Disclaimer:None of this belong to me, thanks to the beautiful Cecilia for letting me translate it. Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y la historia a Cecilia1204,solo me adjudico la traducción.


Capítulo 2

Bueno, doctor Cullen. Bienvenido a la Unidad de Maternidad del Hospital de Forks. Espero que se sienta a gusto aquí.

Edward miró a Bella Swan y de repente estaba seguro de que iba a disfrutar mucho su estancia aquí. Había algo en ella que lo intrigaba. No tenía la intención de hacer algo al respecto, pero haría el trabajar aquí mucho más agradable.

Cerró la mano, recordando la chispa que había sentido cuando se las estrecharon. Se sentía casi como si se hubiera quemado, y distraídamente se pasó los dedos sobre la palma, como si él fuera capaz de sentir físicamente lo que fuera esto.

Bella Swan no era hermosa en el sentido clásico. En su lugar, su cara llena de carácter y sus ojos fueron lo que le fascinaron. Eran de un oscuro marrón chocolate, profundos y conmovedores. Edward se preguntó qué profundidades se ocultaban en esos ojos. Asociado con su pelo color caoba, era realmente atractiva. Un hecho que no le había pasado desapercibido. Mirándola a escondidas, su delgada figura se insinuaba debajo del uniforme que llevaba. De repente sintió la necesidad de saber si sus piernas, cubiertas por el material de sus pantalones, estaban tan bien formadas como imaginaba.

Arrastrándose a sí mismo abruptamente de vuelta al presente, desechó sus pensamientos. Lo último que quería era involucrarse con una compañera de trabajo. Viendo los problemas que había tenido con Tanya en Nueva York. Y sería aún peor en un hospital de este tamaño. No, él simplemente disfrutaría trabajar con su atractiva colega y dejaría las cosas así.

—Estoy muy seguro de que lo haré —acordó mientras caminaban por el pasillo de la estación de enfermeras.

—Supongo que el doctor Haas debería haber sido el que te mostrara las instalaciones, y si hubieras iniciado la próxima semana, probablemente lo habría hecho. Pero él está tomando un merecido día de descanso hoy —explicó Bella—. Ha sido difícil para él ya que ha tenido que cubrir los turnos y tomar la mayoría de las consultas. Está de guardia si lo necesitamos.

—Bueno, me alegro de que seré capaz de relevarlo en parte de la carga —dijo Edward, cuando se detuvieron en el mostrador. La enfermera dejó de hacer lo que estaba haciendo y los miró, sus ojos se abrieron en sorpresa mientras observaba al hombre extremadamente guapo parado con Bella.

—Karen. Este es el doctor Edward Cullen. Es nuestro nuevo obstetra.

—¿Cullen? ¿Eres algo...?

—Sí, el doctor Cullen es el hijo de Carlisle Cullen —dijo Bella, divertida por la reacción de la enfermera al verlo por primera vez. La hizo sentir un poco mejor. «Obviamente no soy sólo yo, parece tener este efecto en la mayoría de las mujeres».

—Oh. Eso podría resultar confuso —sonrió Karen—. ¿De cuál doctor Cullen estamos hablando? De todas formas, bienvenido al hospital. Ciertamente estamos encantados de contar contigo aquí —dijo, estirando el brazo para estrechar su mano.

—Gracias.

—Ya que Carlisle no sube a la maternidad a menudo, no creo que vayamos a tener demasiados problemas —dijo Bella.

El resto estuvo de acuerdo y Bella continuó con la orientación de Edward.

—Ella es Elaine. Es la secretaria del obstetra-ginecólogo aquí. Hace las citas en la clínica, realiza gran parte de la documentación y en general mantiene a los médicos en orden. ¿No es así, Elaine? —se rio Bella, haciendo las presentaciones. Edward estrechó la mano de la mujer mayor—. Esta es tu oficina —dijo ella mostrándole la habitación—. Si necesitas algo, déjaselo saber a Elaine.

Edward miró a su alrededor y vio que parecía que tenía todo lo que necesitaba.

—¿Cuándo atendemos las consultas?

—Atendemos consultas prenatales los lunes y jueves. Compartirás estas con el doctor Haas. Consultas postnatales los martes y los viernes. Obviamente, estas pueden cambiar, sobre todo si hay una emergencia o una cesárea de emergencia. Tratamos de programar cesáreas los miércoles ya que no hay consultas ese día.

—Por supuesto. Entonces, ¿quién estaba atendiendo las consultas postnatales hoy si el doctor Haas está libre? —preguntó

—Cancelamos las consultas hoy, lo que significa que el viernes será agitado. —Bella hizo una mueca.

—Trabajé en un hospital de la ciudad de Nueva York. Esto debería ser pan comido en comparación con eso —sonrió.

«Debería haber una ley contra esa sonrisa», pensó Bella. «Ciertamente te emboba».

—Sí, supongo que lo sería —acordó—. Aunque tenemos nuestros momentos.

Bella lo condujo hacia las salas de parto, parando para presentar a Edward al personal que se encontraban en el camino. Cada mujer, sin excepción, parecía un poco aturdida cuando lo miraba. «Parece que Carlisle tiene competencia de su hijo en el puesto de médico sexy», pensó Bella.

Lo llevó a las salas de parto, vacías de pacientes por el momento, y le mostró dónde se guardaba todo. También le mostró dónde estaban los cuneros con algunas incubadoras.

—Podemos atender a cuatro bebés si es necesario pero los transportamos a Seattle si sus condiciones son demasiado precarias para ser atendidos por nosotros.

—¿Por carretera? —preguntó, comprobando las instalaciones mientras hablaba.

—Principalmente, pero hemos tenido transportes aéreos en un par de ocasiones. Hay un helipuerto atrás del hospital.

—¿Tienen un pediatra en el personal? —preguntó, mirándola, su actitud todo negocios.

—Sí, tenemos dos. Aunque la doctora Cooper sólo trabaja medio tiempo. Tiene niños pequeños —explicó Bella.

Mientras se abrían camino alrededor de la unidad de maternidad, Edward siguió haciendo preguntas. Bella estaba impresionada. Preguntó sobre todas las facetas de la unidad, acerca de los pacientes, el personal, los procedimientos. Estaba dispuesto a aprender todo lo que podía sobre cómo funcionaba la vida en el Hospital de Forks. Escuchó atentamente a Bella, sus ojos mirándola directamente a ella mientras hablaba.

Bella podía sentir mariposas en el estómago cuando sus ojos se encontraban con los suyos. Él era simplemente guapísimo. Ella tenía mucho cuidado en no tocarlo en absoluto, no quería saber si volvería esa chispa que había sentido antes.

—Bueno, creo que te he mostrado casi todo. ¿Quieres conocer a algunas de las madres que están en las salas? —preguntó ella.

—Seguro, ¿por qué no? —respondió—. Indica el camino.

Bella lo llevó a las salas y lo presentó a las madres y sus bebés. Edward, como Bella estaba acostumbraba, dejaba a la mayoría anonadadas. Ella sonreía por dentro, ya que se alisaban el cabello, arreglaban sus ropas y se sentaban derechas cuando eran presentadas.

El hombre era ciertamente mortal. Aquí estaban las madres de los recién nacidos, probablemente demasiado cansadas para hilvanar dos palabras juntas, acicalándose en la presencia de este médico impresionante. Cuando Edward levantaba a sus bebés y los mecía mientras suavemente les hablaba, todas ellas se enamoraban, sin importar si estaban felizmente casadas. Bella casi podía ver a las mujeres suspirar mientras se movían a la siguiente madre.

Bella tenía que admitir que se sentía extraña observándolo mecer a los recién nacidos. Se veía tan cómodo con ellos, acunándolos hábilmente, mientras que le hablaba a cada uno en voz baja. Por supuesto, como obstetra, tendría mucha experiencia sosteniendo bebés. Sin embargo, había algo muy atractivo acerca de ver a un hombre tan grande cargando a un diminuto e indefenso bebé.

Bella se preguntaba si estaba casado o tenía hijos. Dado que no había sabido de su existencia hasta esta mañana, era evidente que nunca le había preguntado a Carlisle acerca de él. Alice sólo había mencionado a su hermano de pasada, y Bella nunca le había preguntado. Si no estaba casado, tenía que tener una pareja, pensó Bella. Un hombre como él no podía ser soltero a su edad. Bella lo miró disimuladamente mientras hablaba con otra madre. Aparentaba tener treinta lo que sonaba muy bien. Él habría tenido que pasar por lo menos seis años estudiando por su título, a continuación, hacer su residencia con el fin de estar en su puesto actual. Su hospital anterior, obviamente, tenía un alto concepto de él si ellos no querían dejarlo ir.

Sin nada para juzgar su habilidad como médico hasta el momento, Bella pensó que si era algo parecido a su padre, entonces debía ser un buen médico. Incluso su hermana Alice era genial en lo que hacía, venta de ropa y diseño. Sí, definitivamente eran una familia de exitosos.

En el momento que terminaron de conocer a todos, Bella sugirió que era hora del almuerzo. Ella planeaba conseguir algo de la cafetería y asumió que Edward buscaría a su padre. En su lugar, le preguntó si podía ir con ella a almorzar.

—Quiero hacerte más preguntas y podemos hablar mientras almorzamos —dijo.

Sintiéndose un poco desilusionada, Bella estuvo de acuerdo. «¡Oh por Dios! Por supuesto que quiere hablar sobre trabajo. ¿Qué pensabas? ¿Qué quería tener un almuerzo romántico contigo? Crece, Bella», se dijo a sí misma con severidad.

Agarrando un sándwich, Bella se sentó en una de las mesas, en el restaurante casi vacío. La mayoría de la gente ya se había ido, así que había un montón de opciones para sentarse. Edward se unió a ella y almorzaron entre más preguntas, Bella respondió lo mejor que pudo.

Bella acababa de terminar su sándwich cuando su beeper sonó. Debido a los equipos médicos sensibles, no podían usar los móviles, que podrían interferir con estos. Por lo tanto, los buenos y anticuados beepers seguían siendo la mejor manera de ponerse en contacto con otros miembros del personal.

—Discúlpame, voy a ir a ver lo que está pasando —expresó Bella, levantándose y dirigiéndose a uno de los teléfonos de los empleados esparcidos por el hospital—. Aquí Bella —dijo en el micrófono.

Edward vio como ella hablaba por el teléfono. Bella obviamente sabía de lo suyo. Acababa de pasar las últimas dos horas mostrándole las instalaciones, respondiendo a sus preguntas y presentándolo al personal y los pacientes. Se preguntó qué edad tenía. Parecía estar en la mitad de sus veinte o por allí. A pesar de su edad, parecía muy experimentada en su trabajo. Fue capaz de responder a la mayoría de sus preguntas y parecía muy popular aquí en la unidad.

Se encontró a sí mismo estudiándola mientras hablaba. Llevaba el pelo recogido en un moño y pudo verle la delicada piel de la nuca. Parecía suave y tocable. Sus ojos se movieron a los labios, viendo su movimiento mientras hablaba. En realidad no se había dado cuenta de lo llenos y naturalmente rosados que eran, especialmente el labio inferior. Su mente repentinamente se llenó con pensamientos totalmente inapropiados de esos labios.

Con un pequeño movimiento de cabeza, Edward borró las imágenes. «De acuerdo, era más atractiva de lo que originalmente le diste crédito, pero eso no quiere decir que puedas pensar así», se dijo interiormente. Él era profesional e iba a actuar como tal. No más pensamientos eróticos sobre sus colegas.

Bella caminó de regreso a la mesa y comenzó a apilar su basura.

—Voy a tener que dejarte. Una de nuestras futuras mamás acaba de ser admitida y yo pedí específicamente cuidar de ella —explicó. Recogiendo su basura, se dirigió a tirarla antes de volver al ascensor. Con sus pensamientos ya en el trabajo por venir, no se dio cuenta de Edward caminando detrás de ella. Cuando habló, saltó sobresaltada.

—Lo siento —sonrió él—. Iba a preguntar si podía acompañarte, pero te fuiste tan rápido que tuve que correr para alcanzarte.

—Oh, perdón, no me di cuenta —respondió ella, su ceño fruncido con curiosidad—. ¿De verdad quieres venir? No has comenzado propiamente todavía.

—Lo sé, pero ya estoy aquí por lo que puedo ayudar —dijo, siguiéndola al ascensor—. Si te parece bien, claro. Sé que eres más que capaz de manejar las cosas. —Su voz se apagó.

—No. Oh no. No tengo problema con eso. Tendría que llamar a un médico de todos modos, por si surgieran problemas. Me refería a que como acabas de llegar a la cuidad, tal vez quieras ir e instalarte —explicó Bella.

—Estoy bien. Mamá no tiene ninguna prisa en deshacerse de mí —dijo él.

—Bien, entonces —dijo Bella, esperando impacientemente que el ascensor llegue a su piso.

—¿Puedo preguntar por qué solicitaste hacerte cargo de este caso? —preguntó Edward.

El ascensor finalmente llegó y Bella respondió a medida que salían.

—Tengo un interés particular en este caso. La madre ha tenido muchos problemas para concebir y tuvo un historial de abortos involuntarios. Ha estado tres veces con amenaza de aborto espontáneo, que por suerte nunca sucedió. Hacia la mitad, su cuerpo pareció finalmente estabilizarse y ella ha estado libre de complicaciones el último trimestre. He formado un vínculo con ella a lo largo de su embarazo y prometí que si yo estaba de guardia cuando entrara en trabajo de parto, cuidaría de ella. Todo el personal de aquí sabía que debía ponerse en contacto conmigo cuando ella entrara. Entró hace media hora pero la enfermera pensó que era mejor dejarme tener mi almuerzo ya que quién sabe cuánto tiempo va a pasar.

—¿Este es su primer bebé? —preguntó Edward mientras caminaban a la sala de partos.

—Sí. Como dije, ella y su marido han estado intentando por varios años, durante los cuales sufrió numerosos abortos espontáneos. Prácticamente habían renunciado a tener un bebé cuando ella quedó embarazada de nuevo. Han estado en vilo, siempre esperando lo peor. Creo que sólo se relajaron un poco cuando llegaron al punto donde supieron que el bebé tenía una alta probabilidad de supervivencia si nacía prematuro.

—¿Saben lo que van a tener? —preguntó Edward, su mente procesando la información de Bella.

—No. No quieren saber. No es que les importe de todos modos. Sólo quieren un bebé sano.

Edward asintió.

—Eso es bueno. Creo que saberlo parece quitarle algo de la emoción a tener un bebé, ¿no te parece?

Bella estuvo de acuerdo.

—Sí, pienso lo mismo. Yo no quisiera saber.

—No piensas tener uno pronto, ¿verdad? —preguntó Edward, antes de patearse a sí mismo mentalmente. ¿Qué demonios le hizo preguntar eso? Ahora ella va a pensar… ¿qué demonios pensará ella?

Al mirarlo, Bella negó con la cabeza enfáticamente.

—No.

Al abrir la puerta de la sala de partos, Bella se dirigió a la enfermera que ya estaba allí.

—Hola, Sue. ¿Cómo están las cosas? ¿Cómo está la señora Evans?

—Hola, Bella. Hola, doctor Cullen —respondió ella, terminando de escribir en la historia clínica—. Ella está bien en este momento. La he revisado y sólo ha dilatado cuatro centímetros, así que tiene que esperar un poco. Debido a su historia, pensé que se sentiría mejor si era admitida en lugar de enviarla a casa a esperar un poco más. Su presión arterial está bien y el bebé aún parece feliz.

—Eso es genial, Sue. Gracias por eso. Yo me encargo ahora, y el doctor Cullen quiere quedarse por lo que deberíamos estar bien. Eso a menos que tengamos más admisiones hoy —dijo Bella, yéndose a lavar las manos.

—No sería la primera vez —comentó Sue—. ¿Así que va experimentar su primer parto en el Hospital de Forks, doctor Cullen? —le preguntó a Edward.

—Eso espero, Sue. Bien podría terminar con el primero, con suerte —sonrió—. Sólo voy a observar ya que sé que Bella es más que capaz de manejar las cosas. Voy a estar aquí de apoyo si es necesario. —También se trasladó a lavarse las manos.

—Bueno, chicos, diviértanse —anunció mientras salía de la habitación. Edward rio.

—Vamos, te voy a presentar —dijo Bella, entrando en la habitación número uno. Edward la siguió ansioso por empezar.

Los únicos ocupantes de la habitación eran la parturienta y su esposo. Estaba sentada en la cama, frotando su gran vientre.

—Hola, Carol —saludó Bella mientras entraban en la sala—. Veo que llegó el día tan esperado.

La mujer asintió, su rostro mostraba tanto emoción como temor.

—Parece que sí —concordó ella, mirando al desconocido, la pregunta en sus ojos.

—Carol, quiero que conozcas a nuestro nuevo obstetra el doctor Cullen —lo presentó Bella. Volviendo la vista hacia Edward, Bella introdujo a los futuros padres—. Doctor Cullen, ellos son Carol y David Evans que han estado esperando este día durante mucho tiempo.

Edward se movió hacia adelante y estrechó la mano de ambos.

—Buenas tardes. Ustedes van a ser el primer nacimiento que observe en mi nuevo trabajo, así que estoy muy emocionado —sonrió, irradiando encanto y tranquilidad.

—Estoy tan contenta de que por fin tengamos un nuevo médico —dijo Carol, viéndose tan encantada por el nuevo médico como todas las mujeres hoy—. Pobre doctor Hass ha tenido que trabajar tan duro.

—Y estoy muy feliz de estar aquí. Sólo voy a estar observando hoy ya que sé que la enfermera Swan es más que capaz de cuidarla.

Carol miró a Bella.

—Oh, Bella, seguramente podrás dejar que el doctor Cullen ayude, ¿verdad?

Bella sacudió la cabeza con desconcierto. ¿No había nadie que este hombre no pudiera encantar?

—Por supuesto que el doctor Cullen puede ayudar si quiere.

Asistiendo con la cabeza en satisfacción, Carol sonrió brevemente antes de que hiciera una mueca de dolor cuando otra contracción comenzó. Bella se inclinó hacia delante y puso su mano en su estómago, queriendo sentir la fuerza de la contracción. Contenta de que no era demasiado fuerte aún, Bella tomó nota de la hora.

—¿Cada cuánto son las contracciones, Carol? —preguntó.

—Unos diez minutos más o menos —informó la futura mamá. Bella asintió mientras la respuesta confirmaba sus conclusiones.

—Bueno, Carol, parece que todavía tienes tiempo para estar lista. Sólo voy a escuchar al bebé y después voy a aconsejarles que David y tú salgan a caminar. Eso va a ayudar a acelerar las cosas un poco. La gravedad es nuestro mayor amigo, ¿sabes? —dijo Bella, trasladándose para controlar la frecuencia cardíaca del feto—. También aconsejaría que comas algo si puedes manejarlo.

Bella encendió el monitor y se lo tendió a Edward.

—¿Quieres hacer los honores?

Edward sonrió ampliamente, haciendo que el corazón de Bella revoloteara brevemente. Lo bueno era que no se estaba supervisando su corazón. Hubiera sido muy obvio.

Tomó el equipo y procedió a sostenerlo contra el estómago de Carol Evans. Después de moverlo un poco, encontró los latidos del corazón del bebé. El sonido salió del monitor alto y claro. Bum, bum, bum, sonaban los latidos del corazón del bebé a través del monitor. Era muy rápido, como era lo normal para los fetos.

—Suena aún bastante feliz allí —dijo Edward, apagando el monitor—. La enfermera Swan tiene razón. Deberían ir, caminar un poco. Siendo su primer bebé, ninguno de nosotros tiene idea cuánto tiempo dudará el trabajo de parto. Por supuesto, cuando las contracciones empiecen cada vez más cerca y más fuerte, sabremos que las cosas están sucediendo.

—Las contracciones duelen ahora —dijo Carol—. ¿Y sólo van a empeorar?

—Me temo que sí, Carol —sonrió con simpatía Bella—. Pero piénsalo como la manera en que tu cuerpo se asegura de que conocerás a tu bebé lo antes posible. Carol, si sientes que no puedes soportar el dolor siempre puedes probar la anestesia o incluso tener una epidural.

Carol sacudió la cabeza con vehemencia.

—No, puede que nunca sea capaz de tener otro, así que quiero sentir todo. —Bella asintió entendiéndola y ellos dejaron la sala, David Evans apoyando a su esposa.

—Podría ir a mi oficina y empezar a prepararme mientras esperamos —dijo Edward—. Volveré más tarde o sino llámame si las cosas comienzan a suceder.

Bella asintió que estaba de acuerdo y lo vio alejarse. Fue en cierto modo un alivio cuando se fue y pudo relajarse. No podía explicarlo, pero se sentía extrañamente nerviosa en su presencia. Como si alguna fuerza estuviera tirando de ella, atrayéndola hacia él.

Involucrarse con un colega definitivamente no estaba en los planes de Bella. Simplemente era peligroso. El Hospital de Forks era demasiado pequeño para evitar a alguien que no querías ver si las cosas iban mal. Había visto lo que sucedía durante su formación, colegas tratando desesperadamente de actuar normalmente cuando una historia de amor se había deteriorado.

«Oh, no seas estúpida, Bella. No hay manera de que alguien como Edward Cullen esté interesado remotamente en ti», se dijo. «Que es lo de menos. Los Edward Cullen de este mundo sólo están interesados en cierto tipo de supermodelos promedio. Y ciertamente no eres eso, Bella».

Decidió aprovechar para comer algo rápido para regresar a la unidad mientras los Evans caminaban alrededor del hospital, Bella le pidió a la enfermera en el mostrador llamarla si regresaban antes que ella. Decidiendo dar al ascensor un descanso, bajó medio corriendo las escaleras de incendio. Esperando en la cola de la cafetería con un rollo primavera, varias compañeras de trabajo le dieron un interrogatorio sobre el nuevo médico. La cantidad de interés era un poco molesta, por lo que Bella se disculpó y regresó a Maternidad lo más rápido posible.

Sentada en el escritorio con la otra enfermera, Cassie, charlaron con facilidad, mientras Bella comía lo que probablemente sería su cena. Carol pasó por delante un par de veces con su marido, se paró en seco cuando una contracción la golpeó.

—¿Cómo te va, Carol? —preguntó Bella cuando la otra mujer se inclinó sobre el escritorio de la enfermera, jadeando ligeramente mientras esperaba que el dolor pasara—. ¿El dolor es más fuerte?

—Oh, sí —jadeó—. Pensé que dolía antes pero eso no era nada.

Un par de horas habían pasado desde que los Evans comenzaron a caminar por lo que Bella sugirió que se dirijan de nuevo a la sala de partos.

—Voy a tener que dar otra mirada para ver hasta qué punto estás dilatada —dijo Bella, agarrando uno de los brazos de Carol por apoyo. Podía ver que las contracciones eran claramente más cercanas.

Mientras Carol subía a la cama, otra contracción la golpeó, haciendo gemir a la mujer de dolor. Bella colocó su mano sobre su estómago y observó que la contracción era fuerte y más larga que antes.

—Simplemente relájate mientras veo cuán dilatada estás —tranquilizó Bella—. Dave, qué te parece si sostienes la mano de Carol mientras hago esto. No es lo más placentero, ¿o sí? —Carol sacudió la cabeza.

Bella realizó el examen y señaló que Carol tenía aproximadamente seis centímetros de dilatación. Quitándose los guantes, sonrió a Carol, que realmente estaba empezando a luchar con el dolor.

—Seis centímetros. Estas bien y verdaderamente en el labor ahora, Carol.

—¿Tú crees? —gimió Carol.

Bella rio suavemente.

—Lo estás haciendo muy bien. Las contracciones vienen cada tres minutos ahora.

—¿Cuánto tiempo crees que pasará, Bella? —preguntó Dave, preocupado viendo el dolor en la cara de su esposa.

—Al ser una primeriza, es imposible saberlo. Podría ser una hora, o podrían ser diez horas. Todo depende de su cuerpo.

—¿Diez horas? Oh, Dios —gimió Carol—. No creo que soporte diez horas.

—En cualquier momento que quieras analgésicos, sólo pídelos.

—No, voy a hacer esto sin la epidural.

Bella asintió y se sentó con ellos mientras las contracciones de Carol eran cada vez más cercanas y más seguidas. Le recordó a Carol utilizar los mecanismos de manejo que ella había aprendido en las clases prenatales. Las futuras mamás usaban varias posiciones para tratar de aliviar el malestar.

Edward entró y se paró junto a Bella.

—¿Cómo va?

—Las cosas están realmente avanzando ahora. Sospecharía que ella está casi de diez centímetros por la duración y la cercanía de las contracciones —dijo Bella, tratando de alejarse de él sin ser obvia.

Edward asintió con la cabeza.

—¿Cómo está el latido del corazón?

—Firme y fuerte. Sin preocupaciones en ese aspecto —le contestó—. También su presión arterial está bien.

Después de unos quince minutos, Carol comenzó a gemir de forma continua y empezó a llorar. Ella se aferró a su marido y sollozó que quería ir a casa, que ella no quería más tener a este bebé, que quería que el dolor desaparezca.

Bella le pidió acostarse para que pudiera confirmar que Carol estaba completamente dilatada. Bella se puso los guantes y realizó la revisión y les dijo a los futuros padres que Carol estaba de hecho, dilatada diez centímetros.

—Es por eso que estás tan sensible, Carol. Estás entrando en la etapa de transición. Ustedes podrán cargar a su bebé dentro de un par de horas —les dijo.

—Gracias a Dios. No sé... si… yo… pueda soportarlo… mucho más —gimió Carol, mientras el dolor irradiaba a través de su cuerpo. Se agarró de la mano de su marido como si fuera su única ancla en el planeta.

Sin previo aviso, Carol dijo que iba a estar enferma. Esperando totalmente esto, Bella agarró un recipiente quirúrgico, que fue utilizado rápidamente por Carol, quien luego se echó a llorar.

La etapa de transición entre dilatar y pujar era por lo general la parte más dramática del proceso de parto. Las madres se sentían fuera de control, mientras sus cuerpos tomaban el control, lo cual tenía que hacerlo hasta cierto punto. No había vuelta atrás. Empujar el bebé hacia fuera ahora era la única opción que quedaba.

Después de sólo diez minutos, Carol gritó que sentía ganas de pujar. Edward y Bella usaron la señal para tener el material de parto listo y se pusieron sus guantes y batas estériles.

—Respira, Carol —dijo Edward—. Tú quieres pujar durante una contracción para mejores resultados.

—Sí, el doctor Cullen tiene razón —acordó Bella—. Si haces lo que te decimos, esperamos que no te desgarres, ¿de acuerdo?

Carol asintió, incapaz de hablar.

—¿Cómo quieres dar a luz? —preguntó Bella. A las madres en trabajo de parto siempre se les daba la opción de dar a luz en cualquier posición que se sintieran más cómodas. Algunas preferían sentarse en la cama, a otras les gustaba el taburete de parto, un taburete que tenía una sección cortada para permitir a la partera asistirla. A algunas les gustaba ponerse en cuclillas, otras paradas, mientras otras usaban el puff para apoyarse.

Bella desaconsejaba el acostarse si era posible, ya que descubrió que las madres luchaban al máximo con el dolor en esa posición. Estar de pie también ayudaba con la gravedad.

—En el puff —expresó Carol, aún jadeando.

Agarrando el puff y poniéndolo en la cama, los tres ayudaron a Carol a subir y ponerse de rodillas sobre el puff. Dave fue y se sentó junto a ella, agarrando su mano mientras ella gritaba cuando comenzó otra contracción. A Bella le encantaba cuando las madres elegían acostarse sobre el puff, ya que le daba un acceso claro del canal de parto. También descubrió que causaba que menos madres necesitaran puntos después del parto.

—De acuerdo, Carol, quiero que pujes con esta contracción —ordenó Bella. Podía sentir la cabeza del bebé dentro—. Puja con los músculos del estómago, Carol. No con la garganta.

Carol hizo lo que le ordenó y gruñó y se quejó mientras pujaba con todas sus fuerzas.

—Bien, empieza a jadear ahora —dijo Bella, mientras la contracción disminuía.

Edward estaba a su lado, observando el procedimiento.

—Lo estás haciendo muy bien, Carol. Puedo ver la parte superior de la cabeza. Ya falta poco.

El patrón de pujo y jadeo continuó durante otros veinte minutos hasta que la cabeza del bebé comenzó a coronar.

—Ahora, Carol, puja con todas tus fuerzas —instó Bella, sus manos listas para sacar la cabeza del bebé fuera del canal de parto.

Llorando y gruñendo al mismo tiempo, Carol pujó tan fuerte como su cuerpo se lo permitió.

—Aarrrghhh... —gritó mientras la sensación de ardor de la coronación de la cabeza del bebé la consumía.

—Eso es, Carol, la cabeza esta casi afuera —gritó Bella. Con un pujo más fuerte, emergió la cabeza del bebé.

—Ahora jadea, Carol. Necesito girar los hombros del bebé. No pujes hasta que te lo diga, no importa cuánto lo quieras —insistió Bella.

Edward estaba a su lado listo para tomar al bebé tan pronto como naciera.

Bella giró suavemente la cabeza del bebé, la acción haciendo que los hombros del bebé rotaran, facilitando la salida del canal de parto.

—Bien, Carol. Un último pujo cuando comience la contracción y tendrás a tu bebé —dijo Bella.

Agotada, Carol se limitó a asentir. Treinta segundos más tarde, la siguiente contracción empezó y pujó con toda la energía que le quedaba. Bella, guiando al bebé, suavemente tiró al mismo tiempo y con un suave "plaf" el bebé nació.

Sin ningún tipo de estímulo, el bebé abrió la boca y emitió un gemido, el sonido más parecido a un maullido de gatito que al llanto de un bebé.

Dave se adelantó, su rostro radiante mientras miraba al bebé.

—¡Carol, es una niña!

Carol comenzó a llorar de alegría ya que su anhelado bebé estaba finalmente aquí.

—Una niña. Tengo una niñita —sollozó, de la felicidad y el agotamiento.

—¿Quieres cortar el cordón, papá? —preguntó Bella, tendiéndole las tijeras quirúrgicas. Edward sostenía al bebé, y Dave pasó adelante para hacer los honores. Con un poco de esfuerzo, cortó a través del cordón umbilical, sonriendo todo el tiempo.

Edward hizo una prueba rápida de APGAR al minuto y le dio la bebé a Bella, que la puso en brazos de su madre, dejando que las dos se conozcan por primera vez. Edward haría otra prueba a los cinco minutos y luego haría una revisión más exhaustiva, pero esto podía esperar.

—APGAR al minuto es un nueve —dijo Edward mientras Bella escribía esto en la historia clínica. La prueba de APGAR era una prueba rápida del color del bebé, respiración, reflejos y pulso que era tomada al minuto y a los cinco minutos después del parto. Se utilizaba para determinar si había una causa inmediata de preocupación. El puntaje total era de diez, así que el puntaje del bebé de los Evans era muy bueno.

Edward revisó a la madre por desgarramientos y para que expulsara la placenta, declarándola saludable antes de deshacerse de ella. Disculpándose con Carol, tomó a la bebé para un chequeo rápido. Bella estaba limpiando a Carol y eliminando los residuos.

—¿Cómo se encuentra ella, doctor Cullen? —preguntó Bella, viéndolo manipular las diminutas extremidades, revisando por cualquier problema.

—Es una pequeña belleza —dijo Edward, sonriendo a la pequeña bebé—. APGAR a los cinco minutos es un diez. Todo parece perfectamente bien hasta el momento. —Envolviéndola en la manta, levantó a la bebé en brazos y la sostuvo contra su pecho, cantándole en voz baja.

Bella lo observó mecer a la bebé y sintió una oleada de ternura hacia él. Se veía tan cómodo con la bebé. Bella los miró y sintió una atracción abrumadora hacia Edward en ese momento. La invadió el impuso de agarrarlo y besarlo.

Ella dio un paso atrás e intentó apartar el pensamiento. Fue sólo una reacción a la emoción de la noche, viendo como una de sus pacientes favoritas finalmente daba a luz a la niña que había anhelado. Eso era todo. Nada más.

Edward le entregó la bebé a su madre con una sonrisa.

—Es una bebé saludable y encantadora, Carol. Felicitaciones.

Los nuevos padres sonrieron y les agradecieron profundamente.

—Por favor agradézcanle a Bella. Ella hizo todo el trabajo —manifestó Edward—. Yo sólo fui un espectador.

Carol le pidió a Bella un abrazo, el cual Bella le dio inmediatamente.

—¿Ya tiene nombre? —preguntó Bella.

Carol miró a su marido, que asintió con la cabeza.

—Estábamos pensando en llamarla Danielle Bella.

Los ojos de Bella se llenaron con lágrimas de emoción.

—Oh, guau. Gracias. Es un hermoso nombre.

—Gracias por todo lo que has hecho. No sólo ahora, sino durante todo el embarazo. Soportaste mis lágrimas y miedos.

—Ha sido un placer —dijo Bella—. Ahora, vamos a dejarlos a los tres solos para que se conozcan por un momento. Luego, te pondremos en la sala. Puedes ducharte aquí si quieres. ¿Quieren algo de comer o beber?

Ellos negaron con la cabeza, su atención ahora se centraba en su hija recién nacida. Bella y Edward abandonaron la habitación.

—Hiciste un gran trabajo, Bella —la felicitó Edward, viendo como sus mejillas se sonrojaban. Ella, obviamente, quedó desconcertada por el elogio, pensó Edward. Eso era realmente encantador.

—Gracias, pero es mi trabajo —dijo Bella, odiando el hecho de que se había sonrojado de nuevo. ¿Por qué no podía aceptar el elogio sin ponerse estúpida al respecto?

—No, puedo decir que es algo más que un trabajo —dijo Edward.

Se miraron el uno al otro por unos instantes, el corazón de Bella latía silenciosamente. Edward fue el primero en romper el hechizo.

—Creo que debe haber pasado tu hora de salida.

Bella asintió con la cabeza.

—Sí, la tuya también. ¿Por qué no te fuiste? Probablemente te hayas perdido la cena de tu madre.

—Llamé a papá antes y le dije que llegaría tarde. Estoy seguro de que me ha guardado algo —se rio Edward—. Creo que me marcharé. ¿Y tú?

—Voy a llevar a Carol a instalarse en la sala, luego me iré —dijo Bella, caminando hacia el puesto de enfermería.

—De acuerdo. Pues bien, ¿te veré mañana? —preguntó Edward.

Bella asintió con la cabeza y vio mientras volvía a su oficina para agarrar su abrigo e irse. Ella buscó a los camilleros para trasladar a Carol y su bebé a la sala, deseándole buenas noches a la familia feliz.

Agarrando su bolso y abrigo, ella se despidió y salió caminando hacia la noche.