― Quiero escapar de todo... ― Avanzó hacia él un paso ― ¿Puedes salvarme de todo?

― Escapemos ― Propuso él de pronto, como si no estuviera pensando bien.

La cara de ella lo decía todo... Arthur se estaba torturando por dentro ¿Escapar? ¿él? Pero el lunes tenía que ir a trabajar. El martes tenía programada una cita con una posible esposa. Sus familias habían concertado este encuentro al estilo japonés, como suponía, sería la nacionalidad de Sakura, la chica de la que llevaba escuchando desde que tenía 18 años. Desde hacía un mes su madre y su hermano mayor llevaban preparando todo... William y Ryan lo matarían si no asistía a aquella cita... Su trabajo correría peligro si es que no llegaba en unas pocas horas más.

Su vida estaba planeada.

― Te voy a secuestrar... ― Dijo ella. Tomó su mano y ambos comenzaron a correr ― Vamos a tu habitación... ¿Vas a necesitar algo de allí?

La mente de Arthur le jugó una broma con la primera propuesta, luego comenzó a pensar ¿Necesitar? Se miró, vestía pantalón de tela, unos zapatos demasiado lustrados, una camisa pulcramente blanca, una corbata sumamente bien hecha, un chaleco tejido y una chaqueta larga para el agua... Odiaba esa ropa de vez en cuando. Francis le insistió que fuera a la fiesta como se sintiera más cómodo, pero no podía... Alfred se hubiera burlado de él.

Tomaron un taxi que los dejó fuera del complejo de departamentos y habitaciones. La gran ciudad tenía de todo. Mientras ella le esperó en una mini sala, en donde el espacio era de 2X2 y tenía allí una mini mesa, una mini cocina, todo pequeño... Y no había puerta, por lo que podía ver la habitación del chico, que tomaba un bolso disminuido y en él tiraba ciertas cosas. Ella desvió la mirada cuando se dio cuenta que él comenzaba desabrocharse la camisa.

Al cabo de un rato, Arthur estaba frente a ella otra vez. Vestía jeans algo ajustados, zapatos de invierno, una camiseta, pañuelo británico y chaqueta de cuero. Guitarra al hombro y bolso en la mano. Al mismo tiempo le tendía un abrigo suyo.

― Hará frío más noche... ― Ella lo tomó y se lo puso.

Salieron de ese lugar, también de la isla, ya en la Península fueron a la estación de trenes. No importa el destino... Arthur se puso unas gafas oscuras y pagó. Ella mientras tanto, compraba un poco de comida. Cuando volvió, se sentía observada... Era ya muy noche cuando salieron de la habitación de Arthur. Tenía miedo, pero no había marcha atrás...

― Hey chica... ¿Estás sola? ― Un tipo se le acercó.

― Eh... ― Tipico de esos tipos en la noche... No tenía tiempo. Ella solo suspiró.

Love... ― Alguien le pasó un brazo alrededor de los hombros ― ¿Algún problema?

Era Arthur, con la otra mano se sacó las gafas y dejó ver unos ojos verdes enojados, mirada molesta y malvada, sonreía, pero no lo parecía... El tipo tuvo cierto miedo del rubio y dejó las cosas allí. Ellos se dieron vuelta y siguieron caminando un poco más así.

― Lamento eso... No todos los hombres somos así ― Dijo el inglés, mientras estaban sentados en las bancas comiendo unos dulces.

― Sí... ― Ella parecía distraída, daba igual. Problemas son problemas.

El tren apareció. Fue un milisegundo de duda... ¿Y si llamaba a Martín para que la fuera a buscar? No... Habían dejado los celulares y todo lo que pudieran rastrear en la pieza de Arthur.

― ¿Vendrás conmigo? ― El rubio le tendió la mano desde el interior del tren.

Ella no podía hacerlo... Las puertas se cerraron.

Media hora después, Arthur comía una tarta de manzana, mientras miraba el paisaje por la ventana del tren. Frente suyo, Manu comía un pie de limón. Los dos tomaban té.

― ¿Y qué haces? ― Preguntó ella de pronto.

― Trabajo... ― Él sonrió ― Mala paga, demasiada carga laboral, tengo poco tiempo... Pensaba renunciar pronto, pero al parecer no será necesario... ¿Qué haces tú?

― Estoy terminando el 4to semestre de la Universidad ― Ella se acurrucó en el asiento ― Es lo que se esperaba de mí... Tengo suerte de haber escogido la carrera que me gusta...

― Sí... ― Él había entrado a estudiar a los 16 años una carrera que no le gustaba, y salió como el mejor de la generación, eso se esperaba de él ― ¿Y tienes novio?

― Si tengo... No, no tengo. Quizás no tengo ― Suspiró, pero luego fue más sincera ― Hace 10 horas me pidieron matrimonio.

― Eh... Entonces... ¿Tenías novio? ― La respuesta podría cambiar todo el rumbo.

― No lo sé... Aunque todo el mundo espera que acepte su propuesta... Porque Él es lo más cercano que tengo a un futuro , pero... ¿Estaría mal decir que no siento amor por él?

― Claro que no. Hay muchas cosas que nos pueden obligar a hacer... Incluso nos pueden obligar a odiar ¿Sabes? Pero... ― Se tocó el pecho... "Rose..." ― No nos pueden obligar a amar... Es lo único que tenemos para nosotros.

― Eh... Tu novia debe ser la mujer más feliz del mundo... Con un novio así ― Ella sonrió, y luego se fijó en su rostro ― ¿Tienes novia, no?

― Tenía... ― Él sonrió con melancolía. Ella sintió tristeza en su voz ― Antes de saber que me comprometieron en matrimonio con otra mujer.

― Eso es horrible...

― No... Ella... ― Pensó en la peli roja, en los lentes que aún le debía, de la vez en que ellos dos habían... Se avergonzó en recordar eso... En su piel blanca y lisa como porcelana. ― Ella me dejó por varias razones... Supongo que lo más saludable era simplemente terminar.

― Lo lamento...― Manu se puso a llorar, eso sorprendió a Arthur ― Lamento haberte hecho recuerdo de algo triste...

Lady...

Si le preguntan... no es justo.

No es justo que dos homus deban terminar su relación por la imposición de un tercero. "Debo volver a Europa... Gilbert no puede hacer todo sólo, incluso si así lo insiste. Tú no puedes acompañarme... incluso si así quisieras ¿Esto es el adiós? Dale saludos a Martín... espero pueda cuidar de ti como me hubiera gustado hacer yo" Pensó en el rubio alemán, en su cara tan seria al decir aquello ¿Qué hubiera hecho ahora que era más madura... La cicatriz estaba abierta, por eso dolía verse reflejada en otra persona.

Arthur se levantó de su asiento y se sentó a su lado, le hizo mirarlo. Le sonrió. Le limpió las lágrimas y luego besó el lado interno de sus muñecas, y fue subiendo por su brazo. Se detuvo antes de llegar más arriba. Eso la hizo sonrojarse... Ella, que no había permitido que Martín la besase en la piel, se estaba dejando besar por otro. Sentía que podía confiar en Arthur. Y si bien sólo eran unos besos en un brazo... Era la primera vez que alguien la besaba de ese modo.

Era vergonzoso... Maldición.

― jejeje Me haces cosquillas... ― Arthur sonrió ante la exclamación de ella.

― Puedo hacerte más que simples cosquillas si te descuidas ― Le cerró un ojo. Ella ignoró, como llevaba haciendo casi toda la noche, los dichos del inglés.

Él volvió a su lugar inicial y se cruzó de brazos, escondiendo el rostro, para que ella no notara que en realidad... En realidad unas pequeñas lágrimas se formaban en sus ojos.

"Rose... my beloved Rose"

― ¿Cómo es tu prometida? ― Insistió la más pequeña de los dos.

― No lo sé... ― Dijo sinceramente ― No la conozco... Se llama Sakura Honda, es de una familia japonesa... Nuestros padres llevan planeando este matrimonio desde hace unos 5 años...

― Piensa en el lado positivo...

― ¿Tendré hijos muy inteligentes? Los japoneses son inteligentes ¿No? ― Preguntó irónico.

― Y al menos te casaras... ― Ella sonrió ― No estarás soltero toda la vida.

― No sé si quiero casarme con alguien que no conozco... ― Se cruzó de piernas y le prestó toda la atención del mundo ― No estoy seguro de querer casarme con alguien por conveniencia, ni por tradición... No creo poder tolerar esta situación, pero... Probablemente cuando volvamos, voy a hacerlo. Quizás no pueda eludir este compromiso... Quizás sea tarde... Quizás ellos me hagan la vida imposible.

― ¿Cómo se llama? ― Pregunta abrazando sus rodillas.

― ¿Quién?

― La chica que está ocupando tus pensamientos...

Pasaron por un túnel que se llevó todo, incluso el sonido.

Aún en un hotel en Ibiza, dos hermanos seguían bebiendo, pero esta vez solos.

― Brüder... Lo sabías... Tú lo sabías maldición ― Tomó la botella de cerveza y se la llevó a los labios ― ¿Por qué no me dijiste eso antes? No estaba preparado...

― Como que... Ya bebiste lo suficiente ― El otro ya no bebía, sólo lo observaba ― Pequeño West... Que ingenuo muchacho ¡Tú la abandonaste en América!

― ¿Y qué podía hacer? ― El rubio volvió a tomar más cerveza y sonrió rígido ― Pedro e Itzel dijeron que Manuela nunca me querría por completo... Su corazón le pertenece a Martín, yo sólo sé que su corazón le pertenece a su... a su amado Martín.

― Okey... Suficiente bebida ¡A la cama! ― Gilbert ayudó a levantar a su hermano, y a caminar.

― Yo estoy bien... si puedo solo... Puedo beber más... Sin dudas más ― Decía con una voz poco clara.

Gil lo soltó cerca de llegar a su cama, y con pena vio como dio un paso y se cayó como un peso muerto sobre las colchas. Se sentó a su lado y le sacó los zapatos... Su hermanito había crecido mucho al parecer, el pequeño Ludwig era un poco más grande que él, pero aún no sabía controlarse en cuanto beber. Era un adulto, sin dudas. Para él, últimamente, le era muy incomodo acercarse a ese Lud. Algo había cambiado en el rubio menor en los últimos 12 o 13 meses desde "el incidente".

Una cosa le había quedado poco claro... José Manuela sufrió mucho tras la ida de Ludwig, no fue como los mexicanos o su propio hermano dijeron, que "retomo el noviazgo con Martín", pasaron unos meses antes que ella le aceptara otra vez. Eso él lo sabía porque, a diferencia de Ludy, él volvió a América y se mantuvo cerca de la chilena.

Algo se perdía de esa historia, y él intentó averiguarlo, pero hasta el momento no conseguía esclarecer algo... ¿Y si volviera a la fiesta y les sacara la verdad entre tragos a las chicas lo podría lograr? Para esas alturas, Manu ya debía estar ebria, entonces nunca se enteraría de lo sucedido en la fiesta. ¡Gran idea Gilbert! Toma su chaqueta y abre la puerta, pero...

― Ni se te ocurra ― La mujer estaba parada en una pose atemorizante.

Gott in himmel! ¡Una bruja demonio en mi puerta! ― Gritó del susto... Un momento, del susto no, de la impresión, claro, él no era de los que tenían susto, él era increíble, y valiente y sumamente genial, y asombroso y...

― ¡Descarado insolente! ― Le golpeó con una sarten ― ¿A quien te refieres con bruja demonio?

― ¿E-elizabetha? ¡Maldición marimacho, eso duele! ― Luego se puso la chaqueta, serio e intentó salir por la puerta, pero ella seguía de piedra ― Ya quítate mujer, estorbas.

― Ten cuidado con la bocaza bonachón, de aquí no pasas ― Ella frunce el ceño y se cruza de brazos ― ¡Ya sé lo que quieres hacer y estoy en desacuerdo!

― ¿Qué? ― Él parpadeó dos veces seguidas ― Oe, me estás molestando, si no quieres salir lastimada quítate, te lo advierto.

― Pretendes intervenir ¿No? ¡No puedes quedarte simplemente quieto! Escucha bien, José Manuela y Martín se comprometieron hace menos de 24 horas. No vas a meter tu nariz en esos asuntos y confundir otra vez a Manu ¿Te olvidas lo que ocasionó tu intromisión la última vez?

― ¡¿Se comprometieron?! ― Preguntó alarmado...

Pero aún más, quería olvidar el insulto de la mujer frente a él, si él no hubiera intervenido... ¡Manu hubiera sido la mujer más desdichada del planeta! Pero también... Su intervención trajo la tristeza en muchas personas. El intervenir o no hacerlo... ¡De cualquier forma se convertía en villano! El camino que él seguía, siempre había sido el de la rectitud, incluso si eso significaba que Manu le odiara y que al final terminara triste, y suponía que siempre que él actuara de forma recta, no tendría que cuestionar sus decisiones, pero aún así... pese a que la cara del albino comenzaba a lucir más molesta, sus rojizos y violacios ojos, tenían cierta duda y cierto brillo triste. Elizabetha suspiró y fijó su mirada en el rubio que dormía como un tronco a lo lejos.

― Si quieres que tu hermano sea feliz, déjale solo, ya no lo confundas.

― Realmente te detesto... Por eso te dejé ― Dijo el hombre, intentando ser rudo.

― Lo sé... ― Ella se dio media vuelta, dándole la espalda, pero aun se volteó a verlo por un escaso momento ― Por eso me casé con tu primo.

La puerta se cerró de golpe.