CAPÍTULO UNO.
UNA RAMA TORCIDA.
Sostienes un cigarro entre tus dedos, dando una calada tras otra inhalando lo máximo posible para poder deshacerte en ellas.
Me aproximas aquel rollo de hojas de tabaco invitándome a unirme, pero lo rechazo, aunque haya estado siendo sostenido por tus labios no me apetece probarlo. Soy hijo de una mujer de mal vivir, tengo que soportar el humo de esa porquería cada día, no lo haré cuando estoy fuera de lo que por desgracia llamo casa.
Te encojes de hombros y regresas el objeto dañino a tus labios.
—El día luce triste. —sueltas después de la calada más larga hasta el momento.
—No es que el día sea triste, eres tú quien lo pinta de tal manera. —respondo en un tono suave mientras me acerco a quitarte el cigarrillo y en el proceso poder ser capaz de acariciar parte de aquella tentación, que cada día parece llamarme con más intensidad. Lo notas más me dejas ser, no luces incómodo, no parece molestarte.
—Si tanto te molesta sólo tienes que decirlo. —recriminas mientras aplasto el cigarro contra el suelo.
—Me molesta.
—Entonces dejare de hacerlo. —esa es una mentira y ambos lo sabemos, hemos pasado por lo mismo una infinidad de veces y lo sigues haciendo. Sostienes mi mano que sacude de tu uniforme de aquellas cenizas casi inexistentes, y de manera natural me encuentro con tu mirada dura—. Esta vez es verdad.
—Sé que es verdad.
Si, es verdad. En algún momento todas las mentiras se vuelven verdades.
Te regalo aquella sonrisa que sé te molesta y escucho el chasquido que produce tu lengua, en un acto seguido sueltas mi mano lanzándome la típica mirada que seria capaz de matar en segundos si no estuviera tan habituado a ella.
—Se hace tarde, tu perro se preocupará por ti.
—Aún no es medianoche.
—Tendremos exámenes la próxima semana, no quiero que alguien supere al cretino más listo que conozco.
Tus halagos siempre han sido extraños, pero eso es lo que los hace únicos.
—El único que seria capaz de superarme eres tú, pero te niegas a mostrar tu capacidad. —reclamo, nunca has querido demostrarle a los demás que eres más que el chico con apariencia de desecho.
—Esos imbéciles no tienen importancia alguna, no me interesa tratar de lucirme como un jodido perro que ha sido adiestrado.
Te doy una mirada ofendida y en seguida me devuelves una sonrisa torcida.
—Pero a ti te queda bien, Shinya. —juro que si no se tratara de ti estarías tirado en la acera.
—No tienes remedio.
—No tengo remedio.
Y sonríes.
Le sonríes a la nada mientras comienzas a caminar, aún no quiero ir a casa, pero no me dejaras pasar esta noche en la tuya quieres que me prepare para los exámenes. Te sigo como si de una sombra se tratase, imitando cada uno de tus pasos.
—Me extraña que Ferid no haya venido a buscarte.
—Hay días en los que no estamos juntos, él respeta mi espacio. Y ha tenido que ir a cuidar a un primo suyo.
Asientes aún con la mirada al frente.
—¿Qué hay con tu madre?
¿Por qué siempre preguntas eso cuando tenemos un buen momento en silencio?
—No hay mucho que decir.
—No hay mucho que decir. —repites en casi un susurro.
—Se fue hace dos días, regresara dentro de una semana ha conseguido un muy buen cliente. —demonios.
Mi mirada va al suelo mientras un sonrojo me invade, me avergüenza hablar de mi madre, me avergüenza que el todos lo sepan, me avergüenza que tú lo sepas y te hayas enterado de una penosa manera.
Siento tu mano posarse en mi cabeza sacudiendo mis cabellos y con ello levanto el rostro aún más avergonzado.
—Pasemos la noche juntos. —pronuncio sin pensar.
Me miras de una manera indescifrable.
—¿Aún le temes a la oscuridad? —afirmo con un movimiento de cabeza y te miro esperanzado. Suspiras de manera cansada y desvías la mirada, sueles hacer eso cuando cedes a una petición mía.
—De acuerdo.
Y reanudamos el paso hacia mi casa, que no es más que un pequeño apartamento descuidado.
Comienzo con mi parloteo sobre cosas sin sentido mientras sé que te sumes en tus pensamientos, me ignoras, pero me escuchas.
Te admiro mientras pareces estar perdido, ¿por qué una persona de tal belleza tiene siempre un semblante lleno de tristeza? Cada día lo veo, te veo lleno de dolor, lleno de culpa. ¿Cuándo estarás listo para contarme aquello que te ha dejado de tal manera?
Seguimos caminando hasta llegar, eres tu quien abre la puerta, nunca tiene puesto el seguro. Paseas la mirada por el pequeño espacio, examinando el basurero donde duermo.
—¿No has aprendido nada de lo que te he enseñado? —me das un golpe firme, pero sin fuerza y tengo que sobar la parte trasera de mi cabeza.
Caminas por todo el departamento buscando los instrumentos de limpieza, mientras me pides que me prepare para dormir. Me encamino hacia mi habitación y busco un pijama o algo decente con lo cual pueda estar cómodo, no quiero que me veas con ropa vieja y llena de agujeros, aunque ya lo hayas hecho en varias ocasiones no quita la vergüenza que siento.
También busco algo de ropa para ti, aunque no estoy seguro de que la de Ferid pueda quedarte, eres más alto y fornido que él.
—No te preocupes tanto por eso, puedo dormir sin camisa y sin pantalones.
Te escucho detrás de mi, pego un pequeño brinco de sorpresa y me giro de manera inmediata. Sostienes en una mano una bolsa bastante llena de latas y demás basura.
¿En qué momento te has acercado?
—Pescaras un resfriado si lo haces.
Mi miras por un largo rato y veo en tus ojos un brillo burlón.
—¿Acaso no dormiremos abrazados como cada noche?
Mis orejas se tiñen rojas en conjunto con mi rostro.
—No, ya no lo haremos.
Sonríes y te acercas invadiendo mi espacio —. Ya hemos hablado sobre las mentiras y decir cosas que sabes no cumplirás. ¿Acaso tu perro se ha convertido en un sabueso?
—No, pero tampoco es un idiota.
—¿Es que acaso ya sabe usar el celebro?
Me comienzo a molestar y lo sabes, lo haces para provocarme y que continuemos actuando de manera errada, pero no voy a caer.
—Guren, he estado pensando sobre la relación que llevamos.
Te quedas en silencio. Sé que aún no quieres hablarlo, que lo mejor para ti es solo continuar sin pensar, pero estoy lastimando a alguien que no lo merece en el proceso y no es justo.
—Hablemos.
—Dame un momento, en cuanto termines de alistarte hablaremos.
Tomas la bolsa llena de latas y escapas.
¿Por qué tienes tanto miedo de hablar? ¿Crees seria capaz de lastimarte?
Continúo preparando todo para dormir, sé que en realidad no hablaremos. Sé que el dolor aún está clavado de manera intensa en ti.
Y te niegas a hablar sobre ello.
Voy en tu búsqueda para que vayamos a la cama juntos, estoy listo para tener un momento en el olvido.
—¿Realmente quieres que hable sobre eso?
No contesto, en cambio revuelvo tus cabellos y apoyas la cabeza en mi pecho. Nos quedamos en esa posición por un largo tiempo hasta que decido ha sido suficiente y es momento de que ambos vayamos a dormir.
—Vayamos a dormir.
Tomo tu mano y nos guio hacia la cama que solemos frecuentar para poder alejarnos de todo, donde olvidas el dolor que día a día te consume y poco va dejando de ti.
—Shinya… lo siento.
No te disculpes si realmente no lo lamentas, eso sólo hace que me sienta más basura de lo que soy al querer continuar con esto.
—Shh… no quiero hablar realmente de ello.
Terminemos con esto, es lo que susurra una voz en mi mente, pero no quiero. Guren eres lo más hermoso que he podido encontrar y no quiero soltarte cuando más herido te encuentras, pero Ferid no merece que le haga esto.
Ferid es una persona que de igual manera te recibió con los brazos abiertos, que de igual manera confió en ti, y somos una mierda al pagarle con esta cara de la moneda.
—Shinya, creo que no estoy listo para soltarte.
Por favor, por más egoísta que esto sea no me sueltes nunca.
—En algún momento tendremos que soltarnos.
En algún momento tendremos que perdernos y dejar que el otro duerma siendo abrazado por el sufrimiento que conlleva el ser olvidado.
Olvidar y enterrar al amor de tu vida.
—Shinya… no dejes que me pierda entre las sombras.
No lo haré amor, no creo que pueda ser capaz de matarme de esa cruel manera.
—Es hora de dormir, Guren.
Te recuestas a mi lado y enseguida me aprietas de manera firme contra tu pecho, sé que será difícil, pero no puedo seguir hiriendo a una persona tan maravillosa como Ferid, y creo que es momento de que avancemos.
Apagas las luces y con un beso en la frente me deseas una buena noche.
Entre tus brazos todo siempre ha lucido mejor y esta no es la excepción.
No es la excepción el imaginar no sentir la realidad golpeando nuestro pecho, el imaginar que podremos estar juntos aún si todo va mal.
Miro a la ventana que deja entrar la luz de la luna, es tan pequeña que dudo alguien pueda entrar por ahí. ¿Cuándo todo comenzó a ir tan mal? Se que nunca estuvo bien, pero ninguno de los tres lo merece.
A través de la ventana el mundo parece arder.
Tal vez sea yo quien esta ardiendo mientras el mundo está en tranquilidad.
Tal vez soy solo yo quien se esta desmoronando mientras cree que el mundo se desvanece, pero en realidad el sol sólo se ha ocultado.
Suelto un cansado suspiro y cierro los ojos por un momento, son casi las dos de la mañana y tengo que dormir para dar todo lo que pueda en el instituto debo de mantener mis notas altas si quiero seguir con la beca.
Me remuevo entre tus brazos y mis parpados se sienten poco a poco más pesados hasta que lo único que puedo ver es completa oscuridad.
…
Un nuevo día comienza pronto y la aterradora realidad se aproxima hasta rosar contra las yemas de mis dedos.
…
Espero no haber tardado mucho, y que esto sea de su agrado.
Nos leemos dentro de poco, los quiero
Algún error o falta ya sea ortografía o gramática pueden decirmela, me ayudara a mejorar en esto.
Sin más que decir, gracias por leer
