Capítulo 1

Julia

Susan Prevencie, vestida con el uniforme bordó de su colegio de mujeres, miraba las portadas de los periódicos de The Times, expuestos en el quiosco de revistas. Un chico, vestido con un uniforme azul, la miraba y no lograba decidir las palabras perfectas para aquel primer encuentro. El tiempo pasaba, y debía apurarse antes de que su tren partiera.

—Ho-hola —dijo finalmente. Ella lo miró y al segundo desvió la vista, como si sintiera vergüenza. Las mejillas de ambos se encendieron.

—Hola —contestó mientras leía, con fingido interés, las noticias de septiembre.

—M-me llamo Edwin… ¿Y tú?

—Tania —mintió ella con una leve sonrisa, y luego decidió que era un buen momento para atarse los cordones, pero sin querer dejó caer su equipaje al suelo.

—Oh, yo lo recojo, no te hagas problema, Tania.

Bueno, pensó Susan. Al menos es un caballero.

—Gracias, Edwin. —Dime, ¿irás a…?

—¡Susan! ¡SUSAN! —Oyó los gritos de su hermana menor, Lucy, y resopló. La chica se acercó y saludó con la mano a Edwin, quien ahora estaba dudoso del nombre de la chica.

—¿Qué pasa, Lucy? ¿Y quién es ella? —preguntó, señalando a una chica de catorce años con el mismo uniforme que todos.

—Julia, una chica que conocí en la estación. Está en mi mismo curso.

—Bueno, pues... Hola, Julia. —Hola —respondió la chica mientras se recogía el pelo en una coleta.

—Susan, escúchame, tienes que venir —dijo Lucy, tratando de comunicarle la gravedad de la situación a su hermana.

—Iba a comprar el diario. ¿Segura de que no puede esperar?

—¡Edmund y Peter están en una pelea! —exclamó ella, finalmente. Susan abrió los ojos como platos y dejó caer nuevamente su bolso.

—No —dijo con horror, sacudiendo la cabeza—. No puede ser…

—¡Vamos!

Las tres chicas atravesaron la calle estando el semáforo en rojo para cruzar, y Julia fue golpeada por un auto que no tenía ganas de frenar. Llegaron a la estación de tren, pero no veían mucho; estaba lleno de estudiantes formando una ronda alrededor de lo que suponían que era la pelea. Julia se abrió paso entre la gente, empujando y codeando, y Lucy y Susan la siguieron.

En el centro del círculo había cuatro chicos vestidos con el mismo uniforme azul que Edwin. Edmund y Peter se peleaban como perros salvajes contra los otros dos. Todo el mundo gritaba "Pelea, pelea, pelea" y nadie, aunque quisiera, podría haberlos separado.

Llegaron guardias a calmarlos y desarmar la pelea. Susan vio, con horror, que Edmund tenía el labio partido.

—Ya. Ya está niño, ve a esperar tu tren.