Capítulo I: "Mi Vida"

- Ya Sango ¡Despierta, que ya es hora de entrenar! – Me grita mi padre.

Me molesta que me hable así, yo siempre ya estoy despierta cuando me grita eso. Pero como de costumbre solo le respondo con un "si" que refleja claramente mi disgusto. Creo que hoy será un día común como todos los otros.

Me levanto del futón con cara de fastidio y me dirijo a asearme, me quito el kimono que ocupo para dormir y me coloco el traje de exterminadora; me hace un poco de gracia este, porque aunque es ceñido al cuerpo y de color negro, los lazos que ocupan para amarrar algunas cosas, como también las partes de armadura que cubren los hombros, las partes anteriores de la pierna por debajo de la rodilla, los antebrazos y una parte que cuelga por la cintura son de color rosa; y esto es porque soy mujer, la única de mi aldea por cierto que se dedica a esto; pero me siento contenta ya que fui yo que lo escogió, nadie nunca me obligó.

- ¡Sango! – Mi hermano me llama.

- Si Kohaku, ya salgo – siempre que me demoro mi padre envía a mi hermano para apresurarme. Así que rápidamente me hago una coleta alta y salgo a su encuentro.

- ¡Te has retrasado! – Me informa mi padre en tono severo.

- ¡Lo siento, no volverá a pasar! – respondo firme

- ¿Y tu boomerang? – ¡Mi boomerang! Ouch lo olvidé, por Kami ¿Dónde lo dejé?; se me tiene que ocurrir algo que contestar.

- Eh, ¿mi boomerang? Creo que lo dejé por aquí – Digo mientras comienzo a observar mi alrededor; en estos casos no queda otra opción que fingir demencia. Que patético y suelto un suspiro.

- Ve a buscarlo Sango, luego hablaremos sobre esto – ¡No! No quiero hablar de lo que ya sé, todo por olvidarlo.

Rápidamente me dirijo a mi cuarto, lo tomo y corro por los pasillos de madera con mi Hiraikotsu en la espalda; cuando llego me coloco en posición firme frente a él.

- Veo que ya te acostumbraste a tomarlo con una sola mano – comenta mi padre. ¡Pero que poco observador! ¿Cuántos años llevo en esto? Bueno que espero, tengo que entrenar.

Me paro en medio del patio trasero que es de tierra y comienzo a lanzar mi hiraikotsu. Con todos los años de trabajo duro puedo decir que ya casi soy una experta, es prácticamente imposible que falle un tiro, y aunque sé que suena arrogante que lo diga yo, tengo la conciencia tranquila de que nunca lo he dicho en voz alta; sería una falta de respeto para todos los otros exterminadores que son mayores y llevan toda su vida en esta profesión, u oficio como prefieran llamarlo.

Cuando mi boomerang regresa lo tomo con mi mano y lo dejo apoyado en mi espalda; observo la trayectoria que tubo y una sonrisa satisfecha se produce en mis labios al mirar los árboles derribados a la distancia. Creo entender porqué mi padre escogió esta arma para mí y no las cuchillas ni las espadas plegables; con este boomerang debo efectuar los ataques a distancia, lo cual me deja a salvo por decir así, frente a un ataque. Recuerdo que cuando era pequeña al correr, mi arma se balanceaba en mi espalda y al salir del ángulo de esta derribaba a mis compañeros e incluso los árboles a mi alrededor, muchas veces estos mismos casi aplastaban a los que iban detrás de mi, también recuerdo que por este mismo motivo se me prohibió acudir a misiones con ellos hasta que entrenara lo suficiente con mi arma, gracias a eso fue que progresé tanto ya que no hubo momento del día en el que no practicara, odié mi arma por meses, yo quería ir a misiones con mi padre y los demás y lo único que lo evitaba era mi poco manejo en ese tipo de armas; durante mucho tiempo me dediqué solo a mi boomerang y cuando ya lo comencé a entender todo se volvió más fácil, me fascinó mi Hiraikotsu y quería manejarla correctamente, tenía que convertirla en mi aliada y compañera; y ahora aunque es un arma grande es con la cual me siento más cómoda, no la cambiaría por nada. Y así, luego de recordar viejos tiempos sigo con mi entrenamiento; lanzándolo varias veces más; mi padre al ver que ya poco me faltaba para tener un tiro completamente limpio y rápido me pide que pare, en un día no se alcanza la perfección así que continuamos ahora con el combate cuerpo a cuerpo.

Me preparo y ocupo mi arma como escudo contra la espada de mi padre y es que no pierde tiempo en atacarme, estoy así un tiempo hasta que alcanzo a hacerle una zancadilla con el pie al girar mi cuerpo con la pierna del impacto estirada, como un trompo y cuando lo veo que va cayendo lo ataco con la punta de mi Hiraikotsu, pero este se enterró en la tierra cuando fue esquivado.

- Buen movimiento Sango ¡vamos mejorando! – me dice mientras sigue arremetiendo contra mí con su espada, con él nunca tengo tiempo para distraerme – Muy bien, ahora si te tomaré enserio.

¿Cómo? Fue lo único que pude pensar cuando en menos de dos segundos lo siento a mis espaldas, y me hace lo mismo que yo antes, me tira al suelo, y yo sorprendida coloco mi boomerang entre nuestros cuerpos defendiéndome, apenas deteniendo su ataque. Muchas veces me he preguntado si detendría su ataque contra mí si es que no alcanzo a esquivarlo o me travesaría sin dudarlo, sea como fuera este es el peor momento que pude haber escogido para analizarlo. Tirada en el suelo como estábamos giro mi cuerpo hacia la izquierda y luego ruedo por la tierra unos metros para darme tiempo de levantarme. Una vez de pie estoy dispuesta a atacarlo cuando escucho un sonido, ¿son cadenas?; alcanzo a darme cuenta de que se trataba de la cuchilla en forma de hoz de mi hermano.

- ¿Dos contra uno? Pero que poco justo - solté cuando me vi en medio de los dos, ¿acaso pensaban atacarme juntos? Y ni tiempo tengo de poder contestarme cuando los dos se abalanzan contra mí.

Esquivo con facilidad el ataque de mi hermano, pues aunque sea bueno le llevo años de diferencia y eso en esto es un claro pasaje hacia la victoria; pero mi padre es otro tema como dije los años trabajados te dan mucha experiencia y él me dobla la edad así que es obvio a lo que me refiero.

Con mi boomerang me protejo, pero no alcanzo a ocuparlo como arma ofensiva, no me dan tiempo. OK, tengo que inmovilizar a uno; pienso y analizo lo que podría hacer después de que haga eso, necesito predecir por lo menos tres movimientos… listos. Espero hasta que mi padre me ataque, y en el momento en que retira su espada para atacarme nuevamente, lanzo con fuerza mi Hiraikotsu hacia Kohaku, a quien lo golpeo de lleno contra su cuerpo y lo arrastro varios metros lejos de mi, pero estará bien, le he dado golpes más fuertes que ese; sobrevivirá, pero yo no si no me concentro en el entrenamiento; ya liberada de mi hermano solo me queda… ¡uy! ¡Pero que tonta he sido! Seguramente mi padre debe haberse sorprendido por mi acto, tuve que atacarlo también a él; estas son las cosas que me demuestran que aún me falta. Mi padre no pierde tiempo en ir contra mí y como me quedé sin armas obligada a valerme con el quitamiento de mi traje de exterminadora; detengo el camino que recorría su espada con la cuchilla que se encuentra en mi antebrazo, esa que solo queda pegada a mi cuerpo por la unión en el inicio del codo.

- Bien pensado Sango, en verdad me has sorprendido – dice mi padre a la vez que va apareciendo en su rostro una sonrisa de ¿satisfacción? Se aleja de mí y guarda su espada – Ve a ver a tu hermano, quizás lo dejaste inconciente con tu golpe. Ya es suficiente por hoy, creo que no puedes dar más de lo que vi. Vayan a lavarse y regresen a la casa para comer – Terminado de decir esto se volteó y se fue.

- Uff, ya puedo descansar - Suspiro y me dejo caer sobre el suelo, me siento agonizante. Espera un segundo - ¡¿qué fue lo que dijo? – Grito a la vez que me siento sin ninguna delicadeza - ¿qué yo no qué? ¿Qué no puedo dar más que lo que vio hoy? – siento una vena hincharse en mi frente – Pero si él que estaba perdiendo era él – mis palabras suenan con un poco de resentimiento – Ya verá la próxima vez, no lo dejaré escapar

Me afirmo en mi mano derecha para voltearme en la dirección de mi hermano, aún se encuentra tirado en el suelo, quizás sí me pasé con él esta vez, aunque tendría ya que estar acostumbrado a este tipo de golpes… mejor lo voy a ver. Una vez que llego a su lado me hinco y lo observo.

- Sí, esta inconciente – una risita escapa de mis labios, se ve tan tierno dormido – Kohaku – lo llamo para que despierte – Kohaku – lo vuelvo a llamar sin obtener respuesta – Kohaku despierta – esta vez acompañando mi llamado con mis manos que mueven sus hombros. Lo veo apretar los ojos un momento y de a poco mientras los abre, para terminar parpadeando repetidas veces - ¿te encuentras bien hermano? – le pregunto preocupada.

- Hermana – Kohaku me observa unos segundos, como recordando algo – ¡Hermana el entrenamiento! ¡Vamos tene... Ouch! –

- ¡No te levantes tan brusco! Kohaku tranquilízate, el entrenamiento ya terminó –

- ¿Pero cómo? Si yo te estaba atacando cuando… -

- Cuando te golpee – lo interrumpo.

- De veras – mira el cielo mientras parpadea – lo había olvidado – sonríe con timidez mientras se rasca la cabeza con su dedo índice.

- No importa, vamos tienes que ir a lavarte; papá nos espera para comer – le ayudo a levantarse y caminamos.

- Hermana has mejorado mucho, enserio, no se me ocurrió en ningún momento me dejarías fuera de juego – dice con sorpresa en sus palabras, me causa un poco de vergüenza que me digan ese tipo de cosas, nunca sé como contestarlas, es por eso que no digo nada, solo sonrío en forma de agradecimiento.

- ¿Sabes Kohaku? Cuando seas mayor podrás prevenir todos los posibles movimientos del oponente, es solo cuestión de práctica.

Dejo a mi hermano en el cuarto de aseo mientras yo me dirijo a mi cuarto, tomo un kimono sencillo, unas sandalias y me encamino a la pieza donde está Kohaku; ya debería estar terminando. Toco la puerta y espero respuesta pero no pasa nada

- Kohaku ¿estas ahí? – pregunto para cerciorarme.

- ¿Ah? Si hermana estoy aquí – ¿Aun esta dentro? Pero si siempre se demora apenas unos minutos.

- ¿Por qué la demora? – Quizás le paso algo, pienso preocupada - ¿Pasa algo?

- ¡No! No pasa nada, ya estoy por terminar… Auch - ¿Se golpeo? Y como si eso trajese recuerdos a mi mente, recuerdo el golpe que le di con mi boomerang.

- Kohaku ¿estas bien? – ya decidida a entrar, tenia la mano afirmada en la puerta.

- ¡Si! ¡Si! Estoy bien - ¿Quién cree que soy? Es más que obvio que no es así.

- Voy a entrar – y sin esperar respuesta deslizo la puerta hacia el lado adentrándome en la habitación. Lo busco con la mirada y lo encuentro hincado en medio de todo, con el balde con agua en las manos, el cual suelta para sujetar la tela blanca empapada y se tapa bien la piel que había quedado al descubierto – Kohaku no seas exagerado es solo tu pecho – le recrimino mientras me acerco a él.

- ¡Hermana no puedes entrar! – grita rojo de vergüenza y disgusto.

- Muéstrame tu herida – le pido calmada.

- Yo... yo no... no tengo nada – me responde bajito

- Vamos Kohaku solo te pido que me la muestres para verla, solo para eso – le vuelvo a pedir, esta vez con un poco menos de calma.

- Déjame hermana, sal para poder terminar – dice sin mirarme a la cara, ¿Qué pensará? ¿Que me engañará siendo que se ve claramente que apenas puede moverse?

- Kohaku déjate de juegos y muéstrame tu abdomen – le digo esperando que obedezca; ¡pero no lo hace! Y se queda callado mirando el suelo.

Ya cansada de tonterías me abalanzo sobre él para abrirle yo misma la tela; él se resiste pero luego de forcejear se queja fuerte y queda inmóvil sujetándose el estómago; aprovechando ese momento y lo empujo con mis manos puestas en sus hombros, hasta que su espalda toca el suelo y paso mis piernas a cada lado de su cuerpo. Sorprendido con sus manos intenta quitar las mías de sus hombros, uy ¿este niño cuando aprenderá? Traslado mi peso a mi pierna izquierda y con la rodilla de la derecha le pego en el abdomen; Kohaku apreta fuerte los ojos y los dientes; y con sus manos cubre la zona del golpe. Yo lo suelto y tomo sus muñecas esta vez para que no dificulten mi tarea las coloco sobre su cabeza, pegadas al suelo. Creo que me estoy pasando con él, además llegué a golpearlo y en la zona que sé que le duele, soy una malvada. Una vez pasado el dolor del golpe Kohaku relajó su rostro y confundido me encara. Nos miramos a los ojos por unos segundos.

- Discúlpame – le digo mientras acaricio con mis pulgares sus muñecas.

- Hermana eres una bruta – me dice bajito desviando la mirada sonrojado.

- Si, lo siento – lo miro con cara de arrepentimiento - ¿Me dejarás verte? – le vuelvo a pedir, esta vez si me responde de forma negativa lo aceptaré, me siento avergonzada de mi comportamiento, debo comenzar a respetar sus decisiones. Kohaku me quedó mirando y cerrando los ojos se mordió los labios. ¿De donde habrá tomado la costumbre de realizar acciones como esas? Son… sugerentes.

- Bueno – acepta al final, yo solo sonrío.

Desato las telas y tomo las orillas para ir destapando la piel, le miro las clavículas y los hombros, no tiene nada así que destapo hasta el pecho. Subo la mirada hasta la cara de Kohaku quien tenía los ojos en otro punto de la habitación, no podía ocultar la vergüenza que sentía ya que el color de su rostro lo delataba, también tenia los labios apretados, que divertido era verlo así. Volví a dirigir la mirada a mis propias manos que sujetaban la tela, y deslizándolas dejo al descubierto solo la mitad del estómago.

- Tu piel – susurro y lo miro a los ojos, él me devuelve la mirada con la boca entreabierta; se podía ver que le cubría un color púrpura intenso y asustada de un tirón dejo a mi hermano con toda la parte superior desnuda.

- ¡Hermana! – Te observo el rostro y lo acaricio mientras mis ojos se comienzan a humedecer – Hermanita no, no llores por favor – me dices mientras recargas tu peso en tus manos acercándote a mí.

- Mira como te dejé Kohaku – en realidad todo su plano abdomen tenía un gran moretón, casi negro en el centro y a medida que se extendía por la piel el color se suavizaba hasta ser morado. Le acaricio delicadamente la zona afectada y mordiéndome el labio para contener las lágrimas lo miro a los ojos, pero lo evado al segundo, no me siento capaz de sostenerla.

- Hermana no te preocupes no me duele tanto, además ya es hora de acostumbrarme a recibir golpes así – eso mismo fue lo que pensé yo hace rato, pero viéndolo ahora…

- No Kohaku aún no es hora – y rodeo su espalda con mis brazos por debajo de los suyos, lo abrazo tiernamente, con mi mejilla pegada a la suya mientras una de mis lágrimas se desborda de mis ojos.

Lo separo de mi y me coloco de pie, le sonrió dulcemente desde arriba y observo su cuerpo, juro que me abría sonrojado de sobremanera en otro contexto, viendo su cuerpo al descubierto y el resto solo con esa tela blanca mojada pero su marca en el estómago es algo muy serio, me quita todo pensamiento incoherente. Aunque aún queda algo para bromear.

- Eres muy desvergonzado Kohaku – le digo en tono despreocupado - estoy mirando tu cuerpo, y tú no haces nada para evitarlo, deberías taparte, no obtendrás nada de mí – y no puedo contener mi carcajada cuando rojo o morado de vergüenza y de forma desesperada deja de afirmarse para con sus manos mover las telas para cubrirse mientras sin afirmarse de nada cae de espaldas a su antigua posición, solo que esta vez sin mi encima – ¡ves! Tu nerviosismo te delata -

- ¡HERMANA NO COMO CREES, YO NUNCA PENSARIA DE ESA FORMA SOBRE TI! – grita fuera de si.

- Kohaku era una broma, tranquilízate – me acerco y lo ayudo a ponerse de pie.

- ¿Qué ocurre adentro? ¿Por qué tanto grito? – es mi padre que preocupado por nuestra tardanza viene a vernos

- Papá ya vamos, en diez minutos estamos contigo – le respondo para dejarlo tranquilo

- Apresúrense que aún los espero con la comida – de veras que yo tenía mucha hambre, bueno tendremos que apurarnos con mi hermano, no es bueno hacer esperar a papá.

- Bueno Kohaku ya perdiste tu tiempo de lavarte, así que ahora me toca a mi – le digo mirándolo.

- Pero hermana, no alcance a hacer nada – lo veo bajar la mirada hasta sus manos tomadas.

- Pero ¿cuanto te demorarás? No puedes ni moverte por el dolor – le digo preocupada, quizás lo mejor sea decirle a mi padre – Mejor le diré a nuestro padre para que te ayude a acerarte

- ¡No! Hermana no por favor no le digas nada – me pide tomándome de las manos y con su cara preocupada

- Kohaku pero es mejor que sepa así te puede ayudar –

- No hermana yo puedo solo enserio – y me sonríe para tranquilizarme

- Mmmm… Bueno está bien – le respondo no muy convencida, pero que se le va ha hacer, igual es mejor así, quizás como reaccionaria mi padre – Ve a lavarte por allá, que yo me cambiaré aquí

- ¿Qué? – Dice mientras abre mucho los ojos – Hermana pero… estoy yo ¿no te molesta? – me pregunta sonrojado

- Pero Kohaku, somos hermanos; claro que no me molesta – le digo mientras con mi mano le desordeno sus cabellos

- No hermana – me reclama por mi acción. Las reacciones que tiene mi hermano son tan propias de él; lo veo alejarse de mí con cuidado y se va arreglando el cabello.

- Solo no espíes cuando me cambie – sonrío cuando lo veo voltearse rojo como un tomate

- ¡Hermana! ¿Como se te ocurre que yo haría algo así? – dice mientras se vuelve a voltear para seguir su camino por la habitación. Yo me volteo y me dirijo a la otra esquina, ahí me quito mi traje de exterminadora.

– No me estés espiando Kohaku – le digo de broma a mi hermano

- ¡Hermana no te estoy espiando! – grita nervioso desde la otra esquina; mientras tanto dejo el traje en una cesta, tendré que lavarlo luego; tomo el traje blanco que se ocupa para el baño y rápidamente me lo coloco, cuando me lo estoy amarrando vuelvo a molestar a mi hermano.

- Kohaku te dije que no me espiaras –

- L-Lo siento – responde de forma rápida y nerviosa. ¿Qué? …¿q-qué dijo? Me volteo enseguida.

- ¡¿Lo siento? O sea que sí estabas espiándome – le digo cortante, y solo recibo como respuesta una risa nerviosa. A veces creo que a mi hermano ya le llegó la edad, o sea que quizás debería hablarle sobre aquellos temas, pero ¿Cómo hablarle de esos temas si ni yo los tengo muy en claro? Pienso mientras toco mi cara, siento que ardo – ¿Aún no estás listo? – me dirijo al centro de la habitación para asearme, lleno el balde con agua y arrodillada me dejo caer el agua en la espalda, repito la acción con la parte delantera y mi cabeza; cuando comencé a abrirme un poco la tela para pasarme el jabón me doy cuenta de que mi hermano tenía muchos dificultades en su tarea, pobrecito donde intentaba estirarse para alcanzar algunos lugares daba pequeños quejidos, ¿debería ayudarlo? Recuerdo cuando mi madre nos ayudaba con el baño, me gustaría que estuviera aquí. Pero no lo está, bueno intentaré facilitarle su tarea.

- Kohaku ven aquí, te ayudaré.

- Hermana no te preocupes, tu termina y ve con mi padre.

- Mmmm.. Déjame terminar conmigo y enseguida te ayudo – Me comienzo a secar el cuerpo para colocarme el kimono y ato mi cabello en un chonguito, ya después me lo desataré para que se seque. Así que ya lista me dirijo donde mi hermano. – Yo ya estoy lista, colócate en medio para dejarte caer el agua.

- Pero prométeme no mirar por favor – me dices serio, esto me parece extraño, hace pocos años mamá nos bañaba juntos y hasta yo la ayudaba contigo.. no quiero que sigas creciendo, siento que te vas apartando cada vez más de mí.

- Tu tranquilo Kohaku – te sonrío para que te relajes – ya, apresurémonos para ir a comer.

Así entonces ayudo a mi hermano con los baldes de agua, mientras lo hago recuerdo gratos momentos en esta misma habitación; donde corríamos de nuestros padres para que no nos atraparan y así no tener que asearnos, y nuestra madre riendo nos perseguía, todo duraba hasta que uno de los tres cayera, y los otros dos preocupados lo fuera a ver, ahí papá se colocaba serio y nos decía que ya era suficiente de juegos. Creo que mamá agradecía ese momento, en ese entonces no sabía lo difícil que era hacerse cargo de nosotros.

- Estoy listo hermana.

- ¿Ah? – vuelvo a la realidad un tanto sorprendida – Ah.. Bueno entonces sécate mientras te tomo el cabello - Mi hermano hace lo que le pido, y cuando ya está del todo listo lo ayudo a vestirse, aunque claro... sin observarlo mucho para que no se incomode; ha estado muy callado en este momento - ¿Kohaku, te encuentras bien?

- Sí hermana, solo que estaba recordando cosas.. pasadas – su semblante ha cambiado, ahora es un tanto melancólico. Lo abrazo y nos mantenemos así.

- Sabes que eres lo más preciado que tengo en este mundo, y que también las cosas siempre pasan por algo; debemos estar agradecidos de que la vida se preocupó en dejarnos el uno al otro, así que no vivas en el pasado. ¿si? – apoyo mi mentón en su cabeza, en realidad la vida tiene todo planeado.. ¿podremos hacer algo para cambiarlo? Aunque quizás el hecho de que quiera cambiarlo.. está en mi destino y eso me llevará a lo que está escrito. Mejor no pienso más en esas cosas, tengo que vivir el presente y mantenerme cuerda – Bueno vamos a comer, papá debe estar hecho una furia - río y mi hermano me acompaña en esto.

- Si, mejor vamos.

Arreglamos las cosas en el cuarto de baño y nos dirigimos a la estancia, la mesa ya debería estar servida, cuando llegamos no encontramos a nuestro padre, así que un tanto desconcertados nos sentamos en el suelo a orillas de la mesa para esperarlo.

- Hermana, ¿crees que ya comió y se fue? – me pregunta Kohaku mientras mira por la ventana.

- Realmente no lo sé, pero eso no es costumbre de él; solo esperemos un poco, si no nos servimos solos ´- ¿Dónde estará mi padre? Él no desaparecería sin decirnos.

Esperamos como diez minutos sentados conversando hasta que nuestro padre apareció por la puerta, venía normal y con un papel en la mano, se sentó a la cabeza de la mesa y nos observó durante unos segundos.

- Se demoraron demasiado, espero no vuelva a ocurrir.

- Si – respondimos ambos, expectantes por lo que iba a decir.

- … Nos han pedido que hagamos una misión, así que Sango terminas de comer y vas a tu cuarto a domir, quiero que estés descansada para mañana, ya que partimos por la mañana.

- Y ¿A dónde iremos padre? – pregunto entusiasmada.

- Iremos al este; según el terrateniente está ocurriendo sucesos un tanto extraños por sus tierras, personas que trabajaban para él han desaparecido y no sabe que esperar, aunque creen que puede ser algún demonio.

- Pero padre si piensan que es un demonio deberían contratar a una sacerdotisa o un monje, nosotros solo podemos combatir con cosas tangentes.

- Quieren que investiguemos y averigüemos de que se trata, y ahí recién contratarán a alguien para desaparecerlo; así que aliméntate bien y vas a descansar.

- ¡Si! Dejaré mis cosas listas.

- Y tú Kohaku – mi hermano lo mira con ilusión, quizás lo deje ir a la misión – Te quedarás aquí y cuidarás de la aldea – creo que no le gustó la idea, ya que mira su comida fijamente – ya que nos ausentaremos durante un buen tiempo, necesito que alguien de confianza se quede a cargo de los quehaceres y administre los cultivos; además que una aldea de exterminadores sin exterminadores sería un blanco demasiado fácil si quieren atacarnos, tu traje ya está terminado así que tienes mi permiso de usarlo si es que algo pasa; también quedarás a cargo del grupo que quedará aquí junto con Naguisa, ¿entendido? – el rostro de mi hermano se ilumina con lo dicho por mi padre, y es que le dejó una gran responsabilidad, aunque seguramente le encargó Kohaku al consejero de la aldea, aquel anciano le enseñará como administrar las cosas aquí.

- ¡Claro Padre! Puedes ir tranquilo – sonríe como un pequeño, espero todo salga bien; ya acabé mi comida así que iré a descansar.

- Bueno yo me retiro, iré a dormir. Buenas noches.

- Buenas noches – me dicen al unísono los dos hombres de la casa.

Llego a mi habitación y sepillo mi cabello, no se por qué, pero tengo una sensación extraña; creo ya haber estado en el este, ¿o no? Bueno como sea, no tiene por qué pasar algo malo. Además no es un mal presentimiento, solo… es algo extraño. Ya acostada observo el techo durante un largo rato; de repente comienzo a recordar algo, se ve lejano pero a la vez cerca.

Soy yo, en un bosque, entre árboles altos y verdes, vestida con un kimono blanco casual pero noto por los detalles que es de una ceremonia, pero estoy sola, ¿por qué siento que en el recuerdo me veo mayor? No por mucho, pero si por unos tres o cuatro años, mi cabello es más largo, desde detrás de un árbol observo un lago a lo lejos, hay alguien en él ¿quién es? Es una mujer de cabellos platinados largos, pero... ¿Y esa vestimenta tan extraña? Cierro mis ojos, y la escena se vuelve más clara, creo que... no es una mujer.

Abro los ojos, el recuerdo se disipa, pero aquel recuerdo... yo apenas tengo diecisiete años, y nunca he estado en ese lugar, ahora que lo pienso, nunca me he vestido de esa manera, que extraño es todo esto.

Y así entre pensamiento y pensamiento me introduzco en los mares profundos del sueño. Esperando el otro día.


Notas de la Autora: siento que me exedí mucho en el tema de Kohaku y Sango, pero es que siempre he pensando que hay algo de incesto ahí; pero bueno, tampoco es que haya un romance... ademas que el chico ya está entrando en la pubertad. De todas formas no volverá a ocurrir xD

Espero no les haya incomodado la escenita de los hermanos, como soy hija única no tengo idea de si puede o no llegar a pasar algo asi =)

Muchos saludos a todos & gracias inmensas por leer enserio *o*