Capítulo 2

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Luke la observó, viéndola luchar consigo misma un instante, dejándola decidir, dejándola descubrir que era lo que quería, sosteniéndola en sus brazos sin querer dejarla ir. No estaba seguro de que haría consigo mismo si finalmente ella no quisiera lo mismo también.

—¿Cómo podría decirte alguna vez que no? —dijo ella soltando un suspiro tembloroso, volviéndose hacia él mientras una pequeña sonrisa tímida aparecía en su rostro.

Sus labios se encontraron de inmediato en un beso abrasador, y Rey lo sorprendió nuevamente presionándolo sobre la cama. Luke entonces soltó un gemido, cayendo con un ruido sordo con ella en sobre él una vez más, y Rey tiró de su cinturón distrayéndolo con sus labios, hasta que él se dio cuenta y fue capaz de sacarlo por completo.

—No tenemos que... — comenzó a decir Luke cuando una ligera preocupación comenzó a nublar el deseo reflejado en su rostro.

Una mirada triste se dibujó la cara de Rey al oírlo, definitivamente confusa.

—Oh… —susurró ella—, no me quieres... de esa forma —finalizó e intentó alejarse de él de nuevo, pero él no la dejó, su corazón doliendo, ya que ella claramente lo estaba malinterpretando.

—Rey, amor, eso no podría estar más alejado de la verdad —enfatizó Luke besándola profunda e intensamente—. Te deseo. Pero quiero que sepas que no tenemos por que hacer el amor ahora mismo; no esta noche si no estás preparada.

Rey le sonrió brillantemente entonces.

—Gracias pero... —interrumpió ella, moviéndose seductoramente sobre sus caderas—, ¿qué parte hay de mí que no te parece que esté lista para ti?

Luke le devolvió la sonrisa inclinándose para besarla. Sus palabras habían provocado un incendio en él que no había sentido durante tanto tiempo… y ella se sorprendió por la cantidad de lujuria en sus ojos al alzar sus ojos y mirarlo, pues nunca pensó que un hombre la desearía, y mucho menos un hombre como Luke. Era tan sabio… y el día en que se conocieron, tenía un aspecto tan regio…

¿Qué podría desear un hombre como él de una chatarrera que no tenía nada en la vida?

Luke entonces sintió sus preocupaciones a través de su vínculo, pasando una mano tranquilizadora por su espalda antes de retirarse hacia atrás para mirarla a los ojos, tomando su rostro entre sus manos, mirándola profundamente.

—También me he enamorado de ti, lo sabes, ¿verdad? —dijo—, si hay alguien que no es digno aquí, soy yo, y no te atrevas a protestar porque esa es la verdad. Pero… dejemos de pensar esas cosas y disfrutemos de esto.

Ella se detuvo un instante, pero solo un momento, porque realmente él tenía razón. Mucha. Sus labios volvieron a estar en los suyos en un instante moviéndose y bajando cada vez más, y mientras lo besaba iba dejando un rastro sobre su piel, abriendo su túnica, y él la detuvo con una sonrisa.

—No duraré, cariño, no si vas tan lejos ya —dijo.

Podía ser que Rey nunca hubiera hecho algo como eso antes, pero entendió a qué se refería, ruborizándose cuando él la ayudó a ponerse en pie, recostándola después sobre la cama, haciendo que yaciera sobre las almohadas. Ella lo observó entonces con profunda curiosidad mientras él se quitaba la túnica, dejándola caer al suelo, mordiéndose los labios mientras eso sucedía ante sus ojos, justo delante de ella; y se sintió atrapada bajo su mirada mientras él se deslizaba bajo las mantas y se movía para quedar sobre ella.

Sus labios se encontraron de nuevo en un beso abrasador y no pasó mucho tiempo antes de que él pasara una mano bajo su pequeña camisa de dormir para poner a prueba sus límites; sin embargo, con él, Rey no parecía tenerlos, así que él continuó, alzando la fina prenda sobre su cabeza revelando su hermoso cuerpo.

Luke notó su timidez rápidamente y antes de que ella pudiera cubrirse con los brazos se inclinó para besarla, uniendo su pecho con el de ella. No podía mirarla si estaban unidos, sintiendo el uno la piel del otro.

—¿Quieres que continúe, Rey? —dijo él rozando su cuello con la nariz, mordisqueándolo.

—Sí —murmuró ella suavemente, embriagada por su toque.

Pero él no se movió mucho, apenas lo justo para dejar marcas un poco más bajas, donde sobre su cuello se unía con la clavícula… sin embargo quería probar algo.

Deslizando su mano derecha, mecánica, sobre la suave piel de su abdomen, tanteó el terreno para ver si ella estaba bien con un toque aún más bajo. Un dedo metálico se coló por la cintura de los pequeños pantaloncillos que llevaba, y ella jadeó cuando rozó sus resbaladizos pliegues. Al principio, cuando se conocieron, él había esperado que ella ignorara su mano de metal, incluso que le provocara rechazo, nunca soñó que ella pudiera estar realmente excitada por eso. Así que se esforzó para moverlos donde la trajera el mayor placer.

—...mas...— rogó ella entre jadeos ahogados, notándola más húmeda a cada minuto, aunque en realidad él no pudiera sentirlo con su tacto de momento.

Ella soltó otro suspiro entonces, sujetándole la mano quieta en ese lugar, indicándole que lo que la estaba haciendo justo allí era perfecto; y sus jadeos continuaron durante unos minutos más, hasta que él sacó su mano, dejándola añorando la presión perfecta que estaba ejerciendo dentro. Luke hacía que su cuerpo hormigueara en todas direcciones, subiendo por su cuerpo, saboreando su clavícula con la boca de nuevo.

Y Rey se retorció ligeramente bajo de él, aferrándose a sus brazos, tratando de acercarlo, haciendo que él riera entre dientes mientras ella gemía, comenzando a depositar besos sobre sus pechos, deteniéndose para suavemente soplar aire cálido sobre sus ya duros pezones. Ella lo observó hacer, mientras él, que la notaba tan vulnerable, introducía uno de sus pechos en su boca, dejando toda su atención allí por el momento, antes de decidir pasar al otro. Rey, que claramente estaba disfrutándolo, le hacía sentir placer a él igualmente, por la forma en que su cuerpo se frotó contra el suyo mientras se movía debajo de él.

Finalmente él se alzó al sentir que ella le pasaba los dedos por el cabello, y sus ojos se encontraron. Subió dejando un rastro de besos suaves sobre su pecho, hasta que sus labios se encontraron de nuevo en un beso que ella devolvió.

Entonces él la envió un último pensamiento a través de la fuerza.

¿Estás segura?

Y ella le sonrió dulcemente, asintiendo.

Dejó un último beso antes de moverse para quitarse la poca ropa que le quedaba, desprendiéndose ella su pequeña prenda restante detrás de él. Cuando él se giró, ella estaba totalmente desnuda ya, mordiendo sus labios, y él no pudo evitar jadear por la visión. Ella dedujo que esa era una buena señal, resistiendo pues la necesidad de esconderse bajo las sábanas.

—¿Rey?—llamó él haciendo que ella se sentara, envolviéndola con su brazo mecánico, pasándolo alrededor de su cintura mientras con la otra acariciaba su mejilla—. ¿Soy yo... es esta tu primera vez?

Ella evitó su mirada un instante, asintiendo finalmente, cuando el repentino rubor se desvaneció de su rostro.

—¿Eso cambia las cosas? —dudó ella, preocupada

—¡No, por supuesto que no! —respondió él—. Padawan, me honra de que pienses en mí de esa forma, que te me entregues así.

Rey entonces sonrió pícaramente, girándose para besarlo.

—¿Qué estás esperando entonces? —dijo.

Su miembro tiró ante esa sencilla frase y supo que era el momento; tendió a Rey sobre la cama, quedando recostada sobre su espalda haciendo que jadeara sorprendida. Sus ojos estaban clavados en los del otro mientras se posicionaba sobre ella.

—Seré lo más suave que pueda —prometió, y ella le hizo saber que lo entendía, besándolo.

Frotar la punta contra sus pliegues pareció excitarla mientras se preparaba para seguir empujando, y Rey gimió cuando finalmente él se deslizó sobre su entrada y se movió, entrando en ella más y más, lentamente hasta detenerse por completo. Después se detuvo, dejándola que se acostumbrara a él, susurrando palabras tranquilizadoras mientras permanecían quietos. Finalmente, después de unos momentos, ella le hizo saber que quería que continuara.

Él se movió suavemente al principio, y ella jadeó cuando se deslizó hasta el final lo más que pudo, deteniéndose nuevamente para dejarla encontrar placer y superara cualquier dolor que pudiera sentir.

—Siento si te he... —comenzó a decir él.

—No, no lo has hecho... —negó ella, moviendo ligeramente la cabeza—, es solo que… me gusta sentirte conmigo… tan cerca...

Él sonrió con sinceridad y se besaron de nuevo antes de que ella le suplicara que se moviera, y él supo que la parte placentera definitivamente estaba pesando más en ella. Después la envistió, y, envestida a envestida ambos se acercaron a sus límites. El momento fue tan asombroso que ninguno de los dos había conocido o experimentado algo así.

Ambos supieron que eran mejores juntos.

Ambos sabían que estaban en su mejor momento, juntos.

Una unión así era la clave para fortalecer esa conexión.


Horas más tarde, después de que Luke se derramara dentro de ella mientras gritaba su nombre, yacían enredados sobre la cama, disfrutando del calor del otro, la forma en que sus cuerpos encajan perfectamente, incluso cuando ya no estaban en pleno acto.

—Eres preciosa —susurró él mientras la apretaba a su lado.

Todavía estaba desnuda y no podía creer que aún estuviera allí con él.

—No tienes que decir eso —dijo ella frunciendo el ceño mientras pasaba un dedo por los pelos del pecho.

—Lo digo porque es cierto, Rey.

Y Rey se sonrojó, dejando escapar un suspiro de satisfacción y él sonrió entonces, estirando ligeramente su cuello para besarla antes de volver a acurrucarse juntos. Tal vez si la habitación no fuera tan tranquila y no fueran los dos únicos en la isla, podría no haberla oído susurrarle.

—No sabía que había tanta felicidad en toda la galaxia.


A la mañana siguiente, Rey sonrió soñolienta a Luke sabiendo que no habría entrenamiento Jedi ese día.

Le rodeó la cintura con el brazo y se acurrucó a su lado volviendo a entrar en su suave calor hasta que ambos estuvieron lo suficientemente despiertos para otra ronda de lo sucedido la noche anterior. Durante todo el día se quedaron bajo de las mantas y sobre ellas y debajo y encima del otro. No hicieron más que fortalecer su vínculo aquel día, y aquella noche, después de separarse lo suficiente como para cenar, Rey prometió que al día siguiente volverían a entrenar con normalidad, como siempre.

Sin embargo, pasaron varios días antes de que pudieran incluso soñar con salir de la cama, tanto así que Luke incluso intentó separarlos una noche, jurándose que tenían que entrenar por la mañana. Fue apenas una hora antes que llamó a su puerta, haciéndola saber que no podía seguir con esta tortura en particular. Fue la primera noche que pasó en su propia cama, en lugar de en la de él, mucho más grande.

—No funcionará, que lo sepas —había dicho ella, sonriendo mientras él la besaba el cuello, al tomar en su mano una cuchara.

Él se había reído cálidamente en su oído.

—Ya lo sé —susurró, derrotado—, pero, Rey, debemos completar pronto tu entrenamiento.

—Lo sé, y no es que no quiera, simplemente es que no sé cómo dejar tus brazos.

Él había suspirado, y ella se preocupó de que él se estuviera arrepintiendo de su relación. Ella lo sintió, y al segundo él cerró su vínculo por un momento para que ella no pudiera sentir sus pensamientos. No podría hacerlo ni aunque quisiera, no habían llegado tan lejos en su entrenamiento, pero Rey entró en pánico, sin querer saber cómo se sentiría el que él la alejara.

Luke... vuelve a mí —rogó a través de la fuerza, y él dejó caer su muro de inmediato, acercándola hacia sí.

Rey entonces suspiró aliviada, entrelazando sus dedos con los suyos sus metálicos.

—Lo lamento —se había disculpado él, al pasar un momento.

Ella se giró entonces para besarlo y le hizo saber que le perdonaba.


La madrugada llegó rápidamente y a Rey no le gustó despertarse sin Luke, pero sabía que tenía que prepararse para su día, lejos de ella. Esta era otra de las razones por la que entendía las viejas costumbres de los apegos prohibidos, aunque estaba agradecida de que Luke no creyera en esa práctica, igual que en tantas otras. Sintió el aire fresco que entraba por la ventana, tomando la decisión de vestirse, arreglándose en un instante y tomando una fruta en la mano, saliendo a buscar a Luke a la colina.

Él estaba meditando cuando ella se acercó, y cuando se giró para mirarla casi pudo jurar que le escuchó soltar una maldición susurrada cuando sus ojos la recorrieron. Seguramente no fuera por sus cortos pantaloncillos de color canela y su pequeña camisa gris que revelaba su liso abdomen.

—Buenos días —saludó ella, mordiéndose el labio.

No estaba segura de si debía o no llamarlo "maestro", así que lo dejó así.

—Buenos días —respondió él—, creo que he decidido lo que debes aprender ahora, lo cual será definitivamente más fácil, ya que ambos sabemos ahora que confías en mí.

Y sonrió mientras soltaba una risita, como siempre, tenía buen sentido del humor.

—He estado postergándolo —añadió—, pero creo que ya estás lista.

—De acuerdo, ¿qué es?

—Cierra los ojos, Rey —pidió él.

Ella se sonrojó, obedeciendo mientras su curiosidad llegaba a su punto máximo, y sintió que él se posicionaba detrás suyo. Luke nunca llegó a tocar su piel, pero ella sintió un paño suave ser atado alrededor de su cabeza.

—Ábrelos —ordenó—. ¿Ves algo?

—No.

—Bien.

—Extiende la mano.

Entonces posó la espada laser en la palma de su mano y vio cómo sus dedos se cerraban alrededor de la base. Una vez que sintió que él se había alejado, escuchó los ruidos de una máquina, casi como si Bb-8 rodara cerca de ella.

—Esto es una prueba, Rey —escuchó la voz de Luke hablarla desde lejos—. ¿Cuánto puedes sentir a través de la fuerza? un Jedi puede sentir los movimientos de su rival antes de derribarlo. ¿Puedes tu?

Orgullosamente, vio cómo ella desvió golpe tras golpe sin dejar escapar uno. Debía admitir que Rey era mejor en esto que lo que él había sido en su entrenamiento con Obi-wan, y el pensamiento se sintió agridulce. Se preguntó entonces con qué frecuencia podría hacer que ella practicara ese ejercicio; le encantó verla así, con el cabello volando libre, su hermoso cuerpo en esos pantalones cortos y su piel expuesta por encima de la cintura.

La sensación de mirarla mientras se movía con rapidez, el aliento entrecortado y el fuego que sabía que ocultaban sus dulces ojos marrones era increíble.

Podría observarla hacer eso todo el día.


Casi al ponerse el sol, Luke dijo que se volvía para hacer la cena, y que el entrenamiento había terminado por ese día; y al llegar la joven anunció que se iba a dar un baño. Sin embargo ambos sabían lo que realmente querían decirse el uno al otro. Los dos habían sentido la tensión durante el entrenamiento, y Rey supo que no podrían seguir así.

Sus cenas eran por norma general muy casuales, y ahora que estaban juntos ella no tenía reparos en aparecer en camisón; sabía que a él no le importaría y que probablemente vestiría similar. Sonrió al verlo en la mesa exactamente como esperaba.

—Siéntate, Rey —dijo él, y ella estiró la mano para tocarlo.

Su necesidad de él vibró cálidamente cuando sus manos se rozaron, su vínculo en la fuerza brillando, sus ojos se iluminaron y él no pudo evitar sonreírla.

—Rey, tenemos que hablar.

—Lo sé —asintió ella.

—Hoy ha sido nuestro primer entrenamiento desde…

—¿Qué hicimos el amor? —sugirió ella.

Luke trató de luchar contra el rubor de sus mejillas, fallando miserablemente.

—Sí, y no estoy seguro de cómo ha ido —admitió—. Francamente, no estoy seguro si se como ser tu maestro ya.

—Luke, te respeto.

—Ya lo sé, pero escúchame, Rey —continuó Luke—, creo que debemos ajustar algunas de las cosas que habíamos pactado originalmente.

Ella asintió, demostrándole que estaba escuchando mientras sostenía su mano con fuerza.

—Creo que deberíamos retrasar nuestro regreso.

—De acuerdo —asintió ella coincidiendo.

—¿De verdad? —dudó él, sorprendido—, ¿no estás enfadada?

—¡Claro que no! ¿pasar más tiempo aquí, contigo? —sonrió ella—, claro que estoy de acuerdo con eso.

—Aparte, no creo que debas llamarme "maestro" ya —y añadió—, …a menos que quieras.

Y Rey no se perdió el brillo travieso en sus ojos cuando dijo la palabra maestro. Cada vez que la llamaba padawan, él se sentía sucio, y le resultaría mas sencillo entrenarla si no utilizaban sus títulos durante el entrenamiento.

—Muy bien, veré qué puedo hacer —sonrió ella—. ¿Podemos comer ya? ¡muero de hambre!


Después de la cena y después de que jugaran y se perdieran con conversaciones que no involucraban nada que tuviera que ver con los Jedi, Luke decidió lavar los platos él solo y dejar a Rey libre para que hiciera lo que deseara, lo que pensó que por lógica seria dormir.

Sintiéndose audaz, ella se acercó a él para besarlo en la mejilla antes de susurrar.

—Sí, maestro Luke.

El plato que él tenía en las manos cayó en el agua y salpicó, pero ni reparó en ello, aturdido mientras ella se alejaba; y de alguna manera había previsto lo que encontraría en su cama, por lo que no fue una sorpresa que su rutina nocturna terminara más rápido de lo habitual.

Luke contuvo el aliento al abrir la puerta de su dormitorio y encontrar a Rey tumbada en su cama, tan solo con una manta cubriendo su cuerpo y el paño ciego que habían usado durante el entrenamiento atado sobre sus ojos con un propósito completamente diferente ahora. De pronto se vio a si mismo ansioso por ver lo que ella planeaba, así que se quitó la túnica al instante y se sentó en el borde de la cama, arrastrándose hacia ella.

—Veo que has encontrado otro uso para mis métodos de entrenamiento, padawan —dijo con voz ronca.

Ella se estremeció al oírlo, notando la lujuria pasar por su voz.

—¿Cuáles son exactamente tus intenciones?

Ella le sonrió.

—Antes estabas en lo cierto con lo de que podría predecir los movimientos de un rival —sonrió ella de nuevo—, no veo nada, maestro... pongámosme a prueba de nuevo…

Ella le sintió inclinarse, sabiendo de inmediato que iba a besarla, y tan pronto como sus labios se separaron, bloqueó sus pensamientos para ella en buena medida. No podía creer que la tuviera así frente a él. Ella le estaba dando todo lo que quería en este momento y más, se sentía como el hombre más afortunado del mundo.

Usando la fuerza retiró lentamente la manta, dejando la mitad de su cuerpo a la vista, exponiendo sus pechos y abdomen, que se elevaba en rápida sucesión, mostrando su nerviosismo. No estaba nerviosa por estar así con él, tan solo se sentía insegura al no saber si él disfrutaría de eso.

Si tan solo supiera.

Pasando un dedo de su mano izquierda alrededor de la redondez de su pezón derecho, ella jadeó cuando él tuvo cuidado de no tocarla con los pliegues de su dedo; quería asegurarse de que estuviera sorprendida por sus actos, y por los sonidos que estaba haciendo, sin duda lo estaba. Después, cambió de rastreo el otro con su apéndice de metal también pasando ese dedo por su pecho, provocándola, rozando después en sus caderas, donde la manta aún cubría su área más sensible.

—Luke… —logró articular ella—, ...necesito…

Él tan solo pudo reír cálidamente, inclinándose hasta tomar un pezón perfecto en la boca, dejando que su lengua empapara la piel para después de tomarlo suavemente entre sus dientes. Y cuando lo dejó atrás Rey gritó desesperada, a lo que él respondió dejando besos por su abdomen; mas cuando alcanzó su cintura se detuvo, moviéndose hacia arriba para besarla profundamente mientras le quitaba la venda de los ojos.

—Por mucho que me haya gustado esto —enfatizó agitando la tela oscura—, deseo mirarte a los ojos mientras hacemos el amor.

Ella sonrió tímidamente entonces, asintiendo mientras él colocaba la tela sobre la mesilla de noche. Se acomodó bajo las sábanas moviéndose contra ella, haciendo que ambos soltaran ruidos placenteros y finalmente Luke enlazó sus dedos, besándola tiernamente antes de presionar la punta de su dureza contra ella. Pronto estuvieron moviéndose juntos con el nombre del otro saliendo de sus labios.

Más tarde esa noche, mientras yacían enredados Rey lo miró, soñadora.

—Antes dijiste que deberíamos quedarnos aquí más tiempo — comentó—, ¿de donde salió esa idea?

Luke suspiró mientras pasaba su mano metálica por su espalda amorosamente. Nunca la mentiría, ¿por qué habría de ser diferente esa vez?

—Motivos egoístas —respondió finalmente, y ella lo entendió.

No se enfadó por la respuesta, pues en realidad ella también quería estar a solas con él tanto tiempo como pudieran.

—No deberíamos —añadió él.

Y ella le sonrió radiante.

—Pero podríamos.

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Notas de la traductora (LadyLunay) -

Bueno, hasta aquí llega esta historia. Me ha gustado mucho traducirla, ojala os haya gustado.

Realmente mi corazoncillo siempre va a ser Reylo, pero con sinceridad, le veo mucho potencial a esta pareja; tal vez porque la dinámica entre maestro y alumna me gusta muchisimo como concepto, desde siempre.

Ah! mi corazon llora por Luke. Debo ser de las pocas que les gustó su papel oscuro y roto en The Last Jedi. Necesito mas de el. Now.

¿Me dejais vuestra opinion? curiosa o lo que sea, siempre se agradece una palabra. Reviews son amigos, no comida. ;)

Un beso.