Capítulo II
El verano en Inglaterra suele ser suave, pero la última semana de junio parecía no haberse enterado de que "ya es verano, joder, por qué no deja de llover de una maldita vez". Se trataba del penúltimo día de clase, y Jake se encontraba resguardado en la entrada al colegio, muy enfadado, "no, cabreado, estoy cabreado", porque no se pudiese jugar al futbol en el recreo por culpa de la lluvia. Junto a él se encontraban John Klein y Thomas Davies, los amigos a los que Jake recurría cuando Derek estaba de viaje, o, por la razón que sea, no estaba disponible. Derek, en efecto, no volvería más al colegio ese curso, porque al parecer la familia entera estaba en unas vacaciones de dos semanas en los Estados Unidos con los Potter, visitando el pueblo donde había nacido el padre de Derek.
Antes de marcharse, Derek había corrido hasta la casa de Jake, esperando que la promesa de dos semanas separados sirviese para que Jake le volviese a hablar, pero solo consiguió un montón de gruñidos seguidos de una larga serie de insultos, ya que "si vas a seguir mintiendo, al menos cierra la puta boca". Y, tras una llamada desesperada a casa de Jake cuando hubo aterrizado, se acabó la gran historia de amistad entre Jake y Derek.
-Si mi padre nos dejase usar su taller, allí podríamos jugar al futbol esta tarde, con mis hermanos ya seríamos tres contra tres- estaba comentando Thomas. Jake nunca se había cuestionado si ese chico tenía o no hermanos.
Lo que estaba claro es que los Hammill y los Potter escondían algo. Solo había que descubrir qué. Si Jake hubiese sido más listo, habría podido sonsacarle algo a su amigo fingiendo no estar enfadado, pero era demasiado tarde. También podría ponerle como condición para su amistad que le contase la verdad. No, Jake sabía que por muy sincero que fuese Derek, a veces hay cosas que simplemente no se pueden contar.
-Con mis hermanas seríamos cuatro contra cuatro- Decía John emocionado.
-No no, chicas no- Ese era Thomas.
Jake sabía que su madre guardaba una llave de la casa de los Hammill. Además, durante estas dos semanas tendría que usarla para regar las plantas y darle de comer al gato. Quizás, si se ponía muy pesado, su madre le dejaría acompañarle y tendría ocasión de investigar algo. Incluso podría alegar haberse dejado algún videojuego en la habitación de Derek y su madre le dejaría ir solo.
-Jake- le decía alguien.
Entre todos los niños afinados en esa gran sala sufriendo por la lluvia, los aficionados al fútbol eran los que lo estaban pasando peor. Como de costumbre, los chicos se habían sentado todos más o menos juntos y las chicas, a lo suyo, se dedicaban a hacer pulseritas, o lo que quiera que hagan las chicas. Bueno, no todas, había algunas a las que les gustaba el futbol. Jake llevaba varios minutos mirándolas poner las perlitas en los alambres, todas ellas muy concentradas, mientras divagaba sobre como entrar en la casa de los Hammill.
-Jake- John acompañó su requerimiento de atención con un empujón, que sacó a Jake de las nubes.
-Qué, joder.
-Que qué piensas tú- le insistía John.
-Sobre qué.
-Tío, sobre las hermanas de John- Thomas se habría enfadado, pero parecía demasiado necesitado de obtener una respuesta de Jake.
No todos los chicos estaban sentados juntos. Scorpius, es decir, ese estúpido cara culo de Malfoy, se encontraba de pie en la otra punta de la habitación, tan serio como de costumbre. Curiosamente, llevaba como diez minutos mirándole.
- Que están buenísimas, qué quieres que piense. - La respuesta no pareció satisfacer a ninguno de sus dos amigos. "Posiblemente no discutiesen sobre si están buenas o no, qué más da". No les dio tiempo a corregirle, porque a Jake le había venido una idea. "Si los Potter conocían a Malfoy, es que Malfoy está en el ajo. Es tan raro como ellos, al fin y al cabo".
Se levantó del suelo y caminó, todo lo elegantemente que pudo, pues hay que mostrarse elegantes ante los enemigos, hasta llegar a la esquina que ocupaba Malfoy.
-Qué putada que llueva…- Jake necesitaba respuestas de Malfoy, así que necesitaba ser amable con él. "Quizás debería empezar preguntándole sobre su familia. No, se ofendería el muy imbécil, bueno, yo me ofendería". Como Malfoy, aunque le mirase, no respondía, Jake se vio obligado a decir algo más. -Lo digo porque no se puede jugar al futbol- Malfoy se encogió de hombros.
-Oye, y tú por qué no te sientas en el suelo, como todo el puto mundo. - A ojos de Jake, Jake seguía siendo amable. Y además la pregunta surgió el efecto esperado. Scorpius, es decir, ese fraude de ser humano que era Malfoy, todavía serio, se iba a dignar a responder.
-Porque el suelo está mugriento, es obvio. – Y, ante la incomprensión de Jake- Sucio, que el suelo está sucio, o es que esa palabra tampoco la entiendes. - Lo dijo con la satisfacción que da ganar al adversario con palabras y no con golpes o insultos.
-Últimamente hay muchas palabras que no entiendo, pero mugriento sí que sé lo que significa. Lo que no entiendo es qué más da que el suelo este sucio, siéntate igual tío. – Y Malfoy, que siempre hacía lo que no se esperaba de él, se sentó en el suelo, ligeramente incómodo y cuidándose de tocarlo solo con la ropa.
- Y qué es lo que no entiendes. Tiene que ser importante para que hayas venido a hablar conmigo de eso. – No parecía razonable seguir por ese camino, no había que mostrar demasiada debilidad.
- Sé que conoces a mi amigo Derek.
-Me toca aguantarlo cada día en clase, como me toca aguantarte a ti. - Malfoy dijo todo eso con una sonrisa.
-Me refiero a que le conoces de antes, osea, tu familia y su familia, os conocéis- Era demasiado arriesgar, pero había algo que le decía a Jake que no se estaba equivocando del todo.
-¿Qué sabes?- La de Scorpius era una pregunta, pero en realidad, era una exigencia. Jake había conseguido sacar a Malfoy de esa burbuja de indiferencia que le acompañaba a todas partes, ahora había que darle el golpe de gracia.
- Todo. – Esa palabra surgió el efecto esperado, pero solo durante unos segundos. Malfoy parecía estar dándose cuenta del farol, era necesario llenar la mentira de detalles. – Por ejemplo, sé de vuestra relación con los Potter.
-Yo no conozco a los Potter, me dan asco, tanto como los Hammill. No sé qué quieres de mí, pero no voy a hablarte de esos desgraciados sangre sucia.
El timbre que anunciaba el fin del recreo sonó, y todos los niños del colegio de primaria se dirigieron lentamente hacia sus clases. Jake no tuvo más remedio que cortar la conversación e imitarles. El tema de conversación parecía uno solo: en dos días toda esta mierda se acaba.
La señorita Mary, la profesora de plástica, les había puesto a trabajar en grupos. Era demasiado tarde para dar nueva materia, así que cada grupo podía hacer lo que quisiese. Bueno, lo que sea mientras refleje la importancia de la amistad. Jake prefería no decir en voz alta lo extremadamente imbécil que había sonado aquello mientras la profesora lo explicaba.
-¿Te pones con nosotros Jake?- decía John todo esperanzado. Jake, por su parte, no apartaba la vista de Scorpius, que parecía a punto de aceptar la invitación de una niña a sentarse con ella y sus amigas, pero también daba la sensación de que lo hacía más resignado que interesado.
Sin responder a su compañero, cruzó el aula como una bala y se acercó a Sarah, la chica en cuestión.
Malf… es decir, mi amigo Scorpius se pone conmigo. - Agarró, ante sorpresa de este, el brazo del chico. -Vamos a dibujar cómo nuestro amor por los Pokémon nos ha unido. - Aquello lo añadió en tono sarcástico, para que las chicas no creyesen cosas raras y para que Malfoy no creyese que ahora, de repente, son amigos, porque no lo son. Malfoy, en cuanto consiguió librarse de la mano de Jake que todavía le apretaba el brazo, no se opuso a ponerse con él.
-Escucha -Empezó Jake en voz baja mientras se sentaban en un extremo del aula y ambos cogían la cartulina que les entregaba la profesora. -Te doy todos mis Pokémon a cambio de una pista. Sólo quiero saber qué es lo que esconde Derek, y sé que está conectado con los Potter… y posiblemente contigo.
- Ya tengo muchos Pokémon, y puedo tener todos los que quiera, te recuerdo que mis padres son millonarios. -Siempre tan presumido, el imbécil de Malfoy. -Pero te daré una pista igualmente, me encanta verte tan desesperado. -Se levantó para coger algo en su mochila, y volvió con su mazo de cartas. Para cuando se puso a rebuscar en ellas, Jake ya tenía claro qué iba a sacar. El Latios desaparecido.
-Puedes quedártela. -Continuó Malfoy regocijándose en el desconcierto de Jake. Colocó la carta enfrente de él y tuvo el cuidado de darle la vuelta, para que viese la inconfundible marca a la que Jake se había referido -Quería un legendario y no me salía ninguno. No estoy acostumbrado a querer algo y no conseguirlo. No lo hice a propósito, esas cosas a veces pasan.
La cabeza de Jake iba a mil por hora. La carta había aparecido, pero gracias a su paso por la lavadora había quedado inconfundible. Claramente, la que se había quedado en el bolsillo de sus pantalones había sido otra. Mientras pensaba todo eso, se dedicó a garabatear en la cartulina. La mirada de la señorita Mary nunca descansaba.
- ¿Me la robaste?- La voz curiosa de Jake, libre de todo enfado, sorprendió a Scorpius.
-No exactamente, es complicado. Esas cosas a veces pasan. ¿A ti nunca te ha pasado?
-Cómo quieres que te responda si no me quieres contar qué es lo que pasa a veces. -Jake sentía que, si seguía presionando, quizás Scorpius acabase contando algo.
- ¿Es que no te ha llegado la carta?
- ¿La carta? ¿En qué puto siglo estamos? ¿Es que te mandas cartitas de amor Malfoy? ¿Se las mandas a los Potter? - Vale, la había cagado pero bien. "Qué te costaba decir: pues claro que me ha llegado, subnormal. A ver ahora como salgo de esta".
El ambiente se volvió incómodo. Malfoy estaba visiblemente afectado, pero no por el comentario de Jake. Daba la sensación de que le preocupaba haber hablado de más.
- ¿Malfoy, a qué carta de refieres?- Pero Scorpius posó la vista en la cartulina y se puso a dibujar. No contestó a ninguna de las preguntas de Jake.
Volver a entrarle a Malfoy después de la metedura de pata del penúltimo día de clase, parecía cuanto menos arriesgado. Entre tanto, las clases se habían acabado, y el verano anunciaba ser muy aburrido sin la compañía de su mejor amigo. Para cuando la voz de su madre le llamó a desayunar, Jake llevaba ya dos horas levantado jugando a la nueva consola de Nintendo a escondidas en su habitación. Bueno, no iba a ser un verano del todo aburrido si podía jugar a videojuegos. Diez minutos más tarde, su padre llamó a la puerta de su habitación, recordándole que estaba a punto de enfadar a su madre y Jake decidió que no se podía alargar más la espera. Guardó la consola y se dirigió al comedor.
-¿Qué vas a hacer hoy cielo?- Le preguntó su madre mientras le acercaba un bol de leche para que se sirviese cereales. Su padre, Joseph Green, se encontraba friendo lo huevos y el bacon en la cocina con algo de prisa. Su trabajo en el hospital no entendía de vacaciones.
-Saldré con algunos del cole en un rato. Thomas y John han reunido a gente para jugar al futbol. -Mientras empezaba con los cereales, su padre le ofreció bacon con un gesto -No, no tengo demasiada hambre.
-¿Has hablado con Derek desde que se fue a Estados Unidos?- dijo su padre. Sus padres no sabían de que la amistad entre su hijo y su mejor amigo pasaba por malos momentos. Incluso pensarían que su cabreo, más severo de lo habitual, se debería precisamente a la ausencia de Derek.
-Llamó a casa la tarde que se fue, pero tuve que colgar porque… osea colgó él. -Jake había colgado en cuanto comprobó que el que llamaba era su amigo.
-Cariño, te habrá llamado al día siguiente, el vuelo a Estados Unidos durará más de diez horas. – Su madre le estaba sirviendo bacon y huevos aun sabiendo que no tenía hambre.
-No, me llamó esa tarde. Bueno, me voy.
Jake se dirigió al vestíbulo para ponerse las deportivas y cogió la pelota de futbol que guardaba en el armario del recibidor, para no tener que subir siempre a por ella a su habitación. Thomas tendría una, sin duda, pero a Jake le gustaba botarla por el camino, y prefería tener la opción de entrenar solo un rato si se cansaba de la compañía de sus compañeros. Al fin y al cabo, él es con diferencia el mejor de todos los de su clase.
Nada más empezó a caminar hacia el parque se topó con la casa de Derek. La tentación de entrar a echar un vistazo le abordaba cada vez que pasaba por ella y ese día parecía el indicado. No había nadie por la calle, tenía una coartada para estar fuera de casa y los Hammill tardarían varios días en volver.
Como si la decisión se hubiese tomado hace siglos, corrió hacia la parte trasera de la casa, dejó el balón de futbol detrás de un seto para que no se viese y comenzó sus artimañas para conseguir abrir la ventana del salón. Estaba bien cerrada desde dentro, así que empezó a intentar forzar las otras y vio que la ventana del pasillo del piso superior estaba entreabierta. Se puso a trepar como buenamente pudo. Después de tantos años sin intentar controlarla, la hiedra había empezado a cubrir parte de ese muro y parecía lo suficientemente sustentante para el peso de un niño de diez años.
Jake necesitó de todo su ingenio para conseguir abrir un poco más la ventana, que también estaba atrancada por dentro. No hizo falta abrirla del todo para que consiguiese pasar. La casa se encontraba en penumbra porque los Hammill habían cerrado todas las cortinas para que su pobre gato no sufriese demasiado por el calor. A Jake no le hacía falta ver más que eso. Con la destreza de alguien que lleva toda la vida moviéndose por esa casa, encontró el manillar de la puerta de la habitación de Derek y consiguió entrar en la habitación. Abrió ligeramente las cortinas para que entrase algo de luz y comenzó a buscar pistas, lo que fuese que pudiese aclarar algo.
El escritorio estaba lleno de cosas, como siempre. Estaba el álbum de cromos de Pokémon, junto a los álbumes de cromos de años anteriores. Los últimos deberes sin hacer estaban en el centro de la mesa, con un palo viejo haciendo de marcapáginas. Algunas revistas de videojuegos, deportes, e incluso una de chicas con coches, se encontraban perfectamente ordenadas en un montón cerca de la lamparita de noche. La curiosidad le pudo y cogió la de chicas y coches, la última del montón y la única que sobresalía un poco. Tuvo que colocar la mano encima del montón para evitar que se cayesen y cuando la hubo sacado se sentó un rato en la cama a ojearla.
"No, Jake, ahora no. Hay que buscar pistas". Así que puso la revista encima del montón, con la intención de acordarse luego y llevársela a casa, y no pudo evitar fijarse en que algo se había caído, posiblemente mientras sacaba la revista. Se trataba de otra revista en cuya portada aparecía una mujer sentada sobre una escoba, aparentemente volando. Sonreía al mirar una pelotita dorada que enseñaba con la mano derecha. Al principio fue una sensación, pero tras un minuto de cuidadosa observación, Jake estuvo completamente seguro de que la imagen se movía. En la portada ponía en fina letra dorada:
La magia del Quidditch
Revista semanal, precio fijo de 2 knuts por ejemplar
Veinte razones por las que jugar al Quidditch rejuvenece. Página 2
Especial acerca de las cualidades de la saliva de dragón para las escobas más delicadas. Página 12
Entrevista a Johanna Slipton, la nueva buscadora de las Cometas Rojas, el equipo que está revolucionando el mundo mágico. Página 18.
El mundo mágico. Jake abrió la revista. Iba a leerse todos esos jodidos artículos hasta saber más cosas acerca de ese mundo "y hasta asegurarme de que no es una puta broma pesada". Sin embargo, nada más abrir la revista, algo cayó de su interior. Se trataba de un sobre con un sello rojo en el centro. Del otro lado, en letra escarlata, se encontraban escritos todos los datos de la dirección de Derek, incluso la habitación en la que dormía. Jake sacó de su interior varias hojas y comenzó a leer la primera de ellas:
Estimado Sr. Hammill
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios. Las clases comienzan el 1 de septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente,
Dedalus Hemsley
Subdirector
Diez minutos después, las preguntas eran infinitas. Jake no dejaba de darle vueltas a toda la información que había encontrado en la habitación de Derek. La revista "La magia de Quidditch" y la carta de ese colegio de magia, posiblemente la misma carta a la que se había referido Malfoy, habían sido tan reveladoras que ni siquiera había continuado rebuscando entre las cosas de su ya más que sospechoso amigo. La carta la había dejado debajo del montón de revistas y la revista de Quidditch se la había llevado. Antes de entrar al parque, del que ya se oían los gritos de sus compañeros jugando, decidió sentarse detrás de una valla a leer un poco la revista. Tenía demasiada curiosidad como para esperar a que dejasen de jugar para irse a comer.
Todo en aquella revista confirmaba la existencia de ese mundo. Incluso después de leer varias páginas descubrió el significado de esa palabra, muggle, que tanto le había extrañado. Era la palabra que utilizaban para referirse a la gente como él, que no pertenecía al mundo mágico. Y, la verdad sea dicha, "esos cabrones nos tienen en peor consideración que a los perros". En la página 24, Johanna Slipton comentaba lo importante que es mantenerse en forma día a día: "Un día oí que los muggles utilizan ciertos artefactos con los que puedes hacer deporte sin salir de casa. Me llamaron especialmente la atención las máquinas de fermorales y las de una cosa a la que llaman fitmess. La verdad, que astutos son estos muggles cunado quieren. Algún día me gustaría conocer a alguno de ellos, he oído que son gente muy hospitalaria". Ridículo.
-¿Vienes a jugar? – Malfoy se acercaba a grandes zancadas hacia él. No se le pasaba nada.
-Sí, ahora voy – Dijo Jake intentando esconder sin éxito la revista tras su espalda. Fue una mala táctica, porque Scorpius vio que pretendía esconder algo, y le bastó una rápida mirada para saber qué era.
-¿La magia del Quidditch? Pensaba… pensaba que tú no… ¿te llegó la carta? - Parecía nervioso. Detrás de él se acercaba un hombre alto y con el pelo aún más rubio que Scorpius. Lo llevaba bastante largo, casi le llegaba a los hombros. Solo podía ser su padre.
-Scorp, no me habías dicho que Hammill no es el único de los nuestros que hay en tu clase. -Tenía una gran sonrisa, perecía realmente contento de ver a Jake junto a su hijo. -Soy Draco Malfoy, el padre de Scorpius.
-Yo soy… Jake Green. Encantado. -Cambió de mano la revista y estrechó su mano. El señor Malfoy parecía algo confuso.
-Os dejo jugar tranquilos. Te vengo a buscar en dos horas. – Tocó discretamente el hombro de su hijo y miró con interés a Jake, siempre sonriendo. Cuando se hubo alejado lo suficiente, los dos niños se volvieron a mirar.
La mirada de los ojos grises de Scorpius era del todo contraria a la de su padre. Había enfado, y también, sobre todo, incomprensión.
-Te llegó la carta o no. -Resultaba curioso. En las últimas conversaciones que habían tenido, Scorpius siempre se había mostrado moldeable, con menos carácter del que cabría esperar para alguien de su reputación. Pero aquella mañana, su mirada era más directa y penetrante de lo que Jake habría podido ni siquiera imaginar. No era una mirada ante la que se pudiese mentir.
- No. Esto lo he sacado de la habitación de Derek. Necesitaba saber lo que estaba ocurriendo. -Eso último, sin saber muy bien porqué, lo dijo mirando al suelo.
-Entonces, ¿qué sabes?
-Sé que hay un mundo mágico en el que jugáis a un deporte hiper complicado, pero muy chulo. Definitivamente muy chulo. Y que tenéis dragones, o al menos su saliva… Sé que a la gente como yo nos llamáis muggles y que no soléis juntaros con nosotros. También sé que tenéis un colegio de magia, y – eso último era bastante doloroso de decir en voz alta- y que Derek irá allí el año que viene. – Scorpius oyó todo aquello con tranquilidad y la seriedad que pedía la situación. El enfado que Jake había notado al principio, se estaba esfumando.
-¿Por qué dices que tú eres un muggle? -Inquirió Scorpius.
-He oído que nos llamáis así. ¿Lo he pronunciado mal?
- No, no es eso. Mira, algunos sangre lim.. algunos de nosotros sabemos identificar a los que son magos de los que no. Yo apenas lo noto, mi padre dice que desarrollaré esa habilidad cuando vaya a Hogwarts y comience mis estudios, pero si mi padre te ha reconocido, es que lo eres. Sin lugar a duda. Piénsalo, para cuando él llegó tú ya habías escondido la revista. ¿Cómo lo iba a saber si no?
A Jake se le habrían ocurrido diez razones para explicar aquello antes de pensar que ese hombre tenía un sexto sentido para identificar a los magos. Además, se le pasaba por alto algo muy obvio.
-Cuando te dije que no sabía a qué carta te referías, pensaste que te estabas equivocando y que yo no era mago. Así que supongo que esa carta para ir a ese colegio raro les llega a todos los magos de nuestra edad. Pero a mí no me ha llegado. Así que no lo soy. -Aquello pareció confundir a su extraño compañero de clase.
-Puede que todavía no te haya llegado. Todavía estamos en junio, y muchas veces las lechuzas se extravían. Piensa que mandan varios centenares en estas fechas.
-¿Mandan lechuzas? Os escribís cartas y os comunicáis con lechuzas y encima os atrevéis a decir que los raros somos nosotros…
La conversación no pudo continuar. Thomas se acercaba corriendo hasta ellos. En los dos segundos que tardó en llegar, Jake sintió alivio de que a Scorpius no pareciese haberle molestado su último comentario.
-¿Venís? Mi hermano Mike te ha escogido como delantero, Jake. Y ahora se está peleando con John para conseguir a Scorpius. -Thomas no pareció notar que acababa de interrumpir una conversación importante y se dedicó a arrastrar a Jake del brazo hasta el descampado donde jugaban. Como con Scorpius no tenía tanta confianza, "bueno, nadie tiene tanta confianza con Malfoy", se dedicó a pedirle otra vez que fuese.
El partido empezó. Eran cuatro contra tres, pero el equipo más pequeño, formado por Mike, Jake y Scorpius, tenía todas las de ganar. Sin embargo, nada más empezaron, Jake demostró que ese no era su día, y no solo no metió ningún gol, sino que parecía no preocuparle en absoluto. Al final acabaron siete a dos, pero esos dos los había metido Scorpius jugando de defensa, no Jake.
-Solías jugar mejor en el cole- Scorpius, completamente acalorado por el esfuerzo del partido, dijo aquello como si se tratase de un comentario curioso. Nada que ver con las miradas asesinas de Mike desde la portería.
-¿Como jugarías tú después de descubrir que hay un mundo paralelo en el que la magia existe? -Scorpius le agarró por el hombro y le hizo una señal para que bajase el tono.
-Es mejor que no digas esas cosas en voz alta. - Seguía mirando algo nervioso a su alrededor- ¿Tienes tiempo esta tarde? Intentaremos comprobar si realmente eres… ya sabes.
-¿Por qué no ahora? -Jake no sabía bien cómo iba a poder esperar a la tarde para saber algo tan fundamental como eso.
-Mi padre me espera. En mi casa nos gusta respetar las costumbres familiares. Y las comidas y las cenas son sagradas. -Lo dijo totalmente en serio. -¿Podemos vernos aquí mismo?
