Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, es propiedad de la autora J. K. Rowling.
Esta historia participa en el reto "Viñetas de emociones" del foro "La Noble y Ancestral Casa de los Black".
Capítulo 2
Angustia
Dejó los documentos en su escritorio. Había sido un día muy largo y pesado. Caminó hacia la botella de whisky de fuego que se encontraba al otro extremo del escritorio y se sirvió un poco en un vaso que estaba a lado. Esa noche iba a ser muy larga.
Se dirigió hacia la repisa de la chimenea que se encontraba justo detrás del escritorio en el que estaba y lentamente recorrió con su vista la serie de fotos mágicas que tenía ahí.
La primera era cuando él había recibido apenas su carta a Hogwarts, su padre se encontraba en un sillón individual en la sala con sus manos en su bastón, a su izquierda estaba su madre, con su porte elegante y arrogante de los Black y él estaba a su derecha, con esa sonrisa de lado tan típica de los Malfoy y con una postura que nada le tenía que envidiar a su tío fallecido, Sirius Black. Siguió con la siguiente, probablemente era del tercer curso. Blaise estaba acostado en la alfombra frente a la chimenea viendo hacia la cámara, Theo estaba hecho un ovillo en el sillón leyendo un libro, él estaba sentado en el sillón contrario a Theo con la cabeza de Pansy en sus piernas. Aunque ninguno tuviera una sonrisa tan grande como la del trío dorado, si sonreían a la cámara con prepotencia y altanería, porque así eran las serpientes, no tenían que ir abrazándose o comportarse como los Gryffindors para saber que eran un grupo y que se protegían como una verdadera familia.
La siguiente era afuera del castillo, se veían las sillas de la ceremonia de graduación. Theo, Blaise, Pansy, Daphne y él estaban con sus rostros serios, en sus ojos no había esa chispa de emoción que los demás estudiantes tenían por haber terminado el colegio, pero aún así, se juntaron e intentaron sonreír para la cámara. Sonrió melancólicamente, cuando se había tomado la foto cada familia había pasado el proceso de juicios o seguía en ellos. No había sido la mejor graduación, no cuando todos clavaban sus ojos en él reprochándole la ausencia del profesor Dumbledore, pero había estado a lado de sus, probablemente, únicos amigos, por lo que ese hecho lo compensaba un poco.
La siguiente logró sacarle una sonrisa sincera, una Astoria recién graduada de Hogwarts abrazaba posesivamente su brazo izquierdo. Mostraba una sonrisa coqueta pero a la vez infantil mientras enseñaba su mano izquierda, presumiendo un anillo discreto pero elegante. Justo a un lado estaba la foto de su boda, aunque ella sonreía maravillada, esa emoción no llegaba a su rostro, su boda no había sido como ella se la había imaginado, había sido chiquita, no le habían dedicado la primera plana en los periódicos y un grupo reducido de personas los habían acompañado.
El nacimiento de Scorpius era la siguiente, su madre Narcissa lo cargaba orgullosa mientras se secaba discretamente ciertas lágrimas que se escapaban rebeldes de sus ojos azules. La repisa estaba llena de fotos de Scorpius, en navidad, su primer año, sus primeros dientes, cuando aprendió a caminar, volando en su escoba de juguete y la última, la última había sido tomada esa semana, antes de que partiera a Hogwarts a su primer curso.
No quería que llegara el mañana, no quería irlo a despedir en ese andén con toda la gente queriendo dañar a su familia. No quería dejarlo ir a Hogwarts para ser parte de las burlas de los leones, menos si iban los hijos de todos los Weasley. Agarró esa última foto viendo la sonrisa extrema que mostraba su hijo, le hacía ilusión ir a Hogwarts, pero él, él era otra historia. Estaba nervioso, ansioso y por qué no, temeroso y angustiado de lo que tendría que soportar su hijo por cargar el apellido Malfoy. El día en que hubo llegado la carta él personalmente tuvo que explicarle todo su pasado a su hijo, y fue justo como le había estado diciendo Astoria desde que Scorpius cumpliera los 6 años que pasaría. Recibió su apoyo y comprendió que los adultos también cometían errores. Estaba más que orgulloso de su hijo, pero aún así, no lograba calmar todos esos sentimientos de verlo partir.
Dejarlo partir era como abandonarlo a mercer de los depredadores, abandonarlo recién nacido. No quería que se fuera de su lado, era una de sus razones para seguir intentando limpiar su apellido. No quería que regresara con los ojos llorosos y la nariz roja, no quería verlo triste para después sonreírle a sus padres como si nada pasara. No quería verlo comer poco a causa de eso. No quería tantas cosas pero tenía que aceptarlo. Dejo el vaso en su escritorio y se encaminó hacia su habitación a dormir lo necesario, porque estaría ahí mañana, en el andén 9 y 3/4 despidiendo a su hijo, abrazándolo para intentar sentirse mejor y dejarle en claro que cualquiera que fuera su casa él se sentiría orgulloso y rogaría a todos los cielos que no le pudieran hacer daño a su pequeño. Estaría ahí moviendo la cabeza en forma de saludo cuando viera a Harry Potter con su esposa e hijos, estaría ahí diciéndole a Scorpius que no se metiera en tantos problemas pero susurrándole sin que Astoria se diera cuenta hechizos para la gente que intentara molestarlo, y él le sonreiría nerviosamente, dándole un abrazo a su madre y diciendo que los quería a ambos y que escribiría pronto. Voltearía nervioso a ver el tren y se encaminaría a lo que sería su casa los próximos 7 años y él, él abrazaría por la cintura a Astoria para encontrar un poco de refugio.
Y Draco Malfoy viviría angustiado cayendo enfermo en cama hasta que su hijo le hubiera mandado esa carta en su primera semana en el castillo diciéndoles que había quedado en Slytherin con Black Zabinni, Terrence Nott y para su sorpresa, Albus Potter. Y con carta en mano sonreiría sintiéndose un poco mejor y Astoria se reiría abiertamente.
Aquí está el segundo capítulo, según Word es un total de 999 palabras, 1 palabra para estar al límite.
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