Notas de traductor:

Por fin la segunda parte… La cuenta dice 24,450 palabras...

Prepárense ;)


Parecía como si la clase con el club se hubiese alargado más de lo usual esa tarde, y solo podía echarle la culpa a Blaine por ello. El chico había tenido éxito en su audición y todos le habían dado la bienvenida con los brazos abiertos. Por más que no soportara al tipo, tenía que admitir que tenía una buena voz. Sin embargo, Dave estuvo a punto de arroja una silla vacía cuando escuchó que Kurt comenzaba a parlotear acerca de los varios solos que Blaine podría cantar.

—¡Blaine! —exclamó Kurt cuando saltó de donde estaba sentado, junto a Dave. El moreno apartó la atención de su conversación con Rachel y le sonrió al emocionado chico.

—¿Sí? —contestó el otro, mirando a Kurt de una manera que Dave denominó como casi coqueta.

—Deberías cantar Teenage Dream. Sé que la canta una chica, pero yo canto canciones de chicas todo el tiempo. ¡Creo que sonarás fantástico! —expresó Kurt.

—¿En serio? —dijo Blaine sorprendido, y Kurt asintió vigorosamente.

Obviamente, el señor Schuester había escuchado lo que habían dicho, porque sugirió que Blaine cantara la canción en ese momento, y que el resto del club podría acompañarlo. En definitiva, Dave no quería acompañarlo al cantar.

La banda comenzó a tocar y la voz de Blaine entró fuerte con las primeras frases. Estaba bailando y brincando por todo el salón de coro, mientras se entregaba al cantar. Hacia la mitad de la canción, antes del gran crescendo, Blaine se acercó adonde estaba Kurt y comenzó a dedicarle su actuación al chico. Cuando exclamó la palabra "yeah", poniéndose de rodillas y dejándolo todo en el escenario, Dave podría haber jurado que Kurt estaba sonrojado. Se suponía que esa reacción estaba reservada para él solamente. Cuando le dedicaba sus canciones a Kurt, Dave retozaba en el placer de ver a Kurt sonrojándose, así como sus miradas tímidas. Cuando Blaine acarició el hombro de Kurt, durante las últimas notas de la canción, Dave se acercó a su novio y rodeó sus hombros con el brazo. Si ese idiota volvía a tocar a Kurt, estaba seguro de que lo tiraría al suelo de un puñetazo.

Cuando la canción terminó, Blaine recibió una ronda de aplausos de parte del grupo. Hizo una reverencia y se sentó en la primera fila.

—¡Estuviste increíble, Blaine! ¿No es así, Dave? —preguntó Kurt, mientras miraba a Dave con expectación.

—No estuvo mal —contestó Dave sinceramente, con aburrimiento en la voz. Kurt hizo un sonido de protesta y se giró hacia Blaine, felicitando más al chico.

—¡Muchas gracias a todos! —dijo Blaine con gratitud—. Creo que me va a gustar mucho estar aquí.

Y yo detestaré mucho tenerte aquí, pensó Dave para sí mismo, con amargura. Apretó su agarre sobre Kurt. Iba a ser un largo resto del año escolar.

~o~o~o~

Era la mañana del viernes y Dave se había despertado con un terrible dolor de cabeza. Suponía que era porque la noche anterior se había ido a la cama, estresado y molesto, porque Blaine había sido invitado, por Kurt, a tomar café con él, Finn y Mercedes. No había sido lo mejor.

Había tenido que escuchar a Blaine contar historias de su vida en escuela privada y cómo las cosas eran diferentes allí. También había tenido que escuchar lo perfecta que era la vida del moreno y escucharlo hablar de sus influyentes padres e influyentes amigos. Kurt había tratado de meter a Dave en la conversación múltiples veces, pero Dave no había hecho caso. Se quedó dándole traguitos a su té de lavanda y moviendo la cabeza cuando sentía que era apropiado.

Entonces, ahora estaba sufriendo las consecuencias de estar cerca de Blaine. Sabía que era malo enfocar toda su energía en odiar a alguien con tanta fuerza, pero Blaine se lo ponía muy difícil. La forma en la que hablaba, la forma en la que capturaba la atención de Kurt simplemente por ser como era. Solo llevaba dos días en McKinley y ya tenía a todos comiendo de la palma de su mano, y eso lo hacía rabiar.

—¡Joder! —gruñó contra su almohada. La cabeza le dolía tanto que ni siquiera podía abrir los ojos. Tampoco lo hacía porque estaba seguro de que el sol lo mataría. Deseaba que Kurt estuviera a su lado, para hacerlo sentir mejor.

Intentó levantarse para tomar algo de medicina del mueble de su baño, pero no lo consiguió, pues el dolor lo obligó a volver a recostarse. Comenzó a sentir náuseas y supo que ese día no sería uno grandioso—. ¡Mamá! —gritó, cuando sintió que las ganas de vomitar se le pasaban. El sonido de su propia voz le parecía un concierto de rock.

Rogaba porque su madre lo hubiera escuchado a la primera. No estaba seguro de si podría aguantar el sonido de su voz llamándola de nuevo.

—¿Qué sucede, cariño? —dijo su madre, mientras se sentaba en la cama. Dave todavía tenía los ojos cerrados. Sólo se frotó la cabeza y la mujer soltó un suspiro cuando lo entendió—. Voy a conseguirte una cita —dijo su madre mientras iba al baño por los analgésicos.

—No —gruñó Dave.

—No con el psiquiatra. Solo quiero que vayas con el doctor para que te recete algún medicamento que sea específico para tu tipo de dolor —contestó, mientras le pasaba un vaso de agua y las píldoras.

—¿Tengo que hacerlo? —preguntó el chico, levantándose lo suficiente como para poder pasarse las píldoras.

—No está a discusión. Haré que la programen esta semana. Necesitamos cuidar esto —dijo la mujer, mirándolo fijamente. Dave se movió para recostarse de nuevo. Soltó un suspiro cuando su cabeza tocó la suave almohada de nuevo.

—Bien. Iré pero solo por el medicamento. Ya no puedo soportarlo —dijo Dave.

—¿Crees poder ir a la escuela hoy? —preguntó su madre, colocando la mano en su frente, para tranquilizarlo.

—No —respondió Dave suavemente. Sonaba patético, pero no le importaba. Sentía que iba a morir.

Sonrió cuando su madre le dio permiso para quedarse en casa todo el día, pero luego dijo que no podría ver televisión. El chico no discutió, porque estaba seguro de que no podría soportar mirar el brillo del aparato. Cuando su madre se fue, Dave consiguió mandarle un mensaje de texto a Kurt, poniéndolo al tanto de lo que había pasado.

Kurt le contestó algunos minutos más tarde, y casi podía escuchar la preocupación de su voz en el mensaje. Le respondió de nuevo antes de acomodarse en su cama y quedarse dormido de nuevo.

Lo siguiente que Dave supo fue que se despertó por segunda vez en el día. Miró el reloj y vio que la escuela apenas estaba terminando. Tomó su teléfono de la mesita de noche y vio que tenía algunos mensajes: todos de Kurt.

Espero que te estés sintiendo mejor.

Te extrañé en el almuerzo.

Iré a tu casa en cuanto acabe la escuela. ¡Tienes que estar despierto!

En cuanto leyó el último mensaje, escuchó el timbre de la puerta. Escuchó que la puerta se abría y el sonido de su madre y Kurt saludándose. Por el tono de sus voces, podía adivinar que Kurt estaba elogiándole el atuendo a su madre, y a ella podía imaginársela sonrojándose y agradeciéndole el gesto. Momentos después, escuchó el suave andar de Kurt, subiendo las escaleras hasta su cuarto. Cortésmente, Kurt tocó la puerta y luego entró, sin esperar respuesta.

—Hola, amor. ¿Cómo te sientes? —dijo Kurt en cuanto entró al cuarto.

—Un poco mejor. Solo necesitaba dormir un poco —contestó Dave. El chico soltó un suspiro de alegría cuando Kurt se acomodó sobre su cama y se acurrucó con él.

—Fue extraño no tenerse cerca hoy. Blaine preguntó por ti —dijo Kurt, pasando una mano por debajo de la camiseta de Dave, para que descansara sobre su estómago.

—¿Ese lunático preguntó por mí? —dijo Dave, bufando.

—Blaine no es un lunático —dijo Kurt—. Estaba realmente preocupado.

—Claro. Apuesto a que estaba feliz de que yo no estuviera hoy, para poder intentar seducirte —comentó Dave.

Kurt rio por lo ridículo de la idea.

—Vale, bueno, si ese fuera el caso no te habría invitado a su casa mañana, con el resto de los del club Glee, para una fiesta.

—Solo quiere caerme bien, para fingir que es mi amigo, y luego, ¡bam!, intentará echarte los perros cada vez que le sea posible —explicó Dave, y Kurt rio con gusto.

—Tienes una imaginación demasiado activa a veces, ¿lo sabías? —dijo Kurt, pasando la mano por el estómago de Dave.

—Eso me han dicho muchas veces —comentó Dave.

Los dos se quedaron en silencio en ese momento, y Dave pudo escuchar cómo Kurt tarareaba una melodía al azar. Era una sensación pacífica.

—Sé que no te agrada Blaine, y creo que él también lo sabe, pero es muy amable como para comentar algo —dijo Kurt después de un rato.

—Bueno, es bueno que esté al tanto de ello —dijo Dave.

El chico pudo sentir cómo Kurt rodaba los ojos.

—Solo quiero que sepas que nunca permitiría que alguien interfiriera en lo que tenemos; al menos, no a propósito. Así que, si eso es lo que te preocupa, puedes dejar de hacerlo.

—Kurt —comenzó Dave, pero fue interrumpido de golpe.

—Sólo trata de tolerarlo, ¿de acuerdo? Ven a la fiesta mañana y trata de que te agrade. Es muy divertido y lo único que está tratando de hacer es encajar y hacer amigos —rogó Kurt suavemente.

—Agh, sabes que no puedo decirte que no —dijo Dave, soltando un suspiro.

—Lo sé —respondió Kurt con una sonrisa—. Entonces, ¿lo harás, por mí?

Dave asintió.

—Lo haré. Haré cualquier cosa por ti.

Kurt se estiró y besó a Dave en los labios.

—Gracias. Vamos a divertirnos, te lo prometo.

Dave asintió una vez más y Kurt lo besó de nuevo. Tenía la sensación de que "divertirse" no iba a ser parte de su día para nada.

~o~o~o~

Eran alrededor de las ocho en punto cuando Kurt y Dave se estacionaron frente a la residencia de los Anderson. Era un vecindario agradable y una casa incluso más bonita. Desde afuera, Dave se preguntó por qué los padres de Blaine le permitirían hacer una fiesta con un montón de alborotados adolescentes. Con solo estar cerca del chico, suponía que sus padres preferirían cocteles y fiestas de noche, en vez de reuniones en casa.

Kurt apagó el motor de su carro y se relajó contra el asiento, para luego girarse hacia Dave.

—Cariño, recuerda lo que dije, ¿de acuerdo? Solo diviértete —dijo el chico mientras pasaba la mano por encima de la consola central y tomaba la de Dave.

—Lo intentaré —dijo Dave con honestidad, y apretó la mano de Kurt antes de soltarlo. Los dos salieron del auto y caminaron por el largo trecho hacia la puerta principal.

Mientras caminaban, vieron que eran los últimos en llegar, dado que la entrada de Blaine ya estaba llena de carros. Cuando llegaron a la puerta, Kurt se encargó de tocar el timbre. No fue sino hasta el segundo timbre que Blaine abrió.

—¡Hola, chicos! —El moreno ya estaba entusiasmado y un poco ebrio. Dave rodó los ojos discretamente. Nunca habría pensado que alguien tan sofisticado y calmado como Blaine se soltara con solo unos tragos.

—Gracias de nuevo por invitarnos —dijo Kurt amablemente, mientras Blaine se hacía a un lado para dejarlos entrar.

—No hay problema —dijo Blaine, encogiéndose de hombros. Miró a Kurt de nuevo y sonrió—. Te ves muy bien esta noche.

Kurt le sonrió de oreja a oreja y Dave frunció el ceño. Kurt solía reservar esa sonrisa solo para él.

—Gracias. Es solo algo que acomodé, no es nada especial.

Dave sabía que eso era una mentira. Kurt pasaba horas tratando de encontrar el conjunto perfecto, y esa noche no había sido diferente. Dave estaba bastante seguro de que el chico se había probado alrededor de cincuenta conjuntos, antes de decidirse por los pantalones negros y ajustados, que se le pegaban en todos los lugares correctos, y la camisa blanca de vestir con el chaleco negro encima. Kurt sí se veía bastante bien, pero solo Dave tenía derecho de reconocerlo.

—Bueno, se ve genial —dijo Blaine suavemente. A Dave le parecía que se estaba perdiendo en sus propios pensamientos inapropiados de su novio, haciendo que se sintiera realmente incómodo. Entonces, se aclaró la garganta, como para hacer que Blaine dejara de babear por su novio.

—Bueno, ¿dónde es la fiesta? —preguntó Dave con molestia en la voz, y tomó a Kurt de la mano, como un acto de propiedad. Si eso era lo que le esperaba la noche entera, que Blaine estuviera viendo a su novio con lascivia, entonces ni siquiera iba a fingir que estaba interesado. Ni por el bien de Kurt.

Blaine giró la cabeza hacia Dave y sonrió.

—Oh, es en el sótano. Los llevaré.

Dave y Kurt siguieron a Blaine mientras éste los llevaba por un largo pasillo. Dave mantuvo la mano en la parte baja de la espalda de su novio todo el rato. Mientras caminaban, Blaine les explicaba a dónde llevaba cada puerta. Pronto, el chico los hubo pasado por una puerta y las escaleras que llevaban al sótano.

La música estaba a todo volumen y Dave podía sentir las vibraciones del bajo contra su pecho. Miró a su alrededor para ver que la fiesta estaba a todo lo que daba. Santana y Brittany estaban bailando juntas, pero uno podría decir que estaban teniendo sexo de pie. Finn y Mercedes estaban parados contra la pared, muy juntos, con bebidas en las manos y hablando en susurros. El resto del club estaba riendo y bailando y pasándola bien.

Kurt se giró y le sonrió a Dave, antes de caminar hacia donde estaban sentadas Tina y Rachel. Dave miró cómo se sentaba y comenzaba a platicar con las dos chicas. Dave estaba a punto de ir a acompañar a su novio y sus amigas cuando sintió una mano en su hombro. Giró sobre sus talones y vio a Blaine parado detrás de él, dándole un trago a su bebida, con una expresión divertida en el rostro.

—¿Qué? —dijo Dave, fulminando al chico con la mirada.

—No es nada, realmente… —comenzó Blaine, dándole otro trago, más largo, a la botella que traía en la mano—. Es solo que no pensé verte aquí esta noche.

—¿En serio? ¿Y por qué es eso? —preguntó Dave, cruzando los brazos contra su ancho pecho.

—Es que no pareces de los que les guste estar cerca de un grupo de gente. Pareces el tipo de chico al que le gusta la soledad —dijo Blaine, encogiéndose de hombros.

—Tú no sabes una mierda acerca de mí, así que no finjas que te interesa —dijo Dave en voz baja.

—Yo no finjo nada. —Y con eso, Blaine se alejó, dirigiéndose a la barra para buscar otra bebida, suponía Dave. El chico podría haber dejado la conversación hasta ahí, pero estaba irritado y sentía la necesidad de comenzar una pelea que no necesitaba comenzar.

—¿A qué quieres llegar, Anderson? —preguntó Dave.

Blaine arqueó una ceja, confundido, pero Dave podía ver que había algo más debajo de esa máscara.

—Yo no quiero llegar a ningún lado, Dave. Es solo una observación.

—Bueno, deja de preocuparte por mí y, mientras estás en ello, deja de preocuparte por Kurt. Déjalo en paz —dijo Dave, acercándose más al otro chico.

—Kurt y yo somos amigos. Yo no dejo a mis amigos en paz —comentó Blaine con una sonrisa de suficiencia.

Dave apretó el puño, tratando de contener el impulso de que se encontrara con el rostro de Blaine.

—Bueno, Kurt es mi novio y yo te estoy diciendo que lo dejes en paz. Si no lo haces, bueno, probablemente a mi puño le gustará tu rostro.

Blaine sonrió, sin mostrar señal alguna de estar asustado por la amenaza de Dave.

—No sé por qué te sientes tan amenazado por mí. Simplemente estoy siendo yo mismo.

—Oh, no actúes como que no sabes a qué me refiero —dijo Dave, mofándose. Podía sentir su ira aumentar, y sabía que, si no se alejaba en ese momento, entonces algunos golpes iban a volar.

Blaine se encogió de hombros.

—Si me disculpas, tengo algunos invitados a los que atender. La cerveza está detrás de la barra, en el refrigerador. Eso parece más de tu estilo.

Dave golpeó la madera de la barra con el puño, mientras Blaine se alejaba. El sonido fue, afortunadamente, amortiguado por el ruido de la música. Blaine sabía que Dave estaba vigilándolo, y el maldito estaba actuando como si nada. Tenía que hacer que Kurt viera lo que él podía ver. Sabía que iba a ser difícil, porque su novio solía ver lo bueno en todos, incluso cuando era claro que estaban haciendo algo malo.

Dave se pasó atrás de la barra y abrió el refrigerador, sacando una lata de cerveza. A pesar de que estaba marcada como cosa de Blaine, no le importaba. Necesitaba sentir algo diferente a lo que estaba sintiendo ahora. No podía creer lo fácil que Blaine podía molestarlo. Ni siquiera conocía al chico por una semana, y ya quería asesinarlo. Se acabó la cerveza rápidamente y al instante fue por otra. Abrió la lata nueva y le dio un largo trago.

Miró con enojo cómo Kurt platicaba con facilidad con Blaine. No era fácil para él ser testigo de cómo otro chico coqueteaba con su novio. Y era particularmente difícil ver a Kurt aceptando todo lo que Blaine le ofrecía, sin importarle que el chico prácticamente intentaba llegar el nivel de "más que amigos". Blaine no tenía puta vergüenza y eso le molestaba a Dave sobremanera.

Ya casi se acababa la tercera cuando vio que Kurt se excusaba de su conversación con Blaine y caminaba hacia él. Bebió hasta la última gota y aplastó la lata con la mano. Miró que Kurt lo veía cautelosamente, mientras arrojaba la lata en un bote cercano.

—Antes de que lo preguntes, estoy bien —dijo Dave, arrastrando las palabras. No iba a admitir que, al beber, era de peso ligero. Debería haberse detenido en la primera, pero sus emociones estaban dictando sus acciones en ese momento.

—No lo pareces —dijo Kurt, con tono franco, palmeando el pecho de Dave con afecto.

Dave se alejó prontamente del chico, ignorando la expresión de dolor en el rostro del chico. Le dio la vuelta a la barra y tomó otra cerveza.

—Creo que deberías detenerte —escuchó que Kurt sugería, pero lo ignoró y abrió la lata, para luego comenzar a beber.

—¡Me siento jodidamente genial, Kurt! —dijo Dave, alzando la voz un poco. Alcanzó a ver a Santana, que los miró por un momento, antes de regresar su atención hacia Brittany.

—Dave… —dijo Kurt en voz baja, reprimiéndolo—. Estás ebrio.

Dave se tambaleó un poco mientras se acercaba a Kurt.

—No es cierto. Eso es… jodidamente… falso.

Kurt lo miró preocupado.

—Vamos, cariño. Solo detente.

Dave le dio otro trago.

—Te dije que estoy bien, así que, ¿por qué mejor no te vas con tu nuevo mejor amigo y me dejas solo? —Empujó al chico para pasar y se dirigió hacia las escaleras.

—¿Cuál es tu problema? ¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó Kurt, mientras seguía a Dave.

Dave cerró los ojos. Parecía como si, cada vez que él y Kurt peleaban, la amenaza de un dolor de cabeza llegaba.

—Es que… No, ahora no, Kurt. Sólo déjame beber mi cerveza y tú vete a pasar el rato, o lo que sea que hagas con… quien sea.

—Dave, dijiste que ibas a intentar divertirte un rato. Me lo prometiste —dijo Kurt, poniendo una mano sobre su pecho.

Dave bufó y siguió bebiendo.

—Sé que lo dije, pero el Blando ese lo arruinó. Así que, ahí lo tienes, joder. La diversión se arruinó.

Kurt giró la cabeza para ver a Blaine, que estaba cantando con Rachel con voz ebria.

—¿Qué hizo él? —preguntó Kurt.

—Ya no importa —dijo Dave, rodando los ojos.

—Claro que importa. Cuéntame —exigió Kurt.

—Déjalo en paz, Kurt.

Kurt bufó de la frustración. Ya no dijo nada, probablemente creyendo que no iba a conseguir una respuesta directa, así que se rindió. Parecía que Kurt estaba listo para alejarse de Dave, cuando Blaine decidió auto invitarse a su conversación.

—¿Todo bien por aquí? —preguntó Blaine, poniendo una mano en el hombro de Kurt, como para consolarlo. Dave no se iba a quedar de brazos cruzados y dejar que otro chico tocara lo que le pertenecía, así que le dio un manotazo al moreno, para alejar su mano de Kurt.

—¡David! —gritó Kurt, impactado. Se giró para disculparse con Blaine, pero éste lo dejó pasar.

—Está bien, Kurt —dijo Blaine, mirando a Dave—. Es solo que ha bebido mucho.

—Estoy de acuerdo —dijo Kurt, fulminando a Dave con la mirada. El chico no parecía tener alguna clase de remordimiento.

—¡No recuerdo que alguien pidiera tu opinión! —gritó Dave, girándose hacia Blaine. Para entonces, todos tenían la atención puesta en el trío, y se preguntaban si debían intervenir o no.

—¡Oye! Dave, cálmate —dijo Blaine, alzando las manos en gesto defensivo.

—Mira, sé que ésta es tu casa, pero no voy a dudar en darte un puñetazo en el puto rostro. Ahora, déjanos en paz a mí y a mi novio. —Las palabras de Dave provocaron jadeos por parte de todos en el cuarto, incluyendo Kurt.

—Estás delirando —dijo Blaine, riendo y negando con la cabeza.

—Más te vale que tengas cuidado —dijo Dave, cerrando el puño. Casi podía saborear la victoria de ver a Blaine tirado en el suelo, gracias a su inevitable golpe.

Blaine soltó un suspiro y se giró hacia Kurt.

—Creo que deberías llegar a Dave a casa. Quiero decir, es claro que no sabe cómo comportarse en público.

Kurt se sonrojó por la vergüenza.

—Lamento todo esto, Blaine. Te compensaré después, ¿de acuerdo?

—¿A qué te refieres con que lo compensarás luego? ¿Estás bromeando conmigo o algo por el estilo? —intervino Dave. Podía haber estado un poco tomado, pero aún estaba alerta, y lo que estaba pasando no le divertía.

—Cálmate —dijo Kurt, con los dientes apretados. Blaine sonrió como si estuviera burlándose de él, y Kurt le dio un abrazo corto antes de tomar a Dave de la mano y subir por la escalera del sótano.

Cuando estuvieron afuera de la casa, Dave se alejó de Kurt con brusquedad, casi provocando que el chico tropezara en el cemento.

—¡Mierda! Lo siento —dijo Dave, agarrando al otro chico de la cintura, para evitar que se cayera.

Ahora fue el turno de Kurt de alejarse. Dave sentía que podía morirse.

—¿De qué demonios se trató todo eso? —gritó Kurt, acercando el rostro al de Dave.

—Fue la culpa de ese imbécil —dijo Dave rápidamente, caminando hacia el auto de Kurt—. No puede mantener el jodido pico cerrado.

—¡Sí, claro! ¡Solamente estaba siendo amable contigo, David! ¡Te invitó, nos invitó a su casa, y tú lo trataste como mierda! —Kurt estaba enojado y hacía mucho escándalo—. ¡Sólo necesitabas ser amable! Eso era todo. Pero no… ¿Te pones ebrio y le dices cosas tan groseras? No lo entiendo.

—¿A quién carajo le importa? Yo debería ser la única persona que importa en esta situación —dijo Dave, agitando los brazos en el aire como si fuera un lunático.

—Estás siendo egoísta y lo sabes —dijo Kurt, ignorando sus palabras.

Dave negó con la cabeza y gritó hacia el cielo nocturno, con total frustración. ¿Por qué le estaba pasando eso?

—¡Dave! ¡Estás actuando como loco! —gritó Kurt con fuerza, tratando de hacerse oír por encima de los gritos de Dave.

Dave se detuvo y giró sobre sus talones, para encarar a Kurt. Los separa una distancia considerable, y el aire era pesado entre ambos.

—¿Cómo te atreves a llamarme "loco"? —dijo Dave en voz baja, haciendo que Kurt diera un paso atrás, agrandando la distancia entre ambos. Dave sabía que, cuando Kurt se alejaba, significaba que estaba asustado. Odiaba hacer que Kurt le tuviera miedo, pero estaba demasiado enojado y su moral había salido por la ventana.

—No sé cuál es el problema, pero necesitas poner todo en orden —dijo Kurt, cruzando los brazos contra su pecho.

Dave dio un paso hacia delante.

—Yo no necesito ordenar nada, Kurt. ¡Lo que necesito es que dejes de juntarte con ese idiota!

—¡Blaine no es un idiota, Dave! Él es mi amigo. ¿Por qué te resulta tan difícil aceptarlo? —preguntó Kurt. La ira en su voz era evidente.

—¡Por Dios, Kurt! ¿En serio eres tan estúpido? ¿Qué no puedes ver que él quiere ser algo más que un amigo? Está robándote de mí bajo tus propias narices y tú ni siquiera lo notas porque estás demasiado cegado por su estúpido encanto. —Dave estaba enojado y la cabeza comenzaba a dolerle.

Kurt bufó por esas palabras.

—Blaine no está haciendo tal cosa. Ya te lo dije.

Dave se rehusó a reconocer lo que Kurt acababa de decir y continuó su diatriba.

—¡Joder! Tú eres mi novio, Kurt, y te amo. Lucho por estar contigo cada día, y cuando ese idiota está cerca, es como si nada de eso importara. —Dave necesitaba detenerse, porque ahora sentía la sobrecogedora necesidad de llorar, y no iba a dejar que Kurt lo viera de ese modo.

Kurt negó, incrédulo, con la cabeza, y se acercó a Dave.

—Claro que todo esto me importa. Tú me importas.

—Entonces deja de juntarte con Blaine —dijo Dave con facilidad, y esperó pacientemente la respuesta de Kurt.

—Eso no es justo —dijo Kurt, fulminando a Dave con la mirada.

—¿Eso, eso no es justo? —comenzó Dave, mofándose—. Bueno, no es justo que yo tenga que ver cómo otro chico intenta meterse en tus pantalones. No es justo que tenga que ver cómo otro chico te hacer reír y te hace sonreír como solo tú sabes hacerlo. ¡No es justo que tenga que ver lo normal que te comportas cuando estás con otro chico! —Dave estaba gritando y no le importaba. Estaba tan jodidamente enojado con Kurt, por ser tan distraído, y eso comenzaba a desestabilizar sus emociones.

—¿Te estás escuchando siquiera? —preguntó Kurt, sin poder creerlo—. ¡Yo te amo a ti! ¡David Karofsky, te amo a ti y a nadie más! ¡Por favor, entiende eso!

Dave no podía soportarlo más, a pesar de que Kurt estuviera gritándole que lo amaba. Lo miró por última vez, dolido y confundido, y se alejó caminando.

—¡David! —gritó Kurt detrás de él, pero lo ignoró y siguió caminando—. ¡Bien! ¡Llámame cuando dejes de ser un estúpido celoso!

~o~o~o~

¡Sáquenme de aquí, con un carajo! —gritó Dave a alguien. Su rostro no era claro, pero podía notar que era un hombre y que estaba sentado en un pequeño cuarto.

David, sabes que no podemos hacer eso —dijo la voz con firmeza.

¡Yo no hice nada malo! —dijo, repitiendo las palabras, hasta que la misma voz lo interrumpió.

Eso no es verdad, David —dijo la voz—. Esta es tu vida ahora. No hay nada que puedas hacer para cambiarlo.

¡Déjeme irme, por favor! —rogó Dave, golpeando su asiento con las manos. Gritó las mismas palabras hasta que su garganta estuvo tan irritada que no pudo gritar más.

Dave se levantó con un grito atrapado en la garganta. Su cuarto estaba completamente oscuro, indicando que seguía siendo de noche. Se puso de lado sobre su cama, boqueando como si fuera a vomitar. Ni siquiera le importaba que no hubiera bote de basura cerca de su cama, así como tampoco le interesaba que, si vomitaba, todo eso se quedaría ahí. Tenía un dolor de cabeza que lo estaba matando. Comenzaba a desear tener una receta para sus dolores porque, si sus sueños no lo mataban primero, sus dolores de cabeza lo harían.

Afortunadamente, nada estaba acechándolo, y el chico dio un suspiro de alivio. Se dejó caer sobre su almohada, cubriéndose los ojos con el brazo. Usualmente, llamaba a Kurt cuando sus pesadillas ocurrían a la mitad de la noche. Kurt siempre quería saber lo que estaba pasando de inmediato, pero sabía que sería un completo idiota si lo llamaba ahora. Desde la gran pelea en la fiesta de Blaine, se habían estado ignorando el uno al otro. Claro, solo habían sido unos cuantos días, pero Dave sentía como si fuera una vida. Usualmente, uno de ellos cedía y se disculpaba al siguiente día, pero ambos estaban siendo demasiado tercos esta vez. Algo había cambiado después de la pelea, y Dave no estaba seguro de qué era. No quería nada más que tener a Kurt en sus brazos, pero eso no sería fácil.

Después de que Dave hubo llegado a casa esa noche, viajando en taxi porque Kurt lo había dejado en la entrada de la casa de Blaine, y había estado demasiado avergonzado como para pedirle a alguno de sus amigos del club Glee que lo llevara a su casa, se había ido a dormir para que la borrachera se le bajara. Había tenido suerte, pues sus padres ya se habían dormido y no estaba seguro de si sería capaz de explicar por qué olía a cerveza y se veía tan mal.

Dave miró su reloj sobre la mesa de noche y vio que todavía le quedaban cuatro horas de sueño, antes de tener que levantarse para la escuela. De por sí los lunes apestaban, y ahora sería peor porque no iba a tener a Kurt a su lado. En ese momento decidió que, cuando entrara a la escuela, iba a tragarse su orgullo e iba a rogarle al otro chico que lo perdonara. No iba a permitir que un chico nuevo llegara y arruinara lo que le había costado trabajo construir. Kurt lo era todo para él. Dave sabía que Kurt era el hombre con el que se iba a casar y envejecer, y nada iba a cambiar eso.

Solo esperaba que Kurt estuviera de acuerdo.

—Dave, más te vale que arregles lo que rompiste —dijo Finn, acosándolo en cuanto entró a la escuela esa mañana.

—Amigo —comenzó Dave, sabiendo de inmediato a lo que Finn se refería—. Yo me encargo. Kurt y yo sólo tuvimos un malentendido, eso es todo.

—Bueno… Más vale que lo hagas, porque este fin de semana ha estado horrible: escuchando a Kurt llorar y evitando que Burt tomara su escopeta y te atacara porque lastimaste a su hijo —dijo Finn, riendo un poco.

Dave echó la cabeza para atrás y soltó un suspiro. No había querido que Kurt la pasara tan mal. Sus emociones estaban muy descontroladas.

—¿Crees que me perdone?

Finn sonrió y palmeó el hombro de Dave.

—Eso creo. Digo, si conozco a mi hermano como creo que lo conozco, es fácil ver que te ama. Sin importar nada. Ambos superarán esto. Y… Si te apresuras, creo que todavía puedes alcanzarlo en el salón de coro antes de que las clases empiecen. Dijo algo de que iría allá.

—¡Gracias! —dijo Dave emocionado—. Prometo que arreglaré las cosas.

Dave dejó a Finn y prácticamente corrió al salón de coro. Probablemente Kurt estaría expresando sus sentimientos a través de la música, o algo así. Quizá el canto lo calmaría lo suficiente como para que quisiera hablar con Dave. Haber pasado todo el fin de semana sin hablar con él había sido una tortura. Ni siquiera sabía qué diablos había estado pensando al ser tan testarudo y obtuso. Tenía que arreglarlo. Simplemente tenía que hacerlo.

Cuando dio la vuelta a la esquina, que llevaba al salón de coro, algo le dijo que Dave que fuera más lento. Era una sensación extraña porque, en realidad, estaba ansioso por ver a Kurt. Llegó a la puerta y se asomó por la ventana. No estaba seguro de si su mente estaba jugándole una especie de broma, pero lo que vio parecía tan real como cualquier cosa que pudiera haber visto.

Podía ver a Kurt en el salón, como Finn se lo había dicho, pero no estaba solo. Estaba hablando con Blaine. Dave quiso entrar de golpe por las puertas y decirle a Blaine que se alejara pero, de nuevo, algo hizo que se contuviera. Después de un minuto o dos, de esperar a que Kurt y Blaine terminaran de hablar, Dave comenzó a impacientarse. Bajó la mirada por un momento, para tomar la manija de la puerta, y cuando alzó la mirada, listo para abrir, sintió como si alguien le hubiera dado un puñetazo en el estómago.

Kurt y Blaine estaban besándose. Estaban besándose, con un carajo, y Dave estaba seguro de que iba a morir en ese pasillo. Estaba destrozado. No podía creer que Kurt estuviera haciendo lo único por lo que pensó que nunca tendría que preocuparse.

—¿Qué carajo está sucediendo aquí? —dijo Dave, gritando, a los dos chicos. Vio cómo Kurt empujaba a Blaine y se limpiaba la boca con el dorso de la mano.

—Dave, te juro que esto no es lo que parece. Blaine me besó —explicó Kurt con prisa. Caminó hasta donde estaba Dave y lo agarró del hombro, mirándolo a los ojos con expresión suplicante. Kurt parecía estar rogando que Dave le creyera, y Dave estaba listo para hacerlo, pero no podía.

Dave cambió su expresión y apartó las manos de Kurt.

—¡No me importa! Así que ni siquiera intentes explicarlo. ¡Y tú! —dijo, girándose hacia Blaine—. ¡Lo supe desde que te conocí, que eras un malnacido lleno de mierda!

Blaine ni siquiera respondió, y Dave se alegró por ello. Probablemente habría tratado de matarlo, si el bastardo se hubiera atrevido a abrir la boca.

—Dave, por favor. Tienes que creerme. Nunca haría algo como que te lastimara de esta forma. ¡Te lo juro! —Kurt estaba llorando, y Dave quería limpiar sus lágrimas y abrazarlo y nunca dejarlo ir. Un Kurt llorando era su criptonita.

Dave inclinó la cabeza y enfocó la mirada en el suelo. Sabía que Kurt nunca lo engañaría. Sabía que todo había sido culpa de Blaine, y que Kurt era demasiado ingenuo como para ver lo que Blaine quería de verdad. Pero eso no cambiaba lo que acababa de pasar. Kurt y Blaine se habían besado y, sin importar las circunstancias, le había dolido.

—Te creo, Kurt —dijo Dave, después de unos momentos de silencio. Pudo oír como Kurt suspiraba de alivio, y un susurrado "Gracias". Alzó la mirada para ver a Blaine, que se pasaba una mano nerviosamente por el cabello con gel. Dave podía notar que el chico se estaba preguntando si saldría del salón, ileso o no—. Solo necesito salir de aquí.

Y, antes de que alguien pudiera decir algo para detenerlo, Dave salió por la puerta y se fue corriendo. Ignoró las miradas confundidas de los monitores del pasillo y solo corrió.

~o~o~o~

¡Lo extraño! —sollozó Dave. Estaba sentado en una silla frente a un hombre que no reconocía, y todo se sentía caluroso y claustrofóbico.

Pero tú eres la razón por la que no está, ¿no es cierto? —preguntó el hombre. Frenéticamente, Dave negó con la cabeza.

No, no es cierto —respondió Dave, limpiándose las lágrimas. Estaba meciéndose en la silla, apretándose las manos en un intento de alejar el invisible dolor que estaba sintiendo.

Eso no es cierto, ¿no es así? —preguntó el hombre.

Dave se cubrió el rostro con una mano y dejó salir un fuerte sollozo.

No fue mi intención…

—¿Qué diablos? —dijo Dave. Sus pesadillas comenzaban a ponerse más y más raras, y más difíciles de entender. Deseaba que se fueran. No eran más que una carga y hacían que su ya loca vida fuera casi insoportable. Revisó sus alrededores rápidamente y se dio cuenta que solamente había sido un sueño. De algún modo había regresado a casa y se había quedado dormido en el sillón. Solo había dormido un par de horas, ya que el reloj decía que aún era de mañana.

Giró la cabeza hacia el pasillo que llevaba a la cocina, cuando escuchó a alguien canturreando. Comenzó a entrar en pánico porque estaba bastante seguro de que su madre se molestaría por haber faltado a clases, y estar castigado apestaría completamente. No tenía sentido esconderse, dado que su carro estaba estacionado afuera, y su madre lo había visto salir de la casa en la mañana.

Caminó a la cocina y no pudo evitar sonreír un poco cuando vio a su madre preparándose algo para comer ella sola. Su madre debió haber sentido su presencia, porque se giró y, sorprendentemente, le sonrió antes de volver a enfocarse en su almuerzo.

—Em… Lamento estar en casa. Sí fui a la escuela, pero algo pasó y, bueno, ahora estoy aquí —explicó Dave, esperando que fuera suficiente.

—Está bien, cielo —dijo la mujer con calma—. Sé que has estado pasándola mal últimamente. Solo no lo hagas de nuevo.

—Por supuesto —dijo Dave asintiendo, a pesar de que su madre no podía verlo. Miró a la mujer por unos segundos más, antes de girarse y subir las escaleras hasta su recámara.

A pesar de que no estaba tan estresado como antes, había muchas señales de que un dolor de cabeza estaba en camino. Supuso que lo mejor sería tomarse un analgésico y tomar otra siesta. Fue a su baño y tomó la botella de píldoras de la repisa, poniéndose tres en la mano. Solo eran ibuprofeno, así que tomar más de lo recomendado no le haría daño. Después de pasarse las píldoras, se metió a la cama. Antes de que se diera cuenta, había caído rendido.

Un tiempo después, Dave despertó al oír que alguien tocaba a su puerta. La persona tocó de nuevo y luego abrió la puerta. Era su madre.

—¿Dave, cariño? —dijo su madre—. Alguien vino a verte.

—Agh, mamá, no quiero ver a nadie ahora. Dile que se vaya —dijo Dave con la cara pegada a la almohada. Quería meterse en un agujero y morirse ahí, y no quería que nadie se lo evitara.

—Es Kurt —dijo la mujer, como si eso pudiera servir de algo. ¿Por qué estaba Kurt ahí? Miró hacia el reloj en la mesita de noche y vio que eran las tres y cuarto. Ya había terminado la escuela y, por supuesto, la primera parada de la tarde del chico sería ver a Dave, incluso después de toda la mierda que había pasado antes. Kurt era la última persona que quería ver. La imagen de él besando a Blaine seguía grabada en su mente. Sí, sabía la verdad, pero eso no hacía que fuera menos horrible.

Dave se encogió de hombros, dejando que su madre interpretara su respuesta, puesto que ni siquiera él lo sabía. Consiguió dicha respuesta cuando vio a Kurt asomándose tímidamente por detrás de la puerta. Dave miró a su novio, vio cómo se movía por el nerviosismo bajo su mirada. Podía ver que Kurt se sentía inseguro en la cama. Siempre podía ver sus emociones en el rostro.

—Puedes pasar, ¿sabes? —dijo Dave por fin. Kurt le sonrió de forma falsa y tensa y, lentamente, caminó hacia donde Dave estaba descansando.

—Emm, tu mamá me dijo que te dijera que iba a salir un rato, para hacer algunos encargos. Y que tu papá va a trabajar hasta tarde —dijo el chico, mordiéndose el labio inferior.

—Vale… —dijo Dave. Su madre era muy intuitiva y Dave sabía que ella sabía que algo andaba mal entre los dos. Suponía que esa era su forma de ayudar a la situación.

—Sí… Me tomó un rato reunir el valor para venir aquí —dijo Kurt, sentándose en la silla del escritorio, poniendo sus pertenencias en el suelo con cuidado. Dave se quedó sentado en su cama, sin hacer esfuerzo alguno en acercarse al otro chico. Era raro para él ver tanta distancia entre ambos. No parecía correcto.

Dave se encogió de hombros.

—Bueno, ya estás aquí. ¿Qué quieres?

—¿Decir que lo siento? —dijo Kurt, con una cierta inseguridad en la voz.

—Mira, te dije que te creía. No necesitas disculparte más. —Su voz sonaba cansada, como si no quisiera siquiera esforzarse por Kurt.

Kurt rodó los ojos y suspiró.

—Te conozco, Dave. Cuando algo malo pasa, lo ignoras en vez de lidiar con ello, y te enojas y te alteras mucho más. Sé que la idea de verme ahora te resulta repulsiva, supongo que solo vine para asegurarme de que no hicieras nada drástico.

Dave puso los ojos como platos, sin poder creer que Kurt pensara que llegaría al nivel de considerar hacerse daño.

—Primero que nada, nunca sentiría repulsión al verte. Segundo, no voy a matarme.

Kurt estudió la expresión del otro chico por un momento, poniéndolo nervioso. Esos intensos ojos azules siempre parecían saber más de lo que mostraban.

—Bien. Solo me aseguraba de que no lo hicieras. —Kurt asintió—. Bueno… em, supongo que ya me voy.

Dave vio en silencio cómo Kurt juntaba sus cosas, colgándose la mochila a los hombros y acomodando sus libros con cuidado bajo el brazo. Kurt conseguía hacer que incluso las tareas más mundanas se vieran gráciles. Notó la forma en la que el chico dudaba, jugando con una tira de su mochila.

—Lo lamento… —comenzó Kurt suavemente y Dave suspiró, frustrado—. Solo déjame decirlo, ¿vale? Lamento que llegaras a pensar que me importaba más Blaine que tú. Eso nunca podría pasar. Yo te amo. Eres todo para mí y espero que podamos superar esto, para que puedas seguir siendo todo para mí. Así que… sí, bueno…

Dave se quedó en su cama, impactado. Sabía que Kurt lo amaba y se preocupaba por él, pero escucharlo decir eso, a pesar de todo lo que había pasado, hizo que se sintiera un poco mejor. Necesitaba sentirse seguro con esas cosas.

—Es solo que me preocupaba que fueras a dejar que Blaine arruinara lo que tenemos. Por lo que he, hemos trabajado tan duro —confesó Dave. Al parecer, eso fue suficiente para que se activaran los aspersores de Kurt.

—Oh, Dave… —dijo el chico, quitándose la mochila y poniéndola en el suelo—. Nadie podrá jamás arruinar lo nuestro. ¿Me entiendes?

Para ese momento, Kurt estaba en la cama de Dave, con las manos apoyadas en cada lado de su rostro, como para obligarlo a mirarlo a los ojos. Instintivamente, Dave inclinó la cabeza para sentir el toque, deleitándose con la sensación de las suaves manos de Kurt en su rostro.

—¿Me lo prometes? —preguntó Dave. Sabía que sonaba demasiado emocional, pero nada de eso importaba. Cuando se trataba de Kurt, podía dejar muchas cosas pasar.

Kurt se hizo para delante y besó a Dave en los labios.

—Te lo prometo. Te amo y puedo prometerte que eso nunca cambiará. Aun cuando nos graduemos y dejemos este pueblo olvidado por Dios y vivamos nuestras fabulosas vidas en Nueva York, seguiré amándote. Voy a amarte por siempre.

La voz de Kurt le supo amorosa y suave cuando dijo esas palabras, y Dave sintió como si pudiera ahogarse en el amor que Kurt estaba expresando. Antes de estar juntos, Dave soñaba con que Kurt le dijera que lo amaba, con la intensidad con la que acababa de hacerlo. Kurt le decía que lo amaba todo el tiempo, pero había algo diferente esta vez. No había nada falso en lo que decía, Dave estaba seguro de ello. Simplemente parecía diferente.

—Voy a amarte por siempre y nadie ni nada va a cambiar eso. Dejaré de juntarme con Blaine si es necesario. Tú eres más importante para mí.

Dave estaba llorando y no le importaba. La pasión del momento era poderosa y todas sus emociones estaban libres.

—Dios… Te amo tanto —consiguió decir Dave, a pesar de las lágrimas. Apretó con fuerza a Kurt por la cintura, inclinándose hacia delante para besar sus suaves labios con toda la pasión y el amor que pudo juntar.

Dave presionó los labios de Kurt con la lengua, y solo le tomó un momento para que el chico los abriera y le permitiera entrar. Se besaron así por un rato, disfrutando la sensación de sus lenguas tocándose. Cuando Kurt movió los brazos para rodear el cuello de Dave, el otro chico gimió. La sensación de las suaves manos de Kurt acariciando su nuca fue casi suficiente para que arrojara a Kurt a la cama y se entretuviera a su gusto con él.

—Es mucho, bebé —dijo Dave, mientras terminaba el beso. Las manos de Kurt seguían jugando con su cuello, como a él le gustaba—. Necesitamos ir despacio.

—Vale —dijo Kurt, besando a Dave suavemente—. Podemos ir tan lento como tú quieras.

Poco tiempo después de su juego previo, de besarse y calentarse el uno al otro, hicieron el amor. Fue dulce, apasionado, sin prisas, y todo como debía ser. Donde fuer que Kurt le pedía que lo tocara, Dave lo hacía. Sin dudarlo. Dave besó a Kurt por todos lados, sin perderse un solo lugar del perfecto cuerpo de su novio. Cuando tomó a su chico en la boca, la sensación de Kurt tomándolo de su cabello y gimiendo de placer, fue todo lo que necesitaba. Y, cuando por fin llegaron a la parte del sexo, Dave miró a Kurt a los ojos fijamente y, con la boca pegada a su oreja, le preguntó a Kurt si confiaba en él, a pesar de que ya habían tenido sexo en ocasiones anteriores. La respiración de Kurt se detuvo por la sensación del tibio aliento de Dave en un lado de su rostro, y lo volvió a mirar a los ojos, antes de responder con toda la simpleza del mundo: "Te confío mi vida".

Su relación había sido un desastre últimamente y, para Dave, era tiempo de que tuvieran algo perfecto. Y que hicieran el amor a media tarde era perfecto y mucho más. Dave se maravilló, como siempre lo hacía, por lo simple, fácil y suave que era hacer el amor con Kurt.

Finalmente, se corrieron juntos, con los labios unidos en un feroz beso, atrapando los sonidos de placer en sus bocas. Kurt se agarró de los hombros de Dave, enterrando las uñas en su piel, al grado de que se podían notar las marcas que había dejado. Kurt apretó las piernas con fuerza, alrededor de la cintura de Dave, consiguiendo sacarle un orgasmo. Se movieron en un vaivén lento, y el intenso placer se fue desvaneciendo, hasta volverse un zumbido tenue.

Dave salió lentamente, sabiendo que Kurt iba a sentir mucho en ese momento. Le dio un pequeño beso en la frente, en las mejillas y finalmente en los labios, quedándose ahí por un rato. Kurt tomó la oportunidad para juntar sus talones, y así no estar demasiado alejados.

—Eso fue perfecto —dijo Kurt, soltando un suspiro contento, inclinándose hacia delante para besar a Dave en el cuello.

Dave pasó una mano por el brazo de Kurt, sorprendido porque el chico era todo suyo, y que así siempre iba a ser.

—Gracias.

Kurt giró la cabeza, sonriendo confundido.

—¿Por qué?

—Por amarme. Por ver lo mejor en mí. Por querer pelear por nosotros —confesó Dave, y Kurt rio por lo bajo.

—No tienes que agradecerme por eso, tonto. Es lo que se supone que debo hacer. Siempre le enseñaron a pelear por las cosas o las personas a las que amo. Y, como ya sabes, yo te amo.

—Yo también te amo, y es lo mismo de mi parte. Siempre —dijo Dave, terminando con otro beso en los labios de Kurt.

Kurt puso una mano en el rostro de Dave, haciendo que el beso se hiciera más profundo. Dave atrapó el labio inferior de Kurt con sus dientes, jalando ligeramente. Kurt rio por el jugueteo del beso y luego se apartó.

—Está bien, semental. Creo que deberíamos descansar. Hemos tenido un día bastante activo y agitado —dijo Kurt con una pequeña sonrisa. Dave aceptó a regañadientes, porque estaba listo para el segundo round de sexo. Kurt le dijo que podía esperar, y que ya tendrían tiempo para más de aquello.

Se acomodaron debajo de las cobijas, con Kurt siendo abrazado por Dave. Se susurraron unos "Te amo" de nuevo y ambos cayeron en un pacífico sueño.

~o~o~o~

Dave se despertó un poco más tarde de lo planeado. Sabía que tenía que ir a la escuela a la mañana siguiente, pero tener a Kurt en sus brazos toda la noche hacía que no se preocupara tanto por su retardo. Miró a su alrededor y vio que Kurt no estaba en su cuarto. Vio que su ropa tampoco estaba y que en su mesa de noche, en el reloj, había un papel amarillo. Tomó la nota y la leyó.

Parece que lo primero que siempre haces en la mañana es mirar tu reloj, así que por eso pegué esto ahí. Me voy a casa a ducharme y todo eso. Te veo más tarde en la escuela.

Te amo

Kurt

Dave sonrió. Todo estaba de maravilla entre ambos. Juró que no dejaría que Blaine se interpusiera entre ellos de nuevo. Él y Kurt estaban destinados a estar juntos para siempre, y que lo partiera un rayo si algo cambiara eso.

Estaba terminando de ducharse cuando comenzó a sentir un dolor de cabeza intenso. Tenía que recordar preguntarle a su madre cuándo iba a ser su cita. No podía con los dolores más tiempo. No se preocupó mucho en lo que se iba a poner, ya que iba apurado, así que solo se puso unos pantalones de mezclilla y una camiseta blanca. Estaba amarrándose los zapatos deportivos cuando su madre entró a su cuarto cual huracán.

—¿Mamá? —preguntó Dave. Por el tono de su rostro, parecía como si su madre hubiera estado llorando. De inmediato sintió pánico.

—Dave… Es Kurt —dijo la mujer, mientras las lágrimas bajaban por sus mejillas y su voz temblaba.

—¿Qué sucede? —dijo Dave. Caminó hacia su madre y la miró a los ojos—. ¿Qué pasa con Kurt?

La mujer se sorbió la nariz y bajó la mirada.

—Bebé, Kurt tuvo un accidente de auto esta mañana.

Su madre tuvo que ayudarlo a mantener el equilibrio, antes de caer al suelo. Acababa de ver a Kurt. Estaba feliz y bien.

—Mamá… —Comenzaba a sentir las lágrimas formándose en sus ojos.

—Burt llamó, pero no dijo mucho, sólo dijo que fuéramos al hospital cuando pudiéramos.

Dave tomó su abrigo y sus llaves y se dirigió a la puerta de su cuarto.

—Bueno, yo voy ahora. Necesito saber si está bien.

Su madre no protestó y se hizo a un lado para que Dave pudiera irse. El chico corrió hacia la puerta principal y entró a su auto. Ocupó toda su voluntad en no pasar el límite de velocidad. Estaba consciente de que lastimarse mientras iba a ver a Kurt no sería tan listo. Cuando por fin llegó al hospital, casi saltó afuera del auto, sin importarle si había estacionado apropiadamente. Corrió hacia la recepción del piso en el que Kurt estaba y comenzó a hacerle preguntas a la mujer que estaba detrás del escritorio.

—¿Qué le pasó a Kurt? ¿Va a estar bien? ¿Cuándo puede salir? —preguntó. Estaba apoyando el cuerpo en el mostrador. De haber podido, habría quedado sentado en el regazo de la mujer.

—Necesitas calmarte —contestó ella—. Además, no puedo darte información de algún paciente si no eres su familiar.

—Sí es familia —dijo una voz detrás de él—. Es el novio de mi hijo.

—¡Señor Hummel! —exclamó Dave, y corrió hacia el hombre—. ¿Kurt está bien? Está bien, ¿verdad?

—Está muy lastimado. Tiene rotos una pierna y un brazo, y muchos cortes y cardenales, pero el doctor dijo que va a estar bien. Tiene suerte, ¿sabes? El camión que lo golpeó iba acelerando, y el auto de Kurt dio algunas vueltas… —dijo Burt. Sentía la tristeza en su voz. Dave sabía que la madre de Kurt había muerto cuando él era pequeño, y no podía siquiera imaginar lo horrible que debió haber sido para Burt la idea de perder a Kurt. Debía ser inimaginable, para un hombre que había perdido antes una parte de su vida.

—¿Puedo verlo? —preguntó Dave por fin. Necesitaba ver por él mismo que Kurt estaba bien.

—Está durmiendo, y los doctores no quieren que nadie lo moleste, pero veré si puedo hacer que alguien te deje entrar. Creo que le gustaría escuchar tu voz.

—Gracias, señor Hummel. Voy a esperar aquí. —Dave esperó pacientemente a que Burt regresara. No podía entender qué estaba pasando. Casi perdía a Kurt por culpa de Blaine, y ahora algún extraño poder intentaba arrebatarle a Kurt para siempre. Había momentos como ése en los que estaba convencido de que el universo lo odiaba. Tenía que ser, ya que el universo estaba tan puesto en alejar a Kurt de él.

—Estoy buscando a Kurt Hummel —Dave escuchó que una voz familiar decía. Miró por la estación de enfermeras y tuvo que mantenerse calmado para que no lo echaran.

Blaine tenía el descaro de aparecer y preguntar dónde estaba Kurt. ¿Qué no sabía que Kurt no quería tener nada que ver con él, que Dave no quería ver su rostro nunca más? Cuando Blaine lo miró en la silla, corrió hasta él.

—¿Kurt está bien? —le preguntó, con miedo en la voz.

—Eso no es asunto tuyo —dijo Dave, mirándolo con el ceño fruncido—. Necesitas irte.

—No me iré de aquí, hasta saber si Kurt está bien. —Blaine se paró firmemente y Dave entendió que sería un reto conseguir que el chico que fuera.

—Está bien. Ahora, vete —dijo Dave, con la mandíbula apretada. ¿Por qué Blaine tenía que será tan terco? ¿Por qué tenía que molestarlo tanto que le daban ganas de matarlo?

El chico seguía parado ahí, y Dave no pudo soportarlo.

—Vete, Blaine, antes de que te obligue a salir. No eres deseado aquí. Kurt no quiere verte y yo no quiero verte. Has estado aquí solo una semana y has conseguido joder las cosas más de lo que podrías imaginar.

Blaine puso los brazos en jarras y dio un paso hacia Dave, sin mostrar temor.

—No, Dave. Tú te lo hiciste a ti mismo. Puede que no te conozca bastante, pero me doy cuenta de que no actúas conforme a lo que dices. Vas a hacer un desastre y Kurt se dará cuenta de ello.

—¿De qué carajos estás hablando? ¿Estás loco? —preguntó Dave, sin poder creer la mierda que Blaine estaba escupiendo.

—Ya me oíste —dijo el otro chico—. Te arruinas las cosas tú solo. ¿Cuándo vas a entenderlo?

—Maldito imbécil. ¡No me conoces, joder, o a Kurt! —gritó. La enfermera le gritó que se tranquilizara y los amenazó con echarlos a ambos del hospital—. Vete, Blaine —dijo Dave de nuevo.

—No —dijo el otro, alzando una ceja.

—Dije que te vayas. —La voz de Dave se oía peligrosamente baja, y supo que solo era cuestión de minutos, antes de que explotara.

—No. —Blaine le dio una sonrisa burlona, condescendiente, y negó con la cabeza.

Dave no se lo pidió de nuevo. En vez de eso, le lanzó un puñetazo e impactó con la mandíbula de Blaine. Éste era más fuerte de lo que aparentaba, porque le tomó unos cuantos segundos recuperarse y regresarle el golpe. Hubo una conmoción a su alrededor. Las enfermeras gritaban que se detuvieran y llamaban a seguridad. A Dave no le importaba. Blaine se lo causó a sí mismo. Lo único que había tenido que hacer era irse, pero se había rehusado. Dave no podía dejar que se saliera con la suya.

Estaba a punto de soltar otro golpe cuando sintió un dolor increíble en la cabeza. Fue peor que cualquier otro dolor que hubiera sentido. Dio unos pasos hacia atrás, tambaleante, mirando la confusión en el rostro de Blaine, y trató de sostenerse de algo, pero no encontró nada. El dolor se volvió demasiado como para soportarlo y Dave cayó. Su cabeza chocó contra el frío suelo violentamente y la oscuridad lo envolvió.

~o~o~o~

Cuando Dave despertó, ya no estaba en la sala de espera del hospital; pudo darse cuenta al instante, pero era claro que seguía en un hospital, por el olor y la atmósfera. Notó que ya no llevaba puesta la ropa que llevaba esa mañana. Ahora, solo tenía una bata de hospital. Agarró la tela, confundido porque no recordaba haberse cambiado. Miró a su alrededor con cuidado y vio que no había nada en las paredes ni en el cuarto, excepto por la cama en la que había dormido y una silla en la esquina. Había una puerta con una pequeña ventana. Se bajó de la cama y se dirigió a la puerta. Trató de abrir y se dio cuenta de que estaba cerrada por fuera. Golpeó con fuerza, esperando que alguien lo escuchara y lo dejara salir. Segundos después, una mujer se acercó a la puerta y se asomó por la ventana, encontrándose con los ojos de Dave. La mujer tenía el rubio cabello recogido en una cola de caballo floja, y tenía una expresión dulce y amigable. Dave golpeó la puerta de nuevo, gritando que lo dejaran salir, y la mujer lo miró con extrañeza.

Se oyó el click del seguro y Dave se movió hacia atrás para dejar que la puerta se abriera.

—¿Estás bien, David? —preguntó la mujer, dejándose en la entrada, como si no quisiera que el chico se fuera.

—Kurt, estoy buscando a Kurt —dijo Dave, ignorando su pregunta.

—¿Kurt? —preguntó la mujer y, como si un foco se hubiera iluminado sobre su cabeza, su rostro mostró que entendía lo que sucedía—. Kurt. Claro. Enseguida vuelvo.

La mujer se fue y cerró la puerta, asegurándola. Dave se preguntó por qué era necesario mantener su puerta con seguro. No era como si fuera a lastimar a alguien. Solo quería ver a su novio.

No supo cuántos minutos pasaron, antes de que la puerta se abriera de nuevo, mostrando a la misma mujer, acompañada de un hombre.

—Hola, David. —El hombre sonrió y Dave frunció el ceño—. Vamos a llevarte a la oficina del doctor Arnold. Es hora de tu sesión.

—¿Quién es el doctor Arnold y por qué necesito una sesión? —preguntó Dave—. ¿Él es uno de los doctores de Kurt?

El hombre casi dijo algo, pero la mujer lo tocó en el hombro, en un esfuerzo para evitar que hablara.

—Vamos, querido, no lo hagamos esperar —le dijo la mujer, sonriendo sinceramente, y tomó su brazo. Lo guio hacia afuera de la habitación, llevándolo a una silla de ruedas.

—Me siento bien. Puedo caminar —protestó Dave.

—Sabes que es procedimiento del hospital —dijo el hombre, desde atrás. Mientras anduvieron por los pasillos del hospital, Dave notó algo raro en ellos. Le recordaban, de forma espeluznante, a los pasillos de sus pesadillas. Ésos por los que corría cuando lo estaban persiguiendo.

Dave no tuvo mucho tiempo para pensar en la extrañeza, dado que habían llegado a la que suponía era la oficina del doctor Arnold. La mujer tocó en la puerta y luego lo ayudó a levantarse de la silla. A Dave no le gustaba que lo trataran como si fuera un debilucho, por lo que se sentía listo para gritarle a la mujer.

La puerta de la oficina se abrió y Dave fue saludado por un hombre que llevaba una simple camisa de manga larga, pantalones de vestir y con unos lentes de marco negro aún más simples.

—Hola, David. ¿Estás listo para comenzar? —La voz del doctor Arnold le sonaba familiar. Como si ya hubiera hablado con él antes. Dave no respondió. El doctor Arnold no le dio importancia e hizo un gesto para que Dave entrara a la habitación. Una vez que ambos estuvieron adentro, el doctor cerró la puerta y le indicó a Dave que tomara asiento.

—¿Usted es el doctor de Kurt? Quiero decir, debería hablar con su papá, no conmigo —dijo Dave, removiéndose ansiosamente en su silla. No le gustaba la vibra del lugar. De nuevo, se sentía familiar y desagradable.

—¿Sabes dónde estás? —preguntó el doctor Arnold, con un bloc de notas en su regazo y una pluma en la mano.

—Sé que me desmayé hace un rato, y sé que va a hacerme las preguntas de siempre. —Dave rodó los ojos—. Me llamo Dave Karofsky. Estoy en el Hospital Lima Memorial. Voy a la preparatoria McKinley. Estoy en tercer año. Estamos en noviembre, así que no hemos avanzado mucho en el año escolar. El cielo es azul y el pasto es verde.

—¿Cuándo te desmayaste? Nadie me dijo acerca de eso.

—No lo sé. Fue después de que peleé con Blaine. —El doctor lo miró confundido—. Em, él es un idiota que no sabe cuándo darse por vencido. Se apareció aquí de la nada y él y yo discutimos. Solo recuerdo que todo se puso negro y luego que desperté. Supongo que me pusieron en una habitación para descansar —dijo Dave.

Dave vio cómo el doctor Arnold escribía algunas notas en su bloc. Quería saber qué era lo que el hombre estaba escribiendo. Todo era tan extraño.

—¿Qué dirías si te dijera que ninguna de esas cosas, sin contar tu nombre, que el cielo es azul y que el pasto es verde, es verdad? —preguntó el doctor después de un rato.

—Diría que usted está loco —dijo Dave con honestidad.

—Vale… —dijo el doctor—. ¿Qué dirías si te dijera que estás en el Hospital Psiquiátrico Northwest Ohio, que ya no asistes a McKinley y que estamos en marzo, casi abril?

—Le diría lo mismo —contestó Dave.

—Bueno, lo que te estoy diciendo es verdad, David —dijo el doctor Arnold, con un ligero gesto con la cabeza, y esperó la respuesta de Dave.

—No —dijo Dave, como si fuera un hecho, y negó con la cabeza—. Esto es una pesadilla. Es más tranquila que las otras, debo admitirlo, pero sí… esto no es real. Me despertaré y estaré de vuelta con Kurt.

—¿De vuelta con Kurt, en dónde? —preguntó el doctor.

—De vuelta en casa. Necesito ayudarlo a que se recupere, claro. Va a necesitar que esté a su lado, hasta que se sienta mejor.

—¿Por qué va a necesitar que estés a su lado? ¿Qué le pasó?

Dave comenzaba a sentirse agitado por todas las preguntas.

—Tuvo un accidente de auto esta mañana. Va a estar bien, pero yo voy a ser el buen novio que soy y ayudarlo a sentirse mejor —dijo Dave sonriendo.

—Cada que hablamos, siempre pones énfasis en lo buen novio que eres con Kurt —dijo el doctor.

Dave se sintió confundido. Hasta donde podía recordar, nunca antes había visto al hombre.

—No entiendo lo que está diciendo. ¿Nos hemos visto antes?

—David, debes creerme cuando digo que estás en el Hospital Psiquiátrico Northwest Ohio. Has estado aquí por casi tres meses.

Dave sintió que una bomba le caía encima. No había forma en la que lo que el doctor estaba diciendo fuera verdad. Él lo habría sabido si hubiera estado encerrado en un hospital psiquiátrico por tres meses. Algo como eso nunca podría haber abandonado su mente.

—David, ¿me oíste? —preguntó el doctor con precaución.

—Sí lo escuché, es solo que no le creo. —Dave estaba más confundido de lo que podía imaginar. Sentía como si hubiera entrado a una rara dimensión desconocida.

—David… —comenzó el doctor Arnold.

—¡Esto no es real! —gritó Dave de repente, golpeando los reposabrazos de su silla con los puños. No sabía qué diablos pasaba con todos, pero no podía quedarse escuchando sus locuras y mentiras un minuto más—. Nada de esto es real. Esto solo es un sueño. —Dave se hizo hacia delante, para que su cabeza quedara entre sus rodillas—. Esto solo es un sueño. Esto solo es un sueño. Necesitas despertar. ¡Despierta!

—David, si no te calmas, tendré que mandarte de vuelta a tu habitación. No queremos una repetición de tu actuación de hoy en la mañana —dijo el doctor con voz calmada.

—¡Necesito a Kurt! No quiero estar aquí —gritó Dave.

—¿Recuerdas lo que te dije cuando llegaste por primera vez? Estás aquí porque éste es el mejor lugar para ti. ¿Preferirías estar en prisión? —preguntó el doctor. Dave no respondió y se apartó de él. El doctor dio un suspiro y puso su bloc en el escritorio detrás de él—. David, escúchame con atención, ¿de acuerdo? Voy a mostrarte algo y, cuando lo haga, voy a necesitar que mantengas la calma. ¿Entiendes? —El doctor miró cautelosamente a Dave, esperando que el chico mostrara alguna señal de reconocimiento.

Dave asintió débilmente y miró, en silencio, mientras el doctor buscaba algo en los archiveros que tenía en su oficina. Sacó un folder manila común, que estaba a reventar de papeles, lo abrió y tomó algo que parecía un periódico.

El doctor miró el papel por un momento y luego, con la misma expresión, a Dave.

—¿Qué es eso? —preguntó Dave.

—Esto es algo muy importante —comenzó el doctor—. Te lo he mostrado con anterioridad, pero siempre pareces… bloquearlo.

—No sé de qué está hablando —dijo David. Comenzaba a ponerse ansioso y solo quería saber qué estaba pasando.

—Mantén la calma —le recordó el doctor, y le dio el periódico.

David examinó el papel con cuidado. Estaba doblado como un periódico normal, así que lo único visible era el encabezado.

Adolescente de Lima, asesinado por compañero.

—¿Qué es esto? —preguntó Dave, y el doctor solo negó con la cabeza e hizo un gesto, para que continuara leyendo.

—Mantén la calma —le recordó de nuevo.

Su respiración se aceleró mientras desdoblaba el periódico, mostrando el resto del artículo. Contuvo el aliento cuando vio lo que estaba en primera plana. Quitó el periódico de su regazo, como si estuviera en llamas.

—¿Qué diablos es esto? —David estaba asustado y confundido. No tenía idea de lo que estaba pasando.

El doctor levantó el periódico con calma y lo puso de nuevo en el regazo del chico.

—Léelo, David. Es importante —le ordenó.

—¡No! No voy a leer nada, hasta que me diga por qué Kurt está ahí. —David miró el periódico y volvió a ver la foto, para asegurarse de que su visión no estaba jugándole una broma. En definitiva, era Kurt, sonriendo alegremente en su foto de tercer año. Pero, ¿por qué?

—David…

El chico interrumpió al doctor, sabiendo que lo que estaba a punto de escuchar era una gran mierda.

—¿Es esto alguna clase de chiste enfermo? No tengo que leerlo para entender que dice que Kurt está muerto. —Dave no podía creer que alguien pudiera hacer algo como eso.

—¿Recuerdas la noche del 25 de enero? —preguntó el doctor rápidamente.

—No. Para nada —respondió Dave, sin ver la importancia de la fecha.

—¿No recuerdas nada? ¿Con quién estabas? ¿Qué estabas hacienda? —preguntó el hombre, y Dave negó frenéticamente con la cabeza. El hombre suspiró y le hizo un gesto a Dave para que leyera.

El chico cedió y miró de cerca el artículo. Frunció el ceño por las palabras que estaba leyendo. No podían ser verdaderas. Kurt no estaba muerto. Estaba vivo y perfectamente bien. Esto era solo una horrible pesadilla de la que no podía despertar. No fue sino hasta que llegó al segundo párrafo que las cosas se pusieron peor.

David Karofsky, de 17 años, fue acusado de asesinato en segundo grado…

—¿Qué…? —Dave parpadeó rápidamente, para asegurarse de que sus ojos no estaban engañándolo—. Yo no maté a Kurt. ¡Esto es una jodida mierda!

El doctor puso una mano sobre el hombro de Dave, para calmarlo.

—David, ¿recuerdas lo que dije? Tienes que mantenerte calmado y escucharme.

—Ya no quiero escuchar más. Esto es una mentira. ¿Por qué alguien inventaría algo como esto? Yo amo a Kurt y él me ama a mí y yo nunca lo lastimaría. Nunca. —Dave se había levantado de su asiento y estaba caminando hacia la puerta de la oficina.

—David, no puedes irte. Lo sabes —dijo el doctor, bloqueando la salida.

—Claro que puedo. Nada de esto es real. Lo único que tengo que hacer es despertar. Tengo pesadillas como esta todo el tiempo —comenzó a explicar el chico—. Esta es la más vívida que he tenido, pero todo es falso. Kurt no está muerto. Yo no lo maté, porque lo amo y todo esto es algo horrible de lo que pronto voy a despertar.

El doctor miró a Dave y negó con la cabeza.

—David, nada del lugar donde estás o de lo que está pasando aquí es falso. Estás aquí porque hiciste algo muy malo, y el juez y todos los involucrados pensaron que sería mejor que fueras mandado aquí, en vez de a prisión. ¿Entiendes eso?

—No hay nada que entender, porque esto no es real —dijo Dave tercamente.

—David, siéntate, por favor.

Dave solo escuchaba al hombre, sabiendo que nada de eso importaba. Iba a despertarse y todo iba a estar bien.

El doctor caminó hasta el teléfono de su escritorio y marcó un número. Dave no podía entender lo que estaba diciendo, pero podía notar que era algo serio. Después de unos momentos, el doctor colgó y enfocó su atención en él.

—Vale, esto será lo que va a pasar. Voy a subirte la dosis de medicamento, para ver si eso causa algún cambio, y si no sucede eso, entonces necesitaremos intentar algo más —dijo el doctor Arnold, escribiendo notas en su bloc. Dave comenzó a protestar, pero fue interrumpido por un golpe en la puerta. La persona al otro lado de ella abrió, y Dave la reconoció como una de las mujeres que lo habían llevado a esa oficina.

—David, es hora de llevarte a tu cuarto —dijo con dulzura.

—¿Qué? No iré a ningún lado —dijo Dave.

—Adminístrele la medicina y llévelo de vuelta a su cuarto. Debería estar mejor para mañana —dijo el doctor, ignorando las protestas de Dave.

La enfermera asintió y sacó a Dave de la oficina. Dave no se resistió mucho, mientras la mujer le decía que se sentara en la silla de ruedas que estaba afuera. La enfermera lo llevó en silencio por los pasillos del hospital. Dave podía escuchar los gritos que venían de algunos de los cuartos e hizo una mueca. Dolía escucharlos. Se golpeó la frente con fuerza con la mano, tratando de obligarse a despertar.

—Oye —lo regañó la enfermera con suavidad—. No hagas eso, ¿de acuerdo? O tendré que sujetarte.

Dave no contestó nada y se quedó callado y quieto, hasta que llegaron a lo que parecía una farmacia. La enfermera le do al hombre que estaba detrás del mostrador un papel. Luego, lo siguiente que supo fue que lo estaban obligando a tomar un puñado de píldoras, todas de diferentes formas y colores.

—Abre la boca —le dijo la enfermera, después de que el chico se hubiera pasado todas las píldoras. La mujer tomó un abate lenguas y lo movió alrededor de su boca, para asegurarse de que no tratara de guardarse las medicinas en las mejillas. Cuando estuvo satisfecha, arrojó el objeto a la basura y continuó empujando la silla, hasta llegar al que creía que era su cuarto.

La medicina debía haber sido muy fuerte, porque Dave comenzó a sentir el efecto de lo que fuera que había tomado casi de inmediato. Comenzó a sentirse somnoliento y las cosas se volvieron confusas. Apenas podía concentrarse en lo que la enfermera le estaba diciendo y, francamente, no le importaba.

La mujer lo ayudó a pararse de la silla cuando llegaron a su cuarto y lo acomodó en su cama con cuidado.

—Trata de descansar un poco, ¿de acuerdo? —le dijo la enfermera, antes de salir del cuarto y dejar a Dave a solas.

El chico quería levantarse y golpear la puerta, para que lo dejaran salir, pero no tenía la energía. El medicamento lo había agotado y lo único que podía hacer era quedarse ahí acostado, en la cama, mirando el techo. Trató de quedarse despierto, pero el sueño comenzaba a ganarle lentamente. Parpadeó varias veces, tratando con todas sus fuerzas de no sucumbir al sueño, pero estaba fallando.

¿Dave, qué estás haciendo aquí?

Te amo, Kurt.

Tienes que detenerte, David. Estoy con Blaine.

Deja de verlo.

¿Cuál es tu problema? ¿Por qué estás haciendo esto?

Te amo, Kurt. Yo podría amarte mejor de lo que él jamás podrá.

David, arruinaste cualquier oportunidad que pudiste tener cuando decidiste intimidarme, molestarme y besarme cuando obviamente yo no lo quería.

¡Es que no lo entiendes! ¡Te amo!

Necesitas irte, ahora.

¡Te amo, Kurt! ¡Joder, te amo! ¡Por favor, ámame también!

Dave, detente…

Hubo una pelea y luego, ambos chicos cayeron al suelo. Dave estaba sobre Kurt, manteniéndolo contra el suelo mientras el chico gritaba, pidiendo ayuda, a mitad de la noche. Dave trató de callarlo, pero el chico gritó más fuerte, exigiéndolo que lo soltara. Dave tapó su boca con una mano, y el único sonido que se podía oír era el del cuerpo de Kurt moviéndose contra el frío pavimento y sus gritos amortiguados.

Si te suelto, entonces debes prometer que no gritarás.

No esperó por una respuesta. Retiró la mano de la boca de Kurt y, antes de que pudiera decir algo, el chico estaba gritando y empujándolo, intentando escapar. Dave se puso de pie rápidamente y tomó a Kurt de la cintura por detrás, jalándolo de vuelta al suelo.

¡Te dije que no gritaras! —Dave estaba asustándose. Cualquiera podría haberlo oído.

Sin pensarlo, Dave envolvió el cuello de Kurt con sus fuertes manos y apretó con fuerza. Sacudió al chico mientras apretaba. Las sacudidas hicieron que la cabeza de Kurt chocara varias veces contra el pavimento. Dave estaba tan perdido en sí mismo y su ira que no podía encontrar la voluntad para detenerse. Siguió sacudiéndolo y apretando, ignorando los gemidos de Kurt y solamente gritándole que lo amaba. Dave no sabía cuánto tiempo había estado lastimando a Kurt, pero cuando se detuvo, todo a su alrededor estaba siniestramente callado.

Kurt no se movía y Dave ya sabía el daño que había hecho.

—¡NO! —Dave se despertó gritando. Seguía en el cuarto en el que la enfermera lo había dejado y, de algún modo, había terminado en el suelo, temblando y gritando—. ¡Kurt! Lo siento tanto. No era mi intención. Por favor, devuélvanme a Kurt. Por favor —rogó Dave, a nadie en particular.

Todo estaba cayéndole encima de golpe. Había matado a Kurt y estaba encerrado por su crimen.

Gritó, llamando a Kurt, en el cuarto vacío. Gritó cuando un grupo de enfermeras entró apresuradamente al cuarto y continuó gritando mientras lo amenazaban con un sedante. Nada importaba ya.

Lo último que vio antes de que el sedante comenzara a hacer efecto fue el hermoso rostro de Kurt. Estaba sonriendo y era feliz. Se veía perfecto y todo era gracias a que tenía a Dave. Era feliz porque estaban juntos.

Te amaré por siempre.

Fin


Y bueno, eso fue todo…

Adigium21