Quería comunicar aquí que como dice en el título de la historia esto es una ADAPTACIÓN de el libro de Jess Dee por lo que nada en la historia me pertenece y lo hago solo por entretenimiento y es totalmente sin fines de lucro.
Los personajes del hermoso anime/manga de Naruto tampoco me pertenecen si no que a su creador Masashi Kishimoto.
Sin más disfruten de la historia.
Sinopsis:
Cuando un codiciado espacio a la venta se abre en Rose Bay, Sakura Haruno y sus hermanas no pierden el tiempo tomando el lugar perfecto para reubicar su creciente librería de niños. Pero cuando Sakura llega a firmar en la línea de puntos, descubre que alguien llegó primero.
Peor aún, el nuevo inquilino está sacudiendo las manos con un hombre que no es sin duda el anciano Madara Uchiha con quien ella hizo un acuerdo verbal hace tres días. Este es un hombre alto, corpulento, gigante y ninguna cantidad de justa indignación puede enmascarar la respuesta sexual de todos los huesos de su cuerpo.
Itachi nunca planeó hacerse cargo de la empresa familiar, es maestro, no un hombre de negocios. Pero con su abuelo en el hospital, ha tomado las riendas y condujo directamente al problema. Ahora se enfrenta a un grave error, y una hermosa mujer guerrera amazónica está exigiendo satisfacción.
Le encantaría dárselo, pero su idea de satisfacción no tiene nada que ver con los negocios, y todo que ver con conseguir a la diosa con curvas desnuda. Cuanto antes, mejor...
Sakura dio un paso atrás con un jadeo. —Oh, Dios mío —Sus hombros cayeron y su mano cubrió su boca—. ¿Está bien?
—No, señorita Haruno —Por alguna razón, Itachi no pudo contener su sarcasmo—. Tuvo un paro cardíaco. Por supuesto que no está bien.
—L-lo siento. No tenía idea. —La mirada en sus ojos cambió de furiosa a angustiada, y fue esa angustia la que destrozó a Itachi.
Él había estado corriendo en piloto automático desde que su padre lo había llamado ayer.
Madara había sufrido dolor de pecho y había ido al hospital, ante la insistencia de su padre. El viejo hombre trató de argumentar que ese pequeño dolor de pecho no iba a matarlo, pero su padre se había negado a escuchar. Gracias a Dios, porque la molestia en su pecho había sido, de hecho, un completo infarto miocardio y si su padre no hubiera estado en la sala de emergencias, lo hubiera matado.
Así que su abuelo había sido programado para un triple bypass en ocho semanas desde ahora.
El propio corazón de Itachi balbuceó entonces. Él no había reaccionado la noche anterior. No había tenido tiempo. Había estado tan ocupado ordenando los archivos y carpetas en la oficina, tratando de averiguar qué demonios necesitaba ser hecho.
Si hubiera podido, habría pasado la noche junto a la cama de su abuelo. Pero la angustia de Madara se duplicaba cuando pensaba en su negocio. Así que con el miedo de que el hombre sufriera otro infarto, Itachi le calmó de la mejor manera posible. Había tomado las riendas y no había un minuto para pensar desde entonces.
Pero ahora lo hizo. De repente no podía no pensar en lo que le había pasado a Madara. No podía pensar en otra cosa.
Cristo. Él casi perdió a su abuelo.
Casi perdía al hombre que había visto su vida entera. El mismo hombre que le enseñó a jugar rugby cuando su padre había estado muy ocupado. El hombre que le dio el coraje para seguir a su corazón y convertirse en maestro cuando sus padres lo habían urgido a estudiar leyes o contabilidad o manejo de empresas.
Su abuelo. El hombre con el que pasaba los fines de semana cuando era joven, pescando y caminando. Aprendiendo el respeto por las increíbles actividades al aire libre que sus padres nunca le habían inculcado. Un hombre al que amaba más que a sus propios padres, un hombre que lo había criado a él y a su hermano, Sasuke, más de lo que sus padres habían hecho.
Mierda. El abuelo casi murió.
Alguien lo llamó por su nombre. Él lo escuchó, pero su mente estaba enfocada totalmente y absolutamente en su abuelo, que yacía en una gran cama de hospital, sus mejillas usualmente sonrojadas y filosos ojos, pálido y aburrido contra la rigidez de las sábanas blancas.
Su estómago dio un vuelco. Su abuelo no estaba solo enfermo. Estaba críticamente enfermo. Si no tenía la cirugía de bypass, su corazón podía rendirse en cualquier momento, podía rendirse permanentemente ante una arteria bloqueada.
Unas manos tocaron su brazo, sacudieron su hombro, pero él aún no respondía. No podía. Una escena se reproducía en su cabeza como una película. Él y su abuelo en su bote para pescar, cañas en la mano y algo poderosamente atrapado al final de su línea. La mano de Madara le ayudaba con el carrete contra un gran pargo. Demasiado grande para que un niño de nueve años lo sacara solo. El abuelo le había ayudado en cada paso del camino sin quitarle nunca la gloria. Y cuando el pescado había sido atrapado y el bote había regresado al muelle, Madara le había enseñado como destriparlo, y juntos habían asado al gran pez para toda la familia.
El estómago de Itachi se apretó. ¿Tendrían él y el abuelo otra oportunidad de pescar? ¿Saldrían en su bote otra vez? Últimamente, Itachi había sido el que ayudaba a Pop con los carretes, pero ninguno de ellos se había quejado. No era por la pesca. Era por pasar tiempo juntos. Siempre lo había sido.
—¿Señor Uchiha? —La mano estaba en su brazo otra vez. Un toque fuerte. Gentil pero firme—. ¿Itachi?
Él parpadeó y se encontró a si mismo cara a cara con Sakura Haruno. Sus ojos verdes estaban llenos de preocupación, su mirada buscando la suya.
—¿Estás bien?
Él no respondió, solo miró sus hermosos ojos y se preguntaba qué haría si perdiera a su abuelo.
—Creo que estás en shock. —Su mano se deslizaba sobre su cara, suave, tibia y reconfortante—. Estás frio como hielo.
Él casi se reía de ella. Poooooor favor. Los hombres maduros no entraban en shock. Tomaban pequeños golpes de la vida con los hombros rectos y una postura orgullosa.
Pero entonces, perder a su abuelo no sería solo un pequeño golpe.
—Necesitas calentarte de alguna manera. —Su mano desapareció, dejando a Itachi extrañamente despojado por su ausencia. Luego sus hombros estaban cubiertos con un peso ligero y su exquisita fragancia lo rodeó, intoxicándolo.
Él la miró, dándose cuenta de su cuello desnudo por primera vez, y se preguntó cómo respondería ella si le diera el más pequeño de los besos a la piel expuesta. Parpadeó. Minutos antes ella había estado usando una bufanda. Una larga que estaba enredada alrededor de su cuello y que dejaba las puntas colgando sobre sus pechos. Ahora se había ido. Lo que explicaba sus hombros envueltos en suaves plumas calientes.
—No está funcionando —Ella sonó preocupada—. Quédate aquí, estaré de vuelta pronto.
Y entonces la escultural señorita Haruno se fue, dejando a Itachi a solas con sus pensamientos y sus miedos.
Él bajó hasta el piso y se frotó una mano agotada por su rostro. Demonios. No quería estar solo. No quería enfrentar lo que había evadido tan estoicamente desde que el teléfono había sonado. Sería mucho más fácil olvidar la vida real. Negar que su abuelo tuviera un problema. Tal vez, si se perdía en el sutil aroma de las rosas, el no tan sutil aumento de senos y la cremosa piel blanca, él podría olvidar el trauma de la noche anterior.
Largos momentos pasaron y ahí estaba Sakura otra vez, en cuclillas frente a él, presionando un vaso de papel en su mano. Él lo tomó, y casi sonrió ante sus intentos de cuidar de él cuando ella puso su mano alrededor de la taza también, poniendo sus dedos sobre los de él, asegurándose de que no lo tirara. Luego ella guió sus manos hacia su boca, como si él fuera incapaz.
—Bebe —insistió ella—. Es té, con mucha azúcar. Te mantendrá tibio y ayudará con el shock.
Él frunció el ceño con desdén. —No estoy en shock. Los hombres no entran en shock.
Su gesto al responder mostró exactamente cuánto le creía. —Sí, está bien. Bebe el té de todos modos. —Ella inclinó la mano.
Caliente y cremoso líquido se derramó en su boca. Caliente y muy dulce. Para alguien que tomaba sus bebidas sin azúcar, el sabor casi le hizo vomitar. Pero denle crédito a la mujer, el té se deslizó por su garganta y aterrizó en un charco caliente en su estómago, y cuando Sakura inclinó la taza por segunda vez, tomó otro sorbo y luego un tercero sin discutir.
Tres tragos era todo lo que podía soportar. La siguiente vez que ella intentó alimentarlo, él sacudió la cabeza y bajó la taza y su mano. — Gracias. Eso es suficiente.
Ella lo miró con incredulidad.
—Honestamente, no necesito más. Estoy bien. —Otra vez, se dio cuenta de la bufanda alrededor de sus hombros llenando su cabeza con su perfume seductor.
Él puso la taza en el piso, quitando sus dedos de ella así podía equilibrarse.
Sakura sacudió su cabeza. —Estás blanco como una sábana y frío como un helado. No respondiste una vez cuando dije tu nombre y apenas notas cuando te sacudo.
—Reacción retardada es todo —aseguró—. Estoy bien —Y lo sentía. Sentía… Calma otra vez. Tal vez el té había ayudado. Aunque sospechaba que fue la señorita Haruno quien había calmado sus preocupaciones, no la bebida caliente.
—Tú, mi amigo, no estás bien. Estás en shock. —Ella le disparó una mirada que lo retaba a estar en desacuerdo, y la paciencia y amabilidad en sus ojos le quitaron la respiración.
Él tuvo una repentina y desesperada urgencia de besarla.
Casi se rió en voz alta. Sí, claro. No era momento para un beso. Su abuelo estaba en el hospital, acaba de joder un contrato de arrendamiento, y ella estaba amenazándolo con el infierno y con tomar acciones legales.
Sus pensamientos se pusieron serios. Tal vez la mujer tenía razón, tal vez él había experimentado un efecto de shock retardado.
—¿Quieres hablar de eso? —Su voz era gentil, nada como la ira quemadora que había recibido antes, cuando amenazó con llamar a su abogado.
Él se encojó, recuperándose. Si, su abuelo estaba mal. Pero él podía lidiar con eso. No tenía opción. —No hay nada de qué hablar. Él tuvo un ataque al corazón. Está en el hospital. Lo están cuidando. Fin de la historia. —No le hacía ningún bien dejarse atrapar por la severidad de la situación otra vez. De ninguna manera él podría pensar claro estando enfocado en el trauma.
—Esa es una historia corta. Especialmente para un hombre hospitalizado por un infarto. Esperaba algo… Un poco más largo. Un poco más serio.
—No estoy seguro si mi abuelo apreciaría que hable de él contigo.
Ella se alejó y sostuvo sus manos abiertas, sus palmas hacia él. —Tienes razón. No es mi asunto.
Él mentalmente se golpeó, sintiéndose como un idiota bloqueándola cuando ella no había hecho nada más que ayudar.
Sakura se levantó, estirándose de sus rodillas a su total impresionante altura. —Sospecho que necesitas un poco de tiempo fuera. Así que te dejaré solo. El té esta junto a ti si cambias de idea acerca de querer más, lo que espero que hagas.
Itachi buscó algo que decir y salió con nada.
Ella buscó en su bolsa de mano y sacó una tarjeta de negocios, sosteniéndola hacia él. —Pasaré por tu oficina mañana en la mañana. ¿A las 11 está bien? Podemos continuar nuestra discusión ahí. —Ella vaciló, probablemente dándole la oportunidad de fijar la reunión o tal vez una nueva cita.
Él no lo hizo, porque no tenía idea de cuál era su agenda para mañana. Tan duro como había buscado, aún tenía que encontrar el diario de Madara. Tal vez si lo hubiera encontrado la noche anterior habría sabido de la reunión con la señorita Haruno.
—Mi número está en la tarjeta si me necesitas antes. Pero eso debería darte algún tiempo de recuperación, y un tiempo para control de daños. —Ella asintió hacia el piso—. Tomate el té. Lo quieras o no, te hará sentir mejor.
—¡Espera! —No era sorprendente que él la llamara. Su mente se había aclarado. Estaba concentrado ahora. Sakura se giró para mirarlo.
Él simplemente no quería que ella se alejara de él. No sin agradecerle por su amabilidad. O sin disculparse por joder el último acuerdo. Él extendió su brazo hacia ella. —¿Puedes darme una mano?
Confusión llenó sus ojos, pero ella parpadeó y se acercó. —Claro. —Ella lo alcanzó y tomó su mano con la suya.
Al segundo en que sus manos se tocaron, una descarga de energía lo golpeó en el estómago, e Itachi supo que cualquier buena intensión se había ido al infierno. Él sabía que debería de usar su sentido común, sabía que necesitaba mantener las cosas profesionales. Pero maldición, su toque quemó un agujero sobre su piel, su perfume jugó Havoc con sus pelotas y ella miró sus manos con ojos gigantes, como si también hubiera experimentado la descarga eléctrica.
Usando su peso y posición como palanca, él jaló duro su brazo, y en vez de empujarse hacia arriba, la tiró al piso.
Ella cayó con un grito de sorpresa.
Él la atrapó, rompiendo su caída con su cuerpo. Debió haber tomado a consideración su talla antes de actuar tan impulsivamente. Pero no lo había hecho, y su peso lo derribó.
Itachi aterrizó en su espalda, atrapándola en sus brazos, asegurándose de que ella no tenía ningún daño.
No había intentado aterrizar así, tan cerca. Sólo había esperado…
¿Qué? ¿Llenar sus brazos con la señorita Haruno como se había sentido obligado a hacer desde que ella había entrado por la puerta?
Pero ahora que ella yacía sobre él, sus curvas presionando contra su cuerpo, el sentido común lo eludió. La lógica dejó la tienda.
Su cara se puso roja y una expresión de horror, o tal vez pena, cruzó por su rostro. Antes de que ella tuviera un minuto para recuperar la respiración, él presionó su mano en su nuca, la empujó y la besó.
El shock mantuvo a Sakura inmóvil. Había caído sobre Itachi Uchiha, le había quitado la respiración, humillándose a sí misma tanto que sus mejillas quemaban como el demonio, y ahora el hombre al que casi aplastaba con su considerable peso la estaba besando.
Moldeando sus labios a los de ella, sumiendo su húmeda lengua en su boca, probándola, haciendo de ella un banquete.
Santo Dios, no estaba solo besándola, le estaba haciendo el amor a su boca. Seduciéndola con su experiencia, destruyendo sus labios y causando estragos en sus sentidos.
Él la rodeaba. Con sus brazos enredados en su espalda, sus labios presionando su boca y su masivo y solido cuerpo colisionando con el suyo, estaba eclipsada por él. Nunca antes un hombre la había hecho sentir… pequeña. O frágil. Pero en su abrazo se sentía pequeña. Y femenina. Y torpe como todo el infierno.
Oh, Dios, en vez de jalarlo y darle una mano de apoyo, había caído encima de él. En vez de ofrecerle consuelo acerca de su abuelo, casi lo noqueaba inconscientemente.
Intentó contener su mortificación, recordándose que el hombre estaba en shock, pero resultó imposible. ¿Cómo podía concentrarse en lo negativo cuando su sabor la abrumaba y su esencia le hacía cosas graciosas a su estómago?
Olía como un hombre debe oler. A selva, como el gran aire libre, pero también...
Ella inhaló, recogiendo su aroma. Sexy. No podía poner en palabras lo que le hacía querer romper la camisa fuera de su cuerpo y permitir a sus manos vagar libremente sobre su enorme pecho, sólo sabía que olía embriagador.
A pesar de que la sensación de ebriedad podría ser resultado de su beso. De la forma en la que su boca saqueó la suya, tomando todo lo que pudo y devolviendo cien veces más.
No había nada de calma o suavidad en el beso. Trataba de saquear, poseer y devorar. No podía hacer nada más que permitirle acceso libre. Y tal vez devolverle el beso. Sólo un poco.
De acuerdo, mucho. Tal vez le devolvió el beso igual de vorazmente mientras la besaba.
Maldición. Besó al hombre que había alquilado su local a otra persona. El mismo hombre con el que debería estar furiosa como el infierno. ¿Dónde estaban sus prioridades? Tenía que levantarse e irse. Al menos hasta que Itachi tuviera tiempo de arreglárselas con la enfermedad de su abuelo y trabajar en una solución al problema de arrendamiento.
Pero no podía motivar a su cuerpo a irse. No podía forzarse a levantarse y lejos de él.
No podría ni siquiera detener sus manos mientras se arrastraban por sus costados, amoldándose a la forma de sus músculos, absorbiendo su calor.
¿Había pensado que estaba frío hace apenas unos pocos minutos? Ahora quemó bajo sus manos. Calor radiando desde el cuerpo, chamuscando sus palmas. Eso era algo bueno, ¿verdad? Debe significar que se estaba reponiendo de su sorpresa.
Sakura tiró de su camisa, jalando los faldones fuera de los pantalones, dejando que sus manos se deslizaran por debajo del algodón.
Mierda. Carne masculina caliente y tensa sobre músculos ondulados.
Se sentía tan malditamente bien, un gemido de satisfacción escapó de su garganta. Itachi la besó con más fuerza, más a fondo, y Sakura no podía conseguir suficiente del calor húmedo de su boca.
El brazo alrededor de su espalda se tensó, acercándola más. Se movió, enderezando sus piernas para que Sakura yaciera encima de él. Sus caderas presionaron las de él, sus pechos aplastados contra ese pecho sólido.
Un gemido bajo de apreciación vibró a través de sus labios mientras se molía contra ella, revelando una impresionante erección.
La cabeza de Sakura giró.
El hombre estaba duro. Excitado. Guau.
Ningún hombre había actuado con tal abandono erótico a su alrededor. Ningún hombre la había besado como si su vida dependiera de ello. Como si el sabor de sus labios fuese suficiente para enviar su temperatura a lo alto, o la sensación de su cuerpo contra el suyo lo hiciera gemir de agonía por el éxtasis.
Sakura no se hacía falsas ilusiones. Nunca sería una de esas hermosas mujeres, de tipo modelo que tenían a los hombres cayendo a sus pies. Era la grande, torpe, muchacha con sobrepeso de al lado que... Bueno, que caía a los pies de los hombres al parecer. Al tratar de ayudarlos.
¿Tal vez el golpe había confundido su cerebro? ¿Tal vez su dolor le había dejado sacudido y vulnerable, y su instinto era llegar a quien estaba cerca en ese momento?
Ella.
Eso explicaría la forma en que la sostenía con tanta fuerza, la forma en que su boca parecía reacia a liberar la de ella. También explicaría el gemido febril que retumbó en su pecho, vibrando contra su pecho y haciendo a su coño apretarse con entusiasmo.
No explicaba la erección. No explicaba por qué él mecía sus caderas, frotando su polla sobre un punto tan dulce que, si Sakura no hubiera estado usando pantalones, habría sido arrojada a un orgasmo en espiral.
Oh, Dios.
No parecía importar si estaba vestida o no. No importaba que ambos estuvieran totalmente vestidos. La presión contra su clítoris, tan inesperada, tan intensa, era suficiente para crear la sensación de que podría enviarla al límite en cualquier momento.
Meciéndose salvaje a cambio ayudó a que no importara en absoluto. Sin ser consciente de las acciones de su cuerpo, se encontró moliéndose hacia abajo sobre su erección, las rodillas a ambos lados de sus piernas, encontrando cada impulso seductor de sus caderas con un giro propio.
Ya no se centraba en sus inhibiciones. Ni siquiera podía pensar en ellas. A medida que la presión y la sensación se construían, y su lengua acarició la de ella, le clavó los dedos en los costados, buscando conseguir su dura carne.
Sakura se iba a venir. Llegaba al orgasmo, encima del Sr. Uchiha en el mismo taller que había alquilado a otra persona.
Con una última reserva de energía, Sakura arrancó su cabeza lejos, rompiendo el beso que la mantuvo cautiva en sus brazos. Trató de retirarse lejos de él, girando a un lado, pero él la abrazó con fuerza, aun mientras la miraba fijamente con los ojos empañados de pasión.
—Tranquila, señorita Haruno. Inclínese a ese lado, y es muy probable que choque con una taza de té.
Sus tranquilas y prácticas palabras estaban en desacuerdo con su oscura mirada sexy, Sakura se quedó inmóvil a la mitad del giro. Y luego tuvo que tragarse un gemido, mientras la posición presionaba su clítoris firmemente contra su erección, casi haciéndole ver las estrellas.
—P-por favor. Déjame ir. —Trató de desmontarse por el otro lado.
La calidad de su voz sin aliento la avergonzaba. Aunque qué parte de su conducta causaba la mayor vergüenza, no estaba segura. ¿Fue el hecho de que la última cosa que quería hacer era trepar fuera de él? Estaba cerca, tan condenadamente cerca de llegar, que incluso estremecerse quizá podría enviarla sobre el borde.
¿O era el hecho de que se había caído sobre él, como un hipopótamo gigante, sin ritmo ni gracia, ni siquiera un leve intento de enderezarse?
¿O era el hecho de que había caído en su beso tan descarada y desenfrenadamente que dejó ir sus inhibiciones sin recordar siquiera si tenía alguna?
O tal vez, sólo tal vez, se había horrorizado a sí misma, hundiéndose de cabeza en un beso y yendo a tientas con un hombre abrumado por el estrés y la preocupación. Tal vez se horrorizó de sí misma por tomar ventaja de un hombre tan obviamente sacudido por la mala salud de un familiar.
Una combinación de todo lo anterior. Sin duda. Y eso ni siquiera comienza a centrarse en sus razones para estar aquí en el primer lugar. La mujer profesional buscando alquilar una tienda del gerente inmobiliario.
Sin embargo, una parte de ella, una gran parte, quería sumergirse y besarlo nuevamente.
Sus brazos se aflojaron a su alrededor, dándole la oportunidad de salir de él, como quería. Así que, ¿por qué dudaba?
Como si sintiera que quizá estaba dudando entre dos pensamientos, él sacudió sus caderas una vez más. Sakura saltó lejos de él con un grito que no pudo reprimir. Cayó de rodillas junto a él, con toda su habitual falta de gracia y finura, una masa palpitante de hormonas femeninas loca y con el culo al aire.
¿Había alguna manera de que pudiera humillarse más con este hombre?
Empujando hacia arriba a una posición de pie, y sabiendo que su rostro estaba teñido de rojo, probablemente permanentemente, hizo todo lo posible para disculparse, palmeando hacia abajo su camisa al mismo tiempo.
—Y-yo lo siento mucho. Caerme sobre ti de esa manera. No tengo idea de lo que pasó, además de que soy más torpe que un bebé elefante, y probablemente no debería haberle ofrecido la mano en primer lugar. ¿T-te he hecho daño?
Apoyó los antebrazos en el suelo y apoyó su peso sobre ellos, mirándola, perplejo. —¿Hacerme daño?
Mierda, esto era insoportable. —Uh, sí. Ya sabes, cuando aterricé sobre ti. —Sí, él era grande. Enorme. Sin embargo, ella no era ligera. Podría haberle causado un daño grave.
—¿Me veo herido?
Escaneó su cuerpo. Se miraba positivamente delicioso, aunque su camisa era un desastre arrugada y sus pantalones no hicieron nada para ocultar la gloriosa erección que había presionado contra ella tan seductoramente. Su mirada como que se atascó en ella y no seguía adelante.
—Te hice a un lado, señorita Haruno. No caíste sobre mí.
Ruborizándose, incluso más que antes, lanzó su mirada hacia él.
Sólo dijo eso para hacer que se sienta mejor.
—¿Y para que conste? Eres bienvenida a aterrizar en mí en cualquier momento. —Cerró los ojos y se desplazó a la posición de sentado, luego gimió e inmediatamente cambió de nuevo—. ¿Pero tal vez la próxima vez, no tendrás tanta prisa por levantarte?
Sin palabras, avergonzada y más que un poco excitada, Sakura buscó una respuesta adecuada y no encontró ninguna. Sólo sabía que tenía que salir de allí. Obtener un poco de espacio, un poco de aire y recuperar la compostura. De ninguna manera podía comportarse de la forma que corresponde a un profesional ahora. Si no tenía cuidado, arrojaría la precaución al viento y se lanzaría a sí misma sobre el hombre que ahora está sentado en el suelo.
Podría romper su cuello en el proceso, pero por lo menos estaría de vuelta en sus brazos, una idea que encontró anhelaba mucho. Bueno prácticamente babeaba ante la idea de estar en sus brazos de nuevo. Tocada por él. Besada —Yo… er, me tengo que ir —murmuró.
No, no tenía. Había puesto a un lado todo por la mañana para completar esta reunión. Ni Rin ni Karin estaban esperando su regreso a Li'l Books and Bits en un corto plazo. Pero no podía permanecer aquí un segundo más. No si quería preservar su último gramo de orgullo.
—¿Irte? —preguntó él.
—Volver a mi tienda. Hacer un poco de trabajo. Y, eh, probablemente deberías irte también. Ir a visitar a tu abuelo. Sospecho tienes que verlo, por su bien y por el tuyo.
—¿Qué pasa con tu contrato de alquiler?
Asintió. Buena pregunta, ¿Qué pasa con eso? —Como he dicho, voy a ir a tu oficina mañana por la mañana. Podemos arreglar todo entonces. Te dará una oportunidad de cancelar el acuerdo con el hombre que acaba de firmar.
Mucho más fácil hablar sobre el contrato de arrendamiento que del beso escandaloso que acababan de compartir. Es curioso cómo podía obsesionarse con eso internamente, reviviendo cada segundo de él mientras mira al M.G., pero sin permitir que una sola palabra cruce sus labios que le pueda dar la impresión de que le había dado más vueltas. Contaba con que estaría dándole infinitas vueltas todo el camino de regreso a la tienda y hasta bien entrado el almuerzo. Y la cena. Y el desayuno de la mañana siguiente.
Sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa perpleja —¿Solamente vas a ignorar ese beso? ¿Hacer de cuenta que no sucedió?
Lo miró fijamente, sin habla.
—¿Vas a fingir que no estoy sentado aquí, en mi culo, con una enorme erección?
Se mordió el labio, sin querer contestar a eso. —Eso es exactamente lo que voy a hacer. Voy a fingir que los últimos cinco minutos no tuvieron lugar. Estás conmocionado por tu abuelo, estoy furiosa por el contrato de arrendamiento, y debería ser necesario involucrar a nuestros abogados en la situación, un beso y una… uh, erección, no van a mantenernos a ninguno en un buen lugar.
—Ah, ¿así que lo mantenemos profesional? —Él entrecerró los ojos—. Ignorar el hecho de que ambos casi llegamos al clímax, completamente vestidos, aquí en el piso. Ignorar la química que me está diciendo que te arrastre a mis brazos una vez más, a pesar del hecho de que estás actuando como si no ocurriera.
Se limpió las manos en los pantalones, consciente de que sus palmas estaban húmedas de los nervios. O de la excitación. —Deberíamos haberlo mantenido profesional todo el tiempo. No lo hicimos. Esta es la única manera que conozco para rectificar la situación. Hacer de cuenta que no tuvo lugar.
La mitad de su boca se arrugó en una mueca. La mitad que dejaba ver su hoyuelo, y otra vez Sakura sintió la necesidad de explorarlo, con la lengua. —Supongo que debería estar agradecido de que no estás negando la química.
¿Cómo iba a negarlo? Lo que sea que había entre ellos no era sólo química, era altamente explosivo. —Le veré mañana, Sr. Uchiha. En las oficinas de su abuelo.
Él la contempló en silencio durante un largo rato antes de dar una risa sin humor. —¿Sabe dónde están las oficinas?
—Sí. Su abuelo me dio la dirección.
—Entonces supongo que te veré mañana.
Asintió. —Once en punto.
—Debería saber algo, señorita Haruno.
Ella levantó una ceja cuestionando.
—Esto no ha terminado entre nosotros. Usted puede negar lo que acaba de suceder. Yo no puedo.
