Disclaimer: Ninguno de los títulos o personajes aquí mencionados me pertenecen. Son propiedad intelectual y creativa de sus respectivos autores. No gano ni un mendigo galeón por esto.

Películas: El origen de los Guardianes (Rise of the Guardians). Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon). Valiente (Brave). Enredados (Tangled). Los Croods (The Croods). Hotel Transilvania. ParaNorman. El Reino Secreto (Epic).

Disfruten el capítulo.


Capítulo Uno

Padres y Madres


"El destino es algo extraño, nunca se sabe cómo van a resultar las cosas, pero si mantienes tu mente y corazón abiertos, te prometo que encontrarás tu propio destino algún día".

—Iroh, Avatar: La Leyenda de Aang.


Las vacaciones de verano estaban por finalizar. En Berkshire, los niños aprovechaban de los últimos días jugando futbol, a las escondidas u otro juego en los patios del complejo de departamentos de las empresas Haddock. Si su padre estuviera, habría insistido en que saliera a jugar a pesar de que nadie quisiera juntarse con él. Afortunadamente, Stoick lo había ignorado todo el tiempo (que significaba no tener que asistir a ninguna reunión tediosa, ni tener que jugar con niños que lo odiaban o convivir con Snotlout y su tío Spitelout). Era obvio que aún no aceptaba que era un mago, algo muy extraño considerando que su primo también lo era y Spitelout no había dudado en presumirlo a su padre cada vez que lo veía.

Hiccup había descubierto que la indiferencia de su padre era peor que nunca haber podido cumplir sus expectativas.

Y lo peor era que Snotlout adoraba restregarle en la cara que Spitelout sí estaba orgulloso que fuese un mago, a pesar de sus malas calificaciones y los constantes reportes de mala conducta. El consuelo de Hiccup era ése, saber que era un mago más talentoso que Snotlout. Además, tenía buenos amigos. Si no quería pasar todo el tiempo encerrado en su departamento, podía ir al de Fishlegs, donde la señora Ingerman le daría una limonada y un montón de pasteles de limón. La familia de Fishlegs no era tan cerrada e insoportable como la de Hiccup. También estaban las cartas que se escribía regularmente con Heather y Guy.

Heather estaba de vacaciones en Australia con su padre y hermana. Guy vivía en Italia, en una gran villa donde se cultivaban cereales, papas, aceitunas y uvas. Guy había perdido a sus padres cuando tenía siete años, y un tutor había tenido que prepararlo para hacerse cargo de la herencia que le dejaron. Había escrito una carta a Minerva McGonagall para arreglar su inscripción a Hogwarts, pues no había querido ir a Beauxbatons como se hubiera esperado. McGonagall lo había arreglado su inscripción al colegio al que había asistido su madre.

Extrañaba a sus amigos. Tendría que esperar unos días más para encontrarse con Heather, luego de que regresara de su viaje. Habían quedado en comprar su material y uniforme para el segundo año. Aunque no podía aceptar que ella fuera amiga de Jackson Overland, le agradaba tener la oportunidad de disfrutar de su amistad sin la presencia de ese indeseable. No podía creer que no hubiera sido expulsado, o que el Ministerio de Magia se hubiera negado a encarcelarlo para descubrir cuál era su conexión con Pitch Black.

—Oye, Hiccup, llegó el correo —anunció Gobber desde la sala.

Hiccup se levantó con prisa. Era bueno que Stoick no estuviera tanto tiempo en casa, era muy seguro que su padre no tomaría a bien que lechuzas viniera a dejarle el correo. Gobber sostenía tres sobres en su mano derecha, mientras que en la izquierda tenía un gancho dorado. Había tres lechuzas en el alfeizar de la ventana.

—Vaya que estos pichones saben de qué va el negocio —dijo Gobber—, no han parado de picotearme la mano para que les dé el dinero. Vienen tan seguido que me van a dejar sin dedos.

—Si no intentarás pasarte de listo con ellas, no te harían nada —pronunció Hiccup—. Dame mis cartas.

—Oh, qué irritante te has vuelto, muchacho. Las cartas no se van a ir a ningún lado, que yo sepa. Pero con eso de que vienen de tus amigos magos, quien sabe si se queden en un sitio.

—Dámelas ya, por favor —dijo.

Gobber le entregó los sobres. Eran cartas de Guy, Eep y Rapunzel. Después del accidente con Pitch Black, Hiccup se había vuelto cercano con ellas dos. Eep había sido la primera que le escribió (y él había estado tan sorprendido que tardó tres días en responderle). Rapunzel fue la segunda, y había sido más una nota de cortesía que otra cosa. Ambas Hufflepuff le agradaban y compartía un montón de cosas con ellas, especialmente con Eep (y se había asegurado de enviarle cartas en secreto, ya que su padre cazaba a las que eran muy confiadas).

—Me alegra que tengas más amigos, Hiccup —dijo Gobber, despeinándolo más al pasarle su gran mano por la cabeza—. Cuando Stoick entienda que eres el mejor hijo que pudo tener, podrás invitarlos a casa.

—Eh, gracias —sonrió un poco.

Volvió a su habitación. Primero leyó la carta de Guy. Su amigo era muy descriptivo en sus cartas, le había escrito tres hojas completas. Al parecer habían llegado visitas a su campiña italiana y se la estaba pasando muy bien. La carta no mencionaba quienes eran sus invitados, así que Hiccup pudo darse una idea de que Guy había omitido nombres por una buena razón. Tan pronto como terminó de leer, escribió una contestación, agradeciéndole por los libros que le había recomendado y que los panna cotta que le había enviado anteriormente le habían gustado mucho.

Después leyó la carta de Eep. Como era habitual trataba de quidditch. Eep no podía leer El Profeta o sintonizar una radio para estar al pendiente de los partidos de su equipo favorito, los Pride of Portree, así que Hiccup la mantenía al tanto de los juegos. Eep también le contó sobre cómo se las ingeniaba para entrenar sin que su padre o sus vecinos se dieran cuenta. En esta última carta, Eep le escribió lo emocionada que estaba porque su hermano menor Thunk había logrado cambiarle el color de cabello a su abuela, mostrando sus dotes mágicas, pero era difícil estar con Thunk ya que Grug no le permitía estar cerca de él o hablar sobre la magia.

"… a veces pienso que mi papá le pegó su testarudez. ¡Es tan frustrante! ¡Mucho más que el profesor Slughorn, en serio!...".

Cuando Hiccup escribió su respuesta se aseguró de decirle que no temiera que Thunk se adueñara de la testarudez de Grug, que no debía rendirse. Por último, leyó la carta de Rapunzel. Se habían vuelto muy cercanos luego de compartir momentos de miedo y desesperación en el Bosque Prohibido. Rapunzel le describió su viaje a la India, donde sus padres estaban llevando a cabo negocios importantes.

"¡Y casi me rió al charlar con el hijo de los Nakshband! En ese momento recordé el chiste que me contó Johnny sobre los hipogrifos y las cabras. Al final, él pensó que yo tenía dolor de estómago, pero yo sólo me estaba aguantando la risa".

Hiccup le escribió una respuesta particularmente larga de una situación similar que le ocurrió con la hija de los Mackross. Cuando terminó de escribir sus contestaciones, Hiccup se dirigió hacia la ventana. En el alfeizar, estaba una gran jaula donde una lechuza mediana y plumaje grisáceo. El ave ululó con felicidad al ver que le daría cartas que llevar. Hiccup casi no ocupaba su lechuza, pues había sido un regalo de Harry por haber obtenido uno de los promedios más altos del primer año y si le pasaba algo, no se lo perdonaría. Pero Hermes era una lechuza muy lista, y la única que podría entregar estas tres cartas sin complicaciones.

Cuando Hermes partió, Hiccup fue a la cocina a prepararse un par de sándwiches de mermelada de arándanos. Tal vez iría a la biblioteca al terminar. La señora Ingerman le había dicho que pronto llegaría el segundo libro de su saga favorita. Además Fishlegs estaría metido en una de las salas privadas de lectura, con la nariz metida en un libro. Sí, definitivamente iría a la biblioteca.

Terminó los sándwiches, y cuando lavó y acomodó el plato que utilizó, salió de su departamento. Estaba de buen humor ese día, por lo que pudo ignorar con facilidad los cuchicheos de los vecinos y las burlas de los niños. A pesar del ser el hijo del dueño, lo trataban como se les viniera en gana. A él no le importaba realmente, al menos ya no en la actualidad. Era un mago, y comparado con eso, ¿qué podían significar unos cuantos desprecios y palabras hirientes? Tendría que esperar a cumplir diecisiete años para mudarse de allí y conseguirse un lugar en el mundo mágico. Los rumores no le alcanzarían a donde fuera, no importaría si creían que Stoick lo había metido a un colegio para niños problemáticos, si lo había desheredado o si Snotlout les caía mejor.

—Miren quien decidió salir de su guarida al fin —dijo Snotlout, como invocado de la nada—. Pensé que los murciélagos raritos como tú no disfrutaban de los días soleados.

No era el insulto más inteligente de Snotlout, fuera porque no quería meterse con él realmente debido a Guy y Heather, o fuera por otra razón. A Hiccup no le interesaba. Notó que la pandilla de Snotlout se reía tontamente, todos eran la clase de niños que no parecían niños, sobre todo, Dogsbreath, quien era una masa grande sin nada de cerebro. Anteriormente, habría temido a los amigos de su primo y habría pensado en miles de planes para escaparse de ellos, ahora no era así. Hiccup podía usar magia, y como Harry le había dicho alguna vez, nadie lo culparía por inflar a alguien sin querer.

—No tengo ganas de seguirte el juego, Snotlout —dijo Hiccup—, tengo cosas importantes que hacer.

—¡No he dicho que puedes irte!

—No recuerdo necesitar tu permiso.

—Respuesta equivocada, Fastidiccup —se tronó los nudillos. Dogsbreath bramó y se acercó a Hiccup, aunque se dio cuenta que no parecía tan intimidado como antes.

—¿En serio, Snotlout? ¿Quieres meterte conmigo? Pronto comenzará el segundo año. Soy mucho mejor que tú en ya sabes qué cosa y las quimeras no van a lograr que me desquite de todo lo que me hagas.

Snotlout quitó la expresión pagada de sí misma de su rostro y dejó de tronarse los nudillos. A pesar de las apariencias, Snotlout sí era capaz de pensar antes de actuar. Hiccup no había sido una inocente palomita en Hogwarts. Después de todo, era el mejor en encantamientos y muy diestro en al hacer pociones. ¡Había enviado a Jackson tres veces a las enfermería! Snotlout no podía ignorar ese hecho.

Dogsbreath y los demás chicos se miraron con desconcierto cuando Snotlout desistió. Hiccup no fingió lo satisfecho que se sentía. Ambos se quedaron viendo fijamente sin intención de subyugarse al otro. Snotlout estaba consciente que Hiccup no le permitiría ridiculizarlo como antes. Hiccup sabía que su primo no se quedaría de brazos cruzados.

—Oye, Snot, hay una lechuza volando cerca de tu ventana —señaló Wartihog, uno de sus amigos—. Cielos, debe haber una migración porque han aparecido muchas por acá últimamente.

Hiccup no era el único que recibía cartas de sus amigos. Snotlout miró a donde el ave se había posado, y sin decir otra cosa, se alejó de sus amigos para ir a su edificio. Cuando ellos quisieron seguirles, Snotlout les ordenó que no lo siguieran.

—¿Qué rayos le pasa? —preguntó Clueless ante su actitud.

Dogsbreath no supo responder. Speedifist y Wartihog estaban igual. Antes de que notaran que seguí allí y le pidieran una explicación que no estaba dispuesto a dar, Hiccup siguió su camino.


Rapunzel estaba exhausta. La última reunión del día había terminado hacia media hora. Había sido agotador. No estaba acostumbrada a esa clase de eventos, y estaba al tanto que sus padres no habían querido llevarla y exponerla. Sus padres temían que fueran a secuestrarla de nuevo, ahora que su poder se había dado a conocer… si bien el Ministerio de Magia hizo un buen trabajo borrando el papel que desempeñó en la derrota de Pitch. No obstante, había quedado involucrada para siempre, sin importar cuanto Frederic y Ariana quisieran negarlo.

—Ha sido un día muy largo —dijo la dulce voz de su madre. Rapunzel quiso levantarse, pero sintió como una mano acariciaba su cabeza. Ariana le sonreía amablemente—. Descansa, cariño, por hoy has hecho un espléndido trabajo. Mereces unas horas de descanso antes de partir a Londres.

Rapunzel asintió y se acurrucó más debajo de la cobijas. Ariana volvió a acariciar su cabeza, pensando en lo que pasaría ahora. Blaise les había contado personalmente lo que había pasado en el Bosque Prohibido. Había sido duro saber que su hija había estado en un peligro tan grande, pero fue una sorpresa que les dijera que la propia Rapunzel decidiera mostrar su poder. Un poder que había jurado nunca usar desde que ese bruja la había retenido contra su voluntad.

Escuchó el picoteo en el cristal de su ventana. Ariana pudo ver a dos lechuzas, una de plumaje grisáceo y otra de tonalidad beige, recargadas allí. Rapunzel se había quedado dormida, así que ella las dejó entrar. Las reconocía a ambas. La beige pertenecía a Blaise, y la grisácea a Hiccup Haddock, uno de los mejores amigos de su hija.

—Bien hecho —las felicitó Ariana dándoles una caricia en sus cabecitas. Hermes ululó regocijándose y emprendió la retirada de inmediato. Todavía le quedaban dos encargos por entregar. La lechuza de Blaise rodó los ojos, como si estuviera decepcionada de Hermes—. Espero no te importe esperar un poco hasta que lea la carta.

La lechuza de Blaise voló hasta colocarse en la punta de uno de los doseles de la cama, dejando clara su respuesta. Ariana dejó las cartas sobre la mesita al lado de la cama y salió de la habitación para ir con Frederic. También había sido un día agotador para ellos. Encontró a su esposo leyendo el periódico. La noticia que el Ministerio de Magia de Reino Unido diera al mundo se había propagado a muchos países, recibiendo distintas reacciones. Algunos no lo creían, otros lo tomaban como una broma. Ariana no podía recriminarles su escepticismo. Pese a las evidencias era un asunto difícil de creer.

—No podíamos mantenerla oculta durante toda su vida —le dijo Ariana a Frederic—. Tarde o temprano, se habría expuesto. Su poder es más grande de lo que nos imaginamos.

Pero Frederic no habló. Él no quería que Rapunzel estuviera en peligro. Casi la había perdido una vez, y se había prometido protegerla de todo lo que pudiera dañarla.

—No tiene porqué asistir a Hogwarts este año. Hay buenos profesores que pueden enseñarle en casa.

—Sabes que eso no es una solución.

—Lo es si la mantengo a salvo.

—Blaise se opondrá. No podemos más que confiar en que Pitch no vuelva a acercarse a Hogwarts. Además, ha hecho amigos. Buenos amigos que se preocupan por ella y que la protegerán. No le arrebates eso, Frederic.

—Está bien —accedió, aunque no sonaba nada convencido—. Irá, pero si sucede algo malo…

—No pasará nada —aseguró Ariana—, ya no pienses en eso. Ambos sabemos lo difícil que puedes llegar a ser cuando te pones tenso. Tu hija tiene que crecer con niños de su edad, no en una casa con adultos. Además, ¿le prohibirás conocer a sus primas? Mi hermana me ha escrito solicitando nuestra presencia y sabes que no podemos negarnos mucho tiempo a una solicitud de la reina.

—La realeza no tiene tanta influencia como antes —comentó Frederic—. Tu hermana tendrá que esperar más. He escuchado algunos rumores sobre sus hijas…

—Oh, Frederic, no busques excusas como ésas. Lo que quieres es mantener a Rapunzel cerca de ti.

—No me acuses de algo que tú también deseas hacer, Ariana.

—No puedo evitar preocuparme, pero si no la dejo ir… —suspiró—. Realmente quiero que todo vuelva a la normalidad, Frederic, por el bien de Rapunzel.


Pasaron varios días. Hiccup estaba un poco nervioso. Heather iría a su casa por primera vez. Al principio se había puesto ropa formal, hasta que Gobber comentó que se trataba de una visita no una cita, y que ella era su amiga, no una niña que le gustara. Hiccup se cambió de inmediato.

—Bear acaba de llamar y dice que hay una muchacha que llamó por ti, esperando afuera —dijo Gobber. Bear era el conserje del edificio donde vivía Hiccup. Un hombre adulto con una barba muy densa y cejas pobladas, demasiado gruñón con los demás chicos, pero amable con Hiccup ya que Stoick fue el único que le brindó trabajo a pesar de su apariencia.

—¿Bear te dijo de qué color era su cabello?

No quería toparse con Astrid otra vez. Heather le había asegurado que su hermana no iría, pero Hiccup quería asegurarse antes de salir.

—Ésa es la pregunta más rara que me has hecho —dijo Gobber rascándose el bigote con su gancho—. Bear no me dijo nada sobre cómo era.

—Supongo que tendré que arriesgarme —dijo Hiccup para total confusión de Gobber. Se ajustó las gafas, tomó un suéter y salió. Tomó el ascensor y pulso el botón de la planta baja. Cuando bajó, Hiccup salió y cruzó el largo pasillo. Saludó a Bear antes de abrir la puerta principal. Heather lo esperaba para su gran alivio, acompañada por una de sus sirvientas.

—Hola, Hiccup —dijo en cuanto lo vio, para luego darle un caluroso abrazo—. ¡Te he extrañado mucho!

—Igual yo, Heather —correspondió el abrazo con fuerza. Ella había crecido unos centímetros, a diferencia de él que no creció nada—. Tengo un montón de cosas que contarte. Fishlegs se pasó el verano entero balbuceando sobre el libro que está por publicarse.

—Es una lástima que él no pueda venir —dijo ella—. Pero supongo que sus padres quieren pasar todo el tiempo que puedan con él, antes de que vaya otro año entero a Hogwarts.

—Me pidió que lo mantuviera informado por si lo publicaban mientras él no estaba —se encogió de hombros—. Supongo que está emocionado. Desde que se enteró que Blaise Zabini estaba a punto de sacar su primer libro no ha parado de hablar sobre ello.

—Sigue sin saber que estás en contacto con Soleil, ¿verdad?

—No quiero pensar qué haría Fishlegs si supiera que ella es ahijada de Zabini.

—Aww, es tan lindo que te preocupes por ella —dijo Heather picándole una mejilla. Hiccup se ruborizó.

—No empieces, por favor. Rapunzel es una amiga.

—Lo siento, pero es tan divertido molestarte. Lo dejaré por esta ocasión. Usaremos un traslador para aparecernos en el Caldero Chorreante. Mi padre obtuvo el permiso para hacerlo.

El traslador era un guante de tela. Sería la primera vez que Hiccup usara uno, y la idea lo emocionaba. Pero no podían hacerlo afuera, con lo chismosos que eran los vecinos, así que Hiccup les pidió que lo siguieran a la parte trasera de los departamentos, donde había un cobertizo donde ponían mucha chatarra. Entraron. Entonces, Teresa activó el traslador. En menos de un segundo, ya no estaban en el cobertizo, sino en la taberna.

El Caldero Chorreante ya no era ese lugar sombrío y anticuado de antes. Cuando Hannah Abbott se convirtió en la nueva propietaria, transformó el lugar en un establecimiento más actual, con mejores muebles, una iluminación cálida y un ambiente más ameno. Se toparon con varios compañeros de escuela, como Johnny que venía con su padre. También estaba Eve acompañada por sus padres. Cuando Heather la saludó desde la distancia, Eve actuó como si no la conociera. Heather no lo entendía. Desde el evento con Pitch, Eve había estado muy alejada de los demás, además de que no había contestado a ninguna de las cartas que le enviara durante el verano. Le preguntaría en Hogwarts. No creía oportuno hacerlo frente a sus padres.

—Hola, Hiccup —dijo Rapunzel, aparecieron frente a ellos repentinamente—. ¡No creí que fuéramos a coincidir este día!

—Calculé más o menos la fecha de tu regreso e hice arreglos. Me da gusto saber que no me equivoqué —compartieron un breve abrazo. Rapunzel también había crecido más que él, ahora le superaba por dos centímetros—. ¿Vienes con Blaise?

—Le pedí que me acompañara a comprar las cosas que voy a necesitar —dijo señalando discretamente a donde Blaise conversaba con la profesora Parkinson—. También vine por comida para Pascal.

Pascal se volvió de un tono amarillo en el hombro de Rapunzel. Hiccup le brindó unos mimos en la espalda. A él le gustaban mucho los animales.

—¡Oh, lo siento, Hofferson! Fue descortés de mi parte no saludarte —dijo Rapunzel cuando se percató de la presencia de Heather

—No te agobies, Soleil —comentó Heather, despreocupada—. Creo que tienen cosas de que hablar en privado. Iré con la profesora Parkinson mientras tanto.

Hiccup y Rapunzel conversaron sobre lo que había pasado en las vacaciones. Un resumen de todo lo que habían hecho, en sí, Heather no habría tenido que irse, pero estaban aprovechando el tiempo que les brindó.

—Eep me contó que planean que Smith y Quincey arreglen un entrenamiento en conjunto —dijo Rapunzel.

—Le escribí a Eep que no estoy seguro de que podamos convencer a Quincey, ya que ella no soporta a Smith, pero no perdemos nada por intentarlo, ¿no?

—Ah, Punz, tienes que presentarme a tu amigo —pronunció Blaise. Estaba detrás de ellos, sonriendo como un gato ante un ratón especialmente gordo. Ya no vestía el extravagante atuendo que le viera en el Bosque Prohibido, sino una túnica en tono vino—. Oh, espera, creo que te recuerdo. ¿No eres el niño que encontré junto a Punz y Ruffnut aquella vez?

—Así es, Lord Zabini, mi nombre es Hiccup.

—Nada de "señor", dime por mi nombre. Un amigo de Punz puede dirigirse a mí de manera casual —sonrió Blaise—. Me ha dicho que te interesa el libro que publicaré.

—Fue por petición de un amigo —sintió que sus mejillas se ruborizaban. No quería quedar como un aprovechado.

Blaise se rio y le revolvió a Hiccup los cabellos castaños rojizos.

—No hay nada por lo que debas sentirte avergonzado —dijo—. De hecho, me siento feliz de que muchos niños quieran leer mi libro. Te enviaré una copia a ti y a tu amigo en cuanto salga. A mi editor no le hará nada de gracia que ande regalando tomos, pero es por una buena causa.

—Yo… no sé qué decir, Lord Zabini, digo, Blaise, no esperaba esto…

—Bueno, un "gracias" nunca viene mal. Relájate, Hiccup, no es la gran cosa.

Cuando Hiccup iba a agradecerle fue interrumpido por la inesperada presencia de los gemelos Thorston. Tan llenos de energía como siempre, parecía que habían estado discutiendo. Tuffnut tomó a Hiccup de los hombros para usarlo de escudo, para evitar que Ruffnut lo golpeara. Sea el motivo de la pelea, Hiccup no quería estar en medio. Para su suerte, alguien decidió intervenir antes de que saliera lesionado.

—Alto, Tuffnut, Ruffnut —pidió Theodore con un tono que no dejaba espacio para dudar. Obedecías o habría consecuencias. Su mirada insensible sobrecogió a Hiccup, que no pudo evitar sentirse empequeñecido. Heather se había acercado junto a Pansy para saludar al recién llegado. Ella no parecía nada intimidada por la presencia de Theodore.

Tuffnut y Ruffnut pararon enseguida, lanzándose entre sí una última mirada de irritación para luego darse la espalda cruzando los brazos con indignación. Hiccup había creído que no existía alguien a la que los gemelos obedecieran tan rápido y sin rechistar. Pansy y Blaise empezaron a recordarle a Theo las veces que mataba del susto a los demás estudiantes de Slytherin durante su época escolar, y que no había perdido el toque con el pasar de los años.

—Lo dicho, sólo tú puedes hacer que los chicos de Draco se porten bien —dijo Pansy—, aunque eso les genere un trauma de por vida.

—Aun así te queremos, Theo —comentó Blaise colgándose de él. Theo lució indiferente ante el peso del otro mago.

—Qué honor —profirió Nott, mordaz.

Hiccup ya no se sintió tan cómodo. No conocía demasiado a Blaise, Theo y Pansy, al menos no tanto como Heather y Rapunzel lo hacían.

—Oigan —dijo Blaise de pronto—, ¿quiénes son esos tipos?

Cerca de la barra dos hombres vestidos de extrañas túnicas oscuras acompañaban a una mujer, quien parecía ser la jefa de ambos, pues ellos se mantenían al margen mientras ella conversaba con Hannah.

—Me parece que es la nueva profesora —contestó Pansy tras una mirada apreciativa—. Nos envió una fotografía de ella y sus dos asistentes para que pudiéramos reconocerla. Bunnymund creyó necesario crear una especie de consejera, alguien que se volviera cercana a los estudiantes. Brown la recomendó, es todo lo que sé sobre ella.

—Que Brown la haya recomendado es razón suficiente para desconfiar —comentó Blaise.

—Podría investigarla, si quieres —propuso Theo.

—No creo que sea necesario, Theo, concuerdo con Blaise. Si Brown la propuso seguramente es tan inútil como ella —dijo Pansy—. De todos modos, ¿recuerdan que hay algo que hacer? Vinimos a comprar cosas, no a cuchichear como gallinas.

Como eran los padrinos de los gemelos, Pansy y Theodore se fueron primero. Blaise y Rapunzel fueron los segundos. Al final Hiccup y Heather entraron al Callejón Diagon, acompañados por Teresa. Hiccup no tuvo que ir a Gringotts para conseguir galeones, Harry le había enviado un montón de dinero a través de Hermes. Entraron a Flourish & Botts, donde encontraron a Victoire discutiendo con una niña muy parecida a Mérida, sólo que su cabello pelirrojo era lacio. Por la forma en que Victoire se dirigía a ella, supusieron que era su hermana menor Dominique.

—Yo voy a ir a Beauxbatons —exclamó Dominique cruzándose de brazos—. Molly también irá, así que no seré la única Weasley que no vaya a Hogwarts. Además no es la gran cosa, Vic, sólo es una escuela.

—¡Pero lo prometiste! —refutó Victoire—. Todos los Weasley entraríamos a Hogwarts.

—Y también a Gryffindor, y tú quedaste en Ravenclaw —acusó—. Fue una promesa tonta e infantil.

Victoire la miró como si hubiera roto un importante juramente. Dominique rodó los ojos y se giró para darle la espalda a su hermana. Harry le había contado mucho sobre los Weasley, por lo que a Hiccup no le fue difícil identificar a Bill y Fleur Weasley, los padres de Victoire y Dominique. Harry había atinado en las descripciones. Victoire era una copia de su madre, mientras que Dominique lo era de su padre. También se percató del niño rubio de ojos azules que se aferraba de la mano de su madre. Él debía ser el pequeño Louis.

Optó por no darle mucha importancia, así que se concentró en adquirir sus libros. A pesar de la incomodidad anterior, estaba de buen humor por la promesa de Blaise. Al obtener los libros necesarios, y unos cuantos más de apoyo, los pagaron. Teresa llevaba una bolsa de espacio infinito donde metió los libros. Recorrieron las demás tiendas en poco tiempo, y al final, decidieron pasar a Sortilegios Weasley por algunas chucherías.

La cantidad de gente aumentó, por lo que Teresa los perdió de vista, no obstante, como irían a Sortilegios Weasley, seguramente los encontraría en ese lugar. Se toparon con Thomas Xarxus en el camino. Él iba solo con su habitual expresión indiferente. Sus ojos azules ni siquiera mostraron un brillo alegre por ver a Heather.

—¡Skull! —gritó Heather sorprendida de volver a verlo y corrió para abrazarlo—. No pensé que nos encontraríamos antes. Me contó Snotlout que aún estabas Ámsterdam.

—Mis padres decidieron regresar antes, para comprar las cosas para mi hermana. Mi madre está con ella con la señorita Malkins probándose las túnicas. Me escabullí en cuanto Alejandría le preguntó a padre cómo se veía. Es bueno encontrarte. Iba a Sortilegios Weasley.

—Oh, nosotros también vamos allá —sonrió Heather, y se dio cuenta que Hiccup permanecía mirándolos en silencio.

Notando la tensión, Thomas miró fijamente a Hiccup. Comprendía que Haddock tuviera problemas con las quimeras en general, pero Thomas nunca había tenido un pleito personal contra él.

—Deja de mirarme como si te hubiera maldecido, Haddock. Nunca atenté contra ti, y si bien tampoco detuve a Tuffnut y Snotlout, fue por eres capaz de enfrentarte a ellos. Que quede claro que no siento nada hacia ti, ni agrado ni desagrado. Me das igual.

Hiccup pareció meditarlo.

—Cierto, no has hecho nada contra mí. El problema es con Overland.

—Bien, entonces deja de portarte como un niño de cinco años y vayamos a Sortilegios Weasley. Necesito comprar tapones para los oídos. Si no los tengo, los ronquidos de Snotlout no me dejarán dormir.

—¿Snotlout ronca? —cuestionó Heather.

—Peor que un troll con traqueotomía —comentó. Hiccup le miró inquisitivo—. Te dije que dejarás de verme así, Haddock, ¿crees que no sé qué Snotlout es un patán? Soy su amigo, no se lamebotas.

—Seguramente Snotlout no está feliz de que no lo seas.

—Te equivocas. Snotlout reconoce la fuerza de los demás, pero su juicio es arcaico. Al principio quiso imponerse sobre mí y Tuffnut, lo que fue una estupidez. Tuffnut es demasiado indomable para subyugarse a la voluntad de otro totalmente, además está loco de remate. Y yo no permitiré que alguien con un intelecto inferior al mío me trate como su sirviente. Snotlout tuvo que cambiar para no quedarse solo, le quedó claro que no tendría amigos si seguía portándose como un imbécil.

—Pues sigue comportándose como un imbécil.

—Nunca dije que lo consiguiera en su totalidad —indicó Thomas—. Como sea, no es como si las personas pudiéramos cambiar con facilidad.

—Supongo que no.

De pronto, Hiccup se detuvo. Thomas y Heather también lo hicieron.

—¿Hiccup? —cuestionó Heather.

—¿No es ése uno de los tipos que estaban en el Caldero Chorreante? Está yendo al Callejón Knockturn.

—Bueno, no es que nos importe a donde vaya. No lo conocemos —dijo Heather.

Ese sujeto no le había dado buena espina a Hiccup desde que lo vio. Era como si un aura de intimidación lo rodeara.

—Tal vez esté de encargo. He oído que sólo pueden adquirirse ciertas cosas en ese callejón —dijo Thomas.

—No, estoy seguro que es algo más —pronunció Hiccup convencido y sin pensarlo dos veces comenzó a seguirlo—. Es un presentimiento, algo me dice que tenemos que ir tras él.

—¿En qué momento Haddock se convirtió en la profesora Brown? —cuestionó Thomas.

—No lo sé —dijo Heather, confundida. Ambos fueron tras Haddock.

No fue difícil seguir al tipo sin que se diera cuenta. Después de todo, Heather y Thomas tenían experiencia moviéndose sigilosamente, mientras que Hiccup casi no hacía ruido al caminar. Cuando el sujeto entró por fin a Knockturn, ellos vacilaron.

—No podemos entrar ahí, Hiccup —declaró Heather tratando de convencerle—. Es muy peligroso y no sabemos si ese tipo es bueno o malo, o si las personas que están allí sean decentes.

—Esto es menos peligroso que entrar a un bosque encantado para enfrentarse a Pitch Black, seguro —comentó, avanzando sin mostrar miedo o duda.

—Curioso, Haddock ha dicho que detesta la vena aventurera de Overland, pero cuando él lo hace no parece estar en desacuerdo. En otras palabras, si él lo hace está bien, pero si otros lo hacen está mal. Qué caprichoso es.

Entrar en el Callejón Knockturn no podía catalogarse como una buena idea, porque de buena no tenía nada. El lúgubre aspecto los sobrecogió. Las brujas y magos de apariencia dudosa los miraban con gran interés. Heather tomó del brazo a Thomas cuando una anciana casi la agarra de la trenza. Thomas se mantenía calmado. Heather rara vez lo había visto cambiar su expresión.

Lo peor fue que al dar la vuelta en una ochava, lo perdieron de vista. Heather pensó que ésa era una señal para que volvieran, por mucho que Hiccup insistiera en seguir.

En cuanto dieron media vuelta, se toparon con una muralla de personas que les cerraban el paso. Hiccup se puso delante de Heather, lo cual resultó gracioso para los adultos al ser más pequeño que ella. Thomas movía discretamente su mano hacia donde estaba su varita. Hiccup pensó que estaba loco, era imposible que pudiera enfrentarse a tantos.

—¡Quietos ahí!

Como un rayo de luz esperanzador, voltearon hacia donde Harry Potter se erguía con la varita en alto. Advirtiendo de quien se trataba, los posibles perpetradores se alejaron como si escaparan de un incendio. Hiccup y Heather respiraron aliviados y corrieron hacia Harry. Él nos les dijo nada de momento y los escoltó de vuelta al Callejón Diagon.

Cuando estuvieron a salvo, Harry pidió una inmediata explicación. Hiccup no supo qué decirle. ¿Que siguieron a un tipo que no conocían sólo porque le había parecidos sospechoso? Aunque Harry le había dicho que no le regañaría por ser curiosos, había un límite.

—No volverá a pasar, Harry —prometió Hiccup consciente de que, muy en el fondo, sí lo volvería a hacer.

Quizás Harry también lo sabía porque le pareció ver un poco de incredulidad en su mirada. Sin embargo, su padrino se abstuvo de añadir más.

—Confió en tu juicio, Hiccup, aun así le informaré a Gobber sobre esto, ¿entendido?

Si Harry le decía a Gobber, Gobber se lo diría a Stoick inmediatamente. Eso significaría problemas al regresar a casa, pues su padre sólo le dirigía la palabra para regañarle por cualquier cosa mal que hiciera.

—No me agrada convertirme en un soplón, pero te metiste en un sitio donde los niños no suelen ir. No tengo que contarte las cosas que pasan en ese callejón por debajo de la ley… tienen suerte que haya pasado por rutina. Mi presencia suele poner un alto temporal a los negocios turbios en Knockturn y le da la oportunidad a mis aurores de atrapar criminales in fraganti. Bueno, supongo que ha sido toda una experiencia para ustedes. ¿Qué les parece si vamos por un helado a Florean Fortescue? Sé que no es un gran consuelo, pero es para pasar el mal sabor.

—Disculpe, señor Potter —dijo Heather—. Me acompaña una de mis cuidadoras. Tenemos que ir por ella antes, para no preocuparla. Antes de entrar al Callejon Knockturn, quedamos en ir a Sortilegios Weasley.

—Mmm, supongo que será una parada breve en la heladería. No quiero que tu cuidadora se ponga ansiosa porque no estás. Será rápido, Heather. No me gusta aprovecharme de mi fama, pero siempre me dejan pasar primero en todas las tiendas, por mucho que les diga que no es necesario. Supongo que puedo usar esa ventaja por una vez.

Harry los llevó a la heladería. Hiccup no había tenido oportunidad de probar los helados de ese establecimiento, y se sorprendió de ver la cantidad de sabores que había. Pidió uno de menta con pedacitos de chocolate. Heather comió uno de salvia, y Thomas uno de vainilla con moras azules. Harry los guió hacia Sortilegios Weasley, y mientras devoraba su helado, Hiccup no pudo evitar pensar en lo que había pasado.


Rapunzel llegó al andén 9 ¾ en compañía de sus padres y Blaise. Ella estaba ansiosa por ver de nuevo a Eep, Wee y Johnny, así que había empujado con fuerza el carrito ante las miradas reprobatorias de sus padres. Blaise intercedió por ella, tranquilizando a Frederic y a Ariana para que dejaran ser a Rapunzel. Rápidamente se topó con Johnny, y juntos empezaron a buscar a los que faltaban.

—¡Wee está por allá! —indicó Johnny.

Rapunzel localizó al pequeño Wee, tan distraído como siempre, al lado de su padre. Lord Dingwall era un mago bajito de cabello rubio ceniza, que tenía un gesto de duende gruñón. Su gran panza y cara de rata no le daban un buen aspecto. Lord Dingwall era de los pocos magos que concedían poder a la realeza, así que reverenció brevemente a los Soleil en cuanto los tuvo cerca. En lo que sus padres hablaban con el padre de Wee, Blaise llevó a los niños a buscar un vagón.

Rapunzel aún no veía a Eep y eso hizo que pensara en la posibilidad de que ella no viniera ese año. Quizás Grug había encerrado a su hija para que no regresara a Hogwarts.

—Encontrarás a tu amiga —le aseguró Blaise con una gran sonrisa alentadora—. Y si te preocupa su padre, puedo visitarlo para hacerlo entrar en razón. Se me da muy bien convencer a las personas.

El problema era que Rapunzel no estaba convencida, pero no quería desestimar los intentos de Blaise animarla. Así que puso su mejor sonrisa y se despidió de su padrino. Entonces el tren partió. Eep aún no aparecía por lo que los tres decidieron buscarla vagón por vagón.

—¡Auch! —se quejó Johnny cuando unos niños de tercer año pasaron corriendo y lo pisaron.

—Perdón por hacerte pasar esto, Johnny —dijo Rapunzel.

—No hay problema, Punz —pronunció Johnny esbozando una enorme sonrisa, que era común en él, pero que siempre lograba hacer sentir bien a Rapunzel—. Yo también quiero verla. ¡No pude saber de ella en vacaciones! Su padre es taaan amargado. Casi no podía escribirle por medio a que matara a las lechuzas.

—Ella no es de las que se rinde con facilidad. Su madre y abuela la apoyan así que seguramente la encontraremos pronto. Compré bombones cantores. Le van a gustar.

A Eep le encantaban los dulces. En general, todo tipo de comida. Eep era una verdadera devoradora, y siempre tenía espacio para más. Wee había estado en lo cierto. Eep apareció detrás de ellos, tomando a Johnny por el hombro. Habían pensado que se trataba de una alucinación, pero en cuanto Johnny se percató que la mano que lo tocaba era cálida y muy fuerte, toda duda se disipó.

Eep sí había venido.

—Qué gusto verlos de nuevo, chicos —saludó efusivamente. Cuando no obtuvo una respuesta, los miró fijamente—. ¿Por qué se quedan así?

Johnny fue el primero en lanzarse a abrazarla con tanto ímpetu que casi consigue hacerla trastabillar.

—Como la sigas apretando así le vas a romper las costillas, Stein —interrumpió Eugene.

Entonces advirtieron que Eep no había venido sola. Jackson, Eugene, Mérida y MK la acompañaban. Johnny la dejó ir, poniéndosele las orejas rojas.

—No queremos interrumpir su agradable reencuentro, sólo ayudamos a nuestra amiga a encontrarlos —dijo Mérida.

—Y ahora que hemos cumplido con nuestra misión —agregó Eugene—, ya nos vamos. Nos falta ir por los Thorston. Así que nos vemos en el castillo, Jumper.

—¿A la misma hora y en el mismo lugar?

—Así es —dijo guiñándole el ojo.

Los cuatro siguieron caminando por el pasillo, dejando a Eep con sus amigos. Johnny no sabía que ella fuera amiga de Jackson y los demás, de hecho, ella nunca les había dirigido más que unas cuantas palabras el año pasado. Pensó que, al haber estado implicada con ellos en el asunto de Pitch, un tipo de amistad extraña había nacido, ya que se habían dirigido hacia ella con un seudónimo.

Rapunzel advirtió la expresión inquisitiva de Johnny, pero no podía decir nada. Con todo lo que había pasado, había olvidado contarle sobre Quimera. Anotó mentalmente decirle todo en cuanto tuviera la oportunidad. Por supuesto, también a Wee. Estaba tan ida en sus pensamientos que terminó chocando contra alguien. El empujón fue fuerte. Rapunzel terminó en el suelo. Cuando levantó la vista, se topó con un hombre alto de piel palidísima y ojos grises. La impresión de esa fría mirada sobre ella la hizo encogerse. Era como ver directo hacia un abismo.

El hombre movió su mano, y ella cerró los ojos, para abrirlos un instante después descubriendo que él le ofrecía levantarla. Se habría negado, le daba la sensación de que le daría asco tocarlo, pero la cortesía era fundamental para ella. No podía ser grosera con nadie.

Cuando tocó esa mano, fue como tocar un tempano de hielo.

—Me disculpo —dijo el hombre haciendo una torpe reverencia.

Rapunzel quitó su mano rápido, intentando guardar la compostura.

—Me encuentro bien, mi señor. Sólo ha sido un accidente.

El aludido se retiró sin agregar más, dejándolos con una extraña sensación de vacío en el pecho. La sensación no se desvaneció hasta que llevaron a Eep a su vagón. Allí Rapunzel les contó que había visto a ese hombre antes en el Caldero Chorreante.

—Su mano estaba muy fría —opinó Rapunzel sobando su piel—, fue incómodo.

—Seguro que lo fue. ¿Te imaginas como sería abrazarlo? No ha de ser el tío favorito de nadie, eso te lo puedo decir —comentó Johnny—. Ya no hay que hablar del Señor Frío, o no me voy a quitar esta congoja pronto.

Rapunzel empezó a contarles sobre su viaje a la India. Wee les invitó dulces que había comprado en una tienda en Alemania llamada Leysieffer.

—Te vas a empachar —dijo Rapunzel cuando Eep se zampó una tercera caja de bombones cantores.

—Tienes que admitir que es divertido —dijo ella, empezando a cantar una melodía de jazz. Los bombones cantores te cambiaban la voz de acuerdo a la poción que tuvieran dentro. ¡Incluso podías imitar la voz de tu cantante favorito!—. Casi muero de hambre este verano.

Por mucho que Ugga se hubiera esforzado por hacer de su comida algo más sabroso, no podía competir con las diestras manos de los elfos domésticos de Hogwarts. Asimismo, mientras en Hogwarts se podía repetir plato, en casa de Eep era una suerte tener el plato medio lleno. Por su parte, Johnny les contó sobre su situación familiar. Ese verano le había tocado visitar a sus cinco medios hermanos, que no lo habían tratado tan bien como había esperado.

La vida de Jonathan no era tan simple como parecía. La madre y los medios hermanos de Johnny no le querían por ser un mago, y había un sinfín de detalles que él procuraba ocultar.

Cuando el tren llegó a la estación, bajaron para tomar los carruajes. Vieron a los gemelos Thorston subirse a uno junto a Teddy y Emery Dixón. Los gemelos llevaban sobre los hombros un tipo extraño de hurón, a los que les daban pedazos de carne de rata. El carruaje que Johnny, Eep, Rapunzel y Wee tomaron salió después.

Cuando Eep vio el castillo en la lejanía, sonrió. Había echado de menos el lugar que había sentido como su hogar. Entrar por las grandes puertas de madera, directo al comedor, mientras los de primer grado llegaban en los botes, le dio una sensación de pertenencia. Rapunzel les señaló los nuevos integrantes del personal en la mesa de los profesores a sus amigos. Johnny hizo una mueca graciosa declarando que los hombres parecían dos cadáveres.

Pronto las puertas se abrieron. El profesor Longbottom escoltó a una fila de niños pequeños que miraban todo con asombro. Eep se sintió nostálgica. Hace un año ella había estado en su situación. Habían pasado tantas cosas que era un tanto extraño. Por supuesto, este año el Sombrero Seleccionador cantó como tradición.

"Sean bienvenidos a Hogwarts, un segundo hogar,

Donde aprenderán muchas cosas asombrosas.

Para ayudarlos, les mostraré el camino a seguir,

Así pues en una casa los tendré que elegir.

Podrías ir con los Gryffindor, valientes de corazón.

En esta casa encontrarás magos y brujas llenos de determinación,

cuyo coraje los ha hecho bañarse de gloria.

O podrías ser tú un bondadoso Hufflepuff,

personas virtuosas y trabajadoras, de noble alma,

no dudan en dar lo mejor de sí mismos en todo lo que hagan.

Pero si a ti te gusta aprender y

nuevos conocimientos adquirir,

Ravenclaw es a donde tienes que ir.

O quizás la astucia y la ambición,

son las características que te definen,

así pues Slytherin será tu opción.

Cuatro grandes casas, cuatro caminos por recorrer,

pero hay que recordar que su grandeza no es sólo individual

que juntas son invencibles.

Si el camino se oscurece por el miedo y la inseguridad,

Las cuatro unidas las luz hallarán."

Entonces procedieron con la selección. En la mesa de Ravenclaw, a Hiccup no le interesaba demasiado quienes podrían ser elegidos para su casa, y había estado perdido en sus pensamientos hasta que Fishlegs le codeó con fuerza en las costillas.

—¿Qué? —masculló Hiccup irritado.

—¿Oíste el apellido de ese niño? —dijo Fishlegs. Hiccup casi roló la mirada. Pero luego miró hacia donde un niño con el cabello negro peinado hacia arriba tomaba asiento en el banco y batallaba para ponerse el Sombrero Seleccionador—. Se llama Norman Babcock.

¿Courtney tenía un hermano menor? No era que Hiccup la conociera a fondo, sólo que no se lo había imaginado. Ella nunca había dicho palabra alguna sobre Norman. Miró con atención al niño. No se parecía en nada a su hermana, de hecho, salvo los ojos azules, era tan distinto a ella que dudaba que en verdad tuvieran algún parentesco cercano. Cuando el Sombrero Seleccionador gritó «¡GRYFFINDOR!», no le quedaron dudas. Ese niño no era como Courtney.

Hiccup la buscó en la mesa de Slytherin y se sorprendió al verla furiosa, con un gesto tan fruncido que era como si alguien hubiera golpeado una mimbulus mimbletonia frente a ella. Recordó que Babcock solía presumir que cada miembro de su familia había ido a Slytherin, quizás por eso estuviera enojada que su hermano rompiera una tradición familiar.

Una niña de pupilas heterocromáticas, azul y violeta, y rubio cabello fue la siguiente. Era una Bell, igual que la profesora de Estudios Muggles, Toothiana. Fishlegs le aseguró que se trataba de la hija de Toothiana. La pequeña fue seleccionada en Hufflepuff.

—¡Bennett, Jamie! —dijo Neville.

Un niño con la sonrisa chimuela y algunas pecas en las mejillas, se colocó el sombrero. Lo envió a Gryffindor. Luego fue turno de los gemelos Caleb y Claude Crawford, morenos y muy bajitos, y uno terminó en Slytherin y el otro en Ravenclaw. El siguiente turno fue de Neil Downe, el hermano menor de Mitch, que fue elegido en Hufflepuff. Neil era muy gordo, por lo que moverse le costaba demasiado y cuando se sentó en su mesa, grandes gotas de sudor resbalaban por sus sienes.

Hiccup volvió enfocarse en sus pensamientos. Tenía una lista de objetivos que quería alcanzar en este segundo año. Otro codazo, esta vez por parte de Guy, lo trajo de vuelta. La selección estaba por terminar, ya que Alejandría Xarxus había sido seleccionada para Slytherin. No entendía el afán de sus amigos en que él viera a cada seleccionado. Como fuera, el siguiente en la lista fue Basil Zimmerman, un niño con grandes ojeras, de cabello rubio platinado muy corto, que fue para Slytherin.

Como era habitual, McGonagall tomó el estrado para brindarles algunas palabras.

—Sean bienvenidos a otro año en Hogwarts. Antes de comenzar el banquete, hay algunos puntos que tengo que aclarar. En primer lugar, debido a lo sucedido con Pitch, queda terminantemente prohibido salir de noche a los pasillos o salones vacíos del colegio, a menos que sea un caso especial en el que un profesor tenga que extender un permiso.

Jackson y Eugene no sorprendieron. Lo habían esperado. Si bien no le habían contado a McGonagall sobre Quimera, sí que sabía lo que habían estado haciendo durante noches enteras en el castillo y el Bosque Prohibido. No era como si eso los fuera a detener de seguir saliendo.

—El segundo punto a tratar es la apertura de la Oficina de Apoyo al Estudiante, cuyo fin es brindar ayuda a quienes lo necesiten —dijo causando murmullos escépticos. Ésa no era una idea que viniera de McGonagall, y cuando algunos notaron lo orgulloso y esponjado que se veía Bunnymund supieron que de él provenía —. Erzabeth La profesora a cargo estará a prueba, pero no por eso deben tratarla de forma cortante. Ella es Erzabeth Gormley.

La señorita Gormley se levantó de su asiento. Era una mujer hermosa, de labios rojos, ojos azules y largo y lacio cabello castaño. Sonrió con cortesía e hizo una corta reverencia antes de sentarse otra vez.

—El tercer punto es anunciar que habrá un nuevo profesor para la asignatura de Vuelo. El profesor Norte decidió tomarse un año sabático. Las clases quedarán a cargo de Shamus Owen.

Hubo reclamos de parte de quienes estimaban al profesor Norte, pero fueron silenciados cuando Shamus se levantó de su asiento. Era muy alto y su presencia fue intimidante. Hizo una reverencia lenta, como si les costara trabajo moverse adecuadamente. Rapunzel lo había identificado con el hombre con quien chocó en el tren.

McGonagall finalizó sus aclaraciones. Esta vez no cantaron el himno del colegio.

Tan pronto como la comida apareció, Eep se abalanzó sobre lo primero que vio. Rapunzel y Johnny se rieron abiertamente al ver su expresión de total felicidad cuando probó un pan francés relleno de mermelada de moras.

—Eep va a asustar a los de primer año —dijo Johnny señalando a los nuevos, que veían con ojos abiertos cómo Eep devorado todo a su alcance.

—Ya se acostumbrarán —comentó Wee tomando una empanada de calabaza—, o se quedarán con el trauma. Lo que venga primero.

Johnny rió escandalosamente, escupiendo partes del pollo frito que había estado masticando a la cara de Michael.

—No seas marrano, Stein —espeto Michael limpiándose los residuos con una servilleta.

En la mesa de los leones, Mérida estaba demasiado entusiasmada conversando con Teddy para comer. El capitán del equipo de quidditch había estado usando todo el verano entrenando con Ginny y Angelina Weasley, además de algunos amigos de parte de su familia sanguínea.

—Realmente creo que esta vez sí conseguiremos ganar —dijo Teddy—. A pesar del veto de dos años que impuso McGonagall a los jugadores que participaron en las novatadas y que el castigo a los demás haya impedido que se presentaran a la prueba, este año soy optimista.

—He estado entrenando durante las vacaciones con Rider y Frost. Quiero ganar esa copa a como dé lugar.

—Lo sabemos —dijeron MK y Alicia al unísono—. Estuviste hablando de eso todo el trayecto acá.

Mérida hizo un puchero y pretendió no haberlas escuchado. Astrid las observaba de reojo. Interiormente había esperado que una de ellas le hablara en las vacaciones, para limar asperezas, pero no había sido así. Esa… decepción había terminado por convencerla de que ellas ya no la incluían en su círculo de amigas. Lo que notó era que Eve se mantenía alejada de ellas, sin decir nada. Astrid entornó los ojos. Ya iba siendo hora que Kwan se diera a respetar y no siguiera como borrego a esas tres.

En la mesa de Slytherin, Mavis se entretenía dándole pedacitos de carne de rata a Blasphemy, la mascota de Ruffnut. Tras el incidente con Pitch, Theodore y Hermione se habían unido para que de una vez por todas se les quitarán las restricciones que tenían, en sí, sólo quedaron algunas que fueran inamovibles, pero la que les prohibía tener mascotas había sido de las que fueron revocadas. En cuanto les informaron, Draco y Astoria los habían llevado a una tienda de animales donde compraron un jarvey; era de una camada especial, pues había salido de la cruza de un jarvey con un hurón común, así que su tamaño no era tan grande como uno puro. Los gemelos habían querido un nundu, pero Draco se negó porque era ilegal (el asombroso animalito estaba calificado con cinco equis en los libros de criaturas mágicas peligrosas). Tuffnut le había puesto al suyo Mallet y se le veía jugando con él en la mesa de Hufflepuff.

Simio, troll —decía Blasphemy con vocecita aguda. Los jarvey solían soltar fuertes insultos a quienes se topaban con ellos, pero la cría de Ruffnut, por ser cruza, sólo podía decir unas cuantas palabras.

—¡Qué lindo! —comentó Mavis.

—Eso no dijo papá cuando lo llamó «calvo». ¿Sabían que los jarvey son buenos cazando gnomos? El mío apenas puede con los pedazos de carne de rata que le doy, pero Tuffnut y Scorpius dicen que vieron a uno atrapar a un gnomo gordo en el jardín de esa taberna en Rusia.

Con las prohibiciones revocadas, Draco y Astoria se habían tomado todo un mes para viajar por el mundo con su familia. Habían pedido un favor especial en sus trabajos. Fueron a muchos países, incluso a otros continentes. Habían sacado fotos de todo lo que habían hecho. De los gemelos cargando a Scorpius frente a una esfinge en Egipto. De Draco y Tuffnut comiendo chocolates en una tienda en Alemania. De Narcisa midiéndole un vestido de flamenco a Ruffnut. De Tuffnut escapando de un tebo. De Astoria leyendo un libro en un jardín de flores en la India. Incluso habían llevado a Teddy y a Andrómeda.

—Oye, Hawk —dijo Ruffnut al notar su insistente mirada hacia la mesa de los leones—, ya supéralo. Sólo rompió una tradición de hace miles de años, ¿cuál es el problema?

—Es inaudito, Thor —dijo con aprehensión—, de Agatha lo esperaba, digo, no es una Babcock en sí, pero de Norman… pensé que su rareza lo haría quedar en Slytherin.

—No es el fin del mundo —comentó Mavis—. Norman no es menos Babcock por ser Gryffindor.

—¿Esperabas que entrara en Slytherin para mantenerlo vigilado como si fuera un animal peligroso? —inquirió Ruffnut al intuir perfectamente sus pensamiento.

Courtney la miró con furia. Ruffnut soltó una risa tonta y su jarvey la imitó.

—Por cómo se portó con los demás en el vagón, no creo que encaje con nosotros, Hawk, ni siquiera se emocionó cuando Frost le ofreció ser una quimera. Déjalo ser.

—Lo dices porque no sabes cómo es tener a un hermano como Norman. ¡Es raro hasta para ser mago! ¿A quién se le ocurre decir que puede hablar con los muertos así nada más?

En el mundo de la magia una cosa era hablar con fantasmas o con los retratos de magos y brujas que habían fallecido. Pero hablar directamente con los muertos era un tabú. La nigromancia estaba prohibida, por los efectos aterradores que causaba, sin olvidar la importante regla que rompía: Todo lo muerto ya no regresa a como era antes. Courtney habló en voz baja. No quería que corrieran rumores sobre su hermano que terminaran afectándola a ella.

—Eso es extraño —admitió Ruffnut—, pero aun así no es malo. Tu prima también lo hace, ¿no?

Courtney bufó, hastiada. Era obvio que Ruffnut no lo entendiera. Después de todo, Scorpius era un hermano menor, adorable y muy normal. Courtney dejó caer dramáticamente su cabeza en la mesa.

—¿Por qué tengo que tener familia tan rarita? Lo peor es cuando esos dos se juntan. Es como si sus rarezas se unieran y duplicaran, es horrible.

Horrible —dijo Blasphemy ganando la atención de Courtney, quien al final sonrió y le acarició una orejita.


Cuando el banquete finalizó, Jackson y sus amigos se escabulleron de sus prefectos. No había nadie que pudiera moverse tan sigilosa y silenciosamente como las quimeras. Por orden de Jackson, se les había entregado una copia en miniatura del Mapa de los Cuatro Grandes que tuvieron que memorizar a como pudieran. Era necesario que no dependieran de él para moverse en el castillo o en el Bosque Prohibido. En el transcurso del viaje en tren, habían acordado reunirse cerca de los corrales de los thestral, pues necesitaban ponerse de acuerdo en cómo procederían ese año. Después de todo, sin Pitch Black cerca, sus objetivos cambiaban.

—Lo primero es discutir las medidas que McGonagall empleó para asegurarse que nadie estuviera fuera de sus salas comunes a horas indebidas —dijo Jackson abriendo el mapa para ilustrarlos—. Ha dispuesto que los profesores hagan una ronda nocturna en ciertos intervalos de tiempo que serán irregulares, para despistar a los estudiantes que crean que están siguiendo un patrón. Al menos eso es lo que pude sacarle a Talbot, que le contó Robinson.

—También nos dijo que esas rondas se harán con una especie de magia de rastreo —agregó Eugene.

—Eso quiere decir que no importa si nos ocultamos, nos encontrarán —dedujo Guy viendo el mapa y a cada persona que aparecía en él. Fácilmente podrían librar a los profesores y prefectos usándolo, pero de nada servía si se convertía en un juego del gato y el ratón.

—Como pueden localizarnos con hechizos cada vez que hagan sus rondas lo mejor que podemos hacer es averiguar si hay conjuros que nos hagan invisibles o indetectables —comentó Alicia.

—Por lo que sé es magia avanzada, pero creo que podremos hacerla si practicamos lo suficiente —pronunció MK.

—Me parece razonable —asintió Heather.

—No creo que sea información que encontremos fácilmente —dijo Thomas—, pero me gustan los retos.

—Tengo que decir que no va a ser tan fácil —intervino Ruffnut cruzándose de brazos. Blasphemy hizo lo mismo—. Pansy es quien creó el hechizo y lo probó con nosotros. Nos encontró sin importar los escondites que escogiéramos, incluso con la ayuda de los elfos domésticos no pudimos ganarle.

—Y con eso queda claro que podrán encontrarnos a nosotros también —afirmó Mérida.

—Nos es que me mate la emoción por estudiar, pero es por una buena causa —dijo Eugene—, con Pitch fuera podemos enfocarnos en seguir con nuestras aventuras.

—No obstante —interrumpió Guy—, creo que es necesario prepararnos para una eventualidad. No digo que haya algo parecido a Pitch en el Bosque Prohibido, pero no podemos bajar la guardia.

—En eso estoy de acuerdo, Claw —dijo Jackson—, Quimera seguirá existiendo a pesar de todo. No podemos hacer como que nada ha pasado. Pero no hay que olvidar que hicimos el grupo para disfrutar y divertirnos. Al menos es lo que haremos hoy. Talbot me aseguró que esta noche no habría rondas de profesores, y si las hay… bueno, dormir al aire libre por una noche no le cae mal a nadie.

—Dilo por ti, Frost, pero piensa en Moony —pronunció Snotlout, señalando con el pulgar a Lupin—. Es el más viejo de todos nosotros.

—Apenas tengo catorce, tarado —dijo Teddy.

—¿Y esas canas?

El cabello de Teddy había imitado el color natural del cabello de Draco; en menos de un segundo se encendió en vivos colores rojos y magentas.

—¿Decías? —sonrió.

Snotlout bufó.

—Esta noche es para celebrar que iniciamos un nuevo año —retomó Jackson—, ¿y qué mejor manera de hacerlo, que una caminata por el Bosque Prohibido? Dudo que McGonagall haya dispuesto profesores en ese lugar.

Aunque la idea los había entusiasmado, McGonagall sí que había tomado medidas para no dejar que nadie entrara en el Bosque Prohibido. Un hechizo aullador hizo tanto ruido que los chicos tuvieron que correr de vuelta al castillo a toda velocidad antes de que alguien los encontrara.

Al final, los profesores y prefectos atraparon a cada uno antes de que llegaran a sus salas comunes.

Antes de empezar las clases, los castigaron con una semana de limpieza en la lechucería.


Kisaki Yazmin Motou: ¡Pídeme yaoi, querida! ¿Acaso no había dicho antes que no me mido en eso? Y ni te preocupes porque esos dos no se lleven bien, que eso no significa que no haya roces. Saludos.

Zeilyinn: Claro que habrá Ruffcup. En este año habrá varios romances infantiles de manita sudada, todo ternura así que puede que Hiccup se consiga una novia y por qué no Ruffnut. ¿Mérida con Jack? Vale, lo acepto es divertido escribirlos, pero ya veré cómo se da porque revelaré muchas cosas en este fic, tantas que cambiarán algunos sentidos las parejas. Siepre cuento con tu review y tu opinión. Gracias.

LaRojas09: ¡Ni como negarlo! Y ahora me dejaste picada con tus posibles prospectos a ser enemigos de Hiccup. ¡No seas mala y compártelos!

Bruno14: Soltaré pequeñas pistas sobre las habilidades de Gothel y sabrás por qué Pitch le dijo eso. Gothel es un personaje muy explotable. No dije mucho sobre ella en la historia de Rapunzel, salvo que desea mantenerse joven y seguir viviendo y considerando que en la película tiene siglos por edad, seguramente habrá descubierto ciertas cosas que le permitieran seguir viviendo al no tener el poder de Rapunzel cerca. Por lo que sí, pudo desarrollar algo más.

¡Qué viva el shipeo extremo!

Habrá algo de todas las parejas que pediste. En serio, habrá mucho. Descuida, siempre tenemos un personaje favorito con el que buscamos shipearlo hasta el hartazgo (en mi caso, es Ruffnut). Saludos y gracias por comentar.

Sayuki Yukimura: Perdón por lo corto, pero si lo hacia más largo habría mucho spoiler xD. Tú pides más shipeo con Rapunzel, por lo cual me siento con la libertad de poner escenas de ella con todos los personajes que se me ocurran xD. ¿Mericcup? Vale, eso solían pedírmelo mucho (una chica que solía comentar mi fic anterior lo pedía bastante). Saludos.