Hola! Bueno, primero muchas gracias a todos los que leyeron la historia. Aquí está la continuación del fic, espero que les guste, pero antes, responderé a los reviews:
Maru BlackSG hellMuchas gracias por tu review! que bueno que te haya dado curiosidad, solo espero que sigas leyendo y que este capítulo te guste.
SuMiKo hoi hoi: jaja, bueno creo que la intención nunca fue hacer un momoxann xD pero igual quedo esto, es que quería hacerlos sufrir un rato o-o. Bueno aquí esta el capítulo, espero no haberme demorado demasiado.
Angie: Holas! Bueno, puede que Momo sea un baka, pero nunca es tarde para resolver los errores del pasado ;D espero sigas leyendo…
Ayacrawford-Reichan: Me alegro de que te haya gustado! Espero que leas este capítulo y te guste también!
Tomoka: Holas! Cuando escribo tu nick en word lo transforma a Tomota xD (bueno eso era un dato rosa o-o) jeje, muchas gracias por tu review, compatriota (xD me hizo gracia eso) me alegro mucho de que te haya gustado ah y no entendi lo de los mensajes subliminales de dif o-o bueno como sea acabemos con el ryosaku!
Gatitoallstarz: Muchas gracias por tus felicitaciones, espero este también te guste.
Neko-meko: waa, muchas gracias por tu review owo jeje, veremos que pasará con Ann, supongo que la incluí en esta historia porque quería escribir algo triste y hacer sufrir a los protagonistas :P waaa, soy mala xD espero te guste este capítulo.
II- ¿Coincidencia?
Era un día de otoño. Las hojas caían impulsadas por el viento y se esparcían en la vereda. Una joven contemplaba el paisaje desde la ventana de aquella silenciosa habitación y recordaba con preocupación el rostro de su marido la noche anterior.
En eso estaba cuando el timbre de la puerta sonó. La joven fue a abrir y tras el marco de la puerta se encontró con un conocido rostro moreno.
-Hermano, que bueno que viniste. Pasa.
-Sí, he estado un poco ocupado- el hombre se sentó en el sofá y la joven le sirvió una taza de café.
-Y dime ¿Cómo has estado?- preguntó el mayor. La expresión de la joven se volvió triste.
-Bueno… hay algo que me gustaría preguntarte, por eso te pedí que vinieras.- En ese momento la joven le contó a su hermano mayor las preocupaciones de su marido, pero tal vez se equivocó al pensar que él podría ayudarlos.
-Lo siento, creo que no puedo ayudarte- dijo el joven evitando la mirada de su hermana. La verdad es que aquella confesión lo había tomado por sorpresa. Una conversación pasada se cruzó por su mente, se mordió el labio inferior. Miró a la chica y pudo ver su rostro apenado, no pudo contenerse.
-Tal vez… si te sirve… hace algún tiempo me encontré con Inui Sadaharu- Los ojos de la joven se iluminaron. Inui Sadaharu, el rey de la data. Él sin duda debía saber. Ahora su búsqueda no sería tan difícil. Sabía lo que debía hacer, se lo había propuesto.
Ella sabía que su esposo no le había dicho toda la verdad, sabía que había algo que jamás iba a reconocer. Era cierto que Momoshiro extrañaba a sus compañeros, pero él jamás había formado con Tezuka, Syusuke o cualquier otro, un lazo tan fuerte como el que tuvo con Ryoma.
Desde hace tiempo que Ann no veía a su esposo tan unido a un amigo como cuando lo conoció. Sí, cuando lo conoció a él y a Echizen. Echizen había sido su mejor amigo, y ella sabía que era a él a quien más extrañaba, aunque Momoshiro no quisiera reconocerlo.
Él era un hombre muy sociable, y siempre estaba rodeado de amigos, pero había una diferencia entre todas las relaciones que había formado en el último tiempo y la que había tenido con Ryoma. Ann lo notaba. Sabía que Ryoma fue para Momoshiro uno de esos amigos que sólo se ven una vez en la vida, su mejor amigo.
Eso era lo que ella quería, recuperar esa vieja amistad, que su esposo volviera a compartir con el amigo de su adolescencia y que recuperara la chispa que había perdido.
Hoy era su día de suerte, que sorpresa se llevaría su marido
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Se alejó rápidamente de la casa y se subió a su auto. ¿Por qué tenía que haber hablado? ¿Por qué?
No quería ver a su hermana así de preocupada, pero tampoco quería que sus temores se volvieran realidad. El recuerdo de una antigua conversación volvió a cruzarse en su mente, desde ese momento supo que tarde o temprano esto ocurriría.
Al mismo tiempo el joven se sorprendía de que su hermana fuera tan ingenua, pero en cierto modo entendía. Ella no había dirigido un equipo de tennis, un equipo de hombres. Él sí, y sabía a la perfección el tipo de relaciones que allí se formaban.
Se reprochó mentalmente el haberle dado esa información, aunque en cierto modo la suerte estaba de su lado. Era muy probable que Echizen no estuviera en Japón.
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Que día más largo el de hoy. No hallaba la hora de regresar a casa. Sentado en aquella oficina los días parecían eternos. Cada día que pasaba era igual que el anterior. Él, un hombre importante de aquella institución, todo un gerente de banco.
La monotonía de aquel día se vio interrumpida por el teléfono. El incesante sonido resonaba en la habitación, aquella habitación donde las horas eran eternas. No quería contestar, se sentía mal, estaba harto de ver pasar el tiempo desde un sillón de oficina.
El sonido continuaba. Suspiró resignado.
-¿Sí?
-Momoshiro-san, tenemos un problema con un cliente.
Suspiró de nuevo al colgar el teléfono. Otra vez un cliente insatisfecho. De vez en cuando había clientes que exigían ver al gerente, era su deber atenderlos.
Salió de su oficina, avanzó entre escritorios hasta llegar donde los ejecutivos. Una muchacha alzó la mano para llamar su atención. El hombre se acercó.
-¿Qué pasa? ¿Dónde está el cliente?
-Hace un momento estaba aquí… no sé a donde se fue- la muchacha miró hacia ambos lados y se encogió de hombros, pero el cliente no se veía. Momoshiro esperó, el cliente pronto llegó. Aquel hombre tenía una apariencia deslumbrante.
Avanzó por aquel pasillo, bolso al hombre, lata en mano. Se veía muy joven, llevaba pantalones cortos y gafas de sol. Ese caminar, esa actitud, esa forma de beber la lata de bebida, esa forma de acomodar su gorra. Un fugaz recuerdo cruzó la mente de aquel gerente de banco, mas fue desechado.
-¿Tú eres el gerente?- preguntó el muchacho- Quería abrir una cuenta, pero tu ejecutiva es demasiado ineficiente- dijo con un tono arrogante y una mirada de suficiencia, pero las palabras no causaron el efecto esperado, el hombre estaba distraído. La mujer, ofendida, sólo se limitó a mirar.
-Disculpe las molestias, si gusta lo atenderé yo mismo. Por favor sígame a mi oficina- El moreno recorrió el camino de vuelta a su lugar de trabajo, seguido por el joven cliente. Mientras caminaban Momoshiro lanzaba furtivas miradas a su acompañante. Parecía un deportista, le producía algo extraño. Ese muchacho tenía algo, algo…
-Pase por favor- dijo abriendo la puerta de su oficina- Tome asiento.
Ambos hombres se sentaron, uno frente a otro. Momoshiro tras su escritorio se acomodó para atender a su cliente. Le entregó unos folletos con información acerca de los créditos, cuentas, y otras cosas que el joven ni siquiera se molestó en mirar, la verdad no le interesaban.
Momoshiro comenzó a hablar acerca del banco y las cuentas que le convenían, el joven lo interrumpió:
-Tengo prisa ¿Podría sólo abrirme una cuenta?- El gerente algo contrariado sacó unos papeles y comenzó a llenar los datos requeridos. Tan concentrado estaba que no vio al joven cuando se quitó las gafas. Éste tampoco le prestaba atención, no lo había mirado a la cara ni una sola vez, no se había molestado en eso.
-Disculpe ¿Cuál es su nombre?
-Echizen Ryoma.
La mente de Momoshiro se paralizó por un instante.
¿Cuántos Ryoma Echizen podían haber en todo Japón? Lentamente alzó la vista y su gran temor, y a la vez su mayor deseo, se volvió realidad. Sus ojos se encontraron con unos iris color miel, aquellos ojos… ¡Esos ojos! ¿Dónde los había visto antes?
Su corazón se paralizó, miles de recuerdos se aparecieron ante su vista como flechas, flechas que se clavaban en su piel y le dolían en el alma.
Por un momento se sintió desfallecer, tragó saliva, tomó valor. Gotas de sudor caían por su rostro. El tiempo se detuvo y aquel segundo se transformó en horas.
Analizó mejor la situación. Ojos felinos, gorra, bolso deportivo, bebida en mano… ¡Ponta! No, no podía ser otro. No era algo que pudiera descifrar por lo rasgos físicos de aquel sujeto ¡Su corazón se lo estaba diciendo!
Después de doce años volvía a tener a Echizen frente a sus narices.
-¿Ry..Ryoma?- preguntó algo dubitativo. El joven por primera vez alzó la vista y aquellas miradas se cruzaron por primera vez en mucho tiempo. Momoshiro pudo distinguir por una fracción de segundo algo parecido a la sorpresa en aquellos ojos, expresión que se desvaneció rápidamente siendo reemplazada por la expresión fría, la misma que había conocido años atrás. Quizás lo imaginó, quizás fue sólo una ilusión óptica, lo cual pudo comprobar con lo que siguió a continuación.
-¿Ryoma, eres tú? ¿¡Echizen!? ¿¡Ochibi!?
-¿Tú quién eres?- aquella emoción que había surgido en el fondo de su corazón se derrumbó tan rápidamente como aquella felicidad que había sentido en el pasado. Sintió su alma congelar, un frío abrasador que le destrozaba por completo. Las palabras del chico fueron como mil puñaladas y aquella esperanza surgida en medio de la tempestad moría como aquel antiguo amor.
-¡Soy Momoshiro! ¡Takeshi Momoshiro! ¡Momo-sempai!- el hombre había comenzado a alterarse, sabía que Ryoma siempre fue un insensible, pero no podía entender como lo había olvidado después de todo lo que vivieron juntos.
-No te conozco- se limitó a decir el joven con un tono frío y cortante, levantándose de la silla y saliendo de la habitación. Lentamente cerró la puerta, sin siquiera dirigirle una última mirada.
Momoshiro se derrumbó, literalmente se derrumbó. Se dejó caer sobre el escritorio, shockeado. Había visto marcharse por aquella puerta, por la cual salían los clientes insatisfechos, al único amor de su vida.
Ryoma Echizen había aparecido fugazmente en su vida, y fugazmente se había ido, sin explicaciones, igual que la última vez.
El largo día acababa, los últimos rayos de sol entraban por la ventana, y la monotonía había regresado al momento en que Ryoma había cerrado esa puerta. Momo aún seguía sentado en su sillón de oficina.
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Espero les haya gustado! Hasta la próxima!
