CAPÍTULO 002

Habían cruzado medio Washington cargados con la maleta y la mochila hasta que encontraron el hotel.

- ¿No podríamos haber pillado el transporte público de la ciudad?

- Es bueno pasear.

- ¿En serio? Creo que esa alternativa no te la crees ni tú. - Alexis no pudo evitar sonreír ante las respuestas que él le daba.

- Además así conoces la ciudad.

- ¡Ah! Entonces debo agradecértelo.

- Más o menos. Pero te dejo que me lo agradezcas cuando encontremos a Kate.

- Te has planteado que puede que no esté.

- ¿Por qué?

- ¿Otro caso?

- ¡Ostras! ¡Tienes razón! - se golpeó en la cabeza con la mano - ¿Y si no está? ¿Qué hacemos?

- A mí no me preguntes... - se encogió de hombros.

- Vamos a registrarnos y lo pensamos. - Richard esperó a que Alexis entrase primera en el hotel.


A la media hora, volvieron a plantarse en la calle. Esta vez, no se arriesgaron a dar más vueltas y llamaron a un taxi que los acercase hasta la oficina central que tenían de la agencia.

- ¿Estás seguro?

- Ahí podremos preguntar por ella.

- ¿No sabes dónde está la sede principal?

- No. - dijo con fastidio.

- ¿No será por falta de ganas eh?

- No te creas... - se hizo el desentendido.

- Ya... Ya veo... Y dime, ¿fue ella la que cortó contigo?

- Digamos que fue un acuerdo.

- Por el que no estuviste de acuerdo, ¿verdad?

- Digamos que le di a elegir entre su trabajo o...

- ¿O tú?

- Planteado así, suene bastante mal... - se rascó la cabeza.

- ¿Mal? No me extraña que pasase de ti.

- Eso ha dolido... - se pegó un golpe con el cabecero del asiento del copiloto cuando el taxi frenó en seco, frente a la dirección indicada.

- Eso sí que ha dolido... - sonrió Alexis.

- Graciosilla... - la miró con detenimiento.

- ¿Qué?

- Nos vamos a llevar bien. - salió del coche tras pagar al taxista.


Aquella oficina era mucho más fría de lo que ambos pensaron. Al entrar se miraron bajo el mismo mensaje, trabajar allí debía ser un auténtico calvario. Todo forrado de gris plata. Ni un solo color alternativo. Y el personal, parecían robots. Se movían automáticamente. Sin ningún rasgo de humanidad en su rostro.

- Buenos días. - saludó Richard a la mujer de unos 60 años que estaba en recepción.

- Buenos días. Dígame. - la mujer alzó su cabeza.

- Buscamos a la agente Katherine Beckett. - anunció con seguridad.

- ¿Tienen alguna cita con ella?

- Eh... No... Eh... Verá... Es algo personal y urgente.

- ¿Cómo de urgente y cómo de personal? - la mujer alzó sus cejas creyendo que estaba ante una broma.

- Por favor, dígale que Richard Castle pregunta por ella. Es algo personal. Familiar.

- Esperen sentados, por favor. Ahora les comunico algo. - les indicó los asientos que, pegados a la pared, estaban frente a ella.


Quince minutos después, la misma mujer, les hizo un gesto para que se acercasen.

- ¿Ha hablado con ella?

- No ha habido suerte. ¿Señor Castle verdad?

- Sí.

- No quiere atenderle.

- Estupendo... - susurró Alexis.

- ¿Eso le ha dicho?

- No está en las oficinas. Está en medio de un caso. Y sí, eso me ha dicho, que no tiene tiempo ni quiere atenderle. Que se vaya por donde ha venido.

- ¿Cómo...?

- ¿Me dice, por favor, dónde está el baño? - preguntó Alexis.

- Sigue el pasillo a mano derecha, la última puerta del fondo.

- Dos minutos y vuelvo. - le dijo a Richard.

- Te esperaré ahí sentado. - le dijo en shock. Aún sorprendido por la actitud de Kate.


A los dos minutos exactos, Alexis, se plantó ante él - ¿Nos vamos?

- Sí, me ha quedado claro que no quiere saber nada de mí.

- No sé cómo acabasteis o por qué, pero está claro que no fue nada bueno ese final.

- No, la verdad es que no. - abrió la puerta de salida, dejando paso a su hija. - El taxista nos está esperando. Vamos.

- Tengo otra dirección. - le informó.

- ¿Otra dirección?

- ¿En serio te has creído que he ido al baño?

- ¿Es que no has ido al baño?

- Pero, ¿en qué mundo vives?

- ¡Ay, Dios!

- ¿Otra vez esa cara de susto?

- ¿Qué cara? - se tocó su rostro - ¿No es la de siempre?

- Madre mía... - movió sus ojos en círculos.

- ¡Ay la leche!

- ¿Y ahora?

- ¡Haces lo mismo que Kate!

- ¿El qué?

- Ese... - movió su dedo en círculos - Ese movimiento de los ojos. En círculos.

- Ah... - sonrió - Bueno, no me desvíes del tema. Sé dónde está.

- ¿Qué has hecho?

- La calle me ha enseñado a subsistir.

- Creo que tendrás que darme algunas lecciones. – la miró concentrado y orgulloso.

- Consigamos esa firma y te prometo que lo haré.

- ¡Hecho!