Disclaimer: Victorious y sus personajes no me pertenecen.
¿Una disculpa?
¡No, eso no! ¿Jade, disculparse por algo y con una chica a la cual ni siquiera conocía lo suficiente? ¡Jamás!
Pero esa era la condición, o pedía una disculpa a Cami, o no regresaba al Café. La sentencia estaba dada, Tori lo dejó claro:
«Al parecer, te olvidas de que quién pone la reglas aquí, no eres tú, Jade. Esta no es la escuela, aquí no puedes venir a empujarme de la silla o verter una taza de café en mi cabeza. ¡Aquí la que manda soy yo!»
Muy claro.
Ella era su jefe, no había a quien ir con una excusa o justificación. Vega había marcado el territorio y, si esto a Jade no le gustaba, tendría que alistarse para ir a trabajar el lunes con su papá, sin un solo reclamo.
Pero recapitulemos para que sepan que fue exactamente lo que pasó que provocó tal decisión de la latina.
Era el último día de vacaciones, ¡último! Jade tendría que trabajar desde temprano el día siguiente con Vega como jefe, ¡Vega! Su único consuelo era no tener que pasar el resto del verano de aprendiz de abogado. Estaba acostada en su cama con un maldito libro —porque además estaba castigada—, cuando el ruido de la puerta de calle le anunció que su mamá había llegado con su hermano que pegaba de gritos mientras se acercaba a su alcoba.
La chica comenzó a respirar profundamente, tratando de encontrar un poco de paz interior y marcó la página que estaba leyendo antes de ser interrumpida. Ya era medio día de todas maneras, seguro pronto almorzarían, antes de que su mamá tenga que regresar a la oficina.
—¿Jade? —dijo el pequeño escondiéndose tras el marco de la puerta, ya no tan animado como cuando entró a casa—. ¿Me disculpas?
—¿De qué hablas mequetrefe? Tienes el brazo roto, ¿por qué te disculpas? —respondió ella con un tono fuerte, pero con cariño, dirigiéndose a la repisa para guardar el libro que tenía en manos.
—Escuché hablar a mamá por teléfono con papá, estaba muy molesta y decía que estaba de acuerdo con que trabajes en su lobby.
—No te preocupes por eso. Mamá me dio hasta el viernes para conseguir trabajo y yo, en toda mi eficiencia, conseguí uno… hoy —enunció sin darse cuenta que su mamá estaba a las espaldas de su hermano escuchando la noticia.
—¿Así que saliste a buscar empleo?
Jade volteó y se encontró con una muy cálida y orgullosa sonrisa de su madre, No iba a demostrarlo, pero eso la ponía muy contenta. Su mamá era su adoración y su apoyo incondicional, razón por lo cual la discusión de la mañana le había molestado tanto. Prefería mantener a su madre siempre de su lado.
—Fui por un café y conseguí un trabajo. Empiezo mañana.
—¿Así que el café de dos dólares te consiguió un trabajo? —mofó su madre mientras su hija rodaba los ojos y caminaba hacia la puerta para que todos vayan juntos al comedor.
—Mejor no hablemos de eso. Muero de hambre.
El resto de la tarde y noche transcurrieron de lo más normal, su hermano Ben quedó a su cargo y juntos se dedicaron a dibujar y pintar decenas de figuras monstruosas en el yeso recién colocado, mientras veían una maratón de animé que pasaban en uno de los canales locales. No quedó un solo espacio blanco, era una verdadera obra de arte y es que a Jade se le daba muy bien el dibujo. Después de todo, se sentía un poco culpable por el accidente, su hermano pequeño siempre venía a molestarla, pero el grito que le dio esa mañana fue innecesario y realmente rebasó los límites de la razón.
—¿Entonces Beck no va a volver nunca más? —preguntó el pequeño con tristeza—. ¿Ni siquiera porque tenemos el nuevo Mario Kart?
—Ya te lo dije Benny. Beck y yo terminamos y esta vez es definitivo —confirmó su hermana guardando los marcadores y sentándose junto al muchacho que tenía una trompa larga mientras hablaba de su ex novio—. Además, para que lo quieres jugando videojuegos con nosotros, ya sabes que tiene dos pies izquierdos de manos.
—Sí, lo sé —respondió pasando sus dedos sobre los diseños que había hecho su hermana —pero… me gusta verte feliz y cuando él venía…
—¡Soy feliz, Ben! No necesito a Beck. Estoy mejor así —interrumpió Jade, marcando un incómodo silencio.
Su madre subió los escalones después de colocar la alarma de la puerta de entrada y observó por unos segundos a sus hijos sentados sin cruzar palabra alguna.
—Bueno creo que es mejor que ambos vayan a dormir. Benny tiene que retomar su curso de verano y tu tienes que madrugar para tu primer día de trabajo. —Los levantó de un jalón del sillón de la sala de estar y apagó el televisor recibiendo de sus hijos un alzar de cejas que solo los hermanos West podían lograr.
—Vamos, son las diez de la noche, tampoco es para que se quejen. ¡A dormir! —dijo finalmente dando una nalgada a cada uno mientras se dirigían a sus habitaciones.
A la mañana siguiente Jade se levantó muy temprano y estaba lista para salir a la cafetería pero aún era muy temprano. Vio por la ventana un par de veces y paseó en su alcoba de aquí para allá, un tanto impaciente, hasta que finalmente decidió emprender camino a su nuevo lugar de trabajo. Una caminata no le caería nada mal, podría respirar un poco y aprovechar el tiempo.
Marcaban cinco minutos para las ocho y Tori se encontraba ya en el local preparando la caja registradora y sacando de la alacena los paquetes de café para comenzar con la ardua labor de todas las mañanas, preparar el local para su apertura.
Como era costumbre, había puesto música a un volumen medio mientras seguía con sus actividades, sin darse cuenta de que Jade había estado golpeando la puerta de entrada que todavía permanecía cerrada.
De repente, un golpe más agudo le llamó la atención y se acercó para ver que pasaba. Al parecer, su compañera había sacado su llave y estaba golpeando el vidrio con ella.
"Diablos", pensó mientras se apresuró a quitar el seguro y dejar entrar a la molesta chica que se encontraba del otro lado.
—Ya era hora, Vega. ¿Acaso estás sorda?
—Perdón, no te escuché por la música. Ayer olvidé comentarte que, para entrar directamente, uses la puerta trasera. A esta hora está siempre abierta para el personal.
—Insignificante detalle —mencionó Jade sarcásticamente —. Bueno, aquí estoy.
—Bien, ven por aquí. —La latina guió el camino a la parte posterior del local—. Esta es la sala del personal —dijo haciendo una seña a su nueva compañera de trabajo, invitándola a entrar.
Era una habitación grande dividida visualmente en varias áreas. A primera vista le recordó a las típicas fotos de las revistas de arquitectura y a esos grandes lofts donde prevalecía el diseño interior.
El comedor separaba el área de la cocina del resto de la pieza. El mesón de madera vieja le daba un toque hogareño, se asemejaba a una de esas mesas de picnic de los parques, solo que mucho más alta y en lugar de dos bancas largas a los lados, estaba acompañado de seis sillas individuales de la misma madera ancladas al piso, todas del mismo lado, ya que del otro, se encontraba la cocina, el microondas y un mueble para preparar los alimentos.
La puerta de salida al callejón estaba más a la izquierda —ese era el acceso al que se había referido Tori—, estaba abierta de par en par, dejando la brisa entrar. A un lado de la misma e incrustados en la pared estaban los casilleros de los empleados, nueve en total, aunque en cada turno había un máximo de cinco personas a cargo del Café.
La pálida chica giró la vista a la izquierda y descubrió el área de trabajo. Dos mesas enfrentadas, cada una con un computador y una silla reclinable; la mesa para la impresora y los suministros de oficina y un pizarrón con información importante, colgado de la pared. Nada del otro mundo, pero al fondo, encontró un pedazo de cielo.
El área de descanso se parecía mucho a algo que había querido hacer con su habitación por algún tiempo.
Un hermoso sillón doble rojo y tres puf de colores que contrastaban con la pared negra, donde había un mueble rústico de madera oscura con una gran cantidad de de vinilos y un precioso tocadiscos antiguo, desde el cual se ambientaba con música a todo el local. Esa era su área favorita, sin duda pasaría muchas horas ahí.
Finalmente, Tori apunto a la esquina izquierda del salón explicando que tras ese corto pasillo de paredes de color rojo encontraría el baño. Claramente lo indicaba el letrero que colgaba en el umbral que tenía dibujos con las figuras de una mujer, un hombre y, pintado con esmalte blanco, una figura con capa y colmillos. Al parecer todo estaba permitido en este lugar.
"Ojalá fuera un zombi", pensó Jade, sin decir una palabra.
—Esta será tu oficina, puedes trabajar con la computadora en una de las mesas o en los sillones si prefieres.
—Lindo lugar. ¿Qué tengo que hacer?
—Fácil, como te decía ayer, tenemos eventos que se repiten cada semana —explicaba mientras ambas pasaban al sillón para ponerse más cómodas—. Los miércoles hay las noches de película, que empiezan a las ocho. Cada mes elegimos diferentes temáticas y realizamos votaciones en la página de Facebook del Café. Bajamos el telón blanco al fondo de la cafetería y presentamos la película ganadora.
Los viernes son las noches de micrófono abierto, necesitamos que diseñes e imprimas los afiches que repartimos, a los negocios aledaños, además de coordinar quienes se van a presentar.
Y los sábados tenemos las ferias del libro, la gente viene e intercambia los suyos con los de otros clientes o con los que tenemos en los libreros. Muchas veces escritores piden presentar sus obras, cuando eso suceda deberás coordinar con la editorial y organizar el evento, usualmente viene acompañado con un segmento de preguntas y respuestas o con la lectura del primer capítulo del libro. —Tori continuaba explicando y Jade la escuchaba muy atenta.
La verdad es que el trabajo le llamaba mucho la atención sonaba divertido y no le parecía tan complejo; contactar a personas interesadas en presentarse, hacer encuestas para las películas, coordinar los eventos, nada que no haya hecho antes con obras de la escuela.
—Entendido, ¿cuál será mi horario de trabajo?
—A eso iba. Los lunes, martes y jueves entras a trabajar a las 8:30 de la mañana como todos los empleados y sales a las 5:30 de la tarde. Esto incluye una hora de almuerzo y dos descansos de diez minutos en la mañana, más dos iguales en la tarde. Los miércoles y los viernes necesitamos que estés presente durante los eventos, así que, como la cafetería cierra a las once de la noche, entrarías a trabajar a las tres de la tarde y tendrías derecho a tus cuatro descansos a cualquier hora.
—¿Trabajar los viernes hasta las once de la noche?
—Lo sé, pero viene con el trabajo. Es un horario difícil, pero si no puedes hacerlo…
—No, todo bien, puedo, lo hago, no hay problema, todo perfecto, no hay imposible para mí, no… —dijo cortando a la latina, no quería perder la oportunidad, después de todo, si esto no resultaba había un uniforme de asistente con su nombre bordado con hilo de oro en el closet de su papá y eso si que no lo podía permitir.
—Okeeey… —La morena la miró extrañada, sin entender que le había provocado esa serie de confirmaciones—. Como decía, si no puedes con esos horarios tendrás hablar con Nya y seguro ella podrá ayudarte con algo más flexible.
—¿Nya?
—Nya… Sonya, mi tía.
—Oh, está bien. ¿Algo más?
—Las cosas pequeñas las aprenderás en el día a día… ¡Ah! Todos los eventos deben ser aprobados por Nya o por mí.
—Perfecto —respondió Jade asintiendo, dejándole saber que había entendido todo.
—Bueno, bienvenida al Magic Box Café —dijo Tori poniéndose de pie—. Te dejo a lo tuyo, yo tengo algunas cosas que hacer antes de abrir el local.
La chica se dirigió a la parte frontal de la cafetería para terminar de hacer los preparativos correspondientes, mientras cada uno de los empleados del turno de la mañana iba haciéndose presente y recibía una sonrisa fingida de la chica nueva. Cuando el equipo estuvo completo se reunieron en la sala y la morena prosiguió a presentar a Jade. No hubo bienvenidas o intercambio de palabras gracias a los calurosos saludos que habían recibido antes.
Los empleados eran jóvenes de entre diecisiete a veinticuatro años, cada uno con un look y personalidad muy particulares. Eran en total ocho chicos repartidos en los diferentes turnos, cuatro mujeres y cuatro hombres. Al momento solo estaban presentes cinco contando con Tori, quien entonces se dirigió al anaquel de la cocina en busca de la funda de M&M's, todos los demás se levantaron para realizar el ritual de la mañana.
—¿Jade no juega? —preguntó Theo, uno de los chicos, al verla todavía sentada.
La mencionada arqueó una ceja preguntándose:
"¿Ahora que van a hacer?"
—Todos los días, antes de abrir el local, uno de nosotros pone su música. Hacemos un sorteo eligiendo un color de chocolate —explicó la latina—. ¿Juegas?
—No gracias.
Tori respiró hondo, ya se imaginaba que habrían muchas cosas en las que Jade no querría participar. Era natural para ella el negarse a todo, a menos que pudiera sacarle provecho. ¿Actividades de grupo? De ningún modo, cosa que no le preocupaba en lo más mínimo. No le había dado el trabajo para que haga amigos, sino porque la vio en una encrucijada y sabía que podía manejar lo que se necesitaba en el negocio. Y así fue.
Durante los siguientes días Jade se esforzó en buscar talento para la noche de micrófono abierto, el viernes estaba cerca y debía escuchar los demos de más de veinte músicos que aplicaron para presentarse. También tenía ideas para los miércoles de película y había investigado sobre nuevos lanzamientos de escritores que podrían estar interesados en presentar sus obras en el Café.
Si algo había que destacar es que, a pesar de los conflictos del pasado, ambas se manejaban bastante bien en este nuevo ambiente de trabajo. Bueno, por lo menos hasta el medio día del jueves. Tori se acercó a preguntarle cómo iba con los artistas para la presentación del día siguiente y ahí fue donde todo empezó.
—¿Tienes listo el número que se presentará mañana? —preguntó sentándose a la par de su compañera de escuela.
—Sí —respondió Jade entusiasmada—, estuve hablando con una banda estupenda. Han aplicado aquí varias veces, pero nunca han tocado, tienen bastantes seguidores, así que creo que será un éxito para la cafetería.
—¡Vaya, genial! ¿Quiénes son?
—The Verge, Tori no tienes idea…
—¡Cancélalo! —interrumpió la morena enérgicamente.
—¡¿Qué?! ¡No!
—No te lo estoy pidiendo, Jade. Ellos tienen prohibido tocar aquí. Cancélalo y busca alguien más.
—La presentación es mañana, no hay tiempo de encontrar a otra banda o solista que esté disponible —recalcó la molesta chica al encontrarse con tan tajante negativa.
—Entonces no toca nadie y nos evitamos problemas —concluyó la latina antes de levantarse y dirigirse al frente del Café.
—Por lo menos dame una razón —pidió Jade indignada, no había puesto tanto esfuerzo consiguiendo la banda y coordinando el evento para que ahora se lo tiren en la cara.
—El vocalista es el ex novio de Cami y terminaron muy mal su relación.
—¿Bromeas verdad? —preguntó incrédula.
—¡No! Cancélalo y punto. —Tori caminó molesta y desapareció por el portal.
Para Jade esto era completamente frustrante. ¿Qué le importaba a ella que Cami, una simple barista amateur y mesera del lugar, haya terminado de mala manera con su novio?
Esta banda era la mejor opción que el Magic Box tenía de atraer a una gran presencia de gente y ella no la iba a desaprovechar. Cami tendría que aprender a actuar de forma madura y comerse su orgullo.
¿Cuántas veces ella misma había tenido que trabajar con su ex después de uno de sus tantos rompimientos?
"Hay que ser profesional", pensaba mientras se convencía que conservar el acto musical era mejor idea que la de Tori.
Así se cuajó la mentira. Jade se encargó de crear una banda fantasma, enviar un demo falso y preparar una cuenta de email para la comunicación interna con la nueva banda. Su esfuerzo fue impecable, cuando Tori se acercó un par de horas más tarde a comprobar sus avances, quedó completamente convencida.
Jade estaba segura de que al ver el éxito que el negocio tendría la siguiente noche, le perdonarían la mentirilla blanca que acababa de inventar.
¿A qué negocio no le gustan las ventas?
Pero esa mentira la llenó de inconvenientes, tuvo que convencer a The Verge de tocar todo el set acústico para evitar que la banda apareciera hasta cinco minutos antes de que empiece la presentación.
Aparte de eso, ella misma se hizo cargo de todos los preparativos.
—¿Está arreglando ella misma el escenario? —preguntó Julia en voz baja acercándose a Tori por detrás del mostrador.
—Sí —le respondió observándola con inquietud. Esa no es labor de los empleados del local, la banda seleccionada debe acercarse temprano y encargarse personalmente —. ¡Oh!… Y al parecer también hará la prueba de sonido. —Ambas seguían asombradas. Ya se lo aclararía a futuro, era un viernes pesado de trabajo y en ese momento no tenía tiempo de lidiar con todos los detalles técnicos.
La gente empezó a llegar al lugar, que tuvo un lleno completo, pero esto no era algo fuera de lo común para el Café. Era muy visitado por gente del medio y ejecutivos de discográficas que, a lo largo de los años, habían hecho varios descubrimientos de talento.
—Vega, acaba de llamar un tipo de… —Pausó revisando su libreta de apuntes— ¿Café Valdez? Para decir que no lograrán ingresar el pedido hoy —dijo Jade, metida completamente en su personaje. Ella misma había confundido algunas órdenes importantes de uno de los distribuidores, para obligar Tori a salir disparada y solucionar el embrollo justo treinta minutos antes de que inicie la función.
—¡Maldición! ¿Otra vez? Gracias, Jade, ya lo resuelvo.
Cuando vio a la castaña salir por la puerta trasera —acorde a su plan—, supo que había ganado. Tenía la cara llena de orgullo por haber logrado engañar a todos y salirse con la suya.
La banda llegó y después de una rápida introducción al público, tomaron los lugares que ella misma había ordenado en la pequeña tarima.
Los chicos que estaban de turno, estaban estupefactos.
¡¿Qué diablos hacía The Verge en el Magic Box?!
No sabían qué hacer o qué decir; echar a toda la gente del lugar y cancelar el concierto sería una muy mala jugada para la imagen del local. Llamar a Tori no tenía sentido, había tomado un taxi para recoger la orden de Café al otro lado de la ciudad, jamás llegaría a tiempo. Nya aterrizaría en Los Ángeles a la media noche y ninguno de ellos se sentía con la suficiente autoridad para reclamarle algo a la compañera de escuela de su jefe inmediata.
El recital empezó, los músicos eran en realidad impecables y sus canciones fueron coreadas por casi toda la audiencia. El set era corto, apenas tocarían por cuarenta y cinco minutos y, si la gente lo pedía, tenían derecho a una canción más antes de terminar.
Fueron los minutos más largos de toda la semana. Jade estaba nerviosa y evitaba cualquier contacto con el resto de empleados, que la miraban con decepción y enojo.
"Cami ni siquiera está aquí, tiene turno el sábado. ¿Cuál es el lío?", se repetía cada vez que sus ojos se encontraban con uno de los chicos. Tal vez no había sido la mejor idea conservar la banda para la noche de micrófono abierto. Empezaba a sentirse ansiosa y sabía que estaba en problemas. "Va, le miento y digo que la otra banda canceló y ya, ¿no?", cinco minutos más y se acababa la noche.
Tori se encontró con un poco de tráfico para regresar y puso un pie en el Café justo cuando la banda salía del local. Vio al vocalista y supo exactamente que había pasado. ¿Cómo había sido tan ingenua? ¡Es Jade West! Esto es exactamente lo que ella hace, lo que le da la gana.
Entró fúrica al lugar y colándose entre la gente, buscó a la culpable del drama.
—¡Ahí estás! —la nueva empleada no tuvo tiempo ni de reaccionar, Tori la había tomado de la muñeca y comenzó a arrastrarla con fuerza hasta el baño de empleados. Sí, lo más lejos que pudo para aplacar un poco los gritos que estaba a punto de darle.
—¡¿Qué diablos te pasa por la cabeza, Jade?!
—¡Vega, ¿cuál es el problema?! Todo salió perfecto y mucha gente vino a verlos, la presentación fue un éxito.
—¡Te dije que lo cancelaras!
—¡Y me diste una estúpida razón para hacerlo!
—¡Yo no te debo explicaciones, Jade! ¡Soy tu jefe, entiende! ¡Si yo digo que hagas algo, te tragas tu maldito orgullo y lo haces, punto!
—¡Cami ni siquiera está aquí, no entiendo! ¡¿Cuál es el maldito problema?!
—¡El maldito problema es que te di una orden!
—¡¿Orden?!
—¡Sí, orden! ¡Te guste o no, tú eres una empleada más aquí y recibes órdenes!
Jade tenía toda la ira reflejada en el rostro, no sabía qué decir, no podía exclamar palabra alguna. Tori tenía razón y no le gustaba nada.
—Y aquí tienes otra «orden», mañana por la mañana, vienes y te disculpas con Cami.
—¡¿Estás loca, Vega?!
—Al parecer, te olvidas de que quién pone la reglas aquí, no eres tú, Jade. Esta no es la escuela, aquí no puedes venir a empujarme de la silla o verter una taza de café en mi cabeza. ¡Aquí la que manda soy yo! —Dejó en claro mirando fijamente a esos ojos azules—. O te disculpas… o te vas. Eso sí, si no lo haces, ni siquiera pases por aquí para comprar una taza de café. —Tori jaló la puerta con enojo y salió sin regresar a verla.
Jade se quedó el resto de la noche en el baño tratando de relajarse, no faltaba mucho para que el local cerrara, termine su turno y ella pudiera escabullirse para no enfrentar las caras largas de sus compañeros de trabajo.
¿Disculparse? ¿Ella? ¡Jamás!
Le fue difícil dormir. No podía sacarse esas palabras de la cabeza: «¡Yo no te debo explicaciones, Jade. Soy tu jefe, entiende!».
Su jefe, Vega… jefe.
Odiaba ese estatus. «¡Aquí la que manda soy yo!», mucho peor, «la que manda», no tenía salida tenía que olvidarse de su orgullo y conservar el empleo o tragarse su dignidad y trabajar para su padre. No sabía cual de las dos era peor.
—¿Hija? —Su madre no estaba asombrada de verla tan temprano con una una taza de café sentada en el porche de la casa—. ¿Estás bien? —preguntó mientras tomaba asiento a su lado.
Jade negó suavemente y dio otro sorbo a su bebida caliente.
—Cometí un error en el trabajo y ahora debo pedir disculpas a una chica.
—¿Fue algo grave?
—No lo creo, pero tal parece que sí —respondió con una actitud derrotada.
—Cariño…
—No me digas así, ¿quieres? Te lo he pedido mil veces.
Amanda sabía muy bien que su hija no querría dar su brazo a torcer. Su orgullo era algo que había heredado de su padre, ese maldito orgullo que finalmente le puso fin a su matrimonio.
—Jade, si debes disculparte, hazlo y ya.
—¿Y si pienso que tengo la razón y no debo disculparme?
—Claramente no piensas así. —Estas palabras le llamaron la atención y le devolvió una mirada confusa a su madre—. De lo contrario no habrías empezado esta conversación con un: «cometí un error en el trabajo». —Jade regresó la vista al frente y respiró profundamente. Se resistía a darle la razón a su mamá, a obedecer a su jefe, a aceptar que se equivocó.
—En la vida, tienes que aprender a llegar a compromisos con lo que quieres y lo que debes hacer —dijo poniéndose de pie—. Todo tiene un costo, amor. Si este es el tuyo, págalo, discúlpate.
Con esas palabras su madre entró nuevamente a la casa y unos segundos después, Jade tomó sus llaves y manejó hasta la cafetería.
Ya, lo había decidido, se tragaba su orgullo. Todo era mejor que ponerse un uniforme y recibir órdenes de su padre. Si iba a hacerlo de alguien, prefería que fuera de Tori.
Al llegar se encontró con una mujer de aproximadamente treinta y cinco años de cabello negro muy corto y un poco desordenado, de tez trigueña, ojos café oscuros y rasgos faciales muy marcados. Era evidente que era una Vega, su semblante se dejaba notar.
—Tú debes ser Jade —dijo la mujer levantándose del escritorio.
—Nya…, me imagino —respondió la chica con desazón.
—Sí, ven. Siéntate conmigo.
Jade se sentía intimidada, la belleza de la mujer y su postura tan firme y elegante, irradiaba poder. La siguió sin protesta y ambas se acomodaron en el sillón.
—Tori me comentó lo que sucedió anoche y lo que te pidió hacer para conservar tu trabajo —dijo la mujer mirándola fijamente—, pero creo que mi sobrina cometió un error.
La chica se concentró en la mujer, extrañada por su respuesta. El único error, lo había cometido ella al desobedecer a su compañera de escuela. Todos estaban de acuerdo, lo sabía. Se lo habían demostrado sus reacciones durante el recital.
—Si Tori hubiese sido clara contigo, habrías entendido por qué esa banda no puede tocar en este Café.
—Sé que el vocalista es ex novio de Camila, por eso no lo quieren aquí.
—Esa es una parte muy resumida de la situación y te lo explicaré, porque creo que es justo que sepas por qué todos están tan molestos contigo.
Resulta que varios meses atrás Cami había terminado su relación con Mateo, el vocalista de la banda, y como es normal, comenzó a salir con alguien más. Esta persona era otra mujer, lo que provocó una ira irracional en el joven en cuestión.
Una noche varios de los empleados del local fueron de fiesta, esto no era nada inusual para el grupo de chicos que se habían convertido en buenos amigos. Como siempre, caminaban juntos de regreso a sus casas cuando se detuvieron en una tienda de 24 horas. Tori, Theo, Max y Julia entraron a comprar algo de comer mientras Cami y su novia se quedaron afuera fumando un cigarrillo.
Al parecer, Mateo los había estado siguiendo con un par de amigos, estaban borrachos y, cuando vieron que ambas chicas estaban solas, se bajaron del auto para caerles a golpes. La paliza fue tan violenta y escandalosa que el dueño de la tienda se asustó y cerró la puerta sin dejar salir a los demás para ayudarlas.
La policía llegó minutos después, los chicos todavía encerrados adentro de la tienda, para ese entonces, el cantante y los otros muchachos ya se habían esfumado. Cami y su novia fueron a parar en el hospital y les tomó semanas recuperarse del incidente.
Lamentablemente, las cámaras del local, no enfocaban el lugar donde sucedió el incidente y los chicos presentaron una coartada que los exoneró de cualquier delito esa noche, así que la fiscalía retiró los cargos y no tuvieron castigo.
Dado que el Magic Box Café es siempre visitado por gente importante del medio musical, The Verge siempre aplica para tocar en las noches de concierto, sin embargo tenían completamente prohibido ser recibidos en el lugar.
—¿Entiendes ahora, Jade?
—Sí. —Asintió con pena, eso cambiaba todo—. Lo siento.
—Tori debió contarte todo, pero creo que aún se siente culpable, tanto como el resto de chicos que estuvieron ahí esa noche —continuó Nya—. Hablé con Cam, ella entiende que no tenías conocimiento de lo que pasó y no tiene problema con que sigas trabajando aquí. Seguramente, cuando llegues a conocerla mejor, te darás cuenta de que es una joven bastante relajada y dulce.
—Igual, debo disculparme —contestó Jade, había sido un error desobedecer a Tori, se sentía mal, decepcionada de si misma, de no ver más allá de sus narices. Todo el trabajo que se tomó elaborando la mentira perfecta, no tenía sentido, fue la peor idea que pudo ocurrírsele.
—Sería un gesto amable, sobre todo inteligente —mencionó Nya, la mujer no era tonta. Si quería sacar algo de la testaruda compañera de su sobrina, tendría que alabarla un poco—. A la larga Tori es tu jefe y Cami es como su hermana, por más paciencia que mi sobrina tenga, por su familia, ella es capaz de sacar las garras.
Jade estaba de acuerdo, no solo era lo más inteligente, era lo correcto y aunque le costaba dejar su orgullo a un lado, sabía que era algo que tenía que hacer. En ese momento Camila entraba con varios de los chicos para comenzar su turno y sin esperar más. Se levantó y con seguridad se acercó a pedirle unas sinceras disculpas.
¿Pueden imaginarlo? Jade West pidiendo disculpas, ¡eso jamás!… ¿Verdad?
Nota de autor:
Y bueno, este capítulo quería subirlo el miércoles, pero adivinen a quién se le complicó escribir porque tiene como tres fics completamente distintos en la cabeza. En fin, espero que no se hayan aburrido mucho, si lo hicieron pueden dejarme un ":o" (bostezo) si les gustó un ":)" y sino, unas palabras nunca duelen.
Gracias por leer y hasta pronto. Adior.
