Hey! de nueva cuenta aquí me tienen, he tenido algunos proyectillos alternos, por eso creo que no he avanzado mucho con mis otras historias, pero es que la continuación de esta me estaba gritando por salir. Gracias a las 4 personitas que se tomaron la molestia de leer la primera parte: silviota, katelau, mina202 (tnx editora) y 7harrypotter7.
debo decir que todo le pertenece a JKRowling, pero yo gozo del privilegio de escenarios y unas modificacioncillas futurescas jajajaja. ok, ahora sí, a leer!
Ella Se Muere
Humano y bestia se fundían en uno solo al momento de volver a presentar batalla, ese continuo trote, esquiva un hechizo, trote, embiste al enemigo, trote, galopa o morirás, ese ciclo rutinario sin fin era lo que mantenía la atención centrada en la supervivencia. Tanto tiempo que quedó atrás la inocencia, tantos atardeceres manchados con algo más que el crepúsculo, tantas mañanas que iniciaban antes del alba, tanto tiempo de guardarse las sonrisas, tantos ayeres que no volverán. Simplemente su juventud se le escapaba de las manos como la arena, y parecía que nunca habría un fin. Atrás habían quedado las tardes de adolescencia cuando sus amigos se divertían sin preocuparse de cuidarse las espaldas más de lo necesario, no como ahora, donde la vigilia era constante. Ese tiempo de locura donde podía escapar con él si así lo quería, donde si los llegaban a atrapar, lo peor que podía pasar era un regaño y la prohibición de verse, prohibición que desde luego no acatarían...verle de nuevo...simplemente verle...
Ella no volverá a cruzar
El umbral de los juegos
Él aún recordaba el momento en que se permitió seducirla. Recordó el decadente ambiente de burlesque que se apoderó de la escuela en su último año. El desenfreno era tal que ni una vestal hubiera sobrevivido a los embates de las hormonas. Lo reconocía, él no era el príncipe para el cual ella se había guardado; él la vio como la última vagina que necesitaba penetrar. Fue cruel y lo sabía, y se culpaba, pues el último día de su pureza no había sido producto del amor, sino de la lujuria. La lastimó y eso le corroía el alma. ¿qué era en ese entonces el amor? Algo que debía matar en su interior. ¿Los sueños? Algo de lo que debía despojarla. ¿Ella? La que siempre se le negó y que ahora se gloriaba de poseer. Pero después se fue la niña...y llegó su mujer...
Ser niña otra vez
Ya su ánimo estaba cansado, se mantenía de pie por puro instinto, y seguía pensando en él por rutina y consuelo, degustaba el sabor de su saliva en su boca con demencia, sabía que no debería estar con su sensación recorriéndole porque podía ponerlos en peligro a ambos, pero no podía evitar pensar, desear, imaginar, fantasear, con tenerle entre sus brazos, de recorrerle con sus manos y vestirlo con sus besos.
Galopaba incesantemente para volver a estar con sus compañeros de combate, para no levantar sospechas, para que nadie fuera en su búsqueda y descubriera su flagrante delito. Pero los destellos de hechizos no dejaban de medio iluminar su camino, sabía que ya tenían tiempo peleando y que debería estar matando a algunos mortífagos, pero le era difícil pensar en que uno de los muertos podía ser él, por el cual esperó tanto, al que extraño horrores y por el cual temió todos y cada uno de los últimos cinco años...con el cual llenó el vacío de sus noches.
Una revelación,
Gran tormenta
De fieros deseos a el
Aún la recordaba, joven y lozana, cuando ella decidió corresponder a su dominio con revolución, cuando se negó a continuar con su juego para comenzar otro, donde él cayó rendido y sin posibilidad de escapatoria alguna. Fue entonces que decidió rendir su corazón, cuando sintió el imperioso deseo de mantenerla cerca, cuando simplemente, sin aviso alguno, ella se volvió dueña, señora y reina de su vida. Verla dar sus atenciones voluntariamente a otra persona lo encendió. Saber que las mejores noches de su vida las pasaba en tertulias con sus amigos y no cuando el la obligaba a estar con él comenzó a matarle el alma, cuando descubrió que tenía una.
Un ruido sordo captó rápidamente su atención. Se suponía que la batalla se estaba librando todavía un trecho más lejos. Él andaba a pie, y su cabalgadura lo hacía a su costado, por lo cual suponía que le había dado tiempo suficiente a la mujer para alejarse y unirse a sus compañeros de bando. Así que lo primero que hizo por puro instinto fue sacar la varita y apuntar al sitio de donde provino el ruido. No recibió ataque alguno, pero de la nada se materializaron tres mortífagos que también, recelosos, habían desenvainado las varitas y le apuntaban con manos temblorosas.
-Así nunca van a poder lanzar una maldición como Dios manda.-les dijo a modo de reproche. Aún le disgustaba que el Lord lo hubiera puesto al mando de una división de nuevos mortífagos para que los entrenase y los volviera asesinos tan eficaces como lo era él. Prefería su trabajo solitario y letal a estar siempre pendiente de salvar el pellejo de unos niños idiotas que habían decidido seguir la senda oscura ya fuera por su sangre o por convicción.
-Escuchamos ruidos y pensamos que debíamos entrar en acción…-le contestó un joven de no más de veinte años, pálido como enterrador, con el cabello bastante parecido al de Snape y voz de plañidera como dirían sus compañeros. Aún así, Jarvey Ascolt era uno de los que mejor había asimilado las enseñanzas de Malfoy, y tenía con él lo que era una especie de empatía de situación, porque la que había sido la novia de juventud de Jarvey, se encontraba peleando del lado de la Orden.
-Bien- lo felicitó secamente. Y se podía calificar de felicitación porque había dirigido su mirada a los ojos del joven, cosa que rara vez hacía con sus subordinados-. Pero para la siguiente ocasión, tengan más firmeza y determinación.
-¡Sí señor!-dijeron todos a un tiempo, mientras veían como su líder subía a su caballo e iniciaba el trote a donde se estaba llevando a cabo toda la acción. Jarvey recordó la primera vez que estuvo en presencia de Malfoy: un escalofrío lo recorrió mientras él se adentraba en su mente, no le opuso resistencia alguna, y entonces Draco la vio: era linda, no bella, pero sí linda, su cabello avena volaba como si fuera etéreo y una sonrisa de sol le iluminaba el rostro, dándole un aspecto arrebatador. Draco se disponía dedicarle un cumplido por la chica cuando fugazmente pasó la imagen de ella despidiéndose y diciéndole que se iría con su hermano a pelear con los de la Orden. Dejaron suspendido lo suyo…tal y como sentía Draco que había dejado incompleta y desamparada a Hermione. Y entonces ese lazo innombrable nació.
Duele tanto descubrir
Que unos besos pueden
Pueden causar el caos
Hermione llegó hasta un prado desierto de árboles, las luces de los hechizos continuaban intermitentes, pero le era imposible descifrar de dónde provenían exactamente, era un resplandor por aquí, una luz cegadora por allá y gemidos por todas partes. El estruendo era tal que por un momento se sintió desorientada, pero un ruido a sus espaldas la hizo volverse inmediatamente y apuntar con su varita a lo que en ese momento se dibujaba como la figura de su mejor amigo, Ron Weasley, aquel que insistió hasta la demencia en adoptar a Damián, el que estuvo como loco haciendo la maleta para llevar a San Mungo en el momento en que Hermione comenzó labor de parto, el que en más de una ocasión en años anteriores le declaró su amor y al cual había rechazado una infinidad.
-Tranquila, Mione, todavía no me has enfurecido lo suficiente como para desear lanzarte un hechizo.-le dijo mientras alzaba las manos en son de paz para tranquilizarla.
-¿Y que es lo que te enfurece de mí?- preguntó temerosa la castaña. No por nada en las mismas batallas habían descubierto a infiltrados que usaron la poción Multijugos.
-Que le pongas mayonesa a todas las comidas- contestó el chico despreocupadamente. Conocía bien la tendencia de su amiga a desconfiar siempre en el campo de batalla. No la culpaba, pero ya empezaba a cansarse-. Y que después la revuelvas en una masa asquerosa.
-Está bien Ron, lo seguiré haciendo, me vale si te resulta asqueroso- le respondió con una sonrisa de alivio. Sí, quizá estaba poniéndose un poco paranoica con todo esto de la guerra, pero consideraba que cualquier medida era pequeña en comparación con el riesgo latente.
-De veras, Mione, aún no sé por qué sigo cediendo a tus juegos.- le dijo con una sonrisa burlona.
-Porque si no lo hicieras te lanzaría un imperdonable sin siquiera pestañear.
-Que agresiva. Cualquiera diría que eres el elemento más insensible de la Orden.
Hermione no pudo sino reaccionar por puro instinto a lo que él le dijo:
-¿Con que yo soy el elemento más insensible? Te recuerdo, Ronald Bilius Weasley, que no fui yo quien casi deja a la deriva al bebé de los Langley- comenzó la mujer con un siseo furioso.
-Sabes muy bien que casi morimos en el intento...-comenzó a defenderse el tipo.
-¡Esa no es excusa Ronald!-le gritó impaciente. Reconocía que en esa ocasión los habían encontrado a los dos maltrechos junto con Leonard y Laila Langley muertos. Después de que se los llevaron, ella se dedicó a vagar por la casa en busca de evidencia para el juicio póstumo. Y entonces lo escuchó. Un bebé de escasos dos meses yacía escondido en un baúl repleto de vestidos de noche de la señora Langley. Ella se encargó de llevárselo con ella y amamantarlo junto con Damián, que le llevaba ocho meses y estaba empezando con los biberones. Lo mantuvo a su lado hasta que lo enviaron con unos parientes lejanos en América. Y lo perdió.
El recuerdo todavía le nublaba la vista. Ron lo sabía, conocía de sobra el exagerado amor que ella prodigaba a los bebés abandonados. A pesar de que recordaba muy interiormente haber escuchado un llanto, lo atribuyó a que Damián llevaba noches sin dejarlos dormir que si de un bebé de verdad se tratara. Se disponía a consolarla y excusarse de nueva cuenta cuando Harry salió de entre los matorrales con Neville lastimado de un pie.
-Que suerte encontrarlos juntos. Mione, llévatelo al cuartel y asegúrate que quede bien. Ron, tu sígueme, ocupo que me cubras la espalda.
Ron le lanzó una última mirada llena de reproche por no olvidar el episodio del bebé, una súplica silenciosa para que olvidara ese momento, que no se abandonara a la paranoia y que permaneciera cuerda a su lado. Hermione simplemente los miró alejarse sin sentimiento alguno, sabía que la batalla era cruenta, pero tenía la certeza de que no saldrían lastimados, eran "el dueto mortal", ya no "el trío de oro".
Ella se muere si
No lo vuelve a mirar
Subió a Neville a la silla de la montura, y montando ella tras él, creó un traslador de un galeón que llevaba en el bolsillo interior de la túnica. En un abrir y cerrar de ojos y con el clásico jalón en el centro del cuerpo se encontraron en el nuevo cuartel general de la Orden, una fortificación bajo tierra, protegida con infinidad de hechizos para evitar a los intrusos. Hermione, junto con Remus y Ojoloco Moody, se encargaban del departamento de inteligencia y protección, y ella había adaptado e implantado el reconocimiento genético como pase a la guarida.
En cuanto se introdujo, dejó a Neville al cuidado de Madame Pomfrey y se dirigió a la pequeña oficina repleta de ordenadores e instrumentos mágicos de vigilancia, donde junto con Lupin y Moody monitoreaban las acciones en cualquier parte del mundo donde se empleara magia.
-Buenas noches, Remus-dijo Hermione en cuanto entró en el pequeño cubículo que le correspondía-¿por qué está encendida la alerta de aurores en la zona de los Kerleighs?- comentó de pronto alarmada.
-Digamos que unos de los nuestros desbarataron una pequeña reunión de mortífagos...hubo algunas bajas-concluyó el licántropo con una sombría mirada-. Mione, Parkinson no pudo escapar...
-¿No dirás Pansy Kerleigh? Recuerda que se casó hace como 3 años según nuestras fuentes con Reginald Kerleigh...
-Pues...Mione, tranquila con lo que te voy a decir-comenzó sopesando las palabras-. Hay algo que Pansy nos dejó...-inesperadamente un coro de llantos infantiles comenzó a inundar el cubículo de Moody, mientras Remus bajaba la mirada apenado y Hermione se levantaba presurosa a investigar la fuerte del llanto.
En dos portabebés se encontraban unas gemelas primorosamente vestidas, con su lacio cabello negro pulcramente arreglado y a todas luces hambrientas.
-¿Quiénes son ellas?
-Las gemelas Kerleigh-Parkinson-le respondió un resignado Remus-. Ni su padre ni su madre lograron sobrevivir a la ofensiva en su casa...les estamos buscando sitio con familiares lejanos, que no tengan nada que ver con los mortífagos...
-¿Puedo cuidarlas mientras?-le interrumpió Hermione expectante.
-¿Por qué o para que?- le preguntó estupefacto.
-Siento que es un favor que le debo-dijo quedamente. Al ver el gran signo de interrogación en el rostro del hombre, comenzó a relatarle-. Remus, eres el único que sabe quién es el padre de Damián, eres su padrino y has tenido oportunidad de verlo crecer...-su mirada se ensombreció- pero hubo un momento, al comienzo del embarazo cuando casi lo pierdo. Sé que fue una estupidez el haberme quedado tan tarde estudiando en la biblioteca, y sufrí una amenaza de aborto- los ojos se le nublaron de lágrimas-, Parkinson se encontraba haciendo su ronda de prefecta y me encontró, y sin importarle nada se encargó de llevarme a la enfermería. A la mañana siguiente, cuando Pomfrey logró estabilizarme, me dijo que si no fuera por ella y por el preciso instante en que me llevó habría perdido a mi bebé. Le debo o le debía la vida de mi hijo, quiero hacer algo por las suyas...son tan desvalidas y pequeñas...-terminó mientras con una mano acariciaba a una y convocaba un biberón para la otra. Mientras tanto, imaginaba cómo sería su vida sin esos dos primores que le habían robado el corazón, su secreto marido y su conocido hijo...
Ella se muere si
No lo vuelve,
No lo vuelve a besar
-Claro, este... ¿quieres que te ayude a llevarlas a tu cámara? Ya es tarde y te has excedido en tu turno. Damián debe de estar impaciente por verte llegar, hace como media hora que tuve que regresarlo a su cama cuando vino a irrumpir aquí preguntando por tu paradero.
Hermione simplemente le sonrió y cargando con una se dirigió a la cámara que fungía como hogar mientras ella permanecía en la guarida. En cuanto traspasó el umbral de su puerta y encendió las luces pudo ver a Damián sentado en el sofá en una pose aristocrática que emulaba perfectamente la de su padre, aunque de ello no fueran conscientes nadie mas que Hermione y Remus.
-Tardaste demasiado-dijo a modo de reproche con su infantil pero clara voz-¿qué traes ahí¡fuiste a comprar unas hermanitas!-le dijo primero con su natural curiosidad para después pasar al asombro cuando se acercó a los portabebés-. Tío Remy no quiso decirme dónde habías ido- terminó acusando con su pequeño índice a Remus.
-Eso es porque el tío Remy no sabía donde estaba-al ver que una pregunta se iba formulando en los labios de su hijo, se aprontó a continuar-; estaba en una misión secreta. Y no compré hermanitas, solo son unas nenas que tendremos con nosotros provisionalmente en lo que les encuentran un hogar.
El niño finalmente se dio por satisfecho, y ya no preguntó más a su madre. Solícito, le ayudó a instalar a las niñas para que se les facilitara su cuidado, con una mirada de claro enternecimiento, alimentó a la que aún no había cenado.
-¿Cómo se llaman?- preguntó Damián.
-Pues...creo que la de allá es Brittany y la de aquí, la que estás alimentando es Bettany...se supone que traen unos brazaletes con sus nombres...-explicó Lupin. Con una última mirada de agradecimiento salió del búnker, dejando solos a Hermione y a Damián.
-Tío Ron también vino a buscarte-comentó de pasada el niño-, dijo que ya no deberías andar tan libremente ahora que Malfoy tiene una unidad especial...Mamá, cuéntame que tiene el tío Ron en contra del señor Malfoy...-suplicó Damián. Ya habían sido muchas las veces que Hermione había hablado con él cuando preguntaba por Draco. Jamás le había dicho que era su padre, pues al parecer, al ser el único niño dentro del cuartel y rodeado de tantos hombres dispuestos a prodigarle amor, no había sentido la necesidad de una figura paterna, por lo cual no había preguntado.
-El señor Malfoy fue nuestro, digamos, Némesis desde que entramos a la escuela, siempre tenía algo que restregarnos en la cara: a tío Ron, que él era rico y Ronald pobre; a tío Harry, que él tenía a sus padres mientras que Harry era huérfano...
-¿Y a ti, mami¿qué te decía el señor Malfoy?-interrumpió Damián.
-A mi, que soy bruja pero sin proceder de una larga línea de ancestros mágicos...-se acercó al oído de su hijo y le susurró-, pero siempre tuvo envidia de que yo fuera mejor que él en la escuela.-concluyó con una sonrisa cómplice que el niño le regresó.
-¿Solo por eso lo odia el tío Ron?-volvió a preguntar- Debe de haber habido algo más para que mencione su nombre con tanto rencor...-a Hermione le sorprendió que Damián ya fuera capaz de distinguir sentimientos en los tonos de voz. Y una vez más lamentó que el tiempo de la infancia de su hijo se desperdiciara dentro de un bunker con todo el futuro incierto.
-Bueno, el último año, el tío Ron digamos que empezó a sentir algo por mí, pero…tengo que contarte un secreto-comenzó con voz cómplice-. En el último año, el señor Malfoy y yo…nos hicimos muy amigos.
-Entonces el tío Ron le tiene celos-concluyó Damián.
-Sí, celos…- Hermione aún recordaba claramente cuando contra toda expectativa, McGonagall les había "obligado" a ir juntos al baile de graduación…para ellos fue más fácil así, decir a los amigos que no era lo que querían, aunque agradecían secretamente que a la nueva directora le diera por estrechar lazos entre las casas, como seguramente Dumbledore lo hubiera deseado…
El la hizo probar el veneno
Que mata el orgullo
Y también la razón
Esa fue la cúspide, porque mientras se olvidaban de todo lo que les rodeaba en el baile, que gracias a Merlín fue exclusivo para alumnos, tuvieron su momento de debilidad. Él la sacó del salón para besarse y ella aprovechó para anunciarle la próxima llegada de su primogénito. Fue su pequeño momento de dicha: las estrellas, el amor, ellos y sus corazones latiendo juntos y el espontáneo roce de sus bocas...embeleso, puro embeleso que fue interrumpido por la abrupta llegada de Harry y Ron, con el último dispuesto a batirse en duelo para restañar el honor perdido de su amiga. Los insultos y ella en medio, las amenazas y ella en medio... su odio y ella en medio pero como si no estuviera. Sea como fuere, ese fue el último momento que se les permitió estar juntos antes de la guerra, y desde entonces tantas cosas habían pasado...
Para ella es vital respirar
Ese amor con mentiras
Aunque sea fatal
Despejando su mente, mandó a Damián a dormir a su pequeña alcoba en el bunker, decorada con afiches de estrellas de Quidditch, sus tíos, así como la sangre de su padre le predispusieron a la preferencia por ese juego. Con un beso le durmió, mientras que en su cuarto acomodaba a las gemelas, satisfechas y soñolientas. Al quitarse la capa y oír el repiqueteo del dinero, rescató los galeones y los colocó en el cofre sin fondo donde guardaba todo lo que mejor estaría lejos de las manos y ojos ajenos. Exhausta y adolorida por la cabalgata, pero inmensamente feliz de volverle a ver, cerró sus ojos mientras que la última visión que tuvo de él se grababa en sus párpados... pero la última vez que le vio fue cuando le puso el antifaz de mortifago. Y quedamente sollozó, porque tantos planes habían hecho para huir, y sin embargo el maldito destino les empujó a lados separados del tablero. Y maldijo a la guerra, maldijo a Voldemort, maldijo a Harry por ser su amigo y sentirse obligada a acompañarlo, maldijo a Ron por no haberla exhortado a no asistir, y finalmente maldijo a los dioses por sentir que la habían abandonado.
Duele tanto descubrir
Que un error no vale nada
Y una vida si
Pero no solo a ella la habían dejado de lado, porque más fuerte que su enojo y frustración era el desquiciante temor de que, realmente, ésta si fuera la última vez que le vería. Fueron las detonaciones las que los separaron...pero el leve plop de alguien apareciéndose la sacó de si misma. Solo había la posibilidad de que fuesen Harry y Ron, el primero ocupaba el bunker a su derecha, mientras el pelirrojo el de su izquierda. Calzándose las zapatillas y abrochándose la bata superpuesta, Hermione se asomó a la puerta, donde vio a sus amigos totalmente hechos un desastre, en tan penoso estado que olvidó que venían de una batalla con Malfoy...
-¡Harry¡Ron¿cómo les fue¿qué pasó?-comenzó a bombardearlos con preguntas.
-¡Ese maldito finalmente cayó!- exclamó Ron triunfante, como si hubiera descubierto la derivada de la fórmula de la relatividad.
-¿Quién cayó?
-¡Ese maldito rubio de Malfoy, Mione, por fin!- le explicó Harry- Ron le lanzó el Avada y lo alcanzó-el alma de Hermione lentamente se fue helando-, trajimos su cuerpo, está en la morgue para reconocimiento...
Hermione ya no siguió escuchando la entusiasta descripción del hechizo asesino de Ron porque sin siquiera buscar alguna vana excusa, corrió a la morgue del cuartel, dominio exclusivo de Luna Lovegood. Al ir por el pasillo subterráneo, en un recodo, chocó con la rubia que iba saliendo de la oficina de Neville, el encargado de Biomagia.
-¡Hermione!-su etérea voz poco había cambiado desde la escuela, y nunca se había desprendido de los famosos aretes de rabanitos-. Pocas veces te acercas tanto a mi departamento... ¿qué te trae por aquí?
-¿Es cierto que Harry y Ron mataron a Malfoy y trajeron su cuerpo?-le preguntó tratando de que la angustia no delatara su voz.
-Sí, de hecho, vine a la oficina de Neville porque tiene una planta, la Amicusea rigudalis, que neutraliza cualquier hechizo o poción ingeridos aun después de muertos...
Ella se muere si
No lo vuelve a mirar
El corazón le dio un vuelco a la castaña, de pronto subió a su garganta y cayó estrepitosamente a sus pies, la garganta se le cerró mientras los ojos de Luna la evadían.
-¿Deseas venir?-le preguntó cautelosamente. Varios de los miembros de la Orden habrían rechazado en redondo acompañarla, a muchos les parecía morboso que a pesar de que Luna estudió medimagia para sanar, se dedicara a aplicarla a los cadáveres que traían consigo.
-Sí.- Hermione necesitaba desesperadamente ver con sus propios ojos que realmente ya no exhalaba ningún aliento, y siguiendo a Luna unos pasos más abajo para llegar a la morgue, sintió que cada paso era para acercarla al cadalso, donde se enfrentaría con la condena de muerte a sus pobres esperanzas de vida.
Ella se muere si
No lo vuelve,
No lo vuelve a tocar
Luna abrió las asépticas puertas del lugar, donde en la típica plancha fría de metal un cuerpo se dibujaba bajo la blanca sábana. A primera vista no se apreciaban mutilaciones ni hemorragias post mortem, y eso al menos la alivió: nadie había lastimado recientemente su cuerpo. Mientras contemplaba la figura perfilada mil y un imágenes de su pobre relación se iban agolpando en su mente. ¿Por qué todo tenía que ser tan inhumano en esos momentos¿Por qué nunca se les permitió ser felices¿Acaso no pudo retrasarse un poco más la guerra? Unos años, una década, toda la vida... Pero ya nadie oye las súplicas veladas, simplemente tienen oídos para captar maldiciones e instintos para evadirlas...
Luna comenzó a ponerse la bata blanca y los guantes, al terminar sumergió la planta en una solución transparente que se tornó verde esmeralda; sustrajo un poco con ayuda de una jeringa y poniéndole una aguja, se dispuso a inyectarla en el pálido brazo con la marca tenebrosa tatuada en el interior del antebrazo izquierdo. Y tuvo la irracional certeza de que era él, el tono de la piel, aunque cenizo por la muerte, era perfectamente reconocible; poco a poco la medimaga fue descubriendo el cuerpo y Hermione pudo finalmente ver su rostro...y totalmente se paralizó. ¡Era él! Ahí, frío, muerto...muerto por sus amigos. Mientras Luna inyectaba una vena azulada, Hermione no soportó más, y sintiendo repentinas náuseas, dio la media vuelta para salir en el momento en que el cuerpo comenzaba a brillar producto de la solución inyectada.
Ella se muere si
No lo vuelve a mirar
Se apoyó en la pared al lado de la puerta y mientras silenciosas y traumáticas lágrimas se deslizaban por sus mejillas, escuchó un grito ahogado producido por Lovegood, quien salió con el rostro desencajado batiendo las puertas. Hermione se secó rápidamente el rostro y se incorporó para ver qué puso a Luna en ese estado.
-¡Hermione¡Llama a Ron, a Harry, a quien sea!- le gritó histérica- Tráelos, tráelos por favor.- le suplicó.
Hermione sacó su varita y conjurando un hechizo no verbal, emitió unos hilos escarlata que viajaron atravesando paredes y techos en dirección a las habitaciones de sus amigos. Apareciéndose en el acto, Harry y Ron las miraron con interrogantes en sus ojos. El primero en hablar fue Ron.
-Luna¿qué paso¿para qué nos llamaron?
-Entren ahí...- respondió sombría. Ron y Harry se voltearon a ver y en sus ojos reflejaron el pavor, morbo y asco que les provocaba entrar a la morgue, por lo que Hermione se decidió a entrar primero. Sea lo que fuere, no podía provocarle un vacío mayor del que ya se albergaba en su corazón. Tras sus pasos fueron Harry, Luna y Ron y no pudieron menos que desencajar las expresiones, asombradas ellas y furiosos ellos ante el cuerpo que poco a poco dejaba de estar verdoso...
Ella se muere si
No lo vuelve,
No lo vuelve a gozar
Ante ellos no estaba el cuerpo de Draco Malfoy como habían supuesto, sino el de otro mortifago que seguramente había suplantado su lugar mediante algún hechizo, probablemente con una versión modificada de la Poción Multijugos para que durase más el efecto, pero que fue roto por la Amicusea rigudalis de Neville.
-¡Maldita sea!- exclamó primero Ron enfurecido mientras pateaba una mesa con instrumentos dentro de la morgue. Harry simplemente se limitó a mirar el cuerpo como deseando desesperadamente despedazarlo y Luna se limitaba a recoger el material disperso por Ron, mientras este último se daba de topes contra una pared.
-Es Regan McLinner-les aclaró Hermione-. Lo habíamos estado investigando junto con los otros chicos bajo el entrenamiento de Malfoy...
-¡Pues que malditamente leales pueden llegar a ser!-explotó por fin Harry-. Mira que llegar a intercambiar lugares con el líder para morir en su lugar...
Ellos continuaron discutiendo y despotricando contra los mortífagos, mientras Hermione se retiró discretamente del sitio envuelta en una imperceptible nube de regocijo. En menos de una hora había sentido que lo perdió por siempre, y en un segundo le había recuperado. De pronto la vida le pareció menos dura, que aún quedaban pocas esperanzas a las que aferrarse pero lo suficientemente fuertes para sostenerla... definitivamente podrían matarla varias cosas...pero ese día... ese día podría vivirlo...
Yei!!! por un momento tmb sentí que perdería a Drakis T.T je, pero no soy tan malosa...bueno, a veces sí. La canción que empleamos esta vez fue "Ella se muere" de las Víctimas del Dr. Cerebro, buen grupo...personalmente es mi favorita de ellos, a pesar de estar medio dramática, es la más románticona que tienen. Nos vemos en el siguiente episodio, donde seguiremos la pista de Draco y sabremos que onda con el cambio de identidades yuju!!
Raven ♪
PD se agradecen comentarios, tomatazos, howlers y reviews xD!!
