Disclaimer: Todo lo que reconozcan pertenece a J.K. Rowling y a Warner Bros, yo solo tomo prestado los escenarios y los personajes para divertirme un ratito.
Esta historia participa en el Reto #31: "NaNoWriMo" del Foro "Hogwarts a través de los años".
Ha empezado como un reto, pero ha tomado forma por si sola, así que esperemos a ver como resulta.
La venganza, ¡oh bella venganza!
─ ¿Supiste de la sentencia más esperada?─ preguntó Ron por onceava vez en lo que iba del día. Hermione rodó los ojos asintiendo cansinamente y miró a su pelirrojo amigo, él cual si tuviera que medir su grado de felicidad posiblemente no existiría herramienta para hacerlo.
─Lo sé Ron, lo sé. Llevas repitiéndolo todo el día─. Ella tomó la taza de chocolate caliente que descansaba entre sus manos y la acerco a sus labios lentamente ─Pero─, trago ─ ¿cuál creen que sea el castigo de los Malfoy? Es decir, sabemos todo lo que hicieron pero al final no participaron en la guerra e incluso nos ayudaron─. Dijo la chica viendo a Harry el cual mantenía su cabeza colgando por la orilla de su cama en la madriguera.
─No tengo la más mínima idea, Hermione─. Respondió ─supongo que el castigo que tenga el consejo para ellos será justo. Mañana sabremos su decisión.
Ella asintió y el silencio reinó en la estancia, la mente de la castaña trabajaba a una velocidad vertiginosa. Se sentía tan contrariada, es decir, claro que deseaba que los Malfoy pagaran por su participación antes de la guerra pero una parte de ella, la parte racional no podía concebir que sentenciaran a Draco y Narcisa Malfoy al beso del dementor; ya que su participación al contrario del patriarca de los mismos no había sido realmente violenta, solo habían hecho lo que debían para sobrevivir y siendo franca, ¿no habíamos hecho todos lo mismo? ¿Acaso no merecían la misma oportunidad que todos nosotros para redimirse?
De repente una idea bailo la conga frente a sus ojos, no era perfecta y posiblemente tenía muchos errores, pero que apareciera Bellatrix y le aventara un avada si lo que tenía pensado no fuese un gran castigo para los Malfoy. Se levantó con rapidezy salió disparada de la habitación para dirigirse a la que ocupaba con Ginny en el segundo piso, necesitaba mandar una carta urgentemente y solo rogaba que Kingsley Shacklebolt, el juez encargado de las audiencias, tomará en cuenta la opción que le estaba ofreciendo.
Miró como la pequeña lechuza de su amiga surcaba la oscuridad de la noche, con un objetivo claro: entregar el pergamino. Sonrío maquiavélicamente y sintiéndose perversa como un niño haciendo su primer travesura, se alargo a dormir, mañana sería un gran día y necesitaba estar totalmente consciente y fresca para disfrutarlo al máximo.
El alboroto que se estaba llevando a cabo en la gran sala de juicios del ministerio solo era comparado con una cena de fin de curso en el gran comedor de Hogwarts. Todos y cada uno de los magos allí reunidos, esperaban con ansias y hacían sus mejores apuestas sobre lo que el juez decidiría del futuro de los Malfoy.
Ron, literalmente saltaba en su asiento, incapaz de contener la felicidad que todo su cuerpo contenía, parecía un enorme niño abriendo los regalos de papá Noel la mañana de navidad. La fémina del trío dorado rodó los ojos como se le había hecho costumbre últimamente, horrible hábito si alguien preguntaba, pero era imposible contenerlo, era un reflejo contra el que no podía luchar y que realmente no había intentado siquiera.
Las puertas de la esférica sala se abrieron y por ellas entro la imponente figura de Kingsley, la chica buscó su mirada y cuando al fin coincidieron él asintió y con un guiño dio por iniciada la sesión.
Hermione sonrío ampliamente sin notar el ceño fruncido e interrogante de su moreno amigo a la derecha.
─ ¿Qué traman?─ preguntó notablemente interesado y receloso. Ella lo miro como si fuera la primera vez que lo hiciera y negó con inocencia.
─No es nada, Harry. No debes preocuparte─. Apretó su hombro con delicadeza tranquilizándolo. Que se enterará por su propio pie, eso sería más interesante.
En ese momento una enorme plataforma en el centro de la sala emergió del suelo, y por ella aparecieron tres personas encadenadas a unas enormes sillas de hierro forjado toscamente. El silencio se hizo presente totalmente pesado y crudo, ni siquiera el aletear de una mosca o el rasgar de una pluma contra el papel lo alteraron, todos se encontraban expectantes, todos querían justicia.
─A partir de este momento, solo responderán cuando yo os diga que lo hagáis, tenéis derecho a permanecer en silencio cuando una pregunta no os parezca relevante, pero os advierto que cada que lo hagáis se os restara puntos a su favor, por lo que os recomiendo que hablen ahora o callen para siempre─. Interrumpió la potente voz del mago y para dar más énfasis a sus palabras terminó su sermón abriendo los brazos al puro estilo Rose en Titanic, la película de amor muggle más exitosa hasta el momento.
Hermione golpeó su frente con la palma de la mano, y negó sintiendo un gran sentimiento de pena ajena.
Kingsley bajó los brazos lentamente al notar que nadie se había inmutado por sus actos, se suponía que todos debían haberlo alabado y haberle tirado flores rojas, ¿acaso había hecho algo mal? Carraspeó incómodo y miró fijamente a los sentenciados frente a él.
─Bien─, dijo recuperando el buen juicio que todos sabían que poseía─ El primero en ser juzgado por sus crímenes en realizar las maldiciones imperdonables innumerables veces, su participación activa antes, durante y después de la primer guerra y por portar la marca tenebrosa en su brazo izquierdo, Lucius Malfoy, ¿estás consciente de tus crímenes y los aceptas?─ el aludido asintió ─Sin embargo, al haber declinado justo a tiempo y haberse mantenido al margen en la pasada batalla del dos de mayo de 1998 y aceptar tus delitos en este momento, yo te condenó a pasar veinte años en Azkaban, con la posibilidad de reducir tu condena por buen comportamiento y disponibilidad a la hora de realizar actividades programadas dentro del nuevo y reformado Azkaban.
Alrededor de la magna sala se escucharon los murmullos, algunos en acuerdo otros no tanto, pero Kingsley era la ley y si ya había tomado una decisión nadie podría cambiar su parecer.
─ ¡Guardias! Sáquenlo de aquí─. Con su mano enfatizó sus palabras e inmediatamente dos aurores se acercaron liberando a Lucius de sus cadenas y sacándolo de la habitación ─Ahora, Narcisa Malfoy─, la aludida miró con ojos alucinados al caballero de color frente a ella y comenzó a temblar como un flan ante lo que le esperaba ─su situación es diferente a la de su esposo, no debería preocuparse demasiado─, sonrió al igual que un tiburón a su presa antes de comerla ─dado que usted no porta la marca tenebrosa y no participo activa ni pasivamente en ninguna de las dos guerras mágicas, y realmente su único delito fue casarse con Lucius Malfoy. Yo la sentencio a cinco años de arresto domiciliario, en el cual podrá usar su varita siempre y cuando no se realicen hechizos que de alguna forma nos hagan sospechar de usted.
Realizó un movimiento con su varita y liberó de sus cadenas a la rubia mujer.
─Puede sentarse entre nosotros─ señalo un asiento vació en la primera fila ─y señora Malfoy─, dijo antes de que la aludida le diera la espalda para descansar en el lugar asignado ─gracias por su ayuda en la batalla─. Kingsley inclino levemente su cabeza mostrando respeto a la blonda.
Esta vez nadie murmuro nada, todos estaban demasiado consternados y llenos de incredulidad para hacerlo. Kingsley estaba siendo demasiado blando, ¿realmente era él? ¿Dónde estaba la venganza que había prometido?
─Ahora como última instancia queda el joven Malfoy─. Kingsley miro al chico a profundidad y una sonrisa se formó en sus labios, aquello sería magnífico, esplendido, sublime; se regocijo en su triunfo y después de un momento su potente voz se escuchó de nueva cuenta ─Señor Draco Malfoy, su caso es mucho más complejo que el de sus padres; se le está juzgando por haber participado activamente en la causa del que no debe ser nombrado, sin embargo, sabemos que fue en contra de su voluntad, pero eso no justifica que fue usted el que dejo entrar a los mortifagos a Hogwarts, lo que causó la muerte de Albus Dumbledore─, carraspeó ─también tenemos información de fuentes confiables que usted negó conocer al señor Potter, Weasley y a la señorita Granger cuando fueron capturados y llevados a sus territorios. Por eso, yo, Kingsley Shacklebolt juez extraordinario de los juicios contra los allegados a Voldemort, he tomado la decisión de privarlo de su magia y del mundo mágico por cinco años.
La cara del blondo era un poema y su madre había caído desmayada en cuanto el hombre terminó de hablar.
La boca de Ron, bien podría haber tocado el suelo y unos cuantos hilillos de baba se desprendían de la misma; Harry era un asunto aparte, el miraba a su amiga como si quisiera ver dentro de su alma, lástima que él nunca haya dominado el poder de la legeremancia; Hermione en cambio estaba tratando con todas sus fuerzas que la carcajada que estaba reteniendo no se escapara de sus labios, eso sería solamente un aliciente para desatar la tercer guerra mágica.
─ ¿Co-cómo ha dicho?─ preguntó Malfoy con voz ronca, totalmente alucinado.
─Exactamente como ha oído, señor. Usted será privado del mundo de la magia, y tendrá que vivir como un muggle por cinco años─. Hizo una breve pausa en la cual busco un rostro familiar entre la multitud y asintió ─No se preocupe demasiado, el castigo no será tan malo si usted coopera.
─Es una broma, ¿cierto?─ susurró lo suficientemente alto para que todos en aquella sala terriblemente silenciosa escuchará sus palabras.
─De ninguna manera chico─, Kingsley utilizó su varita para desprender las cadenas de Malfoy y bajo de su asiento para acercarse hasta donde se encontraba el ya mencionado ─ahora la situación es muy sencilla. Señorita Granger, ¿podría bajar un momento por favor?
La chica se levantó sin prestar atención a las muecas de todos los magos y brujas ahí reunidos y camino hasta el centro de la sala.
─ ¡¿Qué demonios?! ¿Por qué llama a la sangre...Granger aquí?─ preguntó Malfoy con un tono realmente alucinado.
─Me alegra que esté trabajando en mejorar su vocabulario, señor─. Kingsley tomo la mano de la chica y sonrío mostrando todos los dientes antes de continuar con su discurso.
─La señorita Granger es una genio─, comentó a toda la sala, causando que un violento rubor cubrirá las redondeadas mejillas de la chica ─esta brillante bruja ha tenido la increíble idea de planear el castigo del joven Malfoy. Seguramente estarán preguntándose, ¿por qué yo aceptaría la propuesta de una menor? Pues, señores. Acepte su propuesta porque es algo majestuoso─,el dirigió su mirada hacia la castaña y apretó su mano infundiéndole valor ─ ¿le gustaría dar los detalles, querida?
Hermione, aclaró su garganta y liberando su mano, comenzó su discurso.
─Verán, me pareció que enviar a Malfoy a Azkaban sería casi como un premio, ya saben, con los dementores fuera de la jurisprudencia del ministerio, estar en Azkaban es parecido a eso y aquí no queremos que vivan con lujos, ¿cierto?─ ella sonrío y se acerco al joven que seguía impasible en la silla de hierro, liberado de sus cadenas pero no de su asombro ─Así que, mientras hablaba con mis amigos sobre la sentencia de los Malfoy, se me ocurrió una gran idea. ¿Acaso habría un peor castigo que el verte obligado a vivir sin magia? ¿Viviendo como un simple mortal más, sin privilegios?─ preguntó ella, causando un gran revuelo de murmullos en la sala, todos comenzaban a entenderlo ─Porque en lo que a mí respecta, creó que el peor castigo para alguien que siempre se ha creído superior y que siempre ha visto a todos los demás por encima del hombro, el vivir como un muggle, teniendo que trabajar y sudar para sobrevivir, sin las libertades y facilidades que una varita puede darte, me pareció un castigo sublime y necesario. ¿Están de acuerdo?
Todos en la sala comenzaron a silbar y aplaudir como señal de aprobación.
─Que gusto que todos estén de acuerdo en tu nueva vida, Malfoy─. Susurró Hermione en su oído, lo cual ocasiono una mirada de rencor por su parte.
─Piérdete, Granger.
─ ¿Perderme? ¿Acaso nadie te dijo que vas a tener que vivir tu condena conmigo, supervisándose?
─Maldita sangre sucia─, susurró él con los dientes apretados ─si esta es tu forma de estar más cerca de mí, olvídalo no estoy interesado y jamás lo estaré.
La castaña negó y sonrío ampliamente, mostrando todos los dientes.
─No debes preocuparte por eso, yo tampoco estoy interesada en ti, pero quiero estar en primera fila para ver todas tus lágrimas y ampollas por trabajar sin magia─. Le guiño un ojo y se alejo, caminando a la salida.
─Nos veremos mañana, Malfoy. Disfruta tus últimas horas de magia, porque al amanecer serás como todos aquellos que desprecias.
A lo lejos se escuchó un grito desesperado y enfurecido, lo cual ocasiono que al fin al salir de la sala la risa la envolviera, rió como loca, rió sintiéndome gloriosa y sobre todo río porque la venganza se sentía mejor de lo que había pensado.
Espero que esta nueva historia sea de su agrado, es la segunda vez que me animo a escribir Dramione y es porque los amo tanto que tengo mucho miedo de no lograrlo, pero la vida no esta hecha para los cobardes, así que, aquí ando.
Nos leemos, Ane :3
