Capítulo 1
Seis años después
El Lincoln Center de Manhattan estaba colmado de gente, y se debía pues, a que se estaba llevando a cabo, una vez más, la bien conocida Fashion Week, para presentar la colección Primavera—Verano. Centenares de diseñadores reconocidos asistían para dejar ver sus más recientes obras, así como los más recientes se comenzaban a dar a conocer.
Desde que estaba viviendo en Nueva York, los últimos cuatro años, había estado asistiendo a aquella clase de eventos. Al haber sido uno de los dueños de una gran empresa de la moda en el otro lado del mundo, y ahora mismo el editor en jefe de la revista New York Magazine, solía recibir invitaciones constantemente.
Con calma se dirigió a su puesto asignado, en el centro de la tercera fila. Vio como todos los demás presentes comenzaron a ocupar sus lugares.
Por puro impulso dirigió su mirada ambarina hacia la entrada de los vestidores, y se quedó de piedra al parecerle ver a una pelinegra que muy bien conocía. Parpadeo un par de veces y mantuvo su vista en el mismo lugar, pero ya no había señales de ella.
Kagome Higurashi.
Muy seguramente aquella había sido otra ilusión que formo su cerebro. Hacía ya seis años desde que se había separado de ella. La había cambiado. Había dejado lo mejor que le pudo haber pasado en la vida.
Y muy tarde se dio cuenta de su error. Estuvo alrededor de año y medio con Kikio Makeda, la mujer de la había estado profundamente enamorado, y la que, muy ingeniosamente, le hizo creer que ella también sentía lo mismo.
Los desfiles dieron inicio, presentándose diseñadores como: Chado Ralph Rucci, Michael Angel, Proenza Schouler, Whitney Port, y algunos más, pero en realidad no estaba prestando demasiada atención.
Él estuvo muy cerca de pedirle matrimonio a Kikio, cuando ella se decidió a dejarlo.
—Lo siento, pero lo mejor será que dejemos esto hasta aquí. Había pensado que quizás eras lo que quería, pero me equivoque. No eres lo que necesito. Yo necesito mucho más. Quiero mucho más.
Y con aquellas palabras lo abandono, por segunda vez. Al poco tiempo supo que ella se había ido con un reconocido heredero europeo. Aquella mujer jamás lo había amado, y se había llegado a convencer que lo único que ella amaba era la fortuna y los bienes materiales.
No entendía como se había enamorado de aquella mujer que muy claramente, al menos luego se dio cuenta de eso, era cínica, fría y sumamente derrochadora. Había estado completamente cegado por su belleza y sus encantos, por desgracia.
Y principalmente había sido un idiota por atreverse a volver con ella luego de que lo dejara la primera vez. Desaprovechando con ello la oportunidad de estar con la mujer que sentía que verdaderamente había comenzado a amar.
Kagome Higurashi.
En aquellos seis años lejos de ella, no había dejado de pensarla. Su bondad, su fortaleza, su entusiasmo por dar siempre lo mejor de sí misma. Aquella mirada dulce e inocente, y su sonrisa, con la que iluminaba cualquier lugar.
No había podido olvidarla, y dudaba que alguna vez pudiese hacerlo. Había estado con alguna que otra mujer, por pura necesidad, pero no se había entregado en ninguno de los casos. Cada día que pasaba sentía que se arrepentía cada vez más de la decisión tomada hace seis años atrás.
—Has decidido lo que es mejor para ti ¿no es así? Lo que te hará feliz.
Le había dicho Kagome cuando se despidió de ella, cuando la vio por última vez. No pudo haber estado más lejos de la verdad. Su decisión había estado completamente errada. En ningún momento logro ser feliz, puesto que todo había resultado una vil y mísera mentira.
Pudo haber regresado a Japón luego de Kikio lo dejase, pero en aquel momento pensó que tan solo sería una forma fácil de olvidar su dolor, y tampoco quería hacer parecer que solo quería a Kagome para que reemplazase el lugar de la mujer que lo abandono. Ella merecía mucho más que eso.
Así pues, fue como termino viviendo en Nueva York. Un cambio algo radical, pero al que comenzó a adaptarse con rapidez.
— Y para culminar esta noche –comienza a decir el presentador desde el podio— tenemos a una invitada internacional, que por primera vez ha venido a visitarnos. Con ustedes aquí, los diseños de Kagome Higurashi.
No había sido una ilusión. Kagome estaba allí.
Por primera vez en la noche presto atención a la pasarela. Las modelos desfilaban con vestidos elegantes y modernos, combinando los colores blanco y negro. No se habría imaginado a Kagome como diseñadora, ella nunca, durante el tiempo que estuvieron juntos, le dijo que quisiera serlo. Y al parecer no le resultaba nada mal.
Vio como todas las modelos se organizaron estratégicamente en la pasarela dejando un espacio en el centro. Y segundos después ella apareció, dio unos pocos pasos y luego realizo una pequeña reverencia agradeciendo a los presentes, que ya habían comenzado a aplaudir sus diseños.
Él tan solo se quedó allí, absorto, viendo a la mujer que en el pasado le había dado tanto. Vio su sonrisa y se deleitó con ella. Se veía tan hermosa, o incluso más, que seis años atrás.
El presentador dio por terminada la noche y luego de nombrar a algunos de los diseñadores que se mostrarían mañana, se despidió, y todos comenzaron a levantarse y retirarse, exceptuando a los reporteros que se dirigían a los vestuarios esperando poder obtener alguna entrevista con los diseñadores, incluso algunos empleados de su revista estaban allí. Él sin dudarlo también se dirigió hasta allí. Debía verla de cerca.
Mostro su carnet de New York Magazine y su invitación al guardia de seguridad, que estaba en la entrada de los vestidores, y este lo dejo entrar.
Sintió la mirada de las modelos, maquilladores y demás mujeres presentes, sobre él. Aún era capaz de obtener a la mujer que quisiera, pero aun no lograba ver a la mujer que estaba buscando. Se dirigió a una de las modelos.
— Disculpa –le dijo con una media sonrisa— ¿Has visto a Kagome Higurashi? –la joven luego de hacer una mueca, y decepcionada, le indico la dirección que había tomado la pelinegra.
No le tomo mucho llegar a verla, al parecer estaba hablando por teléfono. Se acercó un poco más a ella y la escucho hablar en su lengua natural.
— Yo también te extraño, cariño, no sabes cuánto –fue lo primero que le escucho decir— Estaré allí contigo mañana, para cenar. Lo prometo –ella soltó una risa alegre y divertida—. Yo también te quiero
Antes de que ella terminara con la llamada, se alejó de allí. ¿Cómo no se lo imagino? Ella había continuado con su vida, y tenía a alguien más. Era imposible que una mujer como ella, tan especial y hermosa, estuviese sola. Más aún era imposible pensar que ella lo hubiese esperado por seis años, luego de que él la dejase.
Lo prometo
Le había escuchado decir. Mientras estuvo con él jamás prometió nada, ni siquiera una simple cena. Ella decía odiar las promesas, y que nunca prometería nada. Al parecer su pareja de ahora le había hecho cambiar aquel concepto, algo que él nunca logro hacer.
Ya había pasado una semana desde que había visto a Kagome en la Fashion Week y no hacía nada más que recordarla a cada momento. Uno de los artículos principales para la próxima edición se trataba sobre aquello.
Había estado viendo fotos de ella por todas partes. Como si ya no se le hiciera lo suficientemente difícil tratar de olvidarla.
Aún mantenía en su cabeza la voz de ella, hablando con aquel sujeto, quien quiera que fuera. Al parecer ella era feliz.
La idea de regresar a Japón había comenzado a pasar por sus pensamientos. Algo que antes no había siquiera imaginado. Quizás ahora pudiese llegar a ser un buen momento. Podría volver a ver a su madre, a su hermano, y por fin conocería a su cuñada y su sobrina.
Y claro volvería a estar cerca de Kagome, si es que aún continuaba trabajando en la revista. Y al verla no se sentiría, probablemente, aquel incomodo momento tras la separación. Ya habían pasado seis años, y ella estaba con alguien más.
Tomó su portátil y busco directamente una página de alguna aerolínea, y se dirigió a los vuelos internacionales. Había llegado el momento de regresar a casa.
Ya por fin estaba de regreso en Tokio. Luego de haber anunciado su renuncia a la New York Magazine y haber dejado a alguien ocupando su lugar, ya no tenia de que preocuparse en Nueva York.
Se mantuvo durmiendo tres noches en un Hotel, mientras buscaba un apartamento. Cuando se fue, había dejado su antiguo departamento en venta, y ahora debía buscar un nuevo lugar donde vivir.
Podría haber llegado con su madre, o con su hermano, pero no les había dicho a ninguno que regresaría. Además no le gustaba la idea de molestar a su hermano, Sesshoumaru, tenía una pequeña de tres años, Minako, y su esposa, Rin, ahora mismo estaba embarazada de gemelos. No, no era una buena idea.
Y pues la idea de irse a casa de su madre, Izayoi, no era precisamente la mejor. Ella no había tomado nada bien el hecho de que él se fuese del país, y mucho menos que lo hiciera con Kikio. Aquella mujer jamás le agrado a su madre, y ahora podía entender por qué.
Así pues, lo mejor era tener su propio lugar.
Ya era media semana para cuando finalmente decidió ir a la revista. Estaba delante de aquel ejemplar rascacielos de más de 150 metros de altura, y con 30 pisos, construido de aluminio y cristal. Tenía un diseño llamativo, y durante la noche brindaba una iluminación casi glamorosa, y no podía esperarse menos.
Al entrar muchos los observaban con asombro y comenzaban a hablar entre ellos, quienes lo conocían de antes que se fuera lo saludaban cortésmente, pero sin lograr ocultar su asombro.
Tomó el ascensor y marcó el último piso, que era donde estaba la oficina de Sesshoumaru. Al llegar obtuvo la misma impresión que tuvo abajo. Se dirigió con calma a donde suponía estaría su hermano.
Al ya estar a unos cuantos metros, pudo ver a la pelinegra. Kagome. Estaba saliendo de la oficina de Sesshoumaru. Cuando ella dirigió su vista hacia su dirección, pareció como si se hubiese quedado de piedra, la vio abrir los ojos al máximo, manteniendo una gran impresión de asombro, casi parecía estar en shock.
Se acercó manteniendo su mirada fija en la de ella. Como había extrañado aquel par de ojos chocolate.
— Parece que hubieses visto un fantasma –le dijo en tono burlón y mostrando una media sonrisa.
— Inuyasha –logra decir ella, intentando parecer neutral.
Saludo con la mano a su hermano a través del muro de cristal, quien al verlo ya se dirigía a ellos. Noto como Kagome vio a Sesshoumaru algo inquieta, y este solo negó levemente con la cabeza. ¿Qué sucedía entre aquellos dos?
— Hermanito, así que decidiste volver a casa –le dice para luego ofrecerle un abrazo fraternal, no muy propio entre ellos pero dado el tiempo que se mantuvo fuera, aquello resultaba bastante apropiado.
— Sí. Supongo que me aburrí de estar tanto tiempo fuera –le dirige una mirada a Kagome, quien a su parecer seguía mostrándose muy perturbada—. Pensé que, bueno, te habrías marchado de la empresa –le dijo.
— Cierto. No lo sabes –le dijo Sesshoumaru—, ahora Kagome es nuestra Editora en jefe.
— Vaya, un gran cambio –dice sin ocultar su sorpresa. Su hermano nunca le menciono aquello.
— Me va bien –ella sonríe levemente.
— ¡Kag! –escucha a sus espaldas, y luego de unos segundos ve a un hombre de unos treinta años, acercarse directamente a Kagome. ¿La había llamado Kag?
— Aki… —¿Aki? ¿Quién demonios era aquel sujeto?
— Te busque en tu oficina y no estabas. Quería mostrarte… —se detuvo al notarlo por fin—. Lo siento. No sabía que estaba aquí –le extendió la mano, para presentarse—. Mi nombre es Akiyoshi Aoki. Por fin lo conozco personalmente –le dijo teniendo cierto tono desafiante.
— Akiyoshi es nuestro Director Creativo. Comenzó a trabajar con nosotros poco después que te marcharas –le dijo su hermano. Se mantuvo viendo a aquel sujeto, no lo conocía pero se sentía molesto al verlo.
— Aki… —comenzó a decir Kagome con cierto nerviosismo— ¿Qué es lo que querías mostrarme?
— Cierto. Sera mejor que vayamos a tu oficina, lo he dejado allí –lo vio colocarse a un lado de la pelinegra y rodear sus hombros con un brazo. Tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantenerse calmado—. Fue un placer conocerlo señor Taisho –le dijo con una sonrisa de suficiencia—. Vamos, Kag –dijo para luego marcharse con Kagome.
Los vio irse juntos y se sintió verdaderamente celoso. Él pudo haber tenido aquello, pero lo desaprovecho.
— ¿Qué tan seria es su relación? –le pregunto a su hermano, al asegurarse que no podrían oírlos.
— Eso no es tu asunto, Inuyasha –le dijo cautamente. Era cierto que no era asunto suyo, pero quería saberlo—. Vamos, tenemos muchas cosas que hablar –Sesshoumaru le dio una pequeña palmadita en la espalda y luego entraron en su oficina.
Su hermano le mostro un par de fotografías de Rin, su esposa, y de la pequeña Minako. Le parecía un poco extraño que Sesshoumaru se hubiese casado. Él no había sido el hombre al que le gustaba mantener una relación seria. Siempre había tenido aventuras cortas con alguna que otra modelo, e incluso una que otra secretaria, nunca nada fuera o lejos del trabajo.
Pero se había casado. Y Rin no era ni una modelo, ni jamás trabajo para la empresa. Ella, era una doctora que se encargada de ver mujeres embarazadas, cosa que realmente lo mantenía intrigado. Cada vez que le preguntaba a su hermano como la había conocido, él simplemente le respondía que un día fue a hacerse un chequeo médico y se topó con ella por error. Luego cambiaba la conversación.
Se mantuvieron hablando largo rato, mencionaron a su madre, a quien tendría que ir a ver más tarde. Así como también se mencionaron algunas cosas acerca de la revista. Supo que Sango, quien era amiga de Kagome y una excelente fotógrafa había perdido a sus padres un año después de que él se fuera, y Sesshoumaru la ayudo a conseguir un buen abogado para que ella pudiese obtener la custodia total de su hermano menor, en lugar de que fuese enviado con sus abuelos al otro lado del país.
Y ella luego de varios meses logro ganar el caso. Y ahora resultaba que Sango y aquel abogado estaban juntos, incluso se habían casado hacía ya más de un año. Y justo ahora estaban en unas vacaciones en Okinawa.
También supo que Kouga se había comprometido, con una modelo que había conocido durante unas semanas que estuvo en Nagoya, para participar como fotógrafo en una exposición.
Y pensar que él había creído que Kouga iba a ser quien le quitara a Kagome. Se había equivocado. Kagome estaba con un sujeto, que aunque le molestara admitirlo, tenía el aspecto de ser más modelo que director creativo.
Ya eran sobre las cuatro de la tarde cuando decidió marcharse. Cuando se dirigía al ascensor vio a Kagome junto a aquel sujeto, Akiyoshi, al parecer ella también se marchaba, cosa que le extrañaba puesto que la revista trabajaba hasta las seis. Decidió no acercarse demasiado.
— ¿Aún está en pie la invitación a cenar? –le escucho preguntar a él con una sonrisa.
— Sabes que si –le dijo ella tranquila—. Pero con una condición
— No llevare demasiados dulces, lo prometo –dijo solemnemente.
— Más te vale, no quiero que suceda lo de la última vez.
— Oh, vamos, no estuvo tan mal.
— Dilo por ti. No pude dormir en toda la noche.
— Eso no sucederá hoy. Te lo aseguro –en ese momento llego el ascensor—, ahora vete. Se está haciendo tarde. Nos vemos luego –se despidió de ella con un beso en la mejilla.
Él se apresuró a alcanzar el ascensor antes de que cerrara sus puertas. Kagome lo vio sorprendida y luego bajo la mirada, seguramente avergonzada de que él escuchara una conversación tan íntima como la que acababa de mantener con el "director creativo".
— Supongo que no será una cena de negocios, ¿no es así? –le dijo con una sonrisa burlona.
— Lo que haga o deje de hacer luego de dejar la revista no es asunto tuyo –dijo ella tajante viéndolo fijamente.
— Muy bien, muy bien. No estés a la defensiva. Pero me preguntaba si quizás alguien más, un viejo amigo, ¿podría asistir a la cena? –la vio tensarse, y abrir los ojos alarmada.
— Lo siento, pero no. Es algo privado –término diciendo para luego dirigir su vista al frente.
¿Privado? Al parecer aquellos dos realmente mantenían algo más que una simple relación laboral.
El resto de la semana también se mantuvo metido en la revista. Y había comenzado a ponerse al tanto de todo y se había puesto a trabajar. Habían surtido algunos cambios. Ahora la revista no solo se ocupaba de las colecciones de siempre, ahora, además mostraba ediciones especiales, sobre maternidad, incluidos padres e hijos. Incluso pudo saber que cuando Rin estuvo embarazada de Minako participo en una sesión de fotos y que Sesshoumaru estuvo con ella.
Y al parecer todo aquello había sido idea de Kagome, y su hermano extrañamente la había apoyado. Y aquello resultaba bastante difícil de creer, puesto que anteriormente a Sesshoumaru no le había gustado realizar grandes cambios en la revista.
Pero finalmente había resultado que aquel cambio, le otorgó a la revista un gran marketing y se ha mantenido como número uno, desde hace tres años atrás.
Ahora mismo se dirigía a la oficina de Kagome, para hablarle sobre algunos detalles de la próxima portada. Pudo notar cómo, gracias al cielo, estaba sola.
— ¿Puedo pasar? –pregunta luego de tocar levemente la puerta entreabierta y asomarse.
— Sí, claro. También eres dueño de esto –le dijo ella con una leve sonrisa.
Se sentó en el espacioso sofá que ella tenía en la oficina, y observo el lugar con detalle, mantenía algunas fotografías en las paredes, pero podía notar como al parecer unas pocas habían sido retiradas. Se preguntaba por qué.
Vio un maniquí en un rincón del salón, tenía un vestido de chiffon negro con blanco, que se sujetaba con finas tiras, una boutique de rosas en el busto en color negro y presentaba la falda que caía en múltiples capas en chiffon de seda blanca.
— ¿Pertenece a la colección que mostraste en Nueva York? –le pregunto señalando el vestido. Noto como ella lo vio algo aturdida.
— ¿Cómo sabes de Nueva York?
— Fue allí donde estuve los últimos cuatro años. Fue una sorpresa verte en la semana de la moda. Una grata sorpresa –dijo finalmente con una sonrisa. La vio mantenerse algo inquieta, pensando en silencio— ¿Y bien? ¿Pertenece a esa colección o no?
— ¿Eh? No. Sí. Quiero decir, iba a ser parte de la colección pero no pude terminarlo a tiempo –dijo encogiéndose de hombros.
— Lastima. Es un excelente trabajo.
— Gracias.
— Muy bien. Ahora sí. Quería hablarte sobre la próxima portada ¿Qué tenías pensado hacer? Podríamos utilizar los diseños que presentaste –comenzó a decir.
— No había pensado mucho en eso. Normalmente es Akiyoshi quien prepara las portadas y luego las discutimos entre todos. Él tiene una creatividad enorme –genial. Había comenzado a adularlo—. Yo solamente suelo ocuparme de dos o tres portadas por año. Para él mes próximo, por ejemplo, me ocupare de eso y le pediré ayuda a Rin para las fotografías.
Escucharon como alguien llamaba a la puerta. Era la asistente de Kagome.
— ¿Qué sucede Harumi? –le había preguntado la pelinegra. La chica lo vio y pareció pensarse bien lo que iba a decir. Todos estaban actuando de forma extraña.
— Le recuerdo que hoy debe irse un poco más temprano, señorita Higurashi –vio como la pelinegra dirigió su vista al reloj y se perturbo un poco.
— Gracias Harumi –luego que la muchacha se marchase vio como Kagome comenzó a organizar sus cosas en el escritorio, y luego de apagar el monitor, se puso de pie—. Tendrás que disculparme, tengo un asunto que atender.
— Puedo acompañarte si lo necesitas.
— No –se apresuró a decir ella—. Es decir, no hay razón, no tiene nada que ver con la revista. Es algo personal –ella tomo su cartera D&G, y luego lo miro—. Si quieres hablar de la portada puedes buscar a Akiyoshi o discutirlo con Sesshoumaru. Nos vemos el lunes –se despidió rápidamente y la vio salir de la oficina en dirección al ascensor.
¿Lunes? ¿Acaso no pensaba ir mañana, sábado, a trabajar? Primero había visto como los dos días anteriores se marchaba a las cuatro de la tarde, y aquel día se marchaba incluso antes de las tres, y mañana no iría a trabajar. Y no parecía rendirle cuentas a nadie. Suponía que tendría que hablar con Sesshoumaru acerca de aquello. Y pensando así, se fue hasta la oficina de su hermano.
Al llegar toco la puerta, obtuvo la atención de Sesshoumaru que al verlo, solo le hizo una seña para que entrara.
— ¿Podrías explicarme la situación de Kagome? –pregunta algo molesto.
— ¿Qué situación? –le pregunto él con cuidado.
— Suele marcharse antes que todos. Incluso ahora acaba de irse, sin dar explicación alguna. Y además mañana tampoco vendrá a trabajar. Le pedí hablar sobre la próxima portada y me dijo que hablara con Akiyoshi. No sé, pero me parece demasiado –dice un tanto exasperado.
— No tienes por qué estar así. Hace mucho que tenemos ese acuerdo…
— ¿Y simplemente está bien? ¿Qué se vaya cuando le plazca? ¿Qué no se ocupe de lo que debe hacer?
— Un momento –le dijo Sesshoumaru poniéndose de pie— No puedes venir aquí y ponerte de ese modo. Tú no sabes todo lo que ha hecho Kagome durante estos seis años, ha sido modelo, diseñadora y es editora en jefe. Incluso a veces hace las tres cosas al mismo tiempo, modela sus propios diseños, y demás edita las portadas, entrevistas y demás. La revista ha crecido enormemente, y somos reconocidos en todas partes gracias a ella. Si necesita irse más temprano y no venir los sábados, por mí, no hay problema. Y te lo digo, que por ti tampoco debería.
Era la noche del sábado y aún estaba en la revista. Ya todos se habían marchado, incluido su hermano, pero él se había quedado. Se sentía inquieto y perturbado. Molesto principalmente.
La tarde pasada luego de que Sesshoumaru le hubiese dejado en claro que Kagome, prácticamente, podía hacer lo que quisiera, se había sentido sumamente incómodo. Claro admitía que ella pudo haber llegado a hacer muchas cosas por la revista, pero aquello no le daba el derecho de hacer todo a su antojo.
Ni él mismo, siendo uno de los dueños de la revista había llegado a hacer algo así. Salvo, por supuesto, cuando se fue seis años atrás, dejando todo en manos de su hermano.
Se sirvió otro trago de whisky y lo bebió enseguida.
Aunque suponía que realmente no le molestaba que ella hiciera lo que quisiera o no, si no que, lo que realmente le molestaba era el hecho de no saber qué era lo que hacía. Quería saber lo que Kagome hacía. Y… maldición, si, quería volver a ser parte de su vida.
Llevo toda su atención hasta la pantalla del ordenador, y sin pensarlo demasiado coloco el nombre "Kagome Higurashi" en el buscador. Sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero quería saber más de ella, algo más aparte de lo que hizo en la revista.
La mayoría de los artículos que aparecían trataban sobre su desempeño en la revista, su lanzamiento como diseñadora. Él quería algo más. Su vista lo guía hasta un artículo que realmente capto su atención.
"¿Kagome Higurashi intenta suicidarse?"
Aquel era el nombre del titular, inmediatamente hace click para leer la noticia completa. Al ver la fecha resultaba ser muy poco después de que él se fuese.
"Como ya muchos sabrán, la modelo Kagome Higurashi fue ingresada el día de ayer por emergencia, en un prestigioso centro de salud. Ningún miembro de la revista ha querido dar declaraciones sobre lo sucedido, solo sabemos que el dueño de Ryuukou no Tama, Sesshoumaru Taisho ha permanecido en las instalaciones, y lo único que se nos ha permitido saber es que se encuentra algo descompensada.
Pero bien sabemos que la Srta. Higurashi había dejado de aparecer en los medios, incluso se rumoreaba que había dejado la revista. Ahora esto nos hace preguntarnos ¿Acaso esta joven modelo no pudo soportar haber sido abandonada por Inuyasha Taisho, y simplemente, quiso acabar son su vida?"
Dejo de leer aquello. No podía creerlo. Kagome no habría hecho algo así contra su vida. Él la conocía, sabía que era incapaz de hacer algo así. Aquello debía ser un error, o una exageración absurda de los hechos.
Sin intención de comenzar a hacerse especulaciones, decidió que lo mejor sería hablar directamente con la propia Kagome.
Cerro la página del buscador y fue hasta la carpeta donde se archivaba la información de todos los empleados, y directamente fue hasta el archivo de Kagome para poder obtener su dirección actual.
Vio la hora. 7:30pm. La dirección que aparecía estaba al menos a media hora de la revista. Sin pensarlo demasiado salió de la oficia y se dirigió al ascensor. Iría a hablar con ella.
Tres cuartos de hora después estaba en el complejo de edificios donde vivía Kagome. Parecía un lugar tranquilo, había notado que tenía una piscina en la parte de atrás. Pero no era un lugar extravagante. Parecía un sitio que ella escogería para vivir.
Con decisión se encamino hacia el piso de ella. Al llegar toco el timbre una vez. Dos veces. Nada, no obtuvo respuesta. Al tocar una tercera vez, escucho un grito en respuesta desde dentro. Segundos después ella le abría la puerta.
La vio vestida con un pijama ligero y suelto. El cabello un poco alborotado, como si acabara de pararse de la cama. Él muy bien la había visto de aquella manera muchas veces, y aun se deleitaba con aquella vista.
— Inuyasha –dijo ella sorprendida el verlo, y claro también algo perturbada— ¿Qué haces aquí?
— Quiero hablar contigo –le dice sin más.
— ¿Has estado bebiendo? –él simplemente se encogió de hombros.
— Solo unos tragos –dijo sin darle importancia—. Realmente quiero hablar contigo –se puso serio.
— No es el mejor momento. Hablaremos el lunes en la revista –dice ella inquieta mientras lanzaba una mirada hacia donde seguramente estaba su habitación.
— Claro. De seguro estas acompañada ¿no es así? –le dedico una mirada de reproche— ¿Akiyoshi, tal vez? –ella lo miro con furia.
— Si estoy con alguien o no, no es asunto tuyo. Sera mejor que te vayas, Inuyasha –dice al intentar cerrar la puerta, cosa de evita.
— De verdad tenemos que hablar de esto –vio como ella se tensó y dirigió su vista a un punto fijo del suelo— ¿Me dejaras entrar?
— No –le dijo ella rápida y rotundamente. Estaba a punto de decirle algo más cuando escucho a alguien más, desde dentro del apartamento.
— Mami ¿Por qué tardas tanto? –escucho una voz infantil, cuando vio a la dirección de dónde provenía, allí estaba un pequeño niño de pie abrazando un peluche de conejo.
El niño se había detenido al verlo y lo observaba con cautela. Tenía el cabello de un negro azabache y sus ojos, Kami, sus ojos eran tan dorados como los suyos.
Continuara…
Hola, hola! No quiero ni pensar en el tiempo que ha pasado desde que comencé esta historia D: Hace un tiempo que tenía este capi listo, pero por alguna razón no me había animado a publicarlo, pero finalmente lo he hecho, y dedo decir, que me gustó mucho, al leerlo me sentí bien conmigo misma, algo no muy común jejeje
Espero puedan perdonar todo el tiempo que deje congelado este fic u.u
Me despido esperando que sea de su agrado! Nos leemos!
