De repente la morena reaccionó. Se giro y podía verse una desesperación en sus ojos que la sorprendió. Lo último que supo fue que las posiciones se invirtieron y había una lengua que acariciaba la suya y buscaba envolverla. Unas manos descendieron hacia sus pechos y los tomaron con posesividad. El beso se rompió y unos ojos marrones penetrantes le dijeron "míos".

Su cabeza no sabía ya que procesar, si el lenguaje corporal implícito de la morena o lo que su cuerpo sentía. La sensación de fuego sobre su piel o la electricidad que quemaba su columna era demasiado. Se dejó hacer, ahora entendía la primera reacción de la morena hace rato.

Rachel sin más empezó a besar todo lo que sus labios podían tocar. Notó como con desesperación la rubia se sacaba su ropa interior y buscaba algún tipo de roce entre sus pelvis. La entendía, la conocía, estaba a punto, estaba necesitada.

La ayudo a desnudarse y fue directo con sus dedos a tocar esa vagina. Decir que sus dedos se sentían como en casa otra vez era demasiado, pero si, era verdad. Descendió hasta que su mirada estaba fija en lo que hacía y la penetró profundamente, se estremeció a la par de su compañera y fue inevitable serrar los ojos para solo concentrarse en esa calidez.

Sabía que hacer y se dejó llevar, no podía quitar la vista de sus dedos entrando y saliendo. Todo era tan húmedo, tan perfecto.

Recordó por un instante una de esas noches compartidas en donde la pasión rayaba el límite del descontrol y con una sonrisa pervertida decidió que su pulgar descendería un poco más a hacer presión sobre ese esfínter que tanto interés despertaba en Quinn.

Grande fue la sorpresa de la rubia y busco alejarse pero era demasiado intenso y un poco tarde, reaccionó a que su orgasmo la estaba alcanzando y mirando directa y profundamente a esos ojos marones se rindió. Ella si jadeo, gritó un profundo Fuuuck! Y se desmayó por unos instantes.

La estimulación en su vagina no había terminado, el placer la trajo de vuelta a la realidad y aunque estaba muy sensible, no tenía intensión de frenarla.

Cuando por fin abrió sus ojos otros la miraban directamente y escucho que le decían: - ¡esta vez me miraras a la cara!

Ahí estaba, un rastro de la mujer que un día amo con locura. Mirarla cuando le hacía el amor era tan importante para ella casi como respirar. No se negó y clavó sus ojos en ella, también envolvió sus brazos en su espalda y con sus piernas abrazo sus caderas. Como hace unos instantes quería que el cuerpo encima suyo se fundiera con el suyo.

El agarre de la morena también se intensificó, pasó su brazo por debajo de la rubia y la atrajo hacia sí, también empezó a penetrarla con un ritmo más rápido y acompañaba las embestidas con empujes de su pelvis. Necesitaba un poco de fricción que la aliviara.

No había pensamientos, no había nada más, solo ellas dos rendidas a la pasión y al cuerpo de la otra. Los besos eran profundos, húmedos, dolorosos, asfixiantes. No había caricias, solo piel con piel que empezaba a resbalarse por la transpiración que empezaba a aparecer.

La estreches de la rubia aumentaba y también el ritmo con que su pareja la penetraba. No quería terminar, no todavía, tenía miedo de perder esa conexión que estaban viviendo. Como pudo se soltó de la espalda de la morena y bajo su mano a tocar la vagina de la otra. Sin vueltas la penetro e igualo el ritmo con que a ella la penetraban. Sentir esa humedad la volvió loca y peor aún la descolocó el gemido que salió de esa boca. Eso era lo que más extrañaba, eso era lo que la llevó al orgasmo en un instante. Fue el orgasmo más fuerte desde hacía un tiempo, mucho tiempo.

Su cuerpo se estremeció sentía que de a poco perdía la conciencia pero reconoció como su mano era aprisionada y el vaivén en sus dedos continuaba, sintió una estreches impresionante y se esforzó por mantenerse consiente aunque sea por unos instantes más, necesitaba sentir ese: - ohhhh! Fuuuuck! Que acompañaba el apretón en sus dedos.

Ya estaba, ya podía rendirse a Morfeo o al dios que regula los después de cada orgasmo.

No sabía cuánto tiempo había pasado hasta que volvió a despertar. Cuando había llegado ya era de noche y podía ver por una puerta de vidrio que seguía siéndolo así que se giró y busco a Rachel que estaba tendida en la cama, apenas tapada con la sabana y de espalda a ella. Se acercó y con un dedo comenzó a recorrer esa piel. Se dio cuenta que con el primer toque se logró una reacción y entendió que la morena no estaba dormida, solo aparentaba.

Se acercó hasta su oído y le susurró: - vallamos a comer algo, muéstrame tu nueva casa- no recibió respuesta sólo un pequeño – mmmmmm - cargado de dudas.

-Dale, no seas mala anfitriona, sabes que no podemos solo salir a cenar afuera a los ojos del mundo, sabes que después de lo que hicimos estoy hambrienta-

La morena se giró y mirándola le dijo: -tengo miedo que todo se complique, que hablemos de más y terminemos peleando como la última vez, sabes que es mejor así, esta es nuestra forma de comunicarnos, con orgasmos, sin palabras.

-Tampoco quiero que sea como la última vez pero tenemos que hacerlo Rachel, tenemos que sentarnos y hablar de nuestras vidas, no somos solo animales que se aparean por deporte.

Pasaron unos largos segundos solo mirándose hasta que la morena por fin habló:

-Está bien, tienes razón pero… solo 3 preguntas ¿bueno? Nada más que 3 y solo 3. ¿Está bien?

-Mmmmm… está bien, pero sin ropas, como en los viejos tiempos, como siempre.

Pudo ver la vacilación en el rostro de la morena, no era como siempre, no como antes, ahora era distinto "supuestamente".

-Está bien… sin ropas, sígueme que te muestro la casa…