los Sith y de los Jedi la que nos destruyó – refutó Dooku.
- No es cierto. ¡Fueron el bastardo de su padre y su maestro Sith los que nos destruyeron, por su culpa!
- No puedes culpar al chico. No sabe quién es realmente o lo que pasó hace ya tantos años. Fue criado por una madre adoptiva. Pero tendré que hablarle de su padre. El tiene que saber algo, pero lo haré a mi manera. Le contaré quién fue su padre… no le hablaré del monstruo en el que se convirtió. – dijo Yan. Ben le miró con incredulidad.
- Lo vas a entrenar – dijo.
- Por supuesto que sí. El es El Elegido – respondió Yan.
- ¡El chico es peligroso! ¡Nos destruirá a todos! – exclamó Ben.
- El no nos fallará. No voy a dejar que me falle como lo hizo su padre.
- Cuando el Maestro Yoda se entere de que le estás entrenando, te detendrá. El chico es muy peligroso – dijo Ben.
- No dejaré que se castigue a Anakin por los pecados de su padre. No permitiré que se le castigue por cosas que no ha hecho. – dijo Yan.
- Por ahora – le dijo Ben. Yan negó con la cabeza.
- Anakin aprenderá los caminos de los Jedi. Solo cuando esté listo sabrá de la profecía y de su pasado – dijo Yan con severidad.
- Yo no le diré nada. Por lo que a mí respecta, no te conozco. Pero sigo pensando que estás cometiendo un grave error. Le dejaron en esta bola de arena con la esperanza de que nunca saliese de aquí – respondió Ben.
- Era un bebé, Ben. No se merecía la desgracia que le ocurrió – le espetó Yan.
- Siri tampoco merecía haber sido asesinada en el Templo con los cientos de Jedi que tampoco lo merecían. Pero pasó – dijo Ben mientras se levantaba.
- No le castigues por cosas que no sabe.
- Tan solo mantén al chico en línea y fuera de mi camino – dijo Ben mientras salía de la Cantina. Yan suspiró. Anakin era la única esperanza de la galaxia. La opinión de Ben estaba justificada, aunque no aprobaba la amargura de Ben hacia Anakin.
- Les demostraremos que están equivocados, Ani. Eres nuestra última esperanza… y nos salvarás a todos, incluso aunque no sepas lo importante que eres – susurró Yan mientras se dirigía a la zona de despegue.
- ¡Kenobi! – dijo una voz. Ben rodó los ojos y compuso una sonrisa falsa.
- Jango – asintió en reconocimiento.
- Estás en problemas con Jabba, ya lo sabes – dijo Jango.
- Mira, acabo de conseguir un buen negocio. Me dan diecisiete. Cuando acabe, volveré a pagar. Dile a Jabba que pronto tendrá su dinero.
- Está bien Kenobi, de daré una última oportunidad para pagar, pero solo porque me gustará perseguirte, estaré buscando tu cadáver para traérselo a Jabba y para que pueda dárselo al Rancor – se buró Jango. Ben sonrió.
- Eres muy amable. Saluda a esa babosa llena de grasa de mi parte – dijo Ben mientras se marchaba.
Mientras Yan se dirigía a la plataforma de despegue, un cazador de recompensas, un extraño alienígena que tenía hocico, lo seguía. Se llevó un comunicador a la boca y dijo algo en un idioma desconocido…
Ben llegó a la nave y Chewie gruño, indicando que todo estaba listo.
- ¡Alto ahí! – gritó una voz masculina mientras unos cuantos Soldados de Asalto entraban en la plataforma de despegue.
- Maldita sea… ¡Es hora de irse! – dijo Obi-Wan mientras él y Yan subían corriendo la rampa, seguidos por Chewie.
- ¿Qué está pasando? – preguntó Anakin. Ben le miró.
- Tenemos compañía. Abrochaos el cinturón – ordenó Ben. Anakin cogió la mano de Beru y Yan les siguió a la cabina. Sin apenas esforzarse, Ben y Chewie consiguieron despegar y dar el salto al hiperespacio, teniendo como destino el sistema Alderaan. – Bueno, fue un poco difícil despegar, pero ahora todo está bajo control – dijo Ben mientras él y Chewbacca se reunían en la cabina con los demás. Yan le ignoró y siguió dándole instrucciones a Anakin. Beru estaba en silencio mientras observaba con atención. Lo que Ben vio, le puso un poco nervioso. Aunque Ben tan solo había aprendido los aspectos básicos que todos los Jedi tenían que saber antes de ser elegidos para ser o no ser un Jedi, podía sentir el increíble poder que había dentro del chico. – Bueno, no me lo agradezcáis todos a la vez – gruñó Ben mientras se sentaba. Anakin llevaba una visera que le tapaba los ojos, y tratada de defenderse de la sonda de entrenamiento, después de haber sido disparado ya una vez.
- Deja que la fuerza fluya a través de ti, Anakin. Siente… no pienses – le dijo Yan. Anakin lo hizo y anticipó el siguiente disparo de la sonda, desactivándola. Impresionado, Yan aumentó el nivel de dificultad con el control remoto de la sonda, sin decírselo a Anakin. El chico bloqueó con éxito todos los demás disparos de la sonda, desactivándola de nuevo. – Aprendes rápido, Anakin. Eso será bueno para tu entrenamiento – dijo Yan. Anakin se quitó la visera, apagó el sable laser y se sentó.
- ¿Usted entrenó a mi padre? – Preguntó Anakin.
- Muy perspicaz, joven. Pero si, yo entrené a tu padre, antes de que fuese asesinado por el siervo oscuro del Emperador – le respondió Yan.
- ¿Cuál era su nombre? – preguntó Anakin de nuevo.
- Su nombre no es tan importante como el que él te dio a ti. Anakin significa guerrero y él sabía que tu serías uno muy bueno – le dijo Yan.
- No me dirá sus nombres, ¿no? - dijo Anakin.
- La historia de la caída de la República es muy larga y está llena de detalles. Lo sabrás todo de tu familia cuando estés listo para aceptarlo. Por ahora, nos limitaremos a decir que tus padres eran unos grandes guerreros, que perdieron sus vidas por la maldad del Emperador Palpatine y su poderoso aprendiz, Darth Vader. Los Jedi casi están extintos. Tú eres la última esperanza de la galaxia, Ani – dijo Yan. Ben bufó.
- Si quieres mi consejo, chico, te diré que te alejes de este viejo loco – dijo Ben-
- Bueno, no quiero tu consejo. No crees en la Fuerza, ¿verdad? – le preguntó Anakin.
- Oh la Fuerza existe, pero me niego a vivir como un siervo de esa cosa tan todopoderosa que gira en torno a todo. Es como si fueses una marioneta y ella tirase de las cuerdas obligándote a hacer todo lo que ella quiera… cuando se hace contigo, te deja a un lado como si fueses la basura de ayer. A ti te hará lo mismo. Todo lo que quiere es tu poder. – dijo Ben con aire de suficiencia.
- La fuerza no es algo cruel y perverso como dice el Sr. Kenobi. La fuerza es nuestra guía y nos da el poder que necesitamos para ayudar a las personas que no pueden salvarse – dijo Yan.
- Si… pero olvídate de ayudarte a ti mismo, porque todo lo que sea egoísta es tabú –replicó Ben amargamente. Anakin lo miró con extrañeza, pero volvió su atención a Yan mientras hablaba.
- La fuerza es intensa en ti, Anakin. Y tú escribirás el futuro de los Jedi – le dijo Yan.
"O nos destruirá a todos otra vez" pensó Ben con amargura.
La Princesa Padmé fue escoltada a la sala principal, donde el Gobernador Tarkin la esperaba.
- Ah… Princesa Padmé. Estoy encantado de que pudiese unirse a nosotros. He decidido que le daré una última oportunidad para que nos cuente donde se encuentra la base Rebelde. – dijo Tarkin.
- Ya se lo dije, no sé nada de eso – le respondió Padmé.
- Entonces la gente de Alderaan sufrirá. ¡Dinos la localización o te demostraré el poder que tiene esta estación de combate en pleno funcionamiento sobre el planeta que ha sido su casa desde su exilio! – gritó Tarkin.
- No puede hacerlo… Alderaan es pacífico. ¡No tenemos armas! – lloró Padmé.
- Díganos donde está la base Rebelde – gruñó Tarkin, mientras la miraba amenazante. Ella bajó la cabeza.
- Dantooine… está en Dantooine – dijo ella tristemente.
- Bien. Ya ve, Lord Vader, se le puede hacer entrar en razón. Disparen cuando esté listo – ordenó Tarkin-
- ¡¿Qué? – exclamó Padmé.
- Se confió demasiado. Dantooine está demasiado lejos como para comprobarlo – respondió Tarkin.
- No… - lloró Padmé mientras luchaba contra Vader, el cual la retenía. Padmé miró con tristeza como Alderaan es destruido por completo por el arma masiva de la Estrella de la Muerte. No ofreció resistencia mientras la llevaban de nuevo a su celda.
Dooku miraba impresionado como Anakin seguía entrenando cuando, de repente, una ola de puro terror le asaltó a través de la Fuerza. Anakin se quitó la visera, sintiendo que algo andaba mal.
- Ha pasado algo terrible – dijo.
- Muy perspicaz de nuevo, Anakin. Ha sucedido algo. Era como si millones de personas gritasen de terror un segundo antes se sumirse en un silencio absoluto. – dijo Yan, sintiendo que Ben también lo había sentido, aunque lo intentase ignorar. Se escuchó un repentino chirrido y Yan siguió a Ben a la cabina.
Ben salió lentamente del hiperespacio. La nave se sacudió cuando se encontraron con una gran cantidad de meteoritos.
- Sentimos temblar la nave. ¿Qué está pasando? – preguntó Anakin.
- Parece que estamos dentro de una lluvia de meteoritos. Vete a la parte de atrás, chico, y llévate a tu hermana contigo – dijo Ben.
- Pero, ¿Dónde está Alderaan? – preguntó Anakin.
- Es lo que estoy tratando de decirte, chico. No está ahí. Ha sido destruido, ha desaparecido.
- Pero… ¿Cómo? – preguntó Anakin.
- Por el imperio – le respondió Yan.
- ¡Eso es imposible! Nada salvo un Súper Destructor Estelar tiene unas armas con la potencia suficiente como para destruir un planeta entero – dijo Ben. De repente, oyeron el claro sonido de un caza Imperial y vieron como pasaba uno por delante de ellos.
- ¡Nos ha seguido! – exclamó Anakin.
- Ese es un caza de corto alcance. ¿Cómo ha llegado hasta aquí solo? – preguntó Ben mientras trataba de estabilizar la nave.
- Creo que se dirige a esa pequeña luna – señaló Anakin. Los ojos de Yan se agrandaron.
- Eso no es una luna. Es una estación espacial. – dijo Yan-
- Es demasiado grande para ser una estación espacial – argumentó Ben. De repente, los controles empezaron a parpadear mientras se acercaban a la estructura.
- ¿Qué es ese parpadeo? – preguntó Anakin. Estiró el brazo, pero Ben le golpeó con fuerza en la mano.
- Es una estación espacial – repitió Yan-
- Si… creo que tienes razón. Chewie, ¿Qué nos está empujando? – preguntó. Chewie gruñó. – Estamos atrapados en el rayo tractor. Voy a tratar de sacarnos de aquí – dijo Ben, pero sus esfuerzos fueron en vano.
- Es demasiado tarde. Tenemos que escondernos. No pueden encontrarnos – dijo Yan.
- Todo el mundo atrás. Los escáneres, no pueden registrar nada en los paneles del suelo. Después, espero que tengas un plan, viejo – dijo Ben.
- La Fuerza nos guiará – le dijo Yan. Ben se quejó.
- Sabía que ibas a decir eso – refunfuñó.
El rayo tractor de la Estrella de la Muerte empujó a la pequeña embarcación al interior. Las Tropas Imperiales entraron en la nave para escanearla y explorarla…
