Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, y Este fic participa en el reto "Viñetas de emociones" para el foro de La noble y ancestral casa de los Black.
Personaje: Bellatrix Lestrange
Emoción: Euforia
Palabras: 943
Título: Mía…Para siempre
Euforia
Tembló. Por primera vez, se veía sumergida en el mismo pánico. Bajó la cabeza, y se arrodilló ante la figura que se situaba ante él. Una sonrisa apareció en ese rostro, y no pudo evitar sonrojarse por ello. Claro que le gustaba. Eso estaba claro. Quizás fuese ese mirar fuerte y potente, que no se dejaba doblegar ante una persona que se hallase presente. Y eso era lo que más aumentaba su excitación. ¡Le atraía tanto! Era él, quizás, lo que causaba toda esa extraña sensación en su interior. La que era mezclada con el miedo y la pasión. Y es que, pese a que sabía que era una mujer deseada, incluso por él, se veía firme ante todo. Le maravillaba. No hacía falta mucho más para comprender que era así. Dudó por un momento
-Así que quieres unirte a mí por lo que tengo entendido-Señaló, jugueteando con unas rosas colocadas en el jarrón-¿Y cómo sé yo que me vas a ser fiel, Black?
-Mis ideales son exactamente iguales a los suyos, señor-Declaró al morena, suspirando-Y me creo capacitada para ganarme su confianza, si usted me lo demuestra-Él levantó la vista, y también, las cejas con cierto interés-La confianza no es algo que se obtenga desde el principio…Es algo que se gana con el tiempo de prueba. Con los hechos. Igual que saber que esa persona, al ganarse su confianza, demuestra una lealtad propia-Era demasiado joven, pero eso le satisfizo al joven Riddle
-Y quieres unirte por tus ideales… ¿Sabes a lo que tienes que someterte? ¿De verdad?-Inquirió entonces, clavando sus pupilas negras en las de ella-¿De verdad que lo sabes, Black?
La mujer se quedó son habla ante esa manera de hablar del hombre. Murmuró unas palabras extrañas, que al instante reconoció como la lengua de las serpientes, y una que era bastante llamativa apareció por la sala. Esta se deslizaba por la madera, y no podía apartar su mirada de ella. Era tan extremadamente deliciosa, como su amo. Era desconcertante y atrayente. Sus pupilas, verdes, como el color de su piel, se posaron en su piel blanquecina. Pero no se asustó. Estaba familiarizada con ellas. Con las serpientes. Al fin y al cabo, ella perteneció a la casa de estas
-Lo sé, señor. Y por eso quiero. Porque soy una Black. Y mi familia siempre hemos deseado que el lugar que les corresponde a los "sangre sucia" llegue al fin. Igual que nosotros volver a poseer el poder. Como nunca debió dejar de ser
Se quedó callado, observándola detenidamente. Y eso era lo que más le causaba un estremecimiento, como una corriente eléctrica apoderarse de todo su cuerpo. Se acercó a ella, acariciando entonces su rostro con cuidado. Sus dedos, con esas afiladas uñas, recorrían su piel con lentitud, entre abriendo los labios y saboreando el momento. Y ella, gustosa, no se alejaba de él por mucho que le intimidase. Desde el momento en el que sintió las manos de él sobre su cuerpo, entendió que siempre le sería fiel. Tomó su brazo, recorriendo la línea que marcaban las venas azules de ella. Casi parecía que su sangre fuese de ese color, aunque era tan roja como los ojos en ese instante del hombre
-Ahora, seré tu señor…Lord Voldemort me has de llamar. Y te equivocas, Bellatrix Black-Ella se quedó desorientada y confusa-Con tan solo ver a una persona, puedes entender si esta te puede ser fiel o no-Una sonrisa malévola apareció en el rostro de él-Espero que me demuestres esa fidelidad, Bellatrix. Si no va a ser así, ya sabes cual será el destino que te depararé-Insinuó
Entonces, murmuró unas palabras en esa lengua extraña, y posó su varita en el antebrazo de ella. Una especie de tatuaje se apoderó de ella, y el dolor era terrible. Le hacía retorcerse en el mismo lugar, pero sin desplazarse para que él pudiese terminar con su cometido. La calavera realizaba un movimiento de emerger, y la lengua se deslizaba entre sus dientes, similar a una misma serpiente. La marca de la casa Slythering. Los que no eran traidores a la sangre, o hijos de muggle. Era el signo del poder, y ante todo, de la maldad. Y aunque deseaba que ese momento se pasase lo antes posible, en el fondo, lo estaba disfrutando. Tanto, que la sonrisa se apoderó de ella, igual que él, que no podía contener ese gesto de sorna. Pero antes de que se pudiese escapar, se apoderó de esos labios ardientes que ella poseía. Solamente fue eso, para al final, dejar que una especie de gemido se apoderase de su garganta. Era la pasión desbordante lo que se apoderaba de ella. ¿Acaso era capaz de ello? Sus ojos se encontraron con los de él, que se separó todavía más para poder encontrarse cara a cara, sin miedos de por medio. Era lo que más le caracterizaba. Incluso a ella. Nada podía causarle un temblor mayor que el que él le causaba con tan solo estar a unos centímetros de ella. Su corazón gritaba de pura alegría. Y la marca, se compuso, para siempre…
-Ya está-Susurró Voldemort con cuidado-Ahora, vas a ser mía…Para siempre…Hasta que me falles, Bella
-Eso nunca va a suceder, mi señor. Siempre estaré bajo sus órdenes…Hasta que la muerte me indique lo contrario.
Él asintió, y una sonrisa se conformó en ella. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía eufórica, y no era para menos. Simplemente, era maravilloso. Sus labios conformaron una especie de sonrisa, mostrando sus afilados dientes. Ese era el precio por ser parte de los mortífagos. Ser fiel al señor tenebroso. Simplemente, pertenecerle a él, y eso le agradaba demasiado
